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°ENTRE GEMAS Y BALONES°

CAPÍTULO ONCE: Es una cita

—Demasiado ostentoso –mencionó Perla mientras aventaba una blusa roja a la cama y cogía un vestido con un diseño floral para después verse en el espejo–. Éste no se ve tan mal, pero me va grande… ¿por qué lo compré en esta talla? Ugh.
La gema pálida dejó el vestido en la cama y se dejó caer sobre la misma. Suspiró. Llevaba dos horas buscando un conjunto de ropa que le agradara para la cita que tendría con Garnet en tres horas más. La gema oscura le había hablado temprano para decirle que pasaría por ella a las siete, y aunque apenas eran las cuatro de la tarde, Perla sentía que sólo le quedaban veinte minutos para alistarse.
En ese momento, unos pequeños golpes a la puerta llamaron la atención de la gema pálida.
—Perla, soy yo, Rose. ¿Puedo pasar? –se escuchó desde el otro lado del portón. Perla se sentó con rapidez.
— ¡Claro, adelante!
Rose abrió la puerta y se adentró a la habitación con una rebanada de quiche, una tarta de espinacas que la gema rosa había preparado momentos antes.
—No bajaste a comer, así que decidí traerte un poco de quiche –dijo Rose mientras colocaba el plato sobre la mesita de noche de Perla.
—Gracias Rose, pero no tengo hambre –respondió Perla mientras bajaba la cabeza, ligeramente avergonzada. La gema rosa notó la pila de ropa en la cama de Perla y alzó una ceja, curiosa.
— ¿Y toda esa ropa? –preguntó.
—Yo… aún no sé qué me voy a poner para esta noche –admitió Perla, frotándose un brazo con la mano de manera nerviosa. Rose parpadeó, y después soltó una pequeña risita. Ahora comprendía su falta de apetito. Se sentó junto a la gema pálida y colocó una mano sobre su hombro.
—Oh, Perla –comenzó–, no te preocupes mucho por eso; sólo ponte lo que te haga sentir más cómoda contigo misma y disfruta de los fuegos artificiales y de la compañía, ¿de acuerdo? Todo saldrá bien, ya lo verás.
Perla se volvió hacia Rose, y tras unos segundos, asintió lentamente con una pequeña sonrisa.
—Tienes razón, Rose. Gracias por siempre estar ahí para mí.
—Es todo un placer –repuso Rose, y le plantó un rápido y maternal beso a la gema pálida junto a su piedra. Curiosamente, pensó Perla, Rose nunca la había besado en su piedra, pero Garnet sí; se sonrojó al recordar aquella ocasión. Posteriormente, la gema rosa se puso de pie y se dirigió a la puerta–. Estaré abajo por si me necesitas.
Perla asintió con la cabeza.
—Sí, gracias.
Tras esas palabras, Rose se dio la vuelta y salió de la habitación. Cuando el ruido de la puerta cerrándose concluyó, Perla miró hacia el techo y respiró hondo. Rose tenía razón: Tenía que encontrar un conjunto que la hiciera sentir bien, que la hiciera sentir que era ella misma. Sin pensarlo dos veces, la gema pálida se dirigió una vez más a su armario, pero en esta ocasión tenía ciertas prendas en mente. Sacó un top color turquesa con una estrella amarilla en el centro y una falda a la cintura color melocotón que combinaba con su cabello. Para el calzado, Perla optó por unas zapatillas tipo flats del mismo color que su top. Rato después, la gema pálida ya estaba vestida y casi lista para su cita. Se tomó unos momentos para admirarse en su espejo de cuerpo completo, moviendo su falda en diferentes ángulos para apreciarla mejor junto con el resto de su conjunto.
—Perfecto –se dijo a sí misma mientras colocaba sus manos sobre la cintura, satisfecha con su elección. Como buena gema adicta al orden, Perla guardó detenidamente las prendas anteriores que se había probado y dejó todo en su lugar, limpio y como nuevo. Después se peinó cuidadosamente su corto cabello en punta y se observó por última vez:

Estaba lista.

Perla había decidido la noche anterior que ese sería el día en que le confesaría sus sentimientos a Garnet. No podía reprimirlos más.

Tenía que armarse de valor y ser honesta con su amiga.

Con una pequeña sonrisa de emoción, Perla bajó las escaleras de su hogar de puntillas y se dirigió a la cocina. Guardó unos bocadillos en el bolso que se llevaría con ella y una manta que había comprado para la ocasión. Una vez que terminó de preparar los últimos detalles, la gema pálida se dirigió a la sala. Miró el reloj de la pared; todavía faltaba una hora para que Garnet llegara, así que mientras tanto tendría que intentar relajarse y esperarla, pues su corazón latía con tanta velocidad que parecía que en cualquier momento iba a salirse de su pequeño pecho. La gema se sentó sobre el sofá y agarró el libro más cercano que encontró: Era un texto que hablaba sobre el lejano y extraño lugar que denominaban "Tierra", planeta que siempre había cautivado la atención de Perla. La gema pálida trató de concentrarse en la lectura, de registrar las palabras ahí escritas y comprenderlas, pero al parecer, en su mente sólo había espacio para Garnet; Garnet jugando baloncesto, Garnet riendo despreocupadamente, Garnet frunciendo el ceño, Garnet arqueando la ceja, Garnet sonriendo, Garnet enseñándole a hacer un pivote, Garnet bailando con ella, Garnet a punto de besarla…

—…nante! –la voz de Rose comenzó a traer a Perla de vuelta a la realidad, y ésta se volvió hacia la enorme gema que se acercaba a ella.
— ¿Perdón? –fue lo único que dijo Perla al mirar a Rose y notar su mirada expectante. ¿Le había hecho una pregunta?
—Te estaba diciendo que yo también iré a ver los fuegos artificiales más tarde –explicó Rose, y Perla abrió los ojos como platos. Al notar esto, Rose aclaró–: Pero no te preocupes, no planeo interrumpir tu cita con Garnet, pues yo iré con Lapislázuli y Amatista; me invitaron ayer después del juego. Fuegos artificiales, ¡qué emocionante!
Perla hizo una mueca; ¿También estarían allí Amatista y Lapis? "Si Amatista nos ve, no dejará de fastidiarme…" pensó la gema mientras se pegaba en la frente con la palma.
— ¿No te agrada la idea? –preguntó Rose, evidentemente decepcionada, al notar la reacción de Perla. Ésta sacudió sus manos frente a ella, tratando de explicar la razón de su acción.
—Oh no, no es eso, me parece grandioso que también quieran disfrutar del evento, es solo que… –Perla se mordió el labio inferior, insegura de cómo abordar la conversación–. Amatista…
Rose parpadeó unos momentos, y después de eso, sus ojos se iluminaron, comprendiendo finalmente lo que la gema pálida estaba tratando de decir.
—Ya veo –reanudó Rose–. No te preocupes Perla, me aseguraré de que tu noche sea inolvidable. Déjame a tus amigas a mí, ¿de acuerdo?
— ¡Amatista no es mi ami…! –se defendió la gema pálida, pero prefirió callar y suspiró. Rose se limitó a reír suavemente–. Oh Rose, no sé qué sería de mí si tú no estuvieras aquí.
La gema rosa le guiñó el ojo.
—Bueno, si ese fuera el caso, me gustaría que vivieras tu existencia al máximo y disfrutaras de las pequeñas y maravillosas cosas que la vida tiene para ofrecerte… como esta noche especial.
Perla la observó, extrañada por esa inesperada respuesta de la gema rosa. No obstante, asintió y se levantó para abrazar a la gema alta.
—Por cierto, te ves maravillosa con esa ropa –murmuró Rose mientras le regresaba el abrazo.
—Gracias. Espero que Garnet opine lo mismo.
—Seguro que sí.

Después de eso, Rose se fue a su habitación y Perla volvió a tomar el libro de antes y esta vez comenzó a leerlo sin ninguna distracción. Un rato después, el timbre de la puerta resonó en la casa. La gema pálida ahogó un grito, cerró el libro y se levantó inmediatamente del sofá. Respiró hondo, se acomodó su ropa y cabello por última vez y se dirigió a la entrada de su casa.
— ¡Ya voy! –exclamó Perla, esperando que su voz no denotara su nerviosismo. Rodeó el pomo del portón, y tras respirar por última vez, abrió la puerta.

Lo que vio frente a ella la dejó sin aliento.

Garnet estaba ahí de pie, vestida con un jumpsuit o mono largo de color negro con tirantes delgados, zapatillas deportivas y una chaqueta de cuero. La gema oscura se acomodó los lentes de sol.
—Hola, Perla –saludó ella con su usual tono de voz. Perla se limitó a observarla de arriba a abajo, boquiabierta: Nunca había visto a su amiga vistiendo tan… sexy. "Perla, ¡tienes que saludar!" Se dijo la gema pálida a sí misma mentalmente. Aun así, no había manera de que Garnet no hubiera notado su asombro; las mejillas de Perla comenzaron a teñirse de azul al darse cuenta de que había sido muy rudo de su parte mirarla así. No obstante, Garnet, tan tranquila como siempre, se limitó a sonreír levemente antes de decir–: Te ves muy bien.
Perla parpadeó, como despertando de un sueño.
—Oh, uhm, ¡muchas gracias Garnet! –agradeció la gema pálida mientras sus mejillas se calentaban aún más. Al parecer, Perla no había sido la única observadora ahí–. Iré por mi bolso, ya regreso.
Garnet asintió con la cabeza, se cruzó de brazos y se recargó en la pared mientras esperaba a que su amiga regresara. Instantes después, Perla regresó con una bolsa del mismo color que su falda, misma que había dejado en la cocina anteriormente.
—Perdón por la espera, pero ya estoy lista –dijo la gema pálida, aún algo nerviosa. Después, miró al interior de su casa y exclamó–: Rose, ¡Garnet y yo ya nos vamos!
Rápidamente, la enorme gema rosa bajó las escaleras para encontrarse con las otras dos chicas.
— ¡Hola Garnet! Me da gusto verte de nuevo –saludó Rose amablemente con una sonrisa. Garnet asintió y sonrió de manera cortés–. Disfruten del evento y vayan con cuidado, ¿vale?
—Así será –repuso Perla.
—Gracias –agregó Garnet. La enorme gema rosa asintió con la cabeza. Posteriormente, Perla y Garnet se dieron la vuelta y comenzaron su andar hacia el lugar donde se llevarían a cabo los fuegos artificiales. La gema oscura le ofreció su brazo a la gema pálida, y ésta lo aceptó gustosa. Rose, con una sonrisa en el rostro, las observó partir por unos instantes más, y después se adentró a su casa y cerró la puerta principal tras ella.
—Oh, por cierto, ¿Garnet? -comenzó Perla momentos después de alejarse de casa.
— ¿Sí?
—Tú te ves deslumbrante con ese atuendo.

Garnet sonrió.

Ésta sería una noche inolvidable para ambas.

...

El atardecer se veía esplendoroso cuando Perla y Garnet arribaron al lugar donde se llevaría a cabo el evento de los fuegos artificiales. El espacio estaba ambientado como una típica "playa" del planeta Tierra, y conmemoraba el día en que la primera gema llegó al Planeta Tierra. Perla y Garnet eligieron un lugar cercano al mar para sentarse, y posteriormente Perla sacó de su bolso una manta de color melocotón suave y la esparció por la arena sintética. Después de estirarla y desarrugarla un poco, la gema pálida quedó complacida con el resultado y miró a su amiga a los ojos con una sonrisa satisfecha.
—Vienes preparada –fue lo que dijo Garnet tras observar a su amiga manejar hábilmente la manta. Perla se limitó a encogerse levemente de hombros, aun sintiéndose dichosa por su trabajo.
—Sentémonos –la gema pálida sacó un par de sándwiches de su bolsa para acompañar. Después de eso, se sentó sobre la manta y Garnet la imitó–. Adelante, puedes comer si gustas.
La gema oscura asintió y tomó un sándwich para probarlo. Lo masticó suavemente y asintió una vez más, al parecer gustosa con el sabor.
—Sabe bastante bien. ¿Los has preparado tú?
Perla rio tímidamente y desvió la mirada al mismo tiempo que colocaba un mechón de su cabello detrás de la oreja.
—Bueno, Rose me ayudó; no soy gran conocedora de la comida, y mucho menos de platillos y cocina, ¿sabes?
—Te han salido deliciosos.
—G–gracias…
Ambas gemas se quedaron ahí, sentadas la una junto a la otra, sus brazos rozándose. Garnet masticaba lentamente su sándwich mientras Perla se limitaba a mirar la puesta de sol. Poco a poco, más gemas comenzaban a llegar al lugar y a sentarse por toda la arena sintética. No obstante, lo único que Perla podía escuchar en ese momento eran los rápidos latidos de su corazón. Momentos después, miró de reojo a su compañera: Garnet ya se había terminado su sándwich, y tenía un brazo recargado sobre su rodilla. Se veía tan imperturbable como siempre.

¿Cómo le hacía para permanecer tan tranquila?

Mientras que ella era un manojo de nervios en ese momento…

— ¿Estás bien? –preguntó Garnet, su mirada enfocada en el rostro de Perla.
—Ah, uhm, sí, solo estoy… algo nerviosa –admitió Perla.

Estaba teniendo una cita con Garnet; ¿De qué debían hablar? ¿Qué debería decir? ¿Cómo debía actuar? ¿Sería muy atrevida si intentaba… tener algo más de contacto físico? Pero lo más importante… ¿qué significaba esto para Garnet? ¿Esa noche era tan especial para ella como lo era para Perla?

Perla, gracias a Amatista, se había hecho la idea de que el sentimiento quizá era recíproco. A pesar de esto, no podía evitar sentirse levemente insegura.

La gema pálida sintió la cálida mano de Garnet sobre su hombro.
—Tranquila. Disfruta el momento.
—Sí, intentaré relajarme.
—Perla, ¿te pongo nerviosa?
— ¿Huh? ¿P–perdón?
—Pregunté que si te ponía nerviosa.

Perla tragó saliva. Mentiría si dijera que no…

—Solo un poco. ¡P–pero no es como antes!
— ¿Mmm?
—Mi corazón… palpita muy rápido. Siento que se saldrá de mi pecho en cualquier instante –admitió Perla mientras cerraba los ojos y sentía cómo sus mejillas se calentaban.
El silencio reinó entre las amigas por unos instantes. Perla, más nerviosa que antes, colocó sus manos frente a su pecho y escuchó latir a su rápido corazón. En ese momento, la gema pálida sintió el brazo de Garnet rodeando sus hombros con suavidad, atrayéndola hacia ella gentilmente. Perla abrió los ojos como platos, respiró el olor de su amiga, sintió el cuero de su chaqueta sobre su piel y miró a la otra gema, pero no hizo ningún intento por alejarse.
— ¿Garnet? –susurró Perla, pero la gema oscura estaba concentrada en el mar sintético frente a ella.
— ¿Por qué yo? –fue lo único que dijo. Perla parpadeó, y Garnet la miró–: ¿Por qué me invitaste a mí aquí?
—Yo… bueno… –Perla bajó la cabeza.

Quizá ese era el momento para el cual se estaba preparando; el momento en el que le confesaría a Garnet sus sentimientos.
Tenía que ser fuerte y armarse de valor para decirle lo que sentía por ella… hablarle de aquél sentimiento que comenzó a inundarla poco después de conocerla y que cada día la invadía más y más.

Las olas sintéticas se movían con suavidad, el viento se sentía bien al chocar con el rostro. Poco a poco, el lugar comenzaba a llenarse de gemas esperando a que el espectáculo iniciara, pero para Perla, en ese momento solo estaban presentes ella y Garnet. Los bocadillos de Perla habían quedado en un segundo plano. Ya había oscurecido, y las estrellas comenzaban a resplandecer con timidez en el cielo.

Los fuegos artificiales comenzarían en cualquier momento, pensó la gema pálida.

—…Te invité porque tengo algo importante que confesarte –continuó Perla, su mirada firme en los ojos que se alcanzaban a distinguir a través de los lentes de su amiga. Ésta última la miró en silencio. Perla vaciló un poco antes de liberarse suavemente del brazo de la gema oscura para verla mejor–. En un período de tiempo muy corto, te has convertido en una gema sumamente importante para mí. Cada momento que paso contigo lo atesoro, y cuento las horas y minutos que faltan para volverte a ver mientras pienso en ti. Las piernas me flaquean cada vez que nuestras miradas se cruzan, y titubeo mucho cuando hablo contigo. He conocido varias facetas tuyas… y te has sincerado conmigo.
"Hasta hace poco, todas esas sensaciones que me causabas me parecían desconocidas y no sabía cómo catalogarlas. No obstante, cuando aceptaste a venir conmigo a ver los fuegos artificiales, mi corazón dio un vuelco de alegría, y fue entonces cuando me di cuenta de lo que en realidad sentía por ti".

El primer fuego artificial fue lanzado al cielo nocturno; tenía la forma redonda del planeta Tierra, y era de color azul. Su brillo iluminó todo el paisaje, y las gemas gritaron de emoción al contemplar el inicio del evento nocturno.

Sin embargo, ni Garnet ni Perla se giraron para ver la figura de fuego que encendía el cielo; ambas se observaban mutuamente, y las manos de Perla buscaron las manos de Garnet. La gema pálida giró las palmas de su amiga de manera que sus piedras quedaran visibles. Observó y acarició con suma gentileza las piedras de Garnet, pasando sus dedos alrededor de sus palmas lentamente. Garnet se sobrecogió al principio, pero la dejó actuar.
—Garnet… –susurró Perla, y sus ojos se volvieron a encontrar con los de la gema oscura. El segundo fuego artificial fue lanzado al aire. Luces de colores explotaron en el cielo–. Te amo.
Un tercer fuego artificial resplandeció en el aire, y los gritos de felicidad de los presentes resonaron en la playa sintética. Las luces se reflejaron en los lentes de la gema alta.

En eso, una sonrisa se dibujó en el rostro de Garnet.

—Perla… –murmuró, y la emoción en su voz no pasó desapercibida–. No tienes idea de cuánto anhelaba escuchar eso de ti.
Y sin darle oportunidad a Perla de decir algo más, Garnet tomó a la gema pálida por los hombros, la atrajo hacia sí y la besó apasionadamente. Perla parpadeó y abrió los ojos como platos.

Garnet la estaba besando.

Garnet… sentía lo mismo por ella.

Perla cerró los ojos y rodeó el cuello de la gema oscura con sus brazos, respondiendo al súbito pero deseado beso. Garnet, por su parte, llevó sus manos hacia la pequeña cintura de Perla y la abrazó.

Poco a poco, el cielo fue iluminándose de varios fuegos artificiales que detonaban al mismo tiempo. Todos tenían siluetas de objetos típicos de la Tierra, y otros más llevaban la forma de objetos del Homeworld. Las voces de las otras gemas, el ruido de las explosiones… todo parecía haberse detenido para Perla y Garnet en ese momento.

Las gemas se separaron hasta que les hizo falta el aire. Se miraron la una a la otra mientras respiraban agitadamente, sintiendo la calidez que transmitían sus cuerpos. En los labios de Garnet apareció otra sonrisa, y en los de Perla también. En ese instante, otro fuego artificial estalló en el cielo, y el potente sonido hizo que Perla se sobresaltara y cerrara los ojos, la cual al parecer había olvidado momentáneamente donde se encontraba. Instintivamente, Garnet la abrazó con más fuerza para brindarle seguridad, y la gema pálida abrió sus grandes orbes para mirar a su amiga.
—No pasa nada –susurró Garnet, su voz ligeramente ronca–. Yo también te amo, Perla. Estoy aquí, contigo.
Perla sonrió y asintió; podía sentir sus lágrimas queriendo salir.

Ese era el momento más feliz de su vida.

Más fuegos artificiales aclararon el cielo con su belleza y sus colores, y esta vez, Perla y Garnet miraron hacia arriba para apreciar el evento que se estaba llevando a cabo frente a ellas. Garnet volvió a pasar su brazo por los hombros de su ahora pareja, y Perla se acurrucó junto a ella, mucho más cómoda y relajada que antes. Se dedicaron a apreciar los fuegos artificiales juntas, felices porque al fin habían sido sinceras con sus sentimientos.
—Así que… ¿sientes lo mismo por mí? –susurró Perla mientras miraba de reojo a la otra gema, sintiéndose ligeramente traviesa de repente. Garnet asintió con la cabeza-. Entonces, lo que pasó en el gimnasio aquella ocasión, cuando estuvimos a punto de... uhm...
—No pude evitarlo -Garnet se encargó de finalizar la frase de Perla con un pesado suspiro-. Me dejé llevar por mis emociones, y cuando me di cuenta de lo que estaba haciendo, Amatista y Lapis ya estaban ahí. Hasta este momento yo no sabía si había hecho lo correcto o no en dejarme llevar.
Perla parpadeó, sorprendida.
—Bueno, pues efectivamente hiciste lo correcto.
Garnet miró a su acompañante y sonrió con calidez.
—Comencé a enamorarme de ti después de nuestro primer entrenamiento -continuó Garnet-. A pesar de todo lo que dicen de ti, para mí tú eres fascinante en todos los sentidos. Además, me haces sentir… importante. Me haces sentir que puedo estar ahí para ti –explicó la gema oscura.
— Pero a pesar de eso… no me dijiste nada –susurró Perla para sí misma, pensativa, pero Garnet la escuchó.
—No quería asustarse, pero después de lo que pasó en el gimnasio, supe que tendría que afrontarte tarde o temprano. Estaba esperando el momento indicado, y es por eso que no quería decirte nada… aún –la sonrisa de Garnet se amplió–. Pero fuiste más rápida que yo.
—Oh -Perla rio tímidamente-. ¿Y este momento fue el correcto?
—Fue perfecto.
La gema pálida se sonrojó.
—Bueno, también me cuesta creer que fui la primera en confesar mis sentimientos, pero esta sensación en mi pecho me estaba matando. Casi literalmente.

Entonces, Garnet rio; su risa era pura, sincera, como quien se quita un gran peso de encima y disfruta de la sensación de libertad.

— ¿Eh? ¿Qué pasa? –preguntó Perla, ligeramente confundida. Garnet sacudió la cabeza, se quitó sus lentes y los dejó a su lado para después observar a su nueva novia con sus tres penetrantes ojos.
—Estoy feliz de que seas tú, Perla. Gracias por estar ahí para mí. Gracias por todo –susurró, y las mejillas de la gema pálida se tiñeron de azul nuevamente. Se quedaron en silencio por unos instantes, pero poco después, una idea atravesó la mente de Perla:
—Por cierto, nunca terminamos lo que comenzamos en el gimnasio -agregó Perla mientras miraba a su compañera no sin cierta timidez. Garnet parpadeó, pero inmediatamente después dejó escapar una coqueta media sonrisa, tomó el rostro de Perla entre sus manos y besó sus labios profundamente. La gema pálida suspiró, fascinada con la sensación.

Tras besarse por unos momentos más, se detuvieron para tomar aire. De repente, los ojos de Garnet se concentraron en la piedra frontal de la otra, y con una suave voz, preguntó:
— ¿Puedo?
Perla sabía a qué se refería, y la simple idea le llenaba de felicidad. Sin pensarlo dos veces, asintió con la cabeza. Sin esperar más, Garnet se inclinó hacia ella lentamente y besó su piedra. Perla cerró los ojos para disfrutar mejor la sensación que le producía sentir los voluptuosos labios de su ahora novia besando con sumo cariño su piedra.

Cuando se separaron, Garnet cogió sus lentes y se los colocó de nuevo. Perla parpadeó, como despertando de un sueño, y volvió a observar los fuegos artificiales. ¿Cuánto tiempo llevaban así? Había perdido toda noción de tiempo desde que le confesó su amor a Garnet… pero tampoco le importaba mucho eso.
De repente, una fuerte ráfaga de viento hizo estremecer a todos los presentes, pero sobre todo a Perla, la cual había olvidado traer algo para cubrirse por estar pensando en la otra gema. Se cubrió los brazos con sus manos y comenzó a frotarse en un intento de darse calor. Al cabo de unos instantes, sintió algo cálido rodear sus hombros y brazos, y miró a Garnet: Se había quitado su chaqueta de cuero para dársela a Perla.
— ¡G-Garnet! ¿Estás segura de que puedo quedármela? ¿No tienes frío?
La gema oscura negó con la cabeza.
—La necesitas más que yo. Además, con tenerte cerca de mí es suficiente para no pasar frío.
La gema pálida sonrió dulcemente, cautivada por el amable acto de la otra gema. Entonces, Perla suspiró, satisfecha, y apoyó su cabeza sobre el hombro de su novia mientras abrazaba su chaqueta con fuerza.
—Gracias.
Garnet volvió a poner su brazo sobre los hombros de Perla, y se quedaron así, disfrutando del momento, de los fuegos artificiales y del inicio de algo maravilloso para ambas.

Ese sería un día que ninguna de las dos olvidaría jamás.

...


¡Y ahí está! Uff, me encanta el romance en este capítulo! :') Y seeh, el episodio de SU donde Garnet, Perla y Steven ven los fuegos artificiales en Año Nuevo me sirvió de inspiración para esta parte :P.
No se preocupen, habrá un capítulo más que será como una especie de epílogo y lo publicaré la próxima semana.

Muchas gracias a todos por sus reviews y su apoyo! Me dan vida y me llenan de alegría cada vez que leo todas y cada una de sus opiniones! :') Responderé a los comentarios del último capítulo individualmente por aquí:

-Bibi: En verdad agradezco tu constante apoyo y comentarios :) me alegra mucho que te guste la historia!

-Fati-chan: Hola! Muchas gracias por tu comentario! Me conmueven tus palabras y me satisface saber que disfrutas de mi fanfic y quisieras tener mayor contacto conmigo. Sería todo un placer para mí! Sin embargo, intentaste dejarme tu correo pero no se ve por políticas de este sitio web. Te agradecería mucho si me mandaras un correo a la siguiente dirección: estelliseidosh {arroba} gmail . com (sin los espacios, claro). Me encargaré de responderte tan pronto como me sea posible y mantenerte avisada de futuras historias de Pearlnet que se me ocurran! Muchas gracias nuevamente por tu apoyo, tu interés y tu sinceridad :)

-Micaela940: Gracias por tu comentario, es bueno saber que te gusta mi historia. Y sí, no te preocupes, es MUY probable que escriba otras pequeñas historias (one-shots) de Pearlnet en un futuro cercano, después de que termine con este fanfic. ¡Mantente alerta! ;)

Perdón por alargarme tanto en los comentarios de autor XD pero les agradezco bastante su atención y espero sus opiniones~

¡Nos vemos en el último capítulo! :D