Efusivo Error.

Intermedio I.

Zorro sin prestigio.

Por Margot Kraehe


1

Veía las pálidas luces frías caer en una suave danza y el momentáneo tintinear de una campana. A pesar de la crudeza con la que me fue arrebata mi felicidad, estaba seguro que siempre existiría una recompensa a todas esas desgracias de humanos intransigentes. Lo seguí pensando en el cobijo del manto frío, lo seguí pensando con los huesos congelados debajo de mi piel.

Lo seguí pensando después de muerto.

Pero en mi naturaleza la muerte no era una intersección sencilla. El mestizaje en mi sangre me proveía una percepción diferente de las cosas. A través de ojos que todos juraron extranjeros, observaba con horror las siluetas ciegas de hacedores de mala suerte y maldiciones, pero nadie cree las palabras de un niño maldito ni de la corriente ideológica occidental que se precipitaba en las mentes apáticas de los aldeanos.

Mi padre nunca mostró algún tipo de emoción ó atención cuando le acompañaba en sus viajes de comerciante, tampoco me dio un nombre, por lo que pasé toda mi vida sin una identidad. Siempre era el "maldito", "ladrón", "aberración" ó "demonio". No eran nombres que me gustaban, ninguno, pero así me llamaban.

—Mira, ahí está de nuevo ese niño maldito. Kitsu-san debería de matarlo para que nos quite la maldición del pueblo. Nuestras cosechas van de mal en peor con cada año que pasa.

—¿Lo estás diciendo en serio? ¿Qué tal si nos maldice de verdad por matarlo? ¡Nos guardará rencor a todos y seremos realmente maldecidos!

—Silencio, estúpidos, ¿Qué no ven que puede escucharlos, el maldito?

Las tensiones de los habitantes de Uzumaki siempre aterrizaban sobre mi escuálida imagen. Sí, es cierto que es el tercer año en el que las cosechas no han prosperado, pero yo no tengo nada que ver con el asunto.

En descuidados pasos de pies descalzos, me deslizaba por enormes rocas del monte que culminaban en un río. El recorrido acuoso era ocultado discretamente por el frondoso follaje de los árboles situados a su alrededor. La temporada invernal estaba cerca de empezar, y las coloraciones marrones y amarillas de las hojas seguían cayendo con temple. La ligera yukata que llevaba encima no me ayudaba en aminorar el frío inyectado en los músculos, pero no tenía más ropa que pudiese ponerme encima además de la magullada capa de paja que me había fabricado con los restos desechos de los kasa de mi padre.

En un suave balanceo aterricé sobre una enorme roca que se encontraba al borde del río. Noté la tierra pegajosa y con un olor fétido, el indicativo que alertaba la presencia de aquella aparición. Ante mis ojos un enorme globo negro emergió del río, pequeños destellos rojizos en el centro del globo en forma de ojos me fulminaban con un inútil intento de asustarme. La superficie de su piel se apreciaba brillante, probablemente si me montara en él me resbalaría por algún tipo de secreción babosa.

—Un humano que puede verme. Te comeré por haber visto mi forma, humano— Una gutural y lejana voz se emanó de una larga y delgada boca que podría partir a la mitad ese globo negro, pequeños dientes afilados de piraña y una rugosa lengua se divisó a mi vista. Chasqué mi paladar el escuchar su amenaza.

—Guárdate tu discurso de cuentos de terror para alguien que te lo crea. La gente se ha estado quejando por la cosecha, sé que eres tú quien envenena a las plantas contaminando el agua… lo que no entiendo es porque tu agua podrida no afecta a los humanos— Un murmullo cavernoso convulsionó al globo en su éxtasis, estaba riéndose.

—Vaya joven tan amable eres. Preocupado por la salud y prosperidad de tu pueblo. Ah, pero… ¿realmente lo haces por ellos? Cualquiera pensaría que eres un patético mestizo que espera la aprobación de los humanos con tus heroicas acciones. Por supuesto, eso es imposible. Los humanos nunca aceptarán a los que son youkai, ayakashi ó incluso al mestizo de un kitsune y un humano— Un relámpago de furia oprimió mi estómago con fuerza, sentí deseos de gorgorear un rugido y mostrarle mis afilados dientes para hacerlo callar. Un acto innecesario, sabiendo que los globos negros parlanchines no se sentirían propiamente asustados por eso.

—Te estás saliendo del tema a propósito. Dudo que seas en realidad un youkai, así que dime cual es el motivo por el que sólo estás afectando la cosecha de los aldeanos. Si me lo dices ya no volveré a molestarte y te dejaré hacer lo que quieras— Por supuesto, no iba a hacerlo, pero tenía que comprometerlo a que me diera sus motivos.

—Dudo que estés siendo honesto con tu palabra, dado el origen que tienes, pero de todos modos te contaré mis razones —La risa cavernosa volvió a emerger. Arrugué la nariz ante su petulancia—. Verás, yo tengo mucho más años que tú viviendo en este río, y hace muchísimos más años fui un humano que vivía en ese pueblucho que tanto "defiendes". En mi época todo fue distinto, había más hombres que pudieron ver y hablar con youkai a diferencia de las generaciones actuales que descienden en número de esas habilidades. Yo servía al señor Feudo que se encontraba dominando éstas tierras, por ese tiempo yo tenía una hermosa hija que siempre estuvo a mi lado ayudando con la cosecha de arroz. Desgraciadamente, el Feudo se encaprichó con mi hija y la tomó por esposa antes de que yo pudiese replicar palabra. En un inicio pude sobrellevar la ausencia de mi hija, sobrellevar a mi esposa y dos hijos varones menores. Sin embargo, un día nos enteramos de que mi hija se había suicidado. Yo estuve seguro de que eso era mentira, mi hija amaba la vida más que nada en el mundo, además de que el señor Feudo era conocido porque todas sus esposas supuestamente se suicidaban.

—Estaba seguro de que no era así. Intenté probar mucha veces a la gente del pueblo que fue el señor Feudo quien había matado a mi hija y que pronto elegiría a otra joven entre el pueblo para hacerla esposa y matarla de nuevo. Por supuesto, nadie me creía, el Feudo estaba poniéndose nervioso de que un pueblerino como yo otorgara toda esa información a la luz. Su siguiente movimiento fue matar a toda mi familia, envenenando el arroz que cosechamos y consumíamos. También hubo un gran número de pueblerinos que compraban nuestro arroz y terminaron cayendo enfermos ó muertos. Yo fui el único sobreviviente porque en ese entonces estaba enfermo de gripe y lo único que consumía eran sopas de miso. Los aldeanos, culpándome de la muerte de sus familiares y enfermos, me llevaron a las cercanías de este río mientras me azotaban y finalmente me colgaron en un árbol.

—Mi alma quedó completamente consumida por el odio y rencor. Finalmente, terminé por engancharme en el río y echaba a perder sus cosechas. Sin embargo, no tengo odio hacía los humanos que ahora habitan, la mayoría de ellos conoce mi historia y me dedican plegarias para que mi alma descanse en paz. Es demasiado tarde para que me cure, ahora sólo puedo seguir envenenando las plantas, y consecuentemente mi poder se va eclipsando con el paso del tiempo.

Curioso y extraño relato. Desgraciadamente, no creí la mitad de su historia. En sus palabras de desprendía cierta incoherencia que daba un plano ridículo a sus motivos. Estaba seguro que su narración simplona embargaba otra intención, pero ésta no me sería revelada a menos que le siga el juego. Deberé de ser precavido.

—Dices que no quieres causar daño porque no le guardas rencor a las personas que ahora habitan el pueblo, pero aun así sigues envenenando la cosecha. Si no tienes más asuntos pendientes y no hay rencor en tu alma, no entiendo porque no puedes descansar en paz ahora— Una torcida sonrisa se dibujó en el monstruo globo por unos segundos. Ya me tenía en su treta… o por lo menos eso es lo que él pensaba.

—No es tan sencillo como tú crees. Yo en realidad tengo un asunto pendiente. Antes de que yo muriese, tenía un objeto que le regalé a mi hija en su día de bodas y el cual me fue entregado después de su muerte. Durante mi ejecución me fue quitado ese único vestigio que me unía con mi amada hija. Yo sólo podré irme hasta que me sea devuelto ese objeto— Esta declaración en su rugosa lengua me hizo saber que era una trampa, pero de nuevo, tenía que hacerle saber que le estaba siguiendo el juego.

—¿Dónde está ese objeto ahora? ¿Y qué es ese objeto que dices buscar?

—Es un peine hecho de plata, yo mismo conseguí el metal en un buen precio y le pedí a un cuñado mío, herrero de profesión, que esculpiera un peine para obsequiárselo a mi hija. Ahora mismo el peine se encuentra custodiado por la familia Uchiha, dudo que quieran entregártelo, ellos consideran los objetos preciosos como su amuleto familiar.

—La familia Uchiha… ellos se movieron al pueblo vecino hace 50 años. No tengo idea de cómo ubicarlos ahora y dudo que algún humano me ofrezca una dirección que no sea la de su pie en mi trasero— Me quejé en un desacuerdo juvenil, entendí que su trampa podía ser peligrosa, pero no tenía conocimiento de ésta familia Uchiha… quizá podría burlarlos sin problemas y averiguar el motivo por el cual este monstruo infeliz quiera ese peine. Nuevamente, la risa maulladora perforó mis oídos. La siguiente vez que me encuentre con este globo burlón será rebanarle la lengua.

—No hace falta que hagas algo tan inútil como eso. La familia Uchiha vive aledaña a éste río, lo único que tienes que hacer es seguir el camino a contracorriente y los encontrarás— Me quedé callado ante su declaración. Conveniente, demasiado conveniente para mi gusto.

Tomé prestados unos segundos de silencio, resultaba demasiada obvia su treta, y precisamente porque era obvia no pude evitar pensar que también era inofensiva. Empero, los Uchiha parecían tener su propio tinte misterioso… ¿Cuál sería el motivo por el que se movilizaron al otro pueblo? Siendo honesto, se decía poco de ellos, que provenga eso de un pueblo que nutre su ocio con chismes, me preocupaba.

—Muy bien. Haré lo que me pides, pero si resulta ser mentira tu historia, entonces volveré a éste lugar acompañado de un monje para que te purifique— Por otro lado, no podía dejar la situación como estaba ahora, aquellos aldeanos seguirán molestándome con este asunto y mi padre seguirá mirándome con ese brillo reprobatorio en sus ojos.

—Oh, ¿traerás a tu padre, el monje comerciante? Nunca he conocido a un hombre con tan doble moral como él, los budistas deben de odiarlo por eso.

Ignoré sus provocativas palabras y emprendí la marcha hacia el este. Tuve que bajar el par de waraji que colgaba amarrado en mi capa de paja, sin duda la travesía tendrá tierras más austeras y desconocidas a mi pie, lo mejor sería ser cuidadoso cuando entras a un terreno que desconoces.


2

Escuché su profunda respiración chocar contra mi mejilla, aquel hombre doblaba mi altura y en tres rápidos movimientos me dejó completamente inmóvil y con una larga katana rozando íntimamente la muñeca, esa misma donde resguardaba en mi mano el peine de plata. Mis miembros temblaban, ese humano es sin duda temible, es incluso preferible decir que es un ser inhumano. Noté que su peso contra mi espalda se alejaba, momento que quise aprovechar para huir, pero las prontas palabras del agresor me detuvieron.

—Yo no haría eso si fuese tú —Mi siguiente reacción fue buscar algún arma extra que el pudiera estar utilizando, pudiendo ser está la advertencia de mi perdición. Nada— ¿Qué estás buscando a los alrededores? Es en el suelo dónde debes mirar, ignorante mestizo— Una gaseosa necesidad de encajar profundamente mis garras en esa molesta boca aminoró mi miedo, aun así, visualicé el suelo…

Un círculo mágico. No conocía nada de esas cosas, pero existía algo en sus trazos púrpuras que me provocaba inquietud. De repente el aire del ambiente me pareció más húmedo, la mucosa que se segregaba en mi garganta me impedía respirar apropiadamente, sentí mis brazos y piernas tiesas… imposibles de mover ahora.

—¿Qué… Qué rayos me hiciste? ¿Envenenaste… la espada?— Se me dificultó formular palabras con la garganta amenazada de dejarme afónico. El repiqueteó de violines chillones en forma de risa inundó la habitación en la que nos encontrábamos.

—Que mestizo tan interesante… recurres a una opción lógica cuando no entiendes la procedencia de lo desconocido, tal como un humano lo haría ¿No conoces los conjuros y círculos de invocación? Estaba seguro que tú eras el bastardo del monje que vive en Uzumaki. Incluso le prometí la liberación a ese monstruo apestoso del río para que lo convenciera de venir, pero resulta que sólo trajo a un impostor. Los Ayakashi son tan estúpidos, ven a un humano vestido de exorcista y suponen la salvación de sus patéticas almas.

Sí, el globo negruzco era un ayakashi estúpido por haber confiado en este hombre; sí, ese ayakashi merecía toda mi furia y rencor, toda la bestialidad de mis colmillos y garras desgarrándolo por su cruel traición. Eso esperará, esperará ó se desvanecerá por este monumental odio y despreció que esta asquerosa creación de humano me está provocando. Por primera vez en mi vida, realmente me sentiría gustoso de rebanar su cuello, despellejarlo y bañarme de su sangre… por puro placer.

—Vaya, que preciosa mirada. Tal parece ser que si eres el mestizo… más ignorante de lo que suponía, pero debe ser entendible, el monje probablemente se sentiría avergonzado de tenerte, indudablemente su mejor arma es dejarte a la suerte con tu ingenuidad para morir. Pero no puedes odiarlo, tu parte humana nunca te permitirá ser racional ó instintivo como el youkai —Me sentí desconcertado, una bella y terrible sonrisa se asomó en ese sujeto, unas enormes bolsas debajo de sus ojos parecían pesar en su delicada cara. Su impertinente personalidad y el aura que emanaba me parecía familiar, la sensación de desprecio y odio que lo acompañaba también—. Dado que no sabes nada de magia ó energía espiritual, debo suponer que tampoco sabrás de mí. Los youkai nunca hablan de nosotros, somos como hermosas perlas en la boca de los cerdos. Pero estoy seguro que habrás escuchado de nosotros por los humanos— Tomó mi mentón en su mano y la alzó violentamente.

—¡Agh! ¡Maldito!— Exclamé exaltado al sentir un doloroso crujir en mi espalda. El hombre de cabellera negra emitió de nuevo esa melodía dolorosa de risas, me sentí sepultado de delgadas navajas con sólo escucharlo… ¿Qué cosa era él?

—Tan perfecto espécimen de aberración y tan poco conocimiento para enfrentar este mundo, es como un espléndido espectáculo de farsa dramática —Un movimiento ligero de su katana provocó un corte superficial en mi muñeca, que por algún motivo me provocó punzadas agobiantes que atrofiaban el músculo—. Que desgracia, tu sangre no es lo suficientemente pura como para invocarlo. Tendré que recurrir a otros métodos, una pena para ti, mi querido bastardo de Kyuubi. Sin duda me odias, pero tu sentimentalismo humano provocará que te sientas adorado por mi presencia, ya que esa es la influencia que nosotros, los Kami, hemos tenido sobre la humanidad desde el inicio de los tiempos.


3

Un viento impasible revoloteaba por encima de mi cabeza, la tierra se encontraba cubierta de una hermosa capa blanca de nieve. La nieve mitigaba todo contacto que tuviera con ella, mi cuerpo perecía en el tieso caminar de la muerte. Ya no brotaba voz de mis labios morados, las garras en mis manos habían desaparecido. La imagen inerte de mi cuerpo desapareciendo en el sepulto de la nevada funeral era el espectáculo principal, en presencia de la embustera bestia divina. Una hermosa sonrisa arrogante atravesaba sus comisuras. Estoy seguro que mis ojos se oscurecieron por la ausencia de mi alma, mientras el placer de aquel voyeur se diluía en su mirada.

Quizá este sea mi último pensamiento ingenuo antes de morir. Pero yo esperaba a que mi padre realmente viniese por mí. Con mis únicos diez años, era todo lo que anhelaba.


4

¡MADARA!

Una retumbante voz me obligó a temblar y alzarme contra la pesada nieve acumulada. Contra mis predicciones realistas, no había muerto, pero la tierra seguía temblando en un rugido colérico de la naturaleza. Toda la exquisita arquitectura de la mansión de los Uchiha se tambaleaba como una delgada hoja de papel ante la peligrosa ráfaga de tormenta. Pero ese hombre de cabellera oscura no temblaba, su complaciente sonrisa seguía pintada en ese sobrevalorado rostro de dioses.

—Te estabas tardando, Kyuubi. Creí que dejarías morir a tú precioso hijo.

Como un presentimiento al caos, un profundo y amenazador rugido viajo desde el poniente. Un hueco sonido se previno ante una fuerte sacudida que lastimo a la tierra fértil, ahuyentó a los animales que habitaban el bosque y provocó un alarmante trueno dentro de la residencia Uchiha.

Así como me sentí por primera vez alimentado de odio por ese Kami, un fluido incorpóreo natural se expandió por mi sangre y me inundó de un profundo respeto. Ante mis ojos una imponente bestia con deslumbrante pelaje rojizo y nueve colas observaba con coléricas inyecciones de rubí hacía el Kami. Su presencia me dejo absorto de los detalles de su figura, las puntiagudas y astutas orejas que escucharían más de mil voces en la misteriosa lejanía, esas sagaces y peligrosas garras aferrándose en la tierra con una promesa de muerte perturbadora, el aliento mortal que te despertaba un infundado miedo por ser comido. Esta impresionante bestia de colosales poderes y aura alarmante, era Kyuubi.

—Estás jugando conmigo a un juego que ninguno de los dos ganará, Madara —Escuché una profusa y ancestral voz, quizás proveniente de Kyuubi, quizás proveniente de la tierra o los árboles— ¿Qué es lo que tienes planeado, trayéndome a este lugar con el secuestro de mi hijo?— Un remolino acuoso de emociones me absorbió por completo. Como un tardío aviso, en mis pensamientos me di cuenta de que la otra mitad que me hacía demonio provenía de este poderoso youkai. Pero una realidad difícil de asimilar en tan poco tiempo, el negar tal probabilidad fue la primera línea a la que me aferré para vivir en ese tenue engaño por los próximos instantes.

—Sólo vengo a darte un mensaje amistoso, dado que eres una bestia ocupada en los negocios de terremotos y maremotos —Advertí que la mirada del Kami se abalanzaba sobre mí, un asesino escalofrió liquidó toda sensación de bienestar que pudo brindarme la negación. Entonces me percaté, con indescriptible asombro, como unas delgadas líneas de orbes negras se dibujaban en el iris rojizo de sus ojos, que más tarde se transformaron en una estrella negra de tres picos que rotaba contra las agujas del reloj—. No, el término correcto sería: una advertencia. Verás, dentro de poco los humanos comenzarán a dejar de vernos, y cada vez habrá menos médiums que puedan equilibrar el flujo energético de los tres mundos. Cuando eso pase, los Kamis van a inconformarse y querrán hacerse dueños del mundo Terrenal y el Reikai, lo que culminaría en la exterminación definitiva de todos ustedes, los youkai— La petulante sonrisa en sus labios se había marchado, y con ello una pétrea faz de seriedad se contemplaban en él.

—¿Estás amenazándonos, Madara?— La voz de Kyuubi me devolvió la respiración que estuve manteniendo cuando vi los ojos del Kami. Madara pareció darse cuenta de eso, y frunció imperceptiblemente su entrecejo.

—Como ya te dije, es una advertencia. Ambos sabemos que mi papel siempre ha sido neutral, a pesar del instinto natural que existe entre Kamis y Yokai de odiarnos. Por otro lado, no puedo asegurar que mi puesto siempre será neutral, es debido a esta consideración que te estoy advirtiendo. No habrá puntos medios… ó actúan ustedes ó actuamos nosotros primero, sin los médiums ese será el destino que nos depara. Sólo seremos nosotros mismos luchando por el colapso de nuestro sistema. También…—Madara dirige una mirada significativa en mi dirección, me estremezco en un sobresalto— te recomendaría que hicieras algo con tu hijo, el no sobrevivirá en ese cuerpo humano ahora, y está en contra de nuestro acuerdo que los Kami y Youkai desarrollemos este tipo de relación con los humanos. Si vas a dejarlo morir no te detendré, pero creo que sería más útil si le permites abandonar su humanidad y convertirse por completo en youkai… aunque claro, ambos conocemos los riesgos que eso conlleva.

—Madara, tú como siempre hablar demasiado. Lo que haga con mi hijo sólo me concierne, no tienes porque meter tus egocéntricas narices en esto. Será mejor que te largues antes de que yo mismo me ponga a divulgar los hijos que has estado dejando en el Ningenkai, seguramente se olvidarán de mi después de conocer tus imprudencias— La centellante risa de Madara se produjo en eco antes de que su figura se difuminara en la nada de las sombras.

Finalmente, desde su llegada, aquel gigantesco kitsune de pelaje rojizo meneó tenuemente sus colas y me dirigió una mirada. La terminal de esta epopeya me trajo de nuevo al recuerdo epifánico de nuestra relación de sangre. Un cúmulo nauseabundo de líquido pasó áspero por mi garganta, sentí el filo de su antigua mirada atravesarme por completo, mis pensamientos estaban libres y audibles para él, toda esa insignificancia que debió parecerle mi vida.

Sin amigos, sin compañía, sin la consideración de aquel humano que he llamado padre toda mi vida. Estaba seguro que todo era un mal inicio, y que con el pasar del tiempo sería recompensado por el masticar amargo de mis circunstancias. Mas nunca pasó, no existió tal cambio incluso cuando morí. Siendo mitad humano, nadie vio un motivo por el cual debería seguir conviviendo con ellos. Hipócritas humanos, que veneran dioses narcisistas y repudian a los astutos demonios.

Después de conocer todo de mí, entendí que seguirme aferrando a esa idea sería mi perdición. Nadie vendría por mí, nadie consolaría mis pesares y nadie retribuiría el dolor que pase. Esperar es inútil. El camino que me quedaba era conseguir las cosas por mis propios medios.

Para proteger a mis seres queridos, para cuidarme a mí mismo, para evitar seguir sufriendo: elegí ser el simplón mentiroso y alegre del que nadie sospecha nunca.

Ser el zorro sin reputación, sin rastro de humanidad.


5

—Hey, usuratonkachi. Creí que seguías en el hospital, quejándote como el mocoso de seis años que eres— La sorna pronunciada en su sonrisa me provocó un estrago colérico. Ahí estaba de nuevo ese molesto humano, Uchiha Sasuke. A veces es irónico como se mueven las circunstancias, nadie me creería que estuve a punto de robar el tesoro a la familia Uchiha, y miles de años después termino trabajando en equipo con uno de sus descendientes.

Bleh, trabajar en equipo es pedir demasiado, yo no estaría soportando a este remedo de rastas negras si no fuera por…

—Sakura-chan ¿Podrías ordenarme que le de unos cuantos golpes a su linda cara? Nadie más que nosotros dos lo sabría— Oprimo los nudillos con mi otra mano y produzco un chirriante tronido de huesos.

—No, Naruto. Nosotros necesitamos a Sasuke y él nos necesita. Tenemos que trabajar en equipo, así podremos resolver nuestros problemas con mayor rapidez.

—Concuerdo con Sakura. Así que deja de ser un zorro orgulloso y quédate en casa mientras Sakura y yo vamos con su tía— Sasuke estrecha su mirada y tuerce de nuevo sus labios en esa molesta sonrisa de ganador. Detesto a éste imbécil, no sé cómo Sakura consciente su soberbia. Escuché un tenue suspiro y vi que Sakura comenzaba a empujarme por los hombros fuera del umbral de su casa.

—No hay tiempo para sus discusiones, vayamos de una vez antes de que se haga más tarde. El tiempo es primordial en este momento, así que apurémonos.

Es verdad, después de este corto tiempo trascurrido en mi perspectiva, la advertencia de Madara terminó por convertirse en profecía. No dudaría ni por un segundo que ahora mismo él está maquinando junto con los otros Kamis la destrucción de los Youkai.

Pase lo que pase, debo seguir protegiendo a Kyuubi, usurpando su nombre.


¡Así es, señoritas! ¡Devuelta con el folclore japonés sobrenatural, jojojojo! En realidad tenía planeado subir éste capítulo después del episodio 10, pero dado que he terminado éste antes, preferí subirlo de una vez para no hacer demasiado tiempo de espera (más del que ya tengo hecho). Pues bueno, espero que hayan disfrutado el capítulo... es cierto, aquí no hay nada de SasoSaku, pero yo personalmente quería desarrollar un poco más a los personajes, sobretodo Naruto, Sasuke, Deidara e Ino. Estoy pensando en agregar algunos episodios intermedios si me es imposible anexarlo al capítulo ó queda fuera de lugar... todavía tengo que percibir esta nueva estructura.

Por otro lado, el próximo capítulo también se saldrá del SasoSaku, porque personalmente prefiero dar más historia y contexto que el peso romántico... llamenme insensible, pero como lectora siempre he preferido los romances lentos y con una interesante historia por leer, de esa manera no estás desesperada por que salga la pareja, sino que también lo lees porque la historia es buena... así que, si a alguna lectora le molesta este desarrollo, le daré una disculpa, porque yo realmente me estoy tomando en serio el contexto y la historia de ésta guerra espiritual que parece avecinarse.

¡Muchas gracias a Akasuna No Akira, Ley-83 y Hime Masaomi por sus reviews, me hacen feliz con ello chicas 3!

Les prometo no durar dos años para actualizar, en serio. No puedo especificar de dónde provino la idea ó como me inspiré, todo provino del oneshot que ahora es el prólogo... si me lo preguntan, me encanta el tema paranormal y fantástico, así que muy probablemente todo viene por esa afición x3.

-Definiciones en las que puedan tener dudas:

Yukata: Es una vestimenta japonés, parecida al kimono, que suele utilizarse en épocas de verano por ser ligera.

Kasa: Paraguas.

Waraji: Sandalias de paja, formaba parte de la vestimenta tradicional japonesa.

Ayakashi: Se les llama así a las apariciones, que por lo general toman forma humana. Comúnmente son pasivos.

Katana: Sable japonés de hoja curva, puede tener filo de uno ó los dos lados.

Ningenkai, Reikai, Makai: Mundo humano, mundo espiritual y mundo demoniaco; en ese orden.

Kami/Youkai: Dios/Demonio.