XI. Atar cabos sueltos.
-¡No puedes dejarme hablando sola!
- Pues no voy a hablar contigo hasta que te calmes.
- ¡Cómo no querías que me enojará contigo cuando me enterara que fuiste allá tú solo! ¿Qué pasa con nuestro equipo?
- Tu seguirás siendo siempre mi compañera de aventuras – El pálido domador no pudo evitar ponerse completamente rojo al decirlo – Pero debes aceptar cosas hay cosas que puedes hacer y otras que no. Además Lay ya estaba… - Se odiaría de por vida por esa última frase.
- ¿Lay?... ¡Ahora entiendo! ¡Te fuiste con ella no es así! – Elea se dio la vuelta con los brazos cruzados, ya no podía siquiera verle la cara su amigo.
- ¡No me fui con ella! ¡Ya me la encontré ahí y quiso ayudarme!
- ¡Claro! ¡Entiendo, cómo ella es domadora ella si tiene poderes y no es un inútil estorbo!
- ¡Yo no dije eso! ¡Sabes muy bien que yo no pienso eso!
- ¡Pues olvídalo, quédate con ella, al parecer es mejor compañía que yo! ¡Tu vida sería mejor sin mi en ella!
Sí tan solo hubiera sabido que esa podría llegar a ser nuestra última conversación… ¡Cómo me odie por ello! ¡Pensar que eso fue lo último que le dije! …
Y ahora esta aquí, frente a mí… me mira cómo a una desconocida, ¡Cómo detesto esa mirada, tan ajena y lejana! Todo lo que habíamos construido en estos meses juntos, nos lo habían arrebatado. ¿Pero quién y para qué?...
-¿No puedes verlos eh? ¡Ya lo sabía, esto debía ser una de las clásicas bromas tontas de Patty y Mattie! Sí ya terminaste, puedes irte.
- Mira, esto no es una broma… tu y yo solíamos ser mejores amigos, desde que me mude a Old Mill, y poco a poco fuimos descubriendo que tienes poderes Dom, y el que veas monstruos es uno de ellos. Tú eres un domador, dime, ¿No te haz sentido siempre cómo si no encajaras? ¡Es porque lo que te estoy diciendo es verdad! … ¡Te conozco a la perfección! ¡se me todas tus alergias, son 238!
- ¡Qué! Pero..
- Sé que tus mejores amigos son Timothy y Bombo, y también conozco a cada uno de los monstruos que viven aquí, tenía el poder de la vista que me había dado tu mamá, pero al no conocernos, eso nunca paso.
- ¿Mi mamá tiene poderes?
- Algo así no tantos cómo tu y tu padre… ¡Espera es cierto Zob esta aquí!- La pelirroja corrió rápidamente hacia el invernadero, y tal cual sus recuerdos, ahí estaba Zob miniaturizado en su pequeña casa de muñecas. - ¡Zob aquí estás!
- ¡Pero qué significa esto! – Timothy, quien estaba ahí con Zob saltó de espanto.
- ¡Oh Timothy que gusto me da verte! – Elena abrazó al gato que luchaba por liberarse de sus brazos.
- ¡Pa… papá!
- ¡Zick!
- ¡Pero… ¡ ¿Qué es esto? ¿Qué haces aquí? ¿Por qué estás así? ¿Por qué nadie me había dicho nada?
- ¡Zick hijo… si… soy yo!
- ¡Pero esto es una catástrofe! ¡Esto no debía suceder! ¡Bombo!
- ¡Decirme Timothy!
- ¡Llévate a esta intrusa fuera de aquí!
- ¿Qué? ¡No espera! ¡Debo hablar con Zick!
- ¡Mi sentirlo! – El bombo la cargo y la arrojó fuera.
- ¡Es inútil, el no me creerá! Creo que lo mejor será que encuentre yo sola a quien hizo todo esto y lo resuelva para que todo vuelva a la normalidad.
Elena se levantó del suelo y se fue determinada a su casa, a revisar el manual y atar cabos para descubrir el plan de quien quiera que sea.
Rápidamente cayó la noche en Old Mill. El joven domador no terminaba de entender todo lo que su padre y el tutor le acababan de rebelar. La explicación de su naturaleza, el mundo de los monstruos, el exilio de domadores, la miniaturización de su padre. Eran demasiadas cosas para que pudiera comprenderlas. Pero no podía dejar de pensar en ella, cómo fue que ella lo sabía todo… ¿Y sí de verdad estaba en peligro? Después de todo, había sido sincera con todo lo demás.
-¿En qué piensas hijo? – El domador subió al marco de la ventana por la que su hijo estaba mirando.
- En aquella chica. Se veía realmente preocupada. Creo que sí es honesta con nosotros papá.
- Yo no lo se hijo, hay creaturas malas que pueden tomar otras formas y confundirnos.
- Sí pero… no se cómo explicártelo, hay algo en ella que me resulta… familiar. Cómo sí la conociera de toda la vida, me hace confiar instantáneamente en ella.
- Ella llegó y lo desordeno todo, tu no debías enterarte de todo esto. ¡Para mí esa arpía es la malvada en esto y trata de que caigas en su trampa! – El tutor se unió a la conversación.
- No lo se Timothy, al menos así pude saber que mi padre estaba vivo. – El joven se levanto y se fue directamente a su habitación.
Las horas se fueron volando para Elena, no dejaba de buscar algo que pudiera ayudarla. Al no haber conocido a Zick, ya no tenía su manual, y su entrada al oasis estaba prohibida. En otras palabras, estaba prácticamente sola.
-Creo que lo mejor que puedo hacer es ir a investigar a las Anguanas, tal vez es ahí donde encuentre la respuesta. – Dijo mientras se colgaba su mochila de excursión.
- Es un lugar muy peligroso para que vayas tu sola.
- ¡Zick! ¿Qué haces aquí?
- Hable con Timothy y mi padre, ellos dijeron que lo del domador es cierto. ¿Quién eres y qué quieres conmigo?
- Soy Elena Patata, tu mejor amiga, y lo que quiero es volver a la realidad donde debemos estar, estoy cien porciento segura de que esto es una trampa, lo que quiere decir que estamos en peligro. De la realidad donde vengo tu aprendiste a ser un domador, y evitaste muchos planes de villanos, así que nos hemos ganado enemigos. Yo creo que uno de ellos te esta manteniendo alejado para actuar.
- ¿Tú crees?
- Sí, por eso al no conocernos, no pudiste convertirte en quien eras.
- Parece que eres una persona muy importante para mi.
- Sí… eso parece. – Elena se dio la vuelta e intento que el chico no viera su sonrojo.
- Por alguna extraña razón… yo confío en ti. Dime que necesitamos hacer y lo haré…quiero recuperar la vida que dices que teníamos.
- ¡Ya verás que no te arrepentirás! – Los chicos se sonrieron el uno al otro mientras ella ponía su mano en el hombro de él.
Entonces las palabras que le dijo Greta poco antes de darle el poder de la vista, resonaron en su cabeza.
"Su conexión es fuerte, y nadie puede quitárselas… Zick pretende ser rudo a veces, pero conozco bien a mi hijo, y se que jamás te dejaría por nada"
