Hola:
Han pasado algunas semanas. He tenido mucho que hacer, pero de todos modos dejo el Dramione correspondiente.
Un saludo a todos y gracias a los que comentan
Yaem Gy
El Dije
Bellatrix se había adueñado por completo de la mansión. Por lo tanto Narcissa había pasado de un momento a otro de dueña y señora, a una simple allegada que debía observar con los puños apretados como su hermana dirigía el lugar con mano de hierro.
Los elfos domésticos corrían desesperados por toda la estancia obedeciendo lo mejor posible, para no provocar el terrible mal humor de la morena. Los demás mortífagos, que se encontraban apostados en el lugar como guardianes, hacían lo posible por mantenerse lejos de la favorita de su señor.
Mientras tanto Draco había sido obligado a recluirse en el despacho nuevamente, más por el hecho de no verle la cara a su tía que por seguir planificando sus próximos pasos. Pero las paredes pronto se le hicieron altas, estrechas y sofocantes. Poco a poco el lugar le comenzaba a parecer un pozo hondo en donde él estaba prisionero.
La mañana previa a navidad le llegó fría, oscura y seca. Había despertado de madrugada y por más que lo intentó no pudo volverse a dormir. Se quedó por largo rato allí acostado, cubierto hasta el mentón por las sábanas de suave tela y las mantas elegantes. Pero su pecho seguía frío. Al final ya no pudo soportar estar sin hacer nada y decidió levantarse. Tomó su bata y calzando unas negras pantuflas salió de su habitación. Caminó por los pasillos de su gran casa casi pareciendo un sonámbulo. Sin querer, sin proponérselo siquiera, estaba en medio de la fascinante biblioteca. Miró los libros y recorrió los estantes acariciando los lomos de fina cubierta. ¿Granger estaría extasiada de recorrer el lugar? El estaba seguro que sí. Pensó en leer un rato y tomó uno de los libros al azar, pero pronto desechó la idea. Sentía que había llegado al lugar por otra cosa.
Siguió recorriendo libros y libros, hasta que se topó con un cuadro alto y ancho como una puerta. Era el retrato de su Bisabuela Britania Malfoy, quien le regaló una delicada y gentil sonrisa. Allí aparecía joven, quizás de veinte a veinticinco años, riquísimamente vestida con un vestido de terciopelo, larga cola, un escote redondo y guantes blancos. En los rubios cabellos llevaba una preciosa diadema y ésta era completada por unos aretes de diamantes y un bello Dije de Golondrina. Su Bisabuelo se lo había regalado como un presente de compromiso y ella lo lucía orgullosa y altiva.
Según la leyenda su bisabuela había sido dada en compromiso a otro mago de gran familia y poder en circunstancias poco deseables, ya que este mago, venido de Irlanda se había encaprichado con su belleza y bajo presiones y amenazas había logrado obtener su mano. Pero Britania ya estaba perdidamente enamorada de Hirundo Malfoy, joven mago varios años menor que su rival. Ruadhrí O´Brien, como se llamaba el mago extranjero, no aceptó las suplicas y los rechazos de la joven y, en contra de la voluntad de todos, había hecho llamar al Mago encargado de la ceremonia nupcial para concretar de una vez su deseo. Fue entonces que la joven, quien había sido encerrada en una de las torres de su mansión, vislumbró por el alto balcón una golondrina plateada que luego de rodearla la instó a seguirla. Ella al mirar por la ventana vio al borde del bosque a un hombre joven vestido de negra capa que le envió una escoba directamente a las manos. Britania sin pensarlo dos veces subió en ella y rauda bajó para lanzarse en los brazos de su amado. Hirundo entonces le hizo tomar una cuchara de plata y ambos desaparecieron del lugar sin dejar rastros. Ruadhrí estalló de furia. Sus rojos cabellos parecían un incendio incontrolable y tomando a la madre de su prometida, salió en la busca de los amantes. Les encontró en las altas montañas escocesas y poniéndole a su madre como carnada, esperó que Britanía abandonara a Hirundo. Ella, derrotada, besó en los labios con pasión a su amado e intentó entregarse a su captor. Mas, Hirundo la encantó para inmovilizarla y él, a pesar de ser muy joven se presentó frente a frente a su rival. La batalla fue terrible y desigual. Hirundo, Delgado, atletico, y de rubios cabellos, saltaba corría y se defendía pareciendo una presa a punto de ser cruelmente cazada. Ruadhrí casi caminaba con parsimonia. Tan poderoso era, muy alto, fornido, casi parecía un gigante. Pero luego de acorralarlo en un precipicio, Hirundo dio la vuelta y lanzó un Diffindo que le marcó a Ruadhrí la cara de mejilla a mejilla. El pelirrojo, iracundo, le lanzó un encantamiento aturdidor y Hirundo cayó por el barranco. Ruadhrí, feliz, se acercó al borde para mirar con sus propios ojos a su víctima cuando de repente una golondrina plateada se le lanzó desde el fondo como una lanza. El irlandés de la impresión soltó la varita y luego se oyó una voz agónica que gritó ¡Expelliarmus!
Ruadhrí cayó dando un grito espantoso y el golpe de su cuerpo contra las rocas del fondo resonó horriblemente. Hirundo, los huesos rotos, mandó nuevamente su patronus para pedirle ayuda a la madre de su amada. Una vez rescatado del abismo, solo pasaron unos días y una buena dosis de poción crecehuesos para que el joven se recuperara. Después de eso el Joven Malfoy le regaló la joya a su amada la cual era en realidad el significado de su propio nombre.
Draco seguía mirando el bello rostro de su antepasada y al mirar nuevamente la joya su mente se aclaró. Dio la vuelta y volvió a su habitación. Media hora después salía a hurtadillas de la mansión.
Llegó a primeras horas de la mañana a un edificio alto, con rejas de fierro forjado y marcos ricamente trabajados. Golpeó la puerta y al abrirse el hombre que lo contempló se puso de un blanco sepulcral.
-Se.. Señor Malfoy-
-Articus, tanto tiempo sin verte-
-Eh… señor… yo-
-No temas, no vengo a amenazarte ni a nada parecido. Solo quiero que me hagas un servicio-
El hombre le miró desconcertado por un momento. Bajo, calvo y de piel arrugada, le llegaba al hombro al joven.
-Pase, pase. El fuego ya ha sido encendido. Me imagino que debe sentir frío-
-La mañana esta algo fresca-Sonrió.
Draco paseó los ojos por la estancia y vio los mesones llenos de herramientas y metales. A un costado las gemas.
-Aun tienes la mala costumbre de dejar los tesoros a la vista Articus-
-Los metales y las piedras son solo eso hasta que las forjo. El verdadero tesoro, lo tengo en las manos, joven Malfoy-
-Es verdad querido amigo. Es por eso que acudo a tus servicios. Quiero que tus manos me forjen una joya-
-¿Cual es su deseo mi señor?-
-Quiero que me hagas un Dije. Toma este diamante y transfórmalo en gorrión-
Articus entonces puso manos a la obra. Tomó sus herramientas mágicas y mezclando y forjando transformó la piedra. Luego comparando los diferentes metales vio que la joya quedaba perfectamente engarzada en un soporte de platino. Al final la cadenita hecha del mismo metal completó la obra de arte.
-¿Algún sortilegio para la joya mi señor?-
-Que agite las alas cada vez que ella este feliz. Y que se conecte con este anillo. Así siempre sabré donde esta-
-Oh, entiendo mi señor. Joyas de amor inquebrantables. Como la de sus bisabuelos-
Draco le entregó el anillo que el mismo orfebre le había confeccionado como regalo de su padre cuando cumplió los quince años. También estaba coronado con un fino diamante y retenido en platino. El mago tomó ambas joyas y comenzó a lanzarles toda una suerte de encantamientos. Al final ambas joyas emitieron una luz plateada que iluminó todo el lugar.
-Está hecho mi señor. Las joyas están listas-
-Gracias Articus. No sabes el servicio que me haces. ¿Cuánto es el precio?-
-Yo sería bien, si Ud. Intercede por mí cuando el caos se presente. Ud sabe lo de mi esposa-
-Articus… si los planes del Señor tenebroso se cumplen, no habrá poder alguno que pueda interceder por ti. Te aconsejo aceptes mi dinero, tomes tus cosas y marches con tu esposa a donde la ira del innombrable no te alcance. Pero deberás hacerlo con cautela. Eres el mejor orfebrimago que existe. Tu ausencia será notada rápidamente-
-Tendré presente su consejo mi señor-
-Y yo te tendré siempre presente por hacerme estas joyas. Para mí valen mucho más que el valor que otros pudieran darles. Te estimo Articus. Espero Merlín cuide tus pasos-
La vuelta a Hogwarts nunca había sido tan esperada por el rubio. Aunque sabía que su madre estaría constantemente vigilada, él no podía negar el alivio de alejarse de la loca de su tía.
Llegó temprano pues Snape programó su Chimenea de las primeras. Al salir el cetrino mago le miró detalladamente.
-Malfoy. Te veo algo ojeroso. Y he sabido que tuviste una visita muy inquietante. ¿Las fiestas fueron muy agitadas?-
-Solo lo que estuvo a la altura de nuestra invitada. Permiso, debo ir a mi habitación-
-Muchacho. Aún tenemos una conversación inconclusa-
-Pues para mí está acabada. Le pido no me…-
Pero no pudo terminar la frase porque Crabbe llegaba en ese instante abruptamente. Draco aprovechó la situación para escabullirse y dejar otra vez a Snape sin resultados.
A media tarde ya todos los alumnos habían llegado a sus respectivas casas. Malfoy miraba despectivo a sus compañeros y deseó que pronto llegara la noche. Estaba ya harto de tanto ruido. Goyle y Crabbe se le acercaron y él les confirmó que los planes seguían sin alteración y ellos, molestos, se alejaron pues él no aceptaba negaciones. Llegó a su cuarto y esperó. Cambió sus ropas y ya a las nueve se escabulló por la puerta y se dirigió a la lechucería. Después caminó a grandes zancadas hasta llegar a su destino.
Una figura llegó y su sombra se dibujó en la pared. Caminó unos pasos cautelosos y al no ver a nadie se asomó por el balcón. Los guantes y el gorro hacían una linda combinación.
-Sabía que vendrías-
Hermione dio un respingo y al darse vuelta vio a Malfoy recostado en el umbral. El muchacho tenía los brazos cruzados y una preciosa sonrisa en los labios.
-Me diste un susto. No te vi al llegar-
-Se esconderme. Solo aparezco ante quien deseo ser visto-
Hermione no hablo de inmediato. Lo miró y luego retiró la mirada nerviosa.
-¿Que tenías que decirme? Me sorprendió tu mensaje-
-Solo quería saber si habías pasado unas felices fiestas-
-eh… si, disfruté mucho con mi familia-
Draco se fue acercando suavemente a la chica y Hermione comenzó involuntariamente a dar pequeños pasitos hacia atrás. Draco al notarlo se detuvo en seco y frunció el ceño.
-Pensé que ya no me tenías miedo-
-Nunca te tuve miedo. Solo me pones un poco nerviosa-
-¿ya no confías en mí?-
-Aún no confío del todo. Eso toma su tiempo. Recuerda que fueron muchos años de peleas-
-Haces bien. Nunca es bueno confiarte mucho de una serpiente. Tienen a morder-
-¿Me morderías?-
-Ya no lo hice-
El chico la miró profundamente a los ojos y un súbito impulso tuvo que ser refrenado. Aún así le tomó la mano y la comenzó a mover hacia uno escalones cercanos.
-Tengo algo para ti-
-¿Qué cosa?-
-Siéntate- Y la acomodó para sentarse luego a su lado.- Es un presente de Navidad. Espero te guste- Sacó una pequeña caja de terciopelo verde y la puso en las manos de la chica.
-Draco… yo… yo no te traje…-
-Nunca esperé algo a cambio-sonrió- Mi regalo será que lo aceptes-
Hermione abrió la bella cajita y de ella salió un brillito como de estrellas. La chica abrió totalmente los ojos y luego miró al joven como atontada. Pero nada dijo por largo rato. Estaba en shock.
-¿Te quedarás así toda la noche?- Rió Draco de pronto. La cara de Hermione era un poema.
-Draco… no… no puedo… esto es demasiado para mí-
Él sacó el Dije y desabrochando el cierre, rodeó con los brazos a la joven y se lo posó en el cuello. Al instante el pajarillo agitó sus plateadas alas.
-Vuela-Dijo en un susurro la castaña
-Y lo hará cada vez que estés feliz. Jaja. Creo que te gusto mi regalo-
-Draco esto es demasiado valioso. No puedo aceptarlo-
-Ya es tarde. Al agitar las alas el gorrión te ha reconocido como su dueña y ya no podrás librarte de él.-
-Tiene sortilegios. Malfoy me hiciste un encantamiento- se ofusco la chica y se levantó con las mejillas rojas.
-Vaya… volvemos a los apellidos Granger. No pensé que mi gesto te disgustara tanto- Su sonrisa se había borrado. Se sentía decepcionado por el giro que estaba teniendo la situación- Solo quería darte algo bonito- Tomó la caja y la cerró. Se levantó y la miró fijamente.-Me equivoqué, lo siento. Aquí tienes la caja. Adiós- Y comenzó a dejar la estancia.
-Tienes que llevártelo. Te dije que no puedo aceptarlo-
-Lo siento Granger. No lo quiero de vuelta- y a pasó rápido comenzó a bajar las escaleras, Su desazón comenzó a invadirlo.
-No…Malfoy… Malfoy… Draco- Corrió la castaña por las escaleras y lo alcanzó cuando ya estaba por abandonar la torre. Le tomó del brazo pero él no se giró.
-Es tarde. Filch ya debe estar rondando los pasillos. Vete a tu habitación. Buenas noches- Y trató de deshacerse del agarre.
-Draco… no te marches así. Yo… es que… tu regalo me tomó por sorpresa-
-Adiós, Granger-
-No te alejes. Y no me digas Granger. Mírame por favor-
Draco se volvió y la chica le contemplo por largos minutos. Él no sabía qué hacer y prefirió quedarse estático esperando no sabía qué.
-Esta es la joya más fina que he recibido jamás y no puedo entender porque me la regalas. No debería aceptarla. Además tiene sortilegios… Pero el gorrión que la adorna es demasiado bello y me encantó que agitara sus alitas- Sonrió y el pajarito volvió a volar
Lo que pasó luego Draco no lo esperaba en absoluto. Hermione se lanzó a sus brazos y le dio un apretado beso en la mejilla.
-Gracias… Buenas noches- Y salió corriendo por los jardines. El gorrioncito volaba y ella sonreía con las mejillas sonrojadas.
Draco esbozó una amplia sonrisa mientras su mirada seguía los movimientos de Hermione. Se sentía pletórico y su corazón latía sin parar. Luego miró su anillo y el brillo empezó crecer. De pronto en la joya apareció una imagen. Una castaña con las mejillas encendidas cruzaba los pasillos hasta llegar al retrato de su sala común. El rubio la contempló hasta que la vio entrar a su habitación. Luego bajó la mano y dio un gran suspiro.
-Estás cerca… cada día más cerca- Susurró.
