CAPÍTULO 11: El momento de la verdad
Damon estaba en su casa viendo la televisión, intentando relajarse después del día que había tenido. Aún no había visto a Stefan, pero la ansiedad que le entraba cuando pensaba en que tendría que verlo le ahogaba. Intentaba distraerse para no pensar en lo que le esperaba al día siguiente, así que cogió su portátil y comenzó a mirar sus redes sociales y a enredar por internet. Entonces escuchó el sonido que le indicaba que alguien había visto que estaba conectado y que le hablaba. Y vio que se trataba de Elena.
Elena G.: Hola, ¿estás?
Damon S.: Si. ¿Cómo te encuentras?
Elena G.: Estoy bien
Damon S.: ¿Está Jeremy contigo?
Elena G.: Sí, no te preocupes. Llegó al rato de marcharte tú.
Damon S.: Bien
Elena G.: Gracias por todo lo de hoy Damon… y por contarme la verdad. Sé que también es difícil para ti ¿Tú cómo estás?
Damon S.: Bien… intentando no pensar. Y no tienes nada que agradecerme Elena…
Elena G.: Ok. Cambiemos de tema entonces
Damon S.: ¿Has comido algo?
Elena G.: Si, tranquilo. No me voy a matar de hambre ni nada de eso.
Damon S.: Eso espero… Eres preciosa tal y como estás
Elena G.: Tú que me miras con buenos ojos…
Damon S.: Será eso :p
Elena G.: ¡Oye! ¿Qué insinúas?
Damon S.: Yo nada… ya te he dicho miles de veces que eres perfecta
Elena G.: Deja de decir esas cosas o me marcho de aquí
Damon S.: Está bien… ya no digo nada más
Elena G.: Hombre… tanto como nada más no. Podemos hablar sin que estés constantemente diciéndome esas cosas
Damon S.: ¿Qué cosas?
Elena G.: ¡Damon!
Damon S.: Está bien, lo siento. Sabes que me encanta picarte. Me gustaría poder ver tu cara de enfado ahora mismo
Elena G.: Y a mí me gustaría que pudieses estar conmigo ahora mismo
Damon S.: Elena, ya hemos hablado de eso…
Elena G.: Lo sé, pero no lo puedo evitar Damon. Me haces demasiada falta
Damon S.: Tengo que hablar antes con Stefan… y tú también
Elena G.: Lo sé… pero me da pánico
Damon S.: No tienes por qué tener miedo pequeña… si quieres estaré contigo
Elena G.: Eso sería genial. Sabes que te necesito
Damon S.: Tranquila, todo va a estar bien
Elena G.: Eso espero
Damon S.: Bueno, podría pasarme la noche entera hablando contigo… pero creo que ambos necesitamos descansar
Elena G.: Sí, será lo mejor. Te espero mañana en tu despacho
Damon S.: Bien. Mañana hablamos
Elena G.: Descansa Damon… un beso
Damon S.: Tú también pequeña. Buenas noches.
Elena salía del ascensor y entraba en la recepción de la revista completamente nerviosa. Subió rápidamente las escaleras que llevaban a los estudios y se metió en el camerino para dejar la ropa de la sesión de ayer que se había llevado puesta, rezando porque Bonnie no se hubiese dando cuenta. Sin esperar a que las chicas llegasen salió disparada del camerino y se fue hacia el despacho de Damon. Abrió la puerta y entró, viendo cómo él aún no había llegado. Así que se sentó sobre la mesa a mirar por el ventanal para esperarle, como hacía la mayoría de las veces que entraba y él no estaba. Todo el despacho olía a él, a Damon, y eso la hizo calmarse un poco. Tener su esencia rodeándola era como un bálsamo que la abrazaba y la protegía. No veía la hora de abrazarse realmente a él.
Por su parte, Damon salía del ascensor cuando Alaric hablaba con Jenna en la recepción. Ambos se giraron para ver de quien se trataba y Alaric se alegró de que fuese él. Iba a ir ahora mismo a su despacho para hablar con él.
- Damon. Iba a buscarte ahora mismo.
- Dime Ric.
- Jenna – le dijo mirándola – Ve a mi despacho y comienza con el informe para la sesión de la firma "Fell". Yo voy enseguida.
- Claro. Chao Damon – aceptó ella y se marchó sin rechistar, sabiendo que Alaric le contaría después lo que hubiese pasado con Damon y Elena. Ya no por curiosidad o por cotillear, si no porque se preocupaba por la chica y por cómo estuviese.
- Bien Damon, vamos mejor a tu despacho.
- Claro
Ambos subieron y se dirigieron rápidamente al despacho del fotógrafo. Damon abrió la puerta y vio la figura de Elena sobre su mesa, mirando por el ventanal como siempre, esperándolo. Se había olvidado que ella estaría allí, pero bueno, tampoco pasaba nada ya que Alaric estaba al tanto de lo que pasaba y no había problema… aunque no sabía si Elena estaría de acuerdo.
Desde luego ella se sorprendió al ver a Alaric detrás de Damon, pero no dijo nada. Sabía que ese momento tendría que llegar y mejor antes que después.
- Hola – dijo ella bajándose de la mesa.
- Hola Elena – contestó Damon.
- Vaya, hola Elena. Me alegro que estés aquí. Así hablo con los dos de una vez – dijo Alaric agradecido – Sentaos – les pidió señalando el sofá mientras él cogía una silla y la ponía frente a ellos.
- Tranquila – susurró Damon al oído de Elena al notar que ella estaba temblando.
- Elena – la llamó Alaric - ¿estás bien?
- Si Ric, no te preocupes.
- Claro que me preocupo Elena. Mira, no te enfades con Damon por esto, pero me ha contado lo que ha pasado con Stefan.
- Lo sé Ric… sé que fuiste tú quien nos ayudó ayer.
- Se lo dije Ric – intervino Damon.
- Oh, bien. Bueno, ¿y por qué no me dijiste nada a mí Elena?
- Porque no era algo relacionado con el trabajo y no creí que fuese importante.
- Claro que era importante… Stefan y tú sois mis empleados y si algo sucede que pueda afectar en la empresa debo saberlo… Pero independientemente de eso, soy tu amigo y quiero ayudarte.
- Lo siento Ric… pero me daba vergüenza contarlo. Ni si quiera Jenna lo sabe.
- Está bien. Al margen de todo esto… yo quiero pediros disculpas de nuevo – dijo Alaric apesadumbrado.
- ¿Tú… disculpas? – preguntó Elena confusa.
- Si… yo le oculté a Damon que su primo trabajaba aquí y… bueno, eso llevó a algunas confusiones – dijo refiriéndose a la relación que había entre Damon y Elena – Por eso os pido que si hay algo que pueda hacer para ayudar, no dudéis en decírmelo.
- Ric… ya hablamos de eso. Tú no tienes la culpa, no tenías manera de saber que iba a pasar esto – le dijo Damon.
- Pero pude evitarlo Damon… y no puedo evitar sentirme culpable.
- ¡No Ric! No pienso dejar que te culpes porque nosotros… - se detuvo Elena antes de terminar la frase - ¡Dios, esto es un lío! – dijo tapándose la cara con las manos.
- Elena – la llamó Damon mientras agarraba sus manos para que lo mirase a los ojos – Tranquila. Ya te he dicho que no va a pasar nada.
- ¿Y por qué lo tienes tan claro Damon? ¿No eras tú el que estaba muerto de miedo? – le dijo dejando que se le escapasen algunas lágrimas.
- Y lo estoy – aseguró mirándola fijamente a los ojos, intentando demostrarle que por muy difícil que resultase, intentaría estar ahí para ella.
- Bueno – dijo Alaric levantándose de la silla – Mejor os dejo solos. Después hablamos Damon.
Salió por la puerta sin esperar respuesta y entonces Elena se sintió peor aún. Alaric sabía todo, pero no estaba enfadada con Damon por habérselo contado, entendía que era su amigo y que necesitase decírselo. Pero ella se sentía mal por el hecho de que hubiese dicho que lo que pasaba entre Damon y ella era una confusión por haber ocultado lo de Stefan.
- Elena… ¿por qué te pones así?
- ¿No lo entiendes? Ric se echa la culpa de que esto haya pasado… y como si fuese algo malo Damon.
- ¿Algo malo?
- Si… como si lo que pasa entre nosotros sea un error.
- Elena…
- ¿Tú crees que es un error Damon? – le pregunta mirándolo a los ojos, llorando desconsolada.
- No Elena, no es un error. Te mentiría si te dijese que no he llegado a pensarlo, pero me hace tanto bien lo que siento por ti que jamás podría considerarlo un error.
- ¿Qué? – le dijo ella anonadada. Damon se le declaraba cada dos por tres, pero después siempre le pedía tiempo. Estaba demasiado confusa como para entender bien sus palabras.
- Lo que has oído Elena. Ya no quiero negar más lo que siento por ti.
- ¿Y qué es lo que sientes? – le pregunta girándose en el sillón para quedar frente a él, mirándole a los ojos.
- Siento que si paso un día más separado de ti me convertiré en el hombre más triste del planeta… porque en mi pecho ya no está mi corazón Elena, está donde tú estés – confiesa mientras acaricia su rostro.
- Damon… no puedes decirme algo así y después querer que lo ignore.
- ¿Por qué iba a querer que lo ignores? – preguntó confuso.
- Porque después me alejas… me pides tiempo y todo lo que me dices cae en saco roto.
- No Elena… no tiene que caer en saco roto. Acumula todo lo que te digo… siéntelo poco a poco… pero no lo ignores, nunca he querido que lo ignores.
- ¿Entonces qué hago? ¿Escucho lo que me dices y me quedo cruzada de brazos esperando a que te decidas?
- Elena… sabes que antes tenemos que hablar con él – le dijo refiriéndose a Stefan, pero no queriendo nombrarlo para no estropear el momento del todo.
- Lo sé… pero odio esta situación.
- Cuando antes lo hagamos mejor.
- ¿Pero tú qué piensas decirle? – preguntó Elena intrigada – Hola Stefan, que tal, olvídate de tu novia porque la quiero – intentó imitarle.
- ¿La quiero? – preguntó Damon haciendo que ella se diese cuenta de lo que había dicho.
- Bueno… - dijo bajando la cabeza avergonzada – lo que sea.
- Quizás sea eso lo que le diga.
- No puedes decirle eso Damon.
- ¿Por qué no? Es la verdad – confesó haciendo que ella lo mirase de nuevo.
- Damon…
- Elena… te quiero.
Antes las palabras de Damon, Elena casi ve cómo su corazón sale corriendo de su pecho para esconderse. Los sentimientos la abruman tanto en esos momentos que es incapaz de reaccionar. No hay nada a su alrededor, tan sólo los brillantes y azules ojos de Damon y su mano acariciando su rostro.
Te quiero. Te quiero. Te quiero… Las palabras resonaban en su cabeza una y otra vez. E intentaba responderle, pero el nudo de lágrimas y nervios que se había formado en su garganta se lo impedía, así que hizo lo único que sabía que le daría una respuesta que entendería. Avanzó y lo besó. Sus labios se adaptaban a la perfección a los de Damon, quien la recibía sujetándola por la nuca y acercándola más para profundizar el tímido beso que Elena había empezado.
Ya se habían besado otras veces, pero sentían que cada vez que lo hacían era la primera, ya que cada vez había más sentimientos entre ellos, más cosas que decirse con un beso. Y así se pasaron minutos, disfrutando de los labios del otro, rozando sus lenguas en un baile en el que se deleitaban con el sabor del otro.
Pero de repente el sonido de la puerta abriéndose les sobresaltó, haciendo que se separasen al instante, aunque no lo suficientemente rápido como para que quien acababa de entrar no se hubiese dado cuenta de lo que estaban haciendo.
Stefan se quedó paralizado ante la escena. Venía a saludar a su primo, ya que el día anterior no lo pudo encontrar, y se lo encuentra besando a Elena, su novia. El asombro y la rabia se acumulaban en su interior y cuando oye a Elena hablarle, la furia le nubla los sentidos.
- Stefan… no es lo que piensas – le dice Elena.
Pero Stefan ya no escucha, tan sólo ve. Y a quien ve es a Damon de pie frente a él, con cara de asombro y moviendo los labios, diciendo algo que Stefan no puede ni quiere escuchar.
- Stef… espera… todo esto tiene una explicación.
- ¡Maldito cabrón! – grita Stefan mientras avanza hacia Damon y le planta un puñetazo en la cara sin que pueda evitarlo.
- ¡Stefan! ¡Para! – grita Elena llorando.
- Sabía que tenías algo que ver con que Elena no quiera saber nada de mí – le recriminaba a Damon señalándole con el dedo y mirándole con odio.
- No Stefan, no es así – le decía Damon con las manos levantadas para evitar otro golpe.
- Claro que es así… siempre ha sido así. Me lo has quitado todo, siempre. Y te ha dado igual. Ahora vienes aquí y me quitas a Elena. Nunca vas a cambiar – dijo Stefan con resentimiento.
- Stefan, estás equivocado. Damon no tiene nada que ver con que no quiera volver a verte – interviene Elena.
- ¡Cállate Elena! – le dice girándose hacia ella.
- ¡No! No pienso callarme Stefan. La culpa de que te deje sólo la tienes tú. Has sido un verdadero gilipollas conmigo y lo sabes. Me has dejado tirada y sin noticias durante meses y has vuelto como si nada hubiese pasado. Pero yo he dejado de quererte Stefan… y sólo por lo que tú has hecho.
- Pero es que no me has dejado explicarte Elena… no querías verme… y seguro que por estar con él – dijo Stefan refiriéndose a Damon.
- No, no metas a Damon en esto. Él sólo me ha estado ayudando como amigo.
- Ya… como amigo. Pues eso no es lo que he visto cuando he entrado.
- Porque me he enamorado de él… y eso es algo que a ti no te incumbe – dijo Elena asombrando a Damon por completo. Antes le decía a él que no podía decirle a Stefan que la quería… y ahora ella le confiesa que se ha enamorado. Era de locos.
- Claro que me incumbe… es mi primo, el perfecto… el que siempre me ha quitado todo. Y claro, esta vez no podía ser menos – dijo Stefan gesticulando hacia Damon.
- Él no te ha quitado nada Stefan… lo has perdido tú solo.
- Elena… por favor, ¿podemos hablar solos tú y yo? Tengo que explicarte algunas cosas - le pedía acercándose a ella.
- Lo que tengas que decirme lo puedes hacer delante de Damon. Él lo sabe todo.
- Creo que esta conversación debemos tenerla a solas Elena.
- Elena – intervino Damon – Hablad solos. Tenéis cosas que aclarar.
- Vaya… pero si mi primito tiene clase y todo – dijo Stefan con ironía.
- Estaré fuera pequeña – le dijo acercándose a su oído para que sólo lo escuchase ella, gesto que no pasó desapercibido para Stefan.
Damon salió del despacho y cerró la puerta detrás de él, dejándoles intimidad. Aunque no se movería de la puerta, no pensaba dejar a Elena totalmente sola ante aquel energúmeno al que tenía que llamar primo. Empezaba a notar cómo le dolía donde le había dado el puñetazo y gesticulaba con la cara intentando calmarlo. Y mientras esperaba fuera vio cómo Caroline entraba al pasillo y se dirigía al camerino, entonces le surgió una idea.
- ¡Caroline! – la llamó y ella se giró.
- Ey Damon, ¿dónde te metiste ayer?
- Eso ahora no importa. Necesito que me hagas un favor.
- Si, dime – dijo ella viendo la cara de preocupación de Damon.
- Quiero que bajes y le digas a Alaric que suba, que le necesito en mi despacho.
- ¿Y por qué no bajas tú?
- Caroline, por favor, no es el momento de preguntar. Sólo baja y avisa a Ric.
- Está bien, está bien… ya voy.
Damon vio aliviado cómo Caroline se iba a avisar a Alaric y se recostó contra la pared con los brazos cruzados, atento a cualquier signo de que Elena necesitase su ayuda tras la puerta de su despacho.
Pero ella no parecía necesitar ayuda. Había enfrentado por fin a Stefan y estaban teniendo la conversación que aclararía por fin las cosas entre ellos.
- Está bien Elena… Damon se ha ido, ya puedes contarme la verdad – le dijo Stefan confiado.
- ¿Pero qué dices? Todo lo que te he dicho es verdad.
- No lo puedo creer…
- ¿Qué es lo que tanto te cuesta creer Stefan? ¿Qué te haya olvidado o que haya podido llegar a odiar tu presencia? – le dijo ella soltando las palabras con dureza, sorprendiendo a Stefan totalmente.
- ¿En serio me odias?
- Lo que siento ahora mismo se acerca mucho – le dijo cruzándose de brazos.
- Elena – decía él llevándose las manos a la cabeza – de verdad que lo siento.
- Me vas a tener que explicar qué es lo que sientes… el no contestar a mis llamadas… o a mis mails… o el olvidarte por completo de que existo.
- Está bien… te contaré por qué no he contactado contigo… sólo espero que me entiendas – le dijo dejándose caer en el sofá, mirando hacia el suelo – Mientras estaba en Las Vegas… bueno, te echaba mucho de menos e intentaba hablar contigo cada vez que podía, pero había mucho trabajo que hacer. Empecé a estresarme mucho y cada rato libre que tenía lo usaba para intentar desconectar de todo… por eso apagaba el móvil y no veía tus llamadas.
- Sí, claro… en dos meses no has visto mis llamadas…
- Elena… sí la vi… pero no sabía bien cómo hablar contigo. Me estaban pasando cosas que me hacían sentirme mal.
- ¿Y no podías hablar conmigo y contármelo? Te podría haber ayudado.
- Créeme que no podrías – le dijo mirándola por fin a los ojos – Elena… dejé de hablar contigo porque me daba vergüenza… no sabía cómo actuar.
- Pero… ¿por qué?
- Porque creí que estaba sintiendo algo por otra persona – confesó dejando a Elena congelada.
- ¿Otra… persona?
- Si. Sólo eran dudas, pero no sabía cómo manejarlas.
- Y supongo que esa otra persona es rubia y babea por ti – dijo enfadada, dando a entender que pensaba en Rebekah.
- No… no se trata de Rebekah. Ella lo intentó, pero no es ella.
- Genial Stefan… lo estás arreglando – le dijo irónica, sentándose en la silla frente a él.
- Lo siento Elena, pero no podía controlarlo.
- Ya… seguro que no – dijo escéptica.
- La conocí de casualidad y… bueno, al principio no pasaba nada, sólo era un flirteo sin importancia… pero después ella quiso más y yo no supe que quería yo mismo.
- Está bien, para. No quiero seguir escuchando el relato de cómo me he convertido en una cornuda. ¿Por qué diablos me cuentas todo esto?
- Disculpa… pero creo recordar que hace unos minutos te estabas besando con Damon – le dijo él molesto.
- Disculpa tú… pero ya te había dejado claro que no quería volver a verte Stefan, así que no te he engañado.
- Elena… lo siento. Por favor, perdóname.
- Sólo dime una cosa… ¿te acostaste con ella?
- Elena…
- Stefan, contesta a la pregunta. Te acostaste con ella… ¿sí o no?
- Si.
- Gracias. Ya tengo todo lo que necesitaba escuchar – le dijo poniéndose de pie más que enfadada.
- Elena… por favor, espera – le pidió poniéndose de pie para evitar que se marchase.
- No Stefan, no quiero oír nada más.
- Pero…
- No. Ahora me vas a escuchar tú a mí – le dijo dándose la vuelta para mirarle de frente - He pasado los peores días de mi vida pensando que me habías abandonado. He llorado por ti y he hecho lo posible por pensar que todo estaba siendo un error. Pero cuando me enteré que Alaric tenía contacto contigo cada día, el mundo se me vino encima y supe que tenía que olvidarme de ti… porque tú te habías olvidado de mí. Entonces conocí a Damon, que por cierto, hasta la semana pasada él no supo que tú trabajabas aquí. Y yo me enteré ayer que era tu primo. Así que no le culpes por quitarte algo, que por cierto, ya no tenías. Él se convirtió en mi mejor amigo y me ha estado ayudando todo este tiempo… pero lo que son las casualidades de la vida que empecé a sentir algo por él. Y no hice ni he hecho nada todavía, ¿sabes por qué? – le preguntó haciendo una pausa, a lo que él negó con la cabeza – Porque quería respetarte a ti… cosa que tú no has hecho conmigo. Así que ni se te ocurra venir ahora de víctima Stefan, porque lo que has perdido ha sido todo por tu culpa.
- Está bien Elena… tienes razón.
- Si, la tengo.
- Pero sólo te pido otra oportunidad. Estaba confundido y no sabía qué hacer, entiéndeme.
- Yo también estaba confundida Stefan, pero no me tiré al primero que pasó por delante.
Entonces un silencio se hizo en el despacho. Ambos habían dicho todo lo que tenían que decir, aunque Stefan sentía que había perdido mucho más de lo que esperaba. Pero Elena por fin respiraba tranquila, le había dicho todo lo que pensaba y lo que tenía guardado en su interior, que se hacía una bola cada vez más grande. Aunque el corazón le dolía demasiado. Por mucho que ya no quisiese a Stefan, su confesión de que el motivo por el que había cortado la comunicación con ella era porque la había engañado con otra la había destrozado. Se sentía la mujer más idiota del mundo. Ella se había estado conteniendo con Damon cuando él había estado dando rienda suelta a lo que sentía… si es que era verdad lo que le había contado sobre que sentía algo por esa chica o simplemente había sido un calentón. Y Elena tenía serias dudas sobre ello.
Y mientras, al otro lado de la puerta, en el pasillo, Damon espera nervioso. No recuerda haber sufrido un estado de ansiedad mayor en su vida. Pero ver a Alaric acercarse por el pasillo seguido de Caroline le relaja un poco.
- Damon… dime, qué pasa – le dice Alaric.
- Están dentro – le dice dándose cuenta de la atenta mirada de Caroline.
- Pero ¿todo bien?
- De momento creo que sí.
- Bueno… a parte de tu cara – le dice Alaric fijándose en el incipiente moratón de su mandíbula.
- Está bien, ¿alguien me explica qué pasa aquí? – interviene Caroline molesta.
- Car… cariño, ve al camerino a cambiarte. Tengo que hablar con Damon – le pide Alaric.
- De eso nada. No me trates como a una idiota Ric. ¿Quién está ahí dentro y quién te ha hecho eso Damon?
- Caroline… - recrimina Alaric.
- No Ric… está bien – le dice Damon para dirigirse a Caroline – Stefan ha vuelto y está hablando con Elena en mi despacho.
- ¿Qué? – pregunta sorprendida - ¿Y él te ha pegado?
- Eso en otro momento. Ahora estamos aquí por si Elena necesita algo.
- Pero – interviene Alaric – no creo que les haga mucha gracia a ninguno de los dos ver aquí a tanta gente. Así que, por favor, Caroline… ve al camerino.
- Ni hablar Ric… es mi amiga la que está ahí dentro.
- Si mínimamente sabes lo que le pasa con Stefan, entonces vete. Ella te contará a su debido tiempo lo que sea y lo sabes.
- Pero Ric… - protestaba ella.
- Caroline… por favor te lo pido. Déjame a solas con Damon.
- ¡Está bien! – dijo girándose caminando hacia el pasillo - ¡Hombres!
- Gracias Ric – le dijo Damon.
- De nada. ¿Te duele?
- Un poco, pero no es nada.
- ¿Por qué te ha pegado? Sabes que puedo despedirlo por esto, ¿no?
- No Ric, no lo hagas… él nos ha encontrado besándonos.
- Vaya…
- Si… vaya. Pero por lo menos ha servido para que las cosas salgan solas a la luz. Aunque no creo que me lo perdone nunca.
En ese momento vieron cómo la puerta se abrió y Elena salió con cara de pocos amigos. Damon se adelantó y ella se lanzó a abrazarlo por la cintura, hundiendo su cara en su pecho. Damon levantó la vista y vio cómo Stefan salía del despacho, mirándole con una mezcla de tristeza y rabia en sus ojos. Agachó la cabeza y caminó por el pasillo alejándose de ellos.
- Stefan – lo llamó Damon deshaciendo el abrazo con Elena.
- No Damon, ahora no.
Stefan desapareció tras la puerta y los tres se quedaron mirando ensimismados. Entonces Ric se paró en mitad del pasillo para que Elena pudiese verlo.
- Elena, ¿está todo bien?
- Si Ric, no te preocupes.
- ¿Ha pasado algo que tenga que saber?
- No… lo único que tienes que saber es que no habrá más problemas entre Stefan y yo. Se ha terminado para siempre.
- Bueno… si necesitas lo que sea, ya sabes dónde estoy.
- Claro. Gracias Ric.
- Bien. Entonces os dejo solos. Esta tarde subo con el informe "Fell" Damon. Tomaos la mañana libre.
- Si Ric. Gracias. – contestó Damon.
Alaric se fue por el mismo sitio por el que se había ido Stefan. Con suerte lograba alcanzarlo y hablar con él. Damon y Elena entraron de nuevo al despacho y Elena, nada más cerrar Damon la puerta, lo empujó contra ella y lo besó con pasión, con rabia y ternura a la vez. Damon estaba más que sorprendido, pero sabía que ella acababa de pasar por un mal momento y no quería apartarla para que no pensase que la estaba rechazando. Así que respondió a su beso con ganas.
Cuando se separaron para respirar, ella lo miró a los ojos y enredó sus dedos entre su pelo.
- Antes no pude contestarte a una cosa.
- ¿Qué? – preguntó él curioso.
- Que yo también te quiero.
