XI
Cuando partieron desde Moscú, estaban lejos de ser una pareja "correcta". O al menos, eso pensaba (y terminó por expresar) Rinalí Lee.
-Debimos esperar. –Con un suspiro, se secó una gota de sudor tibio que corría por su sien derecha.-A mi hermano le afectará.-Agregó, más para oír algo por encima del silencio en esa cabina , que no fuera respiración, murmullos desde afuera, viento, lluvia, tormenta o matrimonio repentino.
Tras un minuto eterno, Kanda le respondió, torciendo el labio, desde el asiento de enfrente:
-Komui siempre está afectado. –Sus ojos se escondieron bajo sus párpados y su voz pareció contener mucha irritación.-Si no es por ti, es por el clima, si no es por el clima, es por el bajo colesterol de los Buscadores, si no es por ellos, es por las formas que tiene que llenar, si no son ellas, es Jerry y su ciclo menstrual inexistente…-Un temblor le recorría cuando hablaba, pese a que intentaba hundirlo bajo una forzada calma.
-El Conde Milenario.-Terció la muchacha, como si tuviese vinagre bajo la lengua. Los ojos de Kanda se abrieron para contemplar el rostro repentinamente depresivo.-Yuu¿Te das cuenta de que no podrán contar conmigo durante mucho tiempo?
Kanda no contestaría negativamente jamás. Demasiado le valía su orgullo masculino, el haber engendrado un hijo y tener aniquilados más de quinientos akumas, oficialmente. La verdad es que sí lo tenía meditado, con la mano antigua de su casi padre en el hombro. Había abrigado la secreta esperanza de que les acompañara hasta el Cuartel General. Sin lugar a dudas, su presencia hubiese armonizado la terrible escena que se les arrojaría encima una vez que arribaran. A Komui Lee lloroso, mejor dicho. Antes de despedirse, lo había sentido más cercano que de costumbre. Incómodo para Kanda , que detestaba las ataduras a la gente. Ahora, los lazos afectivos que lo habían mantenido arraigado a la Iglesia Oscura, a lo largo de los años, eran casi visibles y palpables. Era difícil seguir adelante, indiferente, estando consciente de ello.
Rinalí se había quitado la túnica, y la contemplaba, húmeda, sobre sus muslos.
Se preguntó si algún día llegaría a verse como esas hermosas damas que iban al teatro tomadas del brazo de sus esposos, bien arregladas, con trajes hechos a medida para ocasiones especiales, y un ramillete floral a la altura del pecho, en donde usualmente, ella tenía una cruz dorada.
Por otro lado, Kanda sólo especulaba sobre lo que harían al llegar a la sucursal en Asia, tras esa breve parada en Pekín. Por diplomacia, serían bien recibidos. Estaba al tanto de ello. Baku Chang no podría rehusarse.
Una vez allí, no lo hizo, de hecho. Les esperó con su Deidad Guardiana a su lado, sirviendo de una suerte de consorte.
-¡La señorita Lee y yo siempre hemos sido buenos amigos¿Cómo no iba el ilustre yo, a hacerles una recepción?-Explicó más tarde, por encima de su cena demasiado condimentada, a punto de llorar, pero haciendo el esfuerzo de su vida para que no se notara. Ni eso, ni el sarpullido en su cuello, meticulosamente cubierto con base de maquillaje.
Kanda estaba enterado del enamoramiento platónico que el noble de sangre alemana profesaba a su esposa. Lo consideraba una verdadera ridiculez. Por su edad, pudo haber asistido el nacimiento de Rinalí Lee, de encontrarse en el mismo sitio, dieciséis años antes. Dejando eso de lado, Yuu Kanda no era ingenuo. Sabía lo que sucedería si daba lugar a ello y no estaba dispuesto.
Baku Chang les ofreció una habitación que realmente superaba en lujos el hotel en el cual pasaran su improvisada luna de miel, con menos de una noche en su haber. Para la sorpresa de Rinalí Lee, había cubierto con pétalos de rosas rojas la cama que la pareja habría de ocupar. Cosa doblemente irritante para Kanda Yuu, que experimentaba la más sincera aversión por esas flores. Jamás diría que le recordaban el color de la sangre y el olor de la fiebre.
Rinalí Lee aceptó la amabilidad artificiosa del Jefe de la Rama en Asia, con una sonrisa forzada, y procurando no despegarse más de tres centímetros de su esposo, al menos mientras estuviese ante la ilustre presencia de Baku Chang. Sí, su condición era prematura. Pero¿Y qué con eso? No le quitaba ningún valor a su unión, eso Rina lo sabía.
El malestar iba y venía. Se esfumaba durante muchas horas, para luego contraatacar cuando ya se sentía recobrada por completo. Sin embargo, no dejó que se notara desde el momento en que bajaron del tren, en Pekín. Era su luna de miel (improvisada y acelerada, pero real, finalmente), estaba en su país natal con el hombre al que suponía amar. Eso era suficiente como para pintar una sonrisa encantadora en sus labios.
Masky en shock mode o.o Ya en serio. Sé que lo he dicho antes, pero tengo un bloqueo con éste fic. A partir de aquí, todo queda en nada.
OMG!¡Eso suena tan bonito y profundo!
Debería dejar los fics , comprarme una guitarra eléctrica, formar un grupo de rock gótico y escribir canciones de ese tipo¿Me ven futuro¿O primero debería buscar el género en la Wikipedia, cuando menos? xD
