Les ruego me disculpen por no haber actualizado el sábado como siempre.

Cai enferma y no hubo manera de que me pusiera en el ordenador.

Aqui les traigo el siguiente capitulo.

Muchas gracias por su paciencia y espero seguir leyendo sus comentarios.

Saludos

Dama Felina


Su huraño ceño indicaba que iba a conseguir que la partida terminara siendo cualquier cosa menos agradable.

Cuando el duque se colocó en la silla frente a ella, relajó su semblante, esbozando una grata medio sonrisa y bajó ligeramente las pestañas para poder observar a su objetivo a su antojo sin que nadie mas se diera cuenta. Donde quiera que se hubiera escondido los últimos nueve años, estaba claro que habia sabido cuidar de si mismo. Su sorprendente regreso le habia convertido en la comidilla del lugar. Era atractivo, misterioso, poderoso…

Cuando contrajera matrimonio, nadie osaria enfadar a su esposa.

Era el candidato perfecto para lo que necesitaba. Con hermana irritante o sin ella, tenia que sacar el máximo provecho de aquella oportunidad.

El señor Potter repartió las cartas con mano firme y con una ligera sonrisa en los labios. Ahí estaba de nuevo, esa actitud que la ponía histérica. Qué hombre mas odioso. ¿Por qué siempre tenia la sensación de que se estaba burlando de ella? Como si conociera algún tipo de broma secreta de la que ella fuera la protagonista.

Jugaron las dos primeras manos sumidos en un absoluto silencio, roto únicamente por alguna que otra risotada de alguna mesa cercana o el tintineo de los vasos de cristal cuando los camareros pasaban cerca. Hermione estuvo pensando en varios temas de conversación, pero terminó descartándolos. La elección de un tema adecuado podía ser la clave para obtener un buen partido.

Luna comenzó la siguiente ronda.

- Está buscando algo, ¿verdad? –preguntó el duque, golpeando la mesa con sus cartas.

- ¿Cómo dice? –se enderezó en la mesa, indignada.

Hermione miró a su alrededor para ver si el estallido de su hermana habia llamado la atención de otras mesas. La atención del duque, desde luego, estaba centrada en la hermana Granger mayor, que no era precisamente lo que ella quería. Queria a su hermana. A veces incluso le gustaba. Pero si la negativa de Luna a casarse habia demostrado algo, era que no necesitaba la protección social que le conferiría un matrimonio poderoso.

- Excelencia, se supone que no debe hablar sobre las cartas –le ofreció su mejor sonrisa; la que habia practicado durante horas y horas frente al espejo. La que conseguia que innumerables hombres se pelearan entre si por ser los primeros en llegar a la mesa del refrigerio ante la mera mención de que tenia sed.

La que ahora no le sirvió para absolutamente nada

- Lo siento –se disculpó el duque mientras el señor Potter dejaba una sota en el montón.

Enseguida el duque sacó un as. Como el duque habia ganado esa mano, Hermione recogió las cartas y las añadió a la pila de las bazas que habían ganado. Ni él ni Luna parecieron darse cuenta del gesto.

Ambos estaban hablando del juego como si fuera cuestión de vida o muerte.

- Como siga así, va a romper esa carta –dijo una voz baja en su oído.

Hermione soltó las cartas de inmediato y miró directamente a los ojos verde esmeralda del señor Potter, intentando ignorar el frenético latido de su corazón.

- Por supuesto que no voy a hacer tal cosa.

Se estremeció por lo ridículo de sus palabras. Las arrugas y dobleces de sus cartas daban buena cuenta del rudo tratamiento que les estaba dando.

- ¿Acaso el juego no se está desarrollando como quería? –miró hacia la mesa donde el duque y Luna estaban manteniendo una extraña conversación sobre cómo se debía jugar a las cartas. Luna debería haber sido mas lista. Una dama nunca discutia la estrategia de un hombre, y mucho menos en público.

Se volvió hacia el señor Potter.

- No tengo ni idea de lo que me está hablando. Mi pareja y yo les vamos ganando dos a uno.

Emitió una risa profunda y baja que pareció atravesarla, erizándole el vello que tenia en la porción de piel descubierta entre los guantes y la manga.

- ¿Me permite darle un consejo? Tiene que aprender a analizar el juego completo, no solo las cartas que tiene delante.

Tuvo el incómodo presentimiento de que se estaba refiriendo a algo mas que el whist. ¿Sabria algo sobre ella? Era imposible que estuviera al tanto de su secreto, pero era un hombre que parecia estar en todas partes, con una tremenda confianza en si mismo que le abria las puertas donde quiera que fuera, a pesar de su baja posición social. ¿Habria conseguido todo aquello a base de chantajes? Tal vez estaba intentando encontrar algo para poder manipularla, o peor aun, para manipular a Neville.

Se le tensaron los músculos del cuello y de la espalda, tirando de sus hombros en una posición dolorosamente rigida. Aquello explicaría por qué siempre parecia estar riéndose de ella.

El duque dejó una carta sobre la mesa. Una elección bastante insensata, teniendo en cuenta las cartas que habían jugado en la última mano.

Haciendo caso omiso de la tensión de los hombros, o al menos disimulándola lo mejor que pudo, sonrió a su pareja de juego. Le daba igual lo duro que pareciera el señor Potter; no iba a encontrar nada. Nymphadora y ella habían tenido mucho cuidado.

- Excelencia, no ha sido una buena elección, pero ha estado tanto tiempo alejado de las reuniones civilizada que no se lo tendré en cuenta.

Luna se quedó un buen rato contemplando sus cartas antes de colocar el rey sobre la reina del duque.

Se sintió completamente frustrada. ¿Es que su hermana no sabia nada de los hombres? ¿Tenian dos hermanos y todavía no se habia enterado que los varones se mostraban mucho mas amables cuando les dejabas ganar? Seguro que a su hermana le parecia perfecto alejar a cada pretendiente que intentaba cortejarla, pero no era la única Granger que quería contraer matrimonio ese año.

Tenia que rectificar el error de su hermana cuanto antes.

- Luna, es una groseria por tu parte aprovecharte del descuido de su excelencia de esa forma.

Su hermana enarcó las cejas sin apartar la vista del duque y mirándole de una manera desconcertante. Iba a mantener una conversación muy seria con su madre. Luna estaba perdiendo elegancia cuanto mas se acercaba a la soltería.

El señor Potter tosió, aunque mas bien sonó un barboteo, y recogió las cartas de la mano ganadora. Despues la miró mientras juntaba la pequeña pila de cartas.

- Le sienta muy bien el verde

- Deberia contemplar la posibilidad de comprarse anteojos. Voy de blanco –replicó mordaz.

- Ah, si, pero los celos han dado un nuevo tono a su tez.

La total desfachatez de ese hombre la llevó al limite.

- ¿Y por qué iba a estar celosa?

- Porque ha perdido

Hermione miró hacia la mesa. Cada pareja tenia un par de montones de cartas a su favor.

- Por ahora, parece que vamos empatados

- Entonces no está usted prestando la atención debida.

Pero si que lo estaba. Estaba prestando demasiada atención… solo que no quería reconocerlo. Era evidente, incluso para cualquiera que tuviera dos neuronas, que el duque, solo Dios sabia por qué, estaba concentrado en Luna.

Y que a ella no le estaba dedicando ni un solo pensamiento.

Era el segundo hombre con el que su hermana le habia echado a perder cualquier oportunidad que tuviera, incluso aunque no lo hiciera adrede. Oyó su propia voz tensa, cargada de lágrimas sin derramar, mientras intentaba que el juego siguiera adelante.

- Querida hermana, te toca

- ¿Y si no quiero? –susurró Luna

- ¿A qué te refieres con eso de que no quieres? Has ganado la mano anterior con el rey, Luna. ¿Quién creías que iba a salir a continuación?

Sintió la urgente necesidad de arrojar las cartas sobre la mesa y huir, pero con eso solo conseguiría montar una escena. Necesitaba ser la protagonista del matrimonio de la temporada, no del escándalo del año.

Bueno, de la semana. Dejar una partida a medias no obtendría mas que un par de días de chismes. Suponiendo que alguien se diera cuenta.

Luna dejó caer la reina de corazones sobre la mesa.

Aquella era la partida mas extraña que habia jugado en su vida. ¿Estaba su hermana intentando coquetear con una carta? Todos actuaban como si la baraja escondiera alguna especie de simbología. Decidió sacar el cuatro.

Muy bien, si la única manera de ganarse el corazón del duque era haciéndolo con filosofía, le seguiría el juego.

El duque colocó el rey sobre la reina de Luna con suma tranquilidad.

¿Tambien coqueteaba el duque? ¿De verdad estaba disfrutando su hermana con ese juego tan absurdo?

Las mejillas de Luna se tiñeron de rojo; un tono que conservó mientras continuaron jugando en silencio esa mano.

- Me temo que tendrán que disculparme –dijo de pronto el duque sin dejar de mirar a su hermana. Y sin dar ninguna explicación mas, se levantó de la mesa.

Hermione quería ponerse a llorar ahí mismo. Luna habia tenido tres años para encontrar un buen partido. ¿Es que solo podía tener éxito durante su primera y única oportunidad? Porque era su única oportunidad. Solo habia pasado una semana desde que habia empezado la temporada y ya estaba agotada de tener que ocultar su secreto. Dudaba muchísimo que pudiera seguir asi una segunda temporada.

Mientras el duque se alejaba, vio entrar al conde McLaggen

- Milord –se puso de pie con calculada gracia. Otra habilidad que habia pasado horas perfeccionando y con la que logró llamar la atención del conde de inmediato-. Parece que nos hemos quedado sin un jugador. ¿Le apetece unirse a la partida?

- Por supuesto. Detestaria no acudir en ayuda de las damas Granger –dijo el conde, ocupando el asiento del duque.

Luna la miró con mala cara, pero a ella no le importó. No tenia la culpa de que el hombre hubiera dejado de cortejar a su hermana durante su primera temporada. No era el mejor partido del país, pero si popular, rico y poderoso. Si el duque no habia dado la talla, lord McLaggen lo haría.

El señor Potter los miró a todos, alzando cada vez mas las cejas.

Hermione no le hizo el mas minimo caso y repartió las cartas. Esta vez iba a funcionar.

No le quedaba otra

-O-

Harry nunca habia agradecido tanto perder una partida de cartas en toda su vida.

Poco después de que se uniera a la mesa lord McLaggen, lady Luna alegó tener dolor de cabeza. Y aunque Harry no dudaba de la veracidad de su declaración, tenia la sensación de que dicho dolor era mas figurado que literal y que tenia mucho que ver con el caballero que ahora estaba sentado a su izquierda.

Cuando Luna se marchó, lady Angelina se unió a la partida. Para entonces lo único que quería él era que aquello terminase cuando antes. Hizo trampas y jugó lo peor que pudo, pero el resto de jugadores parecían dispuestos a alargar la partida todo lo posible.

Cuando por fin acabaron, lady Hermione se fue. Harry la observó alejarse e intentó convencerse de que se alegraba de perderla de vista. Pero no funcionó. Tenia la incómoda sensación de que se suponía que tenia que hacer algo, lo que era completamente ridículo.

No le concernia en absoluto. Deberia dejar las cosas tal y como estaban.

Se dedicó a deambular por las distintas estancias, participando en alguna que otra conversación superficial, sobre todo para parecer un miembro activo de la velada y no agazaparse en cualquier rincón.

¿Qué posibilidades tenia de que lady Hermione quisiera escucharle, incluso aunque tuviera algo que decirle?

Prácticamente ninguna.

Pero ese prácticamente dejaba abierta una pequeñísima probabilidad de poder llegar a ella. Se terminó lo que le quedaba de la bebida y dejó el vaso sobre la bandeja de un camarero que pasaba por allí, cambiándolo por otro nuevo. Necesitaba algo en lo que ocuparse mientras paseaba por las habitaciones.

¿De verdad pensaba que lady Hermione lo escucharía? El último encuentro que habían tenido no podía calificarse nada mas que como una escaramuza verbal.

Si Dios quería que interfiriera en las relaciones personaes de aquella familia tendría que echarle una mano creando la situación propicia. Él no podía hacer ningún milagro por si mismo. Si solo jugando a las cartas en la misma mesa habia obtenido mas de una ceja enarcada por parte de la dama, no podía imaginarse lo que recibiría si iba en su busca para mantener una conversación privada.

Contento de haber dejado el asunto en manos mas capaces que las suyas, hizo un esfuerzo por sacar algo de provecho de aquella velada. Escuchó alguno de los chismes que se contaban, habló de negocios y observó a los invitados. Resultaba sorprendente como fracasaban muchas aventuras empresariales solo porque las personas involucradas no se llevaban bien. Saber quiénes se soportaban era una parte muy importante de su éxito.

Pero durante todo ese tiempo, cada vez que vio a alguna dama llevando el mas minimo atisbo de blanco, se encontró pensando en lady Hermione, hasta que al final miró al techo elevando una plegaria al cielo. No podía soportarlo mas. Era evidente que Dios no iba a permitir que se quitara de la cabeza a lady Hermione. Asi que, sin pensarlo demasiado, se lanzó a buscar a la dama de blanco.

Que la encontrara instantes después sola, junto a una ventana, fue un auténtico milagro.

Frunció el ceño ante el curso de sus pensamientos. ¿No le habia pedido al Señor un milagro?

- ¿Cómo va la velada?

Lady Hermione se sobresaltó al oír su voz. Vio cómo movia los ojos a uno y otro lado; no supo muy bien si porque quería cerciorarse de que nadie la viera hablando con alguien de su baja posición social o porque buscaba a alguien que la salvara de aquella conversación.

- Bien. Gracias, señor Potter.

- Recuerda mi nombre. Que honor

- Estoy intentando olvidarlo, pero no hago mas que verlo en todas partes.

Hizo un gesto de asentimiento, rezando para encontrar las palabras adecuadas (aunque deseó haber sido menos obstinado en la oración que habia elevado hacia unos instantes)

Se giró un poco para quedar codo con codo con ella, contemplando la noche a través de la ventana.

- A su hermana no parece agradarle mucho lord McLaggen –hizo una mueca. Aquello habia sido bastante contundente.

- Seguramente por eso no se casaron

- ¿Cree que debería haberlo hecho? –dijo con cuidado, percibiendo un timbre de desaprobación en su voz.

- Él es un candidato mas que idóneo

Harry dejó de fingir que estaba mirando por la ventana y se volvió para inclinar el hombro contra el cristal y poder verle mejor la cara.

- Pero a ella no le gusta

Ella abrió su abanico, una extraordinaria pieza con dibujos de rosas y enredaderas, y lo agitó en el aire con un ligero movimiento de muñeca, logrando la brisa justa para que no le echara a perder el peinado.

- ¿Y eso que tiene que ver?

Harry abrió la boca, pero volvió a cerrarla inmediatamente después. Aunque era cierto que los matrimonios concertados todavía eran muy comunes, en los últimos años cada vez habia visto mas matrimonios por amor. Una tendencia a la que daba la bienvenida con los brazos abiertos.

- Es su hermana

- Si, lo es

- ¿Me permite ofrecerle un consejo? –se atrevió a preguntar. ¿Qué esperaba? ¿Qué se abriera a él y le confiara sus mas oscuros secretos?

- ¿Puedo detenerle?

- Podria marcharse

- Y usted podría seguirme. Parece que estamos destinados a encontrarnos, señor Potter, y creo que ambos sabemos que usted no cumplirá mis expectativas. Si esta conversación sive para mantenerle alejado de mi, me gustaría terminarla cuanto antes.

Movió el abanico con mas ímpetu, haciendo que los rizos que le enmarcaban la cara bailaran su propia danza.

Harry se cruzó de brazos y sonrió. Hermione se contuvo para no observarlo, para no encontrarse con sus brillantes esmeraldas.

- Admiro su honestidad

- Y yo detesto su persistencia

- Me parece bien –ordenó sus pensamientos antes de meterse de lleno en el asunto. Nunca se mostraba tan abierto en público. Era conocido por su honestidad, pero nunca se metia en la vida privada de las personas-. Tiene que colocar a su familia por encima de sus intereses maritales.

Lady Hermione enarcó ambas cejas.

- ¿Eso es todo? ¿Y dónde está su familia? Me atrevo a aventurar que está bastante lejos de su hogar. No existen muchas personas que se hayan criado en Inglaterra y que hablen con un acento como el suyo.

- Si, estoy lejos de casa. Por eso sé perfectamente lo que sucede cuando alguien antepone su propio provecho sobre su familia.

- No sabe nada sobre mi o mi familia

- Sé que desde que el duque regresó a Londres lo tiene en su punto de mira.

Ella alzó la barbilla y lo miró a través de las pestañas. Si no la hubiera conocido mejor, hubiera creido que estaba coqueteando con él. El abanico se movió a un ritmo menos frenético.

- Esta temporada lo he visto a usted tan a menudo como al duque. Mas si cabe. Podria pensarse que está celoso, señor Potter

- Y también podría pensarse que está desesperada, lady Hermione

La joven abrió los ojos como platos, impactada por su contraataque inesperado. El abanico se detuvo por completo. ¿Habria dado en el clavo? ¿Por qué estaría la hija de un duque desesperada? Todavia le quedaban varios años por delante antes de que la gente empezara a murmurar.

La vio cerrar el abanico de golpe y guardarlo en su bolso de mano.

- Apenas conoce a mi familia. ¿Por qué le importa?

- Considereme un romántico que se preocupa

- ¿Romántico? ¿Acaso desea verme casada por amor?

Estaba claro que a lady Hermione lo que mas le importaba era la posición social. A él, por su parte, no podía importarle menos si aquella embaucadora terminaba cargando un anciano aristócrata con predilección por los juegos de azar que menoscabaran sus arcas. Pero Ron era uno de sus mejores amigos y Luna le estaba empezando a caer bien muy rápido.

- ¿Cree en el amor?

Ella soltó un resoplido, indignada.

- En absoluto

- Entonces no tengo nada que opinar en lo que a usted concierne. Pero detestaría ver cómo pisotea el corazón de su hermana ya que ella si que parece ser de las que buscan el amor.

Lady Hermione empezaba a perder la paciencia. Entrecerró los ojos.

- ¿Qué le hace pensar que Luna está enamorada de lord McLaggen?

¿De verdad era tan tonta?

- Nada. Está enamorada de alguien completamente diferente.

- ¿Qué le hace tan experto en estas lides?

Harry echó un vistazo por toda la habitación, mirando a las parejas que parecían mas enamoradas.

- La observación

- ¿Y le basta solo con una noche?

- Me basta solo con un momento. Las mujeres enamoradas miran de una forma determinada al objeto de sus afectos.

Lady Hermione también se volvió para contemplar la estancia

- ¿Con cara de bobas y languideciendo?

- No. De forma homicida. Ya sabes, el amor y el odio son dos caras de la misma moneda –sonrió mientras sacaba una moneda del bolsillo y la lanzaba al aire- nunca se sabe de qué lado caerá.

Recogió la moneda y la colocó en el dorso de la mano, aunque casi se le cayó cuando se dio cuenta de que aquella descripción podría encajar con lady Hermione y él mismo. No, no habia una cara opuesta al desdén que sentía por aquella dama. Imposible. Porque eso solo le traería frustración y sufrimiento. Sin duda lady Hermione era la excepción emocional que confirmaba la regla. Uno no necesitaba un corazón para estar enfadado. Volvió a meterse la moneda en el bolsillo y retomó su intención inicial: hacer entrar en razón a la hermana obstinada de lady Luna.

- Supongo que lo suyo con lord McLaggen terminó fatal. No sea usted la que haga que le vaya mal esta vez.

Lady Hermione lo miró confundida.

- Creo que hasta aquí hemos llegado

- Como desee –hizo una inclinación de cabeza con la esperanza de, por lo menos, haber dicho lo suficiente para hacerla recapacitar.

-O-

Fue el recorrido en carruaje mas largo de su vida, pero Hermione logró mantener controlada su ira hasta que llegaron a casa. Bueno la mayor parte. Tal vez reprochó un par de veces en voz alta las habilidades sociales de su hermana, aunque comparado a cómo se habia sentido durante toda la velada, fue una reprimenda de lo mas suave. En cuanto entró por la puerta, se precipitó hasta la seguridad de su dormitorio. Al ver que Nymphadora le habia dejado una taza de té caliente sobre el tocador, soltó un suspiro.

Se dejó caer en la silla y rodeó la taza con las manos. El calor del primer sorbo fluyó a través de su cuerpo, trayéndole una intensa sensación de calma.

Tomó unas cuantas respiraciones profundas mientras Nymphadora empezaba a quitarle las horquillas del peinado que habia tardado casi una hora en elaborar.

- Ella lo va a arruinar todo, Nym.

La doncella la miró a través del espejo confundida, varias arrugas aparecieron en la tirante frente por el pulcro recogido hacia atrás que llevaba.

- ¿Quién?

Volvió a suspirar y tomó otro sorbo de té.

- Mi hermana. Está decidida a destrozarme la vida.

- Oh –La confusión se hizo mas patente mientras le desataba el vestido- no creo que su hermana quiera arruinarle nada, milady.

- ¿No? –se frotó la cara- tendré suerte si el duque de Marshington vuelve a hablarme. ¿Cómo se supone que voy a convencer al hombre de que quiere casarse conmigo si mi hermana no hace mas que comportarse como una cabeza hueca ante su mera presencia?

Nymphadora se detuvo.

- ¿Lady Luna?

- Si, es increíble, ya lo sé –se mordió el labio hasta que vio la mirada de desaprobación de Nym en el espejo. Cierto. Aquello haría que se le cortaran los labios y tuvieran un aspecto reseco-. Puede que el duque no se haya dado cuenta. Lleva ausente nueve años.

Nymphadora hizo unos cuantos sonidos reconfortantes mientras la ayudaba a cambiarse de ropa.

Hermione se sacó el pelo del cuello del camisón.

- No habría vuelto a Londres si no estuviera buscando una esposa.

Mas sonidos alentadores.

¿Estaba Nym siendo condescendiente con ella? Miró con ojos entrecerrados al espejo y volvió a sentarse.

- Lo único que tengo que hacer es demostrarle que soy la mejor candidata

La doncella comenzó a hacerle una trenza.

- Ha hecho un esfuerzo considerable para convertirse en la mejor debutante de la temporada. No creo que tenga que preocuparse por llamar la atención de un buen partido.

Hermione se puso de pie y empezó a pasear de un lado a otro de la habitación.

- Quiero el mejor partido, no solo un buen partido. Si quiero protegerme, necesito ser la envidia de todos.

Se volvió para quedarse frente a la doncella, que la miraba con sus ojos oscuros y comprensivos. Detestaba la nota de pánico que impregnaba su voz, pero todo estaba resultando un poco mas difícil de lo que se habia imaginado.

- Tengo que mostrarme intachable hasta el final de la temporada, Nym. Si se se enteran… Tengo que estar casada. Mi vida habrá terminado si no es asi. Nadie me querrá.

La doncella permaneció callada, aunque la urgió con un gesto para que volviera a sentarse y asi continuar con la trenza que su arrebato habia interrumpido.

Dejó caer los hombros, tanto por cansancio como por el alivio que sentía de, al menos en aquella habitación, no tener que seguir fingiendo.

- Si fuera un año mayor, Nym. Sé que si me hubiera presentado en sociedad la temporada pasada habría conseguido casarme con el marqués.

Nym le tiró del pelo con un poco mas de fuerza de la necesaria. No pudo evitarlo y soltó un chillido de sorpresa.

- Lord Krum se enamoró. No habría podido hacer nada para convencerlo de que se casara con usted.

Hermione giró un poco la cara para que Nym no pudiera ver su gesto contrariado. Cuando tuvo la trenza hecha, se levantó y comenzó el proceso de sacudir su vestido de noche y examinarlo detenidamente por si habia algún roto o descosido.

- Eso es algo que nunca sabremos

Nymphadora le quitó el vestido con gentileza.

- Si lo sabemos. Incluso usted tiene que reconocer que lady Krum es una mujer encantadora. Siempre ha sido muy amable con usted, a pesar de todos los intentos que hizo por arruinarle el compromiso.

Aunque fuera cierto, jamás lo admitiría en voz alta.

- ¿Quiere practicar su poema para la reunión de lady Ginevra? –señaló el tocador, donde yacia el libro que habia comprado en la librería.

El cuero azul de las tapas llamaba mucho la atención. Extendió el brazo todo lo posible y lo abrió por la página señalada. Mientras leia, poco a poco, sus preocupaciones se disiparon lentamente. En aquellos momentos, si fuera un poco mas espiritual, probablemente estaría orando. Pero teniendo en cuenta lo desdichada de su situación, se sentía sin fuerzas. Sin esperanzas.

Suspiró largamente cuando el cansancio empezó a mermar su cuerpo.

- Creo que estoy demasiado cansada, Nym

Cansada e inquieta, a decir verdad. Sacó su bata del armario, encontrando el consuelo que necesitaba en las motas y rayas de colores que manchaban la seda blanca. Se abrochó el cinturón y arrojó el cuaderno de bocetos encima del tocador, dentro del circulo de luz que proyectaba la vela.

Nymphadora recogió el calzado y vestido de Hermione, pero se quedó de pie donde estaba, mordiéndose el labio.

Hermione la observó temiéndose lo peor. Llevaban doce años juntas, engañando al mundo, perpetuando una mentira que podría costarle la vida –quizás no de un modo muy literal-. Estaban cerca de conseguir su objetivo. No existía nadie en quien confiara mas o a quien conociera mejor.

Y sabia que aquel gesto solo podía significar algo peor que toda la búsqueda del marido perfecto.

- Si sigues haciendo eso se te van a agrietar los labios, Nym –fingió no estar preparándose para el inminente golpe de gracia que sabia iba a recibir, con la esperanza de que aquella tranquilidad ayudara a la doncella a vocalizar el problema.

- Se trata de su madre, milady.

Dejó de mirar su caja de pinturas al pastel al instante y alzó ambas cejas confundida.

Nym cambió de posición.

- Quiere que la ayude con las invitaciones

- Ya lo sé. Nos hemos ocupado de eso todas las mañanas –volvió a centrarse en la caja de pinturas y pasó los dedos sobre los suaves colores. Al final se decidió por un marrón medio y lo deslizó sobre el papel, atenuándolo un poco ante el intenso toque de color

- No, no se refieres a esas, sino a las de su baile. Quiere que le ayude a escribir las direcciones.

- ¿Cuándo? –se detuvo momentáneamente.

- Su baile no se celebrará hasta dentro de siete semanas. Supongo que todavía tiene unas semanas para prepararlo todo.

- Entonces las escribiremos antes. La sorprenderé con mi iniciativa –su tono acerado se suavizó por las líneas rojas entremezclándose con los trazos marrones.

Nymphadora simplemente asintió. La joven difuminó los colores con los dedos, haciendo una mueca al notar la aceitosa sensación sobre la piel.

- Hay que asegurarse de que tenemos una lista completa de los invitados –taladró a Nym con la mirada- no puedo permitirme el lujo de que a última hora me pida que añada a alguien mas.

- Si eso sucede, ya sabrá como salir de esa

- Cierto –asintió muy segura de si misma. Se habia hecho una experta en eludir ese tipo de situaciones. A veces se trataba de algo que quería hacer de verdad, pero si no mantenía ese aire de narcisista aburrimiento, podían descubrirla.

Nymphadora hizo un gesto de asentimiento y desapareció dentro del vestidor.

Hermione bajó la vista hacia su dibujo, esperando ver el rostro del duque, el hombre que, habia decidido, seria el candidato perfecto para ejercer de salvador social. Incluso era una alianza mucho mejor que la que habría obtenido con el marqués.

Pero en vez de encontrarse con los claros ojos azules y cabello pelirrojo de su gracia, vio el pelo azabache y los brillantes ojos esmeraldas del señor Potter.

Soltó un furioso gruñido y arrugó la hoja antes de arrojarla sobre la chimenea sin encender. Aquel hombre dificultaba su concentración. Era insoportable. Se acercó hacia el palanganero y se lavó los restos de cera de las manos. Los colores impregnaron el agua, girando y mezclándose los unos con los ojos como pareja de baile antes de transformarse en agua turbia.

Asi era su vida ahora. Un hermoso plan ideado a la perfección con un sinfín de piezas móviles… que podía venirse abajo en un instante.

Dormir. Necesitaba dormir. Todo parecia mejor después de un sueño reparador.

Tiró la bata manchada sobre una silla cercana y se metió en la cama

Entonces decidió mirar al techo mientras revivia cada humillante momento que había pasado desde que conoció a ese maldito escocés.

Era dolorosamente evidente que iba a tener que añadir una nueva espiral a su vida, porque si algo tenia claro era que debía evitar otro encuentro con el señor Harry Potter.