El Milenio de Plata

Escrito por: Tenou Haruka

Capítulo 10. Entrenamiento en la Luna

El sudor comenzaba a apelmazarle el pelo. Los ojos comenzaban a escocerle y tenía la boca seca. Rei
mantenía las manos unidas, intentando concentrarse en una oración mágica contra los demonios. Lady Saturno
le había dicho que tenía potencial místico y le ordenó que hiciera ejercicios mentales para adquirir
experiencia en el arte de la concentración.
La Reina Serenity había decidido que fueran las Outer Senshi las encargadas de los entrenamientos
de las Princesas de los planetas cálidos, al igual que las Inner Senshi se estaban encargando de las
Princesas de los planetas fríos. De esta forma se evitarían confrontaciones familiares y tratos de favor.
"¡¡Vamos, Rei, tú puedes!" gritó Usagi desde la puerta del gimnasio.
La princesa de Marte levantó la vista y el aura mística que la rodeaba desapareció, provocando una
bronca por parte de Lady Saturno.

Usagi quiso entrar varias veces a entrenarse pero Lady Saturno la echó gentilmente, diciéndole que
ella se entrenaría cuando llegase el momento. Usagi hizo pucheritos y miró de reojo a Rei. Makoto y Minako
le saludaron desde el centro de la sala y Usagi correteó hacia ellas pero Lady Urano la alejó de allí
alegando que las espadas con las que practicaban sus amigas estaban demasiado afiladas. Usagi sintió
lágrimas en los ojos pero al ver a Ami, junto a Lady Neptuno, sonrió abiertamente y corrió hacia ella.
Neptuno le sonrió y la acompañó gentilmente hasta la puerta del gimnasio, que cerró suavemente cuando la
Pequeña Dama estuvo en el pasillo. Usagi se arrodilló y comenzó a llorar miserablemente. Quería estar con
sus amigas. Hasta aquellos días no había tenido a nadie con quien jugar o hablar... las quería y deseaba
poder entrenarse con ellas. Su madre llegó hasta donde estaba y puso una mano sobre su hombro. Usagi
levantó una llorosa mirada azul y la Reina sintió un nudo en la garganta al ver tan apenada a su hija.
Decidió hablar con las Outer Senshi para que comenzaran a entrenar a su hija con las demás. Estaba mimando
mucho a su hija pero... no podía evitarlo.

Makoto y Minako estaban enzarzadas en un combate con espadas. Hacía unos días que comenzaron a
blandirlas y ya las manejaban con soltura, sobre todo Makoto, que parecía haber nacido para la batalla.
Lady Urano sonrió satisfecha al contemplar sus progresos. Makoto se parecía tanto a su hija que le dolía
menos encontrarla tanto a faltar. Entre los entrenamientos y sus obligaciones como Guerrero no tenía tiempo
para ver a Haruka. Cuando le dijeron que su hija y la princesa de Neptuno se llevaban bien sintió un
pinchazo en el pecho. Sentía mucho que Lady Neptuno y ella no se llevaran bien... aunque últimamente
estaban limando las asperezas. Incluso sus propios ataques en pareja comenzaban a mejorar otra vez, aunque
no llegaban al nivel de complicidad que compartieron hacía tantos años ya. Sonrió a Makoto y a Minako al
verlas luchar. Parecían valientes y, sin duda, estaban muy unidas. Quizás podría crear una pareja de
combate invencible entre las futuras Inner Senshi.

Lady Neptuno se encontraba con Ami, enseñándole a invocar al agua, su elemento natural. Como
Neptuno y Mercurio comparten ciertas similitudes en cuanto a sus poderes sobre el elemento acuático, la
Guerrero decidió entrenar a Ami en la adquisición de ataques acuáticos.
"Pero yo no soy fuerte, Lady Neptuno", se quejó Ami.
"La fuerza no lo es todo. En un combate no sólo interviene éso", señaló las espadas que blandían
las princesas de Venus y Júpiter. "Sino también ésto." le acarició la sien. "He estado leyendo alguno de
tus trabajos y creo que podrías ser una gran estratega."
Ami se sonrojó ligeramente. Su madre siempre le enseñó a pensar primero y actuar después. Se
parecía tanto a Lady Neptuno... le gustó inmediatamente aquella mujer de belleza apagada y mirada triste.

Rei, Ami, Makoto y Minako estaban reunidas en un rincón del gimnasio. Estaban tomándose un descanso
y bebiendo refrescos.
Lady Urano se acercó a Neptuno.
"Neptuno... El planeta Saturno ha estallado en Guerra. Todavía no han llegado disturbios a Urano
pero no descarto que la guerra pueda abarcar en un futuro cercano a todos los planetas exteriores. Al fin y
al cabo nuestra situación política es bastante inestable."
"¿Necesitas ayuda?" preguntó Neptuno en voz baja.
"No... creo que de momento mis soldados pueden salvaguardar las fronteras del planeta. Quien me
preocupa es Lady Saturno. Me han llegado rumores que dicen que ha sido Titán el causante de la guerra. ¿Tú
qué crées?"
"Yo creo que tienes razón. Titán siempre ha maltratado a Lady Saturno. ¿Qué dice Lady Plutón?"
"No podemos contar con ella. Desde que se encontró el cadáver de Lord Charon no ha sido la misma.
Vaga constantemente por las Puertas del Tiempo, se dedica a viajar de una dimensión a otra. Quienes la han
visto dicen que ha envejecido 30 años en estos últimos seis meses."
"De acuerdo, pues. Enviaré un pelotón de soldados a Urano para que os ayuden con las labores de
contención".
"Gracias, Neptuno."
"No me malinterpretes, no lo hago por ti. Lo hago por el bien del Milenio de Plata y por la amistad
que compartíamos." contestó amargamente.
"¿Insinúas que ya no somos amigas?"
"Ya no puedo confiar en ti como antes. Eres mi compañera de equipo y mi pareja de combate... pero
no una amiga. Que te quede claro."
Lady Urano bajó la vista al suelo, entristecida. Cuando conoció a Umbriel, su marido, se dio cuenta
de que era un libertino, un hombre de gran atractivo físico que no conocía el significado de la palabra
fidelidad. Cuando supo que Umbriel era el prometido de Lady Neptuno hizo todo lo posible por alejarles y,
al final, fue ella quien se casó con el apuesto casanova. Una vez casada, creyó por un momento que Umbriel
había cambiado, sobre todo cuando nació Haruka. Pero su marido seguía siendo el mismo granuja de siempre.
Neptuno nunca se lo perdonó y, despechada, se casó con Anfítrite, un viejo amigo suyo, un hombre de poco
carácter.
El destino puede ser muy cruel y, mientras que Lady Neptuno vivía en armonía con su marido, o eso
parecía, ella se había separado del suyo y había perdido su vieja amistad con Lady Neptuno. Asintió a su
compañera de lucha (ahora sólo eran eso) y acudió junto a las princesas, para enseñarles tácticas de ataque
terrestre.

Lady Saturno observaba los entrenamientos con la mirada perdida. Hacía noches que no dormía...
parecía que se trataba de años. Las ojeras moldeaban sus ojos con tristeza, con cansancio. Sonrió
ligeramente cuando vio los progresos que hacía Rei en sus técnicas de concentración. Cerró los ojos
momentáneamente y vio espadas, cuerpos mutilados sobre la tierra, escuchó gritos agónicos, de dolor... vio
sangre y destrucción. Y vio una enorme figura riendo a carcajadas: Titán.