Gracias a todos los que siguen la historia, los reviews que me animan a continuar escribiendo.
Disfruten del capítulo.
Capítulo 11
Amar o destruir
El aleteo de sus custodios era el único sonido que la acompañaba en aquella marcha por el silencioso pasillo. El miedo dominaba cada espacio dentro de ella; el estómago se le contrajo solo de imaginar el castigo que se le vendría encima.
Mira detenidamente a los dos guardianes que volaban delante suyo. No le sorprendió que ese día su madre enviara por ella al bosque; solita se lo busco, por culpa de andar en lo que no debía rebaso todos los limites concedidos por la reina; la que no dejaría pasar esa oportunidad para mantenerla encerrada de por vida. Su castigo seria eterno.
Comienza a padecer todas esas advertencias de su amiga, cada una de ellas le pesan demasiado.
Exhala...
"No hay manera de librarse de esta"
Dos hadas reales se habían presentaron en la cabaña de la abuela; la cabellera de la pobre mujer se tornó más blanca de lo que estaba; sin contar que casi sufre un desmayo cuando vio a los dos guardianes parados en su puerta. A Grannys se le hizo muy difícil explicar la ausencia de la princesa.
Su madre se iba a enterar de su falta; había ido más allá de donde le era permitido, de seguro su castigo le pesaría. Lo peor de todo es que no la dejaría ver a Rubi nunca más. No dudaba de que su amiga en ese momento estuviera furiosa, muy rabiosa; demás está decir que la loba tuvo la razón, pensar en eso, causa que la culpabilidad la abrace demasiado fuerte. Nunca imagino que todo acabaría de esa manera, fueron muchas veces en que dudo y aun así continúo con el propósito de conocer a la persona más temida ¿Y qué diablos consiguió? La realidad de todo es que su acto podría traer muchas consecuencias y ninguna de ellas la libraría de la penitencia que le impondría la reina. Un nuevo suspiro silencioso se le escapa; después de tanto tiempo no conseguía aprender de sus errores, fue más fácil dejarse llevar por la curiosidad, claro, decir en ese momento que aceptaba las consecuencias si estas llegaban no resulto para nada complicado... Fácil, esa fue la idea del principio; pero a la hora de la verdad ¿Dónde estaba lo simple en todo lo ocurrido? Puso en riesgo su libertad, la confianza de su madre por algo que no valió la pena desde el principio.
Si pudiera sepultar todos sus pensamientos lo haría, una chica de su edad no debía tener tantas preocupaciones; en vez de eso, sus reflexiones dolían y solo le quedaba respirar fuerte como si con esto hiciera espacio para acomodar todo su debate interno. Sus divagaciones se quedan a media puerta cuando imagina cada uno de los escenarios que podría enfrentar ante su madre; traga con dificultad, mientras que con cada paso los pies se le hacían cada vez más pesados. Quien podría negar que ese era el peor de todos sus días, de haber sabido que cada hora se ensañaría contra ella nunca se hubiera levantado de la cama.
Avanza tras las dos hadas por los amplios pasillos del castillo, observando la sutileza con la que se movían esos poderosos guerreros y sus emblemáticas capas doradas. Las pupilas verde azul se pierden en el brillo del piso, sintiendo un cansancio profundo; esa larga jornada le dejo algo roto por dentro.
Los vio detenerse y ella los imito quedándose a unos tres pasos de ellos.
-Puedes marcharte, yo llevare a la princesa con la reina- la voz del más alto sale amortiguada por el casco que cubre por completo su rostro, el otro asiente haciendo una leve inclinación de cabeza para luego alejarse.
Reiniciaron el recorrido, el pulso se le aceleraba con cada paso que se acercaba a la puerta blanca.
¿Sera castigada hasta ser una anciana?
¿Tendrá contacto con alguien más que sus padres?
¿Podrá visitarla Rubi?
¿Querrá la loba continuar siendo su amiga?
Todas esas preguntas pasan por su mente mientras los labios le tiemblan y se le hacía imposible respirar. Las lágrimas desesperadas luchaban por lanzarse en picada, era casi imposible contenerlas cuando arañaban sin clemencia tras sus parpados.
-Oh dios mío pero... Tu... ¿Qué ha pasado?... Tu vestido- es el primer grito desesperado de la reina al verla entrar a la sala- ¿Dónde te metes Emma, no entiendo cómo puedes acabar así? Por si no lo recuerdas eres una princesa.
-Mamá yo... Ru y la abuela no...
-¿Donde la has encontrado?- la voz apagada de Emma es cortada por la de su madre que se levanta de su silla para redirigirse al guardián- ¿Quiero saber dónde estaba?
-Mamá... Ellas no tienen la cul...
-Calla Emma- volvió a cortarla la reina apuntándola con un dedo como advertencia.
Por primera vez le levanta la voz, se asusta y clava los ojos en el suelo evadiendo esa forma tan distinta en que su madre la mira.
-Snow creo que nuestra hija tiene derecho hablar- interviene James preocupado por la repentina actitud de su esposa.
-Esta vez no quiero excusas, algo se inventara y tu terminaras creyéndola- refuto molesta-Anda tú a saber en qué problemas se ha estado metiendo.
-Estas exagerado, solo sale a jugar al lago –su padre le sonríe con dulzura, alborotándole los rubios cabellos como si aún tuviera cinco años, gesto que altera aún más a Snow.
-Al menos deberías mostrarte molesto y deja de excusarla, sé que me miente, ¿es que nadie entiende mi preocupación?- detiene su caminata y mira con severidad al hada guardián-Responde mi pregunta.
-La encontré en el lago alteza; sola, al parecer la señorita Lucas y la princesa han tenido una diferencia.
-¿Diferencias?- la reina lo mira, su escrutinio es minucioso.
-Esas cosas de niñas, alteza- murmura restándole importancia.
La mirada de la mujer se vuelve más intensa, una que no alcanza su objetivo porque el hombre ni se inmuta con el pusilánime intento de intimidación de la monarca.
-Tienes que hacer algo James-era evidente lo molesta que se encontraba-Es más fácil para ti que yo me vuelva la mala.
Así, con la rabia abrazándola, Snow olvidando todos los modales y da un portazo al salir del Gran Salón bajo la atenta mirada de su esposo. El ruido de un suspiro hace que la mirada de Emma se levante; mira al frente contemplando callada los movimientos de su padre, quien se gira hacia el otro hombre haciéndole una leve seña para que levantara la visera de su bacinete. (Casco estilo medieval)
-Eres leal a mi hija- deja caer unas cuantas palmadas en su hombro.
-Toda la guardia dorada lo es.
Emma abre los ojos sorprendida al escuchar claramente esa voz. Sabe que no debe mostrar entusiasmo al reconocerlo. Pero ha pasado tanto tiempo; dos, quizás tres años cuando de un momento a otro el joven que la perseguía por todo el castillo desapareció. Por leves segundos sus labios se curvan en una leve sonrisa. August estaba de vuelta.
-Que mi esposa no te escuche decir esas cosas.
-Hay muchas cosas que su alteza no ha querido escuchar.
La rubia continua en silencio, fingiendo ignorar, justo como lo hace siempre que el tema a su alrededor se vuelve un misterio. Se obliga a apartar la vista para que su padre no note su desconsiento.
-¡August!- la mirada del rey va hacia su hija, esta permanece cruzada de brazos en la espera de alguna indicación de su parte.
-Lo siento, majestad-el no hace una reverencia, permanece recto como una estaca; August no tiene por qué inclinarse ante un hombre que no es su señor.
-No dejes que esta niña te enrede en su juego de enloquecer a su madre- la retiene entre sus brazos depositando un beso en sus pálidas mejillas- Y gracias August, sé que ella está en buenas manos-de nuevo palmea el ancho hombro- Por favor podrías acompañarla a su habitación- para después dirigirse a su hija- Luego tu y yo tendremos una charla señorita.
El mismo proceso. Caminan a su habitación en silencioso evitando hablarse en el pasillo; ante la mirada de los demás, así debe de ser. Él debe guardar el protocolo pero, cuando la puerta se cierra tras su espalda, el cuerpo de Emma comienza a temblar sintiendo una extraña necesidad de llorar.
El aleteo aminora, los pies del joven guardián descienden hasta quedar a un par de centímetros del suelo. Allí en la habitación de la princesa no hay ojos sobre ella; no existe el protocolo. Los brazos de Emma se aferran a su cuello, mientras su rostro se hunde en ese fornido pecho ¿Cuando había dejado de ser solo un chico flaco y desgarbado? El simplemente la abraza cariñosamente alzándola unos centímetros del suelo. Emma se aprieta a August experimentando un cúmulo de emisiones que la sobrepasan. Solloza y su guardián la separa de su pecho y se le queda mirándola mientras la deposita nuevamente en el suelo. Ella da un paso atrás.
-¿Cuantas veces tengo que salvarte el pellejo?-es la suave protesta del joven.
Emma le da un fuerte tirón en una de sus alas.
-Auch... Así le pagas al hombre que te acaba de salvar, pudiste ser condenada eternamente a una torre de cristal- sonríe de lado.
-¿Cuando has vuelto? Tonto, me has asustado, debiste decirme que eras tú-levanta las manos recordando lo aterrada que estaba.
August se adentra en la estancia, es el único hombre aparte del rey que tiene permitido entrar en la habitación de la princesa.
-Te lo mereces-golpea la frente de la rubia con uno de sus dedos- Llego y me encuentro con que has desaparecido. Te dejo un par de meses y estas a punto de enloquecer a tu madre.
-Fueron dos años-sentencia la rubia con molestia-Nunca te despediste.
-Tú me odiabas-la mira con una sonrisa llena de satisfacción-Me dijiste muchas veces que desapareciera y eso hice, contra mi voluntad pero lo hice.
-También te hubieras molestado si tienes tras de ti una sombra molesta que te vigila para ir a contarle todo a tu madre-responde burlona.
-Estas especulando.
-Es la verdad.
-¿Porque tendría que contarle algo ella?
-Es la reina.
-No la mía, sabes que no le sirvo a tu madre, ninguno de nosotros lo hace-responde con sutileza- Pero, si la reina llegara a enterarse de lo que estás haciendo, no serias la única castigada Emma; has ido más allá de los límites permitidos.
-Lo siento yo...
-Donde estabas y no me digas que en el lago, fui a buscarte y no te encontré.
-¡August!- chilla bajito apartando la mirada.
-¡Emma!-se cruza de brazos en la espera de su respuesta.
Parpadea antes de volver la vista al frente y enfrentar la mirada de su guardián. El rostro relajado de August estaba cubierto por una moderada barba, ya no era ese chico risueño que la vigilaba a la distancia. Lo notaba distinto.
-Lo siento, no puedo-baja la cabeza mirando el suelo.
-¿No confías en mí? Acabo de mentir para salvarte- murmura ofendido.
Nunca fueron amigos, sin embargo el moreno tiene algo que la hace confiar, aunque el sentimiento no sea suficiente para contarle. No puede correr el riesgo de involucrar a nadie más. Sería demasiado que él también le hiciera ver lo equivocada que estaba. Que Regina es solo una bruja despiadada. Con la mirada pegada en el suelo una tormenta interna se desata... La Reina Malvada era un peligro.
-Te lo agradezco- la voz le sale amortiguado por los intentos que hace de contener el llanto- pero esto-levanta los brazos para remarcar su agobio-Ya no quiero involucrar a nadie más.
-Sabes que soy tu guardián y puedo ir tras de ti aun sin una orden directa de la reina.
-¿Quién lo dice?-
-Te lo estoy informando, desde hoy vuelvo a mi puesto; seré tu sombra quieras o no.
- No puedes hacerme eso.
-Te faltan muchos años y madurez para darme ordenes jovencita.
Esta vez Emma mira a lo lejos, queriendo ver el bosque desde su habitación pero, solo llega a toparse con ese enorme muro que rodea el jardín y le corta el paisaje, ante su mirada solo se presenta un cielo oscuro.
-También tienes cosas que responder; pero como todos, nuca lo haces-se retira un par de pasos y se sienta en la cama.
-No es lo mismo-responde sorprendido.
-La verdad es que tampoco confías en mí.
-No es cuestión de confianza, aun no estas preparada- el silencio cae en la habitación.
Emma enrosca los dedos en su regazo. Quería decir tantas cosas pero, todas las palabras se le quedaban atoradas junto con las lágrimas.
Regina es mala, cruel...
Una bruja que no merece que mienta por ella.
Pero si alguien se enteraba podría desatar cosas muy malas, su madre se iría contra la barrera, peor aún iría por esa bruja, por Regina. Frunce el ceño preocupada.
-¿Preparada para saber? ¿Saber porque la guardia dorada me debe ser leal por encima de sus reyes? - niega rápidamente con la cabeza- Tengo once; eso no quiere decir que sea tonta.
-Emma...
-Tranquilo... yo confió en ti-se pone de pie suspirando desganada- De verdad confió; pero, no estás preparado para saber.
Las grandes puertas del salón Escarlata se abren; todas las miradas caen sobre la hermosura de la reina; ataviada con uno de sus elegantes vestidos de seda granate. Un ceño se dibuja en la frente de la mujer, le molesta sentirse escrutada. Atraviesa el pasillo con carácter, la firmeza de sus pasos es el único sonido que se escucha en la estancia, sus tacones chocan contra la blancura del impecable piso haciendo que la habitación enmudezca.
La máscara de frialdad es su única acompañante entre toda esa gente. Porque en el fondo, Regina, la reina del bosque encantado, ansiaba estar en otro lugar; justamente en esa estúpida barrera.
Tal vez Emma nunca vuelva.
Si tan solo le prestara atención a esos reproches internos que le decían que ya era suficiente, tres semanas deberían hacerla desistir de esa idea de que la rubia cruzaría nuevamente la barrera pero, por más pretextos que buscara una parte la empujaba a volver.
En cuanto llega al pie de esos escalones que mantienen su trono lejos de la muchedumbre, sus pasos se detienen. La dueña de los ojos marrones contempla callada a la mujer que permanece de rodillas, el tono rojo y purpura de su ropas se perdía entre la suciedad; el gris de sus cabellos estaba marchito por el tiempo y el olvido.
-¿Cuál es la ur...
En cuanto se dio la vuelta y sus orbes se encontraron de frente con esos labios brutalmente cosidos; la frase expira en los labios de Regina, tiene la oportunidad de observar como un líquido viscoso humedecían los contornos agrietados y resecos.
Hace una mueca de enfado.
-¿Alguien puede explicarme que significa esto?- pide con voz neutra.
Un hombre sale de la fila de los soldados haciendo una leve reverencia, los oscuros ojos de Regina lo miran con detenimiento; era uno de sus generales, Robín, señor de la tierra de los Lycantho. De piel blanca, llevaba los cabellos rubios de manera despreocupada, su ropa de cuero negro se ajustaba perfectamente a su cuerpo duro y fornido.
La mirada del rubio recorre de forma atrevida a la reina, deteniéndola descaradamente en su escote, luego de eso las pupilas de ambos se cruzan; Regina hace un gran esfuerzo para no tomarlo de la garganta y romperle el cuello. La sonrisa que adorna el rostro masculino hace que los dientes de la reina rechinen en su boca.
-Traje un pequeño presente para mi reina- murmura en tono seductor. -La bruja loca.
Dentro de la sala el bullicio comienza a tomar fuerza; mientras los ojos de la morena se iluminan. Llevaba tres años intentando encontrar a esa maldita mujer. La sonrisa en el rostro de Robin se ensancha, ver la expresión de su reina lo llenaba de orgullo.
-Esto sí, que es una sorpresa Madam Mim- se inclina para mirar de cerca a su prisionera. Era repulsivo ver como ella misma había intentado calmar su locura, sus visiones. Infligirse dolor de esa manera para acallar sus demonios, era algo que muchos no lograban entender, aunque quiso silenciarse para siempre, sus labios torturados no impedían que las palabras fluyeran de ellos. Estaba condenada a sus visiones - Llevas mucho tiempo huyendo de mí.
A pesar de lo doloroso que parece, los hilos se separan justo lo necesario para que Madam Mim sonría, mostrando unos dientes amarillentos y desgastados.
-Me falto... habilidad para... continuar realizándolo... a la perfección-murmura con dificultad.
Una bofetada por parte de Robín impacta la mejilla izquierda de la mujer.
La mirada de la morena cae sobre la otra bruja haciendo una mueca reflexiva ¿Estaba Mim burlándose de ella? Recuerda todos sus fallidos intentos para dar con ella y aquel sentimiento de rabia regresa. Arrebato que se evapora en el mismo instante que da el primer paso y la imagen de una pequeña rubia golpea su cerebro Eres mala...Te odio... la ráfaga de palabras paraliza sus pasos.
-Si he dicho algo inapropiado, pido disculpas a mi reina; pero si no es así ¿Por qué me golpeas?
El rubio esta por repetir la acción.
-Ya basta- con un movimiento de muñecaRegina corta en el aire la intención de su general. Robín le lanza una mirada fulminante, sintiendo que la reina lo avergüenza delante de sus hombres al paralizarlo. Regina camina hasta él, con la nariz casi rozándolo.
-Si vuelves a mirarme de esa forma, personalmente me encargare de poner tu cabeza en una estaca- si él pensaba que por ser un visitante asiduo de su cama tenía algún privilegio, estaba rotundamente equivocado.
-Lo siento, mi señora-baja la cabeza como un cachorro dominado.
Regina toma asiento en su elegante silla con detalles negros y dorados donde una infinidad de ramas de manzano de color oro se unen hasta formar el respaldar del imponente trono. Los ojos marrones se posan en su más fiel general. Ambas pupilas se cruzan y sin necesitad de palabras Maléfica entiende el mensaje; se acerca a la harapienta mujer para ponerla de pie y llevarla frente a su reina.
-¿Sabes porque estás aquí verdad?-pregunta con sutileza, dejando que su mentón descanse entre el dedo índice y el pulgar.
-Mi reina... mi... mi reina quiere... respuestas- todos permanecen expectantes con aquel intercambio de palabras- Pero mi reina ya conoce... las respuestas.
En otra ocasión; quizás, unas semanas atrás, Regina se hubiera lanzado a su cuello hasta hundir las uñas en esa carne, sin embargo; la reina permanece impasible sobre su trono. Son sus ojos los que manifiestan la furia que luchaba por contener.
-Voy advertirte algo- la voz ronca y amenazadora capta la atención de la bruja loca-Tengo métodos para hacerte hablar que no son para nada agradables; el dolor que sientes no se relaciona en nada con lo que puedo provocarte ahora dime, quieres cooperar y tener una conversación civilizada con tu reina o podemos hacerlo a la antigua- la habitación se hunde en un mortal silencio- Seré clemente y dejare la elección en tus manos.
-¿Esta mis señora... preparada pa... para hacer todo lo... lo necesario para destruir la barrera?-la forma en que Mim le hablaba era un juego peligroso.
-Lo que haga no es de tu incumbencia, solo responde- matices rojos tiñen la oscuridad de sus órbitas .Una nueva sonrisa aparece en el rostro de la bruja loca, y con este gesto la voluntad de Regina se vuelve pequeña. Inspira y cada una de las veces que lo hace, se bebe la furia que cada vez es más grande. Contempla desde su asiento, a todos los presentes; de vez en cuando piensa que la gente está olvidando quien es ella -Tú tiempo se agota- advierte con sorna.
Así, en silencio, la mujer extiende las manos hacia Regina, el movimiento inquieta a la reina; pero se queda clavada en su puesto al ver como el cuerpo de Mim comienza a sacudirse, la cabeza de la mujer cae de atrás hacia adelante en tres movimientos repetitivos para luego quedar en una profunda calma. La bruja loca se levanta; sus pupilas dilatadas y enrojecida miran directamente a la reina, mientas los labios semiabiertos de su dueña dejan escapar una retahíla de murmullos incoherentes. A la morena no le queda más que sonreír en la espera de la respuesta que durante tantos años ha esperado.
Los bisbiseos iban tomando fuerza, la voz de Madam Mim se vuelve ronca y profunda hasta que poco a poco las palabras fueron tomando sentido. Los ojos de la reina que parecían haber despertado de un letargo permanecen prendados de esas pupilas rojizas.
-Del Gran Reino Unido la respuesta ha llegado, su luz segara a la reina y a sus pies sin rebatir ella caerá...
En el rostro de la Regina la sonrisa se vuelve una mueca de cólera. Intenta mantener el control de su magia pero esta es como una corriente de lava que comienza a quemarla internamente. Se aferra a la tela del vestido clavando las uñas en sus muslos, una y otra vez castiga su propia piel para mitigar las descargas que la sacuden desde adentro.
-Luz... la luz se acerca y todo mal en el bosque encantado apagara. El visitante es la clave, el deseo que la reina tanto ha anhelado; pero la sangre del forastero al reino le otorgara la libertad.
Sin previo aviso el parloteo se detuvo y la bruja cae desmadejada con las manos y rodillas reposando sobre el brillante piso. Ante aquel espectáculo, todos los presentes retroceden; podían sentir como la furia de la reina crece como un golpe de energía que se expandía por toda la estancia.
-¡Largo!- grita Regina fuera de control levantándose de su cómoda silla-¡Todos fuera!
Bastaron unos segundos para que en la habitación solo quedara Maléfica, Robín y la prisionera. Una macabra mirada flameaba en los ojos de Regina mientras caminaba pausadamente hacia la mujer que aún permanecía en el suelo.
-Mi... Mi señora-gime Mim suplicando por su vida.
Los dedos morenos se enredan en la garganta de la esclava levantándola sin ninguna delicadeza. No quiere utilizar magia para torturarla, es necesario para la monarca sentir los músculos de Mim tensarse mientras le corta la respiración. Ideas descabelladas cruzan por su cabeza, le urge alimentar ese sádico placer que experimenta al causar daño, dolor, mucho dolor. Disfrutar de la agonía de su víctima.
-¿Estas insinuando que tu reina es débil?-acentúa el agarre-No soy débil, jamás caeré ante los pies de nadie; soy una reina... la Reina Malvada.
La intensa mirada de la morena parecía consumir los últimos vestigios de fuerza de Mim quien la mira llena de pánico. Gesto que le trae incómodos recuerdos...Te odio... Eres mala... esas palabras se filtran, la manejan, rodean los pensamientos de Regina para remojarlos en cada imágenes de lo sucedido con Emma. La bruma que mantenía atrapada a la reina en su furia se va evaporando; por fortuna para Madam Mim, los dedos que mantenían su tortura la sueltan como si su piel quemara. Los gemidos de la prisionera fueron ahogados por el doloroso sonido de su cuerpo chocando al rencontrarse con el suelo.
-Enciérrenla en la torre- aunque no quiera la voz le tiembla. Maldijo por dentro, esa no es ella y la confusa mirada que le lanzan sus generales lo confirma.
La rabia fue sustituida por una extraña sensación de culpa, cierra los ojos huyendo de la imagen de la bruja loca palpándose el cuello. La reina malvada retrocede, intenta darles la espalda para ocultar su descontrol. Mientras recupera el aliento se preguntaba qué diablos está pasando con ella, como un simple episodio la había marcado tanto.
Al volverse se encuentra con esa mirada tan vulnerable de la bruja loca.
-El... el dolor de mi reina apenas comienza... su... sufrirá, cuando tenga que decidir... entre amar o destruir.
Continuará…
