Capitulo corto. Por cierto, faltan muy pocos capítulos para terminar esto posiblemente incluso lo termine en el próximo o si no en dos o tres capítulos más... tengan paciencia por favor.


La luz del sol le picaba en los ojos mientras parecía un poco perdido como si ya no recordara quien era, ni en donde estaba en aquel momento, ni el porqué. Su aspecto no era nada presentable para alguien de su familia, su cabello lucía desaliñado y sus labios sangraban al igual que su nariz y partes de su piel donde tenía rasguños que parecían de un animal, que decir de su ropa raída y llena de tierra...

Se doblaron sus rodillas mirando hacia el piso con unas enormes ganas de botar sus emociones, de gritarlas fuertemente sin embargo seguía mirando al césped como un idiota sin hacer nada en particular excepto de observarlo. De un momento llevado por el miedo, no por lo que había enfrentado hacía unos minutos y que nunca podría contar pues nadie le creería, si no por algo mucho peor, le llevó a reír de nuevo de manera maniática...

Sabía que estaba perdiendo la batalla contra la razón y existía un motivo para ello.

Había descubierto algo horrible de sí mismo.


Masaomi se había encaprichado con aquel joven de cabello castaño, el tal Furihata Kōki. Estaba buscando el momento ideal para secuestrarlo. Sin embargo parecía que el joven solía estar siempre de bastante compañía y amigos, no era tan fácil capturar a una presa así, pero cuando un Akashi quiere algo lo consigue y el tal Furihata no sería la excepción.

Celebró de antemano su éxito de captura, bebiendo algo de alcohol del más fino y masturbándose al pensar en el joven. Era execrable y asqueroso, su mente ya estaba podrida, pero solo él era quien no veía tal cosa. Para él era algo normal desear a alguien que pudiera dominar como quisiera y desfogar el deseo, no importaba lo que pensara el otro ni lo que sintiera en verdad, solo importaba el propio placer que pudiese encontrar con ello.

—Ah...ya quiero tener ese cuerpecito adolescente bajo el mío. —Se relamió sin ningún pudor de sus deseos inmundos.

De pronto se acordó que aún tenía a Seijūrō en el sótano de la casa. Bueno ya no importaba a estas alturas. Ese chico ya era una manzana podrida que no servía para nada, estaba loco como lo estaba su madre, un desequilibrado mental no merecía el imperio Akashi. Tal vez ni siquiera era su verdadero hijo por eso salió así. Lo dejaría morir ahí. Buscaría un nuevo hijo con una bella mujer, después de todo con dinero se puede conseguir lo que uno quiera.

No quería volver a aquella desagradable habitación. Nunca volvería allí.

—Seijūrō y tú están podridos, están completamente locos Shiori cariño, por eso moriste, por eso tuve que matarles~—Su voz tomó ligeramente un matiz bastante infantil al hablar de pronto, como si hablara de una travesura infantil—Y también a ese bastardo, que tal vez solo imagine que existió.

Un hombre tocó la puerta y Masaomi recobro la compostura, venía a informarle de nuevas noticias al respecto.


Cuando recobró por fin la conciencia alguien le hablaba. Estuvo todo el tiempo despierto, pero su mente estaba ida todo ese tiempo sino hasta ahora que estaba en una habitación que ni siquiera era la propia. Estaba en casa de otra persona y no en la suya.

— ¿Sei-chan? ¿Estás bien? Creo que llamaré inmediatamente al hospital y a la policía—Seijūrō retuvo del brazo a Reo Mibuchi inmediatamente cuando lo escucho negando al instante.

—Nadie debe de enterarse de esto Reo. —Hablo con su voz de siempre.

— ¡Pero estas tan malherido Sei-chan! ¿Quién fue el salvaje que te ataco? ¡Seguramente un envidioso por lo genial que eres Si-chan! Pero no debes dejar que ese tipo de personas se salgan con la suya ¡Hay que hacer justicia!

—No se trata de eso Reo, es muy difícil de explicar.

—Yo solo sé que hay un bastardo que le hizo daño a Sei-chan y hay que castigarle como merece.

Negó nuevamente, sabía que su amigo no lo comprendería.

—Hay un favor que quisiera pedirte Reo...

— ¡Lo que guste Sei-chan! ¿Para eso están los amigos no?—Hablo con sincera disponibilidad para su ex capitán de equipo

El pelirrojo sonrió con debilidad "amigos" que bonito sonaban aquellas palabras.

—Quiero que me leas las cartas.

— ¿Ehhh? Qué raro, tu no sueles creer en esas cosas Sei-chan. —Alzo las cejas un poco incrédulo, casi mirando a Seijūrō como si lo desconociera por un momento— ¡Pero lo haré y te traeré algo de pastel y galletas! Te ves muy desnutrido y no me gusta verte en esas condiciones, oh no claro que no.

—Y por favor no llames a nadie, si lo haces me iré y no volverás a verme...

—Pero Sei-chan.

—Si lo haces mi padre se enterará que me escapé de casa y será aún peor de lo que estoy.

Su compañero de Rakuzan negó reiteradamente—No puede ser peor de lo que estas Sei-chan, si te vieras a ti mismo.

—Créelo, mi padre no es una buena persona Reo.

—No creo que sea tan mala persona, Akashi-sama se ve tan correcto y amable con nosotros.

Reo recordaba como Masaomi les habló cuando Akashi había sufrido esa lesión tan terrible que le imposibilitaba de jugar al básquet con unas palabras realmente dulces y convincentes con las cuales el grupo de Rakuzan cayó directamente en aquello. Se habían dejado llevar por la actitud aparentemente paternal y preocupada de un padre amoroso que en verdad no existía, que no estaba allí y que jamás estaría en ese lugar.

Un padre amoroso y preocupado fue lo que nunca tuvo Seijūrō, que jamás tendría en realidad.

—Creo que me iré a casa ¿Antes de traerme aquí alguien nos vio Reo?

—No que recuerde Sei-chan ¡Pero quédate! ¡Estás muy débil! —Suspira preocupado—De acuerdo, no llamare a nadie, pero quédate al menos para que te sane las heridas. Te daré algo de comer y te leeré las cartas ¿De acuerdo?

—De acuerdo

Aunque Akashi no confiaba del todo en Mibuchi, le daba la impresión de que en cualquier momento llamaría a la policía y su padre descubriría donde estaba metido en ese instante. No le gustaba nada lo que podría pasar si su padre supiera que podía salir de allí sin necesidad de una llave o romper la puerta. Seguramente lo encerrarían en otro lugar creando un segundo sótano para quien fuera su reemplazante, seguramente Tetsuya si su padre se pusiera averiguar si hay alguien con sus genes.

Tenía que proteger a su hermano y sobre todo a Kōki ¡Kōki! ¿Sería verdad lo que escucho?

"Él ira por Furihata, quiere devorar a ese chico"

La sangre le hirvió en las venas al pensar solo en la posibilidad de que dañaran a Furihata, no importaba lo que pasara con él, pero nadie podía dañar a quien era su ángel. Si Masaomi lo mancillaba lo mataría. Realmente quería matar a esa persona, solo de pensar que podría poner las manos encima de quien consideraba la única persona por la cual llego a sentir un amor fuerte, unos sentimientos puros y felices.

Nadie debe tocar ni una sola pluma de su ángel y contaminarla con veneno. No lo permitiría.


"Ten cuidado Furi, parece que te están vigilando"

Fueron las palabras de su amigo Kuroko cuando se despidieron, pero ¿Quién lo estaría vigilando? ¿Para qué?¿O sería que Masaomi Akashi se había enterado de su relación con su hijo? Igual esos días había tomado las precauciones necesarias y no había salido excepto si era necesario y bastante observador de que nada le pasara.

Quizás eran paranoias de su amigo pues él no había visto nada anormal en esos días,ni nadie siguiéndole como supuestamente estaría sucediendo.

Decidió al menos salir ese día para ir a comprar un regalo para Akashi, lo extrañaba mucho, quería que abrazarlo y que se mimaran continuamente, viendo después una película juntos, leyendo algo o haciendo el amor para calmar el atormentado corazón de Seijūrō. Como fuese, necesitaba de su novio, le compraría un delicioso pastel de chocolate con fresas y se pondría en camino a Kyoto. Compro un regalito sencillo y el pastel, esperando ver la sonrisa del pelirrojo.

—Ya quiero verte Sei...—Dobló una esquina despreocupadamente y sintió unos pasos como si lo siguieran, miro pero no se veía a nadie.

"Estúpido Kuroko ya estoy teniendo sugestiones"

Siguió caminando y volvió a sentir los pasos. Empezó a correr a ver si así se le pasaba pero también corrían detrás de él. Se desesperó y corrió más deprisa tratando de perder a quien lo seguía, cuando por fin creyó perderlo igualmente doblo un par de cuadras más en distintas direcciones, tenía que asegurarse.

Suspiro creyendo estar a salvo en un lugar ya bastante cercano a su casa. Tal vez ya no debía preocuparse

Pero alguien sorpresivamente le tapó la boca arrastrándolo hacia la oscuridad y le hizo ver que se equivocaba.