Ya había cuatro de los mortífagos fuera de combate, pero los otros tres parecían ser mucho más hábiles con la varita. Entonces, de repente, un hechizo le dio de pleno en la barriga. Gritando, se llevó sus manos allí para protegerse, pero no llegó a tiempo. Cuando quiso mirar qué había sucedido, tan solo vio una bola incandescente detrás de sus manos.
Con lágrimas en los ojos, gritó, gritó como nunca lo había hecho. Entonces, con furia, levantó los ojos hacia sus agresores. Parecía que, de repente, el sonido había desaparecido del mundo.
Prácticamente sin despegar las manos de su barriga cogió la varita y la dirigió hacia sus oponentes. El resultado fue espectacular. Sin haber dicho nada, un rayo de luz iluminó la heladería, encegándolos a todos por momentos. Antes de caer exhausta al suelo, aún abrazándose a si misma, pudo ver la desesperación en unos ojos negros que la miraban. Negros, negros como dos pozos sin fondo.
CAPÍTULO 11: Despertar
Estaba en un mundo donde el tiempo no existía. Ni el sonido, ni las imágenes. Solo sus pensamientos y sus pesadillas y temores más recónditos. Flotaba en medio del vacío. No parecía haber salida alguna, ninguna luz al final del túnel. Tan solo oscuridad. Pero tampoco le apetecía ya luchar. Al fin y al cabo, no se estaba tan mal, allí. Podría llegar a acostumbrarse a ello. Lentamente, una imagen se formó en su cabeza; unos ojos negros, oscuros como la noche más tenebrosa la observaban con impotencia, sorpresa y, sobre todo, desesperación; la desesperación de quién no puede hacer nada para ayudar, a quién solo le queda ver como los otros se degradan mientras no puede hacer nada para ayudarlos, solo observar.
Poco a poco empezó a aburrirse de estar allí. Después de que sus recuerdos se hubiesen proyectado una y otra vez en su mente decidió que necesitaba hacer algo. Necesitaba estar con sus amigos, ayudar a quienes habrían dado su vida por ella, de ser necesario. Y, sobretodo, había comprendido que necesitaba aquél hombre, aquél hombre del cual llevaba una parte en su interior. O no...
Tenía que despertar, necesitaba saber qué había pasado después de que recibiera aquél hechizo. Los recuerdos de lo sucedido aquél día eran borrosos y necesitaba aclararlos. La agonía la estaba matando lentamente... si es que no estaba muerta ya. Y aquella luz en su barriga... debía despertarse. Debía hacerlo.
Pero no sabía como huir de su propia mente. Necesitaba alguien que la guiase hasta la salida.
Como si de una respuesta se tratase, algo empezó a materializarse en su mente. Muy, muy lentamente. Primero parecía una masa amorfa oscura, después fue tomando forma hasta convertirse en un muchacho de piel clara y cabello negro vestido con unos tejanos y una camiseta verde musgo. Tenía el cabello húmedo e iba descalzo. Pese a ser la imagen de un adolescente tenía en la mirada la aspereza y el conocimiento de quien ha vivido mucho.
- Se... Severus. Pero...
¿Cómo había llegado hasta allí? Porque estaba segura de que aquello no era fruto de su imaginación. Él realmente estaba allí, aunque no alcanzaba a descubrir como había entrado.
- Te ayudaré a salir de aquí.
Su imagen era la de Severus, pero no su voz, que resonaba por todos los rincones de su cabeza, pese a que el muchacho no había movido los labios. Era la voz de Snape, la mirada de Snape...
- ¿Cómo...?
- Después. Tiene que salir de aquí, señorita Granger, o el daño será irreversible. Sígame, por favor, y después hablaremos de todo lo que quiera, pero por ahora el tiempo se nos está agotando. Concéntrese tanto como pueda para materializar una imagen de usted.
Cuando por fin lo consiguió tuvo que contenerse para no saltar a los brazos del pelinegro que se paseaba por su mente como si estuviese en casa.
Después de mucho rato recorriendo los sitios más recónditos de su mente, Hermione no podía dejar de preguntarse cuanto tiempo llevarían dando vueltas y más vueltas. El tiempo pasaba de forma distinta allí que en el exterior, pero aun así... Además, tenía que hacer todos los esfuerzos posibles para evitar que el chico viese algunos de sus recuerdos. Aunque ya debía saberlo o, como mínimo, debía sospecharlo, no quería que viese nada sobre las consecuencias de su única noche juntos. Aunque no fue capaz de esconder las imágenes de dicha noche, con el consecuente enrojecimiento de sus mejillas. Severus, por su parte, curvó los labios en algo que casi podría llamarse sonrisa, aunque no dijo nada.
Severus era consciente de que si no conseguían salir a tiempo no solo ella sería la que permanecería allí encerrada de por vida. También él se quedaría allí. Pero no podía decírselo. No quería asustarla. Cuando por fin vio la luz que indicaba el final del túnel la instó a que apresurara el paso. Con una última mirada, él desapareció para volver a la propia mente.
Ahora solo dependía de Hermione.
La castaña de repente se sintió sola, abandonada. La luz que veía al final la encegaba. No podía dejar de pensar que lo que la esperaba al exterior no era más que destrucción y un peligro detrás del otro. Era tal su indecisión que no notó que la luz que llegaba cada vez era un poco más tenue. Sus posibilidades de volver se escurrían como agua en las manos.
Pero entonces le llegó su voz desde la lejanía.
- Hermione, ven. No abandones. Traspasa el túnel y vuelve a la vida, por favor. – Era su voz, sin dudas alguna, pero nunca había oído aquel grado de desesperación en el hombre al que, ahora estaba segura, amaba. Y mucho menos lo habría imaginado del Severus Snape adulto.
Tenía que volver.
Con lentitud, abrió los ojos. Tanto tiempo había pasado en la oscuridad que la luz la dejó sin visión por un instante. Trató de hablar, pero la lengua, pastosa, se negó a moverse, de modo que decidió estudiar su entorno.
Paredes verdosas, un par de mesitas de noche de caoba y una ventana tapada por cortinas verde oscuro. Estaba en una enorme cama con dosel a juego con las mesas. Entonces reparó en la silla que había a su izquierda y en el hombre que la observaba desde allí. Su rostro inescrutable mostraba la frialdad usual, pero la chica sabía que en su interior no había dejado de ser Severus en ningún momento.
Él la miraba sin decir nada. Entonces el rostro del hombre se ensombreció.
- Por fin despertó. Ya pensaba que no saldría nunca de la jaula en que la metió su propia mente. –su tono de voz era duro, pero la chica sabía que lo que quería decir era que estaba contento de que estuviese bien.
Pero cuando sus facciones se endurecieron aún más no fue capaz de justificarlo.
- ¿Podría decirme qué es eso? –preguntó señalando su barriga.
Oh, no, se había olvidado completamente de aquello. Pero eso quería decir que aún estaba allí... ¿no? Al pensar aquello empezó a tomar conciencia de su cuerpo y llegó a la conclusión de que sí, estaba allí, pero pesaba mucho más de lo que debería. En realidad... En realidad pesaba como si ya estuviese a punto... ¿Cuánto tiempo había pasado allí?
Finalmente fue capaz de hablar, aunque la voz con que lo hizo no se asemejaba nada a la propia.
- ¿Cuánto tiempo llevo aquí?
- No ha respondido mi pregunta. –pese a la mirada de Hermione, el hombre no se rindió. No obstante, tampoco ella quería dar su brazo a torcer, de modo que el silencio se apoderó de la habitación.
Finalmente el hombre lo rompió, sacándola de sus pensamientos.
- Aunque para mí haga mucho tiempo para usted todo aquello pasó hace muy poco. ¿Y ya está así? A eso lo llamo yo una chica fácil. –Dijo él con un tono de voz peligroso, como si estuviese conteniendo toda su rabia.
Y Hermione lo comprendió, comprendió qué había pasado por la mente del hombre y se sintió horriblemente mal, desdichada. ¿Cómo podía pensar que ella...? ¡Por favor! Snape parecía celoso y eso le hacía gracia pero, pese a todo, le había hecho mucho, mucho daño.
- ¿Es que acaso no ha hecho las cuentas?
- ¿Qué...?
- Le estoy preguntando si se le ha ocurrido mirar de cuanto estoy.
- Eso es imposible, Granger. –su mirada y su voz eran como las que solo guardaba para Harry y Remus. – La magia del hechizo que la golpeó quedó encerrada en su interior, desarrollando el bebé mucho más de lo normal, de modo que es imposible determinar cuánto le queda (aunque no creo que sea mucho) o si está bien o no. El entorno en que se encontraba la criatura era mágico, de modo que al golpearle el hechizo las magias se mezclaron y no es posible saber si está vivo o no o si su poder mágico ha aumentado o se ha transformado en un squib. De modo que no, no tengo ni idea de cuando su crío fue concebido. Podría ser que incluso antes de su viajecito al pasado.
La rabia acumulada en las últimas frases había hecho temblar a la chica. Tenía que decírselo, se lo debía, pero se lo estaba poniendo muy difícil.
- Severus...
- Profesor Snape.
- Ya no eres mi profesor. –replicó ella con voz neutra. Si él jugaba a intimidar, ella jugaría a "me importa un bledo lo que digas o pienses". -Y no, no fue concebido antes de mi "viaje". Y tampoco después.
Y calló. Hablar le costaba mucho esfuerzo, por lo que decidió dejarle un tiempo para pensar. Si así no lo entendía ya no sabía qué podía hacer.
- ¿Está segura de lo que dice?
- Completamente. No he estado con ningún hombre más que con usted.
Pese a que Snape había cambiado su tono de voz a uno un poco menos agresivo, ella continuaba con su voz neutra mirando a un punto fijo del techo. De no ser así se habría dado cuenta de que habían aparecido un par de luces al fono de la oscuridad de los ojos de Snape.
-¿Segu...?
- He dicho que sí. Es tuyo. Pero comprenderé que no lo quieras. Al fin y al cabo, solo fue una noche y para ti han pasado muchos años. Si me permites volveré a Grimmauld Place y le criaré sola. –replicó ella con voz trémula, antes de añadir -Si está vivo o viva...
Y, dicho eso, no pudo evitar que una lágrima resbalara por su mejilla, y a esa la siguió otra, y otra, y otra... lágrimas encerradas en sus ojos desde hacía tanto tiempo y que ya no era capaz de evitar que saliesen una tras otra. Una para cada muerto de la guerra, una para cada batalla, una por cada minuto que había echado de menos a sus padres, una para cada segundo que había necesitado tener a Severus a su lado y aún más para su hijo o hija, que quizá no vería nunca la luz.
- No digas eso. –Ella le miró. Snape... no, Severus, se había levantado y en sus ojos ya no quedaba la rabia de antes. Pese a no haber perdido la mirada made in Snape, en ellos podía adivinar un rastro de ternura. – Nuestro bebé está bien, ya lo verás. Y cuando nazca lo hará en un mundo en el que su vida ya no correrá peligro. Pero para eso tú tendrás que quedarte en la cama hasta que nazca.
- Pero...
- Para sus amigos será mejor esto que tener que cuidarla –replicó él . Cuando se libre la batalla final ni se le ocurra moverse. En Grimmauld Place estará segura. Supongo que Molly estará allí, así que no tienes de qué preocuparte.
La cara de Hermione cambió rápidamente. ¡Aún no se lo había dicho a nadie! Y ahora volvería de una forma que sería imposible ocultarlo... Pero quería que primero lo supieran sus padres, aunque con eso les decepcionase.
- ¿No se lo ha dicho a nadie?
Ella negó con la cabeza mientras un millar de dudas se mezclaban en su mente. Había vuelto a ser Snape. Quería al bebé, sí, pero no a ella. Supuso que eso simplemente aumentaría su "ego masculino".
- ¿Lo tuvo escondido todo este tiempo?
- Quería decírselo primero a mis padres, se lo debo. -"Y a ti", estuvo a punto de añadir, pero ante la vuelta al tono usual del hombre, se contuvo. A su lado no era más que una chiquilla, ahora. Y no debía inducirle a nada que no debiera.
Aun así, el recuerdo del beso compartido días atrás, cuando él acudiera herido a su habitación de Grimmauld Place no dejaba de repetirse una y otra vez en su cabeza. Quizá... no, mejor no pensar en eso.
- ¿A qué esperaba?
- No he podido visitarles desde hace mucho tiempo. Su vida corre peligro, por ser muggles, y por ser yo su hija. También mi vida está en peligro, por lo que, en general, me quedo junto con los otros en la sede de la orden. Pero no podía dejar que fuesen los últimos en saberlo –"ni podía admitir que tú eras el padre".
- ¿Y aún quiere que sean los primeros en conocer la noticia? ¿Aunque con las condiciones en que puede presentarse allí pueda suponer una desagradable forma de enterarse de ello para sus padres?
- Sería mejor presentarme con una barriga enorme que con un bebé en brazos.
- Le diré lo que haremos. Burlaré la escolta de sus padres, les secuestraré y les llevaré aquí. Cuando haya podido disfrutar de su compañía les dejaré en algún lugar en que puedan encontrarles fácilmente, o incluso puedo dejarla a usted en Grimmauld Place, de ser necesario.
- ¿Qué gana usted con todo esto?
Un Slytherin nunca hace algo sin motivo, esta es una de las primeras leyes que un estudiante de Hogwarts aprendía desde antes de sentarse en el banquillo del sombrero seleccionador.
- Que mi hijo o hija esté a salvo.
Ah, claro, es cierto. El bebé era lo importante y no ella. Pero aun así debía estarle agradecida, si con ello podía volver a ver a sus padres. Perdida en sus pensamientos no se dio cuenta de que él estaba hablando.
-... así que volveré dentro de poco. Aproveche para dormir y, sobretodo, no se mueva de la cama.
Y desapareció de la habitación, dejándola a solas con sus dudas y pensamientos. ¿Cómo había llegado hasta allí? ¿Había habido muertos en la batalla? ¿Se sabía algo de Harry y Ron? ¿La estarían buscando? Y, la eterna duda... ¿Por qué había matado a Albus Dumbledre?
Sin ni siquiera darse cuenta el cansancio hizo su efecto y el sueño se apoderó de ella. La despertaron susurros de un par de voces muy familiares. Abrió los ojos de golpe.
- ¡Mamá! ¡Papá! –exclamó tratando de levantarse. Pero una mano fuerte se lo impidió, volviendo a echarla a la cama con suavidad. Incluso antes de verle ya sabía que era él, pues con el solo contacto de su piel su cuerpo se había estremecido en señal de reconocimiento. Notó como algo se movía dentro de ella.
- Está bien... –murmuró. –Está bien y te reconoce.
Por suerte lo dijo tan bajito que solo el hombre que tenía justo al lado pudo oírla. Su pecho se hinchó en orgullo y sus ojos brillaron al saber que el bebé no estaba muerto.
- Hija, ¡cómo has crecido! –dijo su madre, corriendo a abrazarla.
- Sí, pero, sin lugar a dudas, tiene algo que contarnos. ¿Cuándo pretendías hacernos saber la noticia? ¿Cuándo empezara a ir a la escuela?
- Yo... –empezó ella, tratando de tragarse las lágrimas que pugnaban por salir. –De verdad lo siento, quería decíroslo, pero no es el tipo de cosa que se cuenta en una carta y no podía veros.
- ¿En cuánto? ¿Siete, ocho meses no has podido decírnoslo?
- En realidad, señor, es bastante más complejo. Su hija estaba encinta, sí, pero por bastante menos tiempo de lo que parece. Lo que sucedió fue que un hechizo la golpeó, provocando que su magia, la del bebé y la del hechizo se mezclaran, causando una aceleración en el proceso de crecimiento del bebé.
- ¿Quién es el padre?
Hermione huyó de la mirada de sus padres. No había hablado de aquello con Snape y no sabía qué se suponía que tenía que decir. ¿Qué estaba embarazada de alguien 20 años mayor que ella? No podía, simplemente no debía...
- No... –"No lo sé", iba a decir, pero la voz de Severus la interrumpió.
- Yo.
Seguridad, el coraje propio de un gryffindor, fuerza, orgullo. No titubeó ni un instante. Hermione, en lugar de buscar con la mirada la reacción de sus progenitores se giró hacia el ojinegro.
- ¡¿Pero qué demonios creían que hacían?! Usted es mucho mayor que ella, es... ¡Hermione es solo una niña!
- Ya tengo dieciocho años, papá, y la guerra me ha dado mucha más madurez de la que se podría esperar a esa edad. No soy una niña. Ya no.
- Además, digamos que la... concepción de la criatura no tuvo lugar en condiciones normales. No sé hasta qué punto están acostumbrados a la magia, pero su hija viajó al pasado hace unos meses. A la época en que yo tenía diecinueve años, concretamente, de modo que la diferencia de edad no era tal.
- ¡Pero... –empezó el señor Granger de nuevo, pero su mujer le hizo callar con la mirada.
- Sé que os he defraudado. A todos –dijo la muchacha. –Pero no me arrepiento de nada de lo que hice. Una tiene derecho a vivir y mi bebé tiene derecho a llegar a ver la luz. Quiero a ese bebé como a nada en el mundo y no dejaré que le tratéis como a un engorro o un accidente. Es mi hijo y estoy orgullosa de ello., Y si no queréis hacer lo propio como abuelos no importa, porque con mi cariño será suficiente.
No fueron solo sus palabras, sino su tono y su mirada lo que hizo que los adultos de la sala la admiraran. Parecía que fuese ella la adulta y los otros los adolescentes.
- Ve aquí, hija mía. Felicidades –susurró su madre, abrazándola. Después, a instancias de la mujer, también su padre la abrazó, aunque no la felicitó. Snape lo contemplaba todo desde la distancia, recordando el día en que también él fuera abrazado por su madre.
Ensimismado en sus pensamientos no se dio cuenta de que la señora Granger se acercaba a él con paso decidido para darle la enhorabuena.
Snape había llevado a sus padres de vuelta a casa. ¡Tenía tantas cosas que preguntarle y tan poco tiempo!
Pero no podría hacerle ninguna, pues cuando volviese la dejaría a su habitación de Grimmauld Place. Tan solo esperaba que fuese Ginny la primera que la encontrase, para ayudarla a dar la noticia a los otros. Se lo comentaría al hombre.
Entonces llegó él.
- Es hora de irse, pero antes debo hacerle un pequeño reconocimiento. No quiero que estén en riesgo en ningún momento. La aparición podría ser perjudicial, pero es la única forma que se me ocurre de que no nos vea nadie. Después le subiré por la ventana de su habitación con escoba voladora. Recuerde que debe evitar la magia en todos los modos posibles.
Entonces Severus quitó las sábanas, de modo que quedó su barriga al descubierto. Emitía una luz extraña, pero mucho más tenue que cuando el hechizo impactó en ella.
- Señor –empezó, consiguiendo que el hombre dejara el frasco de poción que iba a destapar encima de la mesa para escucharla.
- Diga.
- ¿Qué pasó el día que sucedió aquello?
- Cuando aquel hechizo la tocó su magia se descontroló, supongo que por acción de su rabia, y dejó inconscientes a todos los mortífagos de la sala.
- ¿Y los niños? ¿Y usted?
- A mi, por alguna causa que solo debe conocer usted, no me afectó –Hermione enrojeció ante eso.
- ¿Y los niños?
- Tuve que lanzarles un obliviate antes de irme, pero conseguí atraer la atención de un par de aurores que cuidaron de ellos. Creo que sus esfuerzos valieron la pena –la alabó.
- ¿Cómo me llevó hasta aquí? ¿Dónde estoy? ¿Cómo...
- Ya son demasiadas, las preguntas, y no tenemos tiempo. Estamos en mi casa y la llevé aquí mediante la aparición. –El hombre no consideró necesario agregar nada más y ella no volvió a formular pregunta.
Él procedió a esparcir la poción por la barriga de la joven muchacha mientras en el interior de la chica sensaciones nuevas se mezclaban con sensaciones reencontradas. El bebé no dejaba de moverse ante el toque de su padre. Las manos del hombre activaban las ganas de moverse del bebé y hacían estremecer a la madre, que tenia que contenerse para no dejarse llevar por el simple toque de las manos de su ex profesor.
Pronto las hábiles manos fueron subiendo un poco más hasta acariciar el pecho de la muchacha, que no pudo evitar gemir.
- Severus... –susurró, cerrando los ojos.
El hombre dejó caer su peso suavemente al lado de ella, tratando de no poner peso encima de su hijo o hija, acercó sus labios a su cara y la besó con dulzura sin dejar quietas sus manos. Hermione le abrazó. Sus ojos se encontraron.
- Gracias –dijo Snape.
Ella no lo comprendió. Si alguien tenía que dar las gracias allí era ella. Pero su ex profesor no estaba de acuerdo con eso.
- Siempre pensé que tener hijos quedaba ya lejos de mis posibilidades. Me había hecho a la idea ya de que el legado de la familia Snape se perdería por siempre conmigo. Gracias.
Ella sonrió mientras él volvía a levantarse para mirar su barriga.
- Está bien. Mira, incorpórate un poco.
Y lo que vio la dejó sin habla. Un bebé prácticamente formado movía ligeramente los brazos, como si la estuviese saludando. Entonces se movió un poco.
- Es una niña... Está viva y es una niña–murmuró Hermione.
Y, por primera vez en su vida, pudo decir que había visto la alegría brillar en los ojos de Snape, que la abrazó, contento.
- Tenga, póngase este medallón. Cuando llegue el momento en que Potter deba salir de su guarida se lo haré saber. Cuando la plata se caliente y se convierta en oro mire bien las letras del borde; le indicarán el lugar de la batalla. Por favor, por más que le cueste, no se mueva de Grimmauld Place y descanse mucho.
- Gracias señor.
- Cuídese –dijo él robándole un beso fugaz, ligeramente pasional, aunque sin una pizca de la ternura de un par de horas antes, mientras la cogía en brazos para llevarla al lugar donde estaría segura.
¡¡¡Hola!!!
Siento haberos hecho esperar pero, como recompensa, un capítulo largo y un poco de SSHG. Espero que Snape no me haya quedado fuera de su carácter... si es así, avisadme, pero creo que cuando un hombre ve a su hijo por primera vez no se comporta como el cretino a qué estamos acostumbrados...
Muchas gracias a la gente que me mandó reviews animándome a seguir. ¡Nunca pensé que llegaría a los 100 algún día, y estoy a los 111! Muchísimas gracias a Yasmina33, Sevkrissrem, Sucubos, sirenitus, Natalia, Laura, §U§ §NAPE, rasaaabe, Nini Snape, Ralye.Rickman.Snape, amsp14, AnitaRickman, Ginshu y HermioneBlack88. Siento no haber podido actualizar antes...
¡Gracias por vuestra comperensión!
Nos vemos en el siguiente capítulo...
Bss! Khye
