Darius entró de golpe en la iglesia dejando que Jack observara el entorno, siento un militar sería perfecto que investigase el lugar para así poder decidir una buena estrategia de ataque con el resto de servants, y la verdad es que tampoco soportaba del todo la presencia de tal aberración a la creación.

el sacerdote, que se permanecía rezando ante el altar reaccionó de golpe al oír las puertas abrirse de golpe y se levantó reciviendo su visita.

"¿Quién eres?"

"Buenas noches señor, necesito un lugar donde dormir y pensé que un pastor de dios me lo condería"

"Ahora mismo no estoy en situación de poder concederle eso a nadie"

"¿Puedo preguntar porqué?"

Miró con los ojos entrecerrados con bastante malicia, cosa que afortunadamente el sacerdote no lo notó"

"Son asuntos de la iglesia"

"No hay porque preocuparse, yo mismo soy parte de la Santa Iglesia"

Sacó una hoja enrollada de debajo de su chaqueta y se la mostró, era un carta del propio cardenal en la que pedía, o más bien exigía, un trato de respeto ante el hombre que tenía en frente.

"Oh, si tenéis esto del cardenal no hay ningún problema. Debo entender entonces que ya conocéis la situación pero..."

Se quedó un rato callado y procedió de nuevo.

"Yo ya soy el supervisor de esta guerra, ¿Por qué la Santa Iglesia ha mandado a alguien más?"

"No soy exactamente de la Santa Iglesia señor, estoy aquí por un pedido en específico que tiene que ver con esta guerra."

Le explicó caminando hacia el altar.

"y ¿Cuál es ese cometido?"

Al hacer esa pregunta Darius se paró y volvió su mirada ante él fingiendo que se lo pensaba.

"Imagino que puedo ser sincero. Sois un pastor del señor al fin y al cabo"

Lo miró a los ojos y continuó.

"Puede que no conozcais de su existencia, pero soy un Evangelista, me encargo de acabar con todos los herejes que niegan el poder de dios, o en este caso, que pretenden emularlo como si fuera suyo, creando atrocidades."

El sacerdote puso cara extraña y lo miró confuso.

"¿Creando atrocidades?"

"Exacto, algo tal como crear una forma de vida, por muy falsa que sea, es una atrocidad y creen capaces de arrebatarle su poder al señor."

"la Santa Iglesia tiene una buena relación con los magus, no me han dado orden en tal caso de evitar esta guerra."

Darius empezó a sentir ira por dentro pero fingió estar relajado a la perfección.

"Esto es una orden directa del Vaticano, alguien como vos no debería estar enterado"

"¿Alguien como yo?"

El sacerdote estaba claro de que no se estaba enterando de nada

"A pesar de que habeis sido designado aquí no teneis el rango suficiente para saber los auténticos planes del Vaticano, y ciertamente me parece que vos estáis demasiado corrupto para entenderlo."

El sacerdote a estas alturas ya estaba demasiado desconfiado y pasaba su mano hacia atrás rozando el arma que llevaba.

"¿Corrupto? No puedes hacer esto, ¡estás en la casa del señor!"

"El señor sabrá perdonarme"

Y en ese instante una espada atravesó el pecho del sacerdote y la sacó de golpe haciendo manar de él una gran cantidad de sangre, dejando que su cuerpo sin vida golpear el suelo cubierto del líquido rojizo que teñia el parqué de ese santo lugar.

"Estúpido pagano... evitar que los magus no hagan atrocidades es algo completamente inútil, debería saberlo"

Pasó Darius a su lado manchándose tranquilamente los zapatos de sangre.

"Bien hecho Archer"

"Lo que ordene mi Master. No tengo ningún problema en matar a nadie."

Dijo Jack sonriendo y se sentó sin cuidado en uno de los bancos del la Iglesia."

"Deberías tener más respeto en la casa de Dios"

"Creo que ya perdí su respeto hace menos de diez segundos... y bueno... ¿este va a ser nuestro hogar Master?"

"Ya te he dirgido más palabras de las que mereces, ya que tienes tu "acción indepente" vete a reconocer el terreno."

Sin más de que hablar ninguno de los dos dijo otra palabra hasta que Archer desapareció en forma espiritual.

Milla había decidido salir ella para comprar la comida quer necesitasen durante bastante tiempor por si acaso, sabía que para Erika no sería buena idea hacerlo pues probablemente la detectarían enseguida, ella sin embargo tenía un poder mágico menor y al menos si se pensaban que ella una Master, nadie iría a por su amiga... aunque no estaba muy segura de poder hacer eso, por mucho que lo quisiera, ella era muy débil para luchar, así que deseaba que nadie se fijara en ninguna de las dos.

La otra razón por la que quería ir ella era el hecho de que no se sentía a gusto en esa casa, notaba la mirada de Lancer en ella, como si de un enemigo se tratase, realmente no entendía el porque, no tenía ni una sóla intención de hacer daño a su Master, pero aún así no parecía nada contento con su presencia.

Así que sumando todo aquello le dijo a Erik que ella se encargaría de la compra.

Estaba ya en el distrito comercial y notaba algo que no encajaba, no porque hubiera uuna barrera mágica ni nada por el estilo, se había dado cuenta de los numerosos localizadores que estaban por todo el lugar, aunque sabía que sería de algún Master, ninguna de ellas se activaba, bien podría ser porque buscaba a alguien en particular, bien porque ella no era un Master así que no lo notaba. En cualquier caso decidió que no era buena idea intentar hacer algo con ellos.

Tan absorta estaba con esos pensamientos que no se dio cuenta de la presencia justo delante de ella hasta que chocó y se cayó al suelo, era como si hubiera chocado contra algo con demasiada fuerza.

"Disculpa, ¿estás bien?"

Subió la mirada para ver con quien se había topado y se encontró con una joven bastante morena, vestida de traje, que la miraba algo preocupada. Le tendió la mano para levantarla.

"Si, no te preocupes."

Aceptó su mano y se puso de pie con cuidado, en ese momento sintió una pequeña molestia en el pecho, como si reaccionase ante algo.

"¿Estás segura?"

La chica se dio cuenta de que Milla se subía la mano al pecho, confusa por aquello.

"¿Eh? si, si, no es nada, de verdad"

Sonrió ligeramente ante su amabilidad y pudo ver como la chica ladeaba la cabeza extrañada, incluso parecía que ella misma notaba algo por su cuenta, y parecía no cuadrarle.

"¿Quién eres?"

La pregunta le vino de repente a la más pequeña, nadie pregunta eso con quien se acaba de chocar.

"Pues... me llamo Milla"

"¿No tienes ningún apellido?"

A estas alturas las preguntas ya le molestaban un poco, pero aún así intentaba ser amable.

"No, no recuerdo a mis padres, menos mi apellido"

La joven morena se dio cuenta del malestar de Milla y se sintió un poco mal.

"Lo siento mucho, no debí haber preguntado. Espero que me disculpes."

Hizo una pequeña reverencia disculpándose, nadie hace eso, ye dejó bastante confusa a la pequeña.

"No hay problema... en serio, no te preocupes."

"Me alegro de no haberte molestado"

Le sonrió alegre pero luego su sonrisa se borró de golpe al ver a otro joven de pelo plateado acercándose a ambas chicas.

"Laya, ¿qué haces ahí parada?"

Milla se giró ligeramente observando al chico que acababa de llegar, la primera impresión que llegó a ella de ese joven era... miedo, no sabía porque su cuerpo sintió un escalofrío y una especie de miedo muy profundo creció en su inetrior.

"Lo siento mucho, choqué contra esta chica sin querer y me estaba disculpando"

Dijo sinceramente aunque la más joven notó un poco de temor en su voz.

"Vaya, siento mucho que mi acompañante te haya molestado, a veces puede ser muy patosa"

Se acercó a Milla que tuvo que aguantar las ganas de alejarse de él, por algún motivo no le gustaba su presencia. Fue en ese momento que el chico posó una mano en su hombro para darle un par de besos, como presentación para luego echarse hacia atrás y mirarla sonriente.

"Vamos, no me mires así, sólo es un saludo."

Subió la mano del hombro a la cabeza y ahí Milla empezó a sentirse bastante mareada, no era dolor, sino como si estuviera en un coche que no paraba de girar, no le gustaba para nada esa sensación y puso una cara extraña ante el malestar alejándose de él. Lo malo era que estaba muy cerca de la calle y pisó el aire haciéndole perder el equilibrio sólo para ser sujeta por un fuerte brazo que impidió que se cayera.

Laya la había agarrado y se había acercado lo suficiente para decirle.

"Tranquila..."

Le dijo bastante cerca para que sólo ella pudiese oírle, como si supiera perfectamente lo que sentía con la presencia del chico.

"Debes de ser muy tímida, bueno, espero que te vaya bien. Vamos Laya"

Haciéndole caso quitó la mano de la espalda de Milla que la miró algo preocupada y se despidió con una sonrisa dejando a la pequeña allí plantada, aún pensando en lo que acababa de pasar.

Cuando por fín hubieron desaparecido Milla se llavó la mano a la cabeza, parece que el mareo y el dolor en el pecho habían desaparecido de repente. Demasiado extraño.

La noche había llegado, y era el momento perfecto para comenzar su ruta, desde que había llegado junto con Berserker a Fuyuki este estaba demasiado ansioso, como si reaccionara ante algo, Lyon pensó que siendo la criatura que es debe sentirse así por sus ansias de combate, pero le estaba costanto más controlarlo que antes aunque tuviera bastante resistencia a su locura. tenía que usar demasiada fuerza mágica que casi no tenía para evitar que su servant campase a sus anchas materializado.

Seguía preguntándose a sí mismo porqué acabó de este modo, ¿omo es posible que un guerrero cambie su razón por una fuerza bestial? podría mínimamente entender el hecho de que lo hiciera por que no era lo suficientemente fuerte para cumplir su cometido, pero no si eso equivale a perder la cordura, el fin y al cabo eso le haría perder la razón de porque recibió esa cantidad de poder.

Lo bueno es que siendo de noche podía dejar de esforzarse por detener a Berserker y Lyon se permitía el lujo de materializarlo, de hecho él mismo se estaba dejando guiar por su servant y su espíritu de combate, era algo así como si radar, él no era lo suficientemente capaz de detectar otros servants o masters, así que Diarmuid se encargaría.

La verdad es que se había pasado la mayor parte de los días pensando en el hecho de que el Santo Grial, como había dicho el espíritu de su maestro, hubiera creado esa imagen para entrenarle y llegar a ser un Master, podría ser que este caliz onmipotente fuera capaz de predecir la lucha y estaba diciéndole que él era idóneo para lo que se avecinaba, pero no entendía la razón, él al menos no era capaz de entenderla, parece ser que había que ser un objeto mágico de gran poder para predecir una cosa así... o simplemente era que su ferviente deseo de salvar a su hermana le diera al Grial la idea de que sería un buen Master que lucharía contra todos en la guerra, sólo por el simple hecho de desear algo con toda su alma.

Las cosas era demasiado complicadas, pero estaba decidio a llegar hasta el final, no había sido entrenado por un fantasma para que ahora se rejase por una minucia, su plan no había cambiado en absoluto, sólo tenía que lidiar con un perro rabioso que mordía antes de ladrar.

Se quedó parado al ver que Berserker había detenido su avance entre salto y salto, como si hubiera detectado a su próximo enemigo.

En ese momento la marca en su mano empezó a dolerle como nunca, tuvo que agarrarse la muñeca intentando soportar el dolor cuando Diarmuid grito en cólera y irradiando demasiado poder y saltó hacia esa dirección sin perder ni un instante.

"¡espera!"

Lyon salió corriendo tras él, lo malo era que no era tan rápido como un espíritu con poder para enfrentarse a un dios y tardaría bastante en llegar a donde él se dirigía, de hecho necesito del dolor en su mano, que era más potente a medida que se acercaba, para llegar a donde estuviera su servant.

Cuando llegó este se encontraba golpeando con furia una especie de muro invisible que se mantenía en pie a pesar de todos los ataques que Berserjer le estaba dando, incluída la lanza que negaba todo tipo de magia.

"¿¡cómo es posible que no pueda romper esa barrera!?"

Pudo ver que ni aún así Diarmuid dejaba de atacar, podía pensar que era imposible así y crear alguna táctica, pero de algún modo estaba tan enfadado que no dejaba de atacar ni un sólo momento.

"Estúpida bestia... lo úncio que vas a conseguir será cansarte..."

Lyon suspiró y se tranquilizó alzando la mano mientras hacía brillar la marca.

"No me queda otro remedio... ¡berserker det-!"

"Yo que tú no lo haría, siendo Berserker necesitarás esos hechizos para más adelante o no podrás mantenerte hasta el final"

El chico pudo observar que desde dentro de la barrera una joven de pelo castaño casi rubio salía a recibirle.

"A veces no se quién es aquí el Master o el Servant..."

Dijo para si misma a pesar de que la estaban oyendo todos.

"Supongo que si tú perro sigue así hasta Caster saldrá a recibirle con tanto ruido, no es que le guste mucho que destrocen su tranquilidad en su propia casa."

Le dijo sin ningún atisbo de molestia o amenaza en la voz, cosa que extraño a Lyon pero este dijo suspirando.

"No puedo hacer que pare sin un hechizo de comando, no si está de este modo"

Dijo sinceramente cuando notó como Diarmuid se había detenido, o mejor dicho, lo había detenido, como si no pudiera moverse, de hecho lo estaba intentando con todas sus fuerzas.

"¿Qué es este jaleo aquí fuera?"

Lyon vio aparecer un chico bastante joven llevando un bastón que miraba con muy mala cara al exterior mientras se ponía al lado de su Master.

"Parece ser que han venido a atacarnos en plena noche"

"¿si? no tengo ningún interés en luchar con nadie ahora, y dudo mucho que nadie pueda romper mi barrera, he pasado demasiado tiempo perfeccionándola, así que os pediría que os marchaseis, tengo demasiadas cosas que hacer y no mucho tiempo."

Dijo simplemente antes de encaminarse de nuevo a la casa cuando un grito salió del inexpresivo Diarmuid enloquecido.

"¡ARTHUR!"

Ese grito sorprendió incluso a su Maste que le miró extrañado, así que tiene rencillas personales con este servant.. ahora entendía su repentino ataque a esta casa sin control, entiende que un animal sin control actúe por instinto con su némesis.

Merlín se paró en seco y se volteó a mirar directamente a Berserker con una actitud que no había visto su Master en él, estaba amenazante.

"Claro que es distinto si vienes en busca de mi rey."

Exactamente al mismo tiempo

"Lo has hecho muy bien Milla, pero..."

Decía Erika mientras hacía desaparecer la espada de hielo en su mano y observaba a su amiga bastante agotada del entrenamiento.

"Te he notado muy desconcentrada."

Milla no se esperaba más amabilidad, en realidad su compañera en el momento de los entrenamientos se ponía bastante seria, es como si fuera otra persona, aunque aún así siempre tenía cuidado de no pasarse. La pequeña dejó su espalda contra la pared y se arrastró hasta el suelo normalizando su respiración.

"Si, la verdad es que hoy no estuve muy centrada..·"

Probablemente por la experiencia de esta mañana con aquellas extrañas personas, pensó

El caso es que en entrenamientos con Erika no debería desconcentrarse de ese modo, ella podía estar ten metida que si no se centraba acabaría dañada de verdad, cosa que le viene de familia, debió aprender ese método sin piedad de entrenarse de sus abuelos, en el fondo le daba algo de pena, aunque en realidad no parecía afectarle mucho.

Desde hacía un tiempo que estaban entrenando la proyección de armas de hielo, que es su especialidad, en vez de hacer armas de acero, mejorar lo que ya saben hacer desde hace años poniéndole la misma resistencia o una que ler sirva perfectamente para ello. Además del hecho de usarlas en combate, así que se habían pasado la tarde proyectando y luchando para perfeccionar sus habilidades y probar las proyecciones de Milla, porque las de Erika eran simplemente perfectas, pero las otras tenían diversos fallos aún.

Su estilo de combate era bastante bueno, había aprendido bien a usar dos espadas, sólo faltaba la perfección a la hora de proyectar.

"No pasa, espero que mañana estés mejor."

Después de relajarse un poco y olvidar que estaban en un combate Erika volvió a ser la misma de siempre y le sonrió con cariño antes de ver que su amiga tenía una pequeña herida en el brazo, seguramente por uno de los momentos en que ella aprovechó su guardia baja y la atacó, a pesar de haber bloqueado su estoque de hielo parece ser que si le hizo daño.

"No me gusta hacerte daño aunque estemos en un combate..."

se agachó con una pierna ante ella y posó su mano en el brazo de la chica curándola con su magia

Milla se sintió muy cálida en ese momento y sonrió feliz, adoraba ese contacto.

"Master"

De repente Longinos apareció en la sala llamando acelerado a Erika que lo miró nada más llegar.

"¿Qué ocurre?"

"Noto la presencia de un Servant aproximándose a toda velocidad."

Se levantó de golpe al oír esas palabras muy alerta

"Milla, asegúrate de no salir de aquí ¿de acuerdo? Estás demasiado agotada para nada."

"Pero.."

"Es una orden."

La pequeña se quedó callada súbitamente y bajó la mirada al suelo.

"Creo que es demasiado tarde para eso."

La voz de Longinos sonó grave en ese momento y se preparó para atacar cuando el techo bajo el que estaban empezó a romperse, todo el techo de madera cayó a sus piés soltando cientos de trozos que de no ser parados por el Ice Shield de Erika y la lanza de Longinos hubieran salido bastante mal parados. Cuando se pudieron fijar bien, vieron un carruaje de bastante tamaño tirado por bueyes que con el peso y la fuerza del aterrizaje habían acabado destrozando el techo y acabando dentro de la casa.

"No puede ser verdad..."

"Pero si la única que es capaz de romper tu barrera es.."

"¡Chuuuuu~! ¡No esperaba encontrarme con mis chicas en esta guerra!"

De golpe, y entre tanto polvo, pudieron ver un extraño brillo rojizo que se iba apagando al mismo tiempo que el humo desaparecía.

Su compañera en la Torre del Reloj, aquella que se había mostrado amigable desde el día en que llegaron, más que amigable, algo pesada para ambas, pero se había mantenido a su lado a pesar de todo lo que pudiera pasar, tenía un gran corazón, pero era algo insoportable, estaba frente a ellas.

"¿¡qué tal Blue!?"

Kojirou Alice, la heredera del círculo mágico de la familia Kojirou y la chica que casi había igualado en notas a Erika estaba frente a ellas con un enorme Servant que mostraba una gran sonrisa, enorgullecido seguramente por la actuación de su Master.

Erika en ese momento se levantó pesadamente y suspiró cansada ante toda esa situación, ni un minuto había pasado desde su llegada y Alice ya la había cansado.

"Green..."

Blue y Green son los motes cariñosos por los que se llamaban entre ellas ya que Erika y Alice respectivamente alcanzaron ese rango en la Torre del Reloj. A día de hoy ambas siguen teniendo rencillas aunque nunca con mala intención.