No juegues con mi libertad
Los personajes son de alguien maravillosa, que se apellida Meyer, la historia es mía, igual que algunos personajes... No permito copias o modificaciones.
Capitulo Beteado por Pichi Lg (Betas FFAD. groups/betasffaddiction/)
-Un mal necesario-
Blusa negra, minifalda de flecos color ladrillo, zapatos negros con aplicaciones anaranjadas, comprados la última vez que salió con Caroline, cabello recogido en una cola alta, maquillaje ligero y una gran sonrisa reflejada en el espejo. Esa mañana, al levantarse, se juró que todos los días sonreiría y se propondría tener el mejor día de todos.
Bajó a la cocina y Jolin le informó que Beth había salido al mercado, tomó su desayuno en silencio y se marchó.
Antes de salir de la mansión vio cómo de una camioneta color negro, un hombre, ya entrado en años, dejaba a Jessica aparentemente inconsciente en la acera; inmediatamente puso el freno de mano y bajó del auto a socorrer a su hermana.
—¿Qué hace con mi hermana? —preguntó, pero el hombre al percatarse de su presencia solo arrojó unos billetes, corrió a su camioneta y se fue a toda velocidad—. ¿Jessica? ¿Estás bien? —No lo estaba, olía a alcohol, y un maquillaje grotesco se corría por su rostro. Unos minutos después, Fausto llegaba en el auto con Beth.
—¡Dios santo! ¿Qué le pasó? —Beth tomaba el rostro entre sus manos y verificaba si tenía pulso.
—No sé nana, un hombre vino en una camioneta y la dejó aquí.
—Fausto, hay que llevarla dentro. Bella, cariño, ve a tu trabajo, si algo pasa yo te aviso, voy a llamar al médico.
La mirada de Bella seguía en Jessica que era llevada en los brazos de Fausto. Un profundo dolor se instaló en su ser, no supo en qué momento su hermana se había convertido en ese bulto que no era consciente de lo que pasaba a su alrededor.
Una vez en su auto, respiró profundo y decidió calmarse, así que retomó la sonrisa y los buenos pensamientos. En el camino llamó a Caroline, en un día normal debería estar dormida, pero con la llegada de Jasper lo más probable sería que ya estuviese despierta y planeando el proceder del día.
—¡Hola Bella! ¿Cómo amaneces? —Sonaba algo agitada.
—Bien amiga, ¿estás haciendo ejercicio a estas horas?
—Sí, tengo un día agitado y necesito mucha energía. ¿Ya vas a tu trabajo?
—Sí, ya voy en camino, no sabes la escena que tuve que presenciar antes de salir de casa.
—¿Qué pasó?
—Iba saliendo cuando un hombre, en una camioneta, arrojó a Jessica en la acera, estaba inconsciente y olía mucho a alcohol. El hombre, antes de irse, arrojó unos cuantos billetes, no sabes el dolor que eso me causó.
—Bella, no te preocupes por eso, recuerda que es una desagradecida, no debes arruinar tu día por eso.
—Sí, lo sé, pero aun así no puedo dejar de sentirme mal. Por cierto, ¿ya hablaste con Jasper?
—Sí, me dijo que el vuelo que le asignaron llega como a las seis, así que tengo que comprar una cena maravillosa… ¿Crees que Beth pueda cocinarme algo?
—Claro, ve a la casa y habla con ella. ¿Ya ultimaste todos los detalles?
—Sí, dentro de una hora voy al centro comercial a buscar unas cosas.
—Qué bien. Te deseo mucha suerte, que todo salga bien con Jasper.
En la oficina, el aire era distinto, todos parecían más calmados, las tensiones habían bajado un poco, las propuestas que recibió por parte de los empleados fueron bastante provechosas, y ya estaba comenzando a sentirse cómoda con el grupo de trabajo.
—Rita, comunícate con la secretaria del señor Cullen, pídele una cita para el final de la tarde. Hoy mismo presentaremos la propuesta para mejorar el Departamento de Ventas.
—Ya mismo me ocupo de eso, señorita. ¿Desea que llame a algún empleado que se encargue de hacer las presentaciones de la propuesta?
—No, creo que lo mejor es que lo hagamos nosotros mismos, así podremos expresar mejor lo que queremos.
—Perfecto. ¿Para cuándo quiere la cita con el decorador que trabajará en su oficina?
—¿Decorador? No es necesario, yo misma me encargaré de eso.
No lo había visto en toda la mañana, y eso la mantenía intrigada. Quería verlo, aunque sea de lejos; por eso, con la excusa de ultimar detalles de la reunión con Carmen, se dirigió hasta presidencia. Conversó un rato con ella, y de vez en cuando observaba la puerta, pero él nunca salió, ni un ruido se escuchaba.
Unos minutos después, Tanya salía de la oficina de Edward, llevaba un vestido color beige, zapatos altos del mismo color y un abrigo de rayas. Al verla, se sorprendió un poco y la vio de arriba hacia abajo, como lo había hecho cuando fueron presentadas. Su sonrisa hipócrita surgió y se dirigió hasta ella.
—¡Isabel, querida! —Un sonoro beso fue estampado en su mejilla.
—Isabella, mi nombre es Isabella, que no se te olvide… querida. —Lo último fue dicho con un tono irónico.
—Discúlpame, soy mala recordando ciertos nombres. ¿Vienes a ver a Eddie?
—No, solo vine a consultar algo con Carmen.
—¿Y, cómo te va en la empresa? ¿Todo bien?
—Sí, todo de maravilla. Ya tengo que irme, con permiso.
¿Vienes a ver a Eddie? ¿Eddie? ¡Estúpida! La odio… Eso me pasa por andar buscando lo que no debo.
Bella almorzó con Rita en un pequeño restaurante cerca de la empresa. Ella pagó la cuenta y Rita, muy apenada, le comentó que la hora del almuerzo era un tanto difícil para la mayoría ya que, como no contaban con un comedor, tenían que comer fuera.
—Esa puede ser otra propuesta… El edificio es bastante grande, creo que se puede acondicionar un área para que funcione como comedor y así pueden ahorrarse ese dinero que gastan a diario en el almuerzo.
—Es buena idea. Muchos nos veríamos beneficiados, pero no creo que el señor Cullen lo acepte.
—No te preocupes, de eso me encargo yo.
Al llegar a la oficina, aún estaba un poco vacía, ya que no todos habían vuelto del almuerzo. Caroline la llamó para comentarle cómo iban las cosas.
—Ya tengo todo listo. Estoy en el centro comercial comprándome algo de lencería. ¡No sabes las cosas tan sexys que me compré! Y unos zapatos que ¡me encantan! Voy a enviarte una foto para que los veas. Ya hice la cita en la peluquería, y cuando salga voy a tu casa a buscar la comida, le encargué a Beth el pastel de chocolate favorito de Jasper.
—Tienes todo calculado. —Estaba en la que sería su oficina viendo por la ventana, de espaldas a la puerta—. ¿Vas a buscarlo al aeropuerto?
—No, él tomará un taxi hasta su departamento y yo estaré ahí esperándolo.
—Bueno, avísame cuándo nos podemos reunir—. Sentía una presencia extraña tras ella.
—Está bien, amiga, tal vez no estaremos disponibles un par de días pero yo te aviso.
Sonrió y colgó, al voltear chocó con Edward que estaba muy cerca de ella.
—¡Ah! ¡Me asustó! ¿Qué hace ahí parado?
—Viéndote… Me informaron que pediste una reunión para el final de la tarde.
—Sí, tengo varias propuestas para mejorar la situación en la que se encuentra este Departamento.
—¿Propuestas, Swan? Te has tomado atribuciones rápidamente.
—¿A qué se refiere con eso de que me estoy tomando atribuciones? Soy la jefa del Departamento así que puedo, y estoy en todo mi derecho de hacer los cambios que sean necesarios.
—Así que la dulce Isabella ya sacó las garras. De una vez te informo que todo tienes que consultarlo conmigo. Tú podrás reinar en estas cuatro paredes, pero yo mando en esta empresa, así que no creas que accederé a todos tus caprichos.
—¡No son caprichos! —Rápidamente se alejó de él—. Solo quiero mejorar las condiciones laborales de los trabajadores. ¿Sabe cuántas quejas recibí ayer? ¡Muchas! Las cosas no funcionan del todo bien, y eso no es correcto cuando se trabaja en un emporio como este. Es evidente que algo o alguien de la administración de la empresa lo está haciendo mal.
—¿Estás cuestionando mi trabajo? —Nuevamente Isabella había logrado ponerlo de malas. En realidad él había ido a su oficina solo para verla, ya que también se sentía algo extraño porque no la había visto en lo que iba de día.
—¿Cuestiona usted el mío?... No me subestime señor Cullen. No quiero problemas. Sé que en las decisiones importantes usted es quien tiene la última palabra, pero no pretenda que trabaje en unas condiciones no muy adecuadas.
—Tienes una habilidad impresionante para ponerme de mal humor.
—¡Ah! Así que ahora el señor está de mal humor. Estoy segura de que alguna secretaria está disponible para alegrarle el día, o la misma señorita Roberts puede hacerlo.
La sonrisa cínica volvió a su rostro, tomó un mechón de su cabello y lo enrolló en su dedo.
—¿Celosa?
Bruscamente apartó la mano de su cabello.
—No me toque, deje…
—¿Interrumpo? —Emmett los miraba desde la puerta, y de forma reprobatoria se dirigió hasta Edward—. ¿Hermano, tienes un momento?
Ambos salieron de la oficina. —Vamos a tu oficina Edward, quiero hablar contigo. —En el ascensor iban callados, Edward pensando en Bella y Emmett pensando en lo que vio en la oficina.
—¿Y a ti, qué te pasa? ¿Por qué esa cara?
—No te metas con ella.
—¿Con quién?
—Edward, sabes muy bien de lo que hablo. Sé lo que haces con cuanta mujer guapa entra por esa puerta, así que mantente dentro de tus pantalones y deja a Bella en paz.
—¿No me digas que le eres infiel a Rose con Isabella?
—No seas idiota hermano, nunca he engañado a mi esposa. Te estoy diciendo esto porque conozco a Bella, sé que es una buena muchacha y no se merece que juegues con ella.
—¡Por favor! Yo no estoy interesado en ella, ni siquiera la tomo en cuenta.
—¿No la tomas en cuenta? Y, entonces, ¿qué fue eso que vi hace un momento?
—Nada, deja de ser tan paranoico, al final de esta tarde tengo una reunión con ella, al parecer está jugando a la ejecutiva estrella. Ven a la reunión para que veas que no tengo el más mínimo interés por ella.
—Hermano, por favor…
—Por favor, nada. Emmett, ya te dije que no estoy interesado en ella. Si tanto miedo tienes de que le haga algo, ven esta tarde a la reunión, así podrás cuidar de la pobre e indefensa Isabella.
Con decepción, Emmett bajó la cabeza y salió de la oficina.
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—¿Cómo está? ¿Ya reaccionó?
—Sí, las muchachas me ayudaron a darle un baño, le hice un poco de sopa y se durmió nuevamente.
—¿Y, qué dijo el médico?
—Le tomó unas muestras de sangre y le dio unas medicinas naturales para tratar de limpiar su sangre; también le indujo el vómito, según él, la mezcla de drogas que tenía en el cuerpo pasaría más rápido de esa manera.
—¡Dios santo! Nana, ¿qué ocurre con ella? ¿Charlie y Renée ya saben?
—No he podido llamarlos, aunque estoy casi segura de que Jessica no querrá eso.
—Nana, por favor, permanece al pendiente de ella, ¿sí? Esta situación ya me está preocupando.
—Bella, hija, tú concéntrate en tu trabajo. Jessica va a estar bien. —Colgó y se quedó pensando en su hermana.
—Señorita, ya las presentaciones están listas, solo esperamos que las revise y las apruebe.
—¿Eh? Sí… ya voy.
—¿Algún problema?
—Sí, una situación familiar… Vamos a revisar las presentaciones… ¿Los presupuestos ya están listos?
—Sí, ya todo está listo.
—Entonces, tráigame toda la información para revisarla, yo la espero aquí. —Recibió un mensaje en su celular, se trataba de una foto enviada por Caroline donde mostraba sus zapatos. Recordó que debía contactar a Jasper, así que marcó su número pero nada, su empeño fue en vano. Decidió dejar el tema a un lado y prestarle atención al trabajo.
—Rita, creo que hicimos un trabajo estupendo, encárgate de arreglar la sala de juntas y avísame cuando el señor Cullen esté ahí.
Una hora más tarde caminaba decidida rumbo a la sala de juntas. Pensaba que los únicos presentes serían Edward, Carmen, Rita y ella pero no, para su sorpresa Tanya y Emmett lo acompañaban. Este último hablaba por teléfono y sonrió ampliamente al verla.
—Buenas tardes, señorita Swan. Espero que no le moleste que haya invitado a mi hermano y a la señorita Roberts a la reunión.
Con Emmett no hay problema, pero ella… habiendo tantas sillas vacías tenía que sentarse justo al lado de él…esto va a ser difícil…
—No, ninguno. ¿Cómo estás, Emmett?
—Muy bien, Bella. Le dije a mi Rose que saldría temprano hoy, pero preferí venir a esta reunión, me interesa saber lo que vas a proponer.
—¿Rose?
—Sí, mi esposa. Un día de estos te la voy a presentar.
—¿Podrían dejar de hacer amistad y comenzar con esto? Tengo cosas más importantes que hacer. —Volteó a ver a Tanya, quien de inmediato sonrió de forma descarada. Bella respiró profundo.
—Está bien, ¿Rita, está todo listo?
—Sí, señorita. En seguida reparto los documentos.
—Bien. Como ya saben, se me ha encargado dirigir el Departamento de Ventas. Sostuve una reunión exhaustiva con todos los empleados y he descubierto una serie de problemas e irregularidades que deberán ser corregidas para lograr el buen funcionamiento de nuestro trabajo.
—Vaya al punto, Swan. No se extienda. —Con fastidio y sin interés, Edward hojeaba los documentos—. Recuerde que no tengo tiempo.
—¡Pues, tendrá menos tiempo si sigue interrumpiendo! —Aclaró su garganta y siguió hablando. Todos estaban atentos. Media hora después, ya casi terminaba su presentación—. Bien, como verán, estos cambios serán enfocados en el beneficio de los empleados y la mejora de los procesos y rendimientos. En las carpetas que les han sido entregadas encontraran un presupuesto aproximado de los gastos necesarios.
Todos observaban los papeles en silencio hasta que una pequeña risa en forma de burla se escuchó.
—¡Ja! Tenías razón querido, la chica juega a la ejecutiva modelo.
—Pues a mí me encanta la propuesta, de hecho, quiero implementar algunas en mis oficinas. Claro, si no te molesta Bella. —Estaba muy nerviosa, durante toda la presentación Edward no le quitó los ojos de enciman logrando que su confianza se fuera al caño.
—¿Está loca, Swan? ¿De verdad cree que voy a gastar todo esto solo para hacer más felices a los empleados? Ellos están aquí para trabajar y al que no le guste o se sienta incómodo pues, puede irse. —Se levantó de la silla con la carpeta en la mano, se dirigía a la puerta—. Su propuesta no está aprobada, Swan. Y si no puede trabajar en esas condiciones bien puede pasarme su renuncia.
—¡No te atrevas, Edward! ¿Qué te sucede? ¡Es injusto lo que dices! Sabes muy bien que muchas de las cosas propuestas por Bella ya te las había dicho papá, el dinero no es impedimento.
—Ya hablé, hermano. No hay vuelta atrás. ¿Nos vamos, Tanya? Y usted, Swan, ya sabe qué hacer en caso de que no le guste mi decisión. —Antes de salir tiró los documentos a la papelera. Bella estaba petrificada no podía creer lo que había sucedido, y su estado empeoró cuando vio a Tanya acercase con una sonrisa hipócrita, deteniéndose justo frente a ella.
—¡Ops! Lo siento querida, más suerte para la próxima. —Imitó la acción de Edward de tirar la carpeta a la basura.
Emmett observaba en silencio lo sucedido. En su mente trataba de comprender por qué Edward fue tan grosero con ella. —Lo siento cariño, no te preocupes, me encargaré de que se haga todo lo que quieres.
Sin dar respuesta, fue a su oficina, aun vacía, se encerró en el baño y dejó correr las lágrimas. ¿Y ahora qué les diré a todos? Les prometí que lo conseguiría todo… ¿Qué clase de jefa voy a ser si no puedo con esto? No puedo seguir así… esto es más fuerte que yo.
—¿Está bien señorita? —Rita había presenciado todo. Bella esperó unos minutos para calmarse y responder.
—Sí, estoy bien. —Abrió la puerta, buscó sus cosas y se dirigió a la puerta.
—¿Se marcha? Todos están ansiosos por saber qué pasó.
—Mañana hablaré con ellos, debo irme. —¡Dios, qué cobarde eres, Bella!
—¿Va a renunciar?
—Sí. No puedo con esto. Es evidente que el señor Cullen hará hasta lo imposible por arruinar mi trabajo, con eso los perjudicados serán ustedes así que es mejor que me vaya. —¡Cobarde! ¡Cobarde! ¡Cobarde!
Rita comenzó a hablar pero Bella salió antes de poder escucharla. No sabía qué hacer, estaba deprimida. Siempre era igual, deseaba refugiarse en un lugar tranquilo y seguro pero ese lugar no existía. No quería ir a su casa así que se detuvo en el primer centro comercial que vio, se sentó en un banco cerca de una fuente y se perdió en sus pensamientos.
—¡Qué tonta he sido! ¿Por qué desde un principio no acepté la ayuda de Billy? Edward tiene razón… estoy jugando a la ejecutiva estrella. Creo que tendré que ceder, ya no quiero regresar a casa. Contaré cuánto dinero tengo y buscaré una habitación pequeña, tiene que ser económica, no puedo gastar mucho dinero, o tal vez puedo irme a un hotel, o puedo llamar al señor Cannon y pedirle información sobre departamentos en venta… ¡Eso es!
Buscó el número en su celular y, con una voz dulce, pidió el favor. Quedaron en que la llamarían pronto. Al terminar la llamada, su celular se apagó por falta de batería. Se compró un helado y quiso dar una vuelta por el lugar, se detuvo en una zapatería y a su mente vino el recuerdo de Caroline, según ella, el stress y la depresión en las mujeres se quitaba comprando un lindo par de zapatos… ¡Qué diablos, voy a probar!
Bella no era compradora compulsiva, pero no pudo evitar salir con tres cajas. Compró unos zapatos tacón alto negros, con correa roja, unas sandalias negras con gris, y otras bajas de color rosa con un lindo diseño de cadenas doradas. No se sentía mejor, pero sí le sirvió para distraerse.
No midió el tiempo que pasó en la tienda. Ya había oscurecido así que con sus nuevas adquisiciones partió rumbo a casa o, como le gustaba llamarla, prisión Swan.
Pensó que su día iba a mejorar ya que estaba a punto de terminar pero no, al pie de las escaleras estaba Charlie.
—Isabella.
—Charlie. —Esas parcas palabras ya eran rutina entre ellos. Sin levantar la vista siguió su paso escaleras arriba, pero se detuvo a medio camino ya que Charlie mencionó algo con lo que no contaba.
—Antes de venir a casa recibí una llamada, era para ti. Al parecer no pudieron localizarte en tu celular, así que llamaron a la empresa, pero ya que no estás en la oficina me tomé la libertad de atenderla. Era el señor Cannon. —Charlie vio como Bella detenía el paso, se tensaba y alzaba la vista—. No sabía que estabas interesada en un departamento, supuse que era un error. —Sonrió con malicia—. Hablé con el señor Cannon y le expliqué que era una pataleta tuya, ya sabes que él es muy conservador con el tema de la familia. Me aseguré de que no puedas adquirir ninguna propiedad y también aproveché para que corriera la voz, así que si estas planeando irte pues no lo tendrás tan fácil. ¡Ah! No sabes las buenas opciones que tenían para ti.
—¿Por qué? ¿Por qué lo hiciste? No tenías derecho.
—Aquí la que no tiene derechos eres tú, soy tu peor pesadilla y de aquí no podrás huir.
Bella sabía que tenía las de perder, por eso, como siempre, decidió callar y subió hasta su habitación. Dejó las bolsas en la cama, se quitó la ropa y se dio una ducha, estuvo bastante tiempo bajo el agua pensando.
Salió del baño con un albornoz morado, buscó su teléfono y le conectó el cargador. Al encenderlo recibió un mensaje de Caroline, quien le había enviado una fotografía de la decoración de la mesa donde cenarían ella y Jasper; esto la hizo sonreír un poco, su amiga se esforzó en la decoración.
Dejó el teléfono en la mesita de noche y se dirigió hasta la habitación de Jessica. La puerta estaba entre abierta, y vio que Beth tomaba la temperatura de su hermana, entró y cerró la puerta.
—¿Cómo ha estado?
—Bastante mejor, la fiebre ha bajado. ¿El señor habló contigo? Vi que estaba esperándote.
—Sí, habló conmigo, luego te cuento. Tengo algo de hambre, ¿podrías prepararme algo?
—Sí, voy a la cocina, te preparo algo y te espero en tu habitación. —Al salir, Jessica comenzó a moverse.
—Tranquila Jess, vas a estar bien. —Posó su mano sobre su frente y la sintió un poco caliente.
—¿Cómo llegué aquí? —Parecía desorientada, con sus manos apartó el cabello de su rostro.
—Esta mañana un hombre te dejó tirada allá afuera. —Vio como sus ojos se abrían de la impresión.
—¿Quién me encontró? ¿Papá y mamá lo saben?
—Yo te encontré, iba saliendo en mi auto cuando vi cómo te dejaban en la acera, estabas inconsciente… ¿Jessica, qué pasó? ¿Por qué llegaste en ese estado? —Bella se atrevió a tomar su mano, hacía muchos años que entre ellas no había un roce, pero Jessica la retiró.
—¿Y, qué quieres? ¿Qué te agradezca? ¡Pues no voy hacerlo, no es de tu incumbencia lo que pasa en mi vida!
—¡Jessica, por Dios! ¿Qué te sucede? ¿Cómo quieres que no me preocupe cuando veo como un hombre te deja tirada inconsciente en la acera? ¡Estabas drogada! ¿Sabes lo que eso significa? —Se levantó de la cama y se colocó justo frente a ella.
—Sí, eso significa que en esta familia no eres la única que usa drogas hermanita. Deja de hacer el papel de santa porque no te queda, tú eres la menos indicada para juzgarme porque, aunque todos creen que eres un blanca paloma, yo sé que no es así. —Jessica imitó la acción de levantarse—. Tú eres la menos indicada para juzgarme cuando tienes un pasado tan turbio.
—No estamos hablando de mí. —Miles de recuerdos venían a su mente—. Sabes cuales son las consecuencias de la droga.
—Sí, claro que lo sé, no tienes por qué recordármelo. ¡Eso lo aprendí el día que los encontré a ti y a mi hermano inconscientes por una sobredosis! —Bella no supo cuánto tiempo estuvieron en silencio viéndose a los ojos. Con el dedo índice golpeaba el pecho de Bella haciéndola retroceder—. ¡Por tu culpa la familia se arruinó! ¡Por tu culpa mi vida es un infierno! ¡Por tu culpa nada está bien en mi vida! ¡Por tu culpa todo me sale mal!
—¡Creo que ya es hora de que dejes de culparme por todo lo que sale mal en tu vida y empieces a culparte a ti misma! —Con sus ojos anegados en lágrimas respiró profundo y se atrevió a decir algo que nunca había dicho en voz alta—. Es evidente que ante tus ojos yo soy una desgracia, pero hay muchas cosas que no sabes Jessica, es hora de que crezcas y madures de una buena vez. Seth solo fue una víctima de Charlie y Renée fue solo una marioneta en sus manos, al igual que tú y yo. La familia esta cimentada sobre una caja llena de mentiras, muchas cosas están guardadas bajo el tapete donde nadie las ve. Tú me juzgas pero no sabes por todo lo que he pasado.
—¡Por Dios, Isabella! No uses ese tonito de miseria, eso no funciona conmigo. La muerte de nuestro hermano fue un gran golpe para esta familia, pero la muerte de tu querido Mike terminó de destrozarnos. ¡Tú los asesinaste a ambos! Por eso tuvimos que irnos de Forks. —Eso provocó que Bella le diera una cachetada a su hermana tumbándola sobre la cama.
—¡Tú! Mocosa inmadura. ¡No sabes nada! El día que decidas crecer entenderás muchas cosas, algún día te diré toda la verdad.
—¡No tengo nada que entender! Cuando huimos del pueblo por tu causa me obligaron abandonar mi vida, mis costumbres, mis amigos, ¡y todo por ti! ¡Nadie se detuvo a preguntarme si quería abandonarlo todo!
—¡Yo no soy culpable! No de todo lo que tú piensas, pregúntales a tus queridos padres la verdad, quiero ver si son tan valientes para decírtelo todo.
—¿Y qué podrían decirme? ¡Nada que yo no sepa ya! Deja de mentir.
—No estoy mintiendo. —Respiró profundo nuevamente—. Solo pasé por aquí para ver como estabas, no fue nada agradable verte así esta mañana. —Se marchó de la habitación con la certeza que su hermana no se detendría hasta que estuviera totalmente arruinada. Beth ya estaba en su habitación, había escuchado todo así que solo abrió sus brazos y dio todo su apoyo a Bella.
—No pensé que le dirías eso a Jessica.
—Yo tampoco, pero era necesario.
—¿Quieres hablar sobre eso?
—Sí, de hecho te debo una explicación por lo sucedido estos días. —Y fue así como Bella le contó a su nana todo lo sucedido con Edward.
—Nana, por favor, dime algo… no te quedes callada. —Beth no había dicho ni una sola palabra durante el relato, tenía una certeza y estaba segura que Bella aún no veía las cosas con claridad.
—Estás enamorada…
—¿Qué? ¡Claro que no! ¿Qué pregunta es esa?
—No te lo estoy preguntando… ¿Estás consciente del gran peligro que corriste esa noche? ¡Debieron haberte drogado! Además, estás enamorada de ese hombre y por lo que me dices, no me parece que sea lo mejor para ti.
—Nana, por favor, no estoy para que me regañes. Cuando tenga la oportunidad le preguntaré al señor Cullen sobre lo sucedido esa noche. Como te dije, tenía planeado hacerlo el día que fui con Caroline a su departamento.
—Cariño, sé que no conozco a ese hombre y que, por lo tanto, no debo juzgarlo, pero presiento que no es bueno para ti. ¿Estás muy enamorada?
—Yo no estoy enamorada.
—Bella… te conozco. Sé que lo estás, solo que no lo quieres admitir. Puedes engañar a todos, pero a mí no. —Bella sabía que Beth tenía toda la razón. En efecto, ya sentía algo por Edward, no sabía muy bien qué era…pero algo sentía por él.
—Bueno, como sea. De todas maneras, mañana voy a renunciar y no lo veré más. —Una mueca de dolor se dibujó en su rostro.
—¿En serio piensas renunciar? ¿No crees que es algo muy inmaduro de tu parte? Si lo que quieres es independizarte no vas a lograrlo siendo tan débil. Te estás dejando dominar por tus sentimientos, debes ser más racional y empezar a tomar las riendas de tu vida.
—Sí voy a renunciar. ¡Edward me descontrola! Juega con mi tranquilidad, mi cordura y mis nervios, es… ¡es desesperante!
—Tu padre también es un hombre difícil.
—Sí, pero a él puedo soportarlo, a Edward… Edward me intimida, no puedo dejar de pensar en él, no puedo explicar lo que me pasa.
Y con esas palabras, Beth confirmaba que su niña estaba enamorada. —¡Dios! Solo quiero que si ese hombre no es para ella… lo apartes de su camino, no quiero verla sufrir más…
A la mañana siguiente se vistió con unos pantalones de Jean, blusa negra con brillantes, zapatos y chaqueta azul, recogió todo su cabello y colocó un maquillaje ligero sobre su rostro. En el camino iba pensando qué le diría a Billy. —¡Por mi cobardía, Billy se decepcionará de mí! ¿Por qué todo tiene que ser tan difícil?... A mitad del camino su celular comenzó a timbrar, era Caroline, cosa que le pareció extraña.
—¿Caroline? ¿Pasó algo?
—No pasó nada, es que necesito que me ayudes, es urgente.
—Dime en que te ayudo.
—Ayer olvidé comprar comestibles, solo me encargué de la cena y el postre, pero no conté el desayuno y Jasper ya se despertó. Ahora se está duchando y no tengo nada que prepararle… ayúdame. ¿Puedes comprar algo y traérmelo?
—Está bien, va ser algo muy sencillo o sino puede que tarde un poco.
—¡No! Algo sencillo está bien, cuando llegues envíame un texto, no quiero que se dé cuenta que me traes el desayuno, por favor.
—Bien, como quieras. —Se detuvo en una panadería y compró unos croissant, crema de queso para untar, jugo de naranja y café. Minutos después, una risueña, muy sonriente y casi desnuda, Caroline, con una camisa que supuso era de Jasper, recibía lo que había comprado.
—¡Gracias, Bella! Te debo una. Luego te cuento como me fue anoche, ahora márchate antes que baje y te vea aquí.
Mucho tiempo había pasado desde la última vez que vio a su amiga tan feliz.
Llegó temprano a la oficina, y Rita ya la esperaba en el pasillo.
—Buenos días, señorita Isabella.
—Buenos días, Rita. ¿Ya llegaron todos?
—No, todavía es un poco temprano, pero el señor Cullen ya está en su oficina junto con el señor Emmett. ¿Todavía sigue con la idea de renunciar?
—Es un hecho Rita, no quiero que por las desavenencias entre el señor Cullen y yo ustedes se vean perjudicados. Acompáñeme hasta presidencia, hablaré con él primero.
En la oficina estaban Edward, Emmett y Tanya, quien vestía pantalón beige, blusa gris, y chaqueta oscura de combinación. ¿Ella aquí, otra vez? ¿Es que no tiene oficina?
—Buenos días. ¿Puedo hablar con usted, señor Cullen?
—Isabella, querida, estamos un poco ocupados. Si quieres pide una cita para que Eddie pueda atenderte más tarde.
¿Eddie? ¡Dios, qué ridícula!
—No es necesario Bella, podemos salir un momento mientras ustedes hablan.
—¡Pero, Emmett! Estos documentos son importantes, ella puede esperar.
—¿Edward? —Emmett estaba ceñudo y miraba a su hermano, quien no había emitido palabra y miraba fijamente a Isabella.
—Está bien, hablaré con usted ahora mismo.
—¡Edward, esto es más importante! —Una Tanya furiosa trataba de aparentar calma.
—¡Ya hablé Tanya! Sabes que no me gusta que me contradigan. Esto puede esperar, así que te pido por favor, te retires.
¡SÍ! Por fin la puso en su lugar…
Así que no le quedó otra opción que retirarse de la oficina.
—Bueno, yo también me retiro. — Emmett se disponía a retirarse cuando Bella lo detuvo con su mano.
—No, mejor quédate, no tardaré mucho. Señor Cullen vine a presentarle mi carta de renuncia.
—¿Renuncia? Lleva unos cuantos días aquí. ¿Cuál es el motivo?
¿Motivo? ¿Te parece poco lo que ha pasado? ¡Es un cínico!
—Es evidente, señor, que las relaciones entre usted y yo no van por buen camino. Tenemos nociones completamente distintas y no vamos a llegar a un acuerdo, con eso los más afectados serán los empleados, así que prefiero retirarme antes de causar algún inconveniente o problema mayor.
—¡Usted no puede renunciar, Swan! —Se levantó de la silla y se dirigía lentamente hacia ella.
—¡No le grites, Edward! —Emmett odiaba cuando su hermano se comportaba de esa manera; sin embargo, Edward no le prestó atención, sus ojos seguían en Bella.
—A Billy no va gustarle nada tu decisión.
—Mis asuntos con el señor Black no son de su incumbencia.
—Está bien, no voy a insistirle. Está usted despedida.
—Es una lástima Bella, me hubiese encantado trabajar contigo. —Emmett no quiso rebatir la decisión de Edward pues sabía que sería inútil. Además, Bella parecía muy convencida, solo la abrazó tan fuerte que ella pudo sentir como sus huesos tronaban—. Disculpa a mi hermano, es un idiota.
—Bueno, no siendo más, hasta luego. —Se quedó unos segundos viéndolo fijamente, quería conservarlo en su memoria, tal cual era. Antes de colocar su mano en la perilla, Edward la sujetó del brazo, estaba tan cerca de ella que podía sentir su respiración en su oído.
—No te vayas… —Fue solo un pequeño susurro, estaba segura que Emmett no lo había escuchado. Su piel estaba totalmente erizada. —No debo llorar, no debo llorar…
Sin embargo, no tuvieron tiempo para cruzar otra palabra ya que un ligero toque en la puerta los detuvo, era Carmen, quien anunciaba la llegada del gerente del banco. Sin mucho ánimo, se soltó de su agarre y abrió la puerta para marcharse.
—¡Isabella! ¡Qué bueno encontrarte aquí! ¿Cómo has estado? —La voz le era algo familiar, era el gerente del banco Alemán; ya había trabajado con él mientras estuvo en la inmobiliaria, era una muy buena persona.
—Señor McFarland, qué sorpresa verlo aquí.
—La sorpresa es mía. ¿Estás trabajando aquí, querida?
—Sí, la señorita Swan trabaja para nosotros… Mucho gusto, soy Edward Cullen, presidente de la compañía.
—Mucho gusto, Edward. No sabes lo afortunado que eres de tener a Isabella en tu compañía.
Bella estaba confundida. No entendía por qué Edward había dicho eso, cuando segundos atrás acababa de aceptar su renuncia.
Por media hora, Edward platicó con el gerente, mientras ella, confundida, solo sonreía y asentía. Por otro lado, Emmett trataba de entender la actitud de Edward. —Algo le pasa con la chica… pero no sé qué es… ¿Cómo es que hace un segundo aceptó su renuncia y ahora dice que aún trabaja con nosotros?
—No tiene por qué darme garantías, señor Cullen. Quiero que la señorita Isabella sea nuestra intermediaria puesto que en los próximos meses estaré de viaje y no podré asistir a todas las reuniones. Confío plenamente en ella. Debo confesar que venía con intenciones de rechazar nuevamente la oferta, pero viendo que tienen a la señorita Swan en sus filas pues, estoy plenamente seguro de que todo saldrá bien.
—Lo siento señor McFarland, pero ya no…
—No se preocupe, si usted quiere que la señorita Swan sea su representante, así será. ¿Tiene algún problema, Swan? —Su rostro cambió, rogaba porque ella aceptara y no estropeara el contrato.
—Cla-claro, no hay problema. —Charlaron un rato más hasta que por fin el dichoso gerente se retiró con Isabella, quien iba con la excusa de acompañarlo hasta la salida.
—¿Qué diablos fue eso? Isabella no te agrada, ¿cierto?
Edward estaba con las manos en sus bolsillos viendo por la ventana. —La verdad es que no, esa chica tiene algo que no termina de convencerme, me desagrada.
—Y, entonces, ¿por qué le dijiste al banquero que ella trabajaba para nosotros?
—Emmett, el mundo de los negocios es muy voraz, no da tregua. Llevo casi cinco años intentando conseguir este contrato. Ese señor tiene fama de ser un hueso duro de roer, así que ella, sin quererlo, fue la carnada para que el pez mordiera el anzuelo… Hay que ser astuto, Isabella es un mal necesario.
—¿A qué te refieres con eso?
—Es algo así como la muerte… es dolorosa pero necesaria para que otros nazcan. ¿Comprendes? Ella y yo no congeniamos, pero nuestra unión es necesaria para llevar a cabo este gran negocio.
—¡Ja! ¿Así que ahora dependes de ella? Deberías conocerla fuera de estas cuatro paredes, es una buena mujer, no la lastimes, hermano. —Salió de la oficina pensando que las cosas entre Isabella y Edward irían más allá de una relación laboral. —Es inevitable para ambos, algo se viene entre estos dos… lo sé… lo presiento…
Nenas espero hayan disfrutado el capítulo...
¿Me dejan Reviews? No lo hagan por mí, háganlo por Edward...
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Disculpas por el retraso... pero he tenido unos días complicados.!
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