Hola de nuevo, mil disculpas por haberme perdido tanto tiempo pero he vivido cosas tan intensas, tanto buenas como malas en estos últimos meses que no me sentía con el mínimo ánimo de seguir escribiendo, a excepción de cosas que rayaran en el drama en su máxima expresión y eso no era lo que tenía planeado para esta historia jeje, pero ya que estoy un poco más recuperada aquí les traigo el siguiente capítulo, mil disculpas de nuevo y espero que les guste.
Capítulo once. Estrategia seis: La cita, parte II
Para Harry este era el momento que hacía valer todo por lo cual se había esforzado, su mano acariciando el suave rostro de Draco y sus labios saboreando el néctar de aquella boca que generalmente estaba ocupada soltando sarcásticos comentarios, su aroma embriagando cada uno de sus sentidos, su esencia envolviéndolo por completo. Si Voldemort regresara de la muerte justo en este momento para acabar con él, Harry moriría absolutamente feliz.
Por Merlín! Estaba besando a Draco Malfoy, era increíble, maravilloso, era… pero entonces se dio cuenta de algo, solo eran un par de labios los que se movían, y esos eran los suyos. Se separó del rubio lentamente para abrir los ojos y toparse con una mirada de completa estupefacción, poco a poco, segundo a segundo, vio como el rostro del rubio se llenaba de ira que se reflejó en un brillo peligroso en aquellos diamantes ahora tan fríos como el metal.
-Draco? –preguntó el moreno con temor, ese brillo en los ojos del Slytherin jamás había presagiado nada bueno.
-Cómo pudiste… -la fría voz cortando el tenso silencio.
-Qué?
-Cómo pudiste hacerme esto! –Draco se levantó furioso mientras Harry rápidamente lo imitaba.
-Espera Draco, lo siento- el moreno intentó acercarse al rubio que con un fuerte empujón lo alejó de él.
-Apártate de mí estúpido! –el rubio sacó su varita y la interpuso entre los dos cuerpos.
-Escucha… -intentó el moreno buscando enlazar su mirada con la del rubio para tranquilizarlo, pero la mirada gris estaba como perdida debido a la furia que sentía- lamento haberte besado, me dejé llevar por el momento y por todo lo que me haces sentir, jamás quise molestarte y yo…
-Cállate Potter!! –lo interrumpió el Slytherin- con un demonio, no entiendes nada!!, claro, que se puede esperar de un imbécil como tú- el rubio se giró y empezó a caminar de regreso al pueblo después de mandar una mirada de absoluto desprecio al chico frente a él, Harry tardó solo un segundo en reaccionar antes de seguirlo.
-Draco, por favor, no quiero que todo acabe así- suplicó el ojiverde mientras trataba de alcanzar al otro chico.
-Y cómo esperabas que acabara, eh?- Draco se detuvo un momento para mirar al chico detrás de él con furia para después de unos segundos seguir su camino- soy Draco Malfoy, no soy como los estúpidos y las tontas que te persiguen, no podía acabar de otro modo –a cada paso el pueblo estaba más y más cerca. Harry caminaba tras él pateándose mentalmente, todo lo que había conseguido hasta ahora se perdía por dejar que sus emociones lo dominaran, pero justo cuando besaba a Draco había estado seguro de percibir que el rubio, tal vez no con la misma intensidad que él sentía, le correspondía en cierta forma, muchas veces las miradas que el ojigris le regalaba encendía una mecha de esperanza en su corazón, pero hoy ésta se había apagado por completo y para siempre.
Justo cuando pasaban por enfrente de la tienda de Madame Malkin esquivando a toda la gente que hacía sus compras, Harry logró tomar a Draco del brazo y detenerlo, girándolo con delicadeza pero firmemente para poder mirarlo a los ojos, el espejo del alma. Lo que vio le confirmó lo que se negaba a admitir, y fue justo en ese momento que decidió dejarse aplastar por la más que evidente realidad, que su amor jamás sería correspondido y que era momento de aceptarlo, por más que su corazón se rompiera en mil pedazos.
-No sé que hacer para que me disculpes Draco, de verdad lo siento, es solo que yo… -Harry soltó el brazo del Slytherin que lo miraba con una frialdad que helaba la sangre- estoy enamorado de ti, pero creo que eso jamás será suficiente para cambiar tus sentimientos hacia mi…
-Escúchame bien Potter –la voz suave y peligrosa, Draco acercó su rostro hasta el del moreno para mirarlo fijamente- no quiero volver a tenerte cerca de mí, no me dirijas la palabra, ni siquiera me mires, entiendes? Para mí no eres más que basura, para mí eres nada Potter.
-Draco… -cada palabra estaba haciendo una herida en el corazón de Harry que sabía sería muy difícil de curar.
-Soy Malfoy, Potter, y que no se te olvide.
Draco se dio media vuelta y se alejó de ahí sin mirar atrás, tenía que ser Potter, tenía que entenderlo de la peor manera, eso es lo que se había ganado con su estúpida perseverancia, eso y… ya no importaba, no podía ser de otro modo, él era un maldito Malfoy, además ya estaba hecho y no había marcha atrás, no estaba listo para esto, jamás lo estaría.
-Draco? –Blaise Zabini se acercó al rubio justo cuando lo vio pasar frente a él- y Potter? Crabbe y Goyle siguen esperando donde les dijiste.
-Veo que lograron salir del castillo –contestó el rubio con frialdad sin siquiera detenerse.
-Sí, logramos escapar, fue difícil, Filch vigilaba ese pasadizo que nos indicaste, pero gracias a la distracción que creamos pudimos salir. Pero dime, qué pasó con el plan? Potter acabaría destrozado y por fin te dejaría en paz –Draco se detuvo y miró al chico a su lado.
-Con quién crees que hablas Blaise? Potter no volverá a molestarme –sonrió pero aquella satisfecha sonrisa no incluía sus ojos fríos y apagados- ese asunto está terminado.
-Qué hiciste? –cuestionó el moreno con curiosidad- por tu sonrisa me imagino que fue memorable –sonrió con malicia.
-Eso ya es pasado, lo importante es que funcionó.
-No podía esperar menos de un Malfoy –Draco se detuvo ante estas palabras y miró al chico frente a él.
-El mejor de todos Blaise y jamás lo dudes –dijo frunciendo el ceño en señal de enojo.
-Te noto algo raro Draco, estás bien?
-Mejor que nunca, Blaise, mejor que nunca.
No había notado aquella sensación en la boca del estómago hasta que perdió de vista la silueta del rubio. Era tristeza, una profunda tristeza y dolor que le estaba carcomiendo por dentro. Jamás se había enamorado con tal intensidad y no podía esperar que la decepción fuera diferente. Se sentía totalmente vacío, estaba sumamente enamorado del rubio y caprichoso Slytherin como jamás lo había estado de alguien, había podido ver tras esa fría máscara de desdén al verdadero Draco, pero él no estaba listo para ser visto.
-Hola Harry.
-Hola Jason –un joven de cabellos castaños, piel dorada y hermosos ojos verdes estaba frente al moreno con una enorme sonrisa- estás bien? –preguntó viendo el semblante del Gryffindor y cambiando su sonrisa por una expresión preocupada- te ves algo… triste –el joven Ravenclaw se acercó posando una mano en el hombro del moreno, Jason Reghetti era el nuevo capitán y buscador del equipo de Quidditch de su casa y se había hecho muy amigo de Harry el año pasado cuando tuvieron un gran enfrentamiento en uno de los partidos más memorables que se recordarían en Hogwarts.
-Sí… bueno… lo estaré –sonrió con amargura.
-Pasará –afirmó con seguridad el Ravenclaw, Reghetti sabía por lo que estaba pasando Harry, quien no sabía en Hogwarts que Malfoy moriría antes de corresponderle al moreno? Y estaba más que seguro que la maldita serpiente se esforzaría por destruir a Harry de la peor manera posible- ven, te invito una cerveza de mantequilla.
-Gracias, creo que me caería muy bien- susurró el moreno mirando por última vez el lugar por donde había desaparecido el rubio para girarse y seguir al castaño.
La noche llegó imponente con la Luna iluminando el castillo, todo estaba tranquilo y en calma, a excepción de la reunión que se llevaba a cabo en el despacho de Severus Snape.
-Así que terminaste con Potter.
-No terminamos padrino, jamás hubo nada! Entiendes? –replicó el rubio mientras caminaba como león enjaulado por todo el despacho, a pesar de lo irónico de la frase.
-Y te ves muy tranquilo –sonrió Severus con sarcasmo mientras miraba caminar al joven heredero Malfoy de un lado a otro mientras bebía una deliciosa copa de Whisky de fuego.
-Por Salazar, lo estoy!!
-Evidentemente –se burló el profesor.
-Basta Severus…
-No, basta Draco –colocó la copa en la mesilla a su lado y se levantó- es más que indiscutible que te sientes mal por lo que hiciste.
-Eso es mentira, un Malfoy jamás se arrepiente de sus decisiones.
-El problema es que todo parece indicar que Draco si se arrepiente –sonrió- mira, sé que es difícil por todo lo que estás sintiendo pero no dejes que eso te aparte de lo que realmente quieres.
-Acaso estás defendiendo a Potter?
-No me ofendas Draco –dijo molesto- lo que hago es defender lo que sientes y tu oportunidad de ser feliz.
-Soy un Malfoy padrino! No puedo elegir ese camino y lo sabes!
-No seas imbécil Draco.
-Vaya, gracias Severus, me encanta la imagen que tienes de mí –el rubio se acercó y levantó la copa de su padrino.
-Ni se te ocurra -advirtió el profesor.
-Mi padre me lo permite –respondió el rubio altanero, pero Severus ni se inmuto.
-Yo no soy tu padre, y Draco, no tienes que ser como él.
-No lo seré- dijo con gesto de cansancio mientras dejaba la copa en su lugar- pero ya tomé la decisión y no voy a retractarme.
-No voy a insistir Draco, a fin de cuentas es tu vida, y yo no voy a meterme.
-Me alegra escuchar eso.
-Solo espero que no seas tan estúpido como parece dejando escapar la oportunidad de ser feliz por creencias inculcadas por el snob de Lucius, a pesar de que eso incluya a cierto Gryffindor patético.
-Eso no me alegra escucharlo tanto.
-Lo sé, ahora largo, y ya sabes a quien recurrir si decides cambiar de opinión.
-No lo haré, no insistas –respondió el rubio con una seguridad que no sentía mientras se dirigía a la puerta del despacho- lo hecho, hecho está.
Y mientras cerraba la puerta tras de sí no pudo evitar que el rostro triste y la mirada apagada de Harry Potter viniera a su mente, y menos pudo evitar sentir aquella incomoda y nueva sensación en la boca del estómago. Pero estaba totalmente seguro de su decisión, a pesar de todo era lo que se esperaba de él y seguiría firme en ella, era Draco Malfoy y eso era lo que más importaba.
Snape miró a su rubio ahijado salir de su despacho, jamás pensó estar abogando por el imbécil de Potter pero sabía que no había nadie mejor para que Draco reconsiderara su futuro, sabía perfectamente lo que Potter sentía por Draco y tenía sospechas sobre si era o no correspondido, con lo que no contó fue con la férrea disciplina Malfoy, aunque trató de convencerlo de lo contrario sabía que si Draco ya había tomado una decisión respecto al asunto sería difícil, por no decir imposible, que cambiara de opinión.
-Harry? –el moreno se giró para encontrarse con aquellos ojos dorados que tanto conocía que ahora lo miraban con preocupación.
-Hola Remus.
-Te estuve buscando por horas, al parecer no te fue muy bien con Malfoy- dijo acercándose al moreno que miraba la Luna desde lo alto de la Torre de Astronomía.
-Es tan obvio?
-Tengo buenos informantes.
-Jason –sonrió con tristeza- el muy cotilla…
-Se preocupó al verte mal, pero no creo que supiera lo que pasó, solo me pidió que me asegurara que estuvieras bien– sonrió el castaño orgulloso de que Jason fuera amigo del moreno- y bueno, qué piensas hacer ahora? –el licántropo se sentó junto al joven mirando también las estrellas.
-Nada.
-No insistirás?
-No, no puedo hacer que me ame, lo único que puedo es tratar de olvidarlo y hacer lo que me dijo, dejarlo tranquilo.
-Se dice fácil eh?
-Sería más fácil sacarme el corazón… pero no lo haré Remus, no pongas esa cara, aún lo necesito –sonrió con ironía.
-Humor negro, estás muy deprimido.
-Lo estoy, pero el tiempo sigue y yo solo puedo dejarlo ir.
-Estoy aquí para lo que necesites.
-Lo sé Remus, gracias.
-Les dirás a Ron y Herm?
-Aún no, primero quiero asimilarlo, además es su aniversario y no quiero arruinarlo, cuando lo haga quiero estar bien, me han apoyado mucho y no quiero que me vean mal.
-Considerado de tu parte.
-Lo intento, como sea, creo que es hora de dormir –dijo levantándose y ayudando a Remus a ponerse en pie.
-Ya mañana será otro día –sonrió el licántropo abrazando a Harry y guiándolo fuera de la habitación.
-Lo será… -dijo permitiéndole el paso a Remus mientras se giraba por última vez para ver la hermosa Luna- pero todo seguirá igual –murmuró sin que el castaño le escuchara- lo seguiré amando más que a mi vida.
Pues aquí está el tan esperado capítulo once, pobre Harry la verdad, sé por lo que está pasando ;.; pero espero que todo salga bien. Muchas gracias por los comentarios sobre el capítulo anterior y espero los de éste para saber si era lo que esperaban, ya estamos a dos capis del final y de nuevo mil disculpas por la tardanza, pero jamás he dejado una historia a medias y no empezaré ahora jeje. Besitos a todos y nos vemos prontito!!
Frine
