Odio a la hermosa chica nueva.

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SHAMAN KING NO ME PERTENECE, PERO LA HISTORIA SÍ. PROHIBIDO REPRODUCIR EN CUALQUIER OTRA PARTE SIN MI PERMISO.

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Capítulo once.

Hao alzó los hombros con indiferencia y se encerró nuevamente en su cuarto.

Las medicinas que le daban luego de no haber tomado nada durante días eran muy fuertes, y le hacían tener náuseas todo el tiempo, sed y mucho cansancio. Detestaba tomar todas esas cosas y sentirse así, pero el pasado martes al volver de la escuela, comenzó a sentirse en extremo ansioso, a tal grado que llamó la atención de toda la familia al dar vueltas por todos los cuartos del primer piso frotándose las manos y avanzando con torpeza. Había chocado con unos desafortunados jarrones que terminaron en el suelo, y cuando su madre bajó lo encontró temblando y sudando detrás de un sillón. No había podido evadirlo. Su padre lo llevó en brazos al auto y luego al hospital, donde le inyectaron hasta calmarlo.

-Todo esto es una mierda.- Susurró antes de quedarse otra vez dormido.

Keiko subió a su habitación con una bandeja. Acarició el rostro de su hijo con ternura y después de besar su frente salió. Luego subió al cuarto de Yoh, con sándwiches y agua para los dos.

-¿Todo bien?

Anna estaba sentada sobre la cama escribiendo en la computadora, e Yoh le dictaba cosas desde la silla del escritorio.

-Sí ma, gracias.- Yoh mordió contento el sándwich.- Todavía nos falta.

-Ya es tarde… ¿Quieres mascar a tu casa para avisarle a tus papás?

-Gracias, pero vivo sola.

-Oh…- Keiko les dejó servilletas.- Bueno, si se les hace muy tarde podrías dormir en el cuarto de visitas.

-Oh, no, gracias. No quiero ser una molestia.

-Bueno, ya veremos que pasa.- La mujer se dirigió a la puerta.- Provecho.

-¡Gracias!

-Tu mamá es muy amable.- Comentó Anna viendo a Yoh comer.

-Sí, lo es…- El muchacho daba vueltas en su silla, tranquilo.- Y hace cosas muy ricas.

Yoh la miró dejar el platito sobre la cama y tomar agua. Terminó su primer sándwich y el de Anna seguía intacto.

-¿No te gustan los sándwiches?

-…-Anna lo miró en silencio mientras los ojitos oscuros la veían con curiosidad.- Sí.

-Oh…

El muchacho veía la comida en el plato y a ella estática. Anna estiró el brazo y tomó la comida, ante la curiosa mirada del joven.

-¿Y tu padre?- Masticó una, dos veces, sintiendo el pan suave con curiosidad.

-Trabajando…- Yoh dejó de verla y comenzó a dar vueltas en su silla, tranquilo.- Trabaja mucho para tenernos siempre bien.- Se detuvo frente a la ventana, viendo el cielo.- También suele ir mucho al hospital, entonces casi no lo veo, mas que en las noches, a veces.

-¿Y sólo son ustedes en la casa?- Mordió otra vez, ya sin tantos reparos, sorprendiéndose de lo bien que sabía aquello.

-También están mis abuelos, pero salieron a Izumo...- Le gustaba escucharlo, y notó que era diferente a como los otros compañeros pensaban que era. "Quizás por eso la gente lo quiere." Pensaba mientras lo oía hablar.- La verdad es que fue un alivio que estuvieran fuera cuando Hao se puso mal… Mi abuela se angustia mucho cada vez que pasa…

-Vaya…- Sintió curiosidad, pero no quiso preguntar, por educación.

Verlo así, en su casa, con sus problemas, le cambió la imagen de niño bobo que tenía de él cuando recién lo conoció.

Todos tenían problemas, en diferentes magnitudes, pero problemas a fin de cuentas, haciéndolos semejantes y vulnerables, volviéndose más reales y humanos ante los ojos del otro.

-¿Qué pasa?- Yoh la miró divertido.- Te perdiste.

Anna negó con la cabeza y él sólo rio.

De pronto, después de un rato de silencio, Yoh se paró a lado de ella, y se acercó sin razón aparente. Se inclinó y Anna retrocedió un poco, algo asustada por su cercanía.

Él tocó su rostro y frotó con suavidad un extremo de su boca, acercándose discretamente para oler su cabello, haciéndola temblar por pensar que quizás la besaría.

-¿Qué haces?- Anna lo detuvo en seco, y él rio nervioso.

-Tenías moronitas del pan en tus mejillas.- Anna sintió vergüenza por sus pensamientos.

-Oh…-"Qué tonta, ¿qué me pasa?"- Ya deberíamos acabar.

-Eh… Sí.- Yoh se sentó junto a ella sobre la cama y le acercó la computadora.

Anna puso su mano izquierda en el teclado, borrando unos signos que se habían puesto mientras comían por accidente. Yoh puso su derecha, y rozó casi sin querer su meñique, sorprendiéndose al ver que ella no hacía ningún ademán de retirarla.

Tragó saliva nervioso, y se puso a picar teclas como si nada, acercándose poco a poco a ella.

-Ya no falta mucho, ¿verdad?

-No, ya casi nada.- Ella tamborileó suavemente sobre el teclado, fingiendo no notar nada.

-Y… ¿te quedarás a dormir?- Se giró un poco para verla mejor.

-No creo, Yoh…- El chico hizo un puchero.- Tu mamá va a pensar quién sabe qué de mí.

Ella volteó a verlo y él se acercó más.

-Oh, no va a pensar nada malo… Fue ella quien te invitó.

Se miraron a los ojos unos segundos, y sin pensar en nada, él se acercó a sus labios. Ella cerró los ojos con las manos temblando, sin saber qué hacer. Yoh tomó su rostro y unió sus labios suavemente, casi como en un sueño. Un escalofrío le recorrió la columna, y sus labios volvieron a unirse, sincronizándose perfectamente, tan increíble que le parecía irreal.

Unos pasos se escucharon por la escalera, y se separaron antes de que el ruido llegara hasta ellos. Yoh tomó otra vez el cuaderno y Anna la computadora, justo antes de que llegara al cuarto el padre de Yoh.

-Ya llegué.

-¡Qué temprano llegaste hoy!- Yoh sentía su corazón latiendo muy rápido, pero lo ocultó muy bien.- Ella es Anna, es mi compañera de banca.

-Hola, que gusto.- Mikihisa saludó con la cabeza desde la puerta.- Saldré con tu madre.

Y despidiéndose amablemente, se fue.

Siguieron trabajando sin tocar el tema del beso, dejando que se sumergiera entre las brumas de lo imaginario, hasta el punto de no saber si sí había pasado o no. Yoh llevó a casa a Anna, y al volver se quedó dormido con la pulsera en la almohada, embriagándose con el aroma que le quedaba y haciéndolo soñar con ella.

Los dos días siguientes fueron muy tranquilos. Yoh estaba contento y confundido, pues Anna no decía ni mu de lo que había pasado, y aunque deseaba comentarlo, el simple hecho de tenerla a lado lo dejaba tranquilo. Por otro lado, su hermano ya estaba mucho mejor, y su actitud hostil con él y con la gente iba desapareciendo.

Por otro lado, Horo y Ren estaban otra vez de buen humor, y eso mejoraba completamente el ánimo de los cuatro amigos.

-¿Y-yoh?- Tamao se acercó a él en una hora libre del viernes.- ¿S-salimos ma-mañana?

-¡Ah, cierto!- Yoh sonrió.- Sí, deja les digo a mis muchachos.

-Ah.- La pelirosa se enfadó, pero lo ocultó muy bien.- Sí, claro.

Escapó junto a sus amigos y les contó lo que había pasado con Tamao.

-¿Salir con ella?- Horo comía una torta.- ¿Estás loco? Se ve que esa mujer cachetea las banquetas por ti.

-Y por eso no me pueden dejar solo.

-Yo invito a tu hermana, Horokeu.- Ren le sonrió con burla.

-Haz lo que quieras.- Se cruzó de brazos.- No me importa.

-¿No te importa? Ah, bueno, entonces yo…

-¡Ay! ¡Ya bésense!- La voz de Manta los hizo brincar.- Volvamos al punto. Sábado a las…

-Tres, en la cafetería que está a dos cuadras de aquí.

Ren y Horo se miraron avergonzados mientras se acercaban a Pillika.

-¡Ey!- Yoh la saludó con cariño.- ¿Vienes mañana con nosotros?

-¿No ibas a tener una cita con Tamao?

-¡¿Qué?! ¿Una cita?- Casi se ahoga.- ¡No! Era una salida de amigos.

-¡Oh! Debí haber entendido mal.- Respondió la chica, ligeramente apenada.- Bueno, hasta mañana entonces.

Volvieron a clase, y mientras todos sus amigos se sentaban se acercó discretamente a su gemelo.

-¿Quieres salir mañana?

-No quiero tu lástima.- Ya había oído de Tamao lo de la supuesta "cita" fallida, y temía que la joven hiciera algo realmente estúpido.

-No es lástima. Será divertido, ¡en serio! Un rato entre amigos…

Hao permaneció un buen rato callado, pensando que no sería malo si hiciera el intento de pasar más tiempo con él, y quizás podría evitar cualquier acontecimiento indeseado ocasionado por la pelirosa demente.

-Mmm.- Miró a su hermano menor y no pudo evitar sentirse extraño y emocionado al mismo tiempo, pues hace mucho que no compartían nada.- Está bien.

Yoh palmeó con cariño su espalda y se sentó en su sitio.

Después de un rato de clase, Ren propuso el plan para la noche de aquel viernes: un antro muy caro del norte de la ciudad.

Invitar Anna no resultó como Yoh esperaba, la chica simplemente dijo que no, explicando que tenía trabajo luego de ver los ojitos cafés ponerse tristes.

Al salir él la alcanzó mientras caminaba por un pasillo lateral del colegio, y tomó su mano discretamente, mientras gente de otros grados pasaban a lado de ellos sin mirarlos. Extendió los dedos y le dejó un papelito arrugado.

-¿Mañana vas?

-No sé.- Su cercanía la ponía nerviosa, provocándole ganas de alejarse de él.

-Por favor, ¡ven con nosotros!- Su sonrisa dulce la distrajo por unos segundos, haciendo cambiar el "no" rotundo que deseaba decirle desde el principio.

-Quizás llegue.

Anna comenzó a caminar nuevamente, pero el se adelantó y se puso en frente, cerrándole el paso.

-Por favor, con cuidado.- Rozó su oído con los labios mientras la tomaba por los hombros.- Si necesitas algo, márcame, ¿está bien? No importa la hora.

-Sí.- Extendió el papel arrugado y miró su número escrito.- Gracias.

Yoh depositó un suave beso en la comisura de su boca, temblando de miedo pero disimulando tener todo bajo control. La sintió respirar profundo y se estremeció mientras le daba un pequeño abrazo, que parecía más un apretón de conocidos que un abrazo en sí.

Ya en la noche iban de camino al antro, y Ren hablaba emocionado del lugar.

-Es de los mejores lugares de la ciudad. Los viernes hay música en vivo. No es totalmente electrónica, ponen cosas un poco tranquilonas y cursis… Y lo más importante: dicen que la chica que canta tiene una voz increíble.

-¿Y cómo se llama?- Manta iba a lado de Yoh y en frente de Horo en la limusina- ¿Será de nuestra edad?

-Le dicen "La Reina del Hielo".- Ren codeó a Horo divertido.- Y eso que no viene de Hokkaido.

-La Reina del Hielo…- Yoh miraba por la ventana, pensando en la "cafetería" en la que trabajaba su amiga.- ¿De qué se puede trabajar en un antro?

Los tres lo voltearon a ver confundidos.

-¿Quieres trabajar en uno?- Preguntó Horo.

-No… No...- "Pensaba en el trabajo de Anna" pero no lo dijo.

El coche los dejó frente a un lugar que aparentaba ser muy caro, y que para desgracia del castaño no era el mismo sitio donde había recogido a Anna hace unos días.

En el fondo, aunque no quisiera admitirlo, deseaba que fueran ahí, para verla.

Entraron al lugar y la música los envolvió. Estaba oscuro, y sólo se veían las luces de colores que bailaban al ritmo del sonido.

Se sentaron en la barra, tomaron unos tragos, platicaron un rato. Luego Manta se animó a invitar a bailar a una chica, y Horo corrió a comprar comida con dinero que le había dado Ren.

Luego de varias canciones se apagaron todas las luces y surgió un momento de silencio.

-¿Qué pasa?- Comenzaba a marearse y se sentía extraño.

-Ya viene…- Le contestó Ren emocionado.

-¿Quién?

-"La Reina del Hielo"- Dijo con una sonrisa.

De pronto, un reflector iluminó un pequeño escenario, que se encontraba a una altura considerable del suelo y a la derecha del Dj.

La gente se calló expectante, y minutos después, de la puerta trasera y desde las sombras, salió una joven mujer, de cabello negro y lacio y unos hermosos ojos azules.

Yoh se paró embobado y la contempló. Llevaba una blusa roja de manga larga que dejaba el abdomen descubierto y una minifalda negra.

La chica tomó el micrófono, y la música empezó a sonar.

Él se fue acercando poco a poco, hasta quedar lo más cerca que la multitud le permitía.

La Reina del Hielo clavó sus ojos claros en él, e Yoh se sonrojó, sintiendo burbujear sus nervios al reconocer esa mirada.

"¿Anna…?" Fue lo último que pudo pensar antes de que su voz lo inundara todo.

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Muchas gracias por todos sus comentarios! Han sido de lo más variados y me han hecho sonreír como no tienen idea. Para los angustiados, esta historia sigue! Tengo ya planeados los capítulos siguientes y todavía no damos con el final, así que todavía falta!

Gracias por leer, continuamos por acá! :D

Sayen!