11. Incomodidad

Arthur sintió pasos y abrió los ojos, estaba dormitando sentado en el suelo del baño. Miro a Manu quien con su cabeza apoyada en él dormía con tranquilidad. Al parecer el haber llorado hasta desahogarse lo había dejado más tranquilo. Lo acerco más a su lado y lo miro con expresión dulce, apoyo su cabeza sobre la de Manu y cerró los ojos, en eso la puerta se abrió.

— Cálmate Antonio, si Manuel está bien — reclamaba Francis entrando detrás de Antonio quien se quedo mirando a Arthur y Manu que al parecer dormían tranquilamente.

— Se quedaron dormidos — señalo Alfred. Al decir esto Iggy abrió los ojos con una mirada tan fría que Francis y Alfred solo se rieron con torpeza.

— No estés enojado — agrego Francis — si no fuera por nosotros no estarías ahora tan cerca de esa chica.

Arthur al escuchar esto miro a Manu que aun seguía dormido, pero en eso Manu abre los ojos con expresión de espanto, mientras su rulo se levanta en punta.

— ¡Antonio esta cerca! — se levanta de golpe quedando frente a frente de Antonio quien le sonríe con ternura y no alcanza a arrancar ya que Antonio lo atrapa en un fuerte abrazo.

— ¿Qué te paso Manuel? — Pregunto Antonio preocupado sin soltarlo a pesar de la resistencia de Manu — ¿Quién te hizo esto?

— Fue Arthur — respondió Alfred.

— Tu… siempre tan chismoso — murmuro Arthur molesto.

— ¿Por qué tanta crueldad con Manuel? — Antonio miro con expresión seria a Arthur — sé que es problemático, testarudo, grosero, de mal carácter…

— Puta weon, no me defendaí tanto — señalo Manu suspirando enojado.

— Pero es tan lindo, aunque no quiera reconocerlo — y lo abraza apretándolo más.

— ¡suéltame, weon! — grita Manu y nota que Antonio lo mira fijamente, lo suelta con suavidad y le da un beso en la frente.

— No te preocupes ya Papá está aquí — sonríe en forma paternal.

— Como… si eso me fuera a ayudar — murmura cruzando los brazos sonrojado por el beso de Antonio.

— Además te traje ropa — al decir esto agarra a Manuel de la mano antes de que este pudiera arrancar. — Necesito que te la pruebes.

— ¡Eh no! ¡Suéltame! — y le muerde la mano pero Antonio es inmune a las mordidas de Manu, ya está acostumbrado.

— ¿Dónde están las habitaciones? — pregunta Antonio a Iggy.

— … Arriba — responde Arthur con expresión de sorpresa, aun sin entender del todo lo que pasa.

— Muy bien, vamos — al decir esto Antonio agarra a Manuel, lo sube a su hombro y se lo lleva a pesar de que este va reclamando y pataleando.

Al llegar a la habitación deja a Manuel en el suelo y cierra la puerta, Manuel molesto cruza los brazos y se acerca a los ventanales.

— ¿Realmente que haces aquí Antonio? — Pregunta sin mirarlo — ¿Crees que voy a creerte el cuento de que te preocupas por mi?

— A veces me recuerdas tanto a Romano — murmura Antonio sonriendo.

— ¡No me confundas con ese idiota! — voltea molesto pero se detiene ante la seria expresión de Antonio.

— Yo me preocupe por ti, tu sabes que eso es así, se que cometí muchos errores contigo y tus hermanos — se acerca a Manu colocando sus manos sobre sus hombros — y tal vez ustedes aunque me perdonen, por dentro aun se sientan dolido conmigo… incluso puede que me sigan odiando.

— … no te odiamos — señalo tartamudeando Manu, bajando la cabeza.

Antonio lo abrazo sonriendo y Manuel respondió el abrazo en silencio, era agradable sentir esa sensación tibia y paternal que emanaba Antonio cuando lo abrazaba de esta forma.

— Cuando supe lo que paso vine lo más rápido que pude — murmuro — pero no estoy de acuerdo que quedes bajo la tutela de Arthur.

— No estoy bajo la tutela de Arthur… pero ¿te preocupa que Arthur sea malo conmigo o algo así?

— Preferiría que estuvieras bajo mi tutela — suspiro Antonio.

— … me da más miedo estar bajo tu tutela que la de Arthur — respondió Manuel con sinceridad.

Antonio solo se río. Luego poniendo una mano sobre la cabeza de Manu agrego.

— Bueno, bueno, vine aquí a traerte alguna ropa, como no tuve tiempo de juntar ropa de mujer en mi casa le pedí prestado a Japón algunas prendas ¿Qué te parece?

— … pero… esto — Manu se sonrojo mirando la ropa que Antonio le había traído.

Mientras en otro lugar.

— Listo, me voy — señalo Diego con seguridad levantándose — me voy a casa.

— No lo hagas, te arrepentirás si dejas a Manu — agrego Francisco con gesto preocupado.

— ¿Arrepentirme de dejar a ese boludo? Bah! Les apuesto que estaré mucho mejor sin el — responde y se para
Caminando hacia la salida.

— No lo creo, vas a sufrir mucho — dice José agarrándose de una pierna de Diego.

— Ya después será muy tarde — Francisco se agarra de su otra pierna.

— ¡suéltenme que igual me iré! — dice caminando a duras penas arrastrando a los dos.

— Dejen que se vaya — señalo Rosaura sentada tomándose tranquilamente una gaseosa — de todas formas si Arthur toma posesión de Manu, tendremos de vecino a una colonia Inglesa, quien sabe si esto nos brindara una mejor economía con un socio de esa envergadura.

Diego se detuvo y volteo lentamente a mirar a Rosaura que sonreía con expresión maligna.

— Imagínatelo Diego, Manu seria la concubina ideal de Arthur, ¿Qué digo concubina? No, sería suya por muchos años, o tal vez siglos o que mejor para siempre. Ahora si Manu cumpliría su sueño de ser el Ingles de Sudamérica ¿Qué te parece? — Rosaura se levanto y se sentó sobre la mesa cruzando los brazos.

— a… a… mi me da lo mismo — respondió Diego dándole la espalda.

— Bueno… — Rosaura se paro acercándose a Diego — es tu decisión, si te vas lo pierdes simplemente.

— Ya la perdí… en el momento que prefirió quedarse con Arthur ya la perdí — exclamo sin voltear y se fue corriendo sin que nadie lo detuviera.

— ¿Hasta dónde vas a arrancar? — Murmuro Rosaura seriamente —, aunque dieras la vuelta al mundo no podrás arrancar de lo que sientes dentro de ti… .

En la casa de Arthur, todos se encontraban en el salón principal, Francis junto a Alfred conversaban bajamente riéndose ante la seria y atenta mirada de Arthur, mientras Antonio se paseaba ansioso.

— ¿Ya Manu estas listo? — pregunto Antonio impaciente.

— ¡No! ¡No pienso salir así! — respondió molesto.

— No seas tímida y ven acá

— ¡Esto no tiene nada que ver con la timidez! — reclama

— Ven acá nadie se reirá

— Pero… ¡¿Cómo diablos quieres que ande así vestido?! — aparece en el salón muy sonrojado y molesto.

Francis se queda con la boca abierta y luego sonríe con picardía. Mientras Alfred se ríe mirando la expresión de Arthur. Antonio sonríe con emoción y Arthur se queda paralizado, totalmente sonrojado sintiendo que un enorme calor sube por su cuerpo. Manuel los mira a todos molesto aunque su rostro aun sigue rojo, vestida de sirvienta inglesa con orejas de gato, con un vestido tan corto que no deja mucho para la imaginación.

— Bueno, es que no podía evitar verte con ese traje — exclama Antonio abrazando a Manu —. ¡Te ves tan linda! — agrega con ternura.

— Y después no quieres que pensemos que eres un pervertido — murmuro Manu con expresión resignada. — Solo a ti se te ocurre pedirle ropa a Kiku — suspira

— ¿Y tu Arthur qué opinas? — pregunto Francis viendo la expresión atolondrada de Iggy.

— ¿Ah… que yo qué? — la verdad que ver a Manu vestido así, le hacía sentir tantas cosas a la vez y pensar tantas cosas que no sabía que responder — que… Manu se ve muy linda — señalo tan bajamente que casi nadie escucho.

— ¿Qué? — Pregunto Alfred acercándose — no te entendimos.

— Que se ve linda — murmuro nuevamente más bajamente.

— No te oímos nada — Alfred lo miro con gesto burlón.

— ¡Que se ve muy linda! — grito y al notar que acababa de gritar se cubrió la boca mirando a Manu que lo miraba sorprendido y sonrojado.