Disclaimer: Harry Potter y su mundo son míos y... *Tomate* Vale. No lo son. Nada de lo que puedan reconocer es mío, todos es de la Gran JK (Amén). Esto está hecho sin fines de lucro, sólo diversión propia y de ustedes.

Summary: Su básicamente inexistente "vida" es todo lo malo que puede ser una vida porque se ha convertido lentamente en un perene infierno de eterna agonía en donde el único culpable es... ¿Pues quién va a ser? Entre la esfera, su vecina, su trabajo, su familia, su jefe y Scorpius Malfoy, iba a volverse loca. Er, más loca.

Oh, por Dios…. Muchas gracias, chicas. Semejante respuesta al capítulo anterior me abrumó totalmente porque no me lo esperaba para nada, así que muchas gracias nuevamente a: Erika Dee (x2), Kisses rain, MayLiz Potter de Weasley (Me alegra haberte sorprendido y espero no haberte causado problemas… Disfruta en nuevo capi!), Annie Thompson, Altea Kaur, CarlaMelina, Diane Potter, TAMYmos (x2), Kiri (Jajaja No me odies por dejarte con la duda xD Y a mí me encanta que te encante! Tus dudas se resolverán poco a poco, ya verás :)), Lucy (Que genial que te gustara! Albus es el inefable más bello xD Y me haz hecho reír con tu versión de lo que les falta jajajaja Saludos!) , Diluz, FYA (Me agrada que pienses eso y espero que este capi también te guste :D Albus es genial y la esfera… un misterio. Pero ya volví y te envío muchos saludos!) , Leprechaun07 y Cami camila (Gracias por tus ánimos! Yo amo a Albus y a Scorpius aún no sé si quererlo u odiarlo. Me da por etapas xD En cuanto a tus conjeturas… lo dejaré como misterio. Espero que te guste el capi!).


Visitas (de la Parca) y Encuentros (del Tercer Tipo)

(O en donde "La Parca" son tres millones de malas noticias y el "Tercer Tipo" es aquella desgraciada noción de que es la persona más desafortunada del planeta… y mira que no la ha tenido fácil)

(Pero ella irá a la reunión de los Jóvenes Promesa)


¿Por qué necesitaban ayuda?

Era completamente inverosímil y, además, ¿Qué podría hacer la esfera por ambos?

Cierto era que su vida sentimental y familiar no estaba en su mejor momento y que su trabajo, a pesar de ser genial, no era exactamente lo que quería, pero cualquier ser humano pasa por lo mismo en algún punto y ella había comprobado personalmente que cuando un aspecto de tu vida va viento en popa, los demás se están yendo a un pozo sin fondo.

Y aunque ahora no podía pensar en alguna cosa que estuviera perfecta y sin ninguna queja en su existencia, no creía que necesitara ayuda tan desesperadamente que tuviera que aceptarla de una reliquia antiquísima y misteriosa.

Sin embargo… ¿Qué podría ser? ¿Cómo esa reliquia podría ayudarla?

–… me interesa que lo veas porque lo considero una total pérdida de tiempo. SIn embargo, Zabini insiste en que Bailey es una columnista en ascenso y me pidió personalmente que lo revisara, pero yo… –la voz de Marius sonaba lejana y por más que intentaba concentrarse en el hombre al otro lado de su escritorio, se sentía incapaz de dejar aquel asunto de lado.

Y el mutismo de Scorpius al salir del Ministerio no había ayudado en nada.

No sabía qué problemas podía tener en su vida cotidiana que fueran lo suficientemente graves como para que la esfera se sintiera tentada a ayudarlo, pero pensándolo bien… sus propios problemas (vistos desde cierta perspectiva ajena y muy objetiva) tampoco eran la gran cosa.

Al menos de eso intentaba convencerse.

Por otra parte, la frustraba en demasía el hecho de que habían salido del Departamento de Misterios con muchísimas más dudas de las que tenían. ¡Esa no era la idea! En teoría, debían tener un poco de información que fuera útil, no una especie de supuesta ayuda que jamás había sido solicitada.

–… no es que escriba mal. Tiene talento, de hecho; pero sus artículos no tienen ningún tipo de profundidad emocional, no hay nada que revolucione la polémica en el interior de las personas y que sacuda al mundo mágico sólo con palabras sobre la sociedad y la política. Falta el impacto ardoroso que tuvo el tuyo y ella lo sabe, así que… –Marius frunció el ceño cuando volvió a mirar a Rose, que tenía la vista fija en la pared tras él–. Weasley, ¿Si quiera me estás escuchando?

Se sobresaltó al escuchar su apellido y lo miró con disculpa.

–Lo siento, Marius, pero tengo la mente llena de… –sacudió la cabeza, intentando concentrarse en lo que decía y no en lo que en realidad pensaba–. ¿Podrías repetir lo que me explicabas?

Marius cambió la posición de su cuerpo sobre la silla y la miró con la suspicacia brillando en sus astutos ojos verdes.

–Desde el receso para el almuerzo estás como ida. Mucho más distraída que de costumbre. ¿Te encuentras bien?

No; se sentía confundida, perdida y frustrada, pero no le diría eso.

–Claro, es sólo que tengo muchas cosas en la cabeza en estos momentos –respondió aún algo desorientada. Marius sonrió divertido.

–Así que ya hablaste con tu padre –rió entre dientes y Rose decidió no negarlo. Le estaba dando la excusa perfecta y hablar sobre ello la ayudaría a olvidar unos minutos a la dichosa esfera.

–Sí y fue tan horrible como lo imaginé. Incluso peor –suspiró ante el recuerdo y recargó su mejilla sobre la mano derecha con aspecto abatido–. Ahora no sólo él me odia, sino que la familia Weasley está decepcionada de mí. Aunque mamá dice que es por haberlos engañado sobre nuestra relación, pero me parece tonto que hace unos años lucharon contra los prejuicios y ahora ellos… ¡Por Merlín! Es absurdo.

–Dales algo de tiempo. Quizás en... –fingió hacer unos cálculos mentales antes de añadir–, 37 años lo acepten –hizo un intento de mirada enojada, pero falló estrepitosamente. Más bien parecía lastimosamente resignada–. Vale, no haré bromas sobre eso. Tal vez si me invitaras algún día a conocerlos, verían que no soy tan malo.

No dudaba que Marius los deslumbrara con sus encantos y los engatusara con la misma facilidad que una especie de hipnotista profesional (su madre aún juraba que era un sol. Incluso delante de su padre), pero no estaba segura de querer comprobarlo.

–Lo pensaré –suspiró y se frotó los ojos con cansancio. Como él no hizo ningún intento de retomar la charla luego de un par de minutos, Rose continuó con un suspiro resignado, imaginando que Marius tenía otra razón particularmente aterradora para acudir personalmente a su modesta oficina–. ¿Has venido por algo en especial? No creo que sólo sea para quejarte de Nina y ya no confío en tus intenciones.

–Me atrapaste –alzó las cejas falsamente impresionado y sonrió cuando Rose entornó los ojos–. En 2 semanas se hará la reunión anual de Jóvenes Promesas del Mundo Mágico y, por supuesto, me han invitado. Quiero que…

–¿Qué vaya como tu acompañante? Eso forma parte de nuestro trato, ¿cierto? –Marius negó sin perder la sonrisa–. Entonces haré la reseña del evento –Marius arqueó una ceja y volvió a sacudir la cabeza–. ¿Qué? ¿No es eso?

–No, Weasley. Y no me interrumpas esta vez –dijo cuando ella abrió la boca para replicar–. Éste evento no es tan relevante, créeme. Además, de las reseñas se encargan las revistas amarillistas. Nosotros nos limitamos a describirla muy brevemente –le extendió un sobre y añadió–. Pero creo que esto lo explicará todo.

Lo miró con desconcierto y abrió el sobre con algo de pereza; seguro era una artimaña de Marius y, francamente, no la entusiasmaba demasiado saber cómo saldría afectada.

Sin embargo, cuando comenzó a leer, sus ojos se abrieron al máximo y jadeó de pura impresión.

–Me… ¿M-me han invitado? –preguntó completamente atónita. Por lo que sabía, a esa reunión sólo iban los jóvenes exitosos o influyentes, quienes eran recomendados o quienes hacían una gran hazaña y era un gran honor que ella, una principiante…–. Merlín, no puedo creerlo.

Marius rió ligeramente y asintió.

–Créelo. Parece que no soy el único con buen ojo para las personas con potencial –dijo mirándola con fijeza y se sintió halagada a pesar del evidente sarcasmo en su voz.

Se levantó impetuosamente de su asiento y prácticamente corrió a guindarse del cuello del desprevenido hombre.

–¡Gracias! ¡Gracias, gracias, gracias! –chilló presa de la emoción. Sólo bastaba una invitación de esas para que las puertas estuvieran abiertas para ella de por vida–. Esto es… ¿Estoy soñando? –dijo con la voz ahogada.

Marius rodó los ojos.

–¿Siempre eras tan dramática? Es sólo una invitación –ni siquiera su cinismo logró opacar su excitación. Lo soltó completamente extasiada, reprimiendo el impulso de dar saltitos alrededor de él como una niña pequeña. Repentinamente, su trabajo era visto bajo un a nueva luz muy distante a "bueno, algo es algo".

–Esto es genial. ¡Genial! Es más de lo que esperaba y todo es gracias a ti. Si no me hubieras dado la oportunidad… –se calló cuando Marius chistó con la lengua, restándole importancia.

–Eventualmente te la hubiera dado, pero no debes agradecerme a mí. No fui yo quién te recomendó –dijo como si tal cosa y Rose lo miró expectante–. Se supone que es confidencial, pero dos de los escritores que conociste el día de la presentación de la esfera han enviado una lechuza al comité de selección porque les causaste una muy buena impresión. Además, los Mabel y el lingüista, Jack Cornwall, han hablado maravillas de ti a todos sus conocidos. Era sólo cuestión de tiempo y por fin… la lechuza ha llegado al edificio con las dos invitaciones.

–Circe… –suspiró sentándose en su silla con pesadez, recuperándose de su ataque de emoción pero aún sintiendo ganas de llorar de felicidad.

Marius dejó pasar unos minutos para que ella lograra asimilar la noticia con tranquilidad. Para ser honesta, esa primicia le sentaba de maravilla en ese momento.

La perspectiva de verse rodeada de un montón de jóvenes presumidos y arrogantes no era la parte absolutamente increíble de la situación, sino que de verdad había sido considerada para tamaña invitación y, además, recomendada por personas tan influyentes y admirables.

Nada podría arruinar ese momento.

–Ahora que estoy seguro de que no explotarás de alegría, tengo otra cosa que decirte –dijo con gravedad, pero Rose no podía tomárselo en serio en esos momentos. Estaba en una nube de júbilo y se sentía incapaz de molestarse por nada–. La familia Malfoy comenzará a organizar la bienvenida de su hijo junto con su próximo cumpleaños. Parece algo improvisado a estas alturas, pero lo que me sorprendió fue que me han pedido expresamente que seas tú quien escriba sobre la velada y, además, te quieren presente en los preparativos –se apoyó en el escritorio con los codos y volvió a mirarla con intensidad–. ¿Debería encontrar esto sospechoso?

¿Por qué mierda cada vez que sentía una pizca de alegría tenía que venir Scorpius a arruinarlo? Vale, no lo hacía directamente, pero vamos… ¿Qué posibilidades había que justo en ese momento saliera él a colación?

Era oficial, alguien allá arriba la odiaba y ni siquiera tenía la delicadeza de explicarle porqué.

–Para nada –se apresuró a responder tal vez con demasiada velocidad, dado que Marius arqueó una ceja inquisitiva–. Hablo en serio, no tengo nada que ver en eso.

–¿De verdad? La familia Malfoy no sólo es conocida por su pasado, sino por su rivalidad con los Potter y, por extensión, con los Weasley. ¿Quieres que crea que el hecho de que te hayan escogido a ti no es más que una simple casualidad? –inclinó la cabeza y la miró por entre las pestañas con severidad, haciéndola sentir inferior y terriblemente culpable justo como cuando en Hogwarts el director la citó por estar involucrada en una broma a los Slytherin que había preparado Lorcan–. Habla –demandó con voz siseante cuando Rose se mantuvo estática en su posición.

Suspiró antes de comenzar con su nefasto relato.

–El domingo en la mañana estaba en Flourish y Blotts comprando un par de libros y a la salida me topé con Malfoy –dijo inventando sobre la marcha. Oh, como desearía tener la capacidad de improvisación de la que disfrutaba Scorpius–. Caminamos juntos... no, me persiguió hasta la salida del Callejón Diagon y discutimos todo el trayecto, por supuesto –aclaró antes de que Marius lograra interrumpirla–. Y cuando llegábamos a la tienda de Instrumentos para Pociones, nos encontramos con la víbora de Nina y claro…

–No sigas –interrumpió Marius sacudiendo la cabeza con descrédito–. Habló estupideces intentando sonsacarles información acerca del escándalo de su tórrido romance y Scorpius inventó que serías quien reseñara la celebración en Malfoy Cottage.

–¿Cómo lo sabes? –inquirió sorprendida. Marius rió entre dientes antes de responder.

–Soy muy inteligente –Rose bufó incrédula y alzó las cejas, invitándolo a que se explicara–. Y en la mañana, Nina me preguntó como quien no quiere la cosa si era cierto que te habían asignado ese reportaje y te encubrí. Además, ayer me llegó una carta de Astoria Malfoy anunciando sus intenciones. Aunque es una gran oportunidad; los Malfoy no son conocidos por reparar en gastos y promete ser algo grande, en especial por el hecho de que la última vez que alojaron un evento así en su hogar fue antes de la Segunda Guerra.

Asintió volviendo a sumirse en sus pensamientos con la mirada de Marius sobre ella.

No sabía desde cuando planeaban la celebración, pero Malfoy les había dado la excusa perfecta para dejarse ver en público juntos (y qué fea le parecía ahora esa palabra) sin ningún tipo de sospecha, pero aun así era algo que no le agradaba en lo absoluto.

Ahora no sólo tenía que estar con él para hablar con la esfera e investigar sobre ella, sino que también debía seguirlo a todas partes para reseñar los preparativos de lo que, según Marius, podría ser el evento del año.

–¿Cuando empiezo? –dijo finalmente con voz cansada e impotente. Marius sonrió complacido por su "iniciativa" antes de responder.

–Astoria quiere reunirse mañana mismo contigo a las 9 am en punto en el salón de té mágico que queda a las afueras de Londres, Haunted Tea, para afinar los detalles y acomodar los horarios según tu disponibilidad. Te adelanto que tendrás todo el tiempo libre que necesites, así que no podrás excusarte con el trabajo –su sonrisa creció unos milímetros al ver cómo se desinflaba la inteligente réplica de que de seguro Rose había formulado y se levantó de la silla con lentitud–. Por cierto… recuerda que este viernes cenamos con mis padres a las ocho en punto. ¡Oh! Y no pude conseguirte las entradas para la exhibición de Gringotts; no quieren a los medios allí –comentó tranquilamente antes de atravesar la salida y Rose resopló.

–Eres una especie de mensajero del mal, ¿Lo sabías? –dijo cuando atravesó la puerta de la oficina, abatida por la exhibición a la que no iría, por la cena y por todo en general. Él se encogió de hombros mientras le daba la espalda–. ¡Que sepas que las aves de mal agüero no son bienvenidas en mi oficina! –exclamó cuando cerró la puerta y lo escuchó reír. Frunció el ceño.

Genial. Absolutamente increíble.

Cuando pensaba que no habría nada que la hiciera hundirse más en el ya mencionado pozo sin fondo de miseria, venía Marius y no sólo le decía que tendría que verse aún más con Scorpius Malfoy, sino que también le recordaba la dichosa cena con sus padres y le decía que no iría a la exhibición en Gringotts porque era idiota.

Bueno, eso último lo había agregado ella en su mente, pero aun así...

«Irás a la reunión de jóvenes promesas, irás a la reunión de jóvenes promesas…», se repitió mentalmente como una especia de mantra para disminuir el sentimiento de impotencia y extrema amargura de su sistema y reemplazarlo, en cambio, por la felicidad que le inspiraba su nuevo y brillante futuro.

Parecía funcionar, así que siguió haciéndolo incluso cuando llegó a la puerta de su piso y se topó con la señora Murray husmeando en la entrada.

–¡No estaba espiando! –exclamó sobresaltada y sus grandes ojos castaños amenazaban con salirse de sus cuencas cuando se fijó en ella–. Niña, creí que habías llegado ya por el arte de brujería maligna.

–Yo iré a la reunión de jóvenes promesas –dijo apartando sutilmente de su puerta a una perpleja anciana para poder entrar–. Y es imposible aparecerse con brujería, señora Mu...

–¡Herejía! Has comenzado a divagar cosas sin sentido, chiquilla inocente y corrompida por las fuerzas del...

Olvidando toda la educación que su madre le había enseñado, cerró la puerta en las narices de la anciana y mientras se preparaba para recibir a Scorpius, la escuchó rumiar por lo bajo algo sobre demonios, pecados y faltas de respeto de crías poseídas.

Dados los recientes eventos, sólo pudo pensar que si algún dios de esos de los que farfullaba la señora Murray constantemente decidiera enviar un meteorito directo a la tierra, por Merlín que no le molestaría.


Escuchó el golpe en la puerta de entrada y la abrió con desánimo. Sin esperar invitación, Scorpius ingresó e inmediatamente comenzó a escanear el lugar mientras Rose se aseguraba de que su vecina no estuviera husmeando desde su casa.

Afortunadamente, no lo estaba. Seguro se enojó por su descortesía y "confirmó" sus teorías sobre la corrupción del alma de Rose, pero ya se disculparía luego. Se giró a mirar la espalda de Scorpius y suspiró derrotada; justo ahora tenía asuntos más desalentadores que una vecina loca y fanática por atender.

Joder... y ella que había pensado que nada podía ser más deprimente que lidiar con la señora Murray. Al menos la anciana le causaba gracia, pero Malfoy...

–Interesante… –dijo Scorpius cuando finalizó su cuidadosa inspección. Rose bufó.

–Buenas noches, Malfoy. ¿Cómo pasaste el resto de la tarde? Yo muy bien, gracias por preguntar –exclamó en un tono falsamente alegre y Scorpius arqueó una ceja luego de mirarla por sobre el hombro.

–No pensé que merecieras las cortesías porque tengo la extraña sensación de que no me quieres aquí –su voz era insoportablemente siseante como todo en su insoportable ser y Rose volvió a usar todo el sarcasmo del que disponía su cerebro.

–¿Sí? ¿Qué te dio esa falsísima impresión?

–Tal vez fue el hecho de que me diste la dirección incompleta o el cariñoso "tendré que limpiar mi hogar o, en su defecto, mudarme cuando te vayas." cuando nos despedimos a la salida del Ministerio –dijo con aire pensativo–. Tuve que preguntar el resto del camino si alguien conocía a una pelirroja excéntrica y habitualmente histérica que vivía por allí. Sorprendentemente, todos tus vecinos muggles saben quién eres –reprimió un gemido lastimero con el creciente temor de que Scorpius hubiera tenido la desgracia de encontrarse con...–. Una de ellos, la que me guió hasta aquí y se encerró en su casa sin dejar de mirarme de refilón con sospecha, piensa que practicas brujería y estás poseída por un demonio dado que te ha visto entrar o salir del piso, pero nunca las dos cosas. Nadie puede explicárselo –sonrió ladinamente y Rose gruñó.

¿Había algo peor que la señora Murray despotricando en su contra con Malfoy? Porque si había una sensación remotamente parecida a la agonía infinita que sentía en esos momentos, juraba que no viviría para saberlo porque la muerte se estaba volviendo una opción cada vez más tentadora.

Se recriminó mentalmente al pensar eso último porque había intentado desaparecer esos pensamientos tan fúnebres que la acosaban últimamente, pero como las circunstancias no se lo habían permitido, tendría que conseguir otro tipo de apoyo.

Dios mío, necesitaba ayuda psicológica.

–Cállate –gruñó con esa nueva revelación dando vueltas en su cabeza y lo guió hasta la pequeña sala de estar para invitarlo a sentarse, pero él se entretuvo analizando las fotos familiares que había en su estante.

–Otra pista es que no me has preguntado si quiero algo de beber, como buena anfitriona –señaló aún con la vista fija en las fotos–. Me gustaría algo de agua, si no te importa.

Volvió a gruñir algo sin sentido y cuando llegó de la cocina con el vaso, lo encontró con un dibujo de ella en sus manos.

–¿Dibujas? –preguntó con algo parecido a la curiosidad mientras observaba otro alegre dibujo de toda la familia reunida bajo el roble de La Madriguera.

–No –dijo secamente, muy molesta ante su desfachatez–. Me los regaló Louis, mi primo. Ahora siéntate.

–Qué descortés –chasqueó la lengua y negó con reproche–. ¿Y por qué tienes ésta foto aquí? –tomó el marco entre sus largos y pálidos dedos y ella, algo resignada a esperar a que él satisficiera su interés, se acercó para mirar la foto.

Era una de las muchas fotos de Nina y ella que llenaban la repisa y en esa en particular se veían radiantes. Estaban echadas de cualquier manera sobre la nieve que cubría el jardín de La Madriguera bajo el roble, sonriendo con las puntas de la nariz y las mejillas enrojecidas por la brisa invernal que agitaba sus cabellos. Unos momentos después, Nina componía una mueca traviesa y sacudía la varita en dirección las ramas desnudas y teñidas de blanco del árbol, que dejó caer lo que pareció una tonelada de hielo sobre la cabeza de Rose, que miró hacia arriba con desconcierto y se abalanzó sobre Nina para hacerla pagar. En un intento por zafarse, forcejearon un rato y lo último que se ve es el cómo ambas acabaron rodando por un pequeño montículo de nieve riendo como si no existiera un mañana.

Ahora que lo recordaba, había sido un día muy feliz. Si alguien le hubiera dicho que casi un año después Nina la traicionaría, jamás lo hubiera creído.

–Supongo que olvidé quitarla –mintió con la vista fija en la imagen, que parecía burlarse de su nueva enemistad.

–Creí que te caía fatal –comentó sin alzar la vista de la foto y Rose suspiró.

–Ella era mi mejor amiga hasta que... –se detuvo. Si había una persona en el mundo a la que no le convenía revelarle sus intimidades, era a Scorpius Malfoy.

–Mejor amiga, ¿eh? –rió entre dientes y devolvió el marco a su lugar, pero lo dejó de cara a la madera de la repisa. Asombrada, observó como repetía el proceso con el resto de las fotos en donde salía Nina y lo miró interrogante–. Ahora ya no tendrás una excusa para hundirte en los recuerdos y sufrir por la pérdida.

Y dejándola a cuadros, se alejó para tomar asiento en el sillón más cercano de la sala.

Permaneció estática en su lugar por lo que le parecieron tres años sin dejar de mirar distraídamente las fotos ocultas en su repisa y, a su pesar, reconociendo que Scorpius tenía razón.

No las había quitado porque en cierta forma, añoraba la compañía de Nina.

Se giró entonces a observarlo sin saber muy bien qué pensar y él arqueó una ceja en su dirección, como si no le diera importancia a lo que acababa de pasar. Si había una palabra que describía a Malfoy y que no fuera un insulto, era enigmático.

–¿Te quedarás allí admirando mi perfección o vendrás a asumir tu responsabilidad con la esfera? Aunque si prefieres charlar acerca de... –se detuvo cuando Rose sacudió la cabeza para alejar esos confusos pensamientos y, desanimada, se sentó junto a él en el mueble de dos plazas antes de extenderle el vaso de agua; él lo tomó con parsimonia.

–¿Podríamos comenzar? Mientras más rápido lo hagamos, más pronto te irás –dijo con honestidad brutal y su convicción hizo que Scorpius sonriera con suficiencia.

–¿Sabes acaso que tu oración se predispone muy fácilmente a una mala interpretación? –alzó la ceja y Rose frunció el ceño con contrariedad–. "Mientras más rápido lo hagamos, más pronto te irás". Espero que te refieras a debatir acerca de la esfera.

Enrojeció y agitó la cabeza, sintiéndose enojada consigo misma. Y ella que había pensado que él había mostrado algún tipo de sensibilidad cuando ocultó las fotos de Nina de su vista.

Merlín, qué estúpida era.

–Por supuesto que me refiero la maldita esfera. ¿Qué más podría ser? –afirmó haciéndose la desentendida, pero el sonrojo la delataba.

–No sé, podríamos preguntarle a tu rubor –dijo en tono casual cuando terminó con el agua. Claro, no podría simplemente seguirle la corriente como una persona normal. Él tenía que demostrar por qué ostentaba el puesto a la persona más insufrible de la tierra –. Aunque lo más aceptable para mí sería que no. No tengo ningún interés en indagar en tus pensamientos; sería incómodo y bastante embarazoso descubrir qué se esconde en los recovecos sombríos de tu mente perturbada.

Y lo peor de esa frase era que tenía razón. Es más, si se lo permitieran, ella misma saldría con gusto de su propia "mente perturbada".

Por otra parte, ¿Quién mierda hablaba así? Sólo un mimado, presumido y molesto hombre. ¡Estaban en el siglo XXI! No era posible que alguien fuera capaz de insultarte con tanta elegancia.

Sintió sus dientes rechinar antes de contestar.

–¿Podrías dejar de hablar con tanta pomposidad? Se hace fastidioso y es muy molesto –gruñó sin saber muy bien si el aumento del flujo de sangre a su rostro se debía a la humillación o a la ira. Probablemente por ambas.

–Lo que llamas pomposidad, se conoce popularmente como educación. Te serviría aprenderlo para nuestros futuros encuentros –dijo con simpleza. Rose se percató de que tenía los nudillos blancos de tanto apretar los puños en su regazo.

Él hablaba de educación. ¡Él le daba lecciones a ella sobre la cortesía! Él, que la había hecho esperar una puta hora para entrevistarlo porque no quería deprimirse al final de la celebración de la esfera, que la había incordiado incansablemente porque ella trataba de ser educada, que la había humillado adrede en un restaurante muy público, que le había montado una escena en una heladería solo porque ella había tenido el descaro de hacerlo esperar tres malditos minutos mientras hablaba con Connie en la librería.

El mismo que no perdía una oportunidad para burlarse de ella

Merlín, Scorpius hacía tan difícil eso de no volverse una asesina en serie…

–Escucha –resopló intentando sacar todo el enfado de su cuerpo con ese gesto–, esto no está funcionando. Si tendremos que vernos las caras prácticamente todos los días, no podemos seguir así. En especial porque ahora no siempre estaremos a solas y...

–Eso te gustaría, ¿eh? –señaló arqueando una ceja pícara y Rose rodó los ojos, procurando no darle un significado correcto a esa oración en su cabeza para no azorarse.

Así que hizo lo que cualquiera en su lugar hubiera hecho: escogió ignorarlo.

–El punto es que por todo eso de tu fiesta de cumpleaños, tendremos que ser más educados porque…

–Así que ya te dijeron las buenas nuevas. Con razón estás más tensa de lo usual –dijo pensativo y el ceño de Rose estuvo a punto de perforar el puente de su nariz. ¿Por qué seguía interrumpiéndola? No era tan difícil ponerle atención a alguien, en realidad. A menos claro que todo esto fuera una especie de karma por haber ignorado toda la charla de Marius aquella misma tarde.

Maldito karma.

–Malfoy, tienes que prometer que vas a dejar de ser tan imbécil y yo haré el esfuerzo de…

–¿De ser una persona civilizada?

–… soportarte –continuó haciendo caso omiso de su interrupción.

Scorpius pareció meditarlo antes de responder.

–Quizás tienes razón –asintió finalmente y Rose contuvo un suspiro de alivio, ignorando la perplejidad causada por el hecho de que, oh Dios mío, acababa de lograr un tácito acuerdo cortés con Malfoy para llevarse lo mejor posible–. Aunque considero muy entretenido hacerte enojar, tenemos cosas más importantes que discutir –se mordió la lengua para contener el insulto y no iniciar una nueva discusión. Sorpresa, sorpresa; efectivamente, tanta idiotez era sólo para fastidiarla–. Como por qué necesitamos ayuda de una esfera que nada tiene que ver con nosotros.

Alzó la vista y lo miró sorprendida.

–Eso era exactamente lo que estaba pensando yo. ¿Por qué? –se levantó y fue hasta el estante para sacar los libros que habían comprado el domingo ignorando la punzada en su pecho cuando vio los marcos de las fotos apoyados descuidadamente sobre la madera–. ¿Tienes alguna idea?

–Para ser absolutamente sincero, no –respondió apoyando la barbilla en la mano derecha con aire meditabundo.

–Esa visita no nos sirvió de nada –dijo Rose sentándose con pesadez, haciendo eco de los pensamientos de Scorpius.

–Potter nos dijo que teníamos que volver cuanto antes para tratar de sacarle más información, así que para él sí debió ser útil –pareció considerar lo que diría a continuación antes de sugerir lo siguiente–. Estaba pensando que tal vez él podría ayudarnos en nuestro pequeño proyecto. Tiene acceso completo a la reliquia y tiene a las investigaciones de su grupo de inefables de su disposición. Podría sernos útil.

Rose sabía que tenía razón, pero no estaba segura de querer involucrar a su primo y menos después de las incontables miradas suspicaces que les lanzó a ambos durante el almuerzo.

–Lo pensaré –resolvió mordiéndose el labio inferior nerviosamente y volvió a mirarlo–. Pero por ahora creo que podremos arreglárnosla solos –dijo vacilante y Scorpius asintió.

–De acuerdo, ahora… estoy seguro de que tu brillante cerebro formuló una aún más brillante teoría sobre la procedencia de la esfera –alzó la ceja y la miró con la ironía inundando sus facciones.

Sin saber porque, se sintió en la necesidad de borrarle el gesto de la cara demostrándole que, en realidad, su cerebro era más que brillante. Era prodigioso.

–Pues ahora que lo mencionas… –dijo altiva y la ceja de Scorpius casi rozó la línea del cabello cuando ella posó el tomo sobre la mesita de centro con gesto triunfante–, he estado ojeando el libro de Historia del Egipto Antiguo, Tomo III: Fundación de Alejandría – Muerte de César Augusto y creo que puedo decir con seguridad que la esfera fue creada en el período helenístico –se detuvo en espera de que Scorpius le preguntara a qué se refería y casi saboreó su ignorancia.

–¿Y qué te hace pensar que fue creada entre la muerte de Alejandro Magno y la de Cleopatra y Marco Antonio? Son poco menos de 300 años, ¿cierto? –sonrió ladinamente cuando Rose no escondió su sorpresa ante sus más que obvios conocimientos acerca de la historia egipcia–. Weasley, estuve un año y medio viviendo bajo el sol de Egipto, ¿de verdad creíste que no sabría nada acerca de su ilustre historia?

Rose rodó los ojos y hundió la nariz en el libro para ocultar su rubor.

–Imaginé que sabrías algo –mintió de forma esquiva y Scorpius rió entre dientes ante su poca disimulada perplejidad–. En fin… creo que fue por esas fechas porque Alejandría es la casa del saber en Egipto y la Alquimia comenzó precisamente durante ese período, cuando las creencias egipcias se impregnaron de la cultura griega y romana.

Scorpius asintió lentamente, analizando sus palabras.

–Coincido en que fue luego de la creación de Alejandría y probablemente mucho después de la muerte de Alejandro Magno porque allí fue cuando comenzó realmente el auge de todas las ciencias, pero… –frunció el ceño y su vista se fijó en el libro con gesto dubitativo–. ¿Qué te hace pensar que fue antes de la muerte de Marco Antonio?

Rose se frotó la frente con cansancio antes de responder con algo de vacilación. Ella tampoco tenía muy clara esa respuesta.

–Creo que es más bien una corazonada –suspiró y se removió en su asiento sin saber como explicarse–. Recuerda que a la muerte de Marco Antonio, Octavio (o César Augusto, su nombre oficial) se hizo con el poder y como bien prometió, sus intereses se dirigían exclusivamente al bien de Roma porque…

–De hecho, logró que Marco Antonio ganara impopularidad aclamando su debilidad por Cleopatra, ya sabes… diciendo que cada vez era menos romano porque prefería a su amante en Oriente por sobre su esposa en Roma y por estar dispuesto a cederle un tercio del Imperio Romano a dicha amante –interrumpió Scorpius pensativo. Rose frunció el ceño.

–Si, lo sé. No me interrumpas –gruñó con brusquedad y Scorpius alzó las manos con una sonrisa tranquila como oferta de paz–. Lo que digo es que César Augusto limitó cada vez más la libertad de Alejandría a favor de Roma quizás hasta el punto de ralentizar el progreso de las ciencias en la ciudad.

–En cambio, Marco Antonio les daba libre albedrío por su alianza con Cleopatra y durante el período helenístico, Egipto disfruto de mucha libertad… entiendo tu teoría –asintió meditabundo y cuando él estiró el brazo para coger el libro que reposaba sobre la pequeña mesa de centro, se distrajo un momento admirando el singular brazalete de cuero de Malfoy. Tenía tiempo sin verlo, en realidad–. Y estoy de acuerdo, pero no lo había visto de esa forma.

–¿Qué quieres decir? –inquirió sinceramente intrigada y Malfoy jugueteó distraídamente con las páginas del libro.

–Visité al jefe de mi expedición, Dylan, y estuve releyendo mi bitácora, en dónde describí fielmente todos los pormenores de la búsqueda –dejó el tomo que sostenía sobre su regazo y extrajo un pequeño libro de cuero de los pliegues de su túnica que se veía maltrecho y rancio, como si hubiera sido manoseado descuidadamente millones de veces. Rose no disimuló su curiosidad y se inclinó hacia él para ojear el contenido de lo que parecía un diario hecho a mano–. Nosotros estuvimos conversando acerca de nuestra experiencia en Egipto y como por casualidad, le comenté mis dudas acerca del lugar en donde encontré a la esfera...

–En el Mammisi Romano, ¿no? –lo cortó casi sin querer, absorta como estaba en la letra fina y angulosa sobre las páginas amarillentas del diario de Malfoy.

–Sí, Weasley. Él confirmó mis sospechas –replicó, pero no parecía demasiado enojado por su interrupción. Se limitaba a remover las hojas de la bitácora en busca de algo en particular–. Ajá, aquí está. Escucha...

Lunes, 17 de abril del 2028.

15:27 pm:

Por fin hemos logrado extraer a aquel extraño objeto de su escondite. Dylan y el equipo estuvieron cerca de tres horas intentando hacerlo sin ningún éxito porque extrañamente, cada vez que se acercaban ocurría algo desconcertante; salían repelidos por ningún motivo aparente. Joey se ha lastimado en uno de los intentos y Dylan decidió dejarlo por la paz y hallar otra manera para conseguirla. Al final, han acudido a mí.

Se siente extraño haberla encontrado yo, pero es inmensamente vigorizante saber que mi pa...

–Eso no necesitas saberlo... –musitó Scorpius más para sí mismo que para ella, que se llevó un chasco cuando intentó husmear por sobre su hombro y él, muy disimuladamente, ocultó el libro con sus brazos.

18:43 pm:

La reunión para los análisis ha acabado. Entre otras cosas, Dylan concluyó que necesitaríamos a expertos en diferentes áreas para no sólo trasladar la esfera (a la que él y Joey han llamado "cacharro del demonio"), sino intentar traducir aquellos mensajes codificados, descubrir sus propiedades alquímicas y averiguar por qué parezco ser el único capaz de acercarme. En estos momentos, debe estar enviando el mensaje a los directores de Gringotts para que contraten a un par de versados.

Hubo algo en particular que llamó mi atención. Descubrí la esfera escavando apenas uno o dos metros más que los demás bajo la entrada del Mammisi (cabe resaltar que mi compañero, Phineas, salió volando apenas retiró unos 6 centímetros cúbicos de tierra), pero luego de unas horas, entré al templo para averiguar si existía alguna compuerta secreta que llevara directamente al sitio en donde hallé a la reliquia y no encontré ninguna.

No quiero saltar a conclusiones, pero eso podría significar que la esfera bien podría tener más de dos mil años y probablemente jamás volveré a encontrar algo tan magnifico como...

–Blah, blah, blah... –finalizó con el ceño profundamente fruncido guardando la bitácora en un bolsillo interno de su túnica con rapidez. Rose tuvo que sacudir la cabeza; la voz apacible y profunda de Malfoy la había sumergido en una especie de trance–. La cosa es que hay evidencias físicas que apoyan tu corazonada y lo que yo tomaba como una mera sospecha, fue confirmado ayer por Dylan, el jefe de mi expedición –sí, recordaba al hombre porque también lo entrevistó. Era alto, tendría cerca de cuarenta años y parecía llevar una eterna expresión afable en su rostro–. El Mammisi Romano fue construido durante el imperio de César Augusto, pero la esfera fue enterrada allí mucho antes de que se alzara el pequeño templo.

–Oh... –farfulló sin más.

Durante los siguientes minutos, ambos permanecieron estáticos en sus asientos observando hacia distintos lugares de la habitación, pensando. Rose estaba impresionada; parecía que Malfoy se había tomado esa investigación muy en serio. Es decir, había releído su bitácora, consultado con su jefe y estaba haciendo todo lo posible por encontrar aliados, como ella y Albus.

Casi se sentía mal; ella se había limitado a quejarse y deprimirse porque tendría que verse con él. Es más, apenas había leído el tomo de Historia.

Era patética y Malfoy, bueno... Malfoy no lo era.

Comenzaba a mirarlo con nuevos ojos y eso definitivamente no podía ser bueno, así que se exprimió el cerebro intentando pensar en algo que pudiera continuar con la fluida conversación que habían sostenido y acabar con el silencio incómodo.

–La cosa ahora sería... ¿Cómo encaja la mitología en todo esto? –preguntó Malfoy luego de aclararse la garganta y Rose se sobresaltó ligeramente. Parecía que el hombre le leía la mente; ella pensaba en preguntar algo y él...

Suspiró; Malfoy era toda una caja de sorpresas. Y ella, sin embargo, allí estaba de nuevo, pensando en tonterías mientras él trataba de atar todos los cabos de esa escabrosa situación lo más pronto posible.

Frustrada, se retiró el cabello que le caía sobre el rostro y se recostó pesadamente contra el respaldo del mueble antes de responder.

–La verdad es que no he pensado demasiado en ello y tampoco es que he revisado el libro en exceso –dijo viendo con resignación Pilares de la Fe en la Antigüedad, que aún reposaba sobre el regazo de Malfoy–. Lo único que sé, visto lo visto, es que el hecho de que la esfera haya estado en el templo de Hathor no es al azar. Ella parece que sabe lo que hace… y no puedo creer que comencemos a referirnos a ella como una persona –Scorpius rió ligeramente y Rose lo imitó sin poder evitarlo.

Permanecieron en un silencio tranquilo durante unos instantes mientras Scorpius contemplaba las páginas del tomo con avidez y ella observaba de forma ausente el brazalete que aún sobresalía de la manga de la túnica del hombre.

Ahora estaba prácticamente segura de que la esfera había sido creada en ese período, pero no pondría sus manos al fuego por ello ni aunque tuviera una tonelada de evidencia física. Además, no podía aseverar que esa información sería útil si la relacionaban con ellos mismos, los supuestos destinatarios del mensaje.

La consolaba el hecho de que al menos sólo tenían un corto espacio de 300 años para investigar y dada la cantidad de historia de la que hacía gala Egipto… era un avance.

Cerró los ojos durante lo que parecieron unos pocos segundos, intentando imaginar qué era lo que les faltaba y porque lo necesitaban con tanta urgencia que llegaba al punto de requerir ayuda de una reliquia milenaria.

–Weasley, si estás cansada podemos dejarlo para otro día –se sobresaltó cuando escuchó la voz indiferente de Scorpius, que no levantó la vista del libro que ojeaba.

–No estaba dormida –se apresuró a explicar sin estar muy segura de ello y Malfoy bufó.

–Pues han pasado unos 15 minutos desde que cerraste los ojos y podría jurar que escuché un ronquido –dijo incorporándose del sillón y mirándola divertido. Rose frunció el ceño y sus ojos se clavaron en él con apatía.

–Yo no ronco –replicó enderezándose y él le lanzó una sonrisa de suficiencia.

–No puedes saberlo, estabas dormida. Tendrás que confiar en mí –dijo acomodándose la capa de viaje que ahora que se percataba, no se había quitado al llegar.

Estaba a punto de soltar algún comentario que la defendiera cuando se escuchó un repiqueteo en la ventana. Se giró hacia allí confundida y dos lechuzas con cordones atados en sus cuellos con un inequívoco escudo esperaban por ella afuera.

–Son lechuzas del ministerio –dijo con voz ahogada sin mirar a Scorpius, temerosa de que hubieran descubierto su incursión durante el almuerzo. A penas las dejó entrar, sobrevolaron su pequeña sala y una de ellas dejó una carta sobre sus manos; la otra era para Scorpius. En cuanto salieron las lechuzas y volvió a cerrar la ventana, caminó hasta Scorpius y se inclinó sobre su hombro con cuidado de no rozarlo–. ¿Qué dice? –susurró casi con miedo, pero ningún gesto del hombre le hizo intuir nada.

–Es Potter –dijo despacio y leyó la carta en silencio. Cuando levantó la cabeza, Rose lo miró expectante–. Dice que le pidió a su jefe unas cuantas horas extra en las tardes para que podamos estar más cómodos en nuestra próxima visita. Su excusa fue que "necesitaba un poco más de dinero para independizarse". ¿Aún vive con sus padres? –soltó un bufido de risa cuando Rose no lo negó y continuó–. Su jefe aceptó, encantado de tenerlo como esclavo otro par de horas al día. También agrega que ya tramitó el permiso especial para quedarse en el edificio luego del toque de queda.

Rose asintió y se apresuró a leer su propia carta. Explicaba exactamente lo mismo pero en un tono más informal y le pedía una reunión privada para hablar sobre "el asunto de Scorpius".

«¿Qué asunto?», se preguntó fugazmente y alzó la vista. Malfoy la miraba tan fijamente que retrocedió, intimidada por la intensidad.

¿Sospecharía Albus algo de esos encuentros para investigar a la esfera por su cuenta? El sólo pensamiento la aterró, pero si lo analizaba de forma racional, no había manera de que hubiese descubierto algo… ¿O sí?

Despachó la idea tan pronto como surgió y agitó la cabeza, logando que más rizos escaparan de la precaria coleta que los sujetaba.

–Sus horas extra comenzarán mañana mismo… –dijo lentamente, siendo consciente de que ella misma se estaba arrojando al matadero al aceptar voluntariamente pasar aún más tiempo con Malfoy–. ¿Crees que deberíamos, ya sabes... aceptar?

–Es una oportunidad única –respondió aun observándola sin siquiera parpadear. Rose frunció el ceño y se miraron a los ojos durante un par de segundos como si estuvieran intentando hallar alguna duda en las pupilas del otro.

Esos orbes grises volvieron a recordarle al sueño que había tenido esa noche, cuando los había mirado directamente luego de un fogoso beso de despedida.

Se ruborizó y clavó la mirada en el suelo. De repente, las vetas de madera que lo conformaban se veían de lo más interesantes.

–Entonces le diré para encontrarnos allá a las 6, una hora después de la salida de los trabajadores del Ministerio. Tiempo más que suficiente para encontrarlo casi vacío cuando lleguemos –seguía sintiendo la mirada de Scorpius sobre ella y por Merlín que necesitaba que dejara de observarla. Ya era lo suficientemente difícil evitar que se le enredara la lengua en su presencia cuando él no la contemplaba tan fijamente–. Cuando llegues a tu casa, pregúntale la hora del encuentro. Supongo que te dirá lo mismo que he planteado yo hace un momento –finalizó con un suspiro y se atrevió a alzar por fin la vista.

–Perfecto –dijo comenzando a caminar hasta la salida y ella lo siguió distraídamente–. Si no te importa, me llevaré este libro –alzó Pilares de la Fe en la Antigüedad y Rose asintió en silencio, aliviada por su marcha–. Trataré de leer lo más que pueda para mañana y te sugiero que hagas lo mismo con el otro –señaló distraídamente Historia del Egipto Antiguo y Rose volvió a asentir–. Por otra parte, si para mañana la esfera se decide a darnos una mano, creo que estos libros no serán suficientes… aunque todo depende de cómo vayan las cosas. Sino, me temo que tendremos que ir a una biblioteca.

Rose volvió a afirmar en acuerdo y se paró junto a él en la salida. Luego de unos momentos de extraño silencio, él le indicó con un gesto que abriera la puerta hacia el exterior y ella se sintió estúpida por no haber notado antes que si estaban allí era por eso.

Cuando la abrió con la varita muy torpemente (demasiado para su gusto), se quedó allí parada viendo a Scorpius dirigirse hasta las escaleras, agradeciendo que entre ellos no fuera necesaria una despedida más propia.

Ya era lo suficientemente incómodo, gracias.

–Por cierto –dijo cuando Rose comenzaba a cerrar la puerta–, mi madre es una mujer encantadora. Buena suerte mañana.

¡Joder, lo había olvidado completamente!

En un impulso salido de quién sabe dónde, casi le gritó intentando ocultar su nerviosismo.

–¿Estarás allí? –Scorpius se detuvo notando el toque que parecía esperanzado en el tono de voz de la chica, que se apresuró a corregir el daño–. Mejor malo conocido que bueno por conocer –exclamó añadiendo a su voz un toque irónico que hizo a Malfoy sonreír.

–Te advertí que mi presencia siempre era grata cuando me invitaste tan cordialmente a tu piso, pero no sabía que el impacto sería tan profundo –el hombre comenzó a descender y Rose intentó reprimir la sonrisa de incredulidad sin éxito.

–Idiota –le gritó y antes de cerrar la puerta definitivamente, escuchó la risa grave y varonil de Scorpius.


Entró a Haunted Tea unos 5 minutos antes de las nueve y miró alrededor nerviosamente. El lugar era bastante lujoso, con grandes ventanales hacia el exterior y mesas dispuestas en las periferias de la estancia, lleno de magos y brujas vestidos como si estuvieran a punto de ir a una fiesta que exigía estricta etiqueta.

Bajó la vista y miró su sencilla túnica de trabajo, sintiéndose repentinamente cohibida cuando un par de miradas cayeron sobre ella con desaprobación. Haciendo el esfuerzo por ignorar a todo el que la rodeaba, alzó el mentón y avanzó hasta la mesita más cercana a la puerta.

Se sentó pesadamente y ni siquiera había parpadeado cuando ya tenía a un camarero pidiendo su orden.

–Aún no pediré nada; espero a alguien –dijo con tono educado y el hombre se alejó con un cordial asentimiento.

Miró su regazo en donde un par de manos pálidas se retorcían nerviosamente, intentando mitigar a su corazón desbocado. Siempre era muy profesional, pero se sentía inquieta sin entender muy bien el porqué.

Cuando la campanilla de la entrada se escuchó por tercera vez desde que se había sentado, volvió a girarse tan rápido que los músculos del cuello la amenazaron con una potente tortícolis, pero reprimió la mueca de dolor cuando la Señora Malfoy avanzó hasta a ella con un garbo tan magnífico y elegante que haría que cualquier bailarina muggle hirviera de envidia.

La mirada de la mujer recorrió lentamente el sofisticado local y cuando comenzó a caminar hasta a ella, Rose pensó que la palabra distinción seguro fue inventada luego del nacimiento de Astoria Malfoy.

–Buenos días, señorita Weasley. Lamento convocarla a una reunión tan improvisada –comenzó cuando se sentó frente a ella–. Pero como verá, es tan repentina como la celebración misma, así que agradezco su puntualidad –su forma de hablar le recordó a Scorpius y sin quererlo, lo buscó rápidamente en los alrededores, pero no había señal del hombre. Astoria, por su parte, se percató del gesto pero no hizo ademán de demostrarlo.

–N-no hay de qué, señora Malfoy. Es parte de mi trabajo –hizo un amago de sonrisa que no se completó dada la inmutabilidad de la mujer frente a ella.

Astoria hizo una leve señal con su pequeña y fina mano y el camarero que la había atendido antes se acercó rápidamente.

–Buenos días, señora Malfoy, ¿Desea lo mismo de siempre? –preguntó mirándola con un embeleso poco disimulado, ignorándola olímpicamente. No podía culparlo, a decir verdad; ella misma no podía quitarle la vista a su reluciente y en apariencia sedoso cabello rubio ni a sus brillantes y vivaces ojos verdes.

–Buenos días, David. Sí, por favor, gracias por tu consideración –dijo con una educada sonrisa que desarmó al hombre completamente pues se la quedó mirando boquiabierto. Rose contuvo los deseos de reír y se limitó a rodar los ojos–. Trae también un té de limón y miel sin azúcar y para la señorita Weasley… –la miró con ojos inquisitivos y Rose se removió incómoda. Ya sabía de quién había heredado Scorpius sus miradas intensas.

Se preguntó si en aquel lugar venderían algún tipo de café y disimuladamente, paseó su vista por el lugar a ver si encontraba a alguien con alguna taza de aquel elíxir al que era básicamente dicta. Aquella bebida caliente no era común entre los magos, pero había tantos hijos de muggles que, quizás...

–Un capuchino, por favor –dijo con rapidez, decidiendo probar su suerte. Tuvo que contener un suspiro cuando el camarero asintió y procurar no ruborizarse cuando la mirada de Astoria volvió a tornarse suspicaz.

–¿No te gustaría uno de esos brownies tan divinos que preparan aquí? –a Rose se le deshizo la boca en agua, pero negó con la cabeza. No había desayunado y se moría del hambre, pero no quería sentirse aún más cohibida frente a ella comiendo como una vaca embarazada–. ¿O una magdalena? Yo invito –dijo suavizando la mirada y sonriéndole con condescendencia, como si entendiera su represión.

Cuando iba a volver a rechazar la oferta, su estómago rugió tan fuerte que temió que alguien más que ella lo hubiera escuchado. Enrojeció y asintió lentamente.

–Es usted muy amable, señora Malfoy –dijo cuando el camarero se alejó. Astoria volvió a sonreír levemente.

–A partir de ahora tendremos que vernos muy seguido hasta mediados del mes entrante –hablaba tan despacio que parecía saborear las palabras, pero sin arrastrarlas perezosamente como su hijo–. Lo menos que podemos hacer es llevarnos bien –Rose se contagió de la sonrisa de Astoria y deseó que Scorpius tuviera el suficiente grado de madurez mental como para hacer lo mismo e intentar llevarse bien con ella.

Y es que no era un pecado tener esperanza.

Merlín, si la señora Murray pudiera escuchar ahora sus pensamientos, se sentiría tan orgullosa que quizás dejaría de fastidiarla durante un par de días.

–No podría estar más de acuerdo –concordó relajándose visiblemente y sintiendo una simpatía automática por la mujer al comprobar que no tenía ni una pizca de la odiosidad de Scorpius.

–Bien –asintió adquiriendo un aire de seriedad profesional–, mientras esperamos a mi hijo, ¿por qué no me hablas de tu horario de trabajo? Marius me dijo que dispondrías de todo el tiempo libre que necesitaras, pero no quiero interferir tanto en tu vida cotidiana.

Sintió un deseo repentino de abrazar a Astoria. ¿Seguro que era la madre de Scorpius? Sus modales eran tan invaluables que de veras lo dudó unos segundos antes de responder.

–No será ninguna interferencia, se lo aseguro –dijo empleando el tono más afable que poseía. Cuando estaba a punto de volver a hablar, las palabras de Astoria fueron propiamente codificadas en su cerebro y volvió a convertirse en un manojo de nervios – ¿Malfoy… –suprimió el tono despectivo y comenzó de nuevo–. ¿S-Scorpius vendrá? –sin venir a cuenta de nada, el nombre fue extremadamente difícil de pronunciar en voz alta. Quizás porque era la primera vez que lo hacía frente a su madre.

¡Joder! Había estado tan ocupada comparando a madre e hijo que ni siquiera era capaz de analizar correctamente las palabras de la mujer. Aunque cuando la escuchó pedir un tercer té, debió haberlo supuesto.

–Sí –dijo cautelosamente, volviendo a perforarla con su mirada y con una fina línea en su perfecto ceño despoblado de las arrugas propias de la edad–, insistió en que lo esperáramos. No supone ningún problema, ¿cierto?

–N-no –se maldijo mentalmente por tartamudear tanto y se recompuso antes de continuar–. Eh… sí, mi horario –agitó la cabeza tratando de concentrarse–. Trabajo de lunes a viernes hasta las 5 de la tarde, los sábados salgo a las 3 y los domingos están libres. –farfulló atropelladamente y Astoria asintió pensativa.

–Pues las horas más convenientes para mí sería en las mañanas. Ahora sólo falta esperar a que… ¡Oh, aquí viene! –exclamó con una sonrisa brillante y Rose se tensó inmediatamente, reusándose a girar la cabeza. Escuchó los pasos acercarse y la silla junto a ella deslizarse por de suelo. Cuando se sentó, Rose continuaba con la mirada clavada en la mesa–. Scorpius, querido, la impuntualidad no está entre tus defectos. ¿Ha ocurrido algo? –dijo con preocupación y lo miró con cariño.

¡Já! Y ella que pensaba que nadie lo quería.

Ese fue el momento que escogió el camarero para dejar la orden sobre la mesa y ella agradeció la distracción que suponía ponerle azúcar al café de la manera más parsimoniosa que sus manos podían y mirar la magdalena con algo de tristeza. En serio hubiese preferido el brownie.

–No, madre. Sólo tuve una discusión con los directores de Gringotts; no entienden que debo posponer el viaje por motivos personales y mucho menos por qué aún no... –se interrumpió a sí mismo y le echó un fugaz vistazo a Rose antes de añadir–. Además, estaba esperando una lechuza que llegó con retraso –se arriesgó a alzar la vista y Scorpius la miraba de manera sugestiva. Seguro era la lechuza de Albus– Buen día, Weasley. Asumo que hoy no se te pegaron las sábanas, ¿Me equivoco?

Entornó los ojos y lo vio con un toque de advertencia. ¡Sólo había sido una maldita vez! Ella era muy puntual y aquel desliz que tuvo hace tantas semanas era algo muy inusual.

No tenía que tratar de enfurecerla y menos frente a Astoria.

De todas maneras, quizás influyó el hecho de que apenas había podido dormir, pero él no tenía que saber eso.

–No, no te equivocas –respondió entre dientes mientras agregaba más azúcar al café.

Un coma diabético se prospectaba como algo extrañamente tentador.

Astoria, que no era tonta, notó la tensión que flotaba en el ambiente y se aclaró la garganta con delicadeza, mirando a Scorpius con una mueca de reproche.

–Estábamos hablando sobre el horario de la señorita Weasley, Scorpius –dijo luego de tomar un poco de su taza–. Como Marius accedió a ser flexible con sus deberes en el trabajo, yo sugerí que podríamos reunirnos en las mañanas. ¿Qué opinas?

–Por mí, cualquier hora estará bien –dijo con simpleza mientras su dedo revolvía mágicamente el té.

–¿Seguro? Aún no me has dicho cuando te reincorporas a Gringotts –Rose los miró desconcertada. No había pensado en que él, tarde o temprano, tendría que volver al trabajo.

Además, Astoria tenía un rictus de disgusto frunciendo sus labios cuando hizo alusión a la banca mágica.

–Acordamos que sería la semana entrante. Lo duendes deseaban agregar a la reliquia a la exhibición en el museo del edificio y no me han perdonado que le diera la esfera al Ministerio, así que no me extrañarán mucho que digamos –se encogió de hombros y Astoria volvió a fruncir el ceño tenuemente.

–No entiendo por qué te ofreces como voluntario a organizar la celebración conmigo si nunca lo has hecho. Incluso estás dispuesto a cederme un par de horas al día –inquirió pensativa y Rose paseó su vista de madre a hijo, también confundida. ¿Cómo es que repentinamente Scorpius aceptaba colaborar en una actividad tan banal como la organización de una fiesta? ¿Acaso sería que quería que Nina de verdad creyera que por eso estaban juntos aquel día en el callejón?

No creía que fuera eso, la verdad. Era ser demasiado precavido y a pesar de que no daba la imagen de ser alguien que dejara los detalles al azar, igual la desconcertó.

Por otra parte, la única que saldría afectada si se ventilaban sus encuentros sería ella.

–La gente cambia –dijo mirando fijamente a Rose, que mordía distraídamente la magdalena sumida como estaba en sus cavilaciones. Astoria siguió la dirección de sus ojos y alzó las cejas, comprendiendo algo que a sus dos acompañantes aún se les escapaba y, francamente, ni siquiera estaban listos para entender.

–¡Oh! Ya veo –Rose se fijó en que parecía reprimir una sonrisa y ladeó la cabeza con curiosidad, pero se reservó las preguntas–. Rose… ¿Puedo llamarte así? –asintió abstraídamente volviendo a sorber un poco de café–. Gracias. Disculpa mi atrevimiento, pero eres hija de Ron Weasley y Hermione Granger, ¿cierto? Mi duda está totalmente fuera de lugar, pero tu familia es muy numerosa.

Miró a Scorpius intentando adivinar las intenciones de Astoria en su rostro; el ceño fruncido del hombre le dio a entender que estaba tan desconcertado como ella. Se volvió hacia Astoria y alzó las comisuras de sus labios levemente, con timidez.

–Si, son mis padres –afirmó tranquilamente y se mordió la lengua para evitar preguntar el porqué ella necesitaba saber eso con tanta urgencia.

Astoria los observó a ambos de forma indescifrable y sonrió.

–Interesante –susurró con un grato placer en sus facciones y un destello de malicia en sus ojos verdes. Rose se preguntó seriamente si tal vez Scorpius no era el único al que le faltaba un tornillo en esa familia.

Luego de ese inusual interrogatorio, ambas se enfrascaron en una conversación con la finalidad de construir un horario conveniente para los tres bajo la atenta mirada de Scorpius.

Cuando se terminó el café y atacaba de la forma menos cavernícola que su estómago le permitía la magdalena restante (y, Merlín... en serio deseaba que fuera un brownie), Astoria había insistido en que no era necesario que se vieran cada vez que ella fuera a elegir manteles o listones y que bastaba con los viernes en las mañanas para que Rose se pusiera al día con los avances de la semana.

–Nos reuniríamos en este mismo sitio y de ser necesario, me acompañarás a hacer las cosas más importantes, como la elección de la comida o la revisión de la lista de invitados –si la conociera mejor, aseguraría que el pasatiempo favorito de la mamá de Malfoy era hacer preparativos para cualquier tipo de celebración dada su forma casi soñadora de hablar del tema. Sin embargo, desechó la idea cuando recordó que Marius había dicho que los Malfoy no celebraban nada de tanta magnitud desde antes de la Segunda Guerra. Quizás sólo le hacía ilusión–. Pero prometo que te avisaré con antelación si se da el caso y yo misma hablaré con el joven Marius para no meterte en problemas.

–No lo hará, se lo aseguro. Marius entiende que el reportaje de este evento es una gran oportunidad para mí –ahora que sabía que Astoria no era una arpía sin corazón, de verdad que agradecía ese beneficio justo como ya se lo había hecho saber a la mujer cada vez que podía en el transcurso de la reunión.

–Pues no sabes cuanto me alivia –tomó la servilleta y removió los inexistentes restos de té de su boca con exquisitez–. Creo que eso es todo. Scorpius, ¿Podrías darme un par de minutos a solas con Rose?

Malfoy las miró desconcertado unos momentos y Rose casi se atraganta con el último bocado de magdalena. El hombre asintió y se excusó para ir al baño sin dejar de mirarlas por sobre su hombro con los ojos entornados por la curiosidad.

Ella se limitó a mirar nerviosamente a su alrededor antes de enfocarse en los ojos verdes y penetrantes de Astoria Malfoy.

–Rose, mi hijo es muy orgulloso... tal y como su padre –suspiró con tristeza y negó con la cabeza–. No sé qué se traen ustedes dos y probablemente ustedes tampoco –se rió ligeramente y Rose no reprimió la mirada de extrañeza. No entendía el chiste–, pero quería disculparme en su nombre. Sé que no es alguien con el que sea fácil de lidiar, pero agradezco tu paciencia. Más aún después de lo que sucedió en GG's Cornucopia.

Ahora sí se ahogó con su propia saliva y comenzó a toser descontroladamente.

Circe bendita, se había olvidado de eso. Probablemente y luego de muchos fallidos intentos, logró reprimirlo y enterrarlo en las profundidades de su inconsciente al ser una experiencia tan humillante y traumática.

Recordó como Scorpius la había obligado a recomendarle un menú especial y después a probarlo ella misma para asegurarse de que no quería envenenarlo. También el cómo había estado a punto de echarle picante a la comida a falta de veneno para gnomos y se sonrojó.

Ahora no podría verla a la cara. No luego de revivir exactamente cuantas veces había querido asesinar a Scorpius, de cómo una vez tuvo el momento y la excusa perfecta para intoxicarlo y si hubiera tenido la oportunidad, lo hubiera conseguido.

La primera vez que había visto a Astoria había sido como su mesera de cabecilla y a su memoria llegó vagamente la forma molesta en la que se dirigía a Scorpius aquel día. A pesar de que se moría de ganas de saber por qué la señora Malfoy había estado lo suficientemente enojada con su hijo como para demostrarlo en público, se contuvo.

No era como si fuera asunto suyo, de todas formas.

–Sí, bueno… –dijo con voz ahogada luego de aclararse la garganta, recuperándose de la tos y maldiciendo su rubor–, le estaba haciendo un favor a mi prima Lucy y él era mi cliente. La política del restaurante dice que…

–Scorpius suele ser muy educado, así que no importan las circunstancias –Astoria hizo una corta pausa en la que fijó su mirada en el contenido de su taza con aire ausente–. No debió portarse así contigo.

Rose bufó, pero fue lo suficientemente rápida como para fingir otro pequeño acceso de tos.

«Si supiera…», pensó con ironía.

–Descuide. Él es muy… –¿Idiota? ¿Bastardo sin alma? ¿Arrogante maleducado? ¿Pusilánime inmaduro? No sabía qué decirle sin ofenderla a ella y a su hijo–. Singular. Todo un personaje –fingió una risita forzadamente espontánea que disminuyera la incomodidad y Astoria la imitó.

–Agradezco que lo disculpes. Sé que no se han visto mucho desde que abandonaron Hogwarts, pero aprecio el esfuerzo –se revolvió incómoda en su asiento y volvió a sonrojarse. ¿Qué no se veían mucho? ¡Já! Un poco más y se lo encontraba hasta en la sopa. Sólo por si acaso, le echó un vistazo al líquido en su taza y suspiró aliviada cuando no lo encontró allí. Astoria volvió a mirarla indescifrablemente y cruzó las manos sobre la mesa, adquiriendo un gesto de seriedad–. Marius es un buen muchacho y aunque siempre pensé que él era... no le hagas daño –finalizó con una pequeña sonrisa. ¿A qué venía eso? Definitivamente había algo muy mal con los Malfoy. Le parecía muy fuera de lugar que Marius saliera a colación cuando él no era ni siquiera un pariente de...–. Es mi sobrino y lo conozco; sé que tiene muchísimo más tacto con las mujeres que Scorpius, así que confío en ti.

Oh. Claro. Por supuesto.

¿Por qué era tan idiota? ¿Cómo no lo vio antes?

No sólo estaba con la madre de Scorpius, sino con la tía de Marius. ¿Cómo podía haber olvidado ese detalle? No recordaba que Marius hubiera mencionado algo, pero debió haberlo intuido cuando los vio hablando de forma tan familiar el día de la presentación de la esfera y de como se referían el uno al otro como si se conocieran de toda la vida.

Bueno, técnicamente lo hacían.

¡Pero tampoco era su culpa! No se había puesto a comparar los apellidos de soltera de sus madres… ¡Ni siquiera los sabía!

Quizás por eso se parecían tanto en todo eso de ser idiota; eran primos. Y eso explicaba el porqué sus infernales cejas la molestaban tanto.

Pero, por otra parte… ¿Por qué eso le había sonado como una advertencia? Parecía que la señora Malfoy sospechaba algo de sus encuentros con Scorpius y lo había malinterpretado catastróficamente.

Cuando comprendió el alcance de su posible malentendido, enrojeció furiosamente y Astoria, silenciosamente, lo tomó como un sí.

Rose, sin embargo, estaba demasiado ocupada preguntándose exactamente por qué todo le tenía que pasar a ella. ¿Por qué todos se empeñaban en pensar que Malfoy y ella tenían... algo? Merlín, el simple pensamiento la hizo estremecer. ¿Acaso no era obvio que se odiaban?

Antes de que Rose pudiera replicar algo en su defensa, ambas divisaron a Scorpius acercándose. La mujer frente a ella borró cualquier rastro de seriedad de su rostro y sonrió.

–Entonces, Rose… lo dejamos así. Scorpius, me parece que la señorita no ha desayunado y ese tentempié no será suficiente para satisfacerla –la miró desconcertada ante el brusco cambio de tema, pero Astoria no dio señas de notarlo y se levantó de su asiento–. ¿Te importaría invitarla? Tengo una reunión con Maddie, la florista, y creo que voy retrasada. Hasta pronto, Rose –rodeó la mesa y se inclinó sobre ella para darle un pequeño beso en la mejilla como despedida.

A ella ni siquiera le dio tiempo de rechazar la oferta porque cuando volvió a parpadear, ya abandonaba el local.

Se quedaron en un silencio algo perplejo unos segundos antes de que ella volviera a recuperar la capacidad de habla luego de la improvisada salida de Astoria que, más que un intento por no llegar tarde a una reunión, se pareció mucho más a un escape o a...

O a un desesperado intento por dejarlos a solas.

–Malfoy, creo que tu madre piensa que engaño a Marius contigo –dijo con los ojos muy abiertos, asimilando lo que había sucedido apenas unos segundos antes.

Scorpius estalló en risas que llamaron la atención de todo el local. Le hizo un gesto al camarero, que pareció decepcionado ante la falta de Astoria, y pidió un par de zumos de naranja y pastelillos para acompañar.

–Lamento no poder ofrecerte un desayuno más propio, pero es eso o ir a otro sitio –Rose lo miró indignada dado que él parecía hacer esfuerzos descomunales por no reír.

¿Qué era tan chistoso? ¡Era algo muy serio! No tenía porqué reírse, en realidad. No era necesario.

–Eso no me importa… pero gracias –añadió dándose cuenta de la brusquedad que había empleado; después de todo, él le pagaría el tan ansiado desayuno. Sin embargo, cuando él alzó la ceja y le sonrió con suficiencia, se planteó la posibilidad de morir de inanición. ¡Argh! Lo odiaba tanto...–. ¿Cómo no puedes darle importancia a ese asunto?

–Mi madre lee muchas revistas del corazón –se encogió de hombros y se recostó en el respaldar de su silla con aspecto relajado–. Fue gracias a ella que me enteré de nuestra pequeña aventura amorosa.

Bufó incrédula cuando él le guiñó el ojo y se inclinó sobre la mesa para imprimirle gravedad y énfasis a sus palabras.

–Malfoy, esto es algo muy serio. ¿Sabes lo retorcido que es eso de que piense que engaño a Marius con su primo? ¡Merlín! Debes aclararle que tú y yo no tenemos absolutamente nada… ¿Por qué la gente se predispone tanto a malinterpretar todo? –dijo alterada ante la visible pasividad de Scorpius en el asunto.

–¿Y qué si no lo hago? –dijo observándola con el acostumbrado aire de prepotencia que lo caracterizaba y rodó los ojos.

–Escucha, Malfoy; no me interesa saber qué está pasando por tu mente en estos instantes, ¡Pero no quiero que tu madre piense que soy una cualquiera! Estoy con Marius –dijo mirándolo con fijeza, intentando intimidarlo y, por supuesto, fallando miserablemente–, es mi novio y lo quiero muchísimo… no necesito esto justo ahora.

Batallaron con la mirada unos segundos hasta que la ceja de Scorpius casi roza la línea del cabello.

–Entonces no lo amas –se inclinó a su vez y apoyó los codos sobre la mesa con los ojos brillando de aparente interés.

–¿Qué… ¡Yo no he dicho eso!

–Dijiste que lo querías muchísimo, no que lo amabas –susurró pensativo y Rose quiso tener el poder de explotarle la cabeza sólo con los ojos.

–Tú… claro que yo no… no tengo porqué tener esta conversación contigo –¿Por qué no podía decirle que lo amaba aunque fuera mentira? Ya había engañado a bastante gente; una persona más no haría daño.

En especial porque, bueno... ella ni siquiera consideraba que Malfoy fuera una persona. Era más como una criatura odiosa y despreciable.

–Me da curiosidad –se inclinó un poco más hacia ella que, por puro instinto, se alejó un poco de él sin dejar de observarlo con recelo–. De hecho, creo que pasas más tiempo conmigo que con él.

–¡Trabajamos juntos!

–¿Y? Es sólo eso, trabajo. No creo que puedan ser lo suficientemente románticos cuando están allí –sonrió con arrogancia y Rose frunció el ceño, sabiendo que no mentía–. Y ahora que estás obligada a pasar el resto de la tarde y parte de la noche conmigo y Potter…

Boqueó unos segundos intentando hallar una respuesta lo suficientemente cortante como para acabar con el tema, pero fue salvada cuando el camarero depositó la comida frente a ella.

Miró los pastelillos con agradecimiento y se lanzó a comer el primero, ignorando la mirada suspicaz de Scorpius y de paso, ganando algo de tiempo para poder pensar en una respuesta inteligente, que tan escasas andaban últimamente.

–Marius es muy comprensivo y sabe que no todo el tiempo puedo estar pegada a él como una sanguijuela –dijo finalmente con una determinación que no sentía–. Eso es lo que tiene una relación estable, ¿sabes? A pesar de las distancias…

–A otro duende con esa moneda, Weasley –tomó un poco de su zumo y le hurtó un pastelillo bajo su mirada indignada antes de volver a atacarla–. Cualquier hombre que se precie de serlo querría pasar todas las noches contigo, ¿no crees? –enrojeció ante la insinuación que tiñó la voz de Scorpius, que la miraba divertido. Antes de poder preguntarse qué era exactamente lo que le estaba sugiriendo, él continuó–. Aunque por tu cara puedo deducir que siempre encuentran tiempo para divertirse, ¿Quizás en el trabajo? –maldita sea, no podía pasar ni tres minutos con él sin ruborizarse hasta niveles peligrosos para las vías circulatorias de su cerebro–. Merlín, Weasley, ¿Quién diría que fueras tan... pícara?

Alejó su silla de la mesa de forma brusca para imponer más distancia entre ella y el jodido Malfoy, apoyó los codos sobre su regazo y posó su sonrojada frente sobre las manos en un intento de aplacar un poco su rubor.

–No puedo creer que esté hablando de esto con él –susurró para sí misma sintiendo las orejas calientes por la sangre acumulada; a estas alturas, de seguro ya tenía un coágulo en alguna arteria de su cabeza y comprobaría que, efectivamente, sí se puede morir de la vergüenza. Scorpius rió un poco y acabó el hurtado pastelillo de tres generosos mordiscos mientras esperaba a que ella estuviera dispuesta a continuar–. ¿Lo disfrutas, cierto? Ponerme en este tipo de situaciones incómodas y potencialmente humillantes.

Él volvió a reír y Rose hundió más el rostro entre sus manos como si fuera el tan aludido pozo sin fondo de absoluta miseria.

–En lo absoluto –negó ligeramente, pero la burla implícita lo delataba–. Sólo me intereso por el bienestar de Marius –se encogió de hombros, le arrancó otro pastelillo a medio comer de las manos y se lo llevó a la boca.

Lo miró ofendida por su desfachatez y bufó. Eran sus malditas magdalenas; si quería, bien podría comprarse una. Y sí, él había comprado esas... ¡Pero eran para ella! Bien podría pedir unas para él y dejarla descansar en paz.

No.

Descansar en paz no. Sólo dejarla en paz.

No quería morir. Aún.

–Sí, claro. Tú tienes de filántropo lo que yo de bailarina exótica nocturna –tan pronto como lo dijo, se mordió la lengua y la sangre huyó de todo su cuerpo y se acumuló por completo en su rostro cuando Scorpius detuvo el bocado en seco y la observó tan perplejo como ella misma por lo que había acababa de decir.

¡No estaba bromeando con sus primos una tarde en La Madriguera, joder! ¡Estaba hablando con el bastardo de Malfoy! ¿Cómo se le ocurría soltar algo así con tanta tranquilidad? No es como si hubiera admitido ser precisamente ese tipo de bailarina, claro. Sólo había planteado una situación completamente hipotética en la que refería la inexistente bondad de ese hombre comparándola con algo descabellado… ¡Pero debió haber sabido que iba a sonar tan horriblemente mal! Ella, voluntariamente, acababa de darle un jugoso material de mofa a Scorpius.

Circe bendita, jamás hubiera pensado que fuera tan imbécil.

–¿En serio? Entonces debes ser de las mejores –alzó las cejas y rió bruscamente de su estúpido chiste sobre ella, que estrujó al desafortunado pastelillo que acababa de coger en sus manos–. Eso te da incluso menos tiempo para estar con Marius, ¿no crees? Y para ser honesto, me da un poco de miedo lo bien que disimulas tu oculta profesión. A primera vista cualquiera diría que eres una mojigata.

–¡Argh! –emitió un chillido que competía con el rango en el que se comunicaban los murciélagos y que volvió a atraer la atención del local. Seguro parecía una demente salida de algún aislado lugar para personas tan locas como ella.

–Por Merlín, Weasley. Si sigues chillando así, todos sabrán que eres una histérica trastornada –siseó la mar de divertido y Rose lo fulminó con la mirada.

–Eres un idiota y te odio. Mucho. ¡Y no digas que no lo hago porque sí! Lo hago. De forma apasionada e intensa.

Él la miró de esa forma que dice "eres la más triste excusa de un ser humano y me burlo de tu miseria porque soy yo y puedo hacerlo" antes de responder.

–Ni siquiera me conoces –le dijo sonriendo con mofa, repitiendo lo que le había dicho hace semanas–. ¿Qué sabes de mi vida o de mí en general que pueda despertar esa clase de sentimientos en ti?

–Pues sé que eres un idiota –escupió entre dientes y Malfoy dejó escapar un bufido incrédulo antes de cruzarse de brazos y retarla con la mirada. Estuvieron combatiendo visualmente durante lo que parecieron años hasta que él agitó la mano despreocupadamente y sonrió con malevolencia.

–De todas formas, me parece que estás desperdiciando tus sentimientos apasionados e intensos. Podríamos aprovecharlos en otras cosas más productivas.

Dios mío, ¿Por qué le decía esas cosas sin venir a cuenta de nada?

Dejó el pastelillo maltrecho sobre la mesa y volvió a hundir la cabeza entre sus manos. Si no fuera prácticamente imposible, la excesiva acumulación de sangre ya le hubiese provocado una temprana aneurisma.

–Y por si te preguntabas porque te odio, ahí acabas de dar la respuesta –susurró resignada y Scorpius volvió a reír.

–No sé qué habrás entendido, pero me refería a que esa clase de pasión debería ser usada en la pesquisa sobre la esfera –le dijo encogiéndose de hombros y Rose decidió que ya tenía suficiente de Scorpius para toda la vida. O, por lo menos, para esa mañana.

Y es que Malfoy se parecía a una de esas horribles enfermedades venéreas; no importaba lo mucho que hicieras, siempre acababas topándote nuevamente con él.

Cogió otro par de pastelillos y bebió apresuradamente el resto del zumo de naranja, agarró su bolso y se incorporó rápidamente, retando a su enfermedad venérea con la mirada.

–Eres insoportable.

–Lo sé.

–Y te odio.

–Aún lo dudo.

–En serio lo hago.

–Creo que simplemente no te agrado.

–Va mucho más allá de eso.

–No te creo.

Nunca había sostenido una batalla verbal tan rápida y ágil, pero suponía que ese intercambio se le parecía bastante.

–Gracias por el desayuno –dijo con la mandíbula tensa, pero sin hacer ningún movimiento para irse.

–Por nada. Gracias por hacerme reír; siempre me encuentro a mi mismo disfrutando de un tiempo ameno en tu compañía.

Entrecerró los ojos y lo fulminó con la mirada por esa aberración de halago y resolvió irse de una vez por todas cuando él volvió a sonreír de esa manera tan insufrible y le dio una mordida final a su pastelillo (de ella, no de Scorpius), mirándola desafiante.

–Maldito idiota... –farfulló furibunda girándose para abandonarlo definitivamente. Escuchó una alegre risa tras ella y se contuvo de volver y estamparle la cabeza contra la mesa repetidas veces hasta que se muriera.

Oh, cómo lo disfrutaría.

Quería que se pudriera en el infierno. Que se incinerara bajo las brasas de aquel recinto de castigos del que tanto se afanaba la señora Murray en recalcarle.

Y ella reiría. Sí, lo haría.

Lo haría de forma histéricamente trastornada porque Malfoy lo merecía. No habría ni un rastro de compasión de su parte.

Porque en serio, en serio lo detestaba.

–Nos vemos en la noche, Weasley –exclamó alegremente y hubiese sonado como una frase perfectamente inocente y nadie en el saturado establecimiento se hubiera vuelto a verla con la mandíbula descolgada y los ojos a punto de saltar de sus cuencas si él no hubiera agregado lo siguiente–. Ya quiero saber que tan bien te desempeñas como bailarina exótica y espero con ansias mi espectáculo privado.

No pudo más que echarle una mirada de odio profundo y abandonar el local con paso airado. Y ya que no ensuciaría sus manos con alguien tan rastrero como Malfoy, deseó secretamente que se lo comiera un basilisco.


¡Fin! Espero que les haya gustado tanto como el anterior.

Aquí he introducido al único personaje que faltaba para completar la fiesta: Astoria Malfoy. Ya ven que lo del cumpleaños de Malfoy iba muy en serio y Rose se quiere morir y matarlo primero y… bueno, ya se saben la historia :D

Y sí, he llegado temprano otra vez porque soy genial :DDD En realidad es que he tenido la suerte de poder hacerlo, así que todas somos felices yay! En serio muchas gracias por leer y comentar. Mira que casi llego a cien reviews y no me lo puedo creer. Gracias, gracias, gracias!

En fin… Ya saben; dudas, opiniones, críticas y fuegos artificiales en un review :) Y voy corriendo para postear rápido, así que les envío mucha suerte y mis mejores deseos hasta el otro viernes.

Besos, Clio :)

Viernes, 02 de noviembre de 2012

2:53 pm