hello.. ke tal la stan pasando espero ke bien jeje
aki les dejo el cap 11 de esta linda historia espero les guste
recuerden ke nada me pertenece es solo una adaptacion
bye
Capitulo 11
Alice siguió con los ojos bien abiertos después de que Jasper cerrara la puerta detrás de él, dejándola sola en su habitación por segunda vez. No podía creerlo. ¿Calentarle el trasero? ¿Eso quería decir lo que ella pensaba? Le gustaría ver cómo lo intentaba. Aunque pensándolo bien, mejor no.
Echó una mirada al lavabo hacia donde la había empujado antes de marcharse. Ya que la había descubierto, no tenía ninguna razón para no lavarse la cara. Excepto una. Simplemente no tenía el derecho de darle órdenes y, además, la libertad que había saboreado desde la enfermedad de Dobbs era demasiado valiosa como para renunciar a ella. Dobbs aún podía pensar que él era el que mandaba pero Alice hacía lo que tenía que hacer sólo porque era necesario. Pero lo hacía cuando ella quería, no cuando se lo ordenaban.
Y ahora aparecía este demonio que actuaba como si tuviera algún tipo de derecho para asumir el control de su vida, privándola de su libertad y de su poder de elección, incluso de la opción de elegir su propio aspecto, y amenazándola con consecuencias siniestras si no obedecía de inmediato. Una tunda, para usar la palabra correcta. Dios, era gracioso. Le habían dado golpes que la habían afectado durante días a veces casi sin poder moverse, ¿y ahora tenía que alarmarse de un castigo de niño travieso? No la asustaba lo más mínimo pero, de todas maneras, no quería que ese demonio volviera a estar cerca de su trasero otra vez. Ni para dar una tunda ni para ninguna otra cosa.
Sin embargo no dudaba ni por un momento que el hombre hiciera exactamente lo que había dicho. Y ya le había demostrado con qué facilidad podía someterla a su voluntad por la fuerza. De modo que tendría que asegurarse de que no volviera a tener la oportunidad. Se puso en movimiento. En primer lugar, recuperó el cuchillo. Luego asomó la cabeza por la ventana con la mínima posibilidad de que algo hubiera cambiado allí fuera. Pero la vista era exactamente como ella la conocía: el suelo demasiado lejos para saltar, el árbol fuera de todo alcance, aun si empujaba hacia fuera el apoyo de la ventana y daba un salto. Se dio la vuelta y, a medida que se iba acercando a la puerta, rezaba una pequeña plegaria para que Jasper no estuviera esperándola del otro lado. Había sólo una escalera que conducía abajo pero había otra habitación al otro lado del pasillo contigua a la de Dobbs. Ambas habitaciones daban a la calle y tenían ventanas unos pocos centímetros arriba del techo en pendiente del vestíbulo. Alice estaba bien familiarizada con ese techo, ya que ella misma había reparado varias de sus tejas. Desde el techo sería fácil saltar al suelo. Luego simplemente desaparecería hasta que esos cuatro demonios se cansaran de esperar y se fueran a burlarse de alguna otra pobre muchacha.
De niña, solía marcharse durante varios días, una vez hasta una semana, cuando sabía que Dobbs la estaba buscando con el bastón. En todos los casos, regresó a casa para recibir una paliza aún peor que la que le habrían dado antes. No porque no pudiera sobrevivir en el bosque sino porque se sentía triste cuando estaba sola. Pero esta vez no tendría que alejarse por mucho tiempo como máximo unas horas. Y aun en el caso de que tuviera que permanecer lejos durante algunos días, ahora que era más grande, estaba segura de que la soledad no sería un problema.
Por un momento pensó en contarle a Dobbs su dilema pero enseguida se borró la idea de la cabeza. En el caso de que la ayudara, ¿qué podía hacer en su estado actual? De hecho, era mucho más probable que ayudara a esos diablos y no a ella si el precio era apropiado. Ya había visto con qué rapidez Jasper ofrecía su dinero.
Con el cuchillo en la mano, Alice apoyó la oreja en la puerta pero no pudo oír nada. En el mejor de los casos tenía aproximadamente dos minutos para desaparecer. ¿Se habría ido abajo para esperar? Quería abrir la puerta furtivamente para poder determinar si, después de todo, su propia ventana no era la mejor opción. Pero las bisagras de la puerta chirriaron. La única alternativa que le quedaba era abrirla de una sola vez valiéndose de la sorpresa si Jasper estaba allí. No estaba. Aunque tampoco tuvo la suerte de que el pasillo estuviera vacío. El hombre que se había presentado como Lazar Dimitrieff estaba allí de pie de espaldas a la puerta. Fue el único momento de suerte en todo el día y lo aprovechó rápidamente. Presionó el cuchillo contra su espalda antes de que pudiera darse la vuelta.
—Si se mueve un centímetro, señor, vamos a derramar sangre en este suelo, cosa que no me gustaría ya que seré yo la que tendré que limpiarlo más tarde.
—Entonces por lo que más quiera —dijo complaciente—, estoy a su disposición, princesa.
Alice se estremeció. Ella le había amenazado en voz muy baja y su respuesta, en comparación, sonó como un estallido de trompetas lo cual garantizaba la llegada de la caballería o de un demonio rubio.
—¿Debo entender que se considera sacrificable? —preguntó la joven al mismo tiempo que presionó más el cuchillo.
El comprendió el mensaje. En realidad los dos mensajes. De todas maneras no parecía demasiado preocupado aunque ya se podía ver un círculo rojo alrededor del agujero que le estaba haciendo en la chaqueta con el cuchillo.
—¿Qué es lo que espera lograr exactamente? —fue todo lo que quiso saber.
—Me marcho.
—Ah… ¿Entonces tiene intenciones de llevarme con usted?
—No más lejos de lo que sea necesario —le aseguró—. De modo que dese la vuelta lentamente cuando yo lo haga y siga dándome la espalda.
—A nuestro rey no le gustará...
—Por lo que a mí respecta su rey puede ir a la cumbre de un cerro —dijo con desprecio—. Es a ese diablo rubio, Jasper, a quien no quiero volver a ver... nunca más.
Ese comentario hizo que Lazar se echara a reír, lo cual hizo que Alice apretara los dientes.
—Creo que él siente lo mismo que usted en este momento.
—Me reconforta profundamente saberlo —respondió—. ¡Ahora muévase!
La puerta que estaba buscando estaba más cerca de las escaleras, de modo que caminó hacia atrás en esa dirección llevando a Lazar consigo. Echó un vistazo una o dos veces para asegurarse de que no surgiera ninguna sorpresa a sus espaldas. Sabía que se le estaba acabando el tiempo a menos que Lazar no hubiera estado allí solo para vigilarla sino para acompañarla abajo. No perdió tiempo en preguntárselo especialmente ya que ahora estaba colaborando. Tenía que concentrarse en pensar como iba a hacer para salir por la ventana y, al mismo tiempo, impedir que él la detuviera. Maldición, ¿por qué nunca había aprendido a usar una pistola en lugar de un cuchillo? Todo esto habría sido mucho más simple si no tuviera que mantener a Lazar junto a ella.
Ya casi había llegado a la habitación que quería cuando decidió que tendría que dejarle fuera en el pasillo durante unos segundos. Lo que sucedería a continuación sería un empujón en la espalda, un portazo y una zambullida a toda carrera por la ventana, para rodar por el techo del vestíbulo antes de que él entrara a la habitación. Y como era demasiado grande, no podría seguirla con rapidez. Estaría fuera de su vista antes de que pudiera hacer algo.
Otro paso la acercó a la puerta y a una sólida pared, un hombre inamovible. Mientras refunfuñó su frustración —¡había estado tan cerca!—, una mano grande apretó la suya y la alejó cuidadosamente del hombre que tenía delante.
—¿Qué crees que estás haciendo Lazar?
Alice pestañeó al oír que le formulaban esa pregunta a su cautivo rescatado y no a ella, como si hubiera estado ayudándola a escapar. Pero aún más importante, no era Jasper quien había hecho la pregunta sino ese hombre robusto al que llamaban Serge.
—La estaba complaciendo —respondió Lazar mientras se daba la vuelta y le quitaba lentamente el cuchillo de la mano a Alice—. Después de todo, pronto será nuestra reina.
—Ya lo es y con mucha más razón no debería estar jugando con cuchillos que pudieran lastimarla. Jasper debería haberle quitado el arma.
—Lo hizo pero supongo que le enfureció tanto que olvidó llevarse el arma consigo cuando la alejó.
Mientras tanto Alice apretaba los dientes. Le gustaba que la ignoraran la mayoría de las veces pero esto era ridículo.
—Si no les importa, apreciaría mucho si se dieran cuenta de que todavía estoy aquí aun cuando desearía no estarlo.
—Lo siento, princesa —Lazar le sonrió y de repente se echó a reír cuando la miró a la cara. —No creo que haya hecho lo que Jasper le ordenó ¿cierto? —le dijo a Serge.
Este último le tomó el rostro con la mano, lo giró hacia él y la observó rápidamente antes de dejar caer la mano.
—Parece que no.
Lazar volvió a mirarla con sus ojos azules profundamente divertido.
—He oído muy bien lo que nuestro amigo prometió hacerle si le desafiaba, Alice. Tal vez sería mejor que regresara a su habitación de inmediato y se lavara antes de que la llevemos abajo.
Eso sería lo mejor que podía hacer a estas alturas ya que estaba encerrada entre estos dos hombres y sus posibilidades de escapar estaban pospuestas por el momento. Pero Alice siempre había tenido un carácter rebelde y terco que había sido responsable de unas cuantas tundas recibidas a lo largo de los años. Y después de todo no le habían prometido una verdadera tunda de modo que prefería que supieran desde ahora que les iba a resultar lo más difícil posible, sin importar las amenazas que pudieran hacerle. Tal vez ellos decidieran que no valía la pena molestarse.
—Me lavo una vez por mes cuando tengo ganas —dijo con descaro, sonriendo para que no quedara ninguna duda de que era una mentira de la que no se iba a apartar—. Y me quedan, por lo menos, tres semanas para que me vuelva a acercar al agua otra vez.
—¿De manera que está dispuesta a desafiar a Jasper?
—¿Y usted qué piensa?.
Serge gruñó a sus espaldas. Lazar sonrió entre dientes. Alice intentó escabullirse de entre los hombres mientras estaban distraídos pero pronto descubrió que un brazo la sujetaba de la cintura en una actitud que, juraría, no era más que un reflejo.
—No es gracioso, Lazar— murmuró Serge sobre la cabeza de Alice ignorando por completo las manos pequeñas que le tiraban del brazo—. Va a lograr que Jasper se enfurezca aún más de lo que está. Ya está demasiado enojado como para estar presente.
—El ya lo sabe. Por eso se fue —Lazar le levantó el mentón para estudiarle el rostro ahora que al menos la mitad de su aspecto macilento había desaparecido—. Pero tengo la sensación de que su estado de ánimo no va a mejorar de ninguna manera —agregó pensativamente—. Esperábamos encontrar una belleza y parece que esto es lo que encontramos aquí después de todo.
—De todos modos daba la impresión de que le gustara más cuando pensó que no lo era —concluyó Serge con otro gruñido.
—Exactamente lo que yo pienso. Pero yo no me preocuparía por eso —dijo Lazar con un tono abiertamente jocoso—. Para variar no va a descargar su mal humor en nosotros. Se va a desquitar con ella.
Si había dicho esto para que Alice recapacitara sobre su postura necia no había tenido éxito. Aunque eso no quería decir que le gustara oírlo. Y decididamente no le gustaba la manera en que seguían hablando de ella. Apuntó a Lazar en el pecho con un dedo.
—Si debo casarme con su rey Emmett ¿por qué es Jasper el que me da órdenes? —preguntó.
Por alguna razón esta pregunta hizo que Lazar volviera a sonreírse. Obviamente se trataba de una broma que compartía con Serge ya que le miró antes de responder.
—Porque hasta que estén casados usted está al cuidado de Jasper por petición de nuestro rey. De modo que sería en su propio beneficio, princesa, que haga las paces con él en lugar de combatirle, ¿no le parece?
¡Dios, ayuda! Tenían una respuesta para cualquier pequeña discrepancia en su plan que ella intentara señalar.
—Lo que yo pienso no ha importado en absoluto hasta ahora. ¿Por qué tendría que importar ahora? Pero respóndame a esto. ¿El hecho de que esté al cuidado de Jasper significa que se puede tomar libertades conmigo?
Si todo lo que le habían dicho era verdad, que realmente iba a casarse y toda esa historia, entonces esa pregunta debería haber enfurecido a Lazar. Al menos le tendría que haber molestado. Pero su sonrisa ni siquiera vaciló.
—Jasper puede hacer lo que le plazca, princesa —dijo espontáneamente—. Al único que tiene que darle respuestas es al rey.
—Y a Emmett no le importaría en absoluto —acababa de señalar lo obvio.
—Emmett frecuentemente acata la opinión de Jasper. Después de todo son primos y Jasper es el mayor.
—Pero Emmett es el rey.
Lazar se encogió de hombros como si quisiera decir que todo quedaba en familia.
—¿Preferiría que Jasper fuera el rey? —preguntó.
—Ja! Lo que yo preferiría es que Jasper estuviera bien muerto.
—Desafortunadamente para usted, princesa —la voz de Jasper llegó a ellos desde las escaleras—, aún no lo estoy.
oh oh.. upss.. jeje Alice tiene ke tener cuidado kn lo ke kiere jeje..
ke les parecio el cap?
espero reviews
cuidence
