N. de la T.: En este capítulo surge algo importante y de lo que me di cuenta hace poco. Blackened Wing, la autora de este fic, inventó el concepto de los "blood bonds", que se mencionan y explican en los primeros capítulos de la historia. Muchos otros autores tomaron prestada esta idea, como Yengirl, y en el fic que ahora VaneCaos está pasando al castellano, La otra mitad de mí, ella traduce el término en cuestión como "vínculos de sangre". Mi versión, como ya se habrán dado cuenta por los capítulos anteriores, es "lazos de sagre" y supongo que las dos más o menos dicen lo mismo. Pero quería aclararlo para que supieran que estamos hablando de la misma cosa.
Capítulo once: "Alas rotas"
Finalmente, la lluvia había parado y un ocaso gris y mojado comenzaba a pintar los cielos. Zero se tropezó, terminando de rodillas entre caído y colapsado. Yuki se bajó de su espalda y le acarició el hombro y el pelo con dedos duros y congelados. La había estado cargando toda la noche y aunque ella caminó un gran trecho, sus pies se había negado cada vez más a sostenerla y Zero la había llevado cada vez con más frecuencia a pesar de lo mucho que lo estaba agotando.
El ex humano descansó las manos sobre el suelo húmedo, dejando que su cabeza colgara por un momento. Los músculos de la espalda y los hombros le ardían de haber cargado a Yuki por tanto tiempo en un terreno tan escabroso. No había dormido en cuarenta y ocho horas y estaba exhausto. Todo eso, sumado a tratar de cuidar a Yuki y a Kaname (y sobre todo, tratar de cuidar a éste último sin parecer que lo estaba haciendo), le había pasado factura y ya se estaba quedando sin fuerzas.
Kaname se sentó pesadamente en un árbol a un par de metros, inclinando la cabeza hacia atrás mientras respiraba entre dientes con dificultad y lentitud. Esta noche había sido un tormento largo y eterno. Lo único que lo había mantenido en movimiento fue su pura terquedad, pero dentro de poco eso ya no iba a ser suficiente. Puso los ojos sobre Zero mientras éste descansaba fatigado sobre manos y rodillas. El joven había hecho lo correcto y eso era algo que Kaname tenía que admitir, aunque fuera en silencio. El ex humano había cargado sobre los hombros con la parte más pesada de su escape y seguía queriendo tratar de protegerlos incluso cuando las fuerzas lo estaban abandonando.
El purasangre por poco odiaba tener que mencionar que estaban perdidos.
Mientras se hacía de día, era cada vez más obvio que el sol estaba saliendo por la derecha, lo cual quería decir que no estaban yendo en dirección a la ruta, o por lo menos no por el camino corto, sino ya hubieran llegado o podrían escuchar el ruido de los autos. Pero esos sonidos no se aparecían por ningún lado, ni siquiera con sus agudos oídos que sólo podían percibir los crujidos hechos por las gotas que caían sobre el suelo mojado y el gorjeo de los pajaritos que se acababan de levantar.
A los Ichijo les gustaba su privacidad, así que los terrenos que rodeaban la mansión estaban situados en el medio del campo y los atravesaban kilómetro tras kilómetro de bosques sin una carretera ni camino de ningún tipo. Era obvio que ellos habían terminado metiéndose más profundo en la propiedad en lugar de haber salido. Por lo general, el sentido de la dirección de Kaname era impecable, pero debía admitir que no tenía ni la más pálida idea de dónde estaban. Anoche había estado demasiado adolorido como para prestarle atención a este aspecto de su situación o hacer algo que no fuera seguir la espalda bamboleante de Zero durante la larga caminata, esforzándose por poner un pie adelante del otro.
Después de un tiempo, Zero giró y se sentó, mirando con ojos acusadores al sol que se elevaba. Aparentemente, se había dado cuenta solo.
Yuki se sopló las manos heladas, tiritando bajo el abrigo todavía empapado del ex humano. Lo más probable era que ella fuera la única de los tres que se alegraba de ver al astro asomarse.
─¿Dónde estamos? ─preguntó mientras miraba para todos lados. La habían traído inconsciente y casi no sabía de dónde habían escapado ni hacia dónde estaban yendo.
Zero se frotó el cuello con un suspiro, sintiéndose profundamente asqueado consigo mismo.
─Perdidos ─dijo en voz baja. No tenía idea de cómo había perdido el rumbo ayer a la noche, aunque con la tormenta y el peligro y el terreno desconocido se había tenido que encargar de tantas cosas que, la verdad, no era nada de qué sorprenderse.
Zero miró a Kaname, esperando o desafiándolo a que hiciera algún comentario sarcástico, pero el purasangre no estaba de humor para seguirle el juego. Se sentía muy mal y con los ojos cerrados descansaba la cabeza inexpresivamente contra el árbol que tenía detrás.
─Si seguimos hacia el este ─continuó el ex humano después de un momento, señalando el sol con la cabeza─ tendríamos que poder llegar hasta la ruta tarde o temprano. Perdón.
Yuki se limitó a asentir, sin dar ninguna indicación del profundo quejido que la idea de otro larga caminata le hacía querer articular.
─No es culpa tuya, Zero, anoche todo fue muy confuso ─dijo, tratando de reconfortarlo.
─En realidad, no es malo que no hayamos tomado el camino más corto ─agregó Kaname inesperadamente, con los ojos todavía cerrados y los brazos apoyados sobre las rodillas─ Es de esperar que Ichijo y Rido enfoquen sus búsquedas primero en las rutas que rodean la propiedad. Estamos más seguros aquí que dando vueltas por alguna carretera sin ningún medio de transporte. Porque supongo que no trajiste un auto ¿no, Kiriyu? ─preguntó con amabilidad. Kaname dudaba que quienes hubieran mandado a Zero solo para que encontrara a los prisioneros fueran muy organizados.
─Nos alcanzaron y después entramos caminando. Nada más teníamos que vigilar la casa; nadie sabía que ustedes estaban ahí. Para cuando nos dimos cuenta, nuestras radios ya no andaban por la lluvia ─farfulló el ex humano con cansancio. Se arrepentía de haber perdido la suya, ahora por lo menos la hubiera podido haber hecho andar para ponerse en contacto con el Director. Seguro que después de no tener noticias de él y de Aido por un rato, alguien se debió haber preguntado si les había pasado algo. Pero parecía que por el momento estaban por su cuenta─ Improvisamos tan bien como pudimos ─murmuró malhumorado.
Los ojos de Kaname se abrieron un poco y su atención se centró nuevamente en Zero.
─¿Tú y quienes más?
El ex humano apartó la vista.
─Aido estaba conmigo. Se quedó atrás para crear una distracción y que yo pudiera entrar a la casa. No sé qué pasó después.
Kaname se quedó callado por un largo tiempo y una expresión insondable le pasó por el rostro antes de que cerrara los ojos otra vez.
─Si lo capturaron, no nos va a traicionar ─observó el purasangre tranquilamente. Rezaba por que al otro vampiro no lo hubieran atrapado y hasta deseaba que estuviera muerto antes de en las manos de Rido e Ichijo, conociendo la crueldad de la que eran capaces.
─Deberíamos descansar ─se escuchó decir a la voz de Kaname cuando el silencio que había caído sobre el grupo se volvió opresivo─ Rido nos va a estar buscando ya sea de día o de noche, pero en la oscuridad nos vamos a mover mejor.
Esto último no se aplicaba a Yuki, pero eso se olvidaba fácil y ella iba a tener que acostumbrarse al hecho de que sus dos compañeros fueran vampiros.
─Bueno, yo vigilo primero ─dijo Zero, ofreciéndose como voluntario y poniéndose rápidamente de espaldas contra el árbol más cercano. Kaname no pasó por alto que Zero se hubiera sentado justo en frente suyo.
¿Y de qué cosas te vas a mantener alerta en tu vigilia, Kiriyu? ¿De los enemigos o de mí? El pensamiento pasó por la cabeza del purasangre, aunque ya sabía la respuesta: de ambos. Mientras se recostaba de lado y cerraba los ojos, sonrió casi imperceptiblemente. No lo podía culpar, él tampoco querría dormir cerca de un purasangre hambriento. Ninguna persona en su sano juicio querría.
Yuki se puso en posición fetal con la cabeza sobre las piernas de Zero y finalmente dejó de temblar y se durmió. El ex humano apoyó una mano sobre el hombro de la joven y miró sin ver al purasangre durmiente y a los árboles que rodeaban el pequeño claro. Kaname no se había movido desde que se acostó y Zero no podía distinguir los movimientos de su respiración. Era un poco raro y trató de resistir las ganas de arrastrarse hasta el vampiro y encontrar su pulso, sólo para asegurarse de que todavía estuviera con ellos.
El ex humano estaba agotado. Los ojos le ardían por el cansancio y le dolía la garganta. Mierda… seguramente todo esto le iba a dar un resfrío. Era muy difícil mantenerse despierto en medio de la quietud tranquila y fría mientras los demás dormían profundamente y Zero tuvo que empezar a pellizcarse el muslo varias veces en un esfuerzo para no amodorrarse demasiado. Sin embargo, pese a su determinación, pronto la cabeza plateada empezó a caer y subir otra vez, hasta que pasó a yacer sobre su pecho al mismo tiempo que su cuerpo se aflojaba contra el árbol y el sueño lo atrapaba.
Zero se despertó con un sobresalto. Se había quedado dormido sin querer y no se dio cuenta sino hasta que el dolor de huesos y el ángulo del sol le indicaron que había pasado varias horas desde que abrió los ojos por última vez.
Yuki aún dormía profundamente usando sus piernas de almohada, pero algo andaba mal. Lo supo de inmediato. Parpadeó, tratando de descubrir qué era, y por un momento se le paró el corazón al encontrarse mirando el lugar vacío debajo del árbol que tenía enfrente.
Kaname ya no estaba.
Zero miró rápidamente a su alrededor y los pelos de la nuca se le pusieron de punta cuando imaginó al purasangre respirando contra su cuello. Pero a medida que se le iba la bruma de sueño que entorpecía sus sentidos, cayó en la cuenta de que no podía oler ni sentir a Kaname en el área inmediata.
Sin embargo, percibía la presencia de otro vampiro no muy lejos, probablemente el purasangre, y Zero salió despacio de debajo de Yuki. La muchacha debió haber estado bastante agotada porque se agitó apenas mientras el ex humano le recostaba la cabeza sobre el colchoncito cálido de hojas en el que había estado sentando. El joven no tenía idea de por qué el purasangre se había ido, probablemente por el llamado de la naturaleza, pero algo le dijo que no era una buena señal y supuso que lo mejor sería ir a investigar.
Sin embargo, dejar a Yuki sola… no le gustaba para nada. Así que Zero se sacó el arma del cinturón y la puso cerca de la mano de la muchacha. Sabía que ella podía usarla, aunque no le gustara, pero era sobre todo por precaución. Sentía solamente un vampiro en las cercanías y ya para este momento estaba seguro de que era Kaname. Aunque en qué estado podría estar el purasangre… eso Zero lo ignoraba.
Yendo hacia la dirección en que percibía vagamente la otra presencia, comenzó a caminar lentamente mientras escudriñaba los árboles con la mirada. Entre más progresaba en su avance, más se le estremecía la piel y el bosque empezaba a volverse más oscuro, a pesar de que era poco después del mediodía. Sí, era verdad que casi nada de luz lograba penetrar las densas copas, pero aún así este lugar era antinaturalmente sombrío y los sentidos de Zero ya estaban dejando oír sus gritos de advertencia.
Otra vez tenía esa sensación, como si alguien lo estuviera observando, haciendo que los pelos se le pusieran de punta y que una capa de hielo se le formara en el estómago. Zero se dio vuelta con rapidez, pero atrás suyo no había nadie. Los escalofríos persistieron y se dio vuelta otra vez, esperando continuamente ver a alguien a sus espaldas. De un momento a otro, deseó no haberse separado de su arma. Una parte del ex humano sabía que era Kaname quien lo estaba haciendo sentir así, ya fuera sin querer o a propósito, pero eso no era muy reconfortante. La idea de que el purasangre se pudiera haber vuelto loco, como incluso él mismo lo había temido, era un poco más que medianamente aterradora.
De repente, algo le dijo que subiera la vista y se encontró con unos ojos rojos que brillaban sobre su cabeza entre las hojas de los árboles. Nunca antes había visto resplandecer de esa forma los ojos de un vampiro y el corazón se le fue a la garganta cuando vio a Kaname de cuclillas sobre una alta rama, enroscado como un gato. Zero no se imaginaba cómo el purasangre herido pudo haber llegado hasta ahí arriba.
Kaname no se movió. Lo único que hacía era mirar al ex humano fijamente, siguiendo cada uno de sus movimientos con la vista de un depredador. Sus dedos, casi negros en vez de color carne, se habían alargado y parecían garras aferradas a la madera.
─¿Kaname? ─preguntó Zero en voz baja y con cuidado, retrocediendo cautelosamente sin sacarle los ojos de encima. Estaba intentando con todas sus fuerzas encontrar alguna chispa reconocible en la mirada del purasangre, pero no estaba teniendo mucha suerte.
Kaname bajó al suelo de un salto, aterrizando primero sobre manos y pies antes de levantarse y comenzar a girar en silencio alrededor de Zero sin perderlo de vista. La mortal fluidez de sus movimientos hacía imposible que cualquiera que no lo hubiera visto antes sospechara que estaba medio muerto, pero el ex humano se daba cuenta que el desplazamiento de Kuran era bastante torpe y desparejo, como el de un puma rodeando a su presa. La cual Zero era definitivamente.
─No me tendrías que haber seguido, Kiriyu… ─la voz de Kaname era un susurro suave. El purasangre se había despertado con debilitantes calambres y arcadas de hambre, sus entrañas literalmente estaban comenzando a devorarse a sí mismas. No pudo volverse a dormir y tampoco pudo quedarse en donde estuviera tan cerca de dos fuentes de alimento durmientes e indefensas. Tuvo que hacer uso de lo último que le quedaba de voluntad para huir y esconderse acá, solo entre los árboles, intentando poner la tentación fuera de su alcance. Pero la aparición de Zero superaba aquello contra lo cual podía seguir luchando─ Estaba tratando de mantenerme lejos de ti… estaba tratando… ─hubo una chispa de desesperación en los ojos rojos, pero se la tragó el hambre.
Antes de que cualquiera de los dos se diera cuenta, Kaname pasó a estar sobre Zero, tirando al ex humano hacia atrás con su peso y haciéndolo perder el equilibrio. El purasangre usó su cuerpo para inmovilizarlo contra el suelo, retorciéndole la camisa mojada con sus manos atadas y corriendo violentamente el cuello de la prenda mientras dejaba caer su cabeza sobre la garganta del otro vampiro.
Bordeando en el pánico, Zero logró agarrar justo a tiempo las muñecas de Kaname y, cosa que era más importante, las esposas que las aprisionaban.
─¡Obtempero! ¡Detente, Kuran! ¡Detente! ─dijo el ex humano, iniciando el hechizo y dándole una orden al mismo tiempo, empujando a Kaname con desesperación y alejándose de los colmillos famélicos.
El cuerpo del purasangre se volvió rígido con un sonido ahogado. Se quedó duro, pero definitivamente se estaba resistiendo al encantamiento y temblaba y se doblegaba con espasmos mientras salía de encima de Zero. El ex humano lo siguió, sabiendo que tenía que mantener el contacto con las esposas o su expectativa de vida sería de más o menos dos segundos como mucho.
Sin embargo, su intenso miedo se debía a una razón completamente diferente. Los ojos de Kuran se le fueron para atrás y se comenzó a sacudir como si estuviera teniendo una convulsión. Zero odiaba saber que probablemente era por su culpa, pero no tenía idea de qué otra cosa podía hacer, ya que si lo soltaba el purasangre lo iba a matar. Le había prometido al otro vampiro que no lo dejaría lastimarlos pero no había esperado que ver sufrir al purasangre de esta manera fuera tan duro.
De repente, el cuerpo de Kaname se relajó, sus ojos se cerraron y la cabeza le cayó a un lado, haciendo que los cabellos húmedos, oscuros y enredados le colgaran alrededor de la cara y rozaran las hojas que tenía debajo. Las tinieblas parecieron retroceder un poco, permitiendo que otra vez el sol se filtrara vacilante por las altas ramas. Al estar yaciendo bajo la tenue luz moteada y sobre la alfombra de hojas muertas que cubría el suelo del bosque, Kaname parecía un ángel negro y quebrado y a Zero se le hizo un extraño nudo en la garganta. Mantuvo una mano cautelosa sobre las esposas, pero los dedos de la otra fueron rápidamente al cuello del purasangre, buscando un pulso mientras se apoyaba sobre el codo y se arrodillaba junto al cuerpo.
No estés muerto. Por favor, no estés muerto.
─Dale, Kuran… si mueres después de haberme hecho pasar por todo este lío, te mato… ─murmuró con voz un poco ronca, examinando el cuello con dedos desesperados cuando no pudo hallar un pulso entre las heridas abiertas y destrozadas que todavía adornaban la garganta de Kaname.
El purasangre gimió por lo bajo, haciendo una mueca de dolor ante la presión sobre su cuello lastimado y Zero sintió un profundo estremecimiento de alivio. Quería estar enojado por la forma que había sido atacado, pero cuando Kaname abrió los ojos, el vampiro pareció demasiado miserable y desahuciado como para que en el ex humano se formara una ira verdadera.
Kaname tragó saliva, bajando la vista para mirar la mano de Zero que todavía descansaba sobre sus esposas, manteniéndolo cautivo silenciosamente, y luego subiéndola para mirar al otro vampiro. Volvió a cerrar los ojos.
─Perdón ─murmuró en voz muy baja y casi inaudible─ No tendría que haber hecho eso.
Kaname sabía que había tocado fondo. Ya no se podía controlar. Y si Zero lo liberaba en este mismo momento del hechizo que le impedía moverse… temía abalanzarse otra vez sobre el muchacho. Sintió una gran desesperación y pensó que después de todos sus esfuerzos, de toda la convicción de que sus padres habían estado en lo cierto al creer en que era posible la coexistencia pacífica entre humanos y vampiros… cuando llegaba el momento de ponerlo en práctica, todavía había una parte de sí mismo que no dominaba. Al final, no había nada que lo diferenciara de su tío o de cualquier otra persona.
─No te preocupes, no fue tu culpa ─dijo Zero sacudiendo la cabeza. Miraba a Kaname atentamente, como considerando determinadas cosas antes de tomar una decisión. Con una mano en las esposas del purasangre, Zero llevó la otra a los botones de su camisa y comenzó a desabrocharlos para después correr a un lado el cuello de la prenda.
Kaname había vuelto a abrir los ojos y ahora miraba al ex humano en silencio e intensamente.
Zero inhaló hondo. Estaba a punto de dar un paso bastante arriesgado, pero era su única opción.
─Mira, Kaname, sé que necesitas sangre, así que puedes tomar la mía. Uno tiene que hacer lo que tiene que hacer. Pero si te suelto… no me mates ¿está bien? ─dijo el ex humano con una sonrisa ligeramente irónica─ Me parece que fuiste tú quien dijo que sería una falta de respeto hacer eso con un donante voluntario.
Un escalofrío pasó por el cuerpo de Kaname. Su vista estaba clavada en el cuello de Zero con una fijeza perturbadora. Asintió con la cabeza, haciendo un gesto pequeño y lento. En estos momentos no se podía preocupar por las consecuencias de formar otro lazo de sangre, necesitaba lo que el ex humano le estaba ofreciendo con todas las fuerzas de su ser.
Zero separó despacio sus manos de las esposas, librando al purasangre del encantamiento que no lo dejaba moverse.
Casi al instante, el vampiro saltó sobre el ex humano y lo tiró al suelo consigo. Haciendo rodar ambos cuerpos, de modo que Zero quedara boca abajo y él arriba, el purasangre se sentó a horcajadas sobre las caderas del muchacho. Lo empujó contra el piso con fuerza mientras se inclinaba y presionaba su pecho sobre la espalda del ex humano.
Zero tenía la mejilla apretada contra la tierra mojada y áspera que iba humedeciendo su camisa y la respiración se le escapó en forma de un gruñido gutural ante el impacto que lo tomó por sorpresa. El cuerpo de Kaname lo mantenía inmovilizado mientras agarraba con sus manos atadas los cabellos plateados, dándole un tirón a la cabeza del muchacho para dejar expuesto el lado de su pálido cuello que no tenía el tatuaje.
El peso de Kaname era como un saco de ladrillos inamovible que aplastaba a Zero contra el suelo con mucha más fuerza de la que hubiera esperado que poseyera el vampiro medio muerto. Al sentir el tironeo de su cabeza y el cálido aliento sobre su piel, al ex humano lo recorrió una ola de miedo. Puede que ésta no hubiera sido una idea muy buena.
Kaname percibió que el ex humano se tensaba, como jugueteando con la idea de resistirse, y el purasangre le dio una pequeña sacudida de advertencia al mechón de pelo que tenía en la mano. Ya era demasiado tarde. Zero se había comprometido a hacer esto de propia voluntad y Kaname lo haría cumplir con su palabra. Para el purasangre ya no había vuelta atrás, estaba famélico hasta el punto de bordear en la muerte por inanición y la necesidad de sobrevivir iba más allá de cualquier otra cosa. Iba a tener la sangre de Zero, de una forma u otra.
Por la posición en que estaba, el ex humano no podía alcanzar ni activar las esposas del otro vampiro incluso aunque quisiera, lo cual era claramente a propósito por parte de Kaname. Zero era suyo por completo, el purasangre lo sabía y ahora también lo hacía el ex humano, quien al darse cuenta de esto sintió un estremecimiento enfermizo en la boca del estómago.
─Kaname… ─la voz sonaba crispada y un poco irritada, aunque Kaname prácticamente podía saborear el miedo que yacía debajo.
De una forma sombría, el purasangre se alimentó del temor que emanaba el otro joven. Había sido lastimado y abusado más allá de los límites de la razón por tanto tiempo que… la furia, el irresistible impulso de violentarse y ejercer su poder sobre alguien más para variar era una necesidad que rápidamente se iba extendiendo por sus entrañas. Kaname dio un suave gruñido de garganta, un sonido animal, mientras dejaba que sus colmillos completamente extendidos rozaran el cuello expuesto de Zero.
─Quédate quieto… ─susurró en forma de advertencia, lamiendo y acariciando maliciosamente la piel del ex humano con lengua y labios, sin estar seguro de si lo hacía porque quería o porque sabía muy bien que eso pondría incómodo al otro joven. El sabor del muchacho era delicioso, así como la sensación de estar en contacto con su cuello. Kaname corrió la tela de la camisa mojada con su nariz, explorando breve aunque ávidamente la delicada piel de clavícula a oreja y de oreja a clavícula.
Zero gimió por lo bajo ante los extraños escalofríos que pasaban por su cuerpo mientras los dientes y la boca del purasangre jugueteaban con la curva de su garganta. Tembló y trató de retorcerse, pero el peso de Kaname lo tenía completamente inmovilizado. Su boca estaba seca y su miedo era mucho mayor de lo querría que el purasangre supiera. A Zero lo habían mordido una sola vez en su vida, pero con eso ya había sido suficiente. La imagen de Shizuka estaba grabada a fuego en su memoria, como una cicatriz innegable que nunca podría desaparecer. El odio que sintió mientras ella lo sostenía con la misma fuerza inhumana que ahora estaba usando Kaname… la ira y el miedo mientras bebía de él, su mirada indefensa puesta sobre los cuerpos muertos de sus padres que yacían sobre el piso en los charcos de su propia sangre.
Zero se dio cuenta de que su corazón latía rápidamente contra la dura tierra. Por el temor, sí, y por la furia, pero también por… otras cosas. Cosas de las que sentirse avergonzado. Cosas que le creaban extraños nudos en el estómago y que hacían que en su panza bailaran mariposas mientras Kaname se movía contra su espalda, devorándole el cuello con la boca.
Por un momento, sintió un dolor agudo y vívido cuando los colmillos del purasangre se abrieron paso entre su piel y se hundieron en la carne. Zero se retorció un poco, con una mueca de dolor en la cara y las manos descansando a cada lado de su cabeza, encorvadas entre las hojas muertas como buscando algo de qué agarrarse.
Kaname cerró los ojos mientras la sangre de Zero recorría sus sentidos. Bebió en sorbos profundos, rápidos y hambrientos. Sabía como la gloria más pura y su pecho tembló ligeramente contra la espalda del ex humano. Era como si Kaname hubiera estado caminando por cien días en el desierto sin agua. Le resultaba imposible no tomar tanto y tan deprisa como pudiera, a pesar de las consecuencias que podría tener para Kiriyu.
Zero jadeó suavemente ante la forma intensa y despiadada con la que bebían de él. Había sabido que esto no iba a ser placentero cuando se ofreció y cuán fuera de sus cabales estaba el purasangre, pero aún así había aceptado el riesgo. Zero no faltaría a su palabra y no intentó resistirse, se lo debía al otro vampiro. Kaname le había salvado la vida, le había dado su sangre más de una vez y el ex humano iba apagar esa deuda. De cualquier forma, luchar hubiera sido inútil. Estaba por completo a merced de Kaname y todo lo que podía hacer era rezar por no haber cometido un error fatal al ponerse en esta posición.
De a poco, el purasangre estaba comenzando a sentir que la vida le volvía y era algo intoxicante. La sangre de Zero le llenaba la boca y palpitaba en sus sentidos. Dio un suave gruñido contra el cuello pálido mientras lo colmaba un placer intenso y profundo. La sensación era más fuerte y abrumadora de lo que había sentido antes al beber de cualquier otra persona. Su corazón latía rápidamente y sus sentidos, que ya estaban alterados, entraron en un descontrol sensual ante la consumación del lazo entre ambos. Era algo amargamente irónico; ahora Kaname había formado dos lazos de sangre, ninguno por amor, ninguno que hubiera querido de antemano. Sus padres se debían estar revolcando en sus tumbas, y en lo más hondo de su ser… eso lo hacía sentir barato, como una puta.
Los dedos del vampiro se enredaron con más firmeza en los cabellos plateados. Tomó prestada una de las cosas típicas de Zero y, a propósito, sacó los dientes de la herida sólo para volverlos a hincar a unos milímetros de distancia. Su recompensa fue un pequeño gritito por parte de su compañero que hizo que le recorrieran el cuerpo unos profundos temblores. Era una sensación sombríamente deliciosa y no le cabían dudas de por qué Kiriyu lo había disfrutado tanto. Sin embargo, y a pesar de lo satisfactorio que era, después de la segunda vez Kuran no lo volvió a hacer, dejando que sus colmillos permanecieran en el mismo lugar. Por mucho que quisiera tratar a Zero despiadadamente, arrancarle la garganta, descargar toda su ira y dolor sobre la víctima que tuviera más a mano y lastimar a alguien más en la misma forma en que él había sido lastimado… al mismo tiempo, no podía. Si se adentraba demasiado por ese camino en su estado actual, Kaname sabía que ya no sería capaz de responder de sus actos. Zero no era ni remotamente quien merecía esta venganza, eso lo tenía que guardar para Ichijo y Rido.
Los dedos del ex humano se enterraron en la tierra con tanta fuerza como para penetrar la capa de hojas en estado de descomposición, clavando sus uñas con desesperación en el terreno duro y mojado. Mierda… No se había dado cuenta de cómo se sentía una mordedura doble estando de este lado. Causaba un dolor desmesurado y no tenía idea de cómo Kuran pudo haberse quedado quieto cuando las posiciones eran inversas. Si Kaname continuaba, Zero pronto estaría contrayéndose y luchando para liberarse de su agarre, incluso sin tener la intención de hacerlo. Pero al mismo tiempo, una ola de calor cubrió su cuerpo, un calor más profundo e intenso de lo que nunca antes había sentido. Le quitaba el aliento y formaba una especie de bulto caliente y líquido en su estómago e ingle. Ay Dios, no… ¡no, definitivamente no lo estaba excitando esto! Pero así era.
La boca de Kaname era muy hábil. Incluso mientras le sacaba la vida a Zero, sus labios y lengua le prodigaban atenciones a lo largo de las heridas que había causado y del lado expuesto de su cuello, exprimiendo del ex humano temblores imprevistos del más puro éxtasis sin darle ninguna oportunidad para recuperarse del fervor salvaje que palpitaba por sus venas.
La que te parió, Kuran. No te di permiso para que me hicieras sentir así…
La fuerza del lazo que ahora los unía intensificaba las sensaciones de ambos y el corazón del purasangre latía con un sonido sordo sobre la espalda de Zero. Otro gemido grave, esta vez más bien un ronroneo, se escapó de su garganta mientras se apoyaba más sobre el cuerpo del otro joven. La primera vez que Zero bebió su sangre, Kaname se había sentido un poco irritado ante sus reacciones. Pero después de lo que Ichijo le había hecho… después de la forma en que lo habían forzado repetida y maliciosamente a que se sintiera así, en que lo había atormentado su impotencia para controlar las reacciones que tenía al lazo con el viejo vampiro… Kaname estaba furioso y avergonzado de las cosas que ahora pasaban por su mente y su cuerpo. Nunca pidió esto, ni nada de lo que le estaba ocurriendo… no estaba furioso por culpa de Zero, pero estaba furioso. Amargamente furioso. Y eso avivaba su excitación y ansias de sangre.
Sus caderas se mecieron contra el ex humano con movimientos lentos aunque firmes, empujando al otro muchacho sobre el suelo una y otra vez mientras bebía y seguía bebiendo, sin prestarle atención al los posibles daños que le podría infligir.
Zero gruñó en protesta mientras Kaname se movía contra él y su rostro pálido se sonrojó, aunque de ninguna manera se debía a las reacciones de su propio cuerpo ante las caderas del purasangre que lo presionaban sin clemencia contra el suelo repetida y exóticamente. Ay Dios… se sentía tan bien, tan perturbadora e inimaginablemente bien la forma en que Kaname se mecía, el modo seductor en que se llevaba su sangre, haciendo que sus cabeza diera vueltas y vueltas… y más vueltas… pero ahora no era sólo la excitación la que lo mareaba. Su cuerpo tenso se iba debilitando entre los brazos de Kaname mientras un profundo desfallecimiento lo comenzaba a atrapar. Unos círculos bailaron frente a sus ojos e inclinó la cabeza sin fuerzas, dejándola colgar desde donde el otro vampiro lo sostenía por el pelo.
─Kaname… ─gimió suavemente.
Kaname casi no se daba cuenta de que Zero se estaba debilitando. Una parte de su mente lo sabía pero él trataba de mantener ignorante al resto de su consciencia porque todavía tenía hambre… porque podía secar por completo al ex humano y eso sólo comenzaría a saciarlo. Sin embargo, la parte que lo sabía estaba pidiendo atención a gritos y a medida que su cuerpo empezaba a sanar de las heridas más graves y el dolor se calmaba, su voz se hacía cada vez más fácil de oír.
Kaname nunca sabría si hubiera sido capaz de salir de la oscura nebulosa de las ansias de sangre a tiempo como para no matar a su compañero, ya que el suave ruido del seguro de un arma lo trajo de nuevo a la Tierra y el sonido de una voz familiar le clavó una astilla de gélido dolor en el pecho. Kaname se dio vuelta e instintivamente se puso de pie con un salto, gracias a la nueva fuerza que ahora corría por su cuerpo, levantando a Zero consigo. Sus dientes continuaron clavados profundamente en el cuello del lánguido muchacho en un gesto posesivo mientras lo sostenía contra su pecho y observaba a la persona recién llegada con ojos algo nublados aunque insondables.
─K-Kaname… detente… su-suéltalo ─dijo Yuki con una voz vacilante y que temblaba por el miedo mientras en sus manos la pistola de Zero se sacudía. El arma apuntaba directamente a Kaname. Sus palabras no eran una orden, eran una súplica, una súplica desesperada. Nada en su rostro pálido y lleno de dolor decía si realmente sería capaz de apretar el gatillo en caso de ser necesario.
Se había despertado sola y había encontrado la pistola de Zero donde el joven se la había dejado. Un grito de agonía del ex humano la había atraído a donde finalmente encontró a sus dos amigos. La expresión de la muchacha estaba desencajada por completo. Sabía que Kaname estaba sufriendo de una manera horrible; no lo culpaba por necesitar alimento, pero tampoco lo podía dejar lastimar a Zero. Éste estaba muy pálido y se veía muy débil, y a los ojos de Yuki el purasangre parecía estar a punto de matarlo. Tenía que proteger a Zero, así como hubiera tenido que proteger a Kaname si las posiciones hubieran estado invertidas… aunque el solo acto de apuntarle con la pistola hacía que se le encogiera el corazón y las lágrimas se acumularon en silencio en sus ojos.
La imagen fue tan fuerte para Kaname que lo hizo volver en sus cabales. Liberó los cabellos de Zero y su cuello, posando una caricia gentil y algo oscilante con sus labios sobre la herida mientras apoyaba al fláccido ex humano en el suelo, inclinándolo contra un árbol. Kiriyu todavía estaba consciente y su pecho se movía despacio, pero Kaname no pudo mirarlo a los ojos. Ni a Yuki.
Bueno, ahora ella lo sabía ¿no? Tanto ella como Zero. Ya fingir no servía de nada. Ésta era la verdad. Esto era el purasangre y lo que siempre sería, sin importar los ideales que abrigara o las causas que apoyara. Se estaba sintiendo mejor después de beber, pero sus heridas eran demasiado graves como para que pudieran sanar por completo y aún seguía mucho más débil de lo normal. Tropezando, Kaname retrocedió unos pasos para darle a los otros dos algo de espacio y tratar de mostrarles que ya no representaba una amenaza. Finalmente, levantó la vista por un momento para ponerla sobre Yuki, pasando sus ojos desahuciados y llenos de angustia de ella a Zero.
Perdón.
Pero la palabra se le murió en la boca. Se dejó caer al piso con desgana, sentándose y tapándose el rostro con sus manos atadas al mismo tiempo que su pelo descendía para esconderle la cara.
A Yuki le dolía en lo más profundo del alma la mirada que había visto en los ojos de Kaname y quiso correr hasta él y disculparse, reconfortarlo, hacer algo. Pero todavía le preocupaba Zero y se apresuró a ponerse a su lado, arrodillándose cerca del ex humano. Soltó el arma como si fuera una criatura venenosa que no quería tocar y puso una mano sobre la mejilla del joven, girándole la cabeza para que la mirara a los ojos.
─¿Zero, estás bien?
Zero parpadeó un par de veces, sintiéndose mareado, pero asintió con la cabeza tan rápido como le fue posible, levantando una mano y arrastrándola temblorosamente por su pelo. Las marcas de mordidas en su cuello todavía sangraban apenas, pero de a poco iban sanando. Kaname había tomado mucho, pero no tanto como para anular su habilidad de curarse. Sin embargo, no tenía idea de cómo racionalizar lo que había pasado recién entre él y el purasangre. No por la parte en que él bebió su sangre, sino por las… otras. Aquellas que hacían que su cuerpo debilitado se agitara y sintiera algo que definitivamente no era dolor.
─Estoy bien, Yuki, basta de preocuparte ─masculló, sin querer sonar cortante pero sintiéndose bastante mal. Tenía hambre, le dolía la cabeza… y estaba mortificantemente excitado.
Yuki estaba acostumbrada a la forma de ser del ex humano y no se ofendió. Gracias a Dios, tampoco pareció darse cuenta del otro problema que estaba teniendo el joven. Zero se sentó más erguido y su mirada errante fue a parar a donde Kaname se encontraba hecho una bolita a pocos pasos. Mierda… ¿realmente se sentía apenado por el purasangre que hace minutos casi lo había matado? La verdad que sí. Era un perfecto idiota… pero no podía evitarlo. Algo lo molestaba, algo le hacía querer hacer algo para aliviar el dolor escrito tan claramente en el cuerpo encorvado y pálido ¿Pero qué carajo se suponía que hiciera? Aparte, a Kaname no le iba a importar lo que tuviera para decir… ¿no?
─Todo está bien, Yuki ─dijo después de un momento, ahora con un tono un poco más gentil. Estaba conmovido y agradecido porque Yuki hubiera salido en su rescate, pero no quería que se preocupara… o que… culpara al otro vampiro. Por lo menos, no por esto. La consciencia de Zero era demasiado honesta.
─Le dije a Kaname que podía beber. Estoy bien, en serio.
Al oír eso, Yuki se alivio más de lo que le hubiera gustado admitir. Sin embargo, hubiera sido comprensiva incluso si Kaname hubiera atacado a Zero guiado por la desesperación. Después de todo, había perdonado al ex humano por haberle hecho lo mismo igual de rápido. Pero aún así, su corazón estaba más calmado ahora que sabía que a pesar de que el purasangre quizás hubiera estado tentado a ir demasiado lejos, no tomó nada que Zero no le hubiera ofrecido. También estaba orgullosa del ex humano… por haberlo hecho. Por haber hecho eso que ella deseaba poder hacer, pero que ninguno de los dos se lo permitiría. Sabía como se sentía Zero en cuanto a los vampiros en general y a Kaname en particular y pensó que había sido un gesto muy maduro y práctico por parte del joven.
Pese a esto, ella podía ver que los ojos del ex humano estaban teñidos con una fina capa de rojo. Él decía que estaba bien, pero en estos momentos estaba hambriento. Ella se puso los dedos en el cuello de su prenda de vestir, corriendo la tela sólo un poco.
─Zero… si necesitas… ─susurró suavemente.
Sí, Zero lo necesitaba, pero no aquí, no en este momento. No… no en frente de Kaname. Yuki nunca hubiera tenido esa intención, pero beber de ella ahora, justo al lado del purasangre, hubiera sido mucho más cruel de lo que Zero aceptaría ser. El joven sacudió la cabeza con rapidez.
─Estoy bien ─repitió─ Tal vez más tarde ¿si? ─agregó, bajando la voz hasta volverla un murmullo y mirando de reojo hacia la dirección en que estaba Kaname con ojos que hablaban por sí solos cuando la expresión de la muchacha le dijo que no le creía y que iba a insistir.
Yuki frunció el ceño. Pero claro… ¿cómo pudo haber sido tan desconsiderada? Nunca lastimaría a propósito a Kaname poniendo la esencia de su sangre en el aire cuando el joven todavía estaba hambriento. Sin embargo, ella continuaba ignorando la razón por la que le causaría daño. Para la muchacha, era sólo una cuestión de dar alimento… lo cual podía hacer por Zero aunque no por el otro joven. No entendía lo que significaba beber sangre para los vampiros, cosa que el ex humano recién estaba comenzando a comprender.
Su garganta palpitaba de una forma extraña en el lugar donde se estaba curando la herida y Zero se llevó allí los dedos en un gesto ausente. Qué cosa extraña… un anhelo vacío le seguía atrayendo la vista hacia Kaname ¿Acaso esto era normal? ¿Acaso esto era parte de ese lazo de no sé qué del cual le había advertido el purasangre semanas atrás? No había pensado en eso cuando se ofreció, aunque no hubiera hecho las cosas diferentes. Kaname había necesitado sangre y si no la tenía iba a morir o a lastimarlos. No había tenido ninguna otra opción.
Qué bien… justo lo que necesitaba, más basura que le destruyera el cerebro.
Con un pequeño sobresalto, se dio cuenta de que Kaname tenía los dedos apoyados contra su propia garganta, en casi una imagen inconsciente y perfectamente idéntica a las acciones de Zero. Aunque sus ojos seguían bajos y no miraba al ex humano.
Yuki no notó lo que estaba observando el joven cazador, ya que se había puesto de pie y una vez más, su mano rozó tiernamente la mejilla de Zero como asegurándose de que estuviera bien antes de caminar en silencio hacia donde Kaname estaba sentado. Se arrodilló a su lado, alargando una mano vacilante y dejándola descansar ligeramente sobre su hombro. Ella estaba agradecida de que las peores heridas de su espalda estuvieran comenzando a sanar después de todo. Unas lastimaduras entrecruzadas y no del todo curadas todavía seguían en su lugar, siendo un vivo testamente de cuán gravemente había sido herido y de cuánto tiempo le llevaría recuperar su fuerza por completo, pero por lo menos ya no parecía que hubiera pasado por una picadora de carne.
Kaname se sorprendió e hizo un movimiento brusco ante el contacto. Yuki estuvo a punto de retroceder, aunque su instinto le dijo que no lo hiciera y, en cambio, dejó su mano donde estaba. El purasangre siempre había estado ahí cuando ella lo necesitaba y ahora que los roles se habían invertido, ella deseaba saber cómo estar ahí para él también. Hubo un silencio absoluto por unos momentos. Kaname no la miró y después de un rato, ella se dio cuenta que el vampiro estaba… temblando. Sintió las leves y profundas sacudidas bajo su palma y el corazón se le hizo pedazos. Lo habían lastimado tanto pero tanto, y ella le había apuntado con un arma. No se arrepentía de haberse involucrado por el bien de Zero, pero sí se arrepentía de toda esta horrible situación y del hecho desesperante de que no pudiera hacer que todo volviera a estar bien.
─Perdón ─susurró finalmente, con una voz ronca por el dolor de pecho─ Te pido mil disculpas, Kaname. Yo no te hubiera lastimado, no hubiera podido. Por favor, no me odies ─suplicó por lo bajo. Era todo lo que se le ocurrió decir.
Eso hizo que Kaname levantara la cabeza rápidamente para mirarla con unos ojos algo confundidos y anonadados. Por supuesto, pensaba que el sentimiento tendría que ser opuesto por completo.
─¿Odiarte? ─dijo con una sonrisa melancólica y cansada, acariciando suavemente la mejilla de la joven con dedos vacilantes y movimientos un poco torpes por sus muñecas atadas aunque infinitamente tiernos─ Eso no es posible. Pero Yuki, no deberías subir esa pistola sino hasta que estés lista para apretar el gatillo. Y deberías estarlo, querida ─él la miró con una expresión incomprensible─ De chica… te dejé verme mientras tomaba la sangre de Ruka ─la confesión salida de la nada sorprendió a Yuki, pero Kaname siguió hablando─ Necesitaba que entendieras que nunca voy a poder encajar en el pedestal en que me pones. No temes y deberías ─los ojos del vampiro desbordaban de tanta angustia que el solo hecho de verlos le quitó el aliento a la muchacha.
"─Antes pensaba que te podría ofrecer el mundo… pero ahora ya no tengo nada que valga la pena dar ─dijo con un suspiro suave y quebrado. Pasó los dedos con gentileza por los cabellos de la joven y luego los dejó caer sobre su regazo ¿Qué clase de hombre sería si le pidiera que lo aceptara en este estado tan deteriorado, con la oscuridad carcomiéndole el alma y atado a otros dos lazos de sangre? Incluso aunque pensara matar al dueño de uno de los lazos ni bien se le presentara la oportunidad. En estos momentos, el purasangre se sentía como un bien de segunda mano. Diablos, con Ichijo todavía en poder de ciertos derechos sobre las propiedades Kuran y de las finanzas por su papel como tutor y con Rido ahora apareciendo para convertirse en el nuevo líder de la familia… era muy posible que, figurativamente hablando, Kaname ya no tuviera un techo para cuando volvieran a la civilización. No tenía nada en absoluto para ofrecerle a nadie.
─¡No digas eso! ─la vehemencia en la voz de Yuki sorprendió al purasangre, así como las lágrimas que caían por sus mejillas─ ¡No te atrevas a decir cosas tan estúpidas! ─le dijo casi gritando─ ¡No cambió nada! Nada ─bajó la voz de repente pero su tono siguió siendo dolorosamente honesto─ Tu corazón es precioso, Kaname. Siempre lo fue y siempre lo será. Nadie puede cambiar eso o sacártelo. Dices que debería temerte, pero lo lamento, no puedo. No puedo temerle a quien me salvó la vida cuando era tan solo una niña, quien venía corriendo cada vez que papá inventaba alguna estúpida catástrofe que supuestamente me había pasado, quien arriesgó su vida para salvar a Zero, quien en plena agonía y completamente famélico estaba preparado para morir antes de arriesgarse a lastimarme… ─Yuki se ahogó. Tomó el rostro de Kaname entre sus manos y acarició con sus pulgares las cicatrices que todavía quedaban ahí─ Así que, deja ya de ser tan tonto ─susurró, con una voz increíblemente tierna a pesar de las palabras.
Kaname se quedó estupefacto por la sorpresa y también por otras emociones menos definidas aunque mucho más profundas. La miró con fijeza y en silencio. Luego ladeó la cabeza entre las manos de Yuki, fundiéndose con su tacto mientras se inclinaba… y la joven sintió la tibieza de unas lágrimas saladas y mudas que se deslizaban por sus dedos, escondidas por la oscura cortina de pelo que caía alrededor del rostro de Kaname.
Yuki se dio cuenta que a pesar de haberlo conocido hacía tantos años… nunca antes lo había visto llorar.
