Jojo I'm back bitchies... A-

a que ahora que promocioné todos mis exámenes me creo A de Pretty little liars? Xd ok falta de azúcar. Y fue mi cumpleaños... Ahora. ... Emmm. Feliz navidad!

JOJOJO Papá Noel les deja regalito XD Jejejeje soy un desastre lo sé Jumm U.U aunque no sé quien fue el guest (?) Amoroso que comentó, perdón los guests. Gracias por comentar :B. Holyyy volviste amor que bueno. Esta bien entiendo lo de tus paciales. Keep calm. Jaja tendras que leer de nuevo para acordarte los nombres(?).. las otras no les vendría mal darme alguna señal de vida. Jejejej ahora sí cap. Alguien pidió romance? Wajajaj alguien pidió problemas? WAJAJAJ POR DOS. yo pido reviews jajjaja ah y perdon por tardar tanto... me merezco una piedra en la nuca...

Algo me dice que MagicalAgent se ofrece a tirarme la piedra. Perrrooooo en mi favor es el capítulo más largo que escribí en la vida...

La canción que escucharía Tsubaki en la caja de música es Kirisaki Carnival de Diabolik lovers (solo lo instrumental).

Prometo no tardar tanto con el próximo capítulo... Puse una nueva portada con todas las chicas y sus dibujos. Disfruten.


Sandara quedó con la mano alzada sin tocar la puerta. ¿Qué hacía allí? ¿No debería estar ayudando a Ayame y Yuro en su búsqueda? Sin embargo sus pies habían venido solos a la enfermería. Su preocupación por Itachi era más fuerte que cualquiera de sus otras prioridades. Él se había interpuesto entre ellas y los miles de cristales rotos con tal de protegerla, como siempre hacía. Ver las heridas en su espalda solo la habían llevado a preocuparse más.

Al abrir la puerta y encontrarse a Shizuka vendádolo con car de querer comérselo se agradeció a si mismo por hacerse caso. Esa... pura sangre ni de joda convertiría a Itachi delante de sus ojos. La peliblanca sonrió tétricamente al verla con el ceño fruncido y la invitó a acercarse.

- Parece que tienes visitas, Uchiha-san.

Itachi se volteó bruscamente y largó un gemido de dolor. Por inercia, Dara corrió a su lado. No importaba que estuviese molesto con él por su estúpida necesidad de sobreprotegerla... Ahora solo importaba que estuviese bien.

- Sandara.- murmuró llevando su mano a la espalda.

- Quédate quieto o no podrá terminar de vendarte.- le ordenó ella con sus ojos lilas clavados en él.

Sorprendentemente el alumno estrella se quedó tieso con sus ojos fijos en su amiga de la infancia. Shizuka terminó su trabajo y los dejó solos en la enfermería entendiendo que estaba de más allí. Dara recogió los trozos de vidrio en un papel de diario y los tiró a la basura sintiendo la implacable mirada de Itachi en su espalda. Quería hablar... pero ¿de qué? Ella supuestamente estaba enojada con él por su comportamiento. La risa entre dientes de Itachi llamó su atención y se volteó con una ceja alzada. ¿Qué diablos le hacia gracia tanto?

- Lo siento.- se disculpó sin dejar de reírse tenuemente.- Es que... me alegra que Dara-chan no haya cambiado desde niños.

- ¿A qué te refieres?-se cruzó de brazos con una vena saliendole en la frente.

¿Le estaba tomando el pelo? Dios, si el Señor le daba fuerza, iba a matarlo... cuando se repusiese de la herida de la espalda.

- Cuando llegaste, tenía miedo que tanto tiempo separados... Bueno que no fuese lo mismo.- se explicó él con una sonrisa.- Además, te has vuelto muy hermosa.

Dara se volvió del color más rojo que nadie hubiese visto. ¿Itachi halagando su aspecto? Iba a tener un infarto... o tomarle la temperatura. Él volvió a reírse al ver la expresión de Sandara.

- Lo digo en serio.- volvió a suspirar.- He visto como otros chicos te miran, y opino lo mismo que ellos. Para mí siempre has sido la más hermosa y preciada mujer en mi vida. No justifico mis acciones... Y no voy a decir que lo siento, porque realmente no lo hago. Pero quiero que sepas cuales son las razones por las que hago esas escenas. Simplemente porque eres lo más importante para mi, y lo único que tengo.

Los dos cayeron en un eterno silencio. Pero no uno incómodo, sino que era diferente. Ella dio dos pasos hasta él y tomó su mano como cuando eran pequeños trazando círculos en la palma. Itachi la tomó de las mejillas y ella se sonrojó aún más. ¿Pensaba besarla? Sus nervios crecieron al imaginárselo pero la decepción llegó antes de lo esperado con un sabor dulce. Itachi apoyó su frente contra la de ella y cerró los ojos. Dara sabía que él notaba su mirada pero tampoco él se quejaba. Cerró los ojos también al rato sintiendo el calor de sus manos y su frente contra su piel. Era agradable y familiar.

- Itachi, baka.- susurró.- Eres mi mejor amigo y también la persona a la que más quiero, pero a veces te pasas.

- Solo quiero protegerte.

- Entonces hazlo, pero yo también cubriré tu espalda.- ella le replicó.- Somos un equipo, y siempre lo seremos.

La puerta se abrió abruptamente con una patada voladora nada más ni nada menos que de Tobi. Itachi lo fulminó en el lugar y Tobi se puso a lloriquear como perrito detrás de Deidara.

- Oh, lo sentimos.- dijo el rubio apartando la mirada.- No sabíamos que interrumpíamos algo.

- No es nada.- se apartó Dara ruborizada.- Tengo que...

- Si, eso.- dijo Deidara.- Te acompaño.

Sandara miró a Tobi una última vez y quedó congelada. ¿Eso que veía detrás de la máscara era un sharingan? El director cerró la puerta con su típica expresión boluble y no pudo verlos más.


Bealtaine, The lover's night


Ayame entró a la casa a la media noche, había dejado a Yuro que se había negado a volver a la casa sin un rastro. Todo estaba en silencio. Excepto por Kira que estaba jugando al Call of Duty. Se paró a verla y ella se sacó los auriculares.

- Nee, está el rubito en el patio.- le dijo tranquilamente Kain desperezándose y moviendo sugestivamente las cejas.

-No molestes.- le tiró una almohada a la cara.

Era como tener 5 hermanas menores alocadas y que se metían en problemas una y otra vez. Con suerte MAsaki se salvaría de la ira de los vampiros del consejo gracias a Kuran. Aunque seguía con la amargura de saber que por culpa de un Ichijou, Yuro podría haber muerto. No había casi relación entre abuelo y nieto pero no podía evitarlo. Era por esas razones de soberbia y maldad que detestaba a los vampiros. Que detestaba esa parte de ella misma. Había ese veneno en su sangre. El patio también tenía una quietud ancestral. Algo turbio y a la vez mágico. Y allí estaba Takuma.

Con la luz de la luna reflejada en sus dorados cabellos y la mirada quieta en la noche. Era como un ángel caído añorando el cielo. Ella negó para si misma. ¿Desde cuando había cambiado tanto su opinión hacia los chupasangre? Había olvidado su misión, sus archivos debajo de la cama de los Kuran que manifestaban sus oscuros secretos. Apretó su mandíbula y cerró sus puños. Era hora de dejar de jugar a la amiguita del pueblo y entrar en acción.

- ¿Ayame?

El temblor en sus ojos la hizo darse cuenta de lo que sucedía a su alrededor. Una tormenta se formaba. El reflejo en la ventana refulgía por sus irises de color rojo, el color del descontrol.

- Debes calmarte.- le ordenó mirando preocupado el cielo.- Respira.

Su respiración se normalizó pero no la tormenta, seguía empeorando. Sus manos temblaban por el poder que fluía de ellas, su garganta quemaba. Ella tenía sed. y ella NUNCA tenía sed... Sus ojos se encontraron con los de Takuma, esos irises verdes felinos que contrastaban con los suyos. Pero no se detuvo ahí. Sus oídos escucharon un tamborileo... El pulso debajo de la piel del rubio. Podía sentir sus colmillos agrandarse dentro de su boca y salivar. La mano de Takuma tocó su mejilla y acarició de allí todo el camino hasta su nuca. Tenuemente la acercó hacia él. Se estremeció al sentir su boca rozar la suya. Quería empujarlo y alejarlo. Era un maldito vampiro. Pero algo atrajo su lengua, el sabor delicioso de la gloria. Ella no había probado nada igual...

Se alejó hipnotizada. ¿Dónde podía conseguir más de eso? Takuma inclinó su cuello en un ángulo perfecto sin dejar de mirarla. Era como si no tuviese control de si misma y su yo interior le gritara horrorizada que no lo hiciese. No la escuchó y mordió. El dulce manjar recorrió su garganta, cálido y espeso como nunca antes había sido. Había bebido innumerables veces sangre y solo una vez de la fuente, nada se comparaba a eso.

Una imagen llenó su cabeza, y diversas sensaciones. Pensamientos que no eran suyos llenaron su mente. Preocupaciones por Kuran, Yuki, los primos vampíricos y muchos más. Pensamientos de responsabilidades para con la escuela y su familia. Se dio cuenta que estaba en la mente de Takuma.

"Ayame...", lo oyó suspirar, casi ronronear.

Se alejó de él de inmediato, era como romper con su privacidad. Su cara estaba entre la palidez de la mortificación y el rojo de la verguenza. Takuma no parecía alterado en absoluto.

- Ni siquiera te disculpes.- le sonrió como siempre hacía.- Realmente estaba preparado para ello.

Ella siseó. ¿Pensaba que iba a perder el control tan fácilmente? Él se dio cuenta de sus palabras y alzó las manos en acción de paz.

- Utilizar nuestras habilidades cuesta mucho esfuerzo y nuestro cuerpo necesita mantenerse.

- Entonces, cuando use mis poderes, atacaré a alguien buscando su sangre.- dijo queriendo vomitar.

- No siempre, al principio.- la despeinó con suavidad.- Hasta que te acostumbres y mientras más sangre tomes, más fuerte te harás.

Ella asintió meditando y recordando lo que había visto y sentido.

-¿Siempre es así? Ver los pensamientos del otro...

La cara de Takuma pasó automáticamente al rojo vibrante y miró hacia el otro lado. Parecía que no era el único avergonzado.

- Yo, no...

-¿Nunca bebiste de la fuente? - dijo Ayame sorprendida.

- No, nunca había sentido lo que pasó. Esto no es normal, Nii-san.- dijo tocándose el cuello.- No es normal que puedas leer mis pensamientos y sentimientos, urgar en mi mente si no te lo permito. En es exacto momento en que bebes de mí.

- Es decir, no es una forma de conservar recuerdos.

- Cosechar recuerdos implica que bebas de mí y leer mis recuerdos y lo que sentí en ese momento, sí. Pero no que yo sepa lo que piensas... No es un ida y vuelta, un canal de doble vía.

Los dos quedaron en silencio y Takuma miró el reloj en su muñeca. Agrandó los ojos como platos al ver la hora.

-Debo irme.

Ayame asintió sin hacer ademán de moverse. ¿ Que significaba aquello? ¿Tenía más de una habilidad? ¿EEra ella o Takuma el que había hecho aquello?

- Ah, Ayame.- la hizo saltar del susto al pensar que se había ido.- Hay una fiesta, más bien un festival, llamada Bealtaine. Una fiesta de "brujas".- marcó las comillas con algo de gracia.- Y... me gustaría verte allí.

Y, sorprendida y en shock,quedó sola roja hasta las orejas en el patio trasero.


El bosque seguía siendo el hábitat natural de Yuro. Prefería la densa vegetación y los animales que la habitaban, antes que una sala llena de consejeros vampíricos, líderes diplomáticos de los magos y de los humanos "especiales". Esa diplomacia que mantenían era tan falsa como moneda 1000 dolares. Todo podía ser luces y palmadas en la espalda, pero ella podía ver que al menor intento de traición se matarían unos a otros. No eran como su manada. Los lobos eran familia, ella había aprendido a comportarse como uno por dos años. A cuidar al herido si ya no podía avanzar, a cazar en grupo por el bien de la manada y mantener el orden. El aullido de uno de su manada, suponía que Aylin, resonó en el bosque. Ella fue corriendo hacia ese punto y vio las pisadas también. ¿Podría ser un rastro de Peisinoe? Ella lo dudaba. Había pasado una semana y no consiguieron ni un rastro.

Era obvio que había sido ayudada y eso le hacía meditar realmente cuantos de ellos habían por allí. No había podido hablar con las chicas desde su juicio ya que todas esa semana se la había pasado en el bosque buscando a esa perra, o en la cabaña del guardabosque bañandose. Seguía oensando en que cuando Ayame se dignase a aparecer, la muy responsable quería aprobar matemática, le preguntaría si sabía de algún posible aliado de Peisinoe. Ni siquiera había ido a clase (no es que le importase tampoco) y solo dormía una hora cada vez que el sueño la estaba por derrumbar en el piso. Ya sentía su cuerpo desvanecerse otra vez.

Golpeó el árbol más cercano con toda la fuerza que tenía y la corteza se quebró levemente. Aylin, la pequeña loba, gimoteó al ver así a su alpha. Ella se tranquilizó y le rascó las orejas.

- Lamento haberte asustado.- se tiró al piso apoyando la espalda contra el tronco.- Puedes irte.

Sin embargo, la loba se tiró a su lado descansando su cabeza en las piernas de Yuro. Al parecer iba a tener un guardián en sus sueños. Pero... Ni bien cerró sus ojos, Ailyn comenzó a gruñir en la dirección norte. Ella tomó su ballesta y la alzó inmediatamente al oír una rama romperse. Sus ojos parpadearon en sorpresa al ver al niño de la otra vez, ¿cómo diablos se llamaba?

- Cazadora-san.- sonrió el niño aunque no pudiese ver su rostro.

Lo único que no estaba refugiado en las sombras de su capucha era su boca. Era como ver a caperucita roja en negro (y masculino). Solo que en vez de un lobo feroz había unos cuantos a la redonda.

- Te has vuelto a meter al bosque, es peligroso...- ella se devanó los ssesos buscando su nombre.- ¿Ezra?

- ¡Ah! Cazadora-san se acuerda de mí.- aplaudió el niño con total alegría.- No me asustan los perros...

El niño observó a Aylin y esta automáticamente comenzó a gimotear llorando. A Yuro le sorprendió, los lobos no se asustaban fácilmente.

- ¿Qué haces aquí?

- Es el camino más corto de llegar a casa con mi tutor.

- ¿El que estaba medio enfermo y le llevabas las plantas medicinales la otra vez?

El niño asintió y ella decidió acompañarlo hasta el límite del bosque. Podría encontrarse a sus lobos... o peor, a Peisinoe.

- Ohhh, Cazadora-san, es tan amable.- dijo dando saltitos cual niño yendo a comprar dulces.- No tiene por qué escoltarme, estaré bien.

- Prefiero asegurarme de ello.

Cuando llegaron a la reja del límite el aullido de otro de sus lobos resonó en el aire. Ella miró al niño con preocupación.

- Estaré bien, Yuu-san.

Yuro se le quedó viendo por tres segundos más. ¿Alguna vez le había dicho su nombre? ¿O la vez pasada? Se quedó confundida de no poder recordarlo pero aún así se fue dejándolo solo. Ezra trepó un árbol al oír desaparecer las pisadas de la chica. Allí estaba él, recostado sobre una rama.

- ¿La viste, Volkodlak-san?

El hombre sonrió y se relamió al recordarla.

- Buen trabajo, Ezra... Es realmente preciosa. Con suerte, será nuestra antes que sea tarde...

Ezra rió dejando escapar parte de su maniática locura, sus ojos se volvieron rojos y sus colmillos más alargados.

- Yuu-san... Será nuestra antes de que convirtamos este lugar en cenizas.


"Ehhh? Dara-chan, qué es eso que la comadrejita te invitó a salir?"

Masaki había oído los rumores en el pasillo de todas las chicas lamentándose que Itachi estuviese fijándose en otra y encima en una del primer año. Así que rápidamente le había mandado un mensaje de texto, pero la chica de pelo caoba se negaba a contestarle.

"Realmente estoy confundida.", finalmente le contestó, "no fue como que me pidiese una cita... Solo dijo que le gustaría verme en el festival Bealtaine. A propósito, ¿qué mierda es eso?"

Antes que pudiese contestar, chocó contra otra persona y se fue de culo al piso. Al levantar la vista se encontró con los fríos y aterradores ojos púrpura grisáceos de Zero Kiryuu. Retrocedió arrastrándose a la pared más lejana con miedo.

- ¡Zero! ¡La asustaste!- lo reprendió Yuki con un golpe en su nuca.

- Se lo merece por no ver donde camina.- bufó el delegado.

Ella se envalentonó y se paró para enfrentarlo. Zero era de todo menos caballero y les caía mal a todas por haberle disparado a Yuro. Entonces vio al otro gemelo Kiryuu que la tomó de las manos y sonrió.

- Realmente agradezco tu valentía, Kuromizu-chan.

Masaki se sonrojó. ¿Valentía? No sabía ni de qué estaban hablando.

- ¿Eh?

- Eres una heroína, salvaste a Yuu.

Ella se sonrojó de pies a cabeza. Ah, era eso... Ella no creía que hubiese hecho algo fenomenal, solo... Había querido salvar a una amiga. Se peinó un poco sus rizos anaranjados (y teñido de todos los colores posibles) con tal de dejar de mirar a esos tres. Hasta Zero se había ablandado al recordar que ella había encontrado la forma de salvar a Yuro.

- Oh, ya sé.- dijo Ichiru de repente.- Kuromizu-chan, deberíamos vernos en el Bealtaine.

Yuki y Zero miraron al chico con los ojos abiertos como Masaki, ¿estaba... invitándola a salir? Su gemelo parecía que iba a sufrir una embolia.

- Ya sabes, tú, tus amigas. Seguro Yuu también la pasará bien.-continuó Ichiru con una sonrisa tenue.- ¿Qué dices?


Tranquilidad, normalidad y tiempo.

Eso es lo que querías, ¿cierto?

Piensa en tí como una adolescente,

vive tus días sonriendo.

Y cumple mis deseos,

Baja tu guardia, y cae en mi juego.


Si Yuroichi podía saltarse una semana las clases con que ella lo hiciese una o dos horas, no iban a matarla. Kira se recostó en el techo de la escuela mirando al cielo, cerró los ojos y se dejó llevar por un momento. Por el sueño, por los recuerdos del pasado. Quería verlo por lo menos por un momento, aunque ya no existiese en este mundo.

Era como invocarlo en su mente. Alto de aproximadamente un metro noventa, incluso un poco más. De musculatura ligera, ágil y sonrisa pícara como la de ella. Y no era en lo único en que se parecían. Sus ojos eran fucsia brillantes y amorosos cuando la observaba practicar con la guitarra o artes marciales. Su pelo anaranjado como el fuego lo llevaba corto arriba y un poco largo en la nuca dándole una figura algo rockera. Su oreja derecha estaba repleto de pines de oro que daba con su personalidad algo rebelde y traviesa, por lo menos cuando los dos estaban juntos día y noche.

Luego, él se había ido por unas semanas y había vuelto distinto. Más apagado y sumizo, más... alejado de ella. Su mirada seguía siendo la misma con ella repleta de amor, pero se estaba alejando, fuera de su alcance. Triste, desdichado, muerto por dentro. Entonces ella lo había sabido. Él ya no le pertenecía... Había sido "vendido" a esa sangre pura despreciable, Sarah Shirabuki. Iba a ser su futuro títere.

En su lado más indomable, se había negado. Y la noche antes que Sarah llegase a la casa para presentarse como la prometida, Kira se había colado a su habitación como muchas otras veces antes.

- Kira.- dijo él al verla parada al lado de su cama con expresión perdida.

- Yuhi.

Su voz se quebró incapaz de decir lo que quería decir. Iban a descuartizarla solo por querer ir en contra de los deseos de una pura sangre. Yuhi simplemente iba a ser entregado. Sin embargo, con él no necesitaba palabras. Él lo entendió inmediatamente y su expresión cambió radicalmente. Ya no estaba llena de amor sino de furia.

- Vete, no me hagas esto, Lightning.- la llamó por su apodo como si la estuviese acariciando, ella se estremeció.- Estoy haciendo lo mejor para nosotros, soy el futuro patriarca de la familia.

- ¿Ya no me quieres?- preguntó.

Realmente quería saber la respuesta. Ella lo amaba más que a nadie, más que a nada. Él agrandó los ojos como platos, esos ojos idénticos a los de ella.

- ¿Nunca escuchaste lo que te he dicho por todos estos años?- rió con ironía.- Yo jamás dejaré de amarte, Gatita, ni muerto.

- Sé que me amas.- perdió los estribos.- Pero hay distintos tipos de amor... ¡¿Me amas como yo te amo?! ¡¿De esa forma?!

Kira se arrodilló en el borde de la cama mirándolo con desesperación. Ella no quería que se fuera, no quería compartirlo con nadie. Yuhi era suyo.

- ¿Alguna vez no te he amado como un hombre ama a una mujer?- susurró acercándo su rostro al de Kira.- ¿Te has olvidado todo lo hemos hecho en esta cama? ¿O debo recordártelo?

Tomó su muñeca y la mordió juguetonamente. Kira sintió el calor bajar hasta su vientre y él inclinó su cabeza con una sonrisa torcida. Tan sensual y tan arrogante. Ella pudo ver su tatuaje detrás, en su nuca desde esa posición. Era un murciélago idéntico al que ella llevaba en su tobillo. Era la marca imborrable que ellos siempre estarían juntos hasta el fin de los tiempos.

- Kira.

La albina saltó de golpe al sentir que la tocaban. El susto se fue al ver al mago de hielo a su lado. Gray se veía particularmente atractivo con su uniforme desabrochado y la corbata floja. Su pelo estaba ligeramente despeinado por el viento y sus ojos... Ronroneó al verlo. Lo que necesitaba para silenciar el dolor en su pecho.

- Vamos a llegar tarde a escult...- Gray no pudo terminar la frase que los labios de Kira se apoderaron de los suyos.

El beso se tornó rápidamente en algo exigente y fogozo. Las manos de Gray bajaron al trasero de Kain y ella arrancó la camisa, los botones saltaron a la mierda. Sus lenguas bailaban deleitandose en la boca del otro, ella sentía que él quemaba. Algo irónico viniendo de un cubito de hielo. Kira iba a ir por el pantalón cuando una punzada atravesó su nuca. Se la tocó y sintió la humedad de la sangre. ¿Qué rayos había pasado? Gray se detuvo al ver su cuello con sangre.

- Realmente me repugnas, Kain.- escuchó la indudable voz de Sarah sobre ellos.

En la parte superior mirándolos con asco se encontraba Shirabuki. Ella se tensó y se arregló la pollera del uniforme. El mago la ayudó a incorporarse. Al parecer al mago tampoco le caía bien.

- Yuhi debe estar revolviendose en su tumba, Kira.- se rió ella causando que Kira apretara sus puños.- Pero no te preocupes, puedes quedarte con la lacra mientras no te metas en mi camino... Después de todo alguien como tú se merece a algo tan pobre como un mago.

Kira iba a reformarle la cara pero Gray la detuvo. Ella entendió su mirada al instante. "ella no vale la pena."

- Tienes bozal, Kira, que bien. Ya era hora. No te preocupes, cuando yo reine sobre todo esto... Tú llevarás bozal todos los días que te queden de vida.


Tsubaki había salido de clases. Se sentía mareada, con falta de aire. Había algo que no la dejaba ser. Parecía un ataque de pánico pero no sabía por qué ella lo tendría. Se fijó por todos lados a alguien para pedirle ayuda, estaba todo vacío. Tan solitario. Puntos negros nublaron su visión hasta que llegó a la sala de música.

Vacío, sin un alma, a excepción de la caja de música que Kaname había dejado en el salón de baile. Esa caja tenía algo malo, algo prohibido que no debería saber. Y sin embargo, volvió a abrirla. La música comenzó a llenar sus oídos con esa melodía de vals mezclado con un estilo turbio. Todo a su alrededor se convertía en un torbellino del que no podía salir, a penas respiraba.

Todo se detuvo de un segundo al otro, solo que ya no estaba en el salón de baile. Tampoco en ningún lugar al que ella hubiese visitado.

Era un prado inmenso, como un océano verde sin límites. Sus piernas corrían solas, no podía detenerlas por mucho que quisiese. Era como si no tuviese control de su cuerpo, ni sus pensamientos. Era estar viendo todo como protagonista y a la vez una simple observadora.

Su "cuerpo" lanzó una chillona carcajada al sentir una brazos rodear su cintura, los brazos de su perseguidor. Ambos cayeron al suelo y rodearon entrelazados piernas, brazos. Pararon de girar y él quedó encima de ella con el pelo cubriendo su rostro. Ella apartó los mechones con cuidado y vio su rostro.

Tsubaki sintió un nudo en su estómago imaginario, no el real que sentía miles de mariposas o pterodáctilos volando. Kaname Kuran con un aspecto relajado y más joven reía sin dejar de observarla con detalle. Ella reconocía esa mirada, la mirada que le da un hombre al estar locamente enamorado.

- Tsuki.- suspiró él.

Sus labios hicieron contacto y fue fuego. En su mayor expresión, no había posibilidad de acercar más sus cuerpos. Se alejaron para tomar un poco de aire y antes de continuar Kaname le susurró.

- Jamás podría dejarte, Tsuki. Así que tú nunca dejes de amarme...

- ¡Cuidado!

Ella fue arrancada de esa ilusión con un grito y se vio cayendo por el borde del balcón. Lo único que le impedía romperse contra el pavimento eran los fríos brazos de un chico aferrados a ella. Eran distintos a los de Kaname en lo que podía ser uno de esos recuerdos que no eran completamente suyos. Su salvador la subió de vuelta al edificio y ambos pudieron volver a respirar.

- Gracias.- murmuró ella con el corazón desbocado.

En las últimas semanas había sido salvada de la muerte más que en toda su vida. Miró al joven y lo reconoció enseguida. Cabello rojizo sangre, ojos café ceniza y piel pálida como la de una muñeca. Era... Akasuna no Sasori, uno de los recientes compañeros de Sandara cuando esta se unió a Akatsuki.

- Realmente deberías ver dónde bailas, mocosa.- le dijo algo enfadado.- ¿Qué hubiese pasado si no pasaba justo por ese pasillo para agarrarte?

- Me hubiese hecho papilla contra el suelo.- respondió ella con un suspiro.- Muchas gracias, Sasori-senpai.

Sasori se levantó y la ayudó a incorporarse. Ella se quitó el polvo de su pollera colegiala y los dos iban a irse de la sala cuando él notó la caja en un rincón.

- ¿Es tuya?

- Si, no... Bueno, se podría decir que sí.

El pelirrojo no le llevaba mucho de altura, solo unos cinco cm como mucho, pero a pesar de ello la intimidaba con su voz fría y ojos insensibles. Sasori levantó la caja y la inspeccionó con la mirada de un experto. Satisfecho se la devolvió y un intento de sonrisa dibujó su cara.

- Tiene un valor muy alto, debe tener cientos de años de edad, y tiene una dedicatoria.- le mostró al revés de la tapa.

"Con amor, para T.B.

Seré tuyo para toda la eternidad."

Ella se sorprendió al ver el grabado. Antes no había estado allí. ¿O sí? Sasori la miró intensamente y ella se sonrojó. ¿Tenía algo en la cara?

- No parecías estar en tus cabales cuando te salvé.- le dijo sin más volviendo a su expresión aburrida.- ¿Qué te pasó? ¿Algún mago te está molestando?

Ella negó con su cabeza apretando con sus manos la superficie de la caja. Cada vez sentía que se estaba volviendo loca. Necesitaba hablar con alguien de ello, alguien que supiese lo que le estaba pasando.

- No es nada. Muchas gracias otra vez por evitar mi muerte.- se inclinó en una reverencia y salió corriendo.

Al llegar a la puerta se volteó y Sasori seguía observandola como si fuese una nueva especie que nunca hubiese visto.

- No hago esto a menudo.- le dijo antes que cruzase la puerta.- Pero si algo te preocupa, estoy a disposición... Aunque no lo creas, he vivido bastante y he visto muchas cosas.


- Onii-sama.

- Imouto.

Mizuki sonrió al escuchar la voz de su hermano mayor al otro lado del teléfono en la oficina de Tobi-san. Habían pasado muchas cosas desde la última vez que habían hablado, desde que se había ido. Había hecho amigas de su edad, había estado en problemas, se había peleado con su ahora rival Aidou (y hecho otras cosas con èl), había salido de fiesta y estado en el mismo lugar que una terrorista... Aunque eso no fuese digno de alardear.

- ¿Qué tal tu viaje?- preguntò ella preocupada por su falta de comunicación.

- Nada fuera de lo común. ¿Asylum está bien para tí?

Ella recordaba la última vez que se había hospedado en ese lugar. De eso hace ya mucho tiempo... Más de lo que podría recordar. Nadie sabìa exactamente cuando había conocido a los hermanos Kuran, solo ella... Hace más de 2000 años que se habían unido sus destinos. Los años eran insignificantes para los inmortales como ellos. Y hace solo 50 años que se habían decidido en abrir la escuela. Era en ese entonces que los Kuran la habían invitado a residir allí, solo que ella no podía soportarlo. En esa casa habían demasiados recuerdos como para vivir en ese mismo techo, o eso había pensado en aquel entonces. Ahora todo parecía nuevo, ya no le temía a ese lugar. No con sus nuevas amigas. Ellas le daban valor.

- Mejor que nunca, tengo muchas amigas y son todas tan amables.

La imagen de Haruka y Juri en su boda llegó a su mente en ese instante superpuesta con una de Yuki y Kaname paseando por los pasillos del colegio. Su corazón se agrietó al recordar a sus viejos amigos ya difuntos... En algún momento incluso haber llegado a estar enamorada de Haru-kun, pero pronto se había dado cuenta que los dos hermanos eran el uno para el otro. Y esa luz de amor se había apagado asfixiada por la oscuridad... Y ella no sabía nada de lo ocurrido, salvo que habìa dos copias idénticas en su mismo colegio.

- Onii-san, ¿puedo hacerte una pregunta?

- La que desees, Mizuki.

- ¿Què les sucedió a Haruka y Juri? Luego de su casamiento no los vimos nunca más y tú eras muy cercano a ellos dos.

El silencio del otro lado de la línea la hizo sentir nerviosa. Su hermano nunca quedaba sin palabras, a menos que estuviese preparando una mentira.

- ¿Por qué lo preguntas?- evadió la pregunta y Mizuki notó algo en su voz profunda.

Algo que quería ocultar. Tamborileó con los dedos la superficie de la mesa y se resignó. Tendría que decirle lo que pensaba de los dos chicos que había visto. Era su hermano después de todo.

- En Asylum hay dos compañeros que se parecen mucho a ellos, Yuki y Kaname...

- ¿Yuki... y Kaname?- la cortó como si hubiese recordado como respirar.- Kuran.

Ella asintió asombrada que lo supiese sin que ella lo hubiese dicho. ¿Los conocería?

- Onii-san, ¿ellos tienen que ver con Juu y Haru?

- Yuki y Kaname.- volvió a repetir del otro lado su hermano.- En Asylum... Y Tobi no me lo informó. Pásame con el director, cariño.

Ella miró sobre su hombro al idiota del director. Parecía estar en serios problemas por el tono de su hermano asi que tomo una decisión. Si su hermano no iba a contarle lo que les había pasado a sus amigos, ella no tenía por qué seguir sus órdenes.

- Tobi-san no está. Ha estado muy ocupado con Acnología y me ha dejado para hablar con privacidad.

Pensó que probablemente su hermano se daría cuenta de su mentira pero no lo hizo. Seguía repitiendo una y otra vez los nombres de los prometidos Kuran.

- Onii- san.- lo llamó por enésima vez.

- Debo irme, Mizuki. Mi viaje continúa.- pareció recordar de repente que ella estaba al otro lado de la línea.- Probablemente no pueda comunicarme contigo en un tiempo. Cuídate... y trata de hacerte amiga de Yuki Kuran... Seguramente serán excelentes amigas.

La risa que acompañó su comentario le hizo poner los pelos de punta. Su hermano no se había comportado así en un buen tiempo. Pronto supo que él había colgado sin despedirse y ella colgó el teléfono también. Tenía tantas dudas y pocas respuestas. Miró a Tobi que le devolvió la mirada. Había escuchado todo.

- Supongo que me debes una.- le dijo abandonando esa fachada de niña buena.- ¿Por qué no le dijiste a mi hermano sobre los Kuran?

- ¿Por qué le dijiste a tu hermano que no estaba aquí?- respondió simplemente el director que al parecer no era tan tonto como creía.

Salió de la oficina del director y se fue directamente al taller de explosivos. Necesitaba respuestas y solo había una persona que con seguridad le diría todo. Miró por la ventana viendo a Yuki Cross caminar hacia Zero e Ichiru.

Necesitaba hablar con Kaname Kuran.


Enloquece y sube en la locura,

porque por lo menos allí

no puedes sentir el vacío doloroso de la pérdida.

Miénteme y abrázame fuerte.

No quiero volver a sentir lo que pasó,

no quiero saber la verdad que me aterra.


- ¿Se siente bien, Tobi-san?

El enmascarado mirò a su compañero del deber sobre el escritorio. Tal vez era por la posible e inminente amenaza del fundador o porque le habìa bajado la presión, pero se sentía terriblemente mal. Gracias a Dios en ese momento entro Yagari, una de los pocas veces en la que agradecía sus interrupciones. El hombre parecía notoriamente cansado... Algo le decía a los directores que tenía que ver con ciertos personajes en específico. Una de ellas patrullaba sin cesar el bosque como si fuera un animal salvaje, la otra era una sangre pura a punto de casarse y el último de sus preocupaciones había sido su discípulo y estaba en su nítido momento de destrucción y poco control de su carácter de mierda.

- Yagari-san, ¿quiere que le ofrezca algo?- dijo Kaien desabotonandose la camisa sugestivamente.

Como resultado solo consiguió que el psicopedagogo lo fusilara con la mirada y le gruñese como animal encerrado. De tener más energía seguramente lo habría tirado por la ventana. Tobi agarró el sobre que le tiró Yagari tras recostarse en el sillón y leyó los papeles. Las novatas habían elegido sus clubes finalmente. Aún con todo el lío de los últimos días.

No le asombraba ver que Yuroichi y Ayame habìan elegido el taller de supervivencia, aunque sí que la mestiza se anotase al club de investigación y desarrollo policial. Yuroichi por su parte habìa anotado al azar la última de las clases extracurriculares: adiestramiento y doma de animales, lo cual incluía a salvajes y domésticos. No tendría problemas dada a su práctica con los lobunos.

Pasó a las segunda hoja, con su salvadora del día encabezando la lista. Sus ojos casi se salieron de sus órbitas al ver que había elegido el arte explosivo... a su benefactor no le iba a alegrar nada. Pero podría alivianar la noticia con su inscripción a la especialización en canto. Más abajo estaba la chica de cabellos alborotados de todos los colores posibles, Masaki. Una vez más era esperable que una mujer tan abierta y colorida eligiese el arte en escultura y composición musical.

Sandara ya por su parte estaba en Akatsuki que contaba como clase extra y se había anotado al club de lectura, algo menos emocionante que atrapar a los terroristas y mucho más calmo. Lo que si le descolocó fue ver a alguien como Kira Kain elegir modelaje de las clases de arte. ¿La chica problemas, un desastre en colmillos, ayudando a los novicios en arte? También se había inscripto para enseñar a tocar la guitarra. ¿Una Kain como futura maestra? Que Kami-sama se apiadase.

Por último, Benihime Tsubaki en danzas mundiales y club de debate. Eso le hizo recordar que el presidente del centro de estudiantes, justo a tiempo para ello Tsubaki ingresaría al club. Lo cual dejaba mucho que ver ya que al parecer Sarah Shirabuki era candidata para la presidencia.

- Así que ya están todas...- comentó él con una sonrisa.- Incluso con lo que pasó.

Toga dejó su posición relajada y miró por la ventana donde los estudiantes se juntaban en el recreo.

- Respecto a eso... ¿No sería mejor ponerlas a resguardo?

- No.- dijo Kaien con seguridad.- Acnología se ha mostrado en diversas ocasiones estar muy interesados en ese grupo, en especial en tu ahijada, Yagari.

Tobi miró con asombro a Kaien, él no solía poner en peligro a inocentes. Por una parte tenía razón. Acnología nunca había mirado con tanto ahínco un objetivo como en las últimas semanas que atacaba sin piedad a dos presas adjudicando su muerte a una estudiante.

- ¿Qué sugieres? ¿Dejarlas morir como un sacrificio a los dioses?- gruñó Toga.

- No, por supuesto que no... Solo tenemos que dejarlas ser y vigilarlas bien de cerca... Para averiguar su siguiente jugada.

Yagari se levantó indignado de escuchar eso de Cross. Tobi ya se venía venir una amenaza pero lo que salió fue otra cosa diferente.

- Si fuera Yuki... ¡No estaríamos teniendo esta conversación!

Kaien quedó congelado al ver a Toga en ese estado. Él no se había imaginado que fuese a tocarlo tan profundamente.

- Disculpa si no entiendo, Toga-san, Tobi promete ser un buen chico.- le dijo rascándose la cabeza.- Pero, ¿no que estabas disgustado con Yuroichi por estar aquí?

- Sigue siendo mi ahijada, la chica que yo crié tras la muerte de sus padres... No importa que tan enojado llegue a estar con ella, Yuro sigue siendo...

Las palabras quedaron en el aire pero Kaien las entendió. Él había sentido lo mismo por Yuki. Seguía siendo su niña, ese pequeño ser que dependía de él para atarse los zapatos o irse a dormir. Yagari no esperó más y se fue dándo un portazo.

- ¿Estás seguro respecto a esto, Kaien-san?

- ¿Qué otra cosa puedo hacer?- dijo resignado.- Solo nos queda esperar.


Los humanos ya no recuerdan. Solían juntarse en torno a grandes hogueras en las colinas, celebrando el inicio de la temporada pastoral. Se contaban leyendas, se bebía en honor a los dioses. Se danzaba y reía, se encontraba el amor. Y poco a poco fueron olvidando la verdadera razón de ese día.

Beltane o Bealtaine significa 'fuego de Bel', el dios Sol.

Cuenta la leyenda del orígen que la triple diosa era una y tres: "doncella, madre y anciana". El dios Astado fue la chispa de vida en ella, amante que provino de ella misma en la nada. Como un ciclo, el dios Astado está forzado a morir y renacer en cada año mientras su amante solo puede verlo irse hacia el otro mundo.

Es en esta fecha donde el amor de ambos dioses tenían el máximo esplendor, su unión devastadora que marcaba el período máximo de fertilidad de toda la Tierra. Ese momento en el año en que todo volvía a renovarse, a encadenarse para volver a renacer con otro forma... Pero para eso antes debía morir y abandonar a su amada que en lágrimas se deshacía esperando a su Dios.

Esa primera noche que se unieron en uno solo y se concibió la nueva forma del ciclo, es el Beltane.

Es por esto que el Bealtaine es llamado "el día de los amantes" para nosotros. La noche para encontrar nuestros destinos y empezar de nuevo, con el ardor del dios Astado recorriendo nuestras venas hasta terminar en un climax que será la cúspide de nuestro nuevo inicio.


- ¡Sugoi!- gritó Masaki al ir a la plaza central del pueblo.

Era increíble que los de Asylum hubiesen convencido (obligado) desde su fundación a los ciudadanos a festejar el Bealtaine como festival nocturno. Ninguna sabía realmente de que iba el festejo pero aún así habían ido. Todos estaban allí, los del pueblo, los estudiantes humanos y los no tanto, profesores, hasta podía ver a los profesores disfrutando de la velada. Estaban esperando a que Ayame y Yuro llegasen de su patrullaje en la entrada mientras veían a todos pasar. Masaki era la más emocionada de todas (como siempre), iba con cara de asombro a todos lados gritando como niñita de 5 años como si fuese la primera vez que viese un festival.

- ¿Es que nunca la llevaron a uno de estos festivales japoneses?- se quejó Kira con ganas de ponerle un bozal a Masaki.

- Bueno, es común.- dijo Tsubaki.- Yo tampoco he estado en uno... ya que he vivido el 90% de mi vida en Canadá.

Todas se dieron vuelta con la boca abierta. ¿Tsubaki no era japonesa? Se miraron la una a la otra con asombro. Jamás se lo hubiesen imaginado dado a todas tenían nombres de origen oriental.

- Tecnicamente yo no soy de Japón.- meditó Mizuki.- Pero he vivido siempre en este país.

Kira se encogió de hombros al igual que Dara. Ellas si eran originarias de Japón. Los Kain eran legendarios nobles vampíricos, y Dara había vivido en otra ciudad cerca de aquí cuando era niña. Masaki volvió con ellas con ojos brillantes.

- ¡es todo tan lindo!- apludió para sí misma.

- ¿De dónde eres, Kuromizu-chan?- le preguntó Dara sentándose en el banco.

- Oh, bueno, mis abuelos eran japoneses pero se mudaron a Nueva Zelanda con la guerra.

Kira iba a decir algún comentario respecto al rugby y el Haka, pero una manada de fangirls casi las pasaron por encima a la carrera. Todas se apartaron justo a tiempo sino hubiesen sido pisoteadas en medio del griterío.

- ¡¿Qué diablos fue eso?! ¿Hay alguna oferta o algo?- dijo Mizuki con su corazón a punto de sufrir de un infarto por culpa de esas locas.

- No, algo peor.

Kira dio un salto cual gato y terminó abrazada a Dara que casi cae por el peso de la vampireza. Kaito salió del bosque junto a los gemelos Kiryuu con ropas casuales. Todos se veían extremadamente bien, Zero con su campera de cuero negro encima de una remera blanca con una frase "What doesn't kill me better start running" y unos jeans rasgados parecía un absoluto guerrero que podrías darle hasta tu vida con tal de un poco de atención. Ichiru tenía un aspecto más benigno con su camisa blanca a rayas y sus pantalones rojos sangre. Kaito se arremangó su remera negra que se pegaba dando un vistazo de su cuerpo estructural y al igual que Zero llevaba jeans desgastados.

- ¿Qué miran?- les siseó Zero al ver la cara de estupefacción de las cinco chicas.

- Si no abrieras la boca, hasta serías violable.- dijo Kira aún a upa de Sandara que comenzaba a cansarse.

Ichiru se largó a reír por la expresión de su hermano y la de Kaito, ambos incómodos por el comentario. Los tres se escondieron al escuchar a nuevas fangirls pasar y los cinco se hicieron las tontas para que no los encontrasen.

- ¿Podrían decirme por qué tanto escándalo?- preguntó Mizuki a punto de perder los estribos.

- Por el Bealtaine.- bostezó Kaito y al ver que no entendían, explicó.- Se podría decir que es el San Valentín de Asylum.

- Debe ser una broma...- dijeron las cinco con cara de tortura dirigiendo su mirada a las fangirls... Eso explicaba todo.

Decidieron de todos modos esperar a que el malón de chicas pasase para poder recorrer el lugar con una mediana paz. Podían ver llegar a varios conocidos como Hidan y Kakuzu discutiendo sobre cualquier cosa mientras dos chicas los seguían, al profesor Zetsu con una ninfa del bosque intercambiando susurros. Sandara se decepcionó un poco al no poder ver a Itachi entre ellos.

- Así que... simplemente todos andan con las hormonas disparadas... - bufó Dara.- Y, ¿qué se suele hacer en Bealtaine?

- Regalar algo a la persona que te gusta o simplemente confesarte.- dijo Ichiru con suavidad.- Es un día lleno de alegrías o tristezas. Todo depende de cómo quieras pasarlo.

- Así que todo el festival está ambientado a eso.- puso cara de asco Kira.- Detesto estas cosas.

- Igual que Zero - kun.-se rió Kaito y el aludido le hizo fuck you.- ¿Podría ser por qué tu enamorada anda de la mano por todo el lugar con el purasangre? ¿Acaso se olvidó de darte tu regalo?

El cazador ni le llevó al apunte más que con un gruñido ronco y su mirada gélida.

- Ohhh, así que si se olvidaron de tí. - se rió Kira.- Pobre cornudo.

- Ya me dieron mi regalo, estúpida. - bufó Zero mostrándole una cajita.- No me importa realmente nada de esto... Asi que si me disculpan...

Zero desapareció entre la multitud sin dejar rastro. Kaito enarcó una ceja molesto.¿Por qué tenía amigos así? Volteó a ver a las chicas y solo Tsubaki, Masaki e Ichiru seguían allí. Suspiró cansado de perseguir gente y miró a los únicos acompañantes que quedaban.

- Bueno, ¿qué quieren hacer?


El paseo de las tiendas tradicionales era tan bonito. Jamás había visto algo así, en especial cuando se detuvo en un puesto de máscaras. Ese tipo de caretas blancas que enunciaban animales con pequeños detalles. Ella admiraba cada una cuando sintió una presencia a su espalda. Se dio la vuelta y los Kuran estaban pasando agarrados de la mano sonriendo entre sí. Kaname se acercó a Yuki y le susurró algo a su oído que la hizo sonrojarse.

Tsubaki apartó la mirada de esa escena tan íntima. Estúpido Kaname... Se las iba a pagar.

- Te ves mejor cuando no quieres enterrar vivo a otro.- escuchó a su costado.

Sasori miraba sin interés la escena de los Kuran y a ella. Era como si le pareciese aburrido todo el tema de los adolescentes. Ella se úso roja al haber sido descubierta con esa expresión tan maligna. Ella no solía ser así.

- Sasori-san, ¿por qué está aquí?- Sasori enarcó una ceja ante la pregunta y ella trató de corregirse en seguida.- No es que me moleste su presencia... Es que Ud. no parece el tipo de hombre que le gusten las veladas románticas y eso.

- De hecho, no me gustan.- dijo él con una media sonrisa.- Las mujeres sueles hacerme esperar mucho. Pero vine por pedido de Deidara, no quería venir solo por si no tenía la oportunidad de encontrarla a ella.

Tsubaki notó que se refería a alguien específico y se preguntó quién sería aquella chica que habría llamado la atención del rubio. La mirada de Sasori se dirigió hacia el puesto con esa mirada tétrica y ella hizo lo mismo. ¿A él también le gustaría alguna?

- ¿Te gustan?- preguntó agarrando una que parecía de un gato o una nutria, incluso podría ser una comadreja. Ella no entendía mucho de eso.

- Me parecen muy hermosas.- le comentó con una sonrisa y él le puso la máscara suavemente sobre su rostro.- ¿Sasori-danna?

Él hizo ese amague de sonrisa que hacía siempre sin llegar a sonreír realmente. Había ternura en su mirar y ella sintió su corazón palpitar más rápido.

- Te queda bien... Tus ojos anaranjados la resaltan.

Antes que ella pudiese comentar algo sobre que él no la miraba a los ojos o apartaba la mirada con un leve sonrojo, se dio cuenta que le estaba pagando al hombre. Pero el tipo no aceptó la plata.

- ¿Cómo puedo cobrarle a mi propio artista?-se indignó el vendedor.- Tú no me cobras por hacer estas maravillas.

- ¡¿Tú haces estas máscaras?!- se asombró Tsubaki con los ojos como platos.

Sasori se encogió de hombros y le tendió la máscara con desgano. Ella la tomó y miró los detalles. Era hermosa y delicada, parecía pintada por gentiles manos que no dudaban. Era el trabajo más divino que humano. Levantó la vista para agradecerle la máscara a Sasori pero él ya se había ido.

- Realmente tiene un novio muy talentoso.- le guiñó el ojo el vendedor.- Hace años que me regala estas máscaras para difundir su arte y porque sabe que necesito una mano para cuidar a mis niños.

- Él no es mi novio.- balbuceó Tsubaki roja de pies a cabeza.

- ¡Oh! ¿No? Bueno, pensé que lo eran... Esta noche se hace regalos a...

- Los novios o amantes.- completó otra voz femenina detrás suyo.

Por supuesto no era otra que Yuki Cross que miraba con curiosidad a Tsubaki y Kaname a dos pasos detrás de ella con una mirada lejana y dura. Parecía furioso, claro que a Tsubaki no le podía importar menos. Él tenía una prometida, sin embargo era Yuki la que la molestaba con su intriga.

- Seguro que me regaló esto porque me vio admirándola.- se excusó ella apartando sus mechones de la cara y Yuki negó.

- Creo que no lo entiendes, Tsu-chan.- Yuki miró a Kaname de reojo antes de continuar.- Sasori-san nunca regala nada a nadie si no tiene un beneficio para él... Y ciertamente nunca regaló en Bealtaine.

Tsubaki volvió a mirar la máscara y se dio cuenta de algo, la máscara tenía el mismo trabajo que su caja de música. Sin despedirse si quiera se fue tratando de hallar a Sasori. ¿Qué sabía él de la caja de música misteriosa que la obligaba a tener esos recuerdos? Se detuvo a la mitad en frente a la casa de los espejos y volvió a buscar con la mirada.

- Tsubaki.- la llamó Kaname que venía siguiendola.

- ¿Qué quieres?

Ni siquiera lo miró. No valía la pena. Él no podía ser el hombre que había buscado por esos benditos recuerdos, por más que coincidiesen sus voces, su rostro. Se negaba a creer que él era ese chico. El silencio reinó entre los dos como en un cementerio y Tsubaki decidió irse. Tenía que buscar respuestas. Mas Kaname la apresó con sus brazos y la obligó a mirarle. Su vestido de color cereza se subió un poco dejándo parte de su trasero al aire. Por suerte su corte era con mangas largas o se podría haber bajado también en el cuello tipo bote.

- ¡Déjame en paz! - trató de zafarse.- ¡¿Por qué no me dejas ser y te casas con tu linda pura sangre?! ¡Tendrías tu linda familia de chupasangre reales y cogerías con Yuki hasta que se te caiga el pene!

Obviamente eso no le gustó para nada, ni sus gritos, ni su vulgaridad. Pero lo que pareció realmente molestarle fue cuando dijo "chupa sangre", un término que se le había pegado de Ayame y Yuro... Aunque Kira también lo decía bastante seguido.

- Hablas como un cazador.- dijo secamente.

- Oh, si, princesa. Ofendete lo que quieras. -dijo Tsubaki sintiendo la valentía resurgir con el enojo.- Especialmente porque eres la pobre víctima. ¡Déjame de una maldita vez en paz!

Los ojos de Kaname se ablandaron y maldijo por lo bajo.

- No puedo, Tsubaki... Jamás podría dejarte.

Las mismas palabras de su recuerdo antes que Sasori la salvara de caer por la terraza resonaron en sus oídos, proveniendo de la boca del pura sangre. Las mismas malditas palabras. Ella negó con temor y él se inclinó para besarla pero una mano agarró de la nuca a Kaname separándolos.

- ¿No ves que Benihime-san te ha dicho que no quiere?

Dara se paró al lado de Tsubaki con una mirada de furia mientras Itachi alejaba a Kuran.

- ¿Estás bien? - le preguntó su amiga con preocupación.

Pero ella no podía contestarle. Esas palabras se repetían una y otra vez en su mente.

"Jamás podría dejarte..."


Dejalas ser y disfrutar este tiempo.

La calma no dura,

y el enemigo ha fijado sus ojos en ellas.

Que vivan como si fuese el último día.

Porque probablemente lo sea,

porque probablemente nada bueno les depara.


- Veo que pudiste escaparte de tus amiguitas.- sonrió Gray dejando la pistola del videojuegos mata-zombies al verla llegar.

- Siempre puedo volver con ellas si me aburro.- se apoyó en el tablero de juego.

Gray la miró de arriba a abajo. Ella sabía lo que veía. Sus shorts deshilachados, su remera corta de red bajo de la musculosa, sus zapatillas converse rojas. Ella no era de las chicas que se tomaban la tarde para prepararse. Si no le gustaba, podía buscarse a otra.

- Hmmm... Entonces haré lo mejor para tener tu atención toda la noche, desastre de colmillos.

Ella enarcó su ceja molesta. ¿Desastre de colmillos? Eso había encendido su fuego interno para patearle el culo de la mejor manera. Él le tendió la pistola del otro jugador. Oh... Con que quería que fuese una pelea a muerte. Ella rió al ver su juego. Ella solía ir muy en serio y sin piedad cuando se enojaba.

Trece jugadas después...en cada juego...

- ¡Estás haciendo trampa!- chilló Kira con la boca abierta sin poder creérselo.

Gray era realmente bueno en todo lo que se proponía. Le había pasado el trapo en todos los fucking juegos, y eso que ella era un vicio andante de matanza en cualquier videojuego. El chico se descostillaba de risa de las reacciones de Kira. Al diablo con ser caballero, él sabía que a la mínima muestra de piedad, Kira le refregaría en la cara que le habría ganado.

- Kain, la gente como yo juega limpio.- le guiñó el ojo y ella quiso tirarle el tejo a la cabeza.- Mala perdedora.

Risas le llegaron obviamente referidos a ellos dos. Buscaron a los causantes y encontraron a dos chicos sentado en la barra de premios rodeados por chicos. El de la derecha era un joven musculoso y tonificado de altura media con el pelo rubio, en un estilo que sobresale hacia el exterior de punta en todas direcciones, y una más pequeña, mechón frontal del cabello parcialmente colgando sobre su frente. Sus ojos azules oscuros llamaban la atención de todos, y por encima de la derecha una cicatriz, diagonal hasta la frente. El otro era más serio y menos notorio su descaro de burlarse de ellos dos. Sus ojos rojos se mantenían ocultos por una mata despeinada de pelo negro que le daba cierto aire misterioso. Al igual que el otro era bastante alto y tenía un porte atlético.

- ¿Quiénes son ellos?

- Sabertooth.- dijo Gray como si se tratara de un insulto.- Es una escuela exclusiva de magos, no se relacionan con otros seres de "Die Natch". Y ellos son como los reyes del lugar: Sting Eucliffe y Rogue Cheney.

- Vámonos de aquí. -bufó Kira.

Mientras se iban volteó a verlos y Sting le guiñó un ojo mientras la saludaba. Gray tironeó de ella hasta el callejón lateral del arcade y pegó la pared con fuerza. Kira se quedó viendo su ataque de furia.

- Lo siento.- dijo al rato.- Es que odio a esos bastardos que se creen tan superiores.

- Te entiendo,- se encogió de hombros.- yo detesto a los sangre pura, y supuesta mente ellos son superiores a nosotros en poder y todo.

Gray y Kira se miraron con algo de empatía. Se entendían a pesar de ser de razas diferentes, pero no eran tan diferentes. Kira no pudo evitarlo. Se acercó a +el y sus labios poseyeron los del chico de hielo. Sus labios bailaron constantemente como cada vez que lo besaba. Era como sentir frío y calor al mismo tiempo. Era absolutamente atrapante. Enrolló sus piernas al rededor de su cintura dándole un punto de apoyo y su espalda chocó automáticamente contra la pared. Sus colmillos se alargaron buscando la necesidad de llenarse en todo sentido. Un apetito de su cuerpo tanto en su garganta como entre sus piernas.

¿Ya no me quieres?

Su propia voz de joven escuchó en sus oídos. Ella siguió aferrándose al mago con ansias tratando de olvidar todo eso. Ya no quedaba nada de su pasado allí. Lo dejó jugar con sus dedos en su entrada, en algún momento le había bajado los shorts. Ella ni cuenta se había dado. Rodeó con sus manos el miembro erecto y lo acarició causando gemidos.

Yo jamás dejaré de amarte, Gatita, ni muerto.

La voz de Yuhi la forzó a abrir los ojos y casi se le fue el alma con lo que vio. Unos ojos fucsia resplandecientes, unos que conocía demasiado bien. El corazón se le desbocó. No podía ser cierto pero allí estaba. Besándola con ardor como solía, su Yuhi. Tomándola con fuerza como solía, marcándola como suya. Ella sentía llegar el orgasmo a oleadas mientras él estaba en su interior empalándola una y otra vez. Lo oyó venir y sintió el líquido derramado en su pierna, el semen de su único amor... Los dedos de su amado siguieron jugando con ella hasta el punto máximo. Se iba a dejar venir en el mejor orgasmo que sentía llegar... Hasta que oyó una risa lejana que también conocía demasiado bien.

Me repugnas, Kain, realmente eres una desgracia para la memoria de Yuhi.

¿Sara Shirabuki? ¿Por qué pensaba en ella en un momento así? El dolor en su nuca como el que le había dado en el techo la forzó a cerrar los ojos. Justo como antes que Sara se metiese con ella y Gray. Se sentía mareada, enferma. Pero los vampiros no enfermaban... Algo iba mal, terriblemente mal. Sus piernas dejaron de funcionar y cuando tocó el piso, se desplomó. Alguien la rodeó con sus musculosos brazos antes que se estrellase. Yuhi no era tan fibroso, era fino y elegante como un gato. Entonces la realidad la golpeó. Estaba con Gray Fullbuster, no con Yuhi. Podía leer sus labios gritar su nombre lleno de preocupación pero no podía oírlo. No más, sentía sus sentidos perderse lentamente.

Lo último que sintió fue su cuerpo elevarse y al chico que la cargaba correr. Entonces se dejó llevar. Tal como lo había hecho Yuhi esa noche, la misma fatídica noche en la que murió.


- Nunca le has dejado de temer a las arañas, ¿no?

A Sandara casi le da un infarto de la sorpresa que le había dado Itachi al aparecer de repente. Había estado meditando si entrar o no sola a la casa de los espejos, ya que cierto Uchiha estaba llegando tarde.

- No voy a contestarte eso.- se cruzó de brazos ella con una media sonrisa.

Itachi solía capturar las arañas en su cuarto para que ella no saltase cual resorte cada vez que veía una rondando por sus paredes. A veces se había quedado en su cuarto luego de sacarlas al jardín, pero siempre era él quien le daba valor.

- No pensé que esto fuese a llenarse tanto.

Era verdad. La gente, parejas o no, salían hasta por debajo de las rocas. Por lo menos, en la casa de los espejos había poca fila. Recordaba que cerca de su casa también había festivales. No sobre fiestas paganas sobre los dioses wiccanos... pero si por el cambio de estaciones. Cuando eran niños habían ido juntos, y con el hermano menor de Itachi... Sasuke Uchiha. Nunca le había preguntado sobre la noticia de la masacre de su familia. Los Uchiha habían sido importantes en su barrio y aún más en la ciudad. Supuestamente su padre había sido puesto como candidato para gobernador.

- ¿En qué piensas? - le susurró al oído acercándose demasiado.

Las muchachas al rededor la fulminaron con la mirada. Claro, Itachi no había lugar en el que no atrajese a las mujeres. Aunque ella misma ni sabía por qué la había invitado aquí.

- ¿Por qué me invitaste a Bealtaine?

- ¿No es obvio?

Ella lo miró al llegar a la entrada. Si era lo que ella pensaba... Hasta sus orejas se ruborizaron.

- ¡Dara-chan!

Un grupo de chicos y chicas que pasaban la saludaron entre griteríos. Iban con ella al salón B con Ayame y Masaki.

- Dara-san está hermosa como siempre.- le guiñó un chico a otro que se volvió púrpura de la vergüenza.

Las chicas dieron risitas de nerviosismo y empujaron al chico. él comenzó a mover sus dedos sin saber que hacer hasta que Dara le sonrió para tranquilizarlo.

- Yo, yo... Dara-san,- sacó un paquetito y se lo dio.- ¡Feliz Bealtaine!

Antes de poder agarrarlo, Itachi se interpuso entre los dos. El chico se puso pálido y las chicas gritaron cual fangirls.

- Kyaaa, Itachi-sama.

Ella pensó que probablemente lo mandaría a la mierda y ella se enojaría mucho si lo hacía (otra vez). E cambio, Itachi se lo dio suavemente a ella y miró al chico de nuevo.

- Sandara está conmigo, pero gracias por tu amabilidad. Ten una buena noche.

A Dara casi se la cae la mandíbula. Itachi siendo maduro... Woau. ¿Quién lo diría?

- ¿No vas a explotar ni ir detrás de él para que se arrepienta?- se burló de él y eso solo causo una suave y relajada risa del Uchiha.

- Puedo hacerlo luego sin que te enteres... Pero ahora voy a disfrutar de esta cita contigo.

Dara iba a amenazarle con respecto a su compañero de clase pero se dio cuenta de la palabra precisa que él había usado. Entraron a la casa de los espejos y avanzaron tomados de la mano. Sandara no se había dado cuenta cuando había pasado eso. Los espejos deformaban su figura de distintas formas al igual que la del chico moreno.

- Así que... esto es una cita.- sintió mariposas del tamaño de Godzilla revolotear en su estómago.

Itachi la llevó por un pasillo que terminó en un cuarto con diversos espejos y cristales de todos los tamaños en el piso y encima solo una bóveda negra. Itachi tironeó de una cuerda y algunas luces se encendieron tenuemente. Los espejos y cristales reflejaron y refractaron causando todo tipo de constelaciones en la bóveda. Era como ver el Cielo, la galaxia en diversos colores. Era el mejor espectáculo de toda su vida. Iban cambiando mientras diversos vidrios de colores se deslizaban debajo de los que formaban el suelo. Era como estar en un caleidoscopio gigante... Un Mangekyou.

- Es hermoso.- dejó escapar el aliento contenido.

Se dio la vuelta para enfrentar a Itachi y él solo la miraba a ella. Poco a poco eliminó la distancia entre los dos y ella se puso de puntillas. El primer contacto fue como una caricia, suave y frágil como un aleteo de mariposa. Pero él agarró su nuca y ahondó el beso. La necesidad, el contacto, la unión se hizo todo lo que querían. Todo su cuerpo se arqueó ante el placer. El beso no se cortó hasta que los dos se quedaron sin aire.

- Eso fue...

- Intenso.- completó Dara recuperando el aliento.- ¿Seguimos con nuestro recorrido?

Itachi dudó antes de asentir. Le ofreció su mano y ella la tomó con timidez. ¿Era esto un sueño? Siguieron el camino riéndose de sus propias figuras en los espejos. Salieron del lugar a carcajadas, la gente los miraba. No era común ver a un Uchiha reírse así. Para ella, sí. Itachi siempre reía con ella.

- ¿Qué hacemos ahora?

- No lo sé.- la abrazó bajo la protección de un árbol.- ¿Qué quieres hacer?

Otro beso fue depositado en sus labios. Parecía tan natural, como si debiese ser así lo que ellos siempre habían tenido. Algo llamó a su sexto sentido, como el peligro llamándola y buscó el lugar de donde provenía. Cerca de ellos Tsubaki se rrebatiía para liberarse de Kuran. Miró a Itachi que entendió en seguida lo que debía hacer.

- ¡Déjame de una maldita vez en paz!

Itachi fue rápido y los separó aunque la cara de horror de Tsubaki no se iba.

-¿Estás bien?- le preguntó mientras Uchiha se encargaba del sangre pura.

Tsubaki no respondió pero eso no pareció el único incidente de la noche. Gray Fullbuster llegó al trote con Kira entre brazos. Estaba totalmente consternado y al encontrarlas siguió a la carrera hasta ellas.

- ¡¿ Qué diablos le pasó?! - gritaron las dos a la vez.

Tsubaki alzó la mano hasta tocar su frente y la sacó inmeidatamente.

- Está ardiendo. .. Tenemos que encontrar a su hermano. - informó a todos Tsubaki volviendo sobre sus talones.

Dara asintió y focalizó su energía en la albina. Su aura plateada que era común en los vampiros se estaba transformando en una sombra que la abarcaba completamente.

- Y rápido, no le queda mucho tiempo...


Kaito se sentó en la banca aburrido. ¿Cómo rayos entre toda la gente había terminado con el gemelo tranquilo y la hiperactiva busca-problemas? Los dos parecían llevarse sorprendentemente bien y él era como el tercero en discordia. En algún lugar habían perdido a Tsubaki, pero en su favor, la chica se había alejado. Otra vez, ¿cómo había terminado con los tres atrae desastres en una salida? Maldecía a Zero, a Yuro y a todo ser viviente en este planeta.

Se habían quedado en la zona de juegos tradicionales japoneses, esos en los que te llevabas un premio o podías pescar un pececito dorado con una bolsa y te lo llevabas. En ese juego estaban ahora. Masaki estaba deleitándose con todo eso. Al parecer, nunca había visto algo así, lo cual la llenaba con demasiada energía.

- ¿No es lindo aquel de manchas negras y blancas?

- ¡Si! ¿Qué tal ese que tiene un naranja tan brillante!- le dijo ella al gemelo Kiryuu.

Ichiru la miró de soslayo pero Kaito reconoció esa mirada... Oh, por Kami-sama... No podía ser cierto. El tímido Ichiru le gustaba la explosiva Masaki. Bueno, ahí se comprobaba que los opuestos se atraían. Masaki notó que Ichiru la miraba y se tocó la cara por reflejo.

- ¿Tengo algo?

- No,- respondió Ichiru.- Solo me di cuenta que eres muy bonita.

Si pudiese haber una nueva definición del color rojo, pasaría a llamarse Rojo Masaki.. porque el color de su rostro denotó eso.

- ¡Ah, por el amor a Kami-sama!- gritó Kaito parándose del banco.- Hacen eso y me vomito. Lo juro.

- ¿Qué cosa?- preguntaron los dos inocentemente.

- Flirtear, coquetear entre uds. No caigan en ese estúpido cliché de chica jugando con su pelo y chico que no se anima a decir lo que siente.- bufó Takamiya masajeándose las sienes.- Invitense a salir y déjenme en paz con este día tan... inútil.

- ¿Será que Kaito-san se siente solo?- le susurró Masaki a Ichiru, pero Kaito pudo escucharlo y la fulmino con la mirada causando que la chica se escondiese detrás de Ichiru.

Antes que pudiesen seguir discutiendo respecto a la soledad del cazador, que negaba con fiereza y dientes, Sandara y Tsubaki llegaron corriendo hacia ellos con paso acelerado.

- ¿Qué pasó?

Kaito se dio cuenta automáticamente que algo estaba mal. Algo en el aire, no sabía cómo lo sabía. Simplemente lo hacía.

- Es Kira... No sabemos que le pasa pero Dara dice que está muriendo.

- Hay algo malo aquí. - murmuró Kaito.- Vayanse a la enfermería y cuiden de Kira. Buscaré al resto.

Todas asintieron y se separaron. Kaito corrió por las calles y los puestos buscando desesperado a Mizuki, Yuro y Zero. ¿Dónde podrían estar? Esa sensación de malestar se iba acrecentando y por un momento cerró los ojos y rogó.

Por favor que esten bien...


Días soleados, días de luna.

No existe una nube allí,

nada que pueda perturbarnos.

Tanto anhelamos el Cielo

que nos olvidamos del suelo

y allí existe el peligro.


- ¿Qué hacemos aquí?-se rió Mizuki mientras Deidara la llevaba por el camino con paso ligero.

Ella lo había visto entre la gente saludándola y haciendo señas para que lo siguiese. No había dudado ni un segundo, últimamente hacía muchas locuras. Seguramente a su hermano le daría un infarto de solo pensar en lo que se metía. Ella se sentía mejor que nunca, ya no más resguardos. Había passado mucho tiempo cuidándose. Ya no había nada que la pudiese dañar como lo habían hecho.

- Deidara-senpai.- lo llamó otra vez cuando apuró el paso.

- Ya lo verás, hm.- solo recibió por respuesta.

Se detuvieron al pie de un acantilado donde podían ver todo el festival desde arriba. No podía creer la cantidad de metros que había caminado en tan poco. Eran como pequeñas lucesitas aglomeradas. Podía ver a las personas, al bosque entero.

- Es hermoso...

- Y eso que no viste la mejor parte.

Mizuki se quedó descolocada. ¿Eso no era lo habían venido a ver? Las palabras ni fueron formuladas de su boca que un chillido agudo sonó desde abajo. Ella miró el Cielo iluminarse con miles de lucecitas que se dispersaron por el aire con un estruendo. Mizuki contuvo la respiración.

Fuegos artificiales.

Brillantes y coloridos, con chispas que revoloteaban sin cesar. Uno tras otro fueron iluminando el cielo nocturno. Mizuki sentía la mirada de Deidara y su sonrisa de conformidad al verla así. Ella estaba fascinada, eran absolutamente hermosas.

- Y el acto final...- Lo escuchó decir.

Diferentes bengalas se esparcieron en el cielo y cuando explotaron formaron una forma. La de un ángel alado brillando en su esplendor. Lágrimas empezaron a caer en Mizuki al ver aquello.

Alas...

- ¡Lo siento! ¡Lo siento! No quería hacerte llorar.- se desesperó el rubio.

- No, es lo más hermoso que han hecho por mí.- se secó las lágrimas.

No podía demostrar su dolor, ni sus razones. Ella debía permanecer oculta de la vista de todos. Miró el Cielo mientras las últimas estelas de luz se apagaban. Ya no había nada allí para recordarlo. No había nada para estrujarle el corazón.

XXX

- ¿No crees que es algo infantil, incluso para tí?

Aidou le hizo fuck you a su primo Akatsuki Kain. Había tenido que dejar a Ruka en uno de los juegos con Shiki y Rima solo para seguirlo. Y allí estaban los dos, observándo a la albina de ojos azules que le había rechazado, golpeado y se resistía a Hanabusa. Y por mucho que su primo negase, había algo raro en ella.

- Ya te lo dije, Wild, no vine por qué me siento despechado.

- Si, si. A parte de que se resista a tu encanto, no le veo nada fuera de lo común.- dijo seriamente su primo mirando a la chica.- Es jóven y bonita, y obviamente no le van los estúpidos como tú.

- Si que es hermosa.- sonrió Aidou hasta que se dio cuenta de lo que había dicho su primo.- ¡No soy estúpido!

Se tapó la boca y quedó tieso. Podrían haberlo escuchado, pero ella parecía muy concentrada en los fuegos artificiales. Maldito Deidara... si que era original para conquistar. Ella parecía sumida en sus pensamientos ta feliz y anhelante a la vez.

- Pfff, vámonos, Wild.

- ¿Hu? ¿Qué te hizo cambiar de opinión?

Aidou se encogió de hombros. Simplemente sabía que no había nada que hacer con ello. Ya tendría oportunidad de saciar su curiosidad (y seducir a Mizuki de paso). Que disfrutase con esa victoria por ahora Deidara. Los dos avanzaron por el bosque silencioso y se quedaron de una pieza. El bosque... era como una tumba. No se escuchaba ni un alma... Ni un ave, o insecto, nada.

- ¿Qué diablos sucede aquí?

Una sensación de inminente peligro los hizo retroceder unos pasos.

- Aidou...

- Si, yo también lo siento. Es algo demasiado...

Los dos se escaparon por un costado al sentir los susurros apoderarse del bosque. No sabían donde estaban yendo, era un viento que arrasaba con todo desde el centro del mismo bosque. Aidou clavó los talones en el suelo. Mizuki y Deidara estaban en el acantilado, él volvió a doblar y corrió seguido por Kain. Su primo notó hacia donde se dirigían y tragó con fuerza.

- Espero que tengas un plan.

Él asintió, aunque estaba mintiendo. Tenían que escapar. Algo muy diabólico, realmente perverso, estaba saliendo del bosque... E iba a acabar con todo lo que estuviese a su paso.


Ayame estaba a las santas puteadas. Yuro había accedido a ir con ella al festival ese de cuarta, pero a la menor oportunidad la había abandonado en el bosque. ¿Cómo diablos iba a encontrar a las chicas ahora sin celular y sin lobo rastreador? Saltó unos arbustos y chocó contra un poste rojo de madera. Sus maldiciones se agrandaron y calló de repente. Estaba en uno de esos templos sagrados de Japón, un templo shintoísta.

- ¿Ayame? Oh, Dios, casi me das un susto de muerte.- Takuma dijo desde el suelo, debajo de sus pies.

Ella se bajó inmediatamente y se disculpó repetidamente. Parecía que definitivamente esta no era su noche.

-¿ Qué haces aquí? - dijo Ayame mirando al templo.

- Vengo a agradecerle a Kami-sama por todo lo que me dio desde el año pasado.

Ayame casi se atraganta con su propia saliva. ¿ Un vampiro devoto de la religión? Era ver para creer. Los vampiros eran demonios... y ya no estaba tan segura de ello tras haber conocido a Ichijou. Al parecer él rezaba más que ella durante toda su vida.

- ¿ Te perdiste, Ayame - san?- le preguntó como si le hubiese leído el pensamiento.

- Algo así. Puedes...acompañarme cuando termines. Yo te espero.

- ¿ No quieres venir conmigo al templo?

TakumA le ofreció su mano y ella la tomó. No sabía por qué pero él la volvía estúpida, la empujaba a hacer cosas que no haría con otra sanguijuela. Los dos subieron las extensas escalinatas y entraron al antiguo edificio. Todo estaba decorado con velas encendidas, incienso y tiras de velos que se mecían con el viento. El olor era primitivo y la llamaba a algo. No sabía bien a qué. Era la misma sensación que había tenido en la noche de luna llena.

- Takuma.- lo llamó deteniéndose frente a un altar de ofrendas.

- Lo sé, yo también lo siento...- dijo él removiendo se inquieto.- Alguien... sabía que vendría contigo aquí...

Ella se estremeció al sentir el aire frío y el olor renovado en sus fosas nasales. No podía contenerse. ¿ Quién podría haber hecho eso? Dolía solo de resistirse. Suspiró una vez más el nomvre del rubio y todo se volvió borroso. De un momento a otro, Takuma la había agarrado de las caderas llevándola al altar. La recostó allí y arrancó sus ropas como si fueran un simple trozo de papel. Sus ojos verdes estaban dilatados como los de un gato y en el reflejo de su pupila pudo ver sus ojos arder en rojo. Era bestial en sus movimientos pero no dejaba ese toque tan posesivo y único del joven Ichijou.

- Ayame.- gruñó él antes de introducirse su interior.

No hubo tiempo de respuesta. Comenzó a moverse duramente en ella, entrando y saliendo con toda su fuerza supernatural. La mesa de piedra debajo de ella se rompió a la mitad pero ninguno de los dos se dio cuenta hasta más tarde. Él la poseyó sin detenerse una y otra vez, sin poder saciarse de tenerla así. Ambos sabían que era el efecto de ese incienso pero eso no evitó que llegasen al orgasmo una y otra vez. Los orgasmos no paraban de venir, del mismo modo eb que ellos no podían parar de tener sexo. Era una agonía y el placer puro.

Era... magia negra en su máximo esplendor. Despertaba todo instintl animal, Takuma había sido puesto bajo un hechizo así antes. Pero solo alguien muy poderoso podía llevarlo a cabo. La pregunta era quién y para qué.

Se sintió correrse una vez más, esta vez dentro de la boca de Ayame. El solo verla así tan ávida por él, lo hizo endurecerse de nuevo, y esta vez nada tenía que ver el hechizo. Maldijo por lo bajo... Él la quería así, dispuesta y caliente, él tampoco quería detenerse. ¿Por eso debería irse al infierno? Quizá si... Quiza esto era el Cielo que se le vería privado en el futuro. Así que dejó de luchar.


Zero se escabulló una vez más de los caminos repletos de gente. Detestaba esas festividades y a pesar de ello siempre terminaba arrastrado por Kaito, Ichiru o Yuki. Sus pasos se aligeraron a medida que ya no escuchaba el bullicio incesante y se acercaba al final de las tiendas que daba al bosque.

- ¿ Vas a alguna parte, guardián?

Sus ojos vampíricos se ajustaron a la oscuridad y distinguió dos figuras tiradas en el piso. Una enorme masa de pelo negro enseñándole las fauces y a Yuroichi Hakyoku recostada sobre el cuerpo del hermoso animal. Una parte de él decidió ignorarla, la otra quería ir con ella y recostar su cabeza en su regazo.

- ¿Ya no disfrutas los festivales como antes? - volvió a molestarle con esa vocecita de autosuficiencia típica de ella.

- Nunca lo hice.- su parte mala ganó y, terminó por acercarse al lobo y a ella.

El can gruñó amenazando con los músculos ya en tensión para atacar pero con una mano de Yuro posada entre sus orejas, no movió ni un pelo. No se sorprendió. Yuro siempre había sido buena domando lo que fuese, hasta personas. El peso de la cajita que le había dado Yuki reposaba en su bolsillo como si le estuviese advirtiendo de sus pensamientos infieles. De igual forma se sentó a su lado, apenas apoyándose en el lobo del tamaño de un caballo.

- La pura sangre te dio un regalo.- afirmó algo cansada.- Un dedal del Bealtaine.

- ¿ Cómo lo supiste?

Zero la miró. Las ojeras se marcaban debajo de sus ojos plateados y estaba más pálida que nunca. Sin embargo no perdía ese brillo burlesco en su forma de hacer las cosas. Esa forma que lo hacía querer abandonar todo.

- Es Bealtaine, Zero, los amantes suelen regalarse ese tipo de cosas o algo que desee su pareja. ¿Ya sabes que te regaló?

Él negó sacando la caja con un mínimo interés. Se sentía sucio de alguna forma. Yuki lo amaba como para humillar a Kuran dándole un regalo y allí estaba él, en compañía de otra mujer meditando lo hermosa que podía llegar a ser. Volvió a guardarla. Ya la vería más tarde.

- Te ves terrible. - comentó mirándola de soslayo.

Ella torció el gesto y no se enojó.

- Bueno, si pasas una semana durmiendo dos a cuatro horas por día, y rastreando una terrorista de élite el resto del día, créeme que te verías como yo.

Le dio un punto a favor. Por Yagari se había enterado de las búsquedas incansables de Yuro. Era admirable su firmeza por atrapar de Peisinoe.

- No vas a durar mucho si sigues así, deberías descansar.

- Ohhh...¿Eso que oigo es preocupación?

Zero apartó la mirada ruborizado. Ella era una imbécil. Siempre se exigía demasiado hasta el punto que la gente terminaba preocupándose por ella. Ella largó una corta carcajada al verlo.

- Deberías ir y divertirte, Zero.- bostezó Yuro.

- Ya te dije que no me gustan estos eventos.

- ¿ Por qué? Solían gustarte cuando éramos chicos.

No tuvo tiempo de responder. Yuro se había quedado dormida profundamente apoyada en su hombro. Zero siguió contemplándola así por un rato. Pocas veces Yuro bajaba sus defensas y se veía tan frágil como en ese instante.

- Zero-kun.

Él torció el cuello para verla, él la estaba cargando sobre su espalda mientras volvían a la casa de Yagari. Ichiru y Kaito se habían quedado con él para seguir con los juegos. Yuro se había quedado dormida tras ver los fuegos artificiales.

- Sigue durmiendo, Yuu-chan, ya llegaremos a casa.

Ella hizo un mohín y bostezó.

- No estoy tan cansada, puedes volver con los otros.

- Pero no sabré si llegas bien a casa...

Ella se bajó de un salto de su agarre y los dos se enfrentaron. Sabía que la chica Hakyoku pocas veces daba su brazo a torcer.

- Te perderás toda la diversión solo por mí.

- Estaría preocupado toda la noche si no te acompaño.

Sus mejillas se sonrojaron al escuchar eso, y él al notar sus palabras también. Ella se veía increíblemente linda con con ese kimono con lunas y estrellas bordadas en plateado. La gente solía voltearse a admirar su sonrisa y su belleza, al igual que él no podía apartar los ojos de ella. Pero ya no podía ser así, ella se iría mañana a la asociación. La habían llamado para hacerla oficialmente una cazadora.

- ¿Quieres que te cargue?

Yuu tomó su mano y sonrió.

- Prefiero ir al lado de Zero-kun. Así no seré una carga para tí.

- Yo... Te extrañaré, Yuu.- soltó antes que ella empezase a caminar.- Siempre voy a pensar en tí, y si estás bien. No porque seas débil...

Ella lo miró con sorpresa y emoción en sus ojos. E hizo algo que no se esperaba definitivamente. Agarró su mentón y depositó un beso en sus labios. Fugaz y corto, pero causó que el pulso de Zero se disparase a mil por hora.

- Yo también pensaré en tí, y algún día volveremos a vernos.- susurró contra sus labios.- Así que más te vale no dejar de quererme.

Zero apartó la mirada del rostro de Yuro. De eso ya mucho tiempo había pasado, pero ella seguía igual de algún modo. Seguía durmiéndose en sus brazos como si fueran el lugar más seguro del mundo, seguía causando que su corazón saltase al verla. No sabía si era un eco del pasado, o simple obviedad: su atrapante belleza. Ella llamaba la atención de cada hombre que se le cruzaba en el camino, pero también intimidaba mucho.

- Ah, Yuro.- suspiró aunque ella no estuviese consciente.- Realmente... eras una mala niña al dejarme de ese modo, y ahora eres una peor mujer...

Tomó su mentón y suavemente le robó un beso sin hacer que se despertase, como el que ella se había robado hace tantos años. Y dejó entre sus manos algo que había dudado en dar a Yuki (y que al final se había negado a dárselo a ella en esa estúpida noche). El brazalete de plata con una rosa en el centro brilló entre sus dedos y él la dejó allí con su campera de cuero abrigándola de la noche. Antes de irse volteó a verla por última vez y el viento sopló de manera anormal. El lobo se despertó y gruñó hacia los árboles. Como si presintiera como Zero que algo malo rondaba por allí observando.

El lobo lo miró con ojos acusadores y por más que esa sensación de peligro aumentaba el lobo se negaba a sus instintos de supervivencia y dejar a Yuroichi. Era asombroso ver a un animal de ese tamaño ser tan leal a un simple humano. Él dio un paso alejándose más y él lobo aulló como pidiendo ayuda. No podía dejarla, ¿o sí podía?


El amor, el deseo.

¿Cómo diferenciar si están tan ligados?

Como separar lo que una vez sentí,

cuando te veo conmigo.

Quiero tocarte, quiero besarte.

Quiero que seas mía para siempre.