N/T: Crepúsculo es de Stephenie Meyer y la historia de direwolfy
INTERROGATORIOS
A la mañana siguiente resultó muy difícil discutir con esa parte de mí que estaba convencida de que la noche pasada había sido un sueño. Ni la lógica ni el sentido común estaban de mi lado. Me aferraba a las partes que no podían ser de mi invención, como el olor de Edward. Estaba segura de que algo así jamás hubiera sido producto de mis propios sueños.
En el exterior, el día era brumoso y oscuro. Perfecto. Edward no tenía razón alguna para no asistir a clase hoy. Me vestí con ropa de mucho abrigo al recordar que no tenía la cazadora, otra prueba de que mis recuerdos eran reales.
"¿Qué te pasa con eso de comprobar que todo no sea producto de tu tan imaginativa mente?" musitó Edward recordando la noche cuando habían regresado de Italia.
"Bueno, suelo tener sueños un tanto inusuales" sonrió Bella, también recordando aquella noche.
Al bajar las escaleras, descubrí que Charlie ya se había ido. Era más tarde de lo que creía. Devoré en tres bocados una barra de muesli acompañada de leche, que bebí a morro del cartón, y salí a toda prisa por la puerta. Con un poco de suerte, no empezaría a llover hasta que hubiera encontrado a Jessica.
"No necesitabas preocuparte de ello en absoluto" sonrió Edward.
Había más niebla de lo acostumbrado, el aire parecía impregnado de humo. Su contacto era gélido cuando se enroscaba a la piel expuesta del cuello y el rostro. No veía el momento de llegar al calor de mi vehículo. La neblina era tan densa que hasta que no estuve a pocos metros de la carretera no me percaté de que en ella había un coche, un coche plateado. Mi corazón latió despacio, vaciló y luego reanudó su ritmo a toda velocidad.
No vi de dónde había llegado, pero de repente estaba ahí, con la puerta abierta para mí.
— ¿Quieres dar una vuelta conmigo hoy? —preguntó, divertido por mi expresión, sorprendiéndome aún desprevenida.
Percibí incertidumbre en su voz. Me daba a elegir de verdad, era libre de rehusar y una parte de él lo esperaba. Era una esperanza vana.
"Por supuesto" murmuró Edward, sonriendo a Bella comprensivamente.
—Sí, gracias —acepté e intenté hablar con voz tranquila.
Al entrar en el caluroso interior del coche me di cuenta de que su cazadora color canela colgaba del reposacabezas del asiento del pasajero. Cerró la puerta detrás de mí y, antes de lo que era posible imaginar, se sentó a mi lado y arrancó el motor.
"No había más razones para pretender ahora que conocías la verdad"
"Como si hubiese hecho gran trabajo pretendiendo antes de eso…" murmuró Rosalie.
—He traído la cazadora para ti. No quiero que vayas a enfermar ni nada por el estilo.
Hablaba con cautela. Me di cuenta de que él mismo no llevaba cazadora, sólo una camiseta gris de manga larga con cuello de pico. De nuevo, el tejido se adhería a su pecho musculoso. El que apartara la mirada de aquel cuerpo fue un colosal tributo a su rostro.
Si Bella no se hubiese sentido tan avergonzada, habría tenido gran dificultad en no reír ante la expresión en la cara de Charlie.
—No soy tan delicada —dije, pero me puse la cazadora sobre el vientre e introduje los brazos en las mangas, demasiado largas, con la curiosidad de comprobar si el aroma podía ser tan bueno como lo recordaba. Era mejor.
— ¿Ah, no? —me contradijo en voz tan baja que no estuve segura de si quería que lo oyera.
"Para un humano, pues no" dijo Bella.
Todos las miraron escépticamente. Bella suspiró y puso sus ojos en blanco.
"No hablo de la parte de ser torpe. Me refiero a que casi nunca enfermaba. Y tenía más resistencia física de lo que piensan, de lo contrario hace rato hubiese terminado en silla de ruedas" añadió ella.
Los otros rieron. Ella tenía un punto.
El vehículo avanzó a toda velocidad entre las calles cubiertas por los jirones de niebla. Me sentía cohibida. De hecho, lo estaba. La noche pasada todas las defensas estaban bajas... casi todas. No sabía si seguíamos siendo tan cándidos hoy. Me mordí la lengua y esperé a que hablara él.
Se volvió y me sonrió burlón.
— ¿Qué? ¿No tienes veinte preguntas para hoy?
"Y dices que no puedes leer mi mente"
— ¿Te molestan mis preguntas? —pregunté, aliviada.
—No tanto como tus reacciones.
Parecía bromear, pero no estaba segura.
"No bromeaba" suspiró Edward.
Fruncí el ceño.
— ¿Reaccioné mal?
"Ya quisiera" murmuró Jacob "cualquier otra persona estaría corriendo asustada para entonces"
—No. Ese es el problema. Te lo tomaste todo demasiado bien, no es natural. Eso me hace preguntarme qué piensas en realidad.
—Siempre te digo lo que pienso de verdad.
—Lo censuras —me acusó.
—No demasiado.
"Si que lo haces"
—Lo suficiente para volverme loco.
Emmett se rió ante la irritación de su hermano. Éste solo lo fulminó con la mirada.
—No quieres oírlo —mascullé casi en un susurro.
En cuanto pronuncié esas palabras, me arrepentí de haberlo hecho. El dolor de mi voz era muy débil. Sólo podía esperar que él no lo hubiera notado.
"Él probablemente lo hizo… y ahora piensa que lo odias en secreto o algo parecido" rió Jacob "¡de verdad que eres el rey del drama!"
"¡No le digas eso!" reprimió Renesmee, aunque ella también echaba sus risitas.
No me respondió, por lo que me pregunté si le había hecho enfadar. Su rostro era inescrutable mientras entrábamos en el aparcamiento del instituto. Ya tarde, se me ocurrió algo.
— ¿Dónde están tus hermanos? —pregunté, muy contenta de estar a solas con él, pero recordando que habitualmente ese coche iba lleno.
—Han ido en el coche de Rosalie —se encogió de hombros mientras aparcaba junto a un reluciente descapotable rojo con la capota levantada—. Ostentoso, ¿verdad?
—Eh... ¡Caramba! —musité—. Si ella tiene esto, ¿por qué viene contigo?
"Algo que jamás podré entender" murmuró Jacob con expresión soñadora. Rosalie lo miró un tanto con expresión disgustada y otro tanto halagada.
—Como te he dicho, es ostentoso. Intentamos no desentonar.
"No hacen gran trabajo" murmuró Leah "si tratan de verse normales no deberían verse tan perfectos en todo lo que hacen, eso es definitivamente inhumano"
"Buen punto" accedió Carlisle "pero sería más difícil, si alguien se equivoca en algo lo suficiente, llamaría la atención a nosotros de manera incalculable. Ahora, aunque piensen que hay algo diferente con nosotros, no pueden distinguir la diferencia"
—No tenéis éxito. —Me reí y sacudí la cabeza mientras salíamos del coche. Ya no llegábamos tarde; su alocada conducción me había traído a la escuela con tiempo de sobra—. Entonces, ¿por qué ha conducido Rosalie hoy si es más ostentoso?
— ¿No lo has notado? Ahora, estoy rompiendo todas las reglas.
Sam frunció el ceño. Eso sonaba tan… descuidado. Como si esperara un mal resultado.
Se reunió conmigo delante del coche y permaneció muy cerca de mí mientras caminábamos hacia el campus. Quería acortar esa pequeña distancia, extender la mano y tocarle, pero temía que no fuera de su agrado.
— ¿Por qué todos vosotros tenéis coches como ésos si queréis pasar desapercibidos? —me pregunté en voz alta.
Todos los chicos la miraron sin poder comprender. ¿En serio hacía esa pregunta?
"Solo tú Bella"
—Un lujo —admitió con una sonrisa traviesa—. A todos nos gusta conducir deprisa.
"Me cuadra" musitó Charlie.
—Me cuadra —musité.
Algunas personas rieron.
Con los ojos a punto de salirse de sus órbitas, Jessica estaba esperando debajo del saliente del tejado de la cafetería. Sobre su brazo, bendita sea, estaba mi cazadora.
"Por supuesto" rió Emily.
—Eh, Jessica —dije cuando estuvimos a pocos pasos—. Gracias por acordarte.
Me la entregó sin decir nada.
—Buenos días, Jessica —la saludó amablemente Edward. No tenía la culpa de que su voz fuera tan irresistible ni de lo que sus ojos eran capaces de obrar.
—Eh... Hola —posó sus ojos sobre mí, intentando reunir sus pensamientos dispersos—. Supongo que te veré en Trigonometría.
Me dirigió una mirada elocuente y reprimí un suspiro. ¿Qué demonios iba a decirle?
"Dile que no se meta. No le incumbe" sugirió Leah.
"En verdad es un buen consejo" indicó Rosalie, algo sorprendida.
"E, chicas, es Bella de quien hablamos" les recordó Alice poniendo sus ojos en blanco de manera desesperada.
"Oh"
"Chicas, Bella esta justo aquí" interceptó la mencionada, algo irritada.
—Sí, allí nos vemos.
Se alejó, deteniéndose dos veces para mirarnos por encima del hombro.
— ¿Qué le vas a contar? —murmuró Edward.
— ¡Eh! ¡Creía que no podías leerme la mente! —susurré.
—No puedo —dijo, sobresaltado. La comprensión relució en los ojos de Edward—, pero puedo leer la suya. Te va a tender una emboscada en clase.
Seth rio "pobre Bella es demasiado educada para decirle que no"
Charlie rió un poco. La mente de las mujeres…
Gemí mientras me quitaba su cazadora y se la entregaba para remplazarla por la mía. La dobló sobre su brazo.
—Bueno, ¿qué le vas a decir?
—Una ayudita —supliqué—, ¿qué quiere saber?
Edward negó con la cabeza y esbozó una sonrisa malévola.
—Eso no es elegante.
"¿Acaso sabes algo de elegancia? Preguntó Jasper con una ceja alzada.
"Buen punto" accedió Edward.
—No, lo que no es elegante es que no compartas lo que sabes.
Lo estuvo reflexionando mientras andábamos. Nos detuvimos en la puerta de la primera clase.
—Quiere saber si nos estamos viendo a escondidas, y también qué sientes por mí —dijo al final.
— ¡Oh, no! ¿Qué debo decirle?
Intenté mantener la expresión más inocente. La gente pasaba a nuestro lado de camino a clase, probablemente mirando, pero apenas era consciente de su presencia.
—Humm —hizo una pausa para atrapar un mechón suelto que se había escapado del nudo de mi coleta y lo colocó en su lugar. Mi corazón resopló de hiperactividad—. Supongo que, si no te importa, le puedes decir que sí a lo primero... Es más fácil que cualquier otra explicación.
"Apuesto a que no le importa"
—No me importa —dije con un hilo de voz.
—En cuanto a la pregunta restante... Bueno, estaré a la escucha para conocer la respuesta.
Seth rió "inteligente"
Curvó una de las comisuras de la boca al esbozar mi sonrisa picara predilecta. Se dio la vuelta y se alejó.
—Te veré en el almuerzo —gritó por encima del hombro. Las tres personas que traspasaban la puerta se detuvieron para mirarme.
Colorada e irritada, me apresuré a entrar en clase. ¡Menudo tramposo! Ahora estaba incluso más preocupada sobre lo que le iba a decir a Jessica. Me senté en mi sitio de siempre al tiempo que lanzaba la cartera contra el suelo con fastidio.
—Buenos días, Bella —me saludó Mike desde el asiento contiguo. Alcé la vista para ver el aspecto extraño y resignado de su rostro. ¿Cómo te fue en Port Ángeles?
—Fue... —no había una forma sincera de resumirlo—. Estuvo genial —concluí sin convicción—.
"No es exactamente la palabra que hubiese usado" murmuró Charlie estremeciéndose.
Jessica consiguió un vestido estupendo.
— ¿Dijo algo de la noche del lunes? —preguntó con los ojos relucientes. Sonreí ante el giro que había tomado la conversación.
"Me atrevo a decir que no ha escuchado aún sobre lo tuyo con Edward" dijo Billy. Seguramente, de ser lo contrario el chico hubiese estado más interesado en ello.
Bella se encogió de hombros "supongo que no" No estaba tan segura, pero podía recordar vagamente tener algo como una confrontación con Mike cuando se enteró.
Edward asintió "Jessica le dijo a la hora del almuerzo"
—Dijo que se lo había pasado realmente bien —le confirmé.
— ¿Seguro? —dijo con avidez.
—Segurísimo.
"Que encantadora conversación"
Entonces, el señor Masón llamó al orden a la clase y nos pidió que entregásemos nuestros trabajos. Lengua e Historia se pasaron de forma borrosa, mientras yo seguía preocupada sobre la forma en que iba a explicarle las cosas a Jessica. Me iba costar muchísimo si Edward estaba escuchando lo que decía a través de los pensamientos de Jessica. ¡Qué inoportuno podía llegar a ser su pequeño don cuando no servía para salvarme la vida!
Todos rieron.
"Cierto"
La niebla se había disuelto hacia el final de la segunda hora, pero el día seguía oscuro, con nubes bajas y opresivas. Le sonreí al cielo.
Edward estaba en lo cierto, por supuesto. Jessica se sentaba en la fila de atrás cuando entré en clase de Trigonometría, casi botando fuera del asiento de pura agitación. Me senté a su lado con renuencia mientras me intentaba convencer a mí misma de que sería mejor zanjar el asunto lo antes posible.
"En realidad le estás dando más tiempo para preguntarte cosas" rió Jasper. Bella le dedicó un mohín mientras los otros reían.
— ¡Cuéntamelo todo! —me ordenó antes de que me sentara.
Emily rió, ya se lo esperaba.
— ¿Qué quieres saber? —intenté salirme por la tangente.
— ¿Qué ocurrió anoche?
—Me llevó a cenar y luego me trajo a casa.
Ahora todos reían.
"Aún pienso que decirla que se callara era una buena idea, pero me gusta la tuya también" sonrió Rosalie.
Me miró con una forzada expresión de escepticismo.
— ¿—Cómo llegaste a casa tan pronto?
—Conduce como un loco —esperaba que oyera eso—.
"Si lo hice" sonrió Edward.
Fue aterrador.
— ¿Fue como una cita? ¿—Le habías dicho que os reunierais allí?
No había pensado en eso.
—No... Me sorprendió mucho verle en Forks.
Contrajo los labios contrariada ante la manifiesta sinceridad de mi voz.
"Pobrecita" rió Sue "necesitará una pala para sacarte información"
—Pero él te ha recogido hoy para traerte a clase... —me sondeó.
—Sí, eso también ha sido una sorpresa. Se dio cuenta de que la noche pasada no tenía la cazadora —le expliqué.
—Así que... ¿vais a salir otra vez?
—Se ofreció a llevarme a Seattle el sábado, ya que cree que mi coche no es demasiado fiable. ¿Eso cuenta?
—Sí —asintió.
—Bueno, entonces, sí.
—V—a—y—a —magnificó la palabra hasta hacerla de cuatro sílabas—. Edward Cullen.
—Lo sé —admití. «Vaya» ni siquiera se acercaba.
Charlie sacudió la cabeza. A veces de verdad que no podía entender a las mujeres.
Muchos de los chicos mostraban la misma expresión. Las chicas solo reían.
— ¡Aguarda! —alzó las manos con las palmas hacia mí como si estuviera deteniendo el tráfico—. ¿Te ha besado?
—No —farfullé—. No es de ésos.
Pareció decepcionada, y estoy segura de que yo también.
— ¿Crees que el sábado...? —alzó las cejas.
—Lo dudo, de verdad.
Oculté muy mal el descontento de mi voz.
— ¿Sobre qué hablasteis? —me susurró, presionándome en busca de más información. La clase había comenzado, pero el señor Varner no prestaba demasiada atención y no éramos las únicas que seguíamos hablando.
—No sé, Jess, de un montón de cosas —le respondí en susurros—. Hablamos un poco del trabajo de Literatura.
Muy, muy poco, creo que él lo mencionó de pasada.
"¿Lo hizo?" preguntó Emily perdida en sus pensamientos. Ni siquiera recordaba eso.
"Hubo algo de eso" murmuró Alice.
—Por favor, Bella —imploró—. Dame algunos detalles.
"Desesperada" rio Jacob, negando con la cabeza.
—Bueno... De acuerdo. Tengo uno. Deberías haber visto a la camarera flirteando con él. Fue una pasada, pero él no le prestó ninguna atención.
A ver qué puede hacer Edward con eso.
—Eso es buena señal —asintió—. ¿Era guapa?
—Mucho, y probablemente tendría diecinueve o veinte años.
—Mejor aún. Debes de gustarle.
—Eso creo, pero resulta difícil de saber —suspirando, añadí en beneficio de Edward—. Es siempre tan críptico...
—No sé cómo has tenido suficiente valor para estar a solas con él —musitó.
— ¿Por qué?
Me sorprendí, pero ella no comprendió mi reacción.
"Porque es un vampiro tenebroso, ¡da!" dijo Jacob como si fuera la cosa más obvia del mundo.
"¿Están diciendo que me tienes miedo?" preguntó Edward con un brillo extraño en sus ojos.
La expresión en la cara de Jacob era incomparable. "¡No, por supuesto que no!" exclamó él indignado. "pero sé como le darías miedo a una pobre indefensa adolescente humana"
"Pero yo doy más miedo" dijo Emmett orgulloso de si mismo.
—Intimida tanto... Yo no sabría qué decirle.
Hizo una mueca, probablemente al recordar esta mañana o la pasada noche, cuando él empleó la aplastante fuerza de sus ojos sobre ella.
"Pobre Jessica" rio Esme suavemente. "No debes deslumbrar a las chicas de esa manera, no es de buena educación" bromeó a Edward.
Edward rio "trataré de no volverlo a hacer mamá" prometo él.
—Cometo algunas incoherencias cuando estoy cerca de él —admití.
—Oh, bueno. Es increíblemente guapo.
Jessica se encogió de hombros, como si eso excusara cualquier fallo, lo cual, en su opinión, probablemente fuera así.
"Por supuesto"
—Él es mucho más que eso.
— ¿De verdad? ¿Como qué?
Quise haberlo dejado correr casi tanto como esperaba que se lo tomara a broma cuando se enterara.
"Por cierta razón, lo dudo mucho" sonrió Seth, atisbando la expresión de Edward.
—No te lo puedo explicar ahora, pero es incluso más increíble detrás del rostro.
El vampiro que quería ser bueno, que corría a salvar vidas, ya que así no sería un monstruo... Miré hacia la parte delantera de la clase.
— ¿Es eso posible? —dijo entre risitas.
"¡Si, si lo es!" dijo Bella al libro, tratando de ignorar las risillas que causó esto.
La ignoré, intentando aparentar que prestaba atención al señor Varner.
—Entonces, ¿te gusta?
No se iba a dar por vencida.
—Sí —respondí de forma cortante.
—Me refiero a que si te gusta de verdad —me apremió.
Todos los chicos pusieron los ojos en blanco.
—Sí —dije de nuevo, sonrojándome.
Esperaba que ese detalle no se registrara en los pensamientos de Jessica. Las respuestas monosilábicas le iban a tener que bastar.
— ¿Cuánto te gusta?
—Demasiado —le repliqué en un susurro—, más de lo que yo le gusto a él, pero no veo la forma de evitarlo.
Solté un suspiro. Un sonrojo enmascaró el siguiente.
Edward sacudió la cabeza tristemente "Bella"
"Ya lo sé" murmuró Bella, retirando su escudo. Lo sé.
Entonces, por fortuna, el señor Varner le hizo a Jessica una pregunta.
No tuvo oportunidad de continuar con el tema durante la clase y en cuanto sonó el timbre inicié una maniobra de evasión.
—En Lengua, Mike me ha preguntado si me habías dicho algo sobre la noche del lunes —le dije.
Jasper rió.
"Bueno, ya sabes defensa es la mejor ofensa" sonrió Bella.
"Eso es exactamente lo que estaba pensando" admitió Jasper.
Bella rió "lo supuse"
Charlie miró a ambos confundido "¿demasiado estilo militar?" preguntó él.
"No tienes ni idea" murmuró Edward.
— ¡Estás de guasa! ¡¿Qué le dijiste?! —exclamó con voz entrecortada, desviada por completo su atención del asunto.
— ¡Dime exactamente qué dijo y cuál fue tu respuesta palabra por palabra!
Sam rio "Parece algo de lo que debemos aprender. Especialmente cuando la gente piensa cosas inadecuadas en los momentos inadecuados"
Charlie trató de esconder su mueca. De verdad esperaba que estuviesen hablando acerca de Edward. Una persona que pudiese leer mentes era suficientemente malo.
Nos pasamos el resto del camino diseccionando la estructura de las frases y la mayor parte de la clase de español con una minuciosa descripción de las expresiones faciales de Mike. No hubiera estirado tanto el tema de no ser porque me preocupaba convertirme de nuevo en el tema de la conversación.
Entonces sonó el timbre del almuerzo. El hecho de que me levantara de un salto de la silla y guardase precipitadamente los libros en la mochila con expresión animada, debió de suponer un indicio claro para Jessica, que comentó:
—Hoy no te vas a sentar con nosotros, ¿verdad?
—Creo que no.
No estaba segura de que no fuera a desaparecer inoportunamente otra vez. Pero Edward me esperaba a la salida de nuestra clase de Español, apoyado contra la pared; se parecía a un dios heleno más de lo que nadie debería tener derecho. Jessica nos dirigió una mirada, puso los ojos en blanco y se marchó.
"Son momentos como estos en los que extraño a Jessica" suspiró ella. "Ella entendí indirectas, al contrario de mi queridísima hermana" dijo mirando Alice con falso reproche mientras ella le devolvía una mirada inocente acompañada de un puchero que hizo que Bella suspirara.
—Te veo luego, Bella —se despidió, con una voz llena de implicaciones. Tal vez debería desconectar el timbre del teléfono.
—Hola —dijo Edward con voz divertida e irritada al mismo tiempo. Era obvio que había estado escuchando.
—Hola.
No se me ocurrió nada más que decir y él no habló —a la espera del momento adecuado, presumí—, por lo que el trayecto a la cafetería fue un paseo en silencio. El entrar con Edward en el abigarrado flujo de gente a la hora del almuerzo se pareció mucho a mi primer día: todos me miraban.
Encabezó el camino hacia la cola, aún sin despegar los labios, a pesar de que sus ojos me miraban cada pocos segundos con expresión especulativa. Me parecía que la irritación iba venciendo a la diversión como emoción predominante en su rostro. Inquieta, jugueteé con la cremallera de la cazadora.
"¿Qué te irritó tanto?" preguntó Charlie, aunque él ya tenía una idea.
"Ella pensó que me amaba más que yo la amaba" dijo él simplemente "como si fuera humanamente posible.
Se dirigió al mostrador y llenó de comida una bandeja.
— ¿Qué haces? —objeté—. ¿No irás a llevarte todo eso para mí?
Negó con la cabeza y se adelantó para pagar la comida.
—La mitad es para mí, por supuesto.
Enarqué una ceja.
Me condujo al mismo lugar en el que nos habíamos sentado la vez anterior. En el extremo opuesto de la larga mesa, un grupo de chicos del último curso nos miraron anonadados cuando nos sentamos uno frente a otro. Edward parecía ajeno a este hecho.
—Toma lo que quieras —dijo, empujando la bandeja hacia mí.
—Siento curiosidad —comenté mientras elegía una manzana y la hacía girar entre las manos—, ¿qué harías si alguien te desafiara a comer?
—Tú siempre sientes curiosidad.
Hizo una mueca y sacudió la cabeza. Me observó fijamente, atrapando mi mirada, mientras alzaba un pedazo de pizza de la bandeja, se la metía en la boca de una sola vez, la masticaba rápidamente y se la tragaba. Lo miré con los ojos abiertos como platos.
Todos los vampiros gimieron.
"No era una sugerencia, tonto" dijo Alice exasperada.
"Ya lo se" dijo Edward haciendo una mueca, aunque sus ojos brillaban con diversión.
Alice sacudió la cabeza "como alguien puede tocar esa cosa, me lo he preguntado todo el tiempo"
"Hubo un tiempo en el que no podías sobrevivir sin ello" indicó Sam. ¿No era hipócrita criticar a la comida cunado en algún momento lo habías disfrutado?"
"Así me dicen" musitó la menuda vampira "aún dudo su veracidad"
Sam la miró confundido, pero decidió no presionar más el tema.
—Si alguien te desafía a tragar tierra, puedes, ¿verdad? —preguntó con condescendencia.
Arrugué la nariz.
—Una vez lo hice... en una apuesta —admití—. No fue tan malo.
Emmett hizo una mueca haciendo que todos los vampiros se echaran a reír. Los otros los miraron confundidos.
"Edward y yo lo retamos a que se coma toda la cajita feliz una vez, en medio de mucha gente parta que no se pueda quejar" explicó Jasper sonriendo ante la memoria "buenos tiempos"
"Lo dice el que se tuvo que vestir de Madona y coquetear con todos los borrachos que encontrara en La Vegas durante el periodo de tres horas" dijo Emmett en respuesta.
"Bueno eso no es nada en comparación con lo que tuvo que hacer Edward, les doy dos palabras clave: club nocturno y canguros"
"Al menos yo no terminé en la cárcel"
"¡Yo tampoco! Solo fue una pequeña confusión…"
Los tres parecían haber olvidado al resto de personas en el cuarto, mientras recordaban aquellas anécdotas, unas más locas que las otras. Los humanos y hombre lobo se les quedaron mirando como nunca jamás lo habían hecho.
"¡Bueno! Tenemos que terminar un libro aquí" les recordó Esme.
Se echó a reír.
—Supongo que no me sorprende.
Algo por encima de mi hombro pareció atraer su atención.
—Jessica está analizando todo lo que hago. Luego, lo montará y desmontará para ti.
Empujó hacia mí el resto de la pizza. La mención de Jessica devolvió a su semblante una parte de su antigua irritación. Dejé la manzana y mordí la pizza, apartando la vista, ya que sabía que Edward estaba a punto de comenzar.
— ¿De modo que la camarera era guapa? —preguntó de forma casual.
— ¿De verdad que no te diste cuenta?
—No. No prestaba atención. Tenía muchas cosas en la cabeza.
—Pobre chica.
Todas las chicas rieron.
Ahora podía permitirme ser generosa.
—Algo de lo que le has dicho a Jessica..., bueno..., me molesta.
Se negó a que le distrajera y habló con voz ronca mientras me miraba con ojos de preocupación a través de sus largas pestañas.
—No me sorprende que oyeras algo que te disgustara. Ya sabes lo que se dice de los cotillas —le recordé.
"Díselo, hermanita"
—Te previne de que estaría a la escucha.
—Y yo de que tú no querrías saber todo lo que pienso.
—Lo hiciste —concedió, todavía con voz ronca—, aunque no tienes razón exactamente. Quiero saber todo lo que piensas... Todo. Sólo que desearía que no pensaras algunas cosas.
Fruncí el ceño.
—Esa es una distinción importante.
—Pero, en realidad, ése no es el tema por ahora.
—Entonces, ¿cuál es?
En ese momento, nos inclinábamos el uno hacia el otro sobre la mesa. Su barbilla descansaba sobre las alargadas manos blancas; me incliné hacia delante apoyada en el hueco de mi mano. Tuve que recordarme a mí misma que estábamos en un comedor abarrotado, probablemente con muchos ojos curiosos fijos en nosotros. Resultaba demasiado fácil dejarse envolver por nuestra propia burbuja privada, pequeña y tensa.
— ¿De verdad crees que te interesas por mí más que yo por ti? —murmuró, inclinándose más cerca mientras hablaba traspasándome con sus relucientes ojos negros.
Intenté acordarme de respirar. Tuve que desviar la mirada para recuperarme.
—Lo has vuelto a hacer —murmuré.
Abrió los ojos sorprendido.
— ¿El qué?
—Aturdirme —confesé. Intenté concentrarme cuando volví a mirarlo.
Todos rieron.
"Esa es la razón por la cual ninguno de ustedes es capaz de ganar en un argumento contra el otro" rió Emmett "y yo que estaba pensando en otras cosas que los distraían…"
"Cállate. ¡ahora!" amenazó Edward. Luego dándose cuenta de la forma en la que el resto lo miraba, añadió "sus pensamientos" Él suspiró, frotando sus cienes.
—Ah —frunció el ceño.
—No es culpa tuya —suspiré—. No lo puedes evitar.
— ¿Vas a responderme a la pregunta?
—Si.
— ¿Sí me vas a responder o sí lo piensas de verdad?
Se irritó de nuevo.
—Sí, lo pienso de verdad.
Fijé los ojos en la mesa, recorriendo la superficie de falso veteado. El silencio se prolongó.
Con obstinación, me negué a ser la primera en romperlo, luchando con todas mis fuerzas contra la tentación de atisbar su expresión.
—Te equivocas —dijo al fin con suave voz aterciopelada. Alcé la mirada y vi que sus ojos eran amables.
—Eso no lo puedes saber —discrepé en un cuchicheo. Negué con la cabeza en señal de duda; aunque mi corazón se agitó al oír esas palabras, pero no las quise creer con tanta facilidad.
— ¿Qué te hace pensarlo?
Sus ojos de topacio líquido eran penetrantes, se suponía que intentaban, sin éxito, obtener directamente la verdad de mi mente.
Emmett resopló "¿En serio están discutiendo quien quiere al otro más?"
"Bueno… mas o menos… si" sonrió Bella.
Le devolví la mirada al tiempo que me esforzaba por pensar con claridad, a pesar de su rostro, para hallar alguna forma de explicarme. Mientras buscaba las palabras, le vi impacientarse. Empezó a fruncir el ceño, frustrado por mi silencio. Quité la mano de mi cuello y alcé un dedo.
—Déjame pensar —insistí.
Su expresión se suavizó, ahora satisfecho de que estuviera pensando una respuesta. Dejé caer la mano en la mesa y moví la mano izquierda para juntar ambas. Las contemplé mientras entrelazaba y liberaba los dedos hasta que al final hablé:
—Bueno, dejando a un lado lo obvio, en algunas ocasiones... —vacilé—. No estoy segura, yo no puedo leer mentes, pero algunas veces parece que intentas despedirte cuando estás diciendo otra cosa.
No supe resumir mejor la sensación de angustia que a veces me provocaban sus palabras.
Esme suspiró.
—Muy perceptiva —susurró. Y mi angustia surgió de nuevo cuando confirmó mis temores—, aunque por eso es por lo que te equivocas —comenzó a explicar, pero entonces entrecerró los ojos—. ¿A qué te refieres con «lo obvio»?
—Bueno, mírame —dije, algo innecesario puesto que ya lo estaba haciendo—. Soy absolutamente normal; bueno, salvo por todas las situaciones en que la muerte me ha pasado rozando y por ser una inútil de puro torpe. Y mírate a ti.
Lo señalé con un gesto de la mano, a él y su asombrosa perfección.
Todos pusieron sus ojos en blanco.
La frente de Edward se crispó de rabia durante un momento para suavizarse luego, cuando su mirada adoptó un brillo de comprensión.
—Nadie se ve a sí mismo con claridad, ya sabes. Voy a admitir que has dado en el clavo con los defectos —se rió entre dientes de forma sombría—, pero no has oído lo que pensaban todos los chicos de esta escuela el día de tu llegada.
"Y créeme que no lo quieres saber" gruñó Edward. Charlie gruñó enojado"
—No me lo creo... —murmuré para mí y parpadeé, atónita.
—Confía en mí por esta vez, eres lo opuesto a lo normal.
Mi vergüenza fue mucho más intensa que el placer ante la mirada procedente de sus ojos mientras pronunciaba esas palabras. Le recordé mi argumento original rápidamente:
—Pero yo no estoy diciendo adiós —puntualicé.
— ¿No lo ves? Eso demuestra que tengo razón. Soy quien más se preocupa, porque si he de hacerlo, si dejarlo es lo correcto —enfatizó mientras sacudía la cabeza, como si luchara contra esa idea—, sufriré para evitar que resultes herida, para mantenerte a salvo.
Sam se estremeció, pensando en el tiempo en el que trató de apartarse de Emily y pensando cuanto le dolía. Pensó también en el momento en el que encontró a Bella en el bosque y cuan dolida se veía. ¿Qué había de Edward? ¿De verdad trató de mantenerla a salvo? Y si lo hizo, ¿cuánto le dolió a él?
Le miré fijamente.
— ¿Acaso piensas que yo no haría lo mismo?
—Nunca vas a tener que efectuar la elección.
Su impredecible estado de ánimo volvió a cambiar bruscamente y una sonrisa traviesa e irresistible le cambió las facciones.
—Por supuesto, mantenerte a salvo se empieza a parecer a un trabajo a tiempo completo que requiere de mi constante presencia.
Si… si tan solo te hubiese acordado de eso, pensó Bella, inmensamente agradecida de que Edward no pueda leer su mente.
—Nadie me ha intentado matar hoy —le recordé, agradecida por abordar un tema más liviano.
"¿Más liviano?" repitió Charlie incrédulo. ¿El tema de la posible muerte de su bebe era tema liviano?
"Más liviano que el anterior" murmuró Bella, sin saber como expresarlo sin hacer que Edward se sienta culpable.
Charlie ladeó la cabeza. Él no tenía una respuesta para eso.
No quería que hablara más de despedidas. Si tenía que hacerlo, me suponía capaz de ponerme en peligro a propósito para retenerlo cerca de mí. Desterré ese pensamiento antes de que sus rápidos ojos lo leyeran en mi cara. Esa idea me metería en un buen lío.
"No lo dudes" gruñó Charlie, una expresión incrédula nublando su rostro. Edward asintió vehementemente.
—Aún —agregó.
—Aún —admití. Se lo hubiera discutido, pero ahora quería que estuviera a la espera de desastres.
—Tengo otra pregunta para ti —dijo con rostro todavía despreocupado.
—Dispara.
— ¿Tienes que ir a Seattle este sábado de verdad o es sólo una excusa para no tener que dar una negativa a tus admiradores?
Hice una mueca ante ese recuerdo.
—Todavía no te he perdonado por el asunto de Tyler, ya sabes —le previne—. Es culpa tuya que se haya engañado hasta creer que le voy a acompañar al baile de gala.
"Pero fue lo más gracioso" dijo Edward haciendo un puchero. Bella rió. Pensándolo bien, ya no le parecía tan embarazoso como antes. Aunque aún no era de su agrado.
—Oh, hubiera encontrado la ocasión para pedírtelo sin mi ayuda. En realidad, sólo quería ver tu cara —se rió entre dientes. Me hubiera enfadado si su risa no hubiera sido tan fascinante. Sin dejar de hacerlo, me preguntó—: Si te lo hubiera pedido, ¿me hubieras rechazado?
"Buena pregunta" rió Charlie. Charlie sabía más que nadie por que a Bella no le gustaban los bailes, pero si Edward le hubiese preguntado…
—Probablemente, no —admití—, pero lo hubiera cancelado después, alegando una enfermedad o un tobillo torcido.
Se quedó extrañado.
— ¿Por qué?
Moví la cabeza con tristeza.
—Supongo que nunca me has visto en gimnasia, pero creía que tú lo entenderías.
"Ahora le diste una idea" rió Carlisle para sí.
"Ya lo sé" musitó Bella "¿En qué estaba pensado?"
— ¿Te refieres al hecho de que eres incapaz de caminar por una superficie plana y estable sin encontrar algo con lo que tropezar?
—Obviamente.
—Eso no sería un problema —estaba muy seguro—. Todo depende de quién te lleve al bailar —vio que estaba a punto de protestar y me cortó—. Pero aún no me has contestado... ¿Estás decidida a ir a Seattle o te importaría que fuéramos a un lugar diferente?
En cuanto utilizó el plural, no me preocupé de nada más.
Todos rieron en entre dientes, y Bella justo en el momento en que abría su boca para protestar se paralizó.
"¿Qué sucede?" preguntó Edward tan bajo solo para que Bella oyera.
En vez de responder, Bella retiró su escudo. ¿Fue la primera vez que fuimos al prado, verdad? Edward asintió discretamente.
Bella buscó entre sus memorias borrosas, el día en el que fueron al prado. Estando uno al lado del otro, tocándose. Su primer beso… sus memorias de eso eran increíblemente claras.
Loso ojos de Edward se abrieron. ¡Oh!
No podremos retenerlos, se quejó Bella.
—Estoy abierta a sugerencias —concedí—, pero he de pedirte un favor.
Me miró con precaución, como hacía siempre que formulaba una pregunta abierta.
— ¿Cuál?
— ¿Puedo conducir?
Edward gruñó.
Frunció el ceño.
— ¿Por qué?
—Bueno, sobre todo porque cuando le dije a Charlie que me iba a Seattle, me preguntó concretamente si viajaba sola, como así era en ese momento. Probablemente, no le mentiría si me lo volviera a preguntar, pero dudo que lo haga de nuevo, y dejar el coche enfrente de la casa sólo sacaría el tema a colación de forma innecesaria. Y además, porque tu manera de conducir me asusta.
Puso los ojos en blanco.
—De todas las cosas por las que te tendría que asustar, a ti te preocupa mi conducción —movió la cabeza con desagrado, pero luego volvió a ponerse serio—. ¿No le quieres decir a tu padre que vas a pasar el día conmigo?
En su pregunta había un trasfondo que no comprendí.
Charlie frunció el ceño. Entendía el hecho de que Bella no le diga nada acerca de vampiros pero no entendía por que no le decía que pasaría el día con él. ¿No confiaba en él? Suspiró. A pesar de que hacía su mejor esfuerzo por ser un buen padre, no era Reneé. Bella no tenía tanta confianza en él como en ella.
Notó que Edward le susurraba algo a Bella en el oído, haciendo que ésta lo mire.
"No es como si no quería contártelo, papa. Pero el haberlo hecho hubiese causado muchas preguntas que en el momento no quería responder. No quería mentirte" Sus ojos se veían oscuros, rogando su comprensión.
Charlie suspiró "Lo sé Bells. No estoy enfadado contigo. Además" agregó él con un brillo en sus ojos "ahora tendré todos los detalles sucios"
Bella gruñó horrorizada. ¡Papá!
—Con Charlie, menos es siempre más —en eso me mostré firme—. De todos modos, ¿adonde vamos a ir?
—Va a hacer buen tiempo, por lo que estaré fuera de la atención pública y podrás estar conmigo si así lo quieres.
Otra vez me dejaba la alternativa de elegir.
— ¿Y me enseñarás a qué te referías con lo del sol? —pregunté, entusiasmada por la idea de desentrañar otra de las incógnitas.
—Sí —sonrió y se tomó un tiempo—. Pero si no quieres estar a solas conmigo, seguiría prefiriendo que no fueras a Seattle tú sola. Me estremezco al pensar con qué problemas te podrías encontrar en una ciudad de ese tamaño.
Algunas personas rieron ante eso, pero su risa era forzada, ya que aún recordaban los neófitos de Seattle.
Me ofendí.
—Sólo en población, Phoenix es tres veces mayor que Seattle. En tamaño físico...
—Pero al parecer —me interrumpió— en Phoenix no te había llegado la hora, por lo que preferiría que permanecieras cerca de mí.
Sus ojos adquirieron de nuevo ese toque de desleal seducción. No conseguí debatir ni con la vista ni con los argumentos lo que, de todos modos, era un punto discutible.
—No me importa estar a solas contigo cuando suceda.
—Lo sé —suspiró con gesto inquietante—. Pero se lo deberías contar a Charlie.
"¿Eso pensabas?" preguntó Billy, mirando a Edward.
Éste se rehusaba a encontrar sus ojos "ya entenderás por que´" murmuró avergonzado.
— ¿Por qué diablos iba a hacer eso?
Sus ojos relampaguearon con súbita fiereza.
—Para darme algún pequeño incentivo para que te traiga de vuelta.
"¡Oh!" musitó Billy, aunque le costó mucho no mirar mal a Edward. Muchas personas fruncieron el ceño.
Tragué saliva, pero, después de pensármelo un momento, estuve segura:
—Creo que me arriesgaré.
Resopló con enojo y desvió la mirada.
—Hablemos de cualquier otra cosa —sugerí.
— ¿De qué quieres hablar? —preguntó, todavía sorprendido.
Miré a nuestro alrededor para asegurarme de que nadie nos podía oír. Mientras paseaba la mirada por el comedor, observé los ojos de la hermana de Edward, Alice, que me miraba fijamente,
Edward se tensó un poco recordadnos la visión de Alice.
mientras que el resto le miraba a él.
"Por si acaso, ¿Edward te dijo que se olvidó de contarnos que sabías lo de nosotros?" rió Jasper para desviar la atención de la incomodidad de su hermano.
Bella se echó a reír "¿En serio?" preguntó.
"En realidad no me olvidé, solo quería asegurarme de que cuando se enteren haya suficientes personas para que no me hagan pedazos. O que lastimen a mi carro" se estremeció.
Desvié la mirada rápidamente, miré a Edward, y le pregunté lo primero que se me pasó por la cabeza.
— ¿Por qué te fuiste a ese lugar, Gota Rocas, el último fin de semana? ¿Para cazar? Charlie dijo que no era un buen lugar para ir de acampada a causa de los osos.
Me miró fijamente, como si estuviera pasando por alto lo evidente.
"Porque lo estabas haciendo" rió Seth "vamos Bella, se supone que eres inteligente"
— ¿Osos? —pregunté entonces de forma entrecortada; él esbozó una sonrisa burlona—. Ya sabes, no estamos en temporada de osos —añadí con severidad para ocultar mi sorpresa.
—Si lees con cuidado, verás que las leyes recogen sólo la caza con armas—me informó.
Me contempló con regocijo mientras lo asimilaba lentamente.
"Raramente te sorprendía algo… quería disfrutar el momento" rió Edward. Bella le hizo una mueca.
— ¿Osos? —repetí con dificultad.
—El favorito de Emmett es el oso pardo —dijo a la ligera, pero sus ojos escrutaban mi reacción. Intenté recobrar la compostura.
Charlie miró a Emmett sin poder creerlo, mirando su enorme figura. "¿Osos pardos?"
Emmett sonrió "Es divertido pelear con los osos pardos"
Rosalie puso los ojos en blanco "¿Fue eso lo que buscabas la primera vez?"
"Esto… eso no fue exactamente lo que yo planeaba" admitió él.
"¿A qué te refieres?" preguntó Sam precavidamente.
"Ya verás" dijo Edward.
— ¡Humm! —musité mientras tomaba otra porción de pizza como pretexto para bajar los ojos. La mastiqué muy despacio, y luego bebí un largo trago de refresco sin alzar la mirada.
—Bueno —dije después de un rato, mis ojos se encontraron con los suyos, ansiosos.
— ¿Cuál es tu favorito?
"¿En serio están hablando de eso?" rió Jacob "es como si preguntaras cuál es su pizza favorita"
"Obviamente la fresca" espetó Bella "extremadamente fresca"
Enarcó una ceja y sus labios se curvaron con desaprobación.
—El puma.
—Ah —comenté con un tono de amable desinterés mientras volvía a tomar CocaCola.
Jacob rió de nuevo, pero sabía que era mejor mantenerse callado.
Renesmee sonrió "a mi también me gusta"
Charlie casi se infarta, se quedó mirando a su nieta de aparentes ocho años.
"Renesmee" reprochó Bella mirando con preocupación a su padre "hemos hablado de eso suficiente"
Nessie parecía confundida "pero pensé que el abuelito iba a saberlo todo ahora"
Bella asintió, luego añadió en un tono más bajo para que los humanos no la escucharan "lo sabrá, pero es demasiado de un solo golpe, hay que hacerlo de a poco"
Nessie le sonrió a su madre, para mostrar que entendía, luego se giró hacia Charlie "perdona que te hay asustado, abuelito" Charlie asintió, aún débil, y cogió a Nessie en su regazo, sutilmente buscando algún rasguño. Para su gran alivio, no encontró ninguno.
—Por supuesto —dijo imitando mi tono—, debemos tener cuidado para no causar un impacto medioambiental desfavorable con una caza imprudente. Intentamos concentrarnos en zonas con superpoblación de depredadores... Y nos alejamos tanto como sea necesario. Aquí siempre hay ciervos y alces —sonrió con socarronería—. Nos servirían, pero ¿qué diversión puede haber en eso?
Billy parecía sorprendido. Nunca hubiese pensado que las sanguijuelas se preocuparan por tales cosas.
—Claro, qué diversión —murmuré mientras daba otro mordisco a la pizza.
—El comienzo de la primavera es la estación favorita de Emmett para cazar al oso —sonrió como si recordara alguna broma—. Acaban de salir de la hibernación y se muestran mucho más irritables.
"¿qué fue eso?" preguntó Bella, aunque tenía una buena idea.
"Exactamente lo que crees que es" sonrió Edward, mientras veía la irritación en la cara de los hombres lobo y humanos. "Aún después de tantos años…" añadió el sin dejar de sonreír para aumentar la curiosidad de los otros.
—No hay nada más divertido que un oso pardo irritado —admití, asintiendo.
"Sabía que había una razón por la que me caías bien" sonrió Emmett revolviendo el cabello de Bella.
Bella sonrió.
Se rió con disimulo y movió la cabeza.
—Dime lo que realmente estás pensando, por favor.
—Me lo intento imaginar, pero no puedo —admití—. ¿Cómo cazáis un oso sin armas?
—Oh, las tenemos —exhibió sus relucientes dientes con una sonrisa breve y amenazadora. Luché para reprimir un escalofrío que me delatara—, sólo que no de la clase que se contempló al legislar las leyes de caza. Si has visto atacar a un oso en la televisión, tendrías que poder visualizar cómo caza Emmett.
Charlie resopló. A pesar de lo horrendo que sonaba, no podía evitar una imagen graciosa en su mente.
No pude evitar el siguiente escalofrío que bajó por mi espalda. Miré a hurtadillas a Emmett, al otro extremo de la cafetería, agradecida de que no estuviera mirando en mi dirección. De alguna manera, los prominentes músculos que envolvían sus brazos y su torso ahora resultaban más amenazantes.
Edward siguió la dirección de mi mirada y soltó una suave risa.
Le miré, enervada.
— ¿También tú te pareces a un oso? —pregunté con un hilo de voz.
—Más al puma, o eso me han dicho —respondió a la ligera—. Tal vez nuestras preferencias sean significativas.
Eso sonó mucho más tenebroso, pensó Charlie. Luego recordó que Edward podía leer su mente y le lanzó una mirada internamente amenazándolo para que no riera.
Intenté sonreír.
—Tal vez —repetí, pero tenía la mente rebosante de imágenes contrapuestas que no conseguía unir—, ¿es algo que podría llegar a ver?
"Absolutamente no" dijo Carlisle gravemente.
"Lo sé" se estremeció Bella. Solo la idea de alguien a quien amaba estando tan cerca a ella mientras se sentía tan fuera de control…
Lo mismo les pasó a los hombres lobo, sabiendo como se siente cuando el instinto toma el control.
— ¡Absolutamente no!
Su cara se tornó aún más lívida de lo habitual y de repente su mirada era furiosa. Me eché hacia atrás, sorprendida —y asustada, aunque jamás lo admitiría— por su reacción. El hizo lo mismo y cruzó los brazos a la altura del pecho.
— ¿Demasiado aterrador para mí? —le pregunté cuando recuperé el control de mi voz.
—Si fuera eso, te sacaría fuera esta noche —dijo con voz tajante—. Necesitas una saludable dosis de miedo. Nada te podría sentar mejor.
Esme fulminó con la mirada a Edward "podrías haber sido más ambla, sé que la idea es aterradora, pero no había motivo para descargarse con Bella"
Edward suspiró "lo sé"
—Entonces, ¿por qué? —le insté, ignorando su expresión enojada.
Me miró fijamente durante más de un minuto y al final dijo:
—Más tarde —se incorporó ágilmente—.
Vamos a llegar con retraso.
Miré a mí alrededor, sorprendida de ver que tenía razón: la cafetería estaba casi vacía.
Cuando estaba a su lado, el tiempo y el espacio se desdibujaban de tal manera que perdía la noción de ambos. Me incorporé de un salto mientras recogía la mochila, colgada del respaldo de la silla.
—En tal caso, más tarde —admití.
No lo iba a olvidar.
"Por supuesto que no" dijo Edward con una pequeña sonrisa.
"Eso es todo" dijo Esme "¿quién quiere leer ahora?" miró entre humanos y hombre lobo, la mayoría no había leído aún. Se miraban los unos a los toros con vacilación.
"Yo lo haré" ofreció Sue. Esme le pasó el libro, sonriendo.
