XI. Durante la penumbra
Palabra: Sollozo
Abrió sus ojos, por alguna razón, la luz proveniente del techo le molestaba a sobremanera, trato de tallarlos para aclarase la vista, pero un leve mareo no se lo permitía por completo.
Poco a poco pudo percibir que ese techo que veía no era para nada parecido al de su habitación, pudo notar también que se escuchaban muchas voces a la lejanía, definitivamente aquel lugar no era su habitación.
-Doctor Nichols favor de pasar a la habitación #320 – Se escucho de un alto parlante.
Por lo tanto, sí había personas, había doctores y un gran pasillo… ¡Ese era sin dudas un hospital! - ¿Un hospital? No recuerdo que me hayan herido, o que estuviera enfermo… ¿Qué hago aquí?
El niño se levantó del asiento para tratar de encontrar respuestas, al menos al parecer, el no era el enfermo esta vez. Pudo reconocer el hospital, el de Big Burg, ahí paso muchos de sus primeros años infantiles a causa de su incontrolable asma.
-¿Sí no soy yo el enfermo, será alguien que conozco y estoy de visita? ¡Elena o mis padres!
El domador corrió rápidamente a lo largo del pasillo tratando de encontrar un rostro similar, pero no lo logro. Conforme fue avanzando se dio cuenta de que un sollozo sobresalía del barullo de aquel hospital. Con temor se acercó a una joven que yacía en el suelo, de rodillas, llorando. El lugar estaba en penumbras, pero aun así, el domador logró reconocer a aquella chica.
-¿Ma… mamá? – Le dijo al incarse a un lado de ella.
- ¿Qué? – La chica lo miró de frente y Zick casi muere de la impresión, era su madre, pero mucho más joven de lo que la recordaba.
- ¡Lo… lo siento, yo la confundí!
- ¿Me dijiste mamá? ¡Que curioso! - ¡Tal vez él no llegue a llamarme así nunca! – Pensó ella para sí misma, aunque Zick fue capaz de leer su mente.
- ¿Puedo preguntarle que le ocurre?
- Lamento haberte asustado, es sólo que… mi bebé esta muy enfermo… tengo miedo de que… - Intentó contener su llanto.
- Entiendo, no necesita decir más – El domador le ofreció la mano para ayudarla a incorporarse.
- ¡Es un pequeño encantador! Se parece mucho a su papá, aunque debo decir que eso me preocupa un poco. – Sonrió ligeramente.
- ¿Dónde está su bebé ahora?
- En incubadoras, no logramos hacer que respire por si mismo. Nació enfermito.
- Ya veo, no se preocupe señora, yo también nací con esos mismos problemas y aquí estoy. Todo saldrá bien.
- Te lo agradezco pequeño, ¿Cómo te llamas?
- Me llamo Zi… Ezekiel, sí me llamo Ezekiel.
- ¡Ezekiel! ¡Es un lindo nombre!
- Ni tanto, ¿Cómo se llama su bebé?
- Soy una madre terrible, su padre y yo no dejábamos de pelear sobre sí sería niño o niña que nunca nos detuvimos a pensar en un nombre.
- ¡Qué curioso!
- Somos algo… competitivos.
- Lo sé… bueno, quiero decir que la comprendo así nos llevamos una amiga y yo. – Zick vio sus grandes ojeras y sintió el hambre y la debilidad que ella tenía. – Vuelvo en un momento.
- ¡No espera…!
El peliazul corrió hacia la cafetería y le compro un pastelillo y un café, tal cual les gustaba a los dos, con mucho cuidado volvió a donde estaban y se lo ofreció.
-¡Para usted!
- ¡Muchas gracias, pero no debías preocuparte por mi! – Ella se sentó y le dio un sorbo a su café, disfrutándolo totalmente.
- Muchas gracias por escucharme.
- No se preocupe, es lo que a veces necesitamos. ¡No este triste su bebé crecerá muy grande y guapo! ¡Eso se lo puedo asegurar!
- Sí, ya lo es. ¿Tú por que estás aquí?
- Vine a visitar a una amiga, pero la escuche llorar y no pude evitar venir.
- Pues gracias por ello, mi esposo fue a un lugar muy importante y ya no soportaba estar sola por tanto tiempo. – Zick la veía mientras ella tomaba su café y observaba al vacío. Siempre había escuchado que sus primeros días de nacido habían sido difíciles, pero nunca había presenciado a conciencia la difícil situación que su mamá había afrontado, más las que aun estaban por venir, entonces el le sonrió con orgullo, sin duda alguna, su madre era una mujer fuerte y tenía suerte de tenerla como madre.
- ¡Greta! ¡Greta! ¡Lo conseguí! ¡Un doctor monstruo lo verá en el gran edificio abandonado! ¡El que esta a un lado del de las ollas!
- ¡De verdad! ¡Que buena noticia! ¡El bebé ya podrá ser atendido cómo monstruo! – La pareja se abrazo felizmente.
- ¡Vámonos tenemos que ver como lo trasladan! – Zob la tomo de la mano para llevársela pero ella lo detuvo.
- Espera debo despedirme de… - Pero el chico detrás de ella había desaparecido, la veía a distancia sin que supiera.
- ¿De quién?
- Un chico que me hizo compañía, hace unos momentos estaba aquí.
- ¡Ah! ¡Andas viendo chicos en mi ausencia! – Zob bromeó con su esposa.
- ¡Claro que no era un niño! Sólo que ya no…
- ¡Lo encontraremos luego! ¡Vamos, nuestro Erenedja nos espera!
- ¡Ni hablar, nuestro Ezekiel nos espera! – La pareja se fue feliz con el aire de esperanza que les acababan de regalar.
- Sí lo hubiera sabido, le habría dicho otro nombre. – Sonrió el joven domador.
