Disclaimer: Los personajes son de Stephenie Meyer, La historia y trama tampoco me pertenece, Es propiedad de Isabella Pattinson Masen, Yo solo soy su BETA.

Comentario de la autora: Bueno aquí comienza mi primer fic con lemmond, Espero disfruten de él, Le quiero dar gracias a mi gran amiga Alice Rathbone Whitlock por su ayuda como beta, Cosa que hace genial y por facilitarme su blog para subir este fic…

Mi advertencia es que este fic está creado para mayores de 18 años y contiene fuerte "Escenas" así que si eres menor de edad y sensible a estas cosas, Obténganse a leer. Gracias por sus Review y besotes a todas. ¿Dejarian un Review, plis?

Capitulo 10: Verdad tras engaño.

Abrí los ojos con pereza. La cabeza me dolía un montón, me pitaban las sienes con fuerza y todo me daba vueltas. Pestañeé varias veces, tratando de que mis ojos se adaptaran a la luz del sol que procedía de algún lugar que desconocía. Torcí los labios cuando sentí una mínima, irritante y punzante molestia en la cabeza. Llevé mis manos a mi cabeza en un intento de sostenerla, ya que parecía que se iba a derrumbar de tanto dolor.

Vagamente me pregunté si estaba con resaca, aunque no recordaba si había tomado o no, ya que era la única explicación lógica que albergaba mi mente ante tal dolor de cabeza. Tomé una gran bocanada de aire y esforcé a mi cuerpo para que se levantase, aunque este no quería cooperar demasiado conmigo. En ese momento me percaté de algo.

Estaba en mi cómoda cama, envuelta en mis fresadas y con mi pijama puesto. Fruncí el ceño. No recordaba cómo ni cuando me había acostado, en realidad no recordaba nada. Todo era un lío en mi cabeza. Sueños raros y caóticos se arremolinaban en mi mente en una encrucijada muy compleja. Esos sueños raros consistían en dolor, puro dolor que me agobiaba.

Sentí las piernas agarrotadas cuando las estiré, todo mi cuerpo estaba agarrotado y tenso, como si hubiera dormido toda la noche en la misma posición. Me sobé el cuello con mis manos, en un intento vago de quitarle la tensión que tenía. Quité las mantas de mi cuerpo y me balanceé hasta quedarme de pies. Todo me di vueltas, pero contuve las ganas de salir corriendo al lavado. Entonces le vi; estaba sentado en frente de mí, en el suelo incómodo y duro, echo un ovillo y con la cabeza recostada en sus rodillas. Sonreí como idiota.

Diego estaba con sus ojos cerrados, la cabeza recostada en sus rodillas, abrazando sus piernas. Me pareció tan incómoda su posición que el corazón me latió con culpabilidad contra mis costillas. Mis ojos se llenaron de lágrimas cuando me acercaba a él, con la culpa carcomiendo mi alma.

—Diego, hermanito, despierta —murmuré suavemente.

Tomé sus hombros y los sacudí lentamente, con dulzura. Diego se removió un poco, soltando un gemido de dolor en el proceso al sentir su agarrotado cuerpo moviéndose. Hice una mueca, tomé sus brazos entre mis manos y le ayudé a pararse. Él se refregó sus ojos con fuerza y clavó sus ojos en los míos.

—Alice, ¿estás bien?

Fruncí el ceño, contrariada por su pregunta.

—Sí, ¿por qué iba a estar mal? —Mi voz sonaba confusa y exhausta—. Sólo me duele un poco la cabeza.

Diego frunció los labios con disgusto y masajeó su cuello, moviendo la cabeza circularmente en el proceso.

—No recuerda nada —murmuró para sí mismo, pero de igual forma lo escuché.

— ¿Qué es lo que no recuerdo?

Negó con la cabeza. Parecía molesto, furioso por alguna razón que yo desconocía por completo. Sus manos se convirtieron en puño y sus ojos se oscurecieron de puro rencor y enfado. Me estremecí de miedo. Diego jamás se enfadaba demasiado y me daba miedo verificar el que en ese momento estaba enfadado de verdad.

—Diego, ¿qué sucedió? ¿Por qué reaccionas así? —No pude evitar preguntar.

Ladeó la cabeza y me miró con fijeza.

— ¿No recuerdas de lo que te sucedió con María y Jasper?

En ese momento todo cobró sentido para mí. Jadeé en busca de aire que proporcionara alivio a mis pulmones y mis manos se aferraron a mi pecho. Mis ojos se llenaron de lágrimas mientras que pequeños recuerdos de lo ocurrido llenaban mi mente, como pequeños flashes que abarcaban mi cabeza. María concentraba todos mis recuerdos y mi sufrimiento, ella era la causante de todo lo que me sucedió.

Recordé con simpleza el momento dónde había visto a María follar con James. Recordé fácilmente la expresión de dolor falso que tenía James en su rostro y la mueca sardónica que tenía mi prima en sus labios al verme mirándolos en plena acción. Ese recuerdo envió una enorme ola de dolor a mi pecho y jadeé, sorprendida, a la fuerza brutal de dolor que tenía esa maldita traición.

También recordé el momento tremendamente doloroso cuando fui en busca de ayuda con Bella y Edward, esa noche que me pasé pensando y tratando de comprender la ceguedad que tuve tantos años al no darme cuenta de la mala persona que era María. ¿Cómo nunca me di cuenta de sus verdaderas intenciones? ¿Cómo nunca me di cuenta de su odio irracional por mí? ¿Cómo ella me pudo hacer tal cosa? ¡Yo la quería con mi vida! Ella era mi prima, la consideraba mi hermana y mi mejor amiga, pero que equivocada estaba. María siempre me odió y no sabía la razón de aquello.

Pero lo que más me costó fue recordar la celebración que le llevaron a cabo a la hermana de Jasper, Bianca, y recordar esa mirada culpable que surcaba en los ojos de Jasper. También el momento preciso en que María entró en esa sala, con esa mirada de suficiencia y maldad pura, anunciando, junto con Jasper, su… su embarazo y su compromiso.

¿Cómo mierda había cambiado todo de un día para otro? ¿Cómo llegó a suceder tanto dolor en mi vida? Ya no lo soportaba, ya no tenía fuerzas para luchar con ese dolor que desbordaba mi corazón, el dolor de la traición.

Mis piernas flaquearon y los brazos de Diego me rodearon con desenvoltura. No pude reprimir mis sollozos y las lágrimas que en ese momento caían por mis mejillas, inundando mi rostro. No comprendía como era capaz de que las cosas que me rodeaban hayan cambiado tanto.

—Sweetie, tranquila —susurró Diego en mi oído.

Mis manos se aferraron a los brazos de mi hermano. Deseé en ese momento que todo volviera a la normalidad, deseé por primera vez que el tiempo de devolviera para que no tuviera que sufrir tal traición nuevamente. Pero también comprendí qué, a pesar de todo, no podía hacer nada para cambiar las cosas. Las cosas pasaban por algo y tenía su propio curso predestinado, así que ¿qué podía hacer yo para cambiar las cosas? Nada, absolutamente nada.

Me levanté del suelo y sequé mis lágrimas con el torso de mi mano. Ya no quería seguir siendo tan débil ya que a ello se debía el que la gente me traicionara y se burlara de mí. Ya no más traiciones, ya no mas ceguera, ya no más sufrimiento.

—Estoy bien, Bunny, no te preocupes —le aseguré, haciendo un amago de sonrisa.

Frunció el ceño y se acercó a mi para tomarme por los brazos.

— ¿Segura?

Asentí con la cabeza imperceptiblemente. Me disgustaba el mentirle a mi propio hermano pero no quería hacerlo sufrir más de lo que ya había sufrido por mi culpa.

—Sí, estoy segura.

Asintió pero vi en sus ojos que no me creía. Suspiré y le sonreí para tranquilizarlo.

—Bella y Edward te han llamado todo el día —dijo—. Están preocupados por ti, han llamado aquí desesperadamente.

Mis labios se elevaron involuntariamente al escuchar la preocupación de mis amigos. Me complacía el saber que sí tenía amigos de verdad, que se preocupaban por mí, por mi salud. Decidí que sería mejor darles una llamada, avisarles de que estaba bien y que no necesitaban preocuparse por mí.

—Los llamaré —anuncié.

Pero antes de que pudiera tomar mi móvil entre mis manos, Diego impidió mi acción y separó mis manos del móvil. Le miré intrigada y él negó suavemente con la cabeza.

—Han estado muy preocupados —susurró, sacudiendo la cabeza—. Debes ir a verles.

—Okay, iré a verles.

Diego salió de mi habitación y yo aproveché la oportunidad para ir a darme un baño. Cuando las gotas del agua inundaban mi cuerpo y se llevaban con ella toda tensión de mi cuerpo, no pude reprimir las lágrimas que caían por mis mejillas. Esas lágrimas eran mi alivio a tanto dolor, esas lágrimas eran la única cosa que me proporcionaba alivio en medio de toda esa locura que estaba viviendo.

Salí de la ducha sintiéndome un poco mareada, estaba tan dolida y shockeada que mi cuerpo parecía no poder aguantar tanto y se mareaba con facilidad. Mi cabeza daba tantas vueltas que tuve que tomar un Migranol para que el dolor y el mareo desapareciera. Me vestí con simpleza, por primera vez ignorando si mis prendas combinaban o no, ya no me importaba nada.

Cuando salí de mi habitación Diego ya me esperaba en la entrada del apartamento, jugueteando con unas llaves en la palma de su mano. Me dirigió una mirada especulativa cuando me vio pero no hizo ningún comentario, sólo se me quedo observando fijamente. Coloqué lo ojos en blanco y abrí la puerta del apartamento. Bajamos silenciosamente a la calle, ninguno de los dos comentaba algo o deseaba comentar algo, el silencio nos ayudaba a los dos en esos momentos.

Entonces me pareció raro que cuando llegamos al primer piso, Diego me tomó por la cintura y en vez de dirigirnos a la calle para tomar un taxi, nos dirigimos al aparcamiento del edificio. Bajamos al aparcamiento y caminamos al final de este hasta que nos paramos en frente de un reluciente carro.

El coche era un reluciente Porche amarillo canario, con pequeñas y delgadas rayas negras adornando los lados. La palabra turbo estaba enmarcada en la reluciente pintura del carro, con un color negro y el número 911 al lado. Al verlo jadeé fuertemente y me volteé para mirar a Diego, quien me sonreía con todas sus ganas y seguía jugueteando con las llaves.

— ¿Q-Qué es esto? —Mi voz sonó entrecortada.

Diego se rió por lo bajo y pasó un brazo por mi cintura, nuevamente, para acercarme a su cuerpo. Instintivamente coloqué mis manos en su pecho para sujetarme.

—Ése es el reluciente Porche amarillo 911 —murmuró y yo coloqué los ojos en blanco.

—Eso ya lo sé, bobo. ¿Pero… de quién es?

Volvió a reírse por lo bajo y alzó la mano para pasarme las llaves con las cuales estaba jugueteando.

—Es tuyo, boba.

Abrí mis ojos como platos y alcé la miraza para mirarlo fijamente. Él me sonrió y apretó su agarre en mi cintura. Estaba en shock, no me podía mover o pestañear. Miré de hito en hito el reluciente carro que se encontraba en frente de mí, no creyendo lo que Diego me había dicho. Vacilante me acerqué al coche y, temerosa, rocé mis dedos en su pintura reluciente, temerosa de que si pestañeaba desapareciera de mi vista.

Entonces, cuando lo comprendí todo, pegué un gritito de la emoción y me volteé para abalanzarme contra mi hermano, quién se rió de mi locura y me devolvió el abrazo con fuerza. Estaba exalta de la emoción, no podía creer el que por fin tuviera un auto.

Luego de abrazar a mi hermano hasta dejarlo sin aire, tomé las llaves entre mis dedos y me volteé al carro con la intención de subirme a él y probarlo. Pero al dar el primer paso, mi cuerpo me traicionó y un mareo atacó mi cuerpo, haciendo que trastabillara en mis pasos. De inmediato las manos de Diego rodearon mi cintura para sujetarme e impedir mi impacto contra el suelo.

—Okay… creo que tendré que conducir yo —murmuró preocupadamente.

Le miré aterrada. Puede que mi hermano haya sido perfecto en todo, pero tenía un solo defecto. La velocidad y los carros eran la debilidad de mi hermano y causa de estos artefactos (los carros) casi perdí a mi hermano una vez. Me estremecí ante el recuerdo de esos dolorosos días en que tanto mi familia como yo estuvimos en un hospital velando la integridad de mi hermano. Luego de eso Diego no ha vuelto a tocar un carro, exceptuando la vez que le enseñó a conducir a Bree Cullen.

Diego colocó los ojos en blanco ante mi aterrada mirada.

—Vamos, sabes muy bien que no puedes conducir en tu estado —se quejó.

Inspiré profundo. Mi hermano tenía razón, eso lo sabía, pero me aterraba la idea de dejarlo conducir. No porque tuviera miedo a mi seguridad, si no que temía por él. Tomando una gran bocanada de aire, y valor, le pasé las llaves a Diego. Este sonrió como pequeño con juguete nuevo. Me subí al asiento de copiloto tranquilamente, por fuera, mientras que Diego se subía al piloto. Me coloqué el cinturón de seguridad mientras él se colocaba el suyo.

Diego puso la llave en el contacto y dio paso a la primera. Me volteé inmediatamente a verlo y me sorprendió ver que su semblante era relajado, tranquilo y pacífico. Mi hermano resopló por lo bajo cuando vio mi mirada, preocupada, puesta en él.

—He cambiado —murmuró seriamente.

Fruncí el ceño y torcí los labios.

—Vamos, Alice —dijo, gimiendo—, es en serio. He cambiado, te lo juro. Me han ayudado mucho desde que llegué aquí.

— ¿Y se puede saber quién te ha ayudado? —No puedo evitar preguntar.

Me crucé de brazos y me enfurruñé contra mi haciendo, resoplando en el proceso. Diego soltó una risotada mientas doblaba por una esquina.

—Obviamente me ha ayudado mi hermosa hermanita con su apoyo que siempre me ha dado —dijo, riendo a lo que yo sonreí como boba—. Y también me ha ayudado… Bree.

Sonreí pícaramente mientras le miraba. Diego bufó y puso los ojos en blanco.

—Me alegro por ello —musité, sonriendo.

—Gracias.

Llegamos a la casa de los Cullen-Swan y un estremecimiento me recorrió el cuerpo cuando reconocí al portero de la noche anterior, el que me recibió cuando la noche anterior había llegado echa un mar de lágrimas a esa casa. El portero nos dejó pasar anunciando nuestra llegada y me sorprendió ver unos coches aparcados en frente de la casa.

Nos bajamos del coche y la puerta principal se abrió dejando ver a una entusiasta Bree correr escaleras abajo del porche. Antes de que mi pobre hermano pudo reaccionar, Bree se abalanzó contra él con todas sus fuerzas haciendo que Diego retrocediera un paso ante su fuerza. Me reí mientras veía como Bree enrollaba sus brazos en el cuello de mi hermano y este sonreía bobaliconamente.

Volteé el rostro cuando los vi muy acaramelados y entonces el corazón se me paralizó cuando vi a Jasper en la entrada de la casa. Estaba sonriendo, con un brazo pasado por los hombros de Bella y conversando con ella. Estúpidamente no podía quitar mis ojos de ellos, de él mejor dicho. Mi corazón latió con fuerza contra mi pecho al verlo tan… feliz.

— ¡Alice! —El grito de Bella me sacó de mis pensamientos.

La vi y esta estaba sonriéndome a lo grande mientras que Jasper volteaba el rostro para clavar sus ojos en los míos. Inmediatamente sentí esas mariposas en el estómago al verlo, sus ojos azules brillaron cuando se posaron en mí pero no se me acercó en ningún momento. Entonces María salió detrás y todo mi mundo se me desmoronó, nuevamente.

Bella torció los labios con disgusto y siseó por lo bajo. Sonreí imperceptiblemente mientras Bella se acercaba a mí dejando a María y Jasper atrás de ella. No pude evitarlo, Bella me rodeó con sus brazos y casi me sacó el poco aire que tenía en mis pulmones.

—Cuánto me alegra verte, cariño —musitó contra mis cabellos.

—Y a mi también —murmuró una voz aterciopelada.

Me separé lentamente de Bella y le sonreí a mi amigo que estaba detrás de su esposa.

—Edward —mascullé y luego lo abracé.

Luego de abrazarlo mi amigo pasó un brazo por mis hombros mientras Bella enrollaba su brazo con el mío. Sonreí, sabiendo que todo eso lo hacían por la misma razón que yo trataba de mostrarme bien.

— ¿Reunión familiar? —La voz de Bree Cullen nos hizo voltear.

Bree estaba abrazada a Diego mientras que mi hermano la tomaba suavemente de la cintura. Edward alzó una ceja al verlos y yo lo codeé burlonamente, mi amigo me correspondió el gesto sacándome la lengua. Me reí por lo bajo y clavé mi mirada en mi futura cuñada.

—Algo así —le contesté.

—Hola, primita —vociferó una voz con saña.

Me volteé para observar como María tenía agarrado a Jasper del brazo y me sonreía sardónicamente, mientras que Jasper esquivaba mi mirada a toda costa. Una ira inmedible me recorrió el cuerpo en esos momentos, las manos me temblaron y se convirtieron en puños. Sin poder soportar más esa ira que sentía en esos momentos… me abalancé contra María.

Con mi mano convertida en puño le aticé a María justo en su nariz, haciendo que la mujerzuela se retorciera de dolor y cayera al piso. No me importó nada en esos momentos, lo único que deseaba era golpear a esa maldita zorra hasta quitarle el maldito aliento. Me senté encima de su cuerpo, a ahorcadas, y tomé su pelo con una mano para sujetarla y con la otra mano le di una cachetada.

María trataba de defenderse a patadas pero no golpeaba tan fuerte como yo, así que aproveché la oportunidad y la seguí cacheteando. Entonces unas manos rodearon mi cintura y me separaron de ella.

— ¡NO! ¡SUÉLTENME! ¡LA VOY A MATAR! ¡TE VOY A MATAR MALDITA ZORRA!

Mis gritos eran histéricos mientras me debatía en los brazos que me sujetaban con fuerza. Sólo en esos momentos me di cuenta de que era Edward quién trataba de calmarme así que me quedé quieta para no lastimarlo.

Jasper miraba todo con los ojos abiertos como platos. María mientras se sujetaba la nariz con fuerza y detenía la sangre que salía por esta, fulminándome con la mirada. En ese instante Jasper corrió en su encuentro y la ayudó a pararse del suelo, chequeando su nariz en el camino. Luego que la revisó, alzó la vista y me sorprendió ver la mirada… fría que me envió.

Todo mi cuerpo se estremeció al ver esa mirada de hielo y mi corazón se retorció de dolor bajo mi pecho. Jasper se acercó a mí y me tomó con fuerza del codo para luego avanzar conmigo para dentro de la casa. Me arrastró por toda la casa hasta que paramos en la sala de estar.

—Suéltame —siseé entre dientes mientras me liberaba de su agarre.

Se volteó con la mirada.

— ¿Qué mierda crees que haces?

Retrocedí inconscientemente ante su fiero tono de voz y me aferré a la primera cosa que estuvo en mi camino: el sofá.

—T-Tú no sabes nada —tartamudeé.

Bufó por lo bajo con furia y se acercó aún más a mí. Retrocedí inmediatamente.

— ¿Cómo mierda golpeas a Mi prometida sabiendo que está embarazada? —Su voz sonaba entrecortada, agitada por el enfado.

Me estremecí nerviosamente. Me abracé a mi misma en un vano intento de protegerme, pero de nada sirvió. Sólo las palabras de Jasper me herían en lo más profundo.

—Lo siento, ¿si? —Sacudí la cabeza y miré mis manos—. Se me olvidó por completo el que estaba embarazada. ¡Pero tú no sabes lo que me hizo! ¡Tú no la conoces verdaderamente! —Alcé la vista y me cerqué a él con la intención de tocarle—. Jasper, tienes que escucharme, debes saber que María no es…

Se sacudió con fiereza de mi toque y se alejó de mí. Reprimí el impulso de hacer una mueca de dolor al sentir la herida que me hizo su rechazo.

—María, ¿qué? ¿ah? —Sacudió la cabeza, tratando de controlar su enfado—. ¿Crees que voy a caer en tus juegos estúpidos?

—No sé de qué me hablas.

Resopló y se acercó aún más a mí.

—María me dijo el tipo de persona que eres tú —murmuró. Fruncí el ceño—. Escúchame bien, Alice, no te quiero cerca de mí o mi familia, ¿comprendes?

Abrí los ojos como platos y mi corazón se paralizó de miedo. Estaba segura que todo mi rostro careció de color alguno mientras todo mi cuerpo se sacudía de dolor.

—Jasper… no…. Ella te mintió, Jasper… ¡es ella!

Me miró y me fulminó con la mirada.

—No… te… quiero… volver… a… ver… en… mi… vida.

Antes de que pudiera rebatir, salió de la habitación dejándome allí, dolida y destrozada. Mis piernas flaquearon y me hicieron caer al duro suelo, mientras miles de lágrimas inundaban mis ojos. Sollocé con fuerza y me abracé a mi misma, dándome consuelo que no me sirvió de mucho. Una parte de mi mente no comprendía por qué me dolía tanto esa separación, ese final, pero no me detuve a pensarlo por mucho tiempo.

Me paré del suelo, dispuesta a salir huyendo de esa casa y encerrarme en mi apartamento, en mi dolor para que este me consumiera totalmente. Deseaba con todas mis fuerzas que la tierra se abriera bajo mis pies y que me llevara con ella. Entonces las escuché:

—Quiero que me lo expliques, María —decía Bella entre dientes. Me paré en seco en mi lugar y me puse contra la pared para escuchar mejor—. Dime, ¿por qué mierda le haces esto a Alice? ¿Qué es lo que ella te ha hecho para que le hagas esto?

Escuché la maliciosa risa de María y me estremecí.

—Mi relación con Alice nunca fue verdadera —confesaba María—. Siempre, desde pequeña, la odie. Ella siempre tuvo lo que yo quería; amigos por doquier, novios hermosos, polvos únicos, casa propia y unos padres de ensueño. Siempre la envidié y prometí que le quitaría todo lo que tiene algún día. Ahora estoy empezando por los hombres que alguna vez pisaron su cama o por los cuales ellas tiene algo que ver, como por ejemplo James o Jasper. A Jasper le estoy sacando el máximo provecho que puedo con esto del embarazo.

Lo próximo que escuché fue el sonido de una cachetada. Sonreí al imaginar que Bella había golpeado a María, pero la sonrisa se me borró del rostro al pensar en el embarazo de mi amiga. Fruncí el ceño con preocupación y esperé, a la escucha de algún indicio de golpe, preparada y en posición para cualquier cosa salir de defensa de mi amiga.

— ¿Cómo mierda puedes confesar eso así, tan feliz de la vida? —La voz de Bella sonaba entrecortada, enfada—. Escúchame bien, María. Yo, mi esposo, Alice y miles de personas más no nos tragamos tu cuentito del embarazo ni que estás enamorada de Jasper, para mí que estás embarazada de otro o el embarazo es falso. Pero te juro, zorrita, que investigaré de tu supuesto embarazo y si llega a ser falso, ten por seguro que te humillaré con todo el mundo.

« No te quiero ver cerca de Alice, María, por que juro que te las verás conmigo. Y ten en cuenta que esto lo hago por Jasper y Alice.

María soltó una carcajada.

—Cuida de tus palabras, Bella, que te puedes arrepentir.

Bella soltó un bufido.

—La que se va arrepentir aquí eres tú, tenlo por seguro.

Me alejé rápidamente de la puerta al escuchar unos pasos acercándose. Corrí a la sala de estar y me senté en el sofá, reteniendo con gran esfuerzo las lágrimas que amenazaban con salir de mis ojos. En ese momento entro Elissa Whitlock a la sala y se me quedó mirando, impresionada.

— ¿Alice? ¿Qué estás haciendo aquí?

Hice un amago de sonrisa pero sólo me salió una dolorosa mueca.

—V-Vine a ver a Edward y Bella —tartamudeé.

Elissa asintió con la cabeza. Pasaron unos minutos en que las dos estábamos sumidas en el silencio y no musitábamos ni media palabra. Hasta que Elissa decidió romper el silencio.

—No le creo —murmuró.

— ¿Cómo?

Elissa suspiró y se removió, incómoda, en su lugar.

—Qué no le creo a María lo del embarazo y el enamoramiento por mi hijo.

Abrí los ojos como platos y clavé mi mirada en la suya. Mi corazón comenzó a latir como loco en esos momentos.

—P-Pero… yo… vi como sonreías por lo del compromiso y todo eso —mascullé, sorprendida.

Me sorprendió escuchar la carcajada proveniente de Elissa. La miré y estaba doblándose de la risa.

—Alice, por Dios, creí que me conocías mejor —dijo entre risas—. Todo eso era una fachada solamente para la gente del exterior, pero nunca estuve de acuerdo con ese maldito compromiso.

» Tampoco puedo hacer algo para impedir todo esto. Es la vida de mi hijo y no debo entrometerme, aunque me piquen las manos por golpear a esa golfa y ponerla en su lugar.

Me eché a reír, sorprendida de escuchar una amenaza en los labios de Elissa Whitlock. Nunca imaginé que llegaría el momento de escuchar a Elissa Whitlock amenazando a alguien o queriendo golpear a alguien.

—Lástima por que yo si puedo —me reí por lo bajo.

En ese momento Elissa se quedó quieta como una estatua. La miré confundida, frunciendo el ceño. Entonces sonrió a lo grande y clavó su mirada en la mía. Sorpresivamente se arrojó al sofá donde yo estaba sentada y tomó mis manos entre las suyas.

—Entonces hazlo —dijo, seriamente. Alcé una ceja, sin saber que era lo que me estaba pidiendo—. Hazlo, Alice, por favor. Yo te doy mi autorización, como tu jefa de tu trabajo extra, a que impidas esta maldita boda.

Miré a Elissa de hito en hito mientras mi respiración se agitaba violentamente.

—No me mires así, Alice, que me voy a arrepentir. Te aseguro que tienes mi permiso.

Tragué saliva en seco. En mi interior se hallaba una lucha de hacer algo o no para impedir esa boda que no era deseada por nadie, ni siquiera por el mismísimo Jasper, de ello estaba muy segura. También sabía que si no hacía algo ahora para impedir todo eso, me arrepentiría después llorando por los rincones por la perdida de Jasper, aunque nunca fue mío y nunca lo sería. Entonces… ¿debía luchar e impedir esa boda? ¿Debía dejar que Jasper atara su vida a una mujer malvada y sin corazón?

No, yo no iba a dejar que Jasper se casara con alguien tan malo. Yo debía para impedir ese casamiento. Esa era mi desición.

—L-Lo haré —dije, seriamente.

Elissa abrió sus ojos de más.

— ¿En serio?

Asentí con la cabeza.

—Quiero hacerlo y lo voy a hacer.

Elissa me abrazó con fuerza por unos breves minutos y yo le correspondí el abrazo.

—Elissa…—la llamé luego de unos minutos en silencio.

—Dime…

Tomé una gran bocanada de aire.

—Sí no te alegraste por lo del compromiso de… tu hijo con María, entonces… ¿por qué luego que lo anunciaron te lanzaste así a abrazarme y agradecerme de que Jasper cambiara?

Suspiró y se volteó para verme. Mi corazón latía furioso contra mi pecho en esos momentos.

—Parte de lo que te dije en ese momento es cierto —comenzó, susurrando—. De verdad que estoy contenta y agradecida, pero no es por lo del compromiso.

» Aunque tú no te hayas dado cuenta, Jasper ha cambiado mucho. Se nota cada día su cambio, ya no es tan prepotente, egoísta o adulador a si mismo, ha cambiado. Ahora es un poco más humilde y tranquilo. Además, estoy segura que el Jasper de antes no hubiera respondido al embarazo de María y no se hubiera hecho responsable del bebé ni de su relación con la chica. El Jasper de antes hubiera arrancado a la primera oportunidad de todo esto que está pasando ahora.

» Pero el Jasper de ahora se ha hecho más responsable. Él de verdad piensa que el hijo que está esperando María es de él y quiere responder por él, no desea dejar a su hijo solo.

Asentí, comprendiendo las palabras de Elissa. Ella tenía razón, yo también estaba segura que el Jasper de antes no hubiera respondido al embarazo de María, ese Jasper habría escapado de toda esta situación dejando a su posible hijo solo.

Pero de igual forma, a pesar del dolor que me produce el embarazo y el compromiso, me complacía el cambio. De verdad que me complacía el saber que conmigo Jasper había cambiado, que con mis consejos y todo lo demás Jasper había cambiado para bien. Me complacía por que ese era el propósito de mi trabajo con Jasper; hacerle cambiar y abrirles los ojos para que viera la realidad de las cosas… aunque me doliera a mí.

Estuve con Elissa conversando un tiempo hasta que llegó Bella y Edward diciendo que Jasper y María deseaban marcharse y que la esperaban a ella solamente. Contra su voluntad tuvo que irse la pobre de Elissa, pero antes de hacerlo me recordó lo que tenía que hacer. Le aseguré que no se me olvidaría.

Me quedé con Bella y Edward viendo una hermosa película romántica, la cual Edward odió pero la puso por la mandona de su esposa embarazada, y nos divertimos muchísimo. Agradecí mentalmente el hecho de que ninguno de mis amigos mencionara lo pasado de la noche anterior o lo de ese día en la mañana, como la golpiza que me había dado a María, aunque yo sabía que a los dos le complacía la golpiza pues ninguno de ellos era mayor fans de María.

—Alice —me llamó Bella. La miré—, ¿te molestaría el que vinieran Bianca y su novio a cenar con nosotros? Es que Bianca y nosotros siempre nos hemos llevado bien y quise invitarla a cenar, ¿te molesta?

Me eché a reír. Sólo Bella pediría permiso para invitar a cenar a alguien en su propia casa.

—No, Bella, claro que no me molesta.

Mi amiga sonrió y recargó su cabeza en mi hombro mientras seguíamos viendo la película romántica. Cuando la filmación acabó, Edward fue a preparar algo en la cena y nos pidió nuestra ayuda así que los tres nos metimos de lleno a cocinar algo rico para la noche. Entre los tres terminamos decidiendo que haríamos camarones salteados con arroz fino, así que nos pusimos manos a la obra. Los camarones salteados eran un poco complicados de hacer.

Media hora después Bella y yo poníamos los cubiertos en la mesa mientras Edward servía los platos. Entonces el timbré sonó y me ofrecí a abrir la puerta. En frente de mi se encontraban dos chicos; una chica y un chico.

La chica la reconocí inmediatamente, era la hermana de Jasper, Bianca. Y detrás de la chica estaba el mismo chico que vi detrás de ella en su bienvenida; el chico de cabello corto, negro y ojos azules que estaba serio.

—Oh, hola. Pasen —murmuré tontamente. Me hice a un lado para hacerles pasar.

Bianca me sonrió amablemente.

—Disculpa —masculló sonriendo—, pero no te conozco. ¿Me podrías decir quién eres? Es segunda vez que te veo y no sé tu nombre.

Sonreí imperceptiblemente y estiré mi mano en busca de la suya.

—Soy Alice Brandon, mucho gusto.

Por alguna razón desconocida la chica sonrió inmensamente mientras me estrechaba la mano. Se volteó y le sonrió al chico pelinegro, este le devolvió la sonrisa.

—Así que tú eres la famosa Alice Brandon —murmuró para si misma. Fruncí el celo ligeramente—. Como sabes yo soy Bianca Whitlock y él es mi novio, Lucas Ross.

El chico me sonrió amablemente y estrechó mi mano.

—Mucho gusto —murmuró educadamente.

—El gusto es mío —respondí—. Pasen, que Edward y Bella tienen la cena lista.

La cena pasó entre entretenidas pláticas y bromas entre todos. Bianca y Lucas eran unos chicos muy simpáticos y amorosos, eran buenas personas. Conversamos entre los cinco de todo, riendo, bromeando, comiendo, etc…

Cuando llegó la hora de irnos, ahí recién me acordé de que había venido con Diego mi hermano. Me preocupé inmediatamente por él pero tanto Edward como Bella me aseguraron que él estaba bien, que había salido con Bree a un restaurante y que me había dejado mi nuevo y reluciente Porche en el aparcamiento. Cuando salimos al aparcamiento, Edward, al ver mi coche nuevo, silbó por lo bajo.

—Wow, Alice, te pasaste —exclamó riendo.

—El que se pasó es mi hermano, Diego. Él me lo obsequió.

Bella me sonrió a lo grande.

—Te lo mereces —me murmuró y yo le sonreí.

Me despedí de Edward y Bella hasta que llegué a Bianca y Lucas.

—Nos vemos, chicos. Fue un gusto conocerlos —musité.

—El gusto fue nuestro —respondió Lucas.

—Y gracias —agregó Bianca a lo que yo fruncí el ceño—. Mi madre me dijo lo que estás haciendo por Jasper, de verdad te lo agradezco.

Bianca me sonrió mostrando sus perfectos dientes. Tomó una de mis manos entre las suyas y cerró los ojos con fuerza.

—Gracias a cierta persona mi hermano va por el buen camino —murmuró sonriendo.

— ¿Qué quieres decir con eso?

—Ya lo veras —prometió Lucas riendo.

Sacudí la cabeza con incredulidad ante tal alborotado intercambio de palabras y preferí subirme a mi nuevo coche. Conducir el Porche hasta casa fue una gran aventura. La sensación de adrenalina en mi cuerpo y el rugir del motor fueron sensacionales. Yo también había heredado la fascinación por la velocidad que tenía mi familia.

Cuando llegué a casa Diego aún no había llegado así que preferí acostarme temprano y descansar un poco. Me di una refrescante ducha, cepillé mis dientes y me metí en mi cama para dormir. A los cinco minutos ya estaba dormida…

El sonido de mi móvil que sonaba incesantemente me despertó. Abrí los ojos con pereza y me fijé en la hora: 4:00 am. ¿Quién mierda podía llamar a esa horas? Gemí por lo bajo cuando el móvil volvió a sonar y lo busqué por debajo de mi almohada.

— ¿Aló? —Contesté reprimiendo un bostezo y refregándome los ojos de cansancio.

A-Alice. —El sollozo que dio Edward al otro lado de la línea me puso alerta inmediatamente.

Me senté rápidamente en la cama, con mi corazón latiéndome a mil por horas.

— ¿Edward? ¿Qué sucede, amigo? ¿Qué te pasa?

Edward volvió a sollozar y mi corazón se retorció de dolor ante su dolor. Su angustia y pena eran tan palpables que la sentía yo misma.

E-Es Bella, Alice, tienes que venir.

Mi corazón se paralizó por completo y el estómago se me retorció de angustia.

— ¿Bella? ¿Qué sucede con ella? ¿Le sucedió algo?


Uuuu chan chan... ¿les gustó el capi? ¿Las dejé en el suspenso, la intriga y con los nervios? Jjajaja pues van a tener que esperar una semana más para que sepan qué es lo que le paso a Bella Cullen.

Chicas de verdad estoy muy apenada con ustedes. Sé que no actualicé en muchos días y lo siento pero tuve un problema que les explicaré ahora:

Lo que sucede es que por falta de Beta y tiempo no tenía como escribir. El tiempo se ha sido muy corto para mi en estas semanas y no he podido escribir ni siquiera unas lineas. Por lo mismo necesitaba una Beta con urgencia que me ayudara con esto. Estuve A PUNTO DE BORRAR EL FIC, si lo sé, es inaudito, pero es que no había otra alternativa, no tengo tiempo ahora para nada. Pero LA BUENA NOTICIA es que TENGO NUEVA BETA, quien gracias a ella el fic se salvó y no lo borraré. Mi nueva y genial Beta es EstefanNiia RatHalee Greyy quien es una excelente escritora, he leído sus fics, y una chica muy amable que accedió a ser mi Beta en este fic. Por favor todas demosle un aplauso online a esta hermosa chica que ha salvado el fic ajjajaj soy loca yo, lo sé. Así que ahora el fic continúa en su gloria y majestad.

La otra cosa que quiero decirles es que... wow, ¿tanto les gustó el capi anterior que sobre pasamos los 56 Review que yo pedí? Jjajaja de verdad me impresionaron, no pude creer que avanzamos tanto en los Review con ese capítulo. Además me dio mucha risa sus Review, todas querían asesinar a María e incluso algunas me dijeron sus planes de como hacerlo. SON TODAS UNAS ASESINAS JAJJAJA, pero con María vale la pena ser asesina, ¿cierto? Bueno agradezco todos sus Review, de verdad.

Ahora, ¿por qué no tratamos de llegar a los 80 Review y actualizo? ¿Les parece?

AVISO IMPORTANTE:

En el próximo capítulo haré unas preguntas igual que la vez pasada, pero no se preocupen, debajo de las preguntas vendrá inmediatamente el capi así que no las dejaré con la ganas.

Recuerden llegar a los 80 Review si podemos. Un beso a todas, y nos vemos, hermosas.

Chicas, necesito URGENTEMENTE su opinión sobre una nueva historia que quiero hacer. Plis comenten si les parece bien, ¿si? Aqui está el resumen:

Isabella Swan sufre un accidente automovilístico que deja consecuencias en ella: una amnesia incurable de cinco años de su vida. Pero ella decide rehacer su vida a pesar del dolor que le produce el no poder recordar. Entrará de nuevo al instituto y allí conocerá a unos profesores y al hermosos chico llamado Edward Masen que esconce muchos secretos que Bella deseará revelar. ¿Podrá Edward ayudar a Bella a recordar? ¿Será él su cura? Fanfic solo de Edward&Bella

Isabella Pattinson Masen