Sentía como si su cuerpo flotara. No había luz ni oscuridad, ni suelo ni cielo, nada. Nada podía ver, no sabía si sus ojos estaban abiertos o no. Le era imposible mover su cuerpo, se sentía tan liviano como una pluma y a la vez tan pesado como una roca. De repente, sus oídos captaron murmullos que comenzaron a hacerse más y más fuertes hasta convertirse en gritos. Dos mujeres lloraban, una era adulta mientras que la otra era una niña muy pequeña. La tercera voz era la de una adolescente que gritaba furiosa. El resto de los sonidos eran insultos, maldiciones y deseos de muerte contra alguien a quien no lograba identificar. Enseguida su cuerpo comenzó a arder y el aire comenzó a faltarle, el miedo le invadió. Intentó gritar pero la voz no le salía, aquellas voces malvadas opacaron a las de las mujeres y empezaron a vitorear. Parecía que se alegraban de su sufrimiento. Entre toda aquella marea de voces logró distinguir la de un hombre, que con odio pronunció: no merece el nombre de un ángel, no merece ser mi hijo. Esas palabras le causaron mucho dolor, aunque no sabía por qué. Su cuerpo comenzó a quemarse con más fuerza y el aire dejó de llegarle. Agitado, abrió los ojos.
Nathan se encontró a sí mismo en la cama que estaba en el cuarto que compartía con Takuma. Volteó a un lado y se vio reflejado en lo verde ojos del vampiro, que lucía preocupado y aliviado a la vez.
- Me diste un susto tremendo – dijo mientras se sentaba en la cama – comenzaste a gritar en sueños, ¿era una pesadilla? – el demonio negó.
- Sólo recuerdos – susurró – de cuando aún era humano y tenía corazón – se llevó una mano a la cabeza y sus ojos se abrieron de sorpresa al sentir vendas.
- Yo lo hice – contestó el vampiro – el golpe que te diste fuente fuerte y sangraste – el demonio se quedó quieto mientras el vampiro examinaba el vendaje y luego se decidía a cambiarlo por otro a pesar de que Nathan ni siquiera tenía una cicatriz pero el lobo no dijo nada, tal vez no quería arruinarle la diversión al vampiro, que se veía feliz "curándolo", o quizás todavía no salía del shock causado por sus recuerdos. Bufó, era por eso que odiaba dormir, o en este caso caer inconsciente, ya que revivía los momentos previos a su muerte, pero sin identificarlos. No recordaba a los dueños de esas voces, mucho menos cómo murió a quién le asesinó mas bien, porque sabía que alguien había provocado su muerte. Estaba seguro de eso pero no podía encontrar el por qué.
- Quiero dormir un rato – mintió, pero el vampiro no se percató y salió sonriente de la habitación para dejar a su compañero dormir.
Al hallarse solo, el demonio se levantó y se quitó el uniforme para reemplazarlo por ropa común. Se retiró el vendaje frente al espejo que había en el cuarto, en cuanto tuvo las vendas en la mano las olfateó un poco, percibiendo el aroma del rubio en ellas. Sin saber el motivo, las enrolló con cuidado y las guardó en uno de los bolsillos de la gabardina negra que llevaba. Caminó hacia la ventana abierta y salió al balcón. Pronto amanecería, aunque podía olfatear la humedad en el aire, señal clara de que llovería. Con pereza se subió al barandal del balcón y de un salto llegó al suelo para luego echarse a correr hacia la cuidad, luego se vengaría de esos zorros pero ahora era el momento de salir de cacería.
- No quiero ni pensar qué nos hará Gabriel cuando despierte – dijo tembloroso Leo – de seguro nos mata – se lamentó el zorro.
- ¿Cómo es que Death Wolf fue humano? – preguntó Cross a Lotti.
- Todos nosotros en algún momento fuimos humano, personas normales. Lo que ocurrió fue que morimos con emociones muy fuertes y negativas, deseábamos aferrarnos a la vida al vernos cara a cara con la muerte. Alyss-sama apareció y nos ofreció vivir a cambio de nuestros recuerdos y corazón – explicó la chica.
- Mi hermana y yo no somos como esos tres, no morimos pero nuestros sentimientos fueron lo suficientemente fuertes como para que Alyss-sama nos ofreciera un trato, distinto del que había hecho con los otros tres. El problema es que Alyss-sama borró los recuerdos sobre el trato, así que no recordamos qué prometimos – continuó Leo.
- Por lo que nos contó Rose, Gabriel murió traicionado, cortado y quemado por las personas en las que confiaba. Eso dio origen a Death Wolf, el demonio lobo que causa la muerte a todo lo cercano a él con el fin de evitar el dolor de ser traicionado nuevamente – dijo Charlotte.
- Cada demonio debe su nombre a la razón por la cual dejó su humanidad de lado, Disgrace Dragon y Unhapiness Lioness también esconden muertes dolorosas y razones oscuras como causa de sus muertes.
Zero se hallaba mirando el techo de la habitación acostado en la cama, en verdad estaba muy aburrido y seguía dándole vueltas al recuerdo de aquel Nathan que se lastimaba a sí mismo. Kaname también estaba en la habitación mirando desde hace rato al cazador, pero este le ignoraba. El Kuran se aburría y mucho y un Kuran hombre aburrido es sinónimo de un Kuran pensando en cosas nada santas, aunque su cara muestre lo contrario.
Se levantó con cuidado del diván y caminó hasta Zero. En un movimiento rápido, el castaño se había sentado a horcadas del Kiryu.
- ¡Quítate Kuran! – exigió el cazador pero el vampiro no le prestó atención. Se inclinó sobre su presa y junto sus labios con los de Zero mientras que con una de sus manos aprisionaba las del cazador sobre su cabeza. Con la mano libre comenzó a acariciar el pecho del otro por sobre la camisa. Kaname se separó de Zero para tomar aire, el peliplateado abrió la boca para reclamar pero el vampiro volvió a juntar sus labios y metió su lengua en la boca del cazador.
Zero intentaba liberarse del agarre del castaño pero era inútil. Poco a poco comenzó a ceder ante las caricias del purasangre, a pesar de saber que estaba mal, que eran enemigos, su cuerpo comenzaba a disfrutar. Al verlo más dócil, Kaname le soltó las manos y al instante el cazador rodeó el cuello del vampiro con sus manos mientras le correspondía el beso. Sus lenguas juguetearon entre sí y con cada segundo que pasaba el cazador perdía más la cordura. Kaname le desabrochó la camisa al menor y acarició la blanca piel del pecho del cazador. Zero reaccionó cuando la esclava de plata y zafiro comenzó a quemarle la muñeca, tomando al castaño por sorpresa lo empujó causando que el castaño callera de la cama. Velozmente, el cazador se levantó mientras se abrochaba la camisa.
- Creí que te gustaba – dijo el castaño mientras se paraba y el cazador le miraba con odio – no me rendiré, haré que te enamores de mi – sentenció el vampiro.
- En tus sueños, Kuran – respondió el cazador, la esclava comenzó a quemarle más - ¡Maldicion! – al segundo Kaname ya estaba a su lado.
- ¿Qué ocurre? – preguntó preocupado.
- Esta cosa me está quemando – en eso entraron Aiduo y Kain.
- Kaname-sama no encontramos al demonio por ninguna parte – informó Aidou – además Rima y Shiki estaban en la cuidad y acaban de llamar diciendo que dos presencias muy oscuras se sienten en la parte abandonada de la cuidad.
- Una de ellas es Nathan – informó Lotti apareciendo de improvisto junto a su gemelo – la esclava te quema porque Nathan tomó su verdadera forma.
Nathan no podía evitar excitarse con anticipación ante la gran cacería que se avecinaba, se relamió los labios que pronto estarían manchados de sangre. Estaba impaciente por perforar la carne de su enemigo con sus colmillos, desangrarlo y alimentarse de su sangre y carne. Aceleró el paso, pronto daría rienda suelta al asesino en él.
Yagari se encontraba en una biblioteca antigua y abandonada. Había ido ahí en busca de información que podría ayudar con los demonios. El cazador posó su atención en un libro negro que tenía en la tapa los simbolos de las Cuatro Alice's, pero estaba cerrado con un candado. Tendría que buscar la llave si quería leerlo.
