Capitulo 11

Los días pasaron, pero las repercusiones sobre la fiesta de compromiso entre Candy y Terry continuaban. Eliza no había sido capaz de salir de la mansión de los Andrey sin ser asediada por los periodistas que buscaban una declaración suya. Si bien Eliza había soñado con ese momento, las circunstancias no eran las correctas. Pero lo peor de todo, había sido volver al colegio, donde tenía que soportar constantemente las burlas de sus compañeros. Sus amigas también la habían dejado de lado, Harper era la única persona con quien continuaba teniendo relación.

- Candy ha arruinado mi vida – Decía Eliza con rencor – Primero ha conseguido que expulsaran a Neil del colegio, y luego se atreve a robarme a mi prometido.

Harper no dijo nada sobre que Terry nunca había sido su prometido. Eliza estaba un poco loca, pero a ella también le agradaba la idea de vengarse de Candy.

- Solo tenemos que pensar bien el siguiente paso – Le dijo con calma – Lo que le paso a Annie será una pequeñez comparado con lo que Candy sufrirá.

- Si – Contestó la pelirroja con odio – Por cierto... ¿Ya has visto al médico para que te realizaran los estudios?

- No – Dijo Harper restándole importancia – Iré la semana que viene... no creo que se trate de nada malo.

- No te has sentido muy bien en estos días.

- Probablemente solo se trate de un malestar estomacal... en fin, lo más importante en estos momentos es planear lo que vamos a hacer con Candy.

- Tienes razón – Eliza se inclinó hacia adelante con una sonrisa malévola – Escúchame bien... esto es lo que vamos a hacer. Mañana tenemos clases de equitación ¿Verdad?

- Si.

- Pues... ¿Qué pasaría si la montura del caballo de Candy sufriera un desperfecto?

- Eso es imposible – Dijo Harper – El equipo siempre es revisado antes de las competencias.

- Tú los has dicho. Antes de las competencias, pero no de las clases.

- Entonces... ¿Piensas sabotear el equipo de Candy?

- ¿A quién crees que echarían la culpa? – Eliza estalló en risas – Accidentes como estos ocurren todo el tiempo.

Harper también rió. Eliza y ella tenían muchas cosas en común, y se había convertido en la mejor amiga que jamás había tenido. Después de todo, no había sido una mala idea haber ingresado a ese colegio.

ooo

Candy y Terry estaban sentados bajo el árbol de la segunda colina de Pony. Ya no tenían que preocuparse porque alguien los encontrara juntos, pues no era un secreto para nadie que estaban comprometidos en matrimonio.

La boda se realizaría el próximo año, aunque ninguno de los dos se mostro conforme con aquella arbitraria decisión, la verdad es que no querían esperar más tiempo para convertirse en marido y mujer.

- ¿Sabes una cosa? – Le decía Terry, mientras le acariciaba el cabello a su prometida – Creo que lo mejor será que nos escapemos y nos casemos. Mañana mismo si es necesario.

Candy rió por sus ocurrencias.

- Tu padre jamás te lo perdonaría.

- No me importa lo que él piense. No podrá hacer nada una vez que estemos casados – Profirió un largo suspiro – Me gustaría ir a América, y cumplir mis sueños de ser actor.

- ¿Eso es lo que en verdad deseas? – Le preguntó ella mirándolo a los ojos.

- Es lo que más he anhelado en la vida. Pero eso fue antes de conocerte a ti – Le dio un tierno beso en los labios – Ahora lo que más deseo es casarme contigo y formar una familia. Tal vez pueda cumplir mis sueños de ser actor más adelante.

- Iremos a América – Le dijo Candy con efusividad – Yo estaré siempre a tu lado, y tú te convertirás en el actor más cotizado del mundo.

- Creo que etas exagerando.

- Ya verás que no – Ahora fue Candy quien beso a su prometido – Solo tienes que prometerme que cuando seas famoso no vas a hacerme a un lado.

Terry rió y la abrazó fuertemente.

- En caso de que me convierta en un actor famoso – Le explicó él – Te prometo que siempre vendrás conmigo a todas las presentaciones, y no dejaras que ninguna fanática me acose.

- Eres tan tierno...

- No es eso – Bromeó él – Solo que con tu carácter se que espantaras a todas las mujeres que me miren más de dos segundos.

- ¡Terry! – Se separó de él y le golpeó el brazo.

- Esta bien... no te enojes – Dijo él entre risas – Era solo una broma.

- No me gusta.

- Lo sé – Volvió a abrazarla – Perdóname.

- Solo si me das un beso.

No tuvo que pedírselo dos veces. Terry tomó el rostro de Candy entre sus manos y la besó apasionadamente, teniendo que separarse minutos después de ella, pues el calor comenzaba a subir entre ambos.

- Hay algo que no te he dicho – Comentó Terry, adoptando una postura más seria.

- ¿Es algo malo?

- No, no... He hablado con Edwin.

- ¿Tu hermano?

- Si – Contestó él. Parecía preocupado – Al parecer las cosas no están yendo bien entre él y el duque.

- Entiendo... debe ser difícil para tu padre aceptar que uno de sus hijo tiene inclinaciones homosexuales.

- Edwin no está pasando un buen momento.

- Imagino...

- Le he dicho que contara con nosotros para lo que necesitase.

- Me alegra que hayas comprendido que debes ayudarlo – Candy lo miró con amor – También voy a apoyar a tu hermano. Me parece que ha sido muy valiente al aceptar su condición.

- Eres la mejor mujer del mundo.

Volvieron a fundirse en un apasionado beso. Terry sabía que no podía seguir así por mucho tiempo más, necesitaba casarse con Candy lo antes posible, o terminaría deshonrándola.

- Espera – La separó de él con delicadeza.

- ¿Qué sucede ahora? – Preguntó Candy con fastidio.

- No podemos... ya sabes...

- Nadie nos ve.

- La otra vez dijiste lo mismo – Le recordó Terry – Y apareció tu padre.

- No sabíamos que Max era mi padre.

- Si, pero yo casi pierdo mi hombría Le recriminó.

- No fue para tanto.

- ¿Qué no fue para tanto? – Exclamó Terry - ¡Estaba furioso!

- ¡Eres un miedoso, Terrence Grandchester! – Se burló Candy.

- ¡No lo soy! Pero le prometí que no te tocaría hasta después de la boda.

- ¿Y cuando fue eso?

- El día del compromiso. Supongo que tuvimos una charla de hombre a hombre.

Flashback

Terry había buscado un rincón alejado de su padre para escapar de sus presentaciones. Salió a uno de los balcones, esperando que el duque no lo encontrara allí, pero fue con otra persona con la que tuvo que enfrentarse.

- Debemos hablar – Le dijo una voz a sus espaldas. Terry volteó para encontrarse con el padre de su novia.

- Claro – Le dijo con nerviosismo, recordando la última vez en que habían mantenido una conversación. Aún sentía vergüenza por la posición en que Max lo había encontrado con Candy aquel día.

- Bien – Lo miró fijamente a los ojos – Escucha... sé que vas a casarte con mi hija, y como sabrás, no he puesto reparos en ello. Pero creo que, como su padre, me corresponde mantener esta charla contigo.

- Supongo...

Max se tocó la nuca, también estaba incomodo.

- No sé cómo comenzar. Todo ha sucedido muy rápido y no sé cómo se comportan los padres. Pero lo que sí sé, es que tengo que decirte algo, así que allí va... Si algún día llegas a faltarle el respeto y hacerla sufrir, juro por mi vida que te sacaré los sesos con una cuchara y te los haré tragar.

Terry no dijo nada, sabía que Max sería capaz de hacerlo.

- Una cosa más – Agregó el rubio – Si vuelvo a ver una escena como la de la otra tarde antes de la boda... - Se acercó a Terry y le habló al oído – Te dejaré sin descendencia.

Max se fue, dejando a Terry solo y completamente azorado.

Fin de flashback

Candy estalló en risas al escuchar el relato de Terry.

- No es gracioso – Le dijo él, ofendido.

- No puedo creer que hayas creído lo que Max te dijo. Él jamás te haría daño alguno, y tampoco impediría la llegada de nuestros futuros hijos.

- Es que no sabes nada de hombres.

- Sé lo suficiente.

- Entonces espero que entiendas que no podemos permitir que esto siga sucediendo. No estaremos juntos hasta después de casarnos.

- En ese caso... – Candy se acercó más a su prometido – Creo que aceptaré tu propuesta.

- ¿A qué propuesta te refieres?

- A la de casarnos mañana mismo.

Terry sonrió. Había pensado en ello como una fantasía, pero en ese momento no le parecía una idea tan descabellada.

ooo

- ¡He, Max!- Lo llamó el entrenador de los caballos - ¿Ya has puesto todas las monturas? El entrenamiento de las chicas comienza en 15 minutos.

- Estoy en eso.

- ¿Qué es lo que llevas allí? – Preguntó, señalando el bulto que Max llevaba bajo el brazo.

- Una montura nueva.

- No sabía que la administración había autorizado la compra de equipos nuevos.

- No lo ha hecho – Contestó el rubio, dirigiéndose Luby, la yegua que siempre utilizaba su hija – Yo compre esta montura con mi dinero.

- ¿Y eso? ¿No es esa la yegua de Candice? – Cuestionó el entrenador al ver como Max cambiaba la vieja montura por una nueva.

- Es un regalo.

- ¿Y porque le das regalos a una de las alumnas?

Max tragó en seco. Había comprado esa nueva montura porque quería que su hija tuviera lo mejor que él pudiera darle. Pero no se había puesto a pensar en lo que dirían las personas.

- Pues... – Tenía que inventar algo urgente – Gracias a Candy yo obtuve mi empleo, y quería agradecérselo de alguna forma.

- Entiendo – Contestó el entrenador mientras se dirigía a la salida. Pero antes de irse señaló la montura vieja y le ordenó – Colócala en Sunny. Su montura esta desgastada, y está es más nueva.

- De acuerdo.

Max terminó de ensillar a la yegua de Candy y fue a atender a los demás caballos, como el entrenador se lo había ordenado.

ooo

- Odio esta clase – Decía Patty – Creo que nunca seré una buena amazona.

- No es para tanto – Le contestó Candy, mientras terminaba de ponerse sus botas de equitación – Solo tienes que mantener el control sobre el caballo.

- Lo haces parecer demasiado fácil.

Candy rió. Sabía lo mucho que su amiga odiaba las clases de equitación. Ella misma también las había odiado cuando ingresó al colegio, pero gracias a Terry, había logrado superar su temor a los caballos, y llegó a convertirse en una de las mejores jinetes entre sus compañeras.

Ambas se dirigieron al campo donde ya estaban instalados las vallas de salto. Candy fue hacia donde Max se encontraba sosteniendo las riendas de Luby, una preciosa yegua de raza Silla Francés, con un pelaje negro brillante.

- Aquí está – Max palmeo el lomo de la yegua – He comprado una montura nueva para ti.

- No tenías por que hacerlo – A Candy le agradaba el modo en que su padre siempre intentaba consentirla, pero no le gustaba que gastase demasiado dinero en ella.

- No vas a impedirme que te siga dando obsequios.

Candy sonrió.

- De acuerdo – Tomó las riendas de Luby, pues la clase estaba a punto de comenzar – Gracias por la montura.

- Estaré observándote.

En el otro extremo de la pista, Eliza y Harper ya estaban montadas en sus caballos, observando cómo se desarrollaban los hechos.

- ¿Estás segura que dará resultado? – Preguntó Harper.

- Claro – Eliza estaba demasiado confiada – Me he encargado de todo esta mañana. Nadie se dará cuenta, todos pensaran que se ha tratado de un desafortunado accidente.

- Bien... – Harper observó hacia el frente, donde Patty estaba terminando su penosa demostración de salto – Es el turno de Candy.

Ambas se prepararon para ver el espectáculo que estaba a punto de desarrollarse. Candy comenzó con la rutina, ante la vista asombrada de todos, definitivamente, era una de las mejores en esa disciplina.

- ¿Qué demonios está pasando aquí? – Decía Eliza furiosa – Se supone que ya debería estar en el piso. Yo misma me encargue de sabotear su montura.

- Tal vez no lo has hecho correctamente.

- ¡No puede ser! – La demostración de Candy ya había acabado - ¡Esa huérfana lo ha logrado otra vez!

- ¡Eliza Leegan! – La llamó la profesora de equitación - ¡Eres la próxima!

Eliza cabalgó hacía donde debería comenzar su demostración, no pudiendo evitar dirigir una mirada de desprecio al pasar junto a Candy. No comprendía cómo había logrado salir airosa de su trampa.

En cuanto la profesora dio la orden, Eliza comenzó su demostración. Se sintió incomoda desde el momento en que el caballo salió galopando, algo andaba mal, y supo de que se trataba segundos antes de saltar la primera valla, esa montura no era la suya. No pudo hacer nada para detener el caballo, y salió despedida en cuanto el animal saltó.

Harper profirió un grito de horror al ver que su amiga yacía en el piso. Bajó de su caballo y se corrió al lado de Eliza.

- ¡Atrás! – Ordenó la profesora, quien ya se encontraba asistiendo a la pelirroja – Patty, avisa a la hermana Grey que ha habido un accidente y necesitamos un medico.

- Si.

- ¿Cómo pudo haber pasado algo así? – Preguntó la profesora.

Max, quien había estado viendo la demostración de su hija, fue inmediatamente a ayudar en lo que fuera posible. Se acercó para tranquilizar al caballo, y a unos pocos metros del animal, vio la montura que había cambiado hacia unos minutos. Fue hacia ella y la tomó, observándola detenidamente.

- Disculpe – Le dijo a la profesora – Creo que he encontrado el problema. Los latiguillos de esta montadura se han cortado.

- No puede ser – Interfirió el entrenador – Yo mismo me encargo de revisar todo el equipo para que no ocurran este tipo de accidentes. Además, esa montura no tiene más de un año de uso, y es de cuero de primera calidad. Es imposible que se haya roto por sí misma.

- ¿Y si alguien saboteo la montadura? – Opinó Max.

- ¿Quién querría hacerle daño a Eliza?

- Un momento – Dijo el entrenador y se dirigió al rubio - ¿Esta no es la montadura que te pedí le pusieras a Sunny?

- Así es – Contestó él – Hice lo que me pediste – Entonces Max se dio cuenta de lo que había pasado. Si era cierto que esa montura había sido saboteada, no era a Eliza a quien habían querido hacerle daño, sino a su hija.

En ese momento, un equipo de médicos se acercó al lugar y se llevaron a Eliza en una camilla.

Max apartó a Candy del resto de las alumnas para hablarle a solas.

- ¿Qué sucede? - Le preguntó ella, aún estaba consternada.

- Escúchame Candy – Le dijo, colocándole las manos sobre los hombros – Esto no se ha tratado de un accidente. Alguien ha cortado los latiguillos de la montura.

- ¡Oh, por Dios! ¿Quién sería capaz de hacer algo así? ¿Por qué a Eliza?

- No era para Eliza.

- ¿Qué? – Cada vez estaba más confundida.

- La montura del caballo de Eliza era la que te pertenecía a ti. El entrenador me ordenó que se la pusiera a Sunny.

- Eso quiere decir que... – No fue capaz de terminar la frase.

- Eso quiere decir que alguien intentó hacerte daño a ti.

- Dios mío – Candy abrió desmesuradamente los ojos, estaba horrorizada – Si tú no hubieras comprado una nueva montura para mí, sería yo la que en estos momentos estaría luchando por su vida.

- ¿Te has puesto a pensar que tal vez haya sido ella quien rompió la montura?

- ¿Eliza?

- Nadie más tendría motivos para hacerte daño.

- Pero entonces...

- No puedo asegurarlo, pero yo pienso que fue ella la culpable de todo ¿Cómo iba a imaginar Eliza que yo cambiaria las monturas minutos antes de la demostración.

- No puedo creerlo – Guardó silencio por unos segundos - ¿Crees que Eliza estará bien?

- ¿Cómo puedes pensar en ella después de todo lo que te ha hecho?

- No lo sé... me da lástima supongo.

- Eres demasiado buena.

ooo

Los señores Leegan llegaron junto a Neil y la tía abuela Elroy al hospital. Los cuatro estaban completamente desesperados por conocer el estado de salud de la pelirroja. Allí también se encontraban la hermana Grey y Harper.

- ¿Qué le ha pasado a mi hija? – Preguntó Sarah entre lágrimas.

- Señora Leegan – Dijo la hermana Grey – No sé cómo decirles esto pero... Eliza ha tenido un accidente. Se cayó de un caballo.

- ¡Dios mío! – Elroy se tapó la boca con las manos – Igual que Anthony – La historia se estaba repitiendo nuevamente, y ella temía perder a otra de sus sobrinas.

- Ella... ¿Está bien? – Preguntó el señor Leegan.

- El médico está atendiéndola... saldrá en unos momentos.

Los minutos se hicieron eternos, hasta que por fin, un hombre con bata blanca salió de la habitación.

- ¿Familiares de Eliza Leegan? – Preguntó.

- Somos nosotros.

- Soy el doctor Bentley – Se presentó.

- ¿Cómo se encuentra mi hija, doctor? – Cuestionó Sarah inmediatamente.

- La señorita Leegan ha sufrido un fuerte golpe en la cabeza al caerse del caballo, pero sus signos vitales están estables.

- ¿Eso significa que esta fuera de peligro?

- No podría asegurarlo – Contestó el médico seriamente – Las primeras 48 horas son cruciales para determinarlo.

- ¿Pero se pondrá bien? – Quiso saber bien.

- Los pronósticos son alentadores. Aunque...

- ¿Qué?

- Al sufrir un golpe en la cabeza no podemos descartar un daño neurológico. Pero eso solo lo sabremos hasta que despierte.

- ¿Podemos pasar a verla, doctor?

- Solo una persona.

- Iré yo – Sarah no lo consultó con los demás. Si alguien tenía el derecho de estar con Eliza en aquellos momentos, esa era ella.

Entró a la habitación y se acercó a su hija, que yacía inconsciente sobre la cama. Le tomó la mano, y se quedó con ella unos minutos, hablándole y deseando con todas sus fuerzas que despertara, y Eliza pareció haberla escuchado, pues unos instantes después, comenzó a removerse y a abrir los ojos.

- ¿Mamá? – Preguntó - ¿Eres tú?

- Si, hija – Le dijo con emoción – Soy yo.

- ¡Mamá! – Exclamó ella, dando un salto - ¡No veo! ¡No puedo ver nada!

- ¡Oh, Dios mío!

Continuará...


Mil gracias por todos los reviews =)

Espero que les guste este capítulo!

Besossssss