Disclaimer: Los personajes y todo lo que sea referente a los libros de C.S Lewis no son mios, ok?

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Un poquito tarde pero ya está aquí!

gracias a todos por sus reviews me hacen muy feliz n.n

y bueno, espero que disfruten del capítulo ;D

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11- Sentencia

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Edmund podía sentir la fría y lisa piedra bajo su espalda, no podía moverse por más que lo había intentado y parado junto a él la Bruja Blanca se levantaba mirándolo fríamente con una sonrisa en su boca, en su mano sostenía un cuchillo de piedra.

- Llegó tu hora, traidor -le dijo regodeándose por ello. Levantó el cuchillo y con fuerza lo enterró en su corazón.

Edmund se despertó sobresaltado sintiendo que le faltaba el aire, Lucy se despertó por el sobresalto y lo miró preocupada.

- ¿Estás bien? -dijo ella, Edmund se reincorporó en la cama con una mano en el pecho, había sido tan real… Susan y Peter se miraban preocupados por la forma repentina en que despertó.

- ¿Ed? -preguntó Percy al ver que no respondía.

- Estoy bien -dijo respirando con dificultad- Estoy bien, sólo fue un sueño -murmuró.

- Está bien, vuelve a dormir -le dijo Susan con una mano en su hombro.

- No creo poder dormir otra vez -respondió él, aunque tampoco tenía muchos deseos de volver a dormir.

- No falta mucho para que amanezca -le dijo Peter- Traeré algo para desayunar.

- Te ayudaré -dijo Susan levantándose, ambos salieron de la enfermería dejando a Edmund con Lucy y Percy.

- ¿Te duele? -preguntó su hermana después de un rato sin decir palabra poniendo una mano sobre su brazo vendado.

- Un poco -dijo él.

- Tienes suerte que solo haya sido tu brazo -dijo Percy serio, contemplando su herida- Si Peter no hubiera despertado…

- Hey -le interrumpió Edmund- Lo hizo, y estoy bien.

- Aún no puedo creer que Gage hiciera eso -dijo Lucy tristemente- Él me ha ayudado tanto en la enfermería…

Edmund se sentía culpable, su presencia lo había orillado a eso, había decidido ignorar las advertencias y ahora no sabía lo que le pasaría a Gage y a su hijo, Lei no tenía la culpa de nada, no tenía por qué sufrir por lo que había hecho su padre.

- Fue mi culpa -se lamentó Edmund.

- Pero tú no tienes la culpa de nada -dijo Percy enojado- ¡Él fue el que intentó matarte!

- Ya lo sé, Percy. Pero… -Estaba seguro que se enfadarían con él pero no tenía más remedio que contarles- Pude haber hecho algo antes de que sucediera.

- ¿Qué quieres decir? -preguntó Peter llegando junto con Susan cargando bandejas con comida. Edmund bajó la cabeza.

- Yo… recibí dos notas -explicó. Todos los presentes se sorprendieron al oír aquello- La primera la encontré en mi cama el día en que tuvimos nuestro primer duelo, decía "Vete de aquí, traidor"-todos reprimieron un escalofrío- la segunda la encontré ayer y decía "Vete de aquí, es la última advertencia"

- ¿Por qué no dijiste nada? -dijo Peter enojado.

- Creí que sólo querían asustarme -explicó sintiéndose tonto por no haberles dicho antes- No quería preocuparles por algo sin importancia.

- ¡¿Sin importancia?! -dijo Peter incrédulo- ¡Casi te matan!

- ¡Lo sé! -respondió Edmund exasperado- Hice lo que creí conveniente en el momento.

- No podemos cambiar lo que ya está hecho -intentó Susan tranquilizar a Peter- Debemos concentrarnos en el presente.

Peter se contuvo de gritarle un millón de cosas a Edmund por su imprudencia, recordaba cada momento que había mencionado, aquel día en que extrañado le había parecido que había salido de la tienda y lucía nervioso, y el día de ayer no había ido a cenar y eso le pareció extraño ¿Cómo no lo había visto?

- Bien -aceptó a regañadientes.

- Ahora desayunen, que seguramente será un largo día -les ordenó Susan pasándole a cada uno un plato con comida.

Después de desayunar, Peter se reuniría con los jefes para tratar la situación, Susan y Lucy también debían estar ahí pero no querían dejar a Edmund solo, ya que no le permitieron moverse de ese lugar por ningún motivo.

- No es que esté agonizante o algo por el estilo -se quejó- No necesito quedarme aquí tirado en la cama todo el día.

- Por el momento es peligroso que andes por ahí sin protección -le explicó Peter- así que tendrás que quedarte aquí hasta que alguno de nosotros te diga lo contrario -le advirtió. Edmund no insistió, después de todo algo de razón tenían, pero sólo un poco.

- No te preocupes te mantendré ocupado -le animó Percy.

- Es hora de irnos -anunció Peter a sus hermanas- Te lo encargo, Percy.

- Déjamelo a mí -aceptó gustoso la ardilla.

- No soy un niño pequeño al que tengan que cuidar -se quejó después que Peter, Susan y Lucy se retiraran.

- No -aceptó Percy- Eres un niño grande al que tienen que cuidar.

- Muy gracioso -dijo cruzado de brazos.

- ¿Puedo pasar? -Lorcan asomó su cabeza por entre las cortinas.

- ¡Lorcan! -dijo Edmund contento de verlo- Claro, pasa.

- ¿Cómo te encuentras? -preguntó Lorcan observando la herida en su brazo.

- Estoy bien, Lorcan -le aseguró.

- Escuché lo que pasó -comentó sentándose a su lado- todo el mundo habla sobre eso, pero hay tantas versiones, algunas incluso dicen que estás muerto.

- ¡Qué tontería! -dijo Percy indignado.

- Hasta que Peter no hable con ellos no cesarán los rumores -dijo Edmund- Pero no te preocupes, como puedes ver sigo aquí.

- Y más gruñón que de costumbre por tener que quedarse aquí -bromeó Percy.

- Ah, pero creo que eso se puede arreglar -dijo Edmund con una sonrisa maliciosa viendo a Lorcan.

- ¿En qué estás pensando? -preguntó Percy sintiendo que no saldría nada bueno de eso.

- Peter dijo que no podía ir por ahí sin protección -comentó Edmund a lo que Percy asintió- Bueno, si Lorcan me acompaña tendría protección ¿no? Después de todo es un soldado.

- Sabes que Peter no se refería simplemente a eso -le advirtió Percy- Quieren que te recuperes del todo, que descanses.

- Me siento perfectamente bien -objetó Edmund- No necesito más descanso. ¿Me ayudarás, Lorcan? -preguntó Edmund al leopardo quien se mostró dudoso.

- Saldré de aquí me acompañen o no -amenazó Edmund, Lorcan no pudo más que suspirar resignado, no iba a dejarlo solo.

- Está bien -aceptó- Iré contigo, pero lo único que lograrás es que todas las miradas se fijen en ti.

- Eso me tiene sin cuidado -dijo Edmund restándole importancia- Ahora vamos, antes que regresen.

Salieron los tres juntos de la enfermería sin un rumbo establecido, en realidad Edmund sólo quería salir de ahí, se sentía enclaustrado en ese lugar, pero no tenía idea a dónde ir, así que dieron un par de vueltas hasta que por fin fijó un rumbo.

- ¿A dónde vamos? -preguntó Percy sobre el lomo de Lorcan.

- Iremos a hacerle una visita a la señora castor -dijo Edmund animado- No he tenido tiempo de platicar con ella y nos librará de tantas miradas indiscretas -explicó ignorando a las personas a su alrededor. Llegaron a la pequeña tienda y sorprendida pero gustosa la señora castor los recibió encantada.

- Oh muchacho, es un alivio verte bien -exclamó la señora castor- Después de tantos rumores que corren por ahí, estaba preocupada.

- No se preocupe, estoy bien -le aseguró agradecido por su preocupación.

- ¿Y qué los trae por aquí? -preguntó extrañada- no me esperaba que vinieras a visitarme.

- Desde que llegue no había tenido el tiempo de venir -explicó Edmund- le prometí que tendríamos una plática.

- Tienes razón -dijo contenta- me alegra que vinieras y justo ahora que me preguntaba cómo estarías.

A la señora castor no le era muy difícil sacar un tema de conversación, tenía tantas preguntas que hacerle a Edmund que una vez respondía ya tenía una nueva por hacer, ella también le contó algunas cosas, cómo extrañaban su presa y a sus amigos convertidos en piedra, también se quejaba que nunca pudo estrenar su nueva máquina de coser dejada en su casa por Santa entre otras cosas más, hasta que saltó nuevamente lo sucedido la noche anterior.

- El señor castor está con todos los demás discutiendo la sentencia de Gage -dijo ella y agregó con tristeza- Es una pena, lo más probable es que sea ejecutado.

- ¡¿Qué?! -dijo Edmund asustado- ¡No pueden hacer eso! ¿Qué pasará con Lei?

- El pobre Lei -se lamentó la señora castor- Sufrirá mucho pero es inevitable. No hay algún tipo de cárcel, tampoco se le puede desterrar por temor a que nos delate en venganza, la única alternativa sería esa, es por eso que tardan tanto, muchos se oponen a esa terrible opción.

- Tengo que ir -se levantó Edmund de pronto.

- Peter se enojará si ve que te has escapado de la enfermería -le advirtió Percy- Además ¿qué podrías hacer tú?

- Fui yo el que fue atacado ¿no es cierto? -se defendió Edmund- Yo debería tomar parte en la sentencia y no dejaré que ejecuten a Gage por mi culpa.

- No es tan simple, Edmund -dijo Lorcan- La señora castor tiene razón, no hay otra opción.

- Pues haré que haya una -dijo testarudo.

- Ten cuidado, Edmund -le dijo la señora castor preocupada. Edmund se despidió de la señora castor prometiendo que terminarían su plática otro día y se fue seguido de cerca por Lorcan y Percy.

No tenía muy en claro lo que iba a hacer pero sabía que tenía que hacer algo, no podía dejar que condenaran a Gage sin dar una opinión al respecto, tenía que encontrar algo que pudiera ayudarlo y cuanto antes mejor.

Se detuvo frente a la tienda en donde se llevaba a cabo la reunión aún sin tener una sólida defensa para al menos retrasar la sentencia, Percy y Lorcan lo miraron en espera de algún movimiento.

- ¿Qué piensas hacer? -preguntó Lorcan al ver que no entraba.

Antes que pudiera responder las voces que provenían de la tienda se hicieron más altas, escuchando claramente lo que decían.

- ¡Ya lo hemos discutido suficiente! -escuchó la voz de Peter- Es la única opción que nos queda, no hay ninguna otra alternativa y su crimen ha sido demasiado grave.

- ¡Él ha salvado miles de vidas! -se levantó la voz de uno, y varias voces estuvieron de acuerdo- ¡No puede ser ejecutado! -Edmund se quedó helado al oírlo, iban a ejecutarlo.

- ¡No hay nada que se pueda hacer por él! -dijo Peter- Él mismo dictó su sentencia al traicionar nuestra confianza.

- ¡Él sólo hizo y dijo lo que todos pensamos! -dijo otra voz- No sabemos nada de él.

- No podemos confiar en él.

- No sabemos cuáles son sus intenciones ¿Por qué no ha intentado volver a su tiempo?

- ¿Cómo es que no murió allá también? ¿Acaso se lo ha dicho?

- Él… -escuchó que la voz de Peter era más débil- No lo mencionó -las voces se enfurecieron.

Edmund no quiso seguir escuchando, se alejó lo más rápido que pudo de ahí sin fijarse si Lorcan y Percy lo seguían. Se detuvo sólo cuando se encontró con el final del camino, justo en el afluente de agua. Parecía el único lugar al que podía ir lejos de las miradas, de las acusaciones. Estaba cansado de todo eso, pero tenían razón, no pertenecía a ese tiempo tenía que volver y dejar de causar tantos problemas.

- ¿Ed? -escuchó una suave voz a su espalda. Pudo reconocerla sin necesidad de voltear, era Lucy. Seguramente lo había visto fuera de la tienda y sabía que había escuchado todo y por eso lo había seguido ¿Qué podría decirle? ¿Dudaba de él también? Se echó agua en la cara para borrar todo signo de frustración y se dio la vuelta.

- Cuando ella vino a reclamar mi sangre… -comenzó a explicar- Aslan…

- No tienes que explicarme nada -le interrumpió Lucy- Te conozco y confío en ti.

Edmund se quedó sin palabras, ella confiaba en él, a pesar de tantas cosas que ciertamente ponían en duda sus intenciones…

- Pero…

- No me importa lo que los demás digan -continuó Lucy con firmeza- Eres mi hermano y siempre seguiré confiando en ti. Cuando… cuando la Bruja Blanca dijo que tendrías que ir con ella… y Aslan no pudo evitarlo. No había duda en tu mirada, te arrepentías profundamente por el error que habías cometido y sabías que tenías que pagar por ello, pero no aceptaste sin rechistar tu sentencia sólo porque no había otra alternativa sino por nosotros, para que Narnia no fuera devastada. Veo la misma mirada en ti, tú y él son el mismo, aunque la situación haya sido diferente, aunque él haya muerto y tú no, sé que si la situación hubiera sido la misma, hubieras hecho lo mismo. Por nosotros -terminó diciendo con lágrimas corriendo por sus mejillas.

- Gracias, Lucy… -fue lo único que supo decir al escucharla sintiendo un nudo en la garanta. Ella corrió a abrazarlo y él la estrechó con fuerza entre sus brazos- Gracias…

- Debemos volver a la enfermería antes que Peter se dé cuenta -susurró Lucy- La junta está por terminar y seguro irá a verte.

Edmund no dijo nada y simplemente la siguió, Percy y Lorcan se encontraban aparte para no interrumpirles y al verlos acercarse ambos miraron a Edmund preocupados.

- Debemos regresar a la enfermería -dijo Edmund ignorando lo sucedido- Y recuerden que yo siempre estuve ahí -terminó con una sonrisa.

- Díselo a la mitad del campamento que ya te vio -respondió Percy.

Llegaron a la enfermería y afortunadamente Peter aún no había pasado por ahí, así que esperaron tras las cortinas, no hablaron mucho, puesto que aún estaba presente el recuerdo de lo escuchado en la reunión.

- ¿En verdad no hay nada que pueda evitar esa pena? -preguntó Edmund a Lucy mirando al suelo, ella tardó un poco en comprender a lo que se refería.

- Lo han discutido por mucho tiempo -explicó Lucy- no tenemos otra opción…

- Lo sé -aceptó tristemente- Sólo desearía que hubiera algo que pudiera hacer…

Peter se asomó por entre las cortinas, se mostró aliviado al verlo sano y salvo, aunque se contuvo bastante bien para no dejar ver su preocupación.

- La junta terminó -explicó sentándose en el banquillo junto a la cama- ¿Por qué te fuiste antes que terminara, Lucy?

- No tenía sentido seguir ahí -se excusó Lucy- además quería ver cómo estaba Edmund.

- Esta bien -aceptó su hermano- Albriech ha asignado a dos soldados para protegerte. Uno de ellos es Lorcan, claro está, aún no ha tenido tiempo para pedírtelo, Lorcan -se dirigió al leopardo quien se mostraba sorprendido- ¿Aceptarías el trabajo?

- Con mucho gusto aceptaré esa responsabilidad, señor -respondió Lorcan irguiéndose orgulloso- Edmund es mi amigo y me alegra poder ayudarlo.

- Gracias, Lorcan -respondió Peter- El otro es Ahren, tal vez no lo conozcas pero es un buen soldado y estoy seguro que se llevarán bien.

- ¿Ahren? -dijo Edmund sorprendido. Aunque en ese tiempo apenas había cruzado palabra con él, esperaba que fueran buenos amigos como en su verdadero tiempo. El grifo asomó su cabeza por entre las cortinas tímidamente.

- ¿Puedo pasar ahora? -preguntó a Peter.

- Claro -respondió Peter. El grifo se adelantó hasta Edmund y le saludó con una reverencia.

- Espero que nos llevemos bien, majestad - dijo Ahren, todos los presentes callaron ante el término con el que se había dirigido a Edmund. Es cierto que estaba acostumbrado a que lo llamarán así, después de todo era un Rey, pero no ahí, sentía que no merecía ser llamado de esa forma en aquel lugar.

- Llámame Edmund -le pidió. Los demás se compusieron de la impresión e intentaron aparentar que no había sucedido nada, Ahren podía ver su extraño comportamiento pero no pareció comprender el por qué.

- Esta bien, si no te molesta, puedes llamarme Ahren también -dijo contento.

- Traje la comida -llegó Susan cargando una gran bandeja, Peter le ayudó a servir a cada uno, por su parte, Ahren y Lorcan salieron para darles más espacio, con toda la gente que había dentro de las cortinas resultaba un poco difícil moverse. Comieron sin hablar mucho, nadie quería tocar el tema de Gage, a pesar que todos sabían lo que le acontecería.

- Esta noche podrás regresar a nuestra tienda -comentó Peter mientras jugueteaba con su comida- Habrá vigilancia las veinticuatro horas así que podrás dormir tranquilo -No estaba seguro si eso sería posible, pero al menos dejaría la enfermería y eso era mejor que nada. Estuvo un rato debatiendo consigo mismo y al final se decidió sacar el tema que le interesaba.

- ¿Cuándo piensan… cumplir la sentencia? -preguntó preocupado. Todos volvieron a guardar silencio.

- Tres días-respondió Peter mirando su plato.

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