N.A: Holaaa! Aquí os traigo otro capítulo de Pulse.
Ronda de respuestas:
Natsuki Akagami: La verdad es que estoy un poco harta de encontrarme a chicas en las historias que se le da bien hacer todo. Por eso decidí que Nicte no iba a ser perfecta en el ámbito de las tareas domesticas. Las lavadoras son un mundo y si encima no sabes usarlas la cosa se vuelve un caos. Y sip, todo el mundo a utilizar ropa interior rosa! Y esa frase, tienes más razón que un santo. ;)
Yami Krismiya: Bueno, aquí esta. Disfrutarlo :D
Umii: Espero que te guste :)
Special thanks to my Beta: PoisonedLetters ;)
Gracias por los Reviews y disfrutar de la historia :D
Capitulo 11: Si le hago un tajo, ¿sangrará?
Bepo movió una oreja atento, hacía un rato que estaba despierto pero no quiso moverse por si despertaba a Nicte, ya que ésta yacía encima de él durmiendo tranquilamente. Le costaba imaginarse que Law fuera capaz de soltar semejante cursilería. Ya intuía que su capitán sentía algo más que curiosidad por la fémina, pero nunca creyó que fuera cierto, era más bien una corazonada errónea. Pero… ¿Y si no se equivocaba?
Sintió como el peso de Nicte desaparecía de encima de él, extrañado abrió un ojo y vio como Law llevaba a la chica cargada en sus brazos de vuelta al interior del submarino. Su capitán era tan bueno que se encargaría de deshacerse por él del lastre que le suponía Nicte. Cerró el ojo y se volvió a quedar dormido.
Nicte se espabiló un poco cuando sintió que parecía que flotaba en el aire. Abrió los ojos y entre las pestañas vio una superficie amarilla. Extrañada elevó la cabeza un poco y se encontró con el rostro de Law. Espera un momento… ¿él la llevaba en brazos? Abrió los ojos de en par en par y clavó la vista en él. Law se había detenido al notar que Nicte estaba despierta y sonrió.
-¿Qué haces? –Preguntó Nicte con una tranquilidad pasmosa.
-Llevarte. –Contestó simplemente Law. –Te has quedado dormida encima de Bepo.
-Ya veo. ¿Puedes bajarme?
-No.
Empezó a caminar de nuevo, ignorando la cara de fastidio que Nicte tenía mientras intentaba escapar, se dirigió al camarote de la chica. De repente ella se sintió de mejor humor cuando Law la dejó encima de su cama. Al otro lado de ésta, en la zona de los pies, él se sentó dirigiendo su mirada hacia la asesina con una sonrisa.
-No esperes que te dé las gracias. –Espetó Nicte, con tono cortante. –Ahora lárgate.
-¿Cuándo aprenderás que el que da las órdenes aquí, soy yo?
Ella entornó los ojos, esbozando a penas una sonrisa.
-Tal vez tenga que aprenderlo por las malas.
-Exacto, por eso mismo te quedarás aquí todo el tiempo. No quiero que salgas de la habitación para nada, excepto para cubrir tus necesidades básicas. El resto del tiempo permanecerás aquí.
-Espera, qué. –Nicte abrió los ojos levemente por la sorpresa. -¿Me vas a encerrar en este cuartucho?
-No creó que tenga que repetirme. –Law se lo dejó muy claro con esas palabras. –Buenas noches. –Añadió con un tono de burla que hacían crispar los nervios.
Law se levantó de la cama y salió de la habitación dejando a Nicte a solas con sus pensamientos alterados. Simplemente no se lo podía creer.
-¡Maldito bastardo! –Exclamó dirigiéndose a la puerta, para que Law, a pesar de estar fuera de la habitación, le escuchase.
Enfurruñada se metió dentro en la cama para intentar recuperar el sueño, pero la noticia aún rondaba en su cabeza consiguiendo todo lo contrario, la desvelaba. Él era un cabrón inhumano, no podía, ni tenía, el poder suficiente para encerrarla con tanta facilidad.
-Si le hago un tajo. –Murmuró pensativa cerrando los ojos. -¿Sangrará?
Al día siguiente Nicte, fue al comedor del submarino para tratar de saciar el hambre que sentía.
-Buenos días. –Saludó ella a una pequeña parte de la tripulación que estaba en la sala, entre ellos se incluían Penguin y Shachi. -¿Hay algo comestible por aquí?
Recibió algún que otro saludo, empezaba a llevarse mejor con la tripulación, pero de vez en cuando se daban casos de roces violentos entre ellos. La estancia estaba dominada por un par de mesas centrales, largas, anchas y de madera clara, sobre las cuales había tazas, platos, cucharas, jarras y fuentes de comida y alrededor de éstas estaban rodeadas por bancos. Penguin le indicó que tomase asiento al lado de ellos y ella cogió una taza que Shachi muy amablemente se la llenó de café con leche y tres azucarillos. Le dio las gracias y bebió un sorbo.
-¿Tienes algo planeado para hoy? –Penguin la preguntó. Ella negó con la cabeza. –Bien, pues te vienes con nosotros.
-¿Eh? –Musitó ella. –Por qué.
-Porque dentro de algunas horas atracaremos en el puerto de una isla. –Contestó Shachi. –Y queremos ir a la ciudad.
-¿Y para qué me necesitáis?
-Para nada, no puedes salir del submarino. -Sonó una voz detrás de ella.
Nicte se giró con brusquedad hacia la voz. No pudo evitar una sonrisa maliciosa.
-Buenos días. –Dijo ella, luego añadió con una nota de sarcasmo-: Capitán.
-Asesina-ya. –Contestó Law. Antes de que Nicte pudiese replicar, dijo-:Serás la encargada de buscar esto para mí.
Trafalgar le tendió un papel doblado, ella vaciló un momento antes de cogerlo.
-Pensé que no podía salir de la nave. -Replicó Nicte, casi hablando para sí misma.
-Excepto si yo lo mando.
-Ya, claro. -Dijo ella, mirando ahora el papel, preguntó- :¿Y qué es?
-Material médico. -Contestó Law sin prestar demasiado atención a la cara de fastidio que tenía Nicte.
-No parece ser un trabajo muy entretenido.
-No tiene que serlo, pero esta vez no causes un desastre.
-Aburrido. –Espetó ella. -Míralo por el lado bueno, el color rosa se lleva esta temporada. -Sonrió inocentemente. -¿Y por qué no vas tú sólito a buscarlo? Al fin y al cabo, tú eres el médico, no pidas a otros que traigan tus juguetes.
-Sólo hazlo.
Cuando llegó a los alrededores de la tienda donde vendía los suministros médicos que Law le había encargado comprar, una imagen curiosa llamó su atención. En la plaza principal de aquella isla, que estaba llena de algunos puestos, a pocos metros de donde ella se encontraba, una disputa entre un vendedor y dos marines tenía lugar.
-¡No son objetos robados! –Se defendió el tendero, provocando que los dos marines sonrieran de forma altiva.
-Eso no es lo que dicen por aquí. –Replicó uno de los uniformados. –Hemos recibo algunas denuncias de aldeanos, informando de que algunas de las joyas que vende, son robadas.
-No es verdad. Yo no vendo objetos robados.
-Lo siento, señor, pero tendremos que requisarle toda la mercancía. –Informó el otro marino, de aspecto menos bruto que el anterior.
-¡Me quejaré a vuestros superiores!
-No hay tiempo para eso, señor.
Nicte no se inmutó, estaba acostumbrada a esta clase de actos, pero no pudo reprimir una sensación de lástima por aquel hombre. Se dispuso a retirarse cuando oyó un grito. Alarmada giró la cabeza hacia la plaza.
En aquel momento una pequeña batalla había comenzado. Una misteriosa figura, vestida con túnicas de color rojo, parecidas a las que solía llevar ella, se peleaba contra los dos marines anteriores. Utilizaba movimientos rápidos y elegantes, como si bailara una mortal danza, que terminó acabando con la vida de los marines. Nicte abrió los ojos conmocionada, estaba usando movimientos parecidos a los que empleaban los Tánatos. Tenía que conseguir más información sobre aquella figura.
Nicte aprovechó la oportunidad, en la que se había trasformado la situación, para capturar al desconocido, que rápidamente corría en dirección opuesta a la suya para escapar de la escena del delito. La asesina corrió hacía el individuo y cuando estuvo a su altura, le sorprendió su complexión ligera e infantil, como una bailarina. Justo antes de atraparle, el sujeto se volvió hacía ella con una sonrisa divertida.
Se quedó sorprendida, el desconocido era una mujer, confusa fijó su vista al cuello de la chica, tenía un colgante con una triqueta*, símbolo que también solían utilizar los Tánatos para reconocerse entre ellos. Su colgante lo guardaba en el bolsillo del cinturón.
Ambas se detuvieron.
-¿Te vas a quedar ahí mirándome? –Dijo la chica, apremiándola.
-¿Quién eres?
-Qué importa eso ahora. Lo siento pero no es el momento de hablar, si no nos esfumamos nos pillaran.
Y para enfatizar sus palabras aún más, una bala paso entre ambas en aquel momento. La chica cogió la mano de Nicte, y acto seguido, empezó a correr en la misma dirección que antes.
-Suéltame. –Replicó Nicte, intentando deshacerse del agarre de la otra. –Yo no voy hacía allí.
-¿Hacía dónde? –Preguntó la chica. –Hermanita.
Nicte hizo un mohín de sorpresa.
-Voy al puerto. Y no soy tu "hermanita."
-Pues ahora lo eres.
-Que seamos de la misma hermandad, no significa que tengamos relación alguna.
-Para ser joven, eres una gruñona. –Se rió ella. -¡Pero rápido! Los tenemos detrás de nosotras.
Nicte giró la cabeza un poco y miró como un pequeño grupo de marines las seguían pisándoles los talones. Sin soltar la mano de su supuesta hermana, se adelantó, ahora ella era quien guiaba a la chica.
-Hay un par de cajas ahí que pueden servirnos de apoyo para llegar a ese tejado. –Nicte señaló una casa baja que estaba a pocos metros de ellas. –Desde ahí podremos orientarnos.
-Piensas rápido, hermanita. –Dijo la chica. –Pero déjame las cosas a mí.
Y diciendo ésto, se puso en cabeza de nuevo, guiando a Nicte hacía un callejón, que desembocaba en otro, y en otro, hasta que la asesina perdió el norte completamente. Detrás de ellas las voces de los marines se iban marchitando hasta que sólo quedó el ruido de sus pisadas sobre el pavimento de la calle.
-Marines estúpidos. –Comentó con desdén la desconocida. –No tienen nada que hacer en contra nuestra. ¡Vamos!
Llegaron al puerto, donde el submarino de los Hearts estaba atracado, con Bepo, Law, Shachi y Penguin en cubierta. Viendo como un sujeto arrastraba a Nicte hacía el submarino. Cuando se quisieron dar cuenta, ambas estaban a bordo.
Comenzó el interrogatorio.
-¿Quién es éste? –Preguntó Law a Nicte.
-Ésta, dirás. –Replicó el sujeto, enfadada. Se quitó la capucha y miró de forma hostil a Trafalgar. –Soy una chica.
Todos se sorprendieron de distintas formas, Law se quedó inexpresivo, Shachi y Penguin gritando de alegría por tener a otra mujer en el submarino, Bepo disculpándose por haber pensado que la chica era un hombre y Nicte se rió un poco al ver las expresiones de los demás más la cara de triunfo que tenia la otra.
La chica era sencilla, atractiva de una forma extraña, un poco más alta que Nicte, pero con menos curvas, piel clara pero no pálida y una sonrisa de loca en sus labios. Tenía los ojos grandes de un color miel que brillaban con una inteligencia vibrante, pelo castaño peinado en un moño con flequillo, tenía cuatro pendientes en una oreja y dos en la otra, y vestía un traje parecido al que Nicte llevaba en un principio, pero de color rojo y dorado.
-No tengo ni idea de quién es. –Contestó Nicte, llamando la atención de todos. –Pero es una Tánatos.
-Y cómo lo sabes. –Dijo Law. –Podría ser cualquiera.
La chica se cruzó de brazos y miró a Nicte, quien se mordió el labio, pensativa, y dijo:
-Lo es y ya.
-Exacto. –Comentó la chica, sonriendo triunfal. –Soy una Tánatos, Valentina Wonka.
-Me da igual. Te quiero fuera de mi submarino. –Espetó Law. –Con una asesina tengo suficiente, y es mucho más de lo creía. –Añadió con voz baja.
Trafalgar tras decir aquello volvió al interior del submarino, seguido de Bepo, pero antes de irse le echó una mirada de advertencia a Nicte, que reaccionó devolviéndole el gesto más una sonrisa amenazante.
-¿Así que eres una asesina también? –Preguntó Penguin a Valentina.
-Sí. –Contestó la aludida. –Pero últimamente no tengo trabajo. Y… ¿Quiénes sois vosotros?
-Personas que junto a otras, de igual condición se dedican a navegar libremente por los mares y abordar barcos para robar. –Dijo Shachi, mirando con una sonrisa a Valentina. –Hombres de buena fortuna, que existen con el único motivo de hacer lo que quieran.
-Piratas. –Explicó Nicte con una carcajada.
-Le quitas la poesía a todo. –Comentó Penguin con tristeza. –Pero es cierto, somos piratas. Los piratas Heart, para ser exactos.
Valentina comenzó a reírse a pleno pulmón, haciendo que los piratas pusieran una cara de confusión.
-Que nombre más cursi. –Se rió valentina, que estaba a punto de llorar por la risa. – ¿A quién se le ocurrió semejante nombre? Ay, que me meo.
Shachi y Penguin pusieron mala cara, y Nicte lo único que hizo fue asentir conforme a la declaración de la chica. A ella también le resultaba un poco cursi el nombre de la banda. Pero tenía otras cosas que discutir con la recién llegada, de forma estratégica se retiró junto a ella a otra zona de la cubierta, lejos de oídos indiscretos.
-¿Qué ha sido lo de hace un momento? –Preguntó Nicte, refiriéndose a la escena que había desatado todo –Los Tánatos no suelen actuar así.
-Pues aplícate el cuento, hermanita. –Replicó Valentina, mirando de forma significativa a Nicte y añadió con un tono de voz de reproche-:La Tánatos que se unió a una tripulación pirata. –Nicte exigió con la mirada una respuesta. Haciendo sonreír a la chica. – Tu caso ha llegado a toda la hermandad, todos lo saben por tu bonito cartel de recompensa. Pero… ¿Por qué te arriesgaste a esto? ¿Tan atraída estas por ese pirata, hermanita?
-No es eso. –Contestó de mala manera Nicte, sonrojándose. –Es una deuda que tengo que saldar.
-¿Una deuda?
-El Cirujano me salvó la vida en una ocasión.
-Así que esto es el caso de: Una vida por otra vida. ¿No?
-Sí. –Contestó Nicte. –Pero el problema es que el 'Capitán' sabe defenderse.
-Tengo entendido que es usuario. –Dijo Valentina, muy natural. Nicte se limitó a asentir con la cabeza –Eso significa que su mayor enemigo es el agua.
-Naturalmente. –Concedió Nicte. Luego alzó una ceja extrañada. -¿Me estas sugiriendo que me deshaga de él?
-Así es.
-No puedo hacer eso.
-¿Quién ha dicho que lo hagas tú? –Replicó Valentina, luego bajó la voz. –Es un sencillo plan: Tú haces salir del submarino al señor "Te quiero fuera de aquí", lo entretienes un rato, el suficiente para darme tiempo a colocarme detrás de él y tirarle por la borda al mar. –Hizo una pausa para mirar la cara seria de Nicte. –Luego tú te lanzas tras él y le sacas fuera del agua. Y ya está, le has salvado la vida ganándote de nuevo la libertad.
-Tú estás loca. –Negó con la cabeza Nicte. –No pienso hacer eso.
-¿Por qué?
-Porque es una locura. Además, por raro que parezca prefiero no hacer planes para ese asunto. Estoy segura de que llegara un día en que podré saldar mi deuda de forma natural.
-Y luego yo soy la loca. –Se quejó la chica. –Bueno, da igual lo que hagas, pero debes tener cuidado con los piratas. Ellos no deben saber mucho sobre los Tánatos, así que cuida tu lengua.
-Eso ya lo sé.
-Bien pues entonces… yo me voy. –Reflexionó un momento. –Pero coge esto al menos. –Se hurgó dentro de un bolsillo y saco un Ko den den mushi*, la concha era de color negro con manchas salpicadas simulando la sangre y tenía el curioso accesorio de una capucha sobre su cabeza. Nicte alzó una ceja extrañada. –Pero nos mantendremos en contacto con esto.
Nicte lo cogió con algo de vacilación, por un lado le vendría bien estar en contacto con un Tánatos, pero sentía recelo hacía Valentina. Pero finalmente decidió confiar en ella, aunque sólo fuese porque era una Tánatos al igual que ella
Continuara...
*Triqueta: Símbolo celta que simboliza la muerte, la vida y el renacimiento.
*Ko den den mushi: Los caracoles eso pequeños que usan para mantener el contacto.
N.A: Pues a aquí que llegamos. Primero, valentina va a ser un personaje casual, así que va a salir de vez en cuando en otros capítulos, aunque su aparición va a ser al azar.
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