Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Rochelle Allison, yo solo la traduzco.


*Hay un salto temporal entre las seccione de este capítulo. La sección 2 tiene lugar dos años después de la primera y el resto de la historia seguirá desde ahí.


CURTAINS

Capitulo once

Él

Angela Webber se había graduado como la alumna que había dado el discurso de graduación de la promoción del 2008.

Y, aun así, aquí está, trabajando como auxiliar administrativo en el instituto de Ketchikan, haciendo poco más que archivar documentos y beber café. Ugh. Nunca había tomado tanto café en su vida; va a tener que pedir cita con el dentista para blanquearse los dientes de nuevo...

Suspira, ahogada en un aburrimiento épico.

Hace un pase de retraso.

Acompaña a un rebelde de segundo año a la oficina del director.

Revisa sus mensajes.

Bebe un poco más de café.

Está a punto de empezar a hacer las fotocopias que le han pedido para la clase de inglés de primero de la Sra. Cope, cuando la puerta se abre y cierra, dejando pasar una ráfaga de aire frío y al chico más sexy que Angela ha visto jamás.

.Ción, piensa, alisándose de forma automática las arrugas de su camiseta rosa de algodón.

Es absolutamente precioso: alto, delgado pero en forma, con los ojos de un verde entre las manzanas y el pino, el pelo del color de un penique nuevo, labios hechos para ser besados.

Nunca ha visto nada así en todos los años que llevaba en el instituto de Ketchikan -no como alumna y ciertamente no como parte de la administración. Se muerde la uña del pulgar, sintiendo de repente frío y calor al mismo tiempo.

Él se acerca a la mesa más cercana a la de ella, poniendo en silencio sus libros sobre el escritorio que le separaba de Emily, la secretaria. A juzgar por la expresión de su cara, ella siente lo mismo.

―Buenos días, ―dice, con una sonrisa torcida en los labios―. ¿Puede darme un pase de retraso, por favor? Nuestro coche... se ha quedado atascado en la nieve esta mañana.

―Oh, oh, por supuesto, ―interviene Emily, con sus pequeños pero firmes pechos subiendo y bajando con entusiasmo―. Uh, ¿nombre, por favor?

―Edward Cullen.

―¡Oh! ¡Eres el sobrino de Garret y Katie! Que pequeño es el mundo, ―susurra ella mientras le rellena el pase.

Angela rueda los ojos antes de volver a mirar a Edward. Él la está mirando fijamente, sonriendo satisfecho por su reacción, sin duda.

Bajando la mirada a su mesa para esconder sus ardientes mejillas, Angela se regaña a sí misma en silencio.

¿Me estás tomando el pelo? ¡Es un crío! ¡Un alumno de diecisiete o, tal vez, con suerte, dieciocho años! ¡Contrólate, pedazo de asaltacunas!

Para cuando Angela consigue salir de tan sórdidos pensamientos, él se ha marchado.

Mientras tanto, Edward se toma su tiempo para llegar a clase.

El instituto de Forks no tenía secretarias como aquella en sus oficinas.

¿Y la del jersey rosa? Que buena delantera.

* . *

Ella

Jake quiere ser bombero.

Puedo verlo; tiene el cuerpo para ello, si es que hay algo así, y es apasionado y compasivo. Nunca se siente más vivo como cuando está ayudando, lo que es básicamente todo el tiempo. No tiene un solo hueso frío en todo su cuerpo.

Fue este mismo fuego en él, y el doble sentido no es intencionado, lo que le instó a buscarme cuando yo era poco más que una cáscara, medio helada en la playa de La Push aquella noche hace dos años, literal y figuradamente. Él arde por dentro y por fuera, brillante y contagioso. Habría que estar medio muerto para resistirse a sus encantos e, incluso cuando me sentía así, no pude negar la forma en que me hacía sentir.

La normalidad es algo que no se reconoce hasta que te falta y luego, si tienes suerte, vuelve. Y sé que es algo relativo -lo que puede ser normal para mí no es lo normal para ti o él o ella. Eso es irrelevante. Lo que importa es que encuentres tu propia normalidad y luego progreses. La gente dice "solo quiero ser feliz" como si eso fuera algo alcanzable, como si solo porque la Constitución lo menciona, fuera un derecho.

No. La Declaración de Independencia dice que tenemos derecho a la búsqueda de la felicidad, no al sentimiento en sí.

La felicidad es algo hacia lo que puedo progresar. Puedo conseguir mi propia normalidad. Y lo he hecho.

Sin embargo, la normalidad no es eterna; lo amargo tiene que venir para compensar lo dulce, supongo. Después de dos años de relación con un tío que ahora es mi mejor amigo, me doy cuenta de que le quiero pero me he desenamorado de él. Eso suena muy sentimental y a cliché. Parece que debería de haber algún tipo de tarjeta de presentación para este tipo de cosas.

Me refiero a que me he desenamorado con tanta facilidad y rapidez como los dos nos enamoramos. En enamorarse él me adelantó, pero al final yo llegué hasta dónde él estaba. En desenamorarme... yo voy por delante de él.

Muy por delante. No sé si él me alcanzará. Mi corazón se rompe con la certeza que estoy a punto de romper el suyo.

En momentos como este me alegro de que no hayamos acabado estudiando en el mismo sitio. Yo estoy a mitad de una licenciatura en Inglés con una diplomatura en Conunicación; Jake está a punto de completar su programa de dos años en la Escuela Universitaria Península en Port Angeles. Al final terminó siendo el mejor plan para él, porque ahora quiere dedicar su tiempo a convertirse en bombero y paramédico. Va a ser increíble.

Pero tendrá que hacerlo sin mí. Solo espero poder salvar nuestra amistad, lo que, de nuevo, suena terriblemente a cliché... y egoísta. "Me gustaría que siguiéramos siendo amigos." Ugh.

―Vamos a Schultzy's para comer algo rápido, ¿vienes? ―pregunta mi compañera de piso, asomando la cabeza por la puerta.

―Nah, esta vez no, Kate. Pero gracias.

―¿Quieres que te traiga algo? ―ofrece, colocándose el pelo tras la oreja.

Sacudiendo la cabeza, sonrío amablemente.

―Estoy bien. Gracias.

―Vale. Llámame si cambias de opinión, ―dice, y su voz se va desvaneciendo según sale de nuestra residencia.

Jake va a venir esta noche, igual que todos los jueves. Es nuestra rutina desde siempre ya; siempre ha dejado libres los viernes a propósito para poder venir el jueves por la noche y poder marcharse el domingo al final de la tarde. Mis amigos de la universidad están acostumbrados a él -demonios, le adoran. Nuestro dormitorio está lleno de fotos de nuestro grupo en primer y segundo año, y Jake está en muchas de ellas.

Mi estómago se retuerce, y siento demasiado calor y ansiedad. ¿Cómo voy a decirle que quiero volver a ser solo amigos? ¿Realmente tengo el valor para ser la que acabe con la luz de sus ojos?

Justo a tiempo, mi teléfono empieza a sonar y bajo la mirada él, viendo el nombre de Jake en la pantalla. Me siento tentada a dejar que salte el buzón de voz, pero es una tontería.

―Hola, ―digo.

―Hola, Bella. Casi he llegado, he tenido que parar a repostar.

―Oh, está bien. De todas formas, normalmente llegas más tarde, ―le tranquilizo, con mi corazón latiendo frenético.

―Sí... ¿Necesitas algo? ―pregunta. Puedo oír el sonido del viento a su alrededor.

―No, estoy bien. Solo... conduce con cuidado.

―Lo haré. Te quiero, ―dice.

―...yo también te quiero.


¡Hola!

Ahora sí que hemos avanzado. ¡Dos años, nada menos!

¿Qué os ha parecido el capítulo? Estoy deseando leer vuestras opiniones.

Nos vemos el fin de semana.

-Bells :)