¿Serías mi San Valentín?

Capítulo 11

Aclaraciones:

Pareja: ¡Multi-pairing!

Disclaimer: El anime/manga Hetalia, al igual que todos sus personajes NO me pertenecen, pero esta historia es 100% mía.

Guías: "Citas y pensamientos"; historia narrada ; - diálogos -

Advertencias: Muuucho romance : Palabrotas xD.


- Momento 11 : Prusia x Hungría


Gilbert nunca pensó que las cosas resultarían como habían resultado. Él simplemente quiso jugarle una pequeña broma, un juego, una jugarreta que terminaría sin duda con ella persiguiéndole con sartén en mano y mil improperios saliendo de sus labios por toda la escuela.

Y no así. Con ella sentada en el piso marmoleado frente al tipo cuyo nombre no se molestó en aprender. Patética, derrotada, con el pelo revuelto y su vestido de escuela manchado con el chocolate, que tras la impresión, había caído de sus manos.

Una escena lamentable. Pero para el albino, lo peor de toda aquella desgracia que la envolvía, era sin duda que ella... estaba llorando.

Si. Ella. La marimacha de la escuela, la presidenta del club de natación y su amiga de toda la vida. Elizabetha Héderváry, la responsable de sus constantes dolores de cabeza y blanco de la broma que en esos instantes ya no le parecía tan genial como la había maquinado.

¿Y él? Él estaba en medio del tumulto de gente que se había aglomerado alrededor de ellos. Observando con aparente indiferencia y su típica sonrisa orgullosa en los labios, como su jugarreta había doblegado a tal punto ah aquella mujer hecha de hierro que su humillación se salía por sus ojos, en forma de muchas e interminable lágrimas.

¿Orgulloso? No, no lo estaba. De hecho, la sonrisa y el porte relajado de su cuerpo era solo una pose, una careta para ocultar el lío en el que estaba hecho su mente y su cuerpo, que en ese preciso instante padecía una especie de sensación desagradable que nacía de la boca de su estómago y se abría paso hasta su garganta. Un peso sin nombre que por mucho que quisiera negarlo sabía que era culpa, y quizás, una pizca de remordimiento.

Observó como ella se levantaba temblorosa y susurrando muy levemente un "Lo siento" se abrió paso entre el tumulto de gente y mirándole por un breve segundo, salió corriendo en dirección a las puertas del colegio. Dejando tras de sí, el murmullo de todas las personas a su alrededor y a un Gilbert petrificado por la mirada verdusca cargada de odio y humillación que le había dirigido. Un reproche sordo y silencioso que le cayó como una fuerte bofetada en pleno rostro.

Y se quedó allí, hasta que la gente poco a poco se fue dispersando, incluyéndolo a él. El puto señorito remilgado causante de todo aquello. El austriaco estudiante de intercambio que de no haber sido por su llegada, todo seguiría tal cual como siempre debió de ser.

Porque Elizabetha nunca se hubiera enamorado de él, y Gilbert… no abría tenido razones para arruinar aquellos chocolates.

Caminó unos cuantos pasos y recogió la caja olvidada en el suelo. La tapa había quedado perdida en el algún rincón por lo que a simple vista pudo ver su contenido. Justo en el centro, entre los pliegues de papel blanco y la base de bordado, una masa quemada y amorfa de chocolate que tenía escrito sobre la superficie, en letras blancas y toscas, una frase que Gilbert había querido decirle al estirado muchas veces, y por mucho tiempo.

"Jódete señorito remilgado."

Justo eso. Una frase acompañada con ciertos dibujos también hechos en blanco sobre la superficie, pero que no venían al caso mencionar.

Un conjunto de letras que en su momento le había causado mucha gracia, y que aún lo hacían, pero que en ese instante las ganas de reír se opacaban por el gusto salado que seguramente, las lágrimas de Elizabetha dejaron sobre sus labios.

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Una de las muchas ventajas de haber vivido tantos años en aquel mismo barrio. Era sin duda el hecho de que los vecinos podían hacerse muy conocidos.

Gilbert agradeció profundamente esa ventaja que le permitió la entrada a la casa vecina. Que dada la casualidad de la vida, pertenecía a cierta señorita castaña a la cual, con el dolor de todo su ego, le debía una disculpa.

Porque si. El leve, muy leve, sentimiento de culpa que había estado sintiendo ese par de días desde "aquel" incidente. Acompañado, por supuesto, con las muchas y largas reprimendas de su hermano menor, miradas tristes de Ita-chan y las poco agradables riñas de su par de amigotes. Habían bastado, y sobrado, para que Gilbert arrastrara sus pies hasta la puerta vecina y con nada más en sus manos que su determinación y las ganas de que todo volviera a ser como era antes, tocara la puerta roja y fuera recibido por la sonrisa de la señora Héderváry, que le sirvió amablemente una taza de té y le pidió que esperara mientras hablaba con su hija.

Plática que de hecho empezaba a aburrir de sobre manera a Gilbert. Puesto que, contando ese minuto, ya iban 15 desde que la madre había subido para "Hablar" con su hija.

Bufó exasperado y tomó la resolución de que si en 5 minutos más no bajaba la marimacha, él mismo subiría para zanjar todo ese asunto.

Aburrido, acercó la mano para acariciar a Gilbird en su cabeza, y tras alejarla por el dolor del picotazo que este le propinó, que por cierto fue muy fuerte, miró aún más aburrido a su alrededor. Repasando con la mirada la sala que desde que tenía memoria había visitado innumerables veces.

Las preguntas ociosas de "¿Cuántos días puede estar molesto un pollo?" y "¿Los pollos se molestan?" Se acallaron súbitamente tras mirar, por la rendija de una de las puertas a su alrededor, la mesa de la cocina sobre la cual sus problemas se había preparado. Por así decirlo.

Porque el "Por qué" de todo el asunto había empezado hace aproximadamente 3 días y unas cuantas horas. ¿Fecha? 13 de Febrero, ¿Lugar? Espiando desde la ventana de su casa como Elizabetha e Ita-chan parloteaban de lo más entretenidos mientras que con sus manos, hacían cada uno el corazón de chocolate respectivo para esas fechas.

En realidad todo había estado bien las primeras tres cuartas partes de esa hora, el problema vino después. Él había estado castigado por cierto "Incidente" que no llevaba al caso mencionar, pero que le había relegado a su habitación por ese y el día próximo a aquel. Y ya que no tenía nada más que hacer, se contentó con mirar la casa -Cocina- y molestar desde la distancia a la marimacha.

Todo normal, simple y aburrido. Hasta que empezaron a pincelar con chocolate blanco el nombre de la persona a la que estaba dirigida. Gilbert no erró en adivinar el nombre de su hermano sobre el chocolate de Feli, pero por poco y se cae de la ventana cuando vio el nombre del insufrible señorito en el chocolate de Elizabetha y no el de él. Cosa que le molestó, pero lo que verdaderamente le hizo perder los estribos fueron los suspiros poco disimulados de la castaña y el plan que se suponía él no debía de escuchar, pero que escuchó y fue la bomba causante de todo.

Está de más decir toda su travesía nocturna que le llevó a colarse por la ventana de aquella cocina y remplazar con gusto dicho chocolate con uno propio. Y comerse allí mismo el dulce chocolate curvilíneo y sabor a fresa de la muchacha.

Y eso era todo, el por qué y cuándo de esa situación que le había costado el enojo de todos y un par de días de clase para la castaña.

Pero eso iba a terminar de una vez por todas. Gilbert saltó del sillón floreado de la sala y a paso seguro subió las gradas que le conducirían al segundo piso.

No hubo necesidad de que la señora saliera de la puerta de al fondo a la derecha y que le indicara que podía entrar, él lo hubiera hecho de cualquier forma, pero hacerlo de ese modo era mucho más cómodo.

Esperó a que la señora Héderváry bajara las escaleras para entrar a la habitación. Y al hacerlo, fue recibido por el sartenazo más fuerte que alguna vez le hubiesen dado y que sin duda, fue el causante de los brillos parpadeantes en sus ojos y el dolor explosivo en su cabeza que tardó en aparecer y llevárselo consigo al suelo.

- Mierda… - Susurró mientras se sobaba la cabeza y las luces desaparecían para entrever a la muchacha que le miraba con las manos en la cadera y el entrecejo profundamente hundido.

- Te lo merecer idiota – Dijo Elizabetha, y con un suspiro se sentó en su cama mientras ocultaba disimuladamente sus ojos brillantes y levemente rojos.

Gilbert se percató enseguida de aquello, y sin perder tiempo trató de empezar con sus disculpas. Pero ha no sabiendas de por dónde empezar, rememoró el consejo que Francis le había dado para esa situación.

La palabra "Delicado" sobresalió entre todas, y "delicadamente" dijo…

- ¿Aún sigues llorando por lo del señorito? Olvídalo ya marimacha – Vale, la delicadeza no era lo suyo.

- ¡Cállate! Es todo tu culpa maldito alvino – Gritó la muchacha – Al menos deberías de tener la gentileza de pedir disculpas.

- ¿El grandioso yo disculpándose? Si claro, en tus sueños – Resopló – Es más, tu deberías de agradecerme el haberte dado mi grandioso chocolate. El tuyo ni siquiera sabía tan bien.

- ¡¿Qu-…?! ¡¿Te lo comiste?!

- Y no morí indigestado, ¿Un record verdad? Kesesese…

Y allí, el punto más bajo, la gota, la fibra sensible que levantó como resorte a Elizabetha, y herida en su amor propio tomó su infaltable sartén plomo y se acercó amenazadoramente al albino.

Gilbert seguía parloteando, y seguiría haciéndolo si no fuera por el aura amenazadora que se acercó a él y le mandó una descarga eléctrica que indicaba "Peligro", y le impulsó a correr todo lo que sus piernas daban del frio metal tan dolorosamente conocido para él.

- ¡Pero si solo era un maldito chocolate!

- Era el chocolate que hice para Roderich, ¡Y no para ti engendro!

- El señorito ese ni siquiera lo abría probado. ¿Ya le viste la cara de estirado que tiene?

Y fue lo último que dijo Gilbert antes de ser perseguido aún más furiosamente por la chica del sartén en mano por toda la habitación. Esquivando en su momento varios libros y demás que se perdieron en algún rincón de la habitación con un ruido sordo, y que fueron acallados por los "¡Ven aquí idiota!" y los "¡Te mataré!" de la muchacha y los "Kesesese" del muchacho que a los minutos fueron remplazados por ciertas sonrisas mal disimuladas y difíciles de ocultar.

Gilbert creyó que se había salvado del enojo del monstruo llamado Elizabetha, cuando de pronto el último sartenazo calló en su cabeza y lo llevó de cara al suelo.

La castaña se sentó sobre la espalda del caído y propinó algunos golpes que más que hacer daño estaba dirigidos para sacar lo último de su enojo, y desatar el nudo en su garganta que no le había abandonado desde aquel día.

- ¡Maldición! No sabes cuándo te odio en este momento, ¡Pero nunca puedo enojarme verdaderamente contigo! – Suspiró y se dejó caer al lado del adolorido albino aún boca abajo en el suelo.

- ¿Ya no estás molesta? – Dijo Gilbert, amortiguando su voz contra el tapiz del suelo.

- Cállate…

Y no se dijo nada más. Ambos estaban cansados de tanto correr y el enojo de Elizabetha aún no se había amainado lo suficiente. Puede que aún se necesitase algunos días para poder perdonar del todo a Gilbert. Pero ambos sabían perfectamente que el pasado ya había quedado allí, en el pasado.

Ahora solo estaban los dos en aquella habitación. Con un aún no cómodo, pero si soportable silencio que rara vez se formaba entre esos dos, pero que cuando lo hacía, simplemente sobraban las palabras.

Después de unos minutos Gilbert se sentó por fin apoyado contra la cama y posando sus ojos rojos sobre la castaña susurró…

- Oye… Lo siento.

Elizabetha le devolvió la mirada y sonrió.

- Solo tenías que decirlo… Idiota.

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¡Holaaa! Muchas gracias por leer hasta el final y ¡Espero que les haya gustado!

Ya era un tiempo desde que no escribía sobre alguna pareja hetero. Y… que les puedo decir, yo se que esta historia no es exactamente "Romántica" pero weee xD, es que me resulta algo raro volver a escribir de un personaje que ya había emparejado antes con alguien, y que de hecho aquí es el "Jodido señorito remilgado" jajaja q loco!.

Bueno este momento va dedicado a "NikoKittyPink" ; "Ahari" ; "Chica-anonimous", ¡Espero que les haya gustado chicas! Lo hice lo mejor que pude *3* y lamento si es muy largooo… se me pasó la mano, pero está hecho con el corazón :3

Aún me pregunto qué hago yo escribiendo esto en Marzo é_e, jajaja pero ya que falta poco lo terminaré lo más pronto posible :D.

Muchas gracias a todas aquellas personas que me dejaron reviews, me agregaron a follows y favoritos, *-* no saben lo feliz que me hace que aún sigan esta historia después de tantos capis, ¡Se les quiere! Y trataré de mejorar.

Se cuidannnn.

¿Críticas?, ¿Dudas?, ¿Sugerencias? ¡Háganmelos saber! :D