Hola a todo el mundo, que tal??
Bueno, os vuelvo a dejar un capítulo de esta historia esperando que disfrutéis de la lectura tanto como yo disfruto escribiéndola.
Antes que nada, quiero dar las gracias por sus reviews a:
Flowersswan, tutzy cullen, misscullen9, crish, beautifly92, angel, biankismasen, dra. Campanilla, ale89, sallan, carmenlr, ammyriddle, miicaa, locaxelvampiro, Miriam, yaritziita9, angelofdarkkness, escorpiotnf, bibi, fayres12, abril, deniziithaw, leblancish, maria swan de cullen, darkness vanish, sirenita93, margara, christti, kmylita, lna, belo, laabuela, mapau inu-maniatica, sandrawg.
Y ahora, muchas gracias a todos los que me enviasteis un mensaje a mi correo personal en lugar de dejar un review; gracias a rosalie_17, abc9, butterfly09, cullenswan, edwardismy, sexwithvampire, emmettisgood, lorena19.
Gracias a todos por vuestros comentarios y palabras de apoyo.
Un beso para todos, nos vemos abajo y disfrutad de la lectura!!!
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Bella es una chica normal que trabaja para el periódico del instituto de Forks. Un gran artículo que rodea el mundo de los chicos más populares y algo relacionado con carreras de coches es algo que no puede perderse, ¿verdad? (Todos humanos)
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Capítulo X: Salir oficialmente
"La eterna pregunta cuando empiezas a salir con alguien es ¿estamos saliendo? Es decir, ¿estamos saliendo oficialmente? A veces, casi siempre mejor dicho, nunca hay una petición formal de ser novios o de salir, simplemente, se empieza a salir… Esto está bien para la mayoría de las personas pero yo… ¿estaba saliendo con Edward? ¿Lo de la noche anterior había sido una declaración? Y más importante aún, ¿yo había aceptado? Confusión. El inicio de toda relación es la confusión… ¡pero que confusión tan hermosa!"
Miré el reloj parapadeante de la mesita. Las seis y media de la mañana. El sol estaba despuntando e intentaba atravesar las habituales nubes de Forks sin obtener, al parecer y de momento, demasiado resultado. No era importante en aquellos momentos. Seguramente Esme ya estaba preparando el abundante desayuno para todos al que nos tenía acostumbrados los sábados. Tampoco eso era importante en aquellos momentos. Emmett entraría en mi cuarto pronto para advertirme de los planes que alice habría hecho la noche anterior. Pero eso tampoco era demasiado importante en aquellos momentos. Sólo había una cosa realmente importante en aquel cuarto que no era el mío, a aquellas horas de la mañana tan tempranas y con el olor de las tortitas subiendo por las escaleras. Bella.
Me había quedado en el cuarto de invitados con ella. Habíamos estado hablando durante horas enteras… Las miradas cómplices, las sonrisas, las caricias simuladas, los roces fingiendo inocencia… todo ello habían estado flotando en el aire durante toda la noche. Ella se había quedado dormida primero en medio de una descripción sobre Arizona, tan exacta, que si cerraba los ojos podía sentir que estaba allí.
Juro que había hecho el intento de levantarme de la cama, taparla e irme a mi habitación. Pero me había sido imposible y no porque ella se hubiese movido entre sueños y hubiese apoyado su cabeza sobre i pecho cubierto por la camisa, ni tampoco debido a que su brazo esbelto y delicado ma había rodeado la cintura y se había aferrado con su mano a la tela de mi camisa, sino simplemente porque mientras la veía dormir a mi lado, estaba seguro de que no habría habido en el mundo fuerza suprema que hubiese logrado apartarme de ella en aquellos momentos.
-No quiero… artículo… temporada… color…
-Shhhh… está bien… -le susurré con suavidad intentando no reír. ¡Sólo a Bella se le ocurría soñar con negarse a escribir artículos sobre el color de moda de la temporada!
Bella se movió sobre mí y el olor de su champú me envolvió. Hablaba en sueños. Lo había descubierto poco después de que se quedara profundamente dormida… No estaba seguro de que ella apreciase mi conocimiento sobre sus charlas nocturnas así que había decidido no contarle nada al respecto… al menos de momento.
Su respiración era regular y acompasada; su piel satinada y suave, sus mejillas estaban sonrosadas por el rubor de la mañana, sus labios entreabiertos dejaban escapar un cálido aliento con cada exhalación; el puente de su nariz tenía un perfil delineado y liso y las pestañas de sus párpados cerrados brillaban con la tenue luz que entraba por la ventana.
¿Acaso alguien habría tenido valor de irse y dejarla pudiendo despertar por la mañana a su lado? Si había alguien así en el mundo, que me lo presentaran, porque yo, definitivamente, había sido incapaz de hacerlo.
-Bella, Esme quiere saber…
En momentos como aquel entiendo por qué mi familia dice que la velocidad parece ser mi segunda naturaleza. Un segundo estaba en la cama junto a Bella observándola y al segundo siguiente estaba en la puerta con una mano sobre la boca de Alice y susurrando un "shhhhh" tan suave que no sé como mi hermana pudo escucharme.
La aparté de la puerta y salimos al pasillo cerrando la puerta con suavidad detrás de mí. Tan pronto como le quité la mano de la boca me arrepentí de haberlo hecho.
-¿Se puede saber qué hacías en el cuarto de Bella? –preguntó-. Y más aún, ¿qué hacías en la cama del cuarto de Bella con Bella en la cama?
-Dormir Alice –dije rodando los ojos-. Ya sabes, esa cosa que hacemos los humanos de vez en cuando… -ironicé.
-¿Y desde cuando duermes en otra cama que no sea la tuya? –preguntó suspicaz Alice-. Edward, si estás tratando de que Bella sea como…
-Bella no puede ser como nadie… -la interrumpí-… es única –añadí-. Pero no te montes historias en tu cabecita loca, hermanita –le golpeé suavemente la frente con el dedo índice-… Estuvimos hablando hasta tarde y nos quedamos dormidos.
-¿Quién se durmió antes? –preguntó estrechando sus ojos.
Tuve la decencia de parecer avergonzado.
-Ella se durmió antes –contesté suspirando.
-¡Edward!
-¿Qué? No pude dejarla –me encogí de hombros-. Es tan simple como eso –añadí. Sonreí como un tonto y Alice me miró con una ceja enarcada-. Bella habla en sueños.
-¡Genia! Por si no fuera poco que te hubieras quedado en su cama a dormir sin que ella lo sepa además la escuchas en sueños, ¡muy maduro Edward! –me recriminó chasqueando la lengua.
-¿Tan maduro como cuando decoraste de rosa la habitación de Emmett porque él había roto por accidente tu chaqueta de cincuenta dólares?
-¡De eso hace mucho tiempo!
-Alice, fue hace seis meses… -le recordé cruzándome de brazos-. Oh, sí, fuiste muy madura –me burlé de ella.
-¡Cállate!-dijo riendo suavemente y dándome un empujón-. No vas a volver a dormir con Bella si ella no lo sabe ¿entendido? –fruncí el ceño-. Edward, hablo en serio… Me gusta esa chica y no quiero que…
-De acuerdo, de acuerdo –prometí-. No volveré a dormir con ella sin que lo sepa, ¿feliz?
-Mucho –dijo sonriendo ampliamente-. Y ahora ves a vestirte, salimos en una hora –añadió apartándome de la puerta dispuesta a abrirla-. Vamos a Port Ángeles al cine, hay una nueva película de vampiros y hombres lobo que quiero ver.
-Sí, señora –dije fingiendo un saludo militar.
Alice rió entre dientes y sacudiendo la cabeza entró en el cuarto de Bella mientras empezaba a bajar las escaleras para ir a comer algo. Sonreí a medias deteniéndome en el piso de abajo. No estaba seguro de poder cumplir mi promesa.
-¿Vas a quedarte ahí toda la mañana o qué? –preguntó Emmett en un rugido.
-Eh… lo siento –me aparté para que pudiera salir del baño en cuya puerta me había detenido-. ¿Te has levantado de malhumor?
-No estoy para bromas hoy Edward –me dijo él-. Me he acostado hace un par de horas y estoy que me caigo de sueño.
-¿Y por qué has estado tanto tiempo… -pregunté frunciendo el ceño.
-Adivina quién se fugó anoche para ir a ya sabes dónde a hacer ya sabes qué contra ya sabes quién –dijo con los dientes apretados, claramente furioso.
No tuve que adivinar demasiado. Sólo había una persona en aquella casa por la que Emmett se enfadara tanto si le hubiera pasado algo.
-No me digas que…
-Exacto, Rosalie –dijo él sarcástico.
Resoplé internamente y me pasé la mano por el cabello de forma nerviosa. El día había empezado estupendamente con Bella a mi lado pero parecía que empezaba a estropearse.
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-Bella…
Me moví en la cama. No quería despertar.
-Bella, vamos, despierta… Es hora de desayunar.
¿Desde cuando Charlie hacía el desayuno? Si es que se podía llamar desayuno a verter leche y copos de avena en un tazón, claro. Escuché una risita dulce. ¿Desde cuando la risa de Charlie parecían cascabeles?
-Venga, perezosa… arriba… ya es de día… -canturreó la misma voz dulce.
Parpadeé un par de veces y cuando por fin conseguí abrir los ojos el rostro de Alice iluminado me recibió con una gran sonrisa. ¿Es que siempre sonreía?
-Buenos días –canturreó feliz-. ¿Has dormido bien?
Me incorporé en la cama de un salto como si hubiesen accionado un resorte. Edward. Edward había estado en mi cuarto y él… Habíamos estado hablando durante horas. Miré a mi alrededor ¿dónde estaba? Seguramente se había ido a su cuarto cuando me había quedado dormida. Mejor. Mucho mejor… Yo… bueno… solía hablar en sueños y no estaba segura de querer que nadie supiera eso aún y mucho menos que alguien pudiera llegar a escuchar lo que pudiese decir en sueños.
-¿Bella? –sonrió y se sentó en la cama-. ¿Debo interpretar esa sonrisa como que mi hermano se disculpó anoche?
-Me encerró en el baño –le dije tontamente.
-¿Qué? –se levantó de la cama con un impulso y parpadeé despertando de mi sueño particular-. ¡Ese… tonto! Se va a enterar en cuanto…
-No, no, no Alice –le impedí moviendo las manos-. Es bueno, me encerró para… -Alice me miró de forma inquisitiva-. No importa, está bien, de verdad. Él… se disculpó…
-¿Lo hizo? –preguntó recelosa.
Sonreí atontada y no me importó en absoluto saberlo. Las palabras de Edward aún estaban en mi cabeza… "Por eso quiero estar contigo… porque eres sólo tú… cariño… tú eres ahora mi vida…".
-¿Bella?
-Sí, sí lo hizo –contesté rápidamente.
-Y si tengo que juzgar tu sonrisa, debió de hacelo bien ¿no?
-¿Qué? –la miré y cuando supe a qué se refería la miré con los ojos abiertos como platos-¡No! –rió entre dientes-¡Alice! Sólo… Nos quedamos hablando hasta tarde, nada más…
-¿Hablando? –sonrió traviesa-. Sí, Jasper y yo también solemos hablar a veces –enfatizó el verbo y rió divertida al ver mi cara de apuro y vergüenza al comprender lo que estaba diciendo.
-No es… sólo… -me ruboricé. Supe el momento exacto en que la sangre se agolpó en mis mejillas-. Nosotros no… Quiero decir yo… no es…
-Bella, tranquila –rió suavemente-. Sólo bromeaba… Edward no lo haría… -la miré sin saber cómo tomarme ese comentario-. No te trata como a las demás chicas, así que esperará –sonrió-. Por ti esperará –me aseguró.
La miré sin saber qué responderle. ¿Estaba hablando de la vida sexual de su hermano como si estuviese hablando del tiempo?
-Bueno –interrumpió mis pensamientos levantándose de la cama-. Salimos en una hora a Port Ángeles –me informó Alice mientras miraba con desagrado la ropa que había metido en mi mochila-. De verdad Bella, ¿es que quieres parecer una pasa? –suspiró-. Te plancharé esto –sacudió la camisa blanca en el aire-. Porque supongo que no querrás ponerte algo de mi ropa ¿verdad? –inquirió ilusionada.
-Lo siento Alice… pero prefiero mi propia ropa… me siento más cómoda –dije no queriendo herir sus sentimientos.
Alice se encogió de hombros.
-No importa, dentro de poco te convenceré –dijo como si fuera algo sin ninguna importancia. Alcé una ceja.
-¿Crees que es sensato que me lo digas?
-Oh, claro, así no te pillará desprevenida –contestó divertida.
Alguien llamó al otro lado de la puerta y mientras yo contestaba Alice la abrió.
-Oh, vaya… Hola Rose, ¿qué haces por aquí?
-Yo… -la figura de Rosalie se veía imponente incluso junto a Alice. Intimidación. Realmente Rosalie intimidaba-… ¿Puedo hablar contigo Bella?
-No, tiene que ducharse, vestirse y desayunar, nos vamos a Port Ángeles en…
-Lo sé, lo sé –desechó el comentario de Alice con un vago gesto de la mano y me miró-. Sólo será un minuto.
-De acuerdo, un minuto, ¡lo cronometraré!
-No lo hará. En cuanto empiece a pensar en qué ponerse se le irá de la cabeza –me dijo Rosalie teniendo la precaución de decirlo cuando Alice ya se había ido-. ¿Podemos hablar?
-Ehm… sí, claro… -aparté las sábanas y las mantas y me senté en la cama más decentemente. Por alguna razón, mirar a Rosalie desde fuera de las sábanas me hacía sentir más segura y menos vulnerable-. ¿Qué pasa?
-No suelo andarme por las ramas. Es sobre lo del otro día.
-Oh, aquello… Yo lo he llamado mi pequeña explosión –bromeé apartándome un mechón de cabello que caía sobre la frente.
-Es bueno explotar de vez en cuando –me siguió ella la broma-. No debí… lo siento. A veces, hablo por hablar y meto la pata y…
-No, está bien, no tienes que disculparte… yo… tú no sabías nada de mí y…
-De todas formas lo siento –volvió a disculparse-. Aquella vez, en el pasillo, te di las gracias por hablar de aquella forma de Edward –asentí asegurándole que me acordaba de aquello-. Tú… le haces bien a Edward y por eso te doy las gracias de nuevo. Quizá nos cueste porque somos muy distintas pero… ¿crees que…
-…podríamos ser amigas? –sonreí-. Claro. Quizá así me resultes menos intimidatoria –reí bromeando.
Rosalie rió conmigo.
-¡Rosalie Cullen, sal de ahí ya!
Rosalie hizo una mueca y rodó los ojos.
-Esa es nuestra autoritaria Alice… Será mejor que le hagamos caso –se levantó de la cama-. No tardes demasiado en bajar o Emmett acabará con todas las tortitas.
Fruncí el ceño. ¿Había sido cosa mía o Rosalie había dicho el nombre de Emmett con cierta reticencia? No tuve tiempo de preguntarle antes de que Alice entrase en la habitación y se llevase a Rosalie amenazándome con quedarme sin ir a Port Ángeles si no me daba prisa. Su amenaza me resultó divertida y pensé que si me conociese más sabría que aquello no era ninguna amenaza seria para mí. Pero cuando añadió un casual "Edward sí irá", su amenaza se volvió mucho más real y mientras me metía en el cuarto de baño la escuché reír divertida.
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Era una suerte que a ambos nos gustaran determinado tipo de música. Las notas de Debussy flotaban en el coche mientras conducía por la carretera siguiendo el coche de Emmett. Reí ante el recuerdo de la sutil forma en que mis hermanos nos dejaron ir solos en mi coche a Bella y a mí.
(flashback)
-¡Ni hablar! –bramó Emmett-. ¡No váis a ir en tu coche! –se cruzó de brazos.
-¿Y quién te crees que eres para decirme lo que puedo o no hacer? –preguntó Rosalie igual de enfadada que él-.¡Por todos los santos, Emmett, te portas como un cavernícola!
Por toda respuesta, Emmett gruñó lo que le dio un aspecto intencionado de hombre de las cavernas.
-Lo que tú digas, nena, pero vienes en el coche, conmigo, donde pueda mantenerte vigilada.
-¿Todavía están así? –preguntó Jasper apareciendo en el umbral del garaje con Alice a su lado.
Cabeceé sin apartar los ojos de la discusión que estaban manteniendo ambos. Era increíble como ese par siempre tenía que hacerlo todo con pasión.
-¿Cuál es el problema?
-Rose fue anoche a… hablar con cierta gente… -expliqué a Alice-. Ya sabes, el tipo de gente con la que Emmett salía los viernes noche y…
-Oh… -sus ojos se abrieron y luego sonrió-. ¡Bien hecho, Rosalie!
-¡Tú cállate, duende! –le gritó Emmett antes de retomar su discusión con la rubia.
Jasper suspiró.
-¿Y Bella?
-Ayudando a Esme a recoger la cocina –contesté encogiéndome de brazos-. Intenté decirle que no hacía falta pero…
-¡Vete al infierno Emmett! –gritó Rosalie-¡Tú lo has hecho cientos de veces!
-¡Pero nunca me he escabullido! –replicó él furioso-.¡No váis a ir en tu coche y se acabó la discusión!-añadió-. ¡O vas en mi jeep conmigo o no vas a Port Ángeles!
-¡Eres un…
-¡Joder, Rosalie! –la interrumpió él-. ¿Qué tengo que hacer para que te des cuenta de que estoy preocupado por ti? –preguntó en voz alta y furiosa-. ¡Podría haberte pasado… ¡Maldita sea! –se interrumpió a sí mismo.
Ahí estaba. El brillo en los ojos de Rosalie de quien acababa de descubrir algo. Incluso desde donde estaba, pude ser capaz de percibirlo. Sonreí a medias conocedor de lo que iba a ocurrir después. Ninguno de los dos dijo nada más; Rosalie se limitó a respirar con fuerza y adelantó el paso para apoyar su frentre en la clavícula de Emmett dejando que él apoyase su mentón sobre su cabeza y la envolviese en un abrazo.
-Lo siento… -susurró Rosalie-… No pensé que…
-Shhhh… está bien, nena, pero no vuelvas a hacer algo así. Si quieres ir a correr, bien, de acuerdo, pero llámame para que pueda ir contigo… -todos fuimos testigos de cómo Emmett le acarició la mejilla con suavidad inusitada en alguien tan grande como él.
-Y ahí viene la reconciliación número mil setecientos cuarenta y dos… -dijo sarcástica Alice en el momento en que Emmett y Rosalie se buscaban para besarse-… desde este mes, por supuesto.
-No entenderé nunca cómo pueden discutir tanto y quererse tanto al mismo tiempo –Jasper meneó la cabeza en señal de negación.
-Oh, vaya…
Bella acababa de aparecer detrás de Alice, por la puerta que comunicaba el pasillo con el garaje y estaba mirando la escena de Emmett y Rosalie totalmente petrificada. Reí divertido al ver como se había sonrojado repentinamente. Nosotros estábamos acostumbrados a ver la efusividad de Emmett y Rosalie pero habíamos olvidado que Bella era más vergonzosa que nosotros y mucho más si se trataba de ver como ese par parecía querer devorarse el uno al otro.
-No te preocupes, seguirán vivos después de ese beso –dijo Jasper como si así pudiera tranquilizarla-. Lo malo será esta noche… -añadió en un susurro.
Sí, ahí estaba. Era posible hacer que Bella se sonrojara más. La atraje a mi lado rodeándole los hombros con un brazo y ladeando la cabeza la besé en la frente con una media sonrisa mientras sentía sobre ella el olor de fresas y canela.
-¡Vale, chicos, es suficiente! –dijo Alice caminando hacia ellos dos aplaudiendo-. Estáis asustando a Bella –añadió-. Nosotros cuatro vamos en el jeep y vosotros dos en tu coche –planificó Alice con naturalidad-. ¡Venga! –nos alentó -¿A qué esperáis?
(fin flashback)
Bella, que había permanecido sentada en el asiento del copiloto, el ceño fruncido, sus dientes mordisqueando el labio inferior y sus oojs mirándome de reojo de vez en cuando, rompió el ruido de mi risa.
-¿Qué?
-Nada –negué-. Sólo estaba pensando en algo que pasó antes con mis hermanos –le dije sinceramente-. ¿Estás bien? –me miró parpadeando-. Has estado muy callada desde que salimos de casa.
-Sí, estoy bien… -rió avergonzada-. Es que… no sé como…
-A mí también me pasa –le contesté antes de que terminara de hablar. Me miró-. Tengo la sensación de que estar contigo es algo completamente natural y normal y como nunca antes me había ocurrido algo así, no estoy seguro de qué tengo que decir o hacer…
Bella no me dijo nada. Se limitó a asentir como si me diera la razón en lo que acababa de decirle. Sonreí y presté atención al cambio de música antes de volver a hablar.
-¿Bella?
-¿Sí?
-A pesar de eso, hay algo de lo que estoy completamente seguro…
-¿De qué? –preguntó.
Dejé que una de mis manos abandonaran el volante para recoger su mano que estaba en el regazo de ella; entrelacé mis dedos con los suyos y le di un ligero apretoncito que hizo que me mirara completamente ruborizada y con los ojos abiertos como platos.
-Que estoy en el lugar exacto en el que me gustaría estar y con quien quiero estar.
Sonreí cuando vi como se sonrojaba. Adoraba cuando hacía aquello… estaba realmente preciosa… Aunque si tenía que ser sincero conmigo mismo, Bella siempre estaba preciosa.
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Caminar con los Cullen por un centro comercial, por muy pequeño que éste fuera, en opinión de Alice, era toda una experiencia, de eso me di cuenta en el preciso momento en que entramos por las puertas blindadas del centro. Todas las miradas, masculinas y femeninas se posaron en nosotros, bueno, mejor dicho, en ellos.
Rosalie y Alice parecían tan tranquilas que era como si pensaran que estaban solas en el centro comercial. Seguras, sonrientes, elegantes… cualquiera que las mirara podría describirlas de aquella manera. Emmett se pavoneaba con sus andares tan característicos mientras apoyaba su brazo en los hombros de Rosalie y miraba a su alrededor como si quisiera asegurarle a todo el mundo que ella era de su propiedad. Jasper… Era divertido ver como caminaba tranquilamente con las manos en los bolsillos sonriendo dulcemente pero sin animar a ninguna chica a que mirase más tiempo del debido. Y Edward… reí ante su incomodidad por las miradas que las chicas le dirigían.
-¿Por qué es Edward el que siempre consigue más atención femenina? –preguntó Emmett haciendo un mohín con los labios al darse cuenta de que la mayoría de las chicas lo miraban a él.
-Seguramente es porque tú das miedo por lo grande que eres –contestó entre la burla y la seriedad Jasper.
Tres discusiones, una docena de tiendas, dos bolsas de patatas fritas, varias miradas dirigidas a Edward, dos hamburguesas y un chocolate caliente más tarde, Alice envió a los chicos a los coches para que dejaran las bolsas llenas de ropa que había comprado y que había insistido en comprar para mí pese a que le había dicho que no era necesario, mientras que nosotras habíamos recogido las entradas y nos habíamos puesto en la fila para comprar chucherías.
-Hola, ¿qué puedo serviros?
Rosalie sacó un papel doblado varias veces y frunció el ceño.
-Juro que la letra de Jasper cada día es peor… -miró a Alice como si esta tuviese la culpa. La morena recogió el papel mientras rodaba los ojos y se mordió el labio inferior mientras miraba la lista que habíamos hecho -. ¿Alice?
-Estoy casi segura de que aquí ponen dos paquetes de palomitas grandes…
-Seis refrescos grandes, dos de ellos light y de los normales, tres que lleven mucho hielo, dos paquetes de palomitas saladas, uno de ellos mediano y el otro extra grande, uno grande de palomitas dulces y un paquete extra grande con mantequilla. Cinco chocolatinas, cuatro barras de caramelo y tres bolsitas de cacahuetes fritos con miel… -fruncí el ceño-… ehm… una bolsa de avellanas y otra de tortuguitas dulces de caramelo y… ¿qué era lo otro? –dije en voz alta pensando-. ¡Ah, ya me acuerdo! Un paquete de regaliz negra y otro de regaliz roja.
-¿Algo más? –preguntó la dependienta mientras colocaba todas las golosinas en una bolsa para que nos fuera más cómodo.
-No, creo que eso es todo. Chicas, ¿es to… -me callé al ver que tanto Alice como rosalie me estaban mirando extrañadas-. ¿Qué? –pregunté azorada.
-Buena memoria –dijo Rosalie asintiendo solemne como si yo acabase de recitar la serie de Fibonnacci sin equivocarme-. Me alegro que estés con nosotras –añadió riendo ligeramente mientras cogía dos frefescos. Frunció el ceño-. Creo que vamos a necesitar ayuda…
Cogí uno de los paquetes de palomita y asentí mientras intentaba que no se caysen.
-¿Necesitáis ayuda?
Me asustó. Admito que escuchar la voz profunda y suave de Edward junto al oído no era precisamente lo que esperaba en aquel momento. A juzgar por las risas de Emmett y Jasper mi grito había resultado ser bastante divertido, al menos para ellos. Rodé los ojos y me giré para encararlo con las manos en las caderas, ya desocupadas, porque mis palomitas habían terminado en el suelo.
-¡Maldita sea! –bramé. Levanté la cabeza del desastre que había en el suelo al rostro de Edward que me miraba debatiéndose entre si debía reír o esperar a mi reacción-. Con lo torpe que soy, ¿por qué diablos te has puesto detrás de mí sin avisarme? –suspiré mirando el suelo de nuevo-. Mira qué desastre…
-Sólo son palomitas, Bella… Además… -se inclinó hacia delante y me habló al oído-… me gusta ver como reaccionas cuando te asusto así… -me estremecí cuando me besó el lóbulo de la oreja. ¿Es que este chico siempre tenía que hacerme estremecer? -él rió encantado-. Iré a por más –dijo Edward sonriendo ligeramente y besándome en la frente-. No te muevas de aquí –bromeó.
Regresó cinco minutos más tarde que aprovechamos para repartir los dulces y refrescos de cada uno; Edward, con una sonrisa me tendió el nuevo paquete de palomitas al que le había puesto una tapa. Le miré entrecerrando los ojos.
-Para evitar más accidente –me dijo risueño-. Eh, Alice – llamó a su hermana-. Creo que ya han abierto la sala y…
No dijo nada más. Alice no le dejó. Un torbellino moreno cogió de la mano a un divertido Jasper y lo arrastró, literalmente hacia la sala de cine. A un paso más moderado, Emmett y Rosalie les siguieron entre bromas. Edward me sonrió, me cogió de la mano haciendo que aquella corriente eléctrica volviese a aparecer y me guió hasta la entrada de la sala, y digo guiar porque eso fue exactamente lo que hizo, ya que yo iba tan pendiente del tacto de su mano contra la mía que apenas era consciente de nada más. Seguramente por eso no me di cuenta de que nos habíamos sentado hacia la mitad de la sala y que ni Rosalie y Emmett ni Jasper y Alice estaban con nosotros. Parpadeé.
-¿Dónde están todos? –pregunté mirando a mi alrededor.
-Rosalie y Emmett están al fondo de la sala –dijo riendo entre dientes mientras señalaba por encima de su hombro con el pulgar-. Y Jasper y Alice supongo que estarán cerca de la salida; a ella le gusta ser la primera en salir.
-¿Por qué?
Se encogió de hombros ante mi pregunta y metió la mano en mis palomitas para tomar unas cuantas.
-Creo que la última vez que le pregunté me dijo algo referente a que le gusta ver la reacción de la gente cuando sale de la sala… -comentó frunciendo el ceño-. Tampoco la escuché demasiado, estaba distraído intentando quitarle a Rosalie la última chocolatina –añadió risueño. Luego tomó mi chaqueta que había colocado en mi regazo y la dejó bien colocada en la butaca que tenía a su lado-. No te preocupes –me dijo al ver que abría la boca para protestar-, está vacía, igual que la que está a tu lado –cabeceó para señalarla.
-¿Cómo…
-Pedí cuatro entradas –se encogió de hombros.
-Edward…
-¿Qué? me gusta tener espacio –sonrió con inocencia como si no supiera que yo sabía que había gastado más dinero de la cuenta para tener un poco de intimidad incluso en una sala llena de gente.
Las luces se apagaron y Edward, aún riendo, subió el reposabrazos que separaba nuestros asientos y con un gesto gentil pero firme que me aseguraba que no iba a dejar que me escapara, me recostó contra su hombro y me pasó el brazo por encima de los míos. Suspiré y encontré el hueco perfecto para mi cabeza sin que mis hombros protestaran, me acurruqué contra él y coloqué las palomitas saladas entre los dos, dispuesta a disfrutar de la película.
Era más fácil decirlo que hacerlo. No importaba que la música de algunas escenas fuese demasiado estridente, que el volumen de los diálogos fuese demasiado alto ni que se escucharan ocasionales carjadas, comentarios y ruido de palomitas y otras chucherías al ser masticadas en toda la sala. No importaba porque yo no era capaz de concentrarme ni en la maldita película, ni en el maldito diálogo, ni en los malditos comentarios que se escuchaban ocasionalmente aquí y allá. Edward tenía su mano en mi hombro y sus dedos me estaban acariciando suavemente por encima de la camisa pero ni siquiera la tela era suficiente para hacer que mi piel no ardiese por allí por donde pasaban sus dedos. Y sólo era capaz de concentrarme en sus caricias, en su respiración, en el modo en que intercalaba algún que otro comentario, en su mano cuando se encontraba con la mía bajo la montaña de palomitas cuando ambos coincidíamos para tomar algunas…
-Oh, venga… ese beso no puede ser más falso… -rezongó Edward en una escena en particular en la que dos protagonistas se besaban.
-Edward, es una película, se supone que tiene que ser fingido ¿recuerdas? –le susurré.
-Incorrecto –dijo después de beber de su refresco-. Se supone que la gente no tiene que pensar que es fingido –me miró sonriendo.
Estaba aprendiendo a leer el rostro de Edward y la mirada traviesa junto a su sonrisa pícara no indicaba nada bueno. Me estremecí ligeramente e intenté apartarme de él pero Edward colocó su otro brazo a mi alrededor impidiéndome cualquier movimiento y mucho menos ningún intento de huída.
-¿Qué? –pregunté tragando saliva nerviosamente.
-Tanto hablar de besos… Me apetece besarte… -dijo sinceramente.
No era arrogancia aunque cualquier podría haberlo pensado. No, no era eso. Era, simplememente que se sentía lo correcto, lo natural, lo normal.
-¿Ahora? –pregunté mirando a mi alrededor como si en cualquer momento el acomodador fuese a entrar con una linternita para pedirnos que nos fuéramos por darnos un beso que todavía no había ocurrido.
-Ahora…
Abrí la boca para protestar pero Edward aprovechó para meterme un trozo de chocolatina que había partido.
-No se habla con la boca llena –me dijo divertido y risueño.
Suspiré profundamente mientras notaba el sabor dulce del chocolate en mi boca mientras se deshacía contra mi paladar. Tenía que admitir que estaba delicioso. Gemí involuntariamente mientras lo saboreaba y en cierto modo no me sorprendí demasiado cuando noté los labios de Edward sobre los míos, jugando con mi boca sin llegar a profundizar el beso, simplemente saboreando mis labios.
-Mmmm… -susurró separándose de mí y dándome un beso más simple-… acabo de descubrir cuál es mi combinación favorita de sabores… -me sonrojé y él rió encantado-. Me gusta provocarte esto… -dijo en voz baja mientras acariciaba una de mis mejillas con la yema de sus dedos.
-¿Sabes que es la primera vez que beso a un chico en una sala de cine viendo una película…? -le susurré avergonzada escondiendo la cabeza en su pecho.
-Bueno… -me acarició el cabello y resistí la tentación de ronronear satisfecha por sus caricias-… espero que sea el último chico al que besas en una sala de cine viendo una película…
No le contesté. Los dos sabíamos que no hacía falta. Suspiré satisfecha y le escuché suspirar a él también. Me acurruqué de nuevo contra su hombro y él volvió a abrazarme acariciándome el hombro y el cuello… Los diálogos de la película y la película misma pasaron a un entero segundo plano.
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Juré que iba a comprarle a Alice lo que me pidiera por haber tenido la idea de ir al cine en cuanto salimos de la sala. Había sido… bueno, decir que estaba siendo el paraíso sería quedarse corto. La piel de Bella se sentía suave incluso bajo la tela que separaba mi mano de su hombro. La escuchaba respirar suavemente sobre mi pecho, emitir pequeñas risitas cuando la película lo requería y masticar despacio cuando comía palomitas o mordía el regaliz negro cortando pedacitos pequeños.
Apenas me enteré de la película. Estaba pendiente de cada gesto, ruidito y respiración que ella hacía. La había besado después de bromear y darle un pedazo de chocolate y juro por mi colección de discos clásicos, que había sido como tocar el cielo.
Desde que habíamos salido de la sala de cine no le había soltado la mano y me complacía gratamente darme cuenta de que por muy sonrojada que Bella estuviera tampoco ella parecía demasiado interesada en soltarse de mi mano.
Nos habíamos sentado en una cafetería y habíamos pedido algo para comer antes de volver a casa mientras comentábamos la película en cuestión. Curiosamente, mientras que todos estábamos de acuerdo en que los mejores actores habían sido los que habían interpretado a los vampiros, Bella defendía a capa y espada el papel de los hombres lobo diciendo que era injusto que los vampiros los trataran de aquella forma inhumana.
-Pero Bella, ¡es que no son humanos! –dijo Emmett como si le estuviera hablando a un niño pequeño. Escuché como Bella resoplaba.
-Que un gato sea un gato no te da derecho a maltratarlo Emmett –le replicó ella con tono de "es algo más que evidente".
-Como sea, sigo diciendo que los vampiros…
-¡Bella, que sorpresa encontrarte aquí!
Me tensé. Supe el momento exacto en que me tensé cuando escuché la voz de Newton y el cuerpo de él se materializó junto a la silla de Bella.
-Hola Mike… -dijo Bella y en su voz escuché cierto tono de resignación-. ¿Cómo estás?
-Oh, bien, vamos a ir a jugar a las máquinas recreativas y luego al cine… -la miró como si estuviese meditando algo-. ¿Te apetece venir?
Arqueé ambas cejas. ¿Ese tipo era idiota o había hecho una carrera para serlo? Era increíble que pensara que nadie estuviese saliendo con unas personas y que de repente les dejara para salir con otras… a juzgar por el modo en que Bella le miró supe que estábamos pensando lo mismo.
-Lo siento Mike, pero estoy con ellos –dijo señalándonos.
-Eh… sí, quizá en otra ocasión… Esta noche Ben da una fiesta, quizá…
-No creo que pueda ir Mike –contestó Bella antes de que él terminara de hacer su proposición.
-Oh… ¿por qué?
Casi escuché la mente de Bella trabajar en busca de alguna respuesta. Suspiré internamente y, cansado de Newton, decidí dejarle las cosas claras.
-Bella está conmigo –dije sintiéndome repentinamente celoso por el modo en que Mike Newton era incapaz de darse cuenta de las indirectas.
-Oh, vaya… -me miró sonriendo de forma condescendiente-. No sabía que estuviérais saliendo…
Aquel chico sabía cómo golpear sin pensarlo. Salir. No le había pedido a Bella salir, no oficialmente al menos… Newton tenía razón. No estábamos saliendo, ¿o sí? Miré a Bella y a juzgar por el modo en que tenía el ceño fruncido ella tampoco parecía tenerlo demasiado claro. Me llamé idiota mentalmente.
-¡Vamos Mike! –llamó Ethanks agitando un brazo en el aire-¡Quiero jugar en las máquinas antes de que lleguen los mocosos y los críos!
Bella rodó los ojos y compartí su pensamiento… ¡como si ellos fueran tan adultos!
-Bueno, me tengo que ir, piénsalo Bella… -le sonrió-. Cullen –asintió en mi dirección a modo de despedida.
-Quiero un helado –dijo repentinamente Alice mirándome como si supiera en qué estaba pensando exactamente-. Rosalie, Bella, ¿me acompañáis?
Articulé un "gracias" silencioso hacia mi hermana que sonrió y me advirtió con la mirada que le debía una. Permanecí mirando como se levantaban y se marchaban hacia el puesto ambulante de helados que había cerca de donde estábamos comiendo. Newton había tenido razón y odiaba que la hubiese tenido. Fruncí el ceño… ¿cómo podía pedirle a Bella que saliese conmigo?
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Permanecí ajena a la conversación entre Alice y Rosalie mientras esperábamos nuestro turno en el puesto de helados. Edward y yo estábamos saliendo… ¿no? Sacudí la cabeza. No estaba segura… quiero decir, salíamos pero no habíamos hablado de ello… entonces, ¿estábamos saliendo como pareja, como amigos o sólo como conocidos? Gemí frustrada, ¿por qué tenía todo que ser tan complicado? La vida tendría que ser mucho más fácil… me gustas, te gusto, salimos. Entonces ¿por qué los humanos teníamos la capacidad de complicarlo todo hasta su máxima expresión? Suspiré en el momento en que llegamos a la barra.
-Vaya, ¿mal día? –me preguntó el chico que nos atendía. Parpadeé-. Tu suspiro… una chica tan bonita como tú no debería de suspirar de esa forma –sonrió flirteando.
-Ehm… no, todo está bien –dije con una media sonrisa al recordar uno de los besos de Edward.
-Bien, me alegro, las chicas bonitas no tendrían que tener nunca días malos –me guiñó un ojo ¿acababa de guiñarme un ojo?-. ¿En qué puedo servirlas, señoritas?
-Yo quiero un helado de frambuesa por favor –pidió Alice.
-Yo de coco y mango.
-Muy bien, ¿y tú, preciosa? –se apoyó en el mostrador y subió y bajó las cejas un par de veces en un gesto tan repetitivo como insinuante-. ¿En qué puedo servirte?
-Yo quiero… uhm… helado de chocolate –pedí-. Con trocitos de chocolate por encima por favor.
Ni Alice ni Rosalie pasaron por alto el modo en que me alejé del mostrador; creo que creyeron que yo pensaba que aquel chico iba a saltar sobre mí en cualquier momento y a juzgar por el modo en que me miraba era posible que lo hiciera. ¿Es que mi ropa tenía algo raro hoy o qué? Alice y Rosalie rieron entre dientes a mi lado y aunque Alice hizo un gesto de callarse cuando las miré, Rosalie ni siquiera fingió que no se estaba riendo. Suspiré internamente; desde que estaba con los Cullen era como si la gente se hubiese empezado a dar cuenta de mi existencia y no entendía por qué… Quizá el atractivo de los Cullen fuera contagioso o algo así, tendría que hablar con Edward al respecto.
-Me llamo Jim –dijo él mientras servía el helado de Alice.
-Yo soy Alice y ella es Rosalie –se presentó la morena tan hiperactiva y sonriente como siempre-. Ella es Bella.
-Un nombre muy bonito… ¿italiano? –preguntó empezando a servir el helado de Rosalie.
-Ehm… sí, eso creo.
-Creo que significa… hermosa ¿no? –preguntó haciendo una pausa deliberada mientras me miraba.
-No estoy segura, nunca lo he preguntado –contesté sintiéndome observada por mis dos compañeras.
-Oh, bueno, dime hermosa, ¿por qué no me das tu número de teléfono y cuando esté yo seguro de qué significa tu nombre te llamo para decírtelo?
Abrí la boca y la cerré un par de veces. ¿De verdad ese tipo creía que iba a conseguir mi número de teléfono de esa manera? A juzgar por el modo en que me miraba, sí, lo creía de verdad. ¡Era increíble el concepto tan alto de su ego que algunas personas tenían sobre sí mismas! De acuerdo, admito que era guapo pero… no era Edward y estoy segura de que aunque no hubiese conocido a Edward ese chico no me habría gustado en absoluto.
-Lo siento, no tengo teléfono, no me gusta la tecnología –dije en un susurro como si fuera una confidencia.
Le clavé el codo en las costillas a Alice para impedir que se riera fuertemente y cuando él miró a la morena, ella sólo le sonrió fingiendo dulzura y serenidad. Rosalie hacía tiempo que había desistido de intentar fingir seriedad.
-Bueno, entonces… -tomó una servilleta de papel y mientras le entregaba la factura a Alice que había sacado la cartera para pagar, garabateó unos números en la servilleta entregándomelo después-… averígualo tú y cuando lo sepas me llamas ¿de acuerdo?
-Oh, Dios… a Emmett le va a encantar esto… hace siglos que no le patea el culo a alguien… -dijo Rosalie sin poder aguantarlo.
-¡Rosalie! –fingió escandalizarse Alice. Se giró hacia el chico-. No le hagas caso, Emmett es su novio, es un poquito protector con Bella –sacudió la mano en el aire quitándole importancia y señalando hacia atrás-. Pero Bella está con mi hermano, el del cabello cobrizo…
-Sí, así que lo siento, pero no creo que pueda llamarte –me apresuré a aceptar la vía de escape que Alice me había proporcionado.
Intenté devolverle la servilleta, pero para mi sorpresa, Jim me abrió la mano, colocó la servilleta en ella y me cerró el puño mientras me guiñaba un ojo. Otra vez, ¿es que este tipo no sabía que había otras formas de intentar ligar?
-Esperaré toda una vida por ti si es necesario… sé cuando algo vale la pena.
Apenas fui consciente de la carcajada de Rosalie, del sonrojo de mis mejillas o del comentario de Alice en referencia a algo sobre "hoy es tu día" que me dedicó. Simplemente tomé mi helado y caminé hacia la mesa de los chicos consciente de las risitas de Alice y Rosalie detrás de mí, esperando que para cuando llegase a ellos mis mejillas hubiesen vuelto a tener un color normal.
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-¡Eh! –Emmett me tiró un una bolita que había hecho con la servilleta de papel y, estirando el brazo con facilidad, la atrapé en el aire-. ¿Se puede saber dónde estás? –preguntó.
-Pensando, algo que quizá deberías probar de vez en cuando –bromeé con él devolviéndole la bola de papel que esquivó con facilidad.
-¿Pensando? No, tenías cara de preocupación, no de estar pensando en algo –apuntó Jasper.
-Eso es porque estaba pensando en algo que me tiene preocupado –miré en la dirección en la que había desaparecido Newton y Jasper se dio cuenta de ello.
-Oh –dijo simplemente.
-Sí, "oh" –le imité. Emmett nos miró de forma alternativa.
-Vale, ¿qué diablos me estoy perdiendo?
-El comentario de Newton –dijo Jasper con simpleza.
-¿El comentario de Newton? Ah, te refieres a eso de "no sabía que estuviérais saliendo", ¿y por qué te preocupa eso? –frunció el ceño-. Newton es un imbécil –se encogió de hombros como si acabara de resolver un gran problema-. Sólo ignóralo –le dio un mordisco a su tercera hamburguesa.
Miré a Jasper con las cejas enarcadas y él sacudió la cabeza e inclinó la barbilla en dirección a Emmett.
-Sí, Edward, sólo ignóralo –dijo refiriéndose a Emmett que permanecía ajeno a sus gestos. Chasqueé la lengua divertido-. A ver, ¿qué es lo que te preocupa del comentario de Newton?
-Que ha dado en el clavo –dije fastidiado-. Por mucho que me moleste, tiene razón… -resoplé y me recliné en la silla, cerrando los ojos y masajeándome el puente de la nariz, un viejo hábito que había adquirido hacía bastante tiempo.
-¿A qué te refieres? –Emmett frunció el ceño-. Mi hermanita adoptiva y tú estáis saliendo…
-¿Quieres dejar de llamarla así? –pedí más que pregunté, exasperado-. Es… raro…
-¿Más raro que el resto de tus hermanos tengan relaciones entre ellos? –preguntó burlón Jasper-. Además, nuestro "osito" –Jasper ignoró el modo en que Emmet le miró-, tiene razón, vosotros dos estáis saliendo –debí de hacer algún gesto porque Jassper frunció el ceño-. ¿Edward?
-No estoy… -carraspeé mirando hacia el puesto de helados-… no estoy seguro de eso.
-¿A qué te refieres?
-Bueno… Técnicamente no le he pedido salir a Bella, así que no… -suspiré mirando a Emmett-… No estoy seguro de que estemos saliendo, al menos estoy seguro de que no estamos saliendo oficialmente.
-Edward, has estado a punto de matar a Newton con la mirada sólo por insinuar que Bella podría ir a tomar algo con él –dijo Jasper claramente divertido con todo aquello-. ¿No crees que es hora de que le pidas para salir oficialmente?
-Intenta adivinar por qué estoy comiéndome la cabeza, Jazz –dije irónico. Mi hermano me miró y resoplé-. Lo siento, estoy un poco susceptible, ¿vale?
-Por mí vale, pero tienes que pedirle salir a Bella.
-Lo sé… pero no sé como hacerlo –Emmett soltó una carcajada y lo miré mal.
-Lo siento –se disculpó-. Es que has salido con cientos de chicas y ahora dices que no sabes cómo pedirle salir a una… es divertido.
-No quiero pedirle salir a una chica, quiero pedirle salir a Bella, es muy diferente –le repliqué a Emmett. Al ver que él ponía los ojos en blanco supe que si quería alguna respuesta coherente tendría que preguntarle a mi hermano más sensato; miré a Jasper-. ¿Cómo le pediste a Alice salir?
-En realidad… -frunció el ceño-… yo no le pedí a Alice que saliéramos –se encogió de hombros-. Sólo lo hicimos.
-Ahora que lo pienso, yo tampoco lo hice –dijo pensativo Emmett-. Fue Rosalie la que decidió que estábamos saliendo cuando aquella chica se acercó en el partido para besarme… ¿Becky?
-Vicky –dijimos inmediatamente Jasper y yo corrigiéndole. Emmett se encogió de hombros quitándole importancia a aquello.
-Estupendo, me habéis servido de gran ayuda –ironicé.
-Sólo tienes que hacer algo que le guste… no sé… ¿qué diablos le gusta a Bella? –preguntó Emmett.
-Le gusta escribir –contestó Jasper.
-Pues pon un anuncio en el periódico, seguro que Ángela te ayuda –sugirió Emmett.
-Con lo tímida que es Bella, ¿crees que si la hago ser el centro de atención estará contenta conmigo? –pregunté-. No, gracias.
Alice y Rosalie interrumpieron nuestra conversación con sus risitas cómplices mientras se sentaban. Separé la silla de mi lado para que Bella pudiera sentarse con más facilidad y ella me sonrió completamente sonrojada. Enarqué una ceja. ¿Sonrojada? Miré hacia el puesto de helados. De acuerdo, ¿qué había pasado?
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Recé para que los chicos no preguntaran qué había pasado y para que Alice y Rosalie dejasen de reír mirándome y mirando hacia el puesto de helados.
-¿Qué es tan gracioso?
Por supuesto, ¿desde cuándo tenía yo suerte? Quizá tuviese que probar invocando un gnomo… un momento… lo que daba suerte eran los duendes ¿no?
Alice sonrió inocentemente ante la pregunta de Emmett y Rosalie se limitó a encogerse de hombros por lo que los tres pares de ojos masculinos recayeron en mí que ya estaba bastante ruborizada a aquellas alguras.
-Yo… ehm… el chico de la tienda…
-Le ha pedido a Bella su número de teléfono –dijo Alice risueña.
Emmett que estaba bebiendo del refresco de Rosalie se atragantó y empezó a toser antes de levantar la cabeza y fulminar con la mirada al chico moreno que estaba en aquel momento atendiendo a otro cliente.
-¿Qué? –preguntó Edward alternando su mirada entre mi rostro y el puesto de helados y refrescos.
-Mmmm ¿Jhon? –preguntó más que afirmó Rosalie.
-Jim –corrigió Alice-. Jim le ha pedido a Bella su teléfono.
Consciente de que todos estaban mirándome decidí ignorar ese hecho y me concentré en el helado de chocolate que tenía en mi tarrina rojiza.
-Pero Bella le dijo que no tenía número –explicó Rosalie-. Así que el chico le dio el suyo…
-¿Qué? –de nuevo la voz de Edward y la de Emmett se mezclaron, uno furioso, el otro ligeramente enfadado y con el tono de voz peligroso.
Tomé un trocito del helado y lo partí con la cucharilla de plástico amarilla, alcé la mano y lo metí en mi boca disfrutando del sabor frío.
-Y cuando Bella le dijo que muchas gracias pero que no iba a poder llamarle…
Me sonrojé al saber lo que venía después. Para disimular, me eché el cabello hacia delante, sobre mi hombro y me concentré en el trocito de chocolate que había quedado en la comisura de mi boca.
-… él le contestó que esperaría toda una vida por ella si era necesario –rió Rosalie terminando la frase de Alice.
Lamí la cuchara con placer después de tragar el delicioso helado y alcé mi cabeza cuando escuché a Edward gemir y a Emmett y Jasper reír entre dientes.
-¿Qué?
-Nada –contestó Edward tenso. Miró a sus hermanos-. Voy a tener que hacerlo por mi propia cordura.
-Sí –apoyó Emmett alzando su refresco.
-Tienes razón en eso –Jasper alzó su propio helado.
Miré a Rosalie y Alice que estaban intentando esconder la risa. Miré a Edward y parpadeé curiosa, queriendo saber qué era lo que había pasado allí. ¡Genial! Me había perdido algo y al parecer por las caras de todos, había sido algo gracioso. Me encogí de hombros mentalmente y hundí la cuchara de nuevo en mi helado. Edward tragó con dificultad a mi lado y Emmett y Jasper volvieron a reír, esta vez, más fuerte.
Abrí la boca pero Rosalie negó con la cabeza.
-No quieres saberlo –me dijo.
-¿No quiero?
-No, no quieres saberlo –repitió risueña Alice.
-Oh, de acuerdo…
Edward sonrió, acercó su silla a la mía y pasó un brazo por el respaldo de mi asiento, dejando su mano sobre mi hombro y acariciándolo suavemente. No podría haber nada más perfecto que aquello.
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Escuché los ruiditos que Bella estaba haciendo desde el cuarto de baño. Me había colado en su habitación después de regresar de Port Ángeles mientras Alice secuestraba a Jasper y Emmett para asegurarse de que teníamos todo lo necesario para hacer al día siguiente nuestra pequeña barbacoa en el jardín de casa; Rosalie se había enfrascado en la revisión del jeep de Emmett para evitar semejante tortura, tal y como lo había descrito.
Bella se quedó parada cuando salió del cuarto de baño y entró en la habitación vestida con unos pantalones de chándal y una camiseta negra que se ajustaba a sus curvas como si fuese una segunda piel y a pesar de ello, conseguía parecer natural sin llegar a ser provocativa.
-Esto parece estar convirtiéndose en una costumbre… -dijo simplemente al verme en su cuarto.
Sonreí y entonces recordé por qué estaba en aquel cuarto.
-Quiero ir a ver a tu padre –dije abruptamente.
Bella estrechó su mirada, parpadeó confusa, se quitó las horquillas con las que había recogido su cabello y mientras las dejaba sobre el tocador me habló.
-Muy bien, ¿por qué?
Sonreí.
-Porque me han enseñado que cuando quieres salir oficialmente con una chica primero tienes que presentarte.
Sus ojos brillaron cuando mencioné "salir oficialmente", luego se mordió el labio inferior y entrelazó las manos jugueteando con ellas de forma nerviosa.
-¿Quieres salir conmigo oficialmente? –preguntó visiblemente nerviosa.
-Sí.
Pensé que era una buena respuesta. Clara, simple, sencilla y concisa. No había ninguna posibilidad de que hubiese alguna confusión al respecto. Pero Bella me miró titubeante.
-¿Qué?
-No sé si es buena idea… -dijo finalmente. Fruncí el ceño.
-¿No es buena idea porque quiero salir contigo oficialmente o no es buena idea porque quiero que tu padre sepa que quiero salir contigo oficialmente?
-Ehm… ¿ambas cosas? –la miré cuando planteó su pregunta-. No, en serio Edward… yo no… no sé como puede reaccionar mi padre ante la idea de que su hija a la que hace años que no ve de repente le diga que…
-¿Qué está saliendo con alguien? –fruncí el ceño-. Bella, ¿hay algún problema? No quieres salir conmigo o crees que vamos deprisa o…
-No, Edward, no es eso… sólo… -suspiró profundamente-… no lo sé… supongo que me da miedo…
-¿Miedo? –la abracé con fuerza como si así pudiera quitarle todas las inquietudes y temores que pudiera tener-. ¿A qué, Bella?
-Me da miedo que en el momento en que… salgamos oficialmente… -dijo con cierta diversión por mi manía de decir esas mismas palabras-, te des cuenta de que no soy lo que quieres y que… bueno…
No dije nada. La separé de mí unos centímetros, sólo eso, el espacio suficiente para poder mirarla a la cara y sonreírle.
-Bella, ¿Qué parte de eres mi vida no has entendido? –la besé suavemente en los labios-. Quiero que seas mi novia y nada ni nadie va a cambiar eso… ni ahora ni nunca… ¿Lo entiendes?
Asintió un poco más segura.
-Entonces… ¿me estás preguntando de forma oficial si quiero salir contigo?
-Exacto –le contesté besándola de nuevo.
Sonreía cuando me aparté de ella después de compartir un beso breve y dulce.
-¿Qué pasa ahora? –pregunté confuso.
-Le vas a gustar a Charlie –dijo simplemente sacudiendo su cabeza a ambos lados.
-¿Tú crees? –la acerqué a mi cuerpo más si es que eso era posible y coloqué mis manos abiertas en sus caderas, disfrutando de su cercanía.
-Oh, sí, estoy segura de ello –rió entre dientes apoyando su frente contra mi pecho-. A Charlie le gustan las formalidades… -se puso de puntillas y me besó suavemente, con dulzura, con tranquilidad, como si el tiempo se hubiese detenido sólo para los dos.
Reí encantado cuando la escuché protestar al apartarme de ella para que pudiera tomar aire.
-Creo que a mí también me gustan… -le contesté divertido volviendo a besarla.
Esta vez fue ella la que rió encantada. No. No había nada que pudiera ir mal.
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Bueno, que tal? Han sido dieciséis páginas de word… no os podéis quejar eh!!
Aps, sí, quiero decir un par de cosas. He recibido algunos comentarios diciéndome que tardo mucho en actualizar… Chicas, lamento deciros que soy una de las pocas autoras que actualiza bastante seguido y que cuando no puedo actualizar con frecuencia, suelo dejar mensajes… No creo que tardar diez o doce días en escribir un capítulo de diecisiete páginas o más sea haceros esperar demasiado ¿no? Además, tenéis que tener en cuenta que tengo una vida fuera de fanfiction, vale? Espero que seais comprensivos :p
Otra cosa, me han comentado que por qué no traduzco mi historia a otro idioma como el inglés… bien, la respuesta es sencilla: he estudiado filología hispánica, castellano, y a pesar de que me defiendo bastante bien en inglés, no me veo capacitada para hacer una traducción a ese idioma… De todas formas, si alguien quiere hacer la traducción, puede hablar conmigo ¿de acuerdo?
Bueno, pues ya está. Espero que os haya gustado el capítulo, en serio, un besito para todos y que paséis un buen fin de semana.
Recordad ser felices!!!
Nos leemos pronto!!!
