Disclaymer:No, Twilight no es mío –I wish- Pertenece a Meyer.
Summary:Después de seis meses de que Edward la abandonó, el primer día del mes de Marzo, Bella ve el Volvo en la escuela. Ahí se encuentra Edward, pero de la mano de otra persona ¿Qué hará Bella? ¿Cómo podrá sobrevivir? New Moon, final alternativo
11.- Capítulo
"Big Girls Don't Cry"
Un amor Imposible
By Mommy's Bad Girl
"And I'm gonna miss you like a child misses their blanket
But I've got to get a move on with my life
It's time to be a big girl now
And big girls don't cry" Fergie
Y justo en ese momento todo el mundo se me vino encima. Maldije en mi fuero interno, esto no me podía estar pasando. Giré sobre mi misma lentamente para encontrarme a Edward, con aquella belleza griega que quitaba el aliento. Su rostro tenía una expresión de tristeza, sus ojos decían demasiadas cosas que no pude comprender, pero toda esa magia que salió cuando nuestras miradas se encontraron desapareció cuando vi con quien venía.
Tanya, con una sonrisa burlona en su cara y su mirada despectiva, estaba a su lado. Venían tomados de la mano, o más bien Tanya casi se colgaba de esta para estar junto a él. Mi corazón se detuvo por un momento para luego empezar a latir desbocadamente, y la sangre subió rápidamente a mis mejillas.
—Y bien… ¿Con quién no quieres tener "más problemas", Bella? — Enarcó sus dos cejas perfectas, esperando mi respuesta.
—Yo… con nadie, Edward— Suspiré—. No es de tu incumbencia— Y hasta yo pude escuchar el tono seco con el que le hablé.
—Tienes razón— Rodó los ojos—. Eso a mí no me importa.
Tanya hizo otra de sus sonrisas burlonas y Emmett, Jazz y Alice bufaron.
—¿Qué haces aquí, hermanito? —Preguntó Alice con cara de asco cuando vio a Tanya.
—Vine a hablar con Carlisle, así que si me disculpan— Asintió con la cabeza, me dio una última mirada y se fue arrastrando a Tanya al pasillo de los consultorios.
Después de un largo minuto de silencio en el que intente no llorar con todas mis fuerzas, Alice habló.
—¿Por qué demonios trajo Edward a esa aquí? — Utilizó el tono más despectivo que pudo encontrar.
—No lo sé— dijo Emmett—, pero hay dos opciones: o Edward es un idiota o Tanya "Yo soy dueña de Eddy" Denalí —imitó su voz y una de sus poses y no pude más que reírme- Chantajeó al idiota de Edward para que la trajera, en todo caso… Edward sigue siendo un idiota.
Todos rieron ante su comentario, menos yo. Sabía muy bien que a Alice no le caía nada bien Tanya, pero no sabía que tampoco Emmett y Jazz la soportaban mucho. ¿Por qué habían venido? ¿Qué hacia toda la familia de Denalí aquí? ¿Había algo que me estuvieran ocultando?
Ante esa pregunta sentí como si algo me pegara en la cabeza imaginariamente. Sabía que había algo que me estaban ocultando, el punto era ¿Qué?, me estrujé los sesos pensando en que podrían estarme ocultando los Cullen.
—Hey, Bells ¿Sigues aquí? — Alice pasó una mano por enfrente de mis ojos.
—Ah, sí. Lo siento…— Murmuré, intentado respirar.
—No te preocupes por ellos— Dijo, enojada—. Ahora lo más importante es ir a ver a Charlie.
—Tienes razón— Dije suavemente.
—Ahora, vamos. Carlisle me dijo donde era—Sonrió, pero esa alegría no le subió a los ojos.
Sin decir nada más Emmett me volvió a pasar su musculoso brazo por los hombros y me dio un suave empujoncito para que caminara, ya que parecía que todo este tiempo había echado raíces imaginarias en el piso.
Caminamos lento y silenciosamente por los pasillos detrás de Alice y Jazz. Parecía un laberinto. Dimos vuelta en unos, pasamos de largo otros, caminamos derecho en algunos, en fin, si hubiese venido sola me hubiese perdido.
No me había dado cuenta de en que área estábamos hasta que frente de mi vi un letrero que decía TERAPIA INTENSIVA, mis rodillas temblaron en cuanto comprendí la gravedad de las palabras, ¿Charlie de veras estaba así de mal?, pero Carlisle dijo que iba a estar bien… ¿Por qué lo tenían aun aquí? ¿Charlie estaría realmente bien? Una y mil preguntas me llenaron la cabeza
Maldije el momento en el que se me ocurrió venir a Forks.
Mientras entrabamos a el pasillo largo con puertas de los dos lados me di cuenta de que si yo me hubiese quedado en Phoenix nada de esto me hubiese sucedido. Charlie estaría ahorita perfectamente bien, Reneé no estaría sola, Victoria y James seguirían juntos… y lo que más me dolió pensar fue que Edward se tendría que haber ahorrado tanto tiempo mal gastado en mí.
Mi corazón se estremeció.
Sin darme cuenta ya nos habíamos detenido afuera de una habitación que tenía el número 10 marcado afuera. Suspiré y mi corazón se aceleró un poco. Las manos me empezaron a sudar y las rodillas me temblaban cada vez más. Jasper ha de haber sentido mi nerviosismo, porque de un momento a otro empecé a sentir una gran paz interior. Sabía que de nada iba a servir una vez que estuviera ahí adentro… ya que Jazz no estaría conmigo.
—Te esperaremos aquí afuera, Bells— Murmuró Alice.
Jazz y Em me dieron una gran sonrisa.
Antes de entrar inhalé y exhalé un par de veces para no caer en un estado nervioso.
Abrí la puerta, entré y la cerré detrás de mí. Lo que vi me horrorizo completamente.
Charlie estaba postrado en una cama de hospital, con varios tubos a su alrededor y dentro de él. En su cara tenia moretones, sus brazos y piernas estaban enyesados y se veía completa y totalmente demacrado. Dios mío… ¿Qué hice? ¿Qué he hecho?, Mis ojos se rozaron al instante de lágrimas, me mordí la lengua para no sollozar.
Di unos cuantos pasos para acercarme a una silla que estaba a su lado, me senté y apoye la cabeza en la cama, lo observe con detenimiento por algún rato; a pesar de todo tenía una expresión tranquila, parecía como si estuviese soñando con cosas lindas, y eso me tranquilizó un poco.
La culpabilidad llenó mi cuerpo al recorrer con mis ojos su cuerpo casi destrozado por Victoria, ¿Qué había hecho?, ¿Por qué a Charlie? ¿Por qué no a mi?
Las lágrimas empezaron a caer por mis mejillas silenciosamente… realmente yo era un peligro para todas las personas que estaban a mi alrededor, yo misma era la peor persona que podría haber conocido.
Mientras me concentraba en que mis lágrimas estaban cayendo sobre las sabanas de Charlie sentí un fuerte tacto en la cabeza, abrí los ojos y me encontré con Charlie despierto. Una pequeña sonrisa cruzaba su cara ahora un poco deforme por los golpes recibidos. Mi corazón dio un brinco, me enjuague rápidamente mis lágrimas con las mangas y le sonreí de vuelta.
—Hola, pequeña— Dijo con voz pastosa y ronca.
—Pa-pá—Tartamudeé por culpa de los sollozos que amenazaban con salir.
—Sh… calma, Bella- Sonrió suavemente—. Todo va a estar bien.
No me salieron palabras, los sollozos tenían atada mi garganta. Lo único que atiné a hacer en el momento fue en pararme y darle un suave beso en la frente.
—Tendré que ponerme más en peligro si esa es la manera en la que me vas a recibir— Bromeó.
Solté una risotada. Charlie estaba bien. Él iba a estar bien y eso era lo único que importaba por el momento.
—Ni enfermo se te quita lo gracioso, ¡Eh!
Frunció el seño e hizo un puchero.
—¡Oh, vamos, jefe Swan!, era solo una broma— Le sonreí tiernamente.
—Tienes razón, hija— Me tomó de la mano con su mano enyesada—. Maldito animal salvaje—Gruñó—. La próxima vez llevaré mi rifle.
Un escalofrió recorrió mi cuerpo completo. La imagen de Victoria atacando a mi padre se me vino a la mente. Sacudí la cabeza para sacarme esa idea, ahora eso no importaba, lo que importaba es que Charlie estaba bien.
—No va a haber próxima vez papá. Tú—Lo apunté con mi dedo— te vas a quedar en casa hasta que te quiten todo esto. Dudo que puedas atrapar muchos ladrones con la mitad del cuerpo enyesado.
Se quedó pensativo por algunos segundos.
—Ni lo pienses, Charlie Swan.
—Tienes razón, Bells— Sonrió.
Nos miramos fijamente por algunos momentos, sentía como si me quitaran un grandísimo peso de encima. Sentía que la sangre regresaba a mis mejillas y que mi corazón latía con normalidad.
—Así que, me parece que voy a estar atado a esta cama de hospital por algunos días más, pero tú, señorita, no vas a faltar a la escuela— Frunció el seño—. Así que te vas a quedar en casa del doctor Cullen y su señora.
—¿¡Qué! — Chillé—, Estás realmente mal, Charlie Swan, si piensas que yo te voy a dejar aquí. No voy a ir a la escuela, ¡Ni siquiera estamos en exámenes!, así que…
Me tapó la boca con uno de sus brazos enyesados y yo seguí balbuceando contra éste.
—…Nada. Tú te vas y yo me quedo aquí. Saliendo de la escuela podrás venir a visitarme, ¿De acuerdo? — Su tono era demandante. Sabía que no iba a tener otra opción.
—De acuerdo— Susurré.
La tarde se nos paso muy rápido, le conté todo lo que me había pasado de ayer a hoy, evite los pequeños detalles como "papa entonces Emmet me llevo corriendo por el bosque para llegar a casa de los Cullen, donde Alice tuvo una visión en la que me iba a entregar a Victoria" o "papa me bese con Anthony" creo que es mejor para su salud no saber de esas cosas. Me contó lo que le habían dicho los doctores y sobre sus huesos rotos, los dos brazos y las dos piernas. Me contó que Jake y Billy ya lo habían visitado y que el papá de Anthony también.
—Te gusta ese chico, ¿Verdad? — Sonrió maliciosamente.
—Sólo somos amigos— Contesté.
—Sí, claro, Bella, y yo soy Mickey Mouse— Volvió a sonreír.
—Pues, a decir verdad, te pareces un poco— Reímos los dos al mismo tiempo.
Me despedí de él ya entrada la noche. Necesitaba descansar un poco al igual que yo. Hoy había sido un día de demasiadas emociones.
Salí del hospital aun sintiéndome tranquila, sabía que Charlie estaría a salvo ahí, ya que a Carlisle le tocaban los turnos nocturnos.
Todo el viaje de regreso fue en silencio. Cada quien iba perdido en su mente.
Lo que iba a pasar cuando llegara a casa de los Cullen me preocupaba. Me estresaba tener que estar bajo el mismo techo que Edward, Tanya y todos los de Denali. ¿Por qué estarían ellos ahí? ¿Qué era tan importante para que hayan venido todos? Estas preguntas me recordaron la duda que tenia por la mañana… Sabía que los Cullen me estaban ocultando algo, pero ¿Qué era?
Tendría que preguntarle a Alice. Tarde o temprano me tendría que decir, quiero decir, estaría viviendo en su casa alrededor de una semana en lo que Charlie salía del hospital, tendría que decírmelo tarde o temprano.
Aparcamos en el garaje de los Cullen, en medio del Volvo plateado y el Porche amarillo de Alice, todas las luces de la casa estaban prendidas, por lo que pude deducir que aun seguían todos juntos en la sala.
Cuando bajamos del Jeep de Emmett, Alice se fue caminando- O más bien danzando- Hacia adentro de la casa mientras que Jazz y Emmett se ponían cada uno al lado mío.
—Pues bien, Bella. Ya lo sabes— Dijo Emmett, serio.
—¿El qué?
—Anthony nos cae mal— Dijo Jazz en un gruñido.
No dije nada y seguí caminando, haciendo el intento por reprimir una sonrisa. Los dos se veían tan lindos haciéndola de los hermanos celosos.
—No te hagas la desentendida— Murmuró Emmett con voz siniestra.
—No lo queremos cerca de ti— Siguió Jazz.
—Así que quedas avisada— Finalizó Em.
—OK, chicos. No sabía que les tenía que pedir permiso para salir con alguien. Pensé que Charlie estaba en el hospital… pero ya que tanto insisten, le pasare su mensaje— Sonreí.
—Sí— Los dos gruñeron al unisonó.
Entré a la casa aun riendo para mis adentros, Jazz y Em eran como los hermanos mayores que nunca tuve. ¡Era tan divertido verlos celosos! anqué supiera que solo había una razón por la cual hacían eso, y esa razón estaba justamente sentado en la sala tomado de la mano de su noviecita.
—Bella— La voz de Esme hizo que desviara la mirada de Edward— ¡Qué bueno que ya regresaste, cariño! ¿Cómo esta Charlie? ¿Verdad que está bien?
—Sí, Esme. Va a estar bien— Sonreí débilmente.
—Oh, ¡Qué bueno!, te dije que todo iba a salir bien— Sus brazos me rodearon y me dio un suave beso en la mejilla—. Ahora, ¿Por qué no subes a dormir?, te ves bastante cansada.
Asentí, dándome cuenta al instante que sí, realmente estaba cansada.
Subí las escaleras lentamente mientras sentía algunas miradas clavadas en la espalda. Sabía que bien a quien pertenecían esos ojos.
Suspiré pesadamente mientras arrastraba los pies hacia el segundo piso, y de ahí al cuarto de Alice.
Entré y me dejé caer en el sofá.
Sabía bien que algo extraño estaba sucediendo. Los Cullen me estaban ocultando algo, pero ¿Qué era? ¿Qué podría ser?, ¿Por qué todos los de Denalí estaban aquí? ¿Qué iba a pasar?
Seguía ensimismada en mis pensamientos con los ojos cerrados cuando sentí que alguien se sentaba a un lado mío.
—Bells— Dijo Alice con voz suave y tranquila—, ten tu pijama. Cámbiate y te llevaré a la nueva habitación de invitados.
—Sí, Alice— La vi con expresión dubitativa por algunos minutos. Sabía que éste era el momento perfecto para preguntarle qué era lo que estaba sucediendo, así que junte todas mis fuerzas y abrí la boca.
—Oye, Alice…— "Escúpelo ya, idiota" me regañé mentalmente.
—¿Sí, dime, Bella? — Me vio con ojos curiosos.
—¿Podría hablar contigo un momento? — Susurré.
—Claro, ¿De qué quieres hablar?.
—De algo importante— Musite—, pero ¿Podríamos hablar afuera en el rio?, no quiero que escuchen aquí.
Rió entre dientes.
—Claro que sí, tonta Bella. Vamos.
Diciendo esto me jaló del brazo y me arrastró por las escaleras. Pasamos la cocina y dejamos la casa. Nos acercamos a la orilla del rio y ahí, con sus andares de bailarina, se sentó en el césped y dio unas palmaditas a su lado para que también me sentara, así que la obedecí. Era una noche muy linda, aunque estuviese nublada. El rio estaba iluminado por la luz de la luna y se veía su reflejo. Se escuchaban todos los sonidos de los animales. Era un lugar mágico, lo malo era que se avecinaba una tormenta, se podía sentir en el fuerte ulular del viento.
—Ahora sí, dime ¿Qué es lo que quieres saber? –Sonrió con aquella sonrisa plateada que tanto me deslumbraba y me sacó de mi ensimismamiento.
—Alice… yo… —Empecé a tartamudear.
—Escúpelo ya, Bella— Su tono era impaciente.
—¿Hay algo que me están ocultando, verdad? — La miré de reojo— algo va a pasar y ustedes no me quieren decir.
En ese instante se puso tensa y abrió los ojos como platos.
—¿Por qué piensas eso, Bella? — susurró.
—Porque todos los de Denalí están aquí, y porque Tanya cada vez que me ve… en sus ojos hay algo burlón, así que se que algo me están ocultando— Murmuré suavemente.
Nos quedamos en silencio por algunos minutos. Alice siguió con su postura rígida, viendo en algún lugar lejano. Sabía que esto debería de ser demasiado malo, ¿Por qué ella reaccionaba de esa manera? ¿Qué estaba sucediendo?, no pude aguantar más la ansiedad y termine rompiendo el silencio.
—Alice, dime ya que sucede— Dije con voz ansiosa—. Me estas poniendo nerviosa.
—Bella, yo no soy la persona adecuada para darte esa noticia— Murmuró con los ojos aun perdidos.
—¿Ah, no? ¿Entonces quién?, ¡Tú eres mi mejor amiga!- Dije con una nota de enfado en la voz.
—Edward y t´´u tienen que hablar de eso—musitó.
—Alice, dímelo tú. Sabes bien que tu hermano no me va a contar nada— Rogué con un puchero.
-No bella- Siguió seria- No puedo, esos son asuntos de Edward y de Tanya
—Por favor, Alice. Si me quieres realmente, dime… Por favor— Mi voz se fue haciendo cada vez más baja hasta que fue casi inaudible.
—No, Bella. Realmente no puedo.
Y diciendo esto se levantó rápidamente y camino a zancadas hacia la casa. Su reacción me impresionó. Alice nunca se había comportado de esa manera, algo estaba sucediendo pero, ¿Qué era? ¿Que tenían que ver Tanya y Edward en todo esto?, este pensamiento hizo que me imaginase lo peor. Sacudí la cabeza para quitarme aquellos pensamientos. No me iba a servir de nada si me hacía chaquetas mentales.
Me quedé por algunos momentos más sentada ahí, bajo la cobija de la luna, estrujándome los sesos para encontrar alguna pista, pero lo único que conseguí fue que me doliera la cabeza y que me doliera el pecho.
Me levanté y camine lentamente hacia la casa. Todos estaban en la sala, sentados y platicando. Pero en cuanto yo entré se callaron. Esto me hizo sospechar aun más, pero no dije nada, seguí mi camino y subí las escaleras. Llegué al cuarto de Alice, tomé la pijama y me cambié. Dejé que mi mente vagara por los confines de mi existencia, recordando meticulosamente los momentos en que fui feliz con Edward. Al menos eso me tranquilizaría un poco, por lo general cuando estaba triste o nerviosa empezaba a recordar todos aquellos momentos que viví con él y eso me calmaba.
Cuando me cambié con el pijama que me había dado Alice, subí a la habitación de huéspedes.
En el pasillo de arriba había dos puertas, una enfrente de la otra, así que me decidí por la de la izquierda. Abrí la puerta y entre silenciosamente, prendí las luces y me encontré en una habitación completamente vacía. Lo único que había en medio de esa gran habitación era una gran caja blanca. Parecía de esas cajas donde te entregan los vestidos de novias. La caja estaba abierta y se veía una tela color crema, sedosa.
La curiosidad me llenó, ¿Qué seria eso? ¿Por qué solo tendrían una habitación para esta caja?, Justo cuando di un paso para acercarme a la caja la puerta se abrió a mis espaldas y yo di un salto.
—Bella, la habitación de huéspedes es la de enfrente— Dijo Alice con la expresión seria.
—Oh, lo siento, me confundí— Murmuré con las mejillas rojas por la vergüenza.
—Así es…— Hizo un ademan con la mano para que saliera.
Caminé lentamente hasta que me encontré del otro lado de la puerta. Alice la cerró con llave y se fue sin decirme absolutamente nada. ¿Estaba enojada conmigo? ¿Qué había hecho ahora? Suspiré fuertemente y fui a abrir la habitación de huéspedes.
Subí de un salto a la cama y me dejé caer entre las almohadas. Mi cuerpo me lo agradeció. Mis parpados me pesaban así que los cerré.
Me dejé llevar en aquel duermevela que tanto necesitaba. Sabía bien que este misterio tenía que ver con Edward y con Tanya, más no estaba segura del por qué sentía eso. Mi cabeza voló una vez más y caí en la inconsciencia, soñando con los últimos días que estuve de novia con Edward. Sabía que estos sentimientos y estos recuerdos dejaban un sabor demasiado amargo en mí, pero valía la pena… Edward era lo único que valía la pena en mi vida. Sabía que a la larga podría superar el verlo a él y a Tanya juntos, lo sabia, aunque me costara mi alma y mi corazón. Su felicidad era más importante para mí que cualquier cosa que quisiera o necesitase.
Sabía que estaba llorando. En mis sueños podía sentir las lágrimas cayendo por mis mejillas, aunque no sabía el por qué.
Me desperté muy muy temprano por la mañana. Tan temprano que al parecer todavía no aclaraba afuera. Me estiré en la cama, intentando desperezarme. Me cambié con la ropa que supongo Alice me había dejado ahí por la noche, me calcé los zapatos y estuve lista en un dos por tres.
Salí de mi habitación silenciosamente, pensaba en ir al cuarto de Alice a charlar con ella un rato. No quería que nos enojáramos… ella era mi mejor amiga.
Llegué al cuarto de Alice, pero ella no se encontraba ahí. Bajé las escaleras pero tampoco se encontraba en la sala ni en la cocina. A decir verdad no se encontraban ninguno de los Cullen.
"Lo más probable es que fueran a cazar" dije en mi fuero interno.
Fui y me senté en uno de los cómodos asientos de la sala, pensaba ver un poco la televisión, pero unos papeles que estaban sobre la mesita de centro me llamaron la atención. Los tomé entre mis manos y los leí con ojos curiosos.
—¡NO! — di un grito ahogado dejándome caer sobre mis rodillas. Esto no me podía estar pasando a mí.
