CASA DEL HOMBRE

La oscuridad es plena, ineludible, se le viene encima a todo cuanto alcanza la vista y todo cuanto no, tanto y a tal grado, que termina pareciéndose en demasía y de forma brutal a la realidad que sobrecogió a Sartre, casi al punto de asfixiarle. Y en la oscuridad Michiru, acostada junto a sus hermanas, rumia en las interioridades de su mente el recuerdo de lo acontecido en esta fabulosa mañana.

Piensa…

Haruka lo tiene todo.

Una casita de muñecas. Dos bebés. Una radio de juguete. Canciones maravillosas. Un estante lleno de cuántos libros quisiera leer. Una muñeca.

Una hermosa muñeca.

Haruka lo tenía todo, porque tenía a Ami.

¿Por qué?

¿Por qué Haruka lo tenía todo?

¿Por qué Haruka lo tenía todo, y ella no? ¿Qué había hecho él para merecerlo? ¿Para merecerla?

¿Por qué Haruka? ¿Por qué ella no?

"Ella es mi amiga, no debo sentirme así", se reprocha Michiru en sus adentros, procurando apartar su propio espíritu de estos pensamientos insidiosos. Se refugia la niña entonces en sus sueños. Y sueña. Sueña con la muñeca que vio esta mañana en la pintura.

Sueña que juega con ella.

La vida es sueño.

Y los sueños, sueños son

(P. Calderón De La Barca)


shenkiya: Agradezco sobremanera que aprecies a "Perséfone". En cuanto a los reconocimientos, como el amor, a veces llegan, y a veces no. No nos ha sido dado develar los propósitos de todo cuanto ocurre en este nuestro mundo humano. Así que celebremos por lo recibido, nada de apenarse por lo que no ha sido.