X-Men claro que por supuesto que NO es mío. Tampoco lo es Star Trek, Edward manos de tijeras, los llaveros de tiburones sonrientes, las hamacas, la sopa de Matzá, escritorios del capitán América, ositos de peluche, el hombre hormiga y… Moira MacTaggert.
A Erick se le van las cabras cuando esta enfermo.
Erick apago la alarma y se sentó en la cama. Después se dio cuenta de que la alarma seguía sonando. Esta vez abrió realmente los ojos, apagando la alarma en el mundo real y sentándose al filo de la cama.
Al ponerse de pie se dio cuenta de que había algo raro.
Se sentía… extraño, sin embargo no podía definir lo que estaba experimentando.
Erick solo tenía ganas de tirarse en su cama hasta que fuera verano de nuevo; pero en cambio tenía que pararse al frente de unos alumnos, que no tenía ganas de soportar, y comenzar a hablar del tema que había preparado la noche anterior del cual por cierto no tenía ganas de hablar. A veces deseaba ser de esos profesores que solo se dedicaban a presentaciones, explicar su forma de calificar y dejar el día por la paz. Pero él no era de esos y nunca lo sería.
Después de encargarse de sí y ponerse presentable, se dirigió al cuarto de sus hijos entrando en su propia versión de la película Misión Imposible tratando de lograr que se levantaran.
-¿Qué no quieren ir a la escuela?- Preguntó en tono bajo logrando la acción esperada.
-Sí quiero- Contesto Wanda con voz adormilada sentándose en la cama al mismo tiempo que su hermano, ambos aún con los ojos cerrados y balanceándose un poco aún medio dormidos.
Erick habría reído de no ser por esa maldita molestia en la cabeza que no lo estaba dejando actuar normal, la sombra de un dolor de cabeza que dolería como el demonio si dejaba que avanzara. Dos aspirinas y esperaba que eso fuera todo.
…
-Buenos días, niños, buenos días, Erick- saludó Charles al verlos llegar. A veces desearía poder odiar a Charles, era antinatural y diabólico ser tan… resplandeciente a esta hora de la mañana, en lunes y con el inicio de clases a cuestas. Las sonrisas de Charles eran casi tan comunes como la expresión de preocupación que ponía a veces. –Erick- exclamó para acercarse a él, aunque no tanto comparado a la gran cercanía que podían llegar a realizar en este punto de su relación. -¿Estás bien?, te ves algo…- Charles dudo un momento. –Cansado- Erick quería decir que no, que las pastillas no lo estaban ayudando y que el dolor de cabeza se estaba convirtiendo en eso, un jodido dolor de cabeza y que ahora su garganta había comenzado a molestar y que tenía más frío del que debería.
-Estoy bien, solo es el regreso a trabajar, siempre es molesto- Xavier lo miro un momento en silencio, con la misma expresión que ponía al tratar de entender uno de los pasajes complicados de sus libros de genética. Finalmente le sonrió dándole un pequeño apretoncito en el brazo.
-Sí, es cierto-
Para cuando Erick entra al edificio de la universidad donde se encuentra su pequeño escritorio, ya no es capaz de recordar cómo se despidió de sus hijos o de Charles, pero ésta seguro de que lo hizo, porque, bueno, siempre lo hace. No lo recuerda, pero seguro beso la frente de sus pequeños y le deseo un buen día a Charles.
-Te ves cansado- Exclamó Emma causando un ligero salto en el cuerpo de Lensherr que, claro está, fingiría por el resto de su existencia que nunca ocurrió.
-Y tú no- Contesto observando a la mujer sentarse en su propio escritorio.
Emma acomodó una bolsa de plástico encima de su escritorio vacío y sacando un pequeño trapo comenzó a sacudir el polvo, para luego poner algunos cuantos adornos, hojas y libros en su lugar de trabajo.
-Te traje algo- agregó pasado un rato, sonriente; levantándose de su silla y yendo hasta su compañero con algo en la mano. Al parecer Erick no solo estaba cansado y con dolor de cabeza, sino que también se había vuelto torpe; porque al momento de tomar el objeto de las manos de su compañera lo dejo caer, agachándose de inmediato para recogerlo, mala idea porque su cerebro se sintió como si no quisiera estar más en su cráneo y tuviera el destino y misión de terminar desparramado por todo el suelo; para cuando se enderezo (deseando que Emma no hubiera notado nada), fuertes punzadas lo atacaron tratando de obligarlo a colocar la cabeza contra la superficie plana más próxima. Intentando ignorar esta explosión de sensaciones proporcionadas por su encantador cráneo, observó lo que tenía en las manos; un llavero de un tiburón sonriente. –Me recordó a ti- Dijo riendo. Emma tenía una forma muy discreta de reír, era una de las razones por las que le agradaba; pero aun así, su risa retumbo por todos los rincones de la cabeza adolorida de Erick.
-Dile a Charles que solo es un regalo como amigos, aunque no creo que le importé mucho ahora que son pareja- Lensherr trataba de rememorar que era lo que se hacía con un llavero y trataba de ignorar a su jodida cabeza y ahora Emma acababa de mencionar a su reciente relación con Charles; esa telepata, chismosa, maldita…
-No entres en mi mente- Dijo al tiempo que sentía una urgente necesidad de toser que fue capaz de mantener a raya.
-No lo hice, pero es interesante ver que finalmente has logrado una relación con Charles, uno pensaría que estarías más feliz- Introdujo un corto silencio y luego continuó. –Probablemente es el dolor de cabeza- Erick se limitó a dedicarle su mejor mirada de "Helarte hasta que mueras". –Bueno, sí lo hice- El hombre rápidamente se cansó de aquella situación regresando a lo suyo, ser miserable y fingir que no estaba enfermo. –Me alegro por ustedes, sobre todo por ti, dejar de ser un imbécil se te da fatal- Erick gruño. –También deberías considerar que un médico te examine- Dijo tratando de hacer pasar su tono de voz por un tono de sugerencia cuando en realidad era una orden.
Erick estornudo.
…
Besar a Charles se volvía más natural a cada momento. Resaltando, claro, que más natural no era sinónimo de menos especial. Cada choque y roce de labios, cada enlace de lenguas era sublime. Erick no se cansaba de explorar la cavidad de Xavier y aunque Charles nunca lo había dicho con palabras, la intensidad de sus besos, la incapacidad de mantener sus manos quietas y los sonidos que dejaba que Lensherr escuchara, le esclarecían el hecho de que él se sentía de la misma manera.
-Sal conmigo- Exclamó entre respiraciones entrecortadas al primer instante en que su boca estuvo libre, convirtiéndose en este imbécil sin capacidad de razonar una vez comenzaba a besar a Xavier. Siempre fue una persona seria, seca y poco pasional al momento de demostrar sus sentimientos. Pero ahora parecía que ese solo era un disfraz de su verdadero yo.
El ojiazul sonrió bajando la mirada, luciendo completamente encantado.
-Creí que ya estábamos saliendo- Erick volvió a besarlo.
…
Una delicada voz de mujer resonó en toda su cabeza.
-Te quedaste dormido- Le susurraron y él se enderezo de golpe recordando donde estaba (dormido con la cabeza contra el escritorio) siendo observado por una sonriente y frívola Emma y un nervioso Hank. Ahora que lo recordaba, después de terminar la clase unos minutos más temprano de lo usual en él, había ido directamente de regreso a su sagrado lugar y ahora estaba en esta situación.
-¿Qué hora es?- Cuestionó tratando de aclararse la garganta preguntándose si realmente se había escuchado tan ronca como le pareció a él, tomando su celular del escritorio.
-Faltan 7 minutos para…- Trató de decir Hank.
-¡Es muy tarde!, tengo que ir por mis hijos- Exclamó poniéndose de pie y guardando sus cosas.
-Profesor- Lo llamó Hank elevando un poco el tono de su voz. Erick se detuvo a penas. ¿Qué Hank no lo entendía? Era muy tarde, ya era un hecho seguro que llegaría tarde por los niños.
-¿Está bien? Se ve algo…- Probablemente McCoy estaba buscando la palabra adecuada para describirlo. -Cansado-
-Sí, bien- Contesto de forma rápida saliendo del lugar.
Ya solo había pocas personas saliendo del jardín de niños para cuando llegó. Camino lo más rápido que su pesado cuerpo le permitió llegando hasta el salón de sus hijos encontrándolo vacío. A punto de comenzar a hiperventilarse, percibió como alguien caminaba por detrás de él. Al girarse se encontró con un ligero mareo y una mujer.
-Profesora…- Intentó recordar el nombre de esta mujer que había sido la maestra de sus hijos el año pasado… pero no lo logró.
-Señor Lensherr- Saludo ella con una ligera sonrisa. La verdad nunca le agrado mucho esta mujer. Estaba a punto de preguntarle si había visto a sus hijos o a Charles o que le dijera cualquier información que le pudiera ser útil, cuando ella lo interrumpió. –Si busca a sus hijos, están en los columpios, Charles los está cuidando-
-Gracias- Atinó a decir dirigiéndose a donde creía recordar que estaban los dichosos juegos.
-Señor Lensherr, hacia el otro lado-
¡Maldita sea!
Una vez entro en el campo de visión de sus hijos, estos comenzaron a llamarlo sin dejar de balancearse.
-Llego tarde- Exclamó sin saber muy bien que decir una vez a la par de su compañero.
-No es tan tarde- Contestó el hombre despreocupado. -¿Tuviste algún problema?-
Me quede dormido.
-Algo así, sí- Charles lo observo intensamente por un rato prolongado.
-¿Estás seguro de que estas bien?-
No.
-Sí- Contesto decidiendo dirigir justo en ese momento su atención de Charles a sus hijos. –Gracias por cuidarlos, ¡Niños vámonos!- Gritó sintiendo como su propia voz causaba un aumento a la intensidad de su dolor y tratando de disimular la tos que no pudo evitar dejar escapar. Sus hijos saltaron al mismo tiempo liberando los columpios y cayendo con gracia. Luego corrieron hacia Xavier abrazándose a sus piernas.
-Nos vemos mañana profesor- Se despidieron viendo hacia arriba. Charles les sonrió.
-Tengan un bonito día- Dijo y los niños corrieron en dirección a su salón.
-¡Vamos por nuestras mochilas!- Le explicaron a su padre sin dejar su carrera.
-Erick, si necesitas algo…- Comenzó Charles sin mucha confianza. –Llámame, ¿de acuerdo?-
Cómo se vería Charles cuando era un niño, si es adorable ahora con ojos grandes y azules y sus labios rojos…
Erick se acercó y beso a Charles en la mejilla, lo que provocó que el rostro del ojiazul se iluminara y sonrojara un poco.
-Te llamo más tarde- Dijo para comenzar a alejarse.
…
-Papi, ¿qué vamos a comer?- Preguntó Wanda con una pequeña sonrisa y ojillos suplicantes por una respuesta, sin embargo el cerebro fundido de Erick solo quería esconderse debajo de montones de cobijas bien protegido y sin pensar en absolutamente nada.
Pero por desgracia (aunque sin arrepentimiento) era un padre.
-¿Qué se te antoja?-
-¡Cheetos!- Exclamó Pietro. Interrumpiendo a su hermana.
-¡No!- Dijo la niña dándole a su hermano una mirada que claramente indicaba que se callara. Luego la pequeña se dirigió nuevamente a su padre; pero antes de que la niña contestara, una voz masculina los interrumpió.
-Lensherr- Erick casi suspiró, no lo hizo por el temor a ese inminente ataque de tos que sabía, sufriría.
-Lang- Contestó en cambio observando al hombre sonriente de pie junto a él que cargaba una gran caja.
-Llego esta caja a nuestra casa, y ya que no recuerdo haber pedido un escritorio armable del Capitán América- Se interrumpió con una pequeña risa. –Pensé que tal vez era en realidad para ti y que al entregarla se habían equivocado-
Erick no tenía ganas de hablar con Lang o pensar en estúpidos escritorios del soldado ese… No tenía ganas de esta mierda; porque Erick mintió cuando Charles preguntó, lo negó cuando Emma lo sugirió, fingió que uno de sus nuevos estudiantes no había estado a punto de preguntarle, volvió a mentir cuando Charles preguntó, cuando fue a recoger a sus hijos; pero demonios, ¡Claro que no se sentía bien!
-Sí, es mío- Su mente se sentía tan aturdida y no poseía la energía para tratar de ordenar sus ideas. No podía recordar cuando fue que compró o pidió ese escritorio y vaya que el desgraciado pesaba. Lang sonrió dando ligeros masajes a sus brazos libres y desviando su atención a los pequeños Lensherr que no dejaban de correr alrededor de ellos sin parar de reír.
-Oye, Lensherr…- Sí, a este hombre le gustaba hablar; justo como a su hija. –Sabes que algunos vecinos nos juntamos para jugar póker los fines de semana...- Se interrumpió él mismo con una ligera carcajada. –Decimos que jugamos póker, pero en realidad solo tomamos cerveza y nos quejamos de nuestros trabajos. Deberías venir algún día- Erick iba a decir que No, "No, Lang, no quiero, ahora déjame morir lentamente en soledad"; pero Erick recordó que debía ser amable. –Podrías invitar a tu amigo si quieres- Luego su vecino dijo eso.
-¿Qué amigo?-
-Ya sabes, el que estuvo aquí el sábado pasado. ¡Oh vaya! Eso ha sonado muy acosador. No, mi hija y yo acabábamos de llegar de hacer las compras y justo te vi llegando. Te salude, pero no alcanzaste a escucharme y bueno ustedes estaban riendo y parecías… muy relajado. Así que pensé que era tu amigo-
Erick realmente, realmente, no tenía cabeza para estas cosas. No la tenía cuando se sentía bien, menos la tenía ahora.
-Escucha Lang…- Dijo aclarándose un poco la voz tratando de fingir que no se escuchaba más ronca a cada minuto que pasaba. –Tengo que ir a prepararle algo de comer a Wanda y a Pietro, así que…-
-Oh, perdón por haberte entretenido tanto tiempo, nos vemos Lensherr-
-Nos vemos Lang- Y finalmente pudo dirigirse a abrir la puerta de su casa. Sintió una pequeña brisa pasar a su lado y unos instantes después entro Wanda.
-¡Eres un tramposo! así no vale- Escucho a la castañita.
-Sí vale- Contesto Pietro sentado en la sala con su 3DS.
-No peleen- Ordeno colocando la caja en el suelo. Al enderezarse percibió como los latidos de su corazón se aceleraban, su visión comenzó a nublarse sintiéndose algo mareado. Trato de parar aquello sentándose sobre la caja que antes había estado cargando girando un poco la cabeza a los lados tratando de alejar todas aquellas sensaciones, tratando de aclarar su campo de visión y deseando que las voces de sus hijos no se escucharan tan distorsionadas.
A pesar de sus esfuerzos, terminó perdiendo conciencia de sí.
…
Erick sentía el suave balanceo de la hamaca en la que estaba acostado. También podía sentir el suave latir del corazón de su madre y la calidez que emanaba el cuerpo de esta, Erick podía sentir su aroma, olía a limpio, sopa de Matzá y esa mezcla única que solo ella podía despedir; la mujer lo aferró con más fuerza a él, acariciando su cabello con lentitud.
-Erick- Llamo con esa voz que él tanto había deseado volver a escuchar. –Tus hijos-
-¿Qué?- Susurro sin entender, porque Erick tenía 11 años, no tenía hijos, él…
…
Erick abrió los ojos buscando aclarar su vista lo más rápido posible, podía sentir su respiración pesada y dificultosa y lo incomoda que se sentía la ropa que traía al estar un tanto empapada, además, ese pantalón de vestir no era para dormir.
Se sentó poniéndose de pie con rapidez arrepintiéndose de inmediato al sentir como el mundo se oscurecía de nuevo. Se sentó otra vez y cerró los ojos un momento concentrándose en la camisa interior que aún tenía puesta y en su cinturón y zapatos ausentes; pero a quién interesaban esas cosas, él lo que quería era saber dónde estaban sus hijos.
Cuando por fin el sonido de su sangre pasando por las arterias y venas en sus oídos dejo de ser tan ruidosa, los sonidos del exterior por fin llegaron.
-¡Asesinaste a mi capitán!- Exclamó Wanda tratando de hacer una voz un poco más gruesa. –Así que ahora yo acabaré contigo, ¡Khaaaan!- La risa de Pietro se escuchó de fondo. -No se supone que te rías, estás muerto, tonto- La risa aún se escuchaba, aunque amortiguada.
El mayor respiró aliviado al escucharlos bien y felices… ¡Ellos estaban bien!
-Jamás podrás acabar conmigo vulcano- Una voz adulta y masculina hizo que Erick se levantara nuevamente y corriera a abrir la puerta de su cuarto.
-Pew, pew- Escuchó como acompañante del sonido que hacían sus pies descalzos al chocar con el piso.
-Oh no, me has dado- Y Lensherr fue capaz de ver justo cuando Charles se dejaba caer al suelo dramática y juguetonamente.
-¡Gané!- Dijo la niña. -Ahora huesos…- Dijo apuntando a un osito colocado estratégicamente frente a donde Pietro estaba acostado. –Podrá usar tu sangre para revivir a mi… ¡Papi!- Gritó la niña al darse cuenta de que su padre estaba de pie a punto de entrar en la sala donde ellos se encontraban jugando. Wanda corrió a aferrarse a él, al igual que Pietro.
-Erick- Llamó Charles al tiempo que se ponía de pie yendo hasta él, colocando una de sus manos en su mejilla con gentileza para posicionarla en su frente y de nuevo en su mejilla. –Deberías estar acostado-
-No sabía… dónde estaban…- Dijo con dificultad buscando retener la tos mientras observaba a sus pequeños aferrados a su cuerpo.
-Pero sabías que yo estaba cuidándolos- Erick no tenía idea de que estaba hablando Xavier, ahora que lo pensaba, ¿Cómo era que el hombre estaba aquí?
Charles entrecerró los ojos con envidiable concentración.
-Debo suponer que tampoco recuerdas que un Doctor vino a verte o que tu vecino, Scott, fue quién ayudo- Lensherr se sentía lento.
-Lo último que recuerdo es haber estado…-
-Papi- Dijo Wanda con ojillos llorosos y ligeros espasmos que recorrían su cuerpecito como aviso de un llanto aproximándose.
-Papá tonto- Aportó Pietro con el rostro oculto. Cuando los niños sintieron la cálida (más de lo usual) mano de su progenitor en sus cabezas se separaron de inmediato.
-El profesor dijo que tu podías contagie…narnos-
-Contargenarnos…- Trato de apoyar su hermana-
-Conta… con…-
-Contagiarnos- Ayudo Charles usando ese tono que solo él era capaz de producir. Como si estuviera dando una pequeña y humilde sugerencia que no intentaba imponerse ante nadie.
-¡Sí!- Gritó Pietro y luego ambos niños corrieron a su habitación, Erick no entendía que acababa de pasar, porque terminaba de convertirse de un oso abrazable de peluche a un solitario, enfermo y abandonado padre.
-Vamos- Dijo Charles una vez solos. –Es mejor que regreses a tu cama- Una vez contra la suavidad de su colchón, con una cómoda pijama y cubierto hasta el cuello de cobijas, Charles hablo de nuevo. – ¿Tienes hambre? Traeré algo para que comas- Pero al ver las obvias intenciones del ojiazul de abandonar la habitación, lo detuvo tomándolo del brazo.
-¿Qué fue lo que pasó?, Cómo es que… estás aquí- Charles sonrió.
-Te explicaré, pero primero necesitas comer algo para que puedas tomar tu medicina, también te traeré agua- Lensherr se dio cuenta hasta ese momento lo seca que se sentía su boca.
-Charles- Llamó justo antes de que el hombre dejara el lugar, ganándose su total atención. - ¿Cuánto dormí?-
-Unas tres horas- Justo cuando por fin Xavier pudo dejar la habitación, sus pequeños entraron y por más que Erick trataba de entender de que venían disfrazados, no podía atar cabos. Ambos se habían puesto sus trajes de Iron-Man y de Hulk, pero además de eso tenían puestas bolsas de plástico en las manos y una toalla envuelta en la mitad inferior de la cara y cuello como una especie de bufanda.
-Niños, ¿qué traen puesto?-
-Es para no contagernos- Contesto la castaña entre pujidos luchando por subir a la cama. Así que eran como guantes y cubre bocas… Erick rio un poco, pero se vio interrumpido por un ataque de tos. Ambos niños comenzaron a darle golpecitos en la espalda al momento que él se sentó con el fin de hacer menos intenso aquel ataque.
-Ya, ya, Papá- Dijo Pietro suavecito. Y Erick se limitó a sonreír porque eso era justo lo que él hacia cuando sus hijos tenían tos. Para cuando Charles volvió, los niños ya se habían desparramado por la cama. Mientras le hablaban de Jake el humano y Finn el perro… ¿o era al revés? No estaba seguro.
Charles entró y salió de su habitación varias veces, primero le trajo una jarra llena de agua, además de un vaso, después un plato hondo y finalmente una cazuelita de la cual Erick desconocía su función.
Erick no recordaba haber sido el destinatario de un detalle como este por parte de alguna de las parejas que había tenido, claro había comido en su cama, pero ¿por estar enfermo?… ni siquiera sabía que tenía esa Charola en la que Charles había colocado su tazón de comida.
Primero tomo tres vasos completos de agua antes de comenzar a comer. Los primeros cinco bocados no habían tenido sabor; y eso seguro era debido a su nariz constipada, maldita enfermedad del demonio. Para el sexto bocado un pequeño toque de sabor fue percibido por su paladar, para el noveno una explosión de sabor tuvo lugar en su boca. Claro, a lo largo de su vida había probado platillos mejores, pero esta sopa estaba muy bien hecha. Su estómago agradecía, su garganta sentía como un alivio lo caliente del alimento y su lengua disfrutaba el sabor.
Un momento.
-¿Tú la hiciste?- Dijo dirigiéndose al Charles que había comenzado a aportar un poco en la conversación de los niños.
-Me aseguré de que nada estuviera crudo y yo también la probé, así que sé que no está tan mal- Contestó un tanto paranoico a su parecer.
-¿Tan mal?, Charles, sabe muy bien. ¿No me dijiste que no sabías cocinar?- Xavier sonrió luciendo curiosamente avergonzado.
-Yo comí puré de papa- Aportó Wanda.
-Le hizo carita con cátsup- Dijo Pietro brincando hacia el suelo.
-¡Y-y comimos salchichas en forma de pulpo!- Charles rascó su nariz en un curioso tic que Erick nunca le había visto.
-Tutoriales de YouTube- Exclamó con un timbre un tanto elevado en relación a la forma en que comúnmente hablaba.
-¿En serio?-
-Bueno no, también tuve que pedir ayuda a Azazel-
-Como con las bebidas azules- Charles sonreía y se sonrojaba a partes iguales.
…
Sorprendentemente Xavier había logrado que los mellizos salieran de la habitación y ahora se encontraban dibujando en la sala. Erick se aseguró de que la puerta de su habitación estuviera abierta y de que sus hijos se encontraran en su campo de visión.
Finalmente había descubierto para que era esa otra cazuela. Charles tomo una pequeña toalla que él trataba de recordar cuando había comprado y comenzó a pasarla por su rostro.
Erick no recordaba la última vez que habían cuidado de él, menos así. Tan amablemente. Él nunca se sentía avergonzado, pero ahora… no podía evitarlo, aunque tampoco era un sentimiento tan malo.
-Por favor, no vuelvas a asustarme así, No quiero que una voz desconocida vuelva a llamarme diciéndome que estás inconsciente en el piso de tu sala con Wanda y Pietro llorando de fondo. La próxima vez que te sientas mal no me mientas y solo dímelo- Erick alzo uno de sus brazos, luchando contra la urgencia de su cuerpo de solo dejar el brazo caer, sin ánimo de tratar de vencer la fuerza de gravedad, y acarició el cabello de Charles preguntándose cómo se le había permitido tener a este hombre entre sus brazos.
-Yo no puedo… permitirme enfermarme. Tengo a mis hijos y no puedo…-
-Yo estoy aquí para ti- Dijo el ojiazul de inmediato. Erick sabía que si hubiera escuchado línea como esa en una novela rosa habría reído exclamando que las personas "jamás dicen o hacen cosa parecida" Demasiado desperdicio de su preciado tiempo. Pero Charles lo había dicho con un tono tan serio y honesto, además, lo más importante de todo es que sí que estaba aquí. –Eres una persona Erick y las personas se enferman- Le sonrió de medio lado.
-Algunas veces se requiere que finja que no lo soy-
-Y terminas medio muerto en el piso de tu sala- Desgraciado Charles y su eterno repertorio de respuestas.
-¿Vas a contarme cómo es que sabes eso?- Charles asintió.
-Scott me dijo…-
-¿Scott?, ¿Quién es Scott?-
-Tu vecino, Scott Lang- Erick alzo un poco la cabeza dando a entender que ahora sí que sabía de quién estaba hablando.
-Lang, no sabía que se llamaba Scott, siempre le digo Lang- El ojiazul negó con la cabeza sonriendo divertido.
-Lang me llamó-
…
Scott estaba a punto de entrar a su casa cuando los gritos de los mellizos Lensherr comenzaron a escucharse. Lang al principio no iba a darles importancia, después de todo, los pequeños de su vecino eran bastante escandalosos, pero esta vez sus gritos no eran de diversión, eran terror, crudo y real. Fue por eso que sin pensarlo dos veces corrió hacia la casa de su serio vecino. Mientras más se acercaba los gritos de los niños se hacían más entendibles.
-¡Papi!-
-¡Papá!-
-¡No te mueras!-
-¡Está muerto!-
Al entrar a la casa Lensherr, más que sorprenderse por la puerta abierta, se sorprendió al ver al mismísimo Lensherr en el suelo inconsciente con sus hijos llorando junto a él.
¿¡Le había dado un infarto!? Dios, ¡Le había dado un infarto!
-Niños, niños- Dios, se sentía tan nervioso que no podía ni recordar cómo se llamaban. Sin alejarlos se acercó a Erick colocándolo con la espalda en el suelo, poniendo la cabeza en el pecho del hombre para buscar latidos. El alivio que sintió solo podía compararse con la madrugada en que conoció a su pequeña bebé, una bolita roja por el esfuerzo que hacia al no parar de llorar. –No, niños él está vivo, él está vivo, Sólo… está dormido- Al menos habían dejado de gritar.
De inmediato saco su celular de la bolsa delantera derecha de su pantalón (dónde siempre lo ponía) y llamó a su amigo Donald, quien además de ser médico, vivía cerca. Una vez que Don le dijo que estaba en camino, Scott trató de tranquilizar a los mellizos.
-¿Quieren que llame a su mamá?- Los niños no paraban sus lágrimas y Lang no sabía cómo ayudarlos porque Lensherr no tenía su celular en ninguna de las bolsas de su pantalón. Por suerte se encontró con el maletín del hombre, donde finalmente logró localizar el aparato y al instante se fue al directorio.
¡Había demasiados nombres!
-Niños como se llama su mamá- La niña cerró los ojos encogiéndose en sí misma mientras el niño negaba con la cabeza rápidamente para finalmente decir.
-¡No lo sé!- Gritó el peliblanco. –Yo no sé- Dijo en medio de un sollozo. Scott se dirigió ahora al registro de llamadas encontrando repetidas veces "Charles".
-¿Conocen a alguien llamado Charles?- Preguntó deseando tener tacto. El niño se limpió la nariz con su manga izquierda.
-Es el profesor- La niña salió del pequeño mundo en el que se había encerrado, poniéndose de pie y acercándose a él.
-Llame al profesor, él ayudara a papi, ¡llámelo!- Lang no tardó mucho en marcar al hombre que contestó de inmediato.
…
-¿Y Lang te dejó a solas con Wanda y Pietro?... Que confianza la de Lang-
-Gané puntos porque cuando llegue, Wanda y Pietro me abrazaron, creo que tenía dudas de irse hasta que cuando el doctor te estaba revisando, ya que estabas semi despierto. Al verme estiraste tu brazo y me pediste que me acostara contigo-
¡Hijo de…!
El mundo no debería permitir que Erick se enfermara, ¡Jamás!...
La amortiguada risa de Charles lo interrumpió.
-Eres graciosos cuando estas enfermo y muy honesto- Pues por muy honesto que fuera no planeaba decirle cuanto le gustaba su sonrisa, porque Charles no se estaba comportando.
Me alegro por ustedes, sobre todo por ti, dejar de ser un imbécil se te da fatal.
La sonrisa con la que acompañaba a Charles desapareció al recordar lo que le había dicho a Emma.
-Maldición- mascullo.
-¿Qué sucede?, ¿Te sientes mal otra vez?-
-No- Dijo tratando de tranquilizar el pequeño ataque de pánico que parecía que el ojiazul estaba a punto de sufrir. –Recordé que…- ¿Debería decirle esto a Charles? Se preguntó a sí mismo, aunque su respuesta fue rápida, él mismo construiría a Edward manos de tijeras si con eso podía quitar esa cara de preocupación extrema con la que Xavier lo miraba. –Le dije a Emma que estábamos saliendo… indirectamente, pero lo hice-
-Oh- Exclamó su acompañante. Haciendo una pequeña pausa -¿Y eso es malo?, Porque yo se lo dije a Raven- Erick estaba a punto de preguntar quién era Raven cuando recordó que era la hermana de Charles.
-No, no lo es- Contesto de inmediato. –Solo que no quería decírselo y ahora se convirtió en la primera de mis conocidos que sabe de esto- Charles sonrió asintiendo apenas como si no estuviera muy convencido. –Charles- Llamó buscando sacarlo de su propio bucle de pensamientos confusos. Realmente Erick no quería decir esto, porque se exponía a sentimentalismos que no le agradaban.
Le dije que me gusta sentado en una banca en un parque después de un espectáculo de fuegos artificiales, cualquier cosa que haga de ahora en adelante, comparada con eso, no es nada.
Su cerebro tenía razón… a veces.
-No me avergüenza salir contigo. No planeo que lo mantengamos oculto; puedes decírselo a quién quieras- Esta vez Charles sonrió más auténticamente.
-Lo sé, no dudo de ti- Le dijo mirándolo directo a los ojos con sus increíblemente irises azules. –Es solo que es… algo complicado en sí-
-Tengo una Ex esposa y no maneje bien la primera vez que nos besamos, lo merezco-
Charles tenía todo el derecho a dudar de sus intenciones. Sería hipócrita molestarse por algo que él mismo había experimentado y seguía experimentando.
Suavemente se acercó al hombre en su cama dándole un beso en la frente, para luego abrazarlo.
-Gracias por estar aquí- Charles le regreso el abrazo de inmediato recargando la barbilla en su hombro.
…
-Te hicimos un dibujo papi- Entre los dos le acercaron el dibujo hecho en una cartulina blanca.
-Eres tú muerto en la sala- Explicó Pietro con orgullo. Erick vio lo que parecía ser él junto a la caja del escritorio del Capitán América (que ahora era perfectamente capaz de recordar cuando había comprado).
-Aquí está el señor Lang, le hicimos una capa porque vino a salvarte-
-También el profesor tiene una capa porque nos dio de comer, si no, habríamos muerto de hambre-
-Dibujamos las salchichas pulpo y el puré con carita- Erick quería reír con ganas, pero temía que eso pudiera ofender a sus pequeños… y a su garganta.
-Es un dibujo muy bonito, gracias. Lo pondré en la pared de mi cuarto, ¿Qué opinan?- Ambos niños asintieron. –Pero ahora…- dijo preparándose para ponerse de pie. –Es hora de prepararse para ir a dormir.
Cuando salió de su habitación, acompañado de sus hijos, se encontró con Charles que recién terminaba de lavar los trastes.
-¿A dónde vas?- Fue cuestionado y atacado con un ceño fruncido en su propia casa.
-A acostar a mis hijos-
-Yo lo hago, tú regresa a tu cama. Solo vas a descansar hoy y no lo haces como se debe-
-¿Estás seguro?, porque…-
-Yo acuesto a Kurt algunas veces y déjame decirte, querido, que a Kurt le gusta teletransportarse cuando tiene sueño- Erick sonrió. –Cuando estén listos para dormir te llamaré para que les des las Buenas noches, les gusta que hagas eso-
-Cómo sabes que yo…- Se interrumpió él solo. –Ellos te lo dijeron- No espero una respuesta para ir a acostarse a su cama un rato. Se sentía mucho, mucho mejor que antes de colapsar después de cargar una estúpida caja; pero aún necesitaba descansar. Su cuerpo se lo gritaba.
Una vez con los niños acostados y después de desearles las buenas noches. Se encontró parado en medio de la sala observando a Charles ponerse su abrigo negro y enredándose una bufanda azul marino en el cuello, preparándose para irse.
El hombre se volteó a mirarlo a punto de decirle algo, tal vez una despedida, tal vez otra cosa. Fuera lo que fuera Lensherr no quería escucharlo y no lo haría.
-Quédate- Lo interrumpió. Charles sonrió como si creyera que lo que le había dicho era una broma. Fue por eso que camino hasta Su Charles, lo tomo de la mano y repitió. –Por favor, quédate- Y en ese momento se dio cuenta de lo ridículo que se veía actuando así, tratando de ocultar lo avergonzado que estaba y lo ridículo que se sentía; empezó a alejarse con lentitud hasta que sintió el suave apretón en su mano unida a la de Charles.
-De acuerdo- Y contestar con una sonrisa parecía lo correcto.
…
Erick se encontraba acostado de lado observando a su… Pareja remangarse el pantalón que estaba usando como pijama y que en realidad le pertenecía a Erick.
-Sé que te divierte que me quede tan largo- Le encantaba la combinación de molestia con una pizca de secreta diversión en ese rostro que, de hecho, también le encantaba.
-Yo no dije nada- Se defendió.
-Lo pensaste- Esta vez sí se permitió reír aunque en tono bajo, temiendo despertar a su monstruillos.
Una vez con Charles en la cama, Erick se encontró más tieso que un soldado de plomo preguntándose que tanto se le permitía tocar al más bajito. Porque dicho sea había visto al ojiazul completamente desnudo y lo había acariciado en lugares bastante… privados; pero ¿y es ese momento? Porque justo ahora no tenía ni la confianza de pasar un brazo por la cadera del otro.
Por el caos que había en su mente, cuando sintió las piernas del ojiazul enredarse entre las suyas y uno de sus brazos pasar por encima de su torso, un ligero brinco fue producido por su cuerpo al ser sorprendido. Aún en la oscuridad de la habitación era capaz de observar cada detalle del rostro del otro. Y por fin logró permitirse dejar de ser un soldado frígido.
Llevaba un rato observando al hombre frente a él, disfrutando cada parpadeo y jugueteo con su lengua y labios cuando se decidió a hablar de nuevo.
-Tú no me contaste-
-¿El qué?-
-Cómo descubrieron tus padres que eras un mutante- Erick se dio cuenta de que su pregunta había sido la peor que se le pudo haber ocurrido cuando Xavier dedicó una mirada perdida a un punto lejos de su rostro lejos de la cama que estaba compartiendo con él. Cerro los ojos por unos segundos (más de los necesarios pensó Lensherr) y regresó a mirarlo.
-Primero, mi padre murió antes de que yo pudiera llamarme a mí mismo mutante, así que nunca lo supo- Sonrió un poco bajando la mirada. –Raven y Logan eras mis vecinos, ya te lo había dicho. A veces yo iba a sus casas, otras ellos iban a la mía, otras solo vagábamos por ahí haciendo tonterías- asintió unas cuantas veces antes de continuar. –Ese día estábamos en mi casa, en mi habitación. A Raven y a Logan les gustaba… jugar luchas. Logan sacaba sus garras porque decía que así intimidaba a Raven, aunque nunca la han intimidado- Rio un poco y Erick lo acompaño. – ¿Las has visto?- Erick asintió.
-Intimidan bastante- Dijo con tono de burla tratando de hacer reír al ojiazul. Lo cual logró.
-Unos años después de casarse otra vez, mi madre nunca estaba en casa y cuando estaba no le importaba lo que yo hacía, cuando era niño al menos trataba de tenerme en la misma habitación - Charles se esforzaba por hacer un tono ameno y llevadero, pero Lensherr lo único que quería era abrazarlo y pedir disculpas por haber preguntado. –Pero esa tarde fue diferente. Creo que estaba algo ebria, porque lo primero que hizo al llegar a casa fue correr a mi habitación. Y vio a Raven completamente azul y a Logan con sus…- Hizo pequeños ademanes con flojos puños. –Garras… y ella comenzó a gritarles… "No quiero aquí a monstruos mutantes"- Charles asintió suavemente. –Eso fue lo último que dijo antes de lanzar una botella en dirección a ellos… Yo corrí con ellos hacia la puerta de la casa y… recuerdo que Raven me dijo que me fuera con ella, porque no planeaban dejarme con…- Se esforzó por recordar la palabra correcta. –Esa bruja loca- Una pequeña sonrisa que duró poco. –Yo le dije que se fuera que todo estaría bien. Después fui hasta mi madre que seguía gritando desde la parte más alta de las escaleras. Traté de tranquilizarla, pero ella no dejaba de gritar que los mutantes eran…- Y a pesar de que Xavier no lo dijo, Lensherr fue capaz de reproducir cada palabra ofensiva de la que había sido blanco, suponiendo lo que la madre de su amigo había dicho. –Y entonces le dije que yo era un mutante también y ella me contestó "¿Qué?, ¿ahora ser mutante es una moda?" y yo le di una demostración de mi telepatía- Aquel denso silencio le dijo a Erick que no le gustaría lo que escucharía a continuación, que sería mucho peor que lo que había oído hasta ahora. –Esperaba que mi madre siguiera gritándome o que me lanzara también una botella, pero en cambio solo se dio la vuelta sin decirme nada y se encerró en su habitación. Traté de hablar con ella todo ese día, pero ella no…- Negó suavemente con la cabeza. –Después de eso me fui, tenía dinero ahorrado, pagué el depósito de un departamento que un año después comencé a compartir con Raven y Logan y conseguí trabajo en un restaurante. Tres años después vi en el titular de un periódico "Sharon Xavier y su esposo mueren en accidente de avión"... mi padre era bueno. Su nombre era Brian y era amable y realmente parecía escucharme cuando le contaba algo. Me gusta pensar que él habría aceptado mi condición de mutante- En un rápido movimiento Charles cubrió sus ojos con una de sus manos. -¡Oh Dios!- Erick de inmediato refugió a Charles entre sus brazos.
-Claro que te habría aceptado, porque tú eres el más increíble mutante que he conocido. Eres fuerte, tanto que tienes el coraje como para no abusar de tu habilidad, la forma en que aceptas ser un mutante y la forma en que tratas a otros mutantes…-
Erick se sentía como ese ogro con el que trataba de asustar a sus hijos, no como el héroe de Charles. Él siempre hablando de su madre y Charles con esa familia de mierda que le tocó.
-Eres increíble-
-Eso ya lo dijiste-
-Pues lo vuelvo a decir, eres increíble- Charles rio levantando un poco el rostro y a pesar de lo que Erick pensó que podría encontrar; una cara inundada en lágrimas; los ojos de Charles solo estaban un poco acuosos.
-Familia de mierda, me gusta- Erick se sintió como una rata acorralada. –Le pusiste mucha intensidad a esa frase, no pude bloquearla-
-Oh, lo siento- Xavier negó con una perezosa sonrisa.
-No toda mi familia era mierda. Raven y Logan también son mi familia y ellos son asombrosos- Años después, cuando Erick pensara en este instante de su vida mientras observaba a Charles dormir, ambos sentados en la sala observando televisión, con la cabeza del ojiazul en su hombro, Erick se defendería diciendo que no había sido más que la fiebre (que para ese momento ya no tenía).
-Yo también puedo ser tu familia- Y Charles rio aferrándose con más fuerza al cuerpo del más alto.
-No lo digas con esa cara tan seria- Haciendo un pequeño esfuerzo logro escalar al cuerpo de Charles acorralándolo debajo de él, cuidando de no ejercer todo su peso.
-Es la única cara que tengo-Dijo sin sentirse un poco avergonzado de lo que acababa de decir.
-No, también tienes esa sonrisa enorme en la que enseñas todos los dientes que me encanta- Y entonces observo a Charles sonrojarse sin un solo ademán de buscar esconderse.
-Ya duérmete- Ordenó con diversión.
Al regresar a sus posiciones normales, justo cuando estaba a punto de llegar a los dominios de Sandman, Erick fue capaz de escuchar, con perfecta claridad a pesar de ser el susurro de una voz adormilada.
-Yo también quiero ser tu familia-
…
Era viernes, y ahora lo único que le quedaba de su adorable (y maligna) enfermedad era una nariz constipada, pero podía manejarlo, pues era más el tiempo que pasaba con la nariz permeable.
El departamento de Magda siempre olía a casa recién trapeada y perfume de mujer. Y cuanto se alegraba de poder percibir aromas.
Erick se encontraba de pie en la puerta del departamento apreciando (y secretamente, disfrutando) como Wanda y Pietro abrazaban a su madre. Amaba a sus hijos de verdad que sí, pero necesitaba tirarse en su cama, en silencio y sin un pequeño o pequeña hobbit abriéndole el ojo cada cinco minutos para preguntarle si no se había muerto todavía.
Casi podía sentir la calidez de su cama cuando sus hijos lo traicionaron.
-Papi se murió, mami-
-¿¡Qué!?- Como Magda obviamente no entendía que la expresión no era literal comenzó un curioso baile en el que no dejaba de cambiar su atención entre sus hijos y su ex esposo.
-Sí, Papá estaba ahí parado…- Explicó Pietro golpeando la palma de su mano con el dorso de la otra. –Y después cayó- En algunas ocasiones olvidaba que Magda era inteligente, una vez que los niños fueron obligados a ir a su habitación, el hombre se convirtió en el destinatario de la molesta mirada de la mujer.
-Estás enfermo- Era malo cuando Magda no preguntaba, si no que afirmaba.
-No- Lo pensó un momento. –Ya no tanto-
-¡Te desmayaste!- Golpe bajo para su hombría.
-Sí-
-Y obviamente de no ser porque Wanda y Pietro lo dijeron, tú no me habrías dicho nada-
-No-
-¿¡Por qué no!?-
-¿Para qué quieres saber?-
-Porque me preocupo por ti, quiero que sepas que voy a estar ahí cuando me necesites- Erick no tenía ganas de esto.
-El año pasado Wanda se contagió de varicela, no paso ni una semana para cuando Pietro se contagió también. Te llame, muchas veces, porque necesitaba tu ayuda y tú no contestaste. Hace dos años me rompí el brazo, igual te llame porque te necesité y tú dijiste que estabas ocupada…-
-¡Ya sé!...- Exclamó con furia contenida, furia que se convirtió en profunda y real tristeza. -Ya sé que hice eso, cometí errores, fui estúpida, pero ahora estoy aquí. Te prometo que…-
-Sé lo que dijiste Magda, pero no importa las promesas que me hagas, lo realmente importante es lo que has hecho y en estos momentos me cuesta pensar que puedo confiar en ti- Dicho eso y ya que la mujer no parecía querer o ser capaz de agregar algo más, Erick decidió que era momento de irse.
-Supongo que confías en otras personas, ¿no?- El que la pelirroja volviera a hablar lo tomo por sorpresa. -¿Cómo Charles?, ¿A él si le dijiste?-
-Sí, Charles me ayudo. Cuido de Wanda y Pietro-
-¿Qué ha hecho él para que le tengas tanta confianza?, ¡Cómo voy a demostrarte qué puedes confiar en mí si ni siquiera me entero de lo que pasa! Él es solo tu amigo, yo soy la madre de Wanda y Pietro y soy tú…- Por suerte para ella, ella misma se calló antes de decir algo que los dos presentes percibirían como algo de lo cual arrepentirse. –Lo que trato de decir es que seguramente él tiene cosas mejores que hacer, cuidar de su familia por ejemplo en lugar de cuidar de la nuestra-
No, Charles lo había ayudado porque… Erick no podía estar siendo una carga para Charles.
No.
-Charles es… divorciado y no tiene hijos- Magda arrugo la frente confundida.
-¿Y qué pasará cuando consiga una mujer?, Dime Erick, ¿Qué pasará cuando se case otra vez? Él no va a estar ahí para ti por siempre, ¡yo sí! Además por todo lo que sabes él podría ser un psicópata o un pedófilo o…-
-¡Es suficiente!- Grito sin reflexionar demasiado. –Confió en Charles- Dijo casi en un susurro. –Porque me ha demostrado que puedo confiar en él, yo no planee que estuviera ahí cuando me enfermé, pero estuvo- Trago armándose de valor. No era el mejor momento, ni el lugar, ni era remotamente parecido a como había imaginado contarle esto a Magda. Pero así había sido siempre su relación con la mujer, todo lleno de cosas inesperadas y giros que nunca preveía. –Estoy saliendo con él… tenemos… tenemos una relación- Magda era de esas personas incapaces de ocultar lo que pasaba por su cabeza pues cada uno de sus pensamientos se imprimía en cada pequeño rincón de su cara.
Observó a su ex esposa sentarse en una de las sillas del pequeño comedor que poseía debatiéndose entre hablar o no.
-¿Desde cuándo?- Erick solo se encogió de hombros.
-Yo… creo que lo mejor es que me lleve a Wanda y Pietro-
-Sí- susurro ella finalmente.
…
Erick abrió la puerta de la casa un sábado por la tarde encontrándose con su pelirroja ex esposa.
-Hola Erick, ¿podemos hablar?- Erick salió al porche de su casa reuniéndose con la mujer no queriendo que se repitieran los gritos del día anterior por los cuales sus hijos lo habían cuestionado hasta el cansancio. –Yo… estaba recordando cuando fingíamos que no éramos más que amigos, pero obviamente todo el mundo sabía que había algo entre nosotros dos y que me hablaste de esas experiencias que tuviste con hombres y que solo me contaste porque yo te hable de esa chica que besé en una fiesta estando muy borracha- Soltó una pequeña risa nerviosa. –Y luego comenzaste a cantar esa canción de Katy Perry y yo no podía creer que un chico tan serio como tú estuviera cantando esa canción y…- Erick suspiro y eso fue suficiente para que Magda se detuviera de golpe. –Lo que quería decirte es que sabía que esta era una posibilidad desde que los niños mencionaron que "El profesor era tu amigo"- Sonrió un poco y Erick realmente no podía decir que estuviera sorprendido. –Solo me tomó desprevenida que me lo dijeras así de golpe y de forma tan… honesta… no imaginé que fueras alguien así. Pensé que te conocía pero…-Negó suavemente con una sonrisa incomoda. -Me alegra que tengas a alguien, de verdad que sí… Los niños… ¿lo saben?- Un movimiento de cabeza apenas perceptible fue su respuesta. –Es mejor así, no se sentirán tan confundidos cuando la relación termine- Él siempre trataba de entenderla, pero era tan… sisañosa. –No trato de decir que su relación no puede… debería irme-
-Sí- Contesto fríamente. Cuando la mujer ladeo un poco su cuerpo a punto de dar media vuelta para irse, Erick paso la mano por su cabello con un toque de exasperación y otro poco de cansancio. –Puedo llevártelos mañana si quieres-
-Creí que…- La pelirroja no sabía que decir mientras una pequeña sonrisa comenzaba a iluminar su rostro.
-No estoy de acuerdo con toda la… idiotez que sale de tu boca, pero creo que lo que dijiste solo demuestra lo interesada que realmente estás en la seguridad de nuestros hijos… es un buen inicio- Ojos brillantes y llorosos que a Erick sorprendía que no le causaran ninguna reacción como las de antaño. Deseos de consolarla, abrazarla y decirle que todo se solucionaría.
Risas se filtraron por entre las paredes. Risas infantiles adornadas por la de un adulto, mutante y único.
-Él está aquí- Murmuro ella asintiendo, giró su cuerpo hacia el lado contrario y finalmente comenzó a alejarse.
Erick regresó al interior de su casa observando la cálida imagen que estaban montando sus hijos y el pequeño Kurt comiendo y compartiéndole al suelo al tiempo que trataban de mantener una conversación con Charles; el cual al verlo entrar le sonrió preguntándole con la mirada si todo estaba bien. Erick asintió sonriente sin peros ni escusas para sentirse completamente relajado, olvidando las noches de insomnio compartiendo cama con sus pequeños, olvidando aquellas ocasiones en las que era el destinatario de algún coqueteo casual y su mente le gritaba "no puedes, eres casado y amas a tu esposa" cuando en realidad ya no estaba casado, su esposa no lo amaba y él no debería amarla tampoco, debería encontrarse deseando esa aventura, ese romance casual con cualquiera, brincando de alegría por el "No compromiso" como en sus años de universidad, pero incapacitado de hacer tal cosa pues ya no era ese hombre. Olvidando la soledad, la ira, la amargura. Centrándose en este momento y en esta imagen.
Sonriendo a Charles.
Deseando besarlo.
Sintiéndose como el pequeño Erick de diez años la tarde antes de descubrir que era un mutante.
Libre.
Muchas gracias por contestar mi pregunta :)
Creí que había tomado una decisión en relación al Mpreg, pero no lo sé, vuelvo a leer sus opiniones y vuelvo a entrar en crisis. Seguiré pensando y me disculpo por eso.
Muchos me han preguntado si Sebastián aparecerá alguna vez. Sí, lo hará y sí, contaré que fue lo que le hizo a Charles, pero luego. Ustedes tranquilos, yo estresada.
Si tienen alguna duda, que no incluya contarles que pasará después con LUJO de detalle, no duden en preguntar.
Y finalmente, la frase más importante de todas:
¡Gracias por leer!
