Chasquido

Emma casi se cayó del sofá, su corazón latiendo a 200 por hora. Se enderezó rápidamente, alisando sus ropas como si estuvieran arrugadas. Regina, por su parte, se levantó tranquilamente, sonriendo son su flema característica al sheriff que acababa de importunarlas en la que habría sido la mejor tarde de su vida.

Se imaginaba linchándolo vivo, lo que hizo aparecer una sonrisa en sus labios, que el sheriff tomó por alegría.

«Parece contenta de verme» dijo él avanzando con paso decidido «Qué cambio con respecto a la otra noche en la que parecía que me iba a matar»

Regina no tuvo tiempo de responderle, porque David se había girado hacia Emma que estaba roja como un tomate.

«Parece que tiene calor, Agente Swan. ¿Todo bien?»

Balbuceando, Emma buscaba las palabras, intentando que no saliera toda la turbación que reinaba en ella.

«Euh…sí…no…en fin sí, pero es porque…»

«¿Tiene noticias nuevas o solo ha pasado para ocupar la tarde?» preguntó Regina, al sentir que su compañera iba a decir una tontería.

Emma la miró y le agradeció con un parpadeo. Se preguntaba cómo esa mujer, que apenas unos segundos le contaba sus experiencias sexuales, podía tener tanto aplomo delante del sheriff.

«Por desgracia, no he podido averiguar nada más. La autopsia ha confirmado que la muerte se produjo antes de que la colgaran, falleció debido a los golpes de su agresor. Creo que la colgó para satisfacer su crueldad, nada más»

Regina frunció la punta de su nariz. Sentía horror ante esos casos en los que los asesinos de volvían cada vez más sádicos a medida que mataban.

Emma se acercó a su colega una vez que su piel se volvió más rosa y su calor corporal volvió a su nivel habitual.

«No nos queda sino esperar los resultados del laboratorio. Quizás su agresor está fichado y tengamos más suerte que hasta el momento»

«Esperémoslo» respondió Regina sonriendo dulcemente.

Esa proximidad puso a la rubia incómoda. Retrocedió y comenzó a balbucear de nuevo.

«Si…si no le molesta, yo voy a volver al hostal, no me encuentro muy bien. Voy a descansar un poco, nos vemos más tarde, ¿ok?»

Sin dar tiempo a Regina o al sheriff a responder, ella dio media vuelta y salió por la puerta.

La morena la agarró delicadamente por el brazo

«¿Emma? ¿Está bien? Escuche, yo…»

«Todo está bien» respondió la rubia moviéndose para que Regina la soltara «Solo necesito estar sola»

El sheriff escuchó la puerta abrirse y cerrarse y vio a la joven morena ir hacia él, perdida en sus pensamientos

«¿Algún problema?» preguntó él con un tono preocupado

«No, nada grave, no se preocupe…está cansada, nada grave»

El hombre asintió y se paseó por el salón, mirando aquí y allí, esperando encontrar algo que se les hubiese escapado al FBI.

«Ya lo hemos inspeccionado» le dijo Regina uniéndose a él, sabiendo muy bien lo que él buscaba «No hemos encontrado nada que nos diga quién es el asesino»

David suspiró y se apoyó en la mesa del salón

«Estoy perdido…tengo la sensación de ser totalmente impotente. No tenemos la menor pista, nada que una a las víctimas…»

«Ni patrón que se reproduzca» continuó Regina «Cada muerte es diferente, no consigo encontrar la manera en que ha establecido su ritual. No sé si estamos ante un asesino novato o a alguien experto en este terreno»

Se dejó caer en el sofá, ocupando el sitio en el que estaba Emma hace unos minutos.

«¿La agente Swan tampoco tiene idea?» preguntó el sheriff encogiéndose de hombros

«No más que yo de momento» suspiró la morena

«¿Hace mucho que forman equipo?»

«En realidad, no…apenas hace unos días» respondió la morena sonriendo.

Pensó en la primera vez que vio a Emma en el despacho del director. No lo había dejado que se notase, pero su corazón dejó de latir cuando había visto entrar a esa bella rubia. Sus cabellos de oro, su chaqueta de cuero roja que sería horrible puesta en cualquier otra persona, pero no sobre esa mujer magnífica. Se había perdido en sus ojos esmeraldas cuando le estrechó la mano por primera vez…y casi se había ahogado en ellos esa tarde.

Bajando los ojos, Regina sintió remordimientos. ¿Y si había ido demasiado lejos? Después de todo Emma no era ni lesbiana ni soltera… Su corazón se puso a latir descontroladamente al imaginarse la razón de su huida. ¿Y si había decidido llamar al director para poner fin a esta colaboración?

Regina sintió sus piernas tan ligeras como el algodón. Si no hubiera estado sentada, habría caído al suelo. No quería que todo acabase…ahora no…

«¿Agente Mills? ¿Se encuentra bien?» preguntó el sheriff inclinándose sobre ella.

«¿Eh? Sí, sí, bien, gracias» respondió la morena recomponiéndose. No puede dejar transparentar su pena, debe ser fuerte, como siempre.

«Discúlpeme, estaba pensando…como le decía, somos compañeras desde hace solo unos días. Y de manera temporal, solo para este caso»

«¡Oh!» exclamó el sheriff sonriendo «comprendo, ¿están juntas como sustitución de un compañero enfermo o algo por el estilo?»

«De hecho, la agente Swan es mi castigo» confesó Regina sonriendo

«¿Su…castigo?» pregunto David, sin estar seguro de haber escuchado bien.

«Sí…es un larga historia, pero digamos que la cagué en mi último caso, y de repente me encuentro como compañera de un alma libre»

Al pensar en la bella rubia, Regina sintió un dulce calor invadir su cuerpo.

«¿Puedo preguntarle qué pasó?» preguntó el sheriff «En fin, ¿si no es muy indiscreto?»

Regina se apoyó en el respaldo del sofá.

«Formaba equipo con una mujer, antes de la agente Swan. Estábamos investigando a un asesino en serie que se hacía pasar por psicólogo. Conocía a sus víctimas por medio de sesiones de psicoanálisis, conseguía que sus pacientes le contasen sus vidas. Conocía sus miedos, sus angustias, sus emociones…»

«¿Otro tarado mental?» murmuró David

«Mucho más de lo que se imagina» respondió la morena «mucho más de lo que piensa sheriff…Una vez elegidas sus víctimas, siempre mujeres, sobre la treintena, sin hijos ni pareja, él comenzaba las sesiones de hipnosis. Una vez la tenía bajo su control, totalmente a su merced, abusaba de ella en su consulta, sin que ellas se dieran cuenta»

«¡Mierda, qué cabrón!» el sheriff puso una mueca de asco, sacudiendo la cabeza como para borrarse el horror que esa visión le hacía sentir.

«Era un chalado, sí» respondió Regina «pero la cosa no quedaba ahí. Cuando las víctimas volvían en sí, él fijaba una visita en sus propias casas, para, según él, ayudarlas a avanzar en un entorno familiar»

Regina se levantó, la historia se iba a recrudecer. Para darse valor, miró el libro que se encontraba en el mueble del salón, deslizando sus dedos sobre las letras en relieve de ese bello ejemplar "Once upon a time"

«Una vez en sus casas, las hipnotizaba de nuevo, y comenzaba su ritual…»

El sheriff contuvo la respiración, presintiendo que esa historia iba a terminar mal.

«Cuando las violaba por última vez, las destripaba. La hipnosis impedía cualquier movimiento, la joven sufría, sin poder esbozar el mínimo gesto, su agresión sexual, y después su muerte, lenta y dolorosa»

Regina retuvo las náuseas que le subían a la garganta.

«Cuando acababa, dejaba sobre la frente de su víctima un grillo muerto. Era su firma»

«Como si necesitara firmar una horror como ese» dijo David completamente perturbado « pero…¿qué hizo usted de forma equivocada? No lo comprendo. ¿Lo atrapó, no?»

«Lo maté…de una bala en la cabeza mientras estaba todavía inclinado sobre el cuerpo de su víctima»

El sheriff se quedó con la boca abierta. No se esperaba tal revelación.

«¿Y eso es lo le dio el derecho de formar equipo con la agente Swan…?»

«No. Matar a un asesino en serie en flagrante delito no es lo que le vale a uno una bronca» respondió Regina con una sonrisa

David no hizo ninguna pregunta. Sabía que Regina quería hablarle de lo siguiente…ella lo necesitaba.

«Mi compañera trabajaba de incognito…se hacía pasar por una de las pacientes del Dr. Hopper…ella lo quería atrapar con las manos en el masa, una vez en su casa, para que se pudriera en prisión toda la vida»

Sintiendo un escalofrío, Regina abrió el libro de cuentos, pasando las páginas para liberar su mente.

«Ella fue su última víctima. ¡Llegué tres minutos tarde!»

El sheriff se apoyó en el sofá. Perturbado, no dijo una palabra, no deseaba que Regina se sintiera aún peor.

Regina se recompuso, e inspiró fuertemente

«He ahí por qué formo equipo con la agente Swan. Me sirve de castigo, porque ella tiene fama de estar completamente loca y ser capaz de todo»

«Eso ya lo había notado» respondió el sheriff sonriendo, masajeándose la muñeca como si el dolor todavía fuera presente.

«Sea como sea» añadió la morena suspirando «la investigación está bastante atascada»

«¡Es verdad! Y eso me enerva. Me deja impotente. Los habitantes de Storybrooke están siendo asesinados uno tras otro, y yo soy incapaz de encontrar una pista» se enfadó el sheriff golpeando con el puño el reposabrazos del sofá.

«Gus, Anastasia, Belle…¿quién será el siguiente? ¿Cuándo? ¿Cuánto tiempo tardaremos en encontrar a esa basura?»

Regina de repente se sobresaltó

Con un gesto torpe, totalmente febril a causa de la subida de adrenalina, se puso a pasar las páginas del libro como si su vida dependiese de ello.

«Dios mío, sheriff, ¡es usted un genio!»

Totalmente sorprendido por ese cumplido, el joven se levantó y se acercó a la agente Mills.

«¿Qué…?» preguntó él, sin comprender la importancia de lo que había dicho

Regina cogió un bolígrafo que había sobre el mueble y rodeo ansiosamente el nombre del cuento que aparecía en negrita sobre la página que ella había encontrado.

«Cenicienta» leyó en voz alta

Después bajando algunas líneas del texto, rodeó la palaba "Gus", el nombre del ratón en el cuento, y "Anastasia", el nombre de la hermanastra de Cenicienta.

El sheriff no se atrevía a decir ni una palabra, intentando comprender la relación entre las muertes y el nombre de las víctimas.

Regina pasó de nuevo las páginas, parándose en una medio arrancada de la que le había hablado a Emma hace algunas horas.

«La Bella y la Bestia» murmuró rodeando el título y el nombre del personaje principal, Belle.

Sacando su teléfono del bolsillo, buscó el número de su compañera en su agenda.

Al otro lado del pueblo, el móvil de Emma sonó. Desde hace más de una hora, estaba sentada en su cama, totalmente perdida, con lágrimas en los ojos, pensando en lo que había pasado con Regina.

Al ver el nombre de la bella morena en la pantalla, sonrió, a su pesar, y descolgó.

«Regina, lo siento, yo…»

«¡Emma! ¡Emma! ¡Lo he encontrado! ¿Está en el hostal? No se mueva, llegó en seguida»

La joven rubia no tuvo tiempo de responder, Regina ya había colgado. Daba igual lo que hubiese encontrado, lo importante es que venía a buscarla. Ante ese pensamiento, el corazón de Emma se hinchó, no de felicidad, sino de pena. Las lágrimas corrieron por sus mejillas y sus ojos se desviaron hacia la maleta cerrada, preparada para la partida.