N/A: Code Lyoko y sus personajes son propiedad de MoonScoop y France 3.
¡SI ERES NUEVO/A O ALGUNO DE LOS PERSONAJES TE CAUSA LÍO, TE RECOMIENDO QUE LEAS MI "FICHA TÉCNICA", SI NO, TE VA A RESULTAR DIFÍCIL DE ENTENDER!
Viaje en el tiempo
El potente rayo de luz hizo que pequeños puntos multicolores apareciesen sobre los ojos de Danielle Stern. Se movían arriba y abajo, de un lado a otro, y lo único que conseguían era marearla más y más. Afortunadamente segundos después gran parte de ellos desaparecieron, mientras que otros se atenuaron hasta ser casi invisibles. Pestañeó varias veces logrando su desvanecimiento completo. Por otro lado, una terrible sensación de vértigo se alojó en la parte superior de su estómago; en seguida la reconoció, ya la había sentido las pocas veces que accedió a subirse a esas montañas rusas tan enrevesadas que tanto pánico le daban. Se tocó la tripa con el iluso deseo de apaciguar un poco aquella sensación.
Alzó los ojos para observar un poco el lugar en el que estaba. A pesar de que al principio le molestaron un poco, con el transcurrir del tiempo su vista, perjudicada por a la anterior descarga de luz, volvió a la normalidad, pudiendo reconocer los cientos de colores brillantes y centelleantes que se deslizaban por las paredes de lo que parecía ser un túnel interminable. Iban girando y se extendían hasta el horizonte, más allá de lo que podía llegar su visión.
—¿Dónde estaré? —se preguntaba una y otra vez.
Se sentía pequeña e indefensa, y lo odiaba. Nunca le gustó parecer débil, y mucho menos sentirse de ese modo. Pero esta vez era distinto. Lo único que quería era volver a casa, meterse en la cama y esperar saborear una buena taza de chocolate caliente, que seguramente se la traería su madre con una sonrisa maternal, y un abrazo reconfortante de su padre. Se rió de sí misma por tener aquellos deseos tan infantiles. Ya no era ninguna niña pequeña y en ese momento debía de ser fuerte.
A sus espaldas, una sombra delgada y parpadeante la estaba acechando desde que apareció en aquél lugar. Era débil, y a cada segundo que pasaba se debilitaba más. No dispuesta a rendirse, se estiró lo máximo que pudo y logró enrollarse en el tobillo derecho de Danielle.
—¡Ah! —Aquél tacto tan extraño, frío; demasiado frío para su gusto.
No le dio apenas tiempo a reaccionar. La sombra fue deslizándose a través de su pierna, ágil y veloz. Se metió dentro de su abrigo y fue reptando hasta su estómago, luego llegó a sus hombros, y, finalmente, consiguió cumplir con su objetivo: meterse en su cabeza. Con un rápido movimiento se introdujo en la oreja izquierda de la joven, que gritó por la intromisión. Se sujetó la cabeza con fuerza a causa del gran dolor que estaba comenzando a aparecer. Se agitó varias veces, realizó varios movimientos bruscos, todo por intentar hacer desaparecer el terrible malestar, pero fue totalmente inútil. Ese intruso se iba a quedar en su cabeza por tiempo indefinido. Después de unos minutos, y sin poder evitarlo, Danielle cayó en la más absoluta oscuridad.
En lo más profundo de su subconsciente, una ola empezó a arrasar sus preciados recuerdos. Todos se fueron desvaneciendo lentamente, incluso los que ella creía olvidados y que se encontraban en los lugares más recónditos de su mente. El mismo destino les esperó a los que los que pensó que jamás olvidaría, como el dulce rostro de su madre, el amable gesto de su padre, la risa tan distintiva de su hermano, la suave y melodiosa voz de su hermana gemela, a la que era tan igual y tan diferente. Aquél torrente de agua estaba logrando borrar todas esas las largas aventuras y risas compartidas con sus amigos, las que hasta entonces habían estado grabadas a fuego en su memoria. Aquellas tardes de extrema felicidad que había pasado con sus queridos tíos, primos, hermanos, y con sus padres ya eran cosa del pasado, de otra vida, de otra Danielle. Ya no le pertenecían. Porque en ese mismo instante, su vida ya había cambiado. Ya no era Danielle Stern, la hija menor de los valientes Guerreros de Lyoko Yumi y Ulrich. No. Ahora era una persona completamente nueva que había olvidado que una vez tuvo una vida y una familia, que una vez perteneció a un sitio. De un modo u otro, había vuelto a nacer.
El último rayo de luz fue arrastrado por la luminosa espiral pocos segundos después, dejando la sala sumida en una completa penumbra. Tres de las cuatro personas que se encontraban allí no podían apartar la mirada del mismo lugar. Nadie se movió, nadie excepto Ulrich, que cayó aturdido sobre sus rodillas y con el brazo izquierdo estirado, como queriendo alcanzar a quien se acababa de esfumar como por arte de magia. Aún no terminaba de creerse lo que había presenciado. Ni si quiera pudo llegar a su lado, se quedó a medio camino. Si hubiese sido más rápido, si hubiese corrido más deprisa … Pero ya era tarde. No iba a tener una segunda oportunidad para hacerlo mejor, para salvar a su hija. Se apoyó en el suelo con el brazo que tenía levantado mientras que con el otro pegó un fuerte puñetazo. ¡Si tan sólo hubiese sido más rápido!
Odd, de pié junto con una paralizada Aelita, contemplaba a su amigo sin saber qué hacer o qué decir. Pocas veces en su vida se había visto en esa situación tan impotente. No quería meter la pata, pero su amigo le necesitaba, y si no iba a decir nada, lo mejor que podía hacer era hacerle saber que estaba ahí, dispuesto a hacer todo lo que le pidiese. Se acercó un poco a él, quedando a la suficiente distancia para ver cómo silenciosas lágrimas salpicaban el suelo. Rápidamente se arrodilló junto al alemán y le pasó un brazo por los hombros.
—Ulrich —susurró con voz pausada.
Justo en ese momento recordó al hombre que había atacado a su "sobrina". Levantó la cabeza como un rayo, maldiciéndose a sí mismo por olvidar algo tan importante, pero todo había ocurrido tan deprisa...
A unos metros de ellos y repentinamente, Steven había caído en redondo. "Parece que alguien se ha quedado sin pilas", pensó. Un problema menos.
Aelita, que afortunadamente había sido liberada por Odd, gateó con dificultad hasta Ulrich, colocándose a su derecha. Imitó a Odd y también le pasó un brazo por los hombros. El repentino contacto con la pelirosa llamó la atención del rubio, que la miró fijamente. Aelita negó con la cabeza y bajó la mirada. Sin falta de palabras, Odd entendió la gravedad de la situación.
—Ulrich —repitió Aelita. Ella tampoco sabía qué decir.
Si Ulrich la hubiese escuchado y mirado, habría podido ver cómo varias lágrimas resbalaban por sus mejillas y se ahogaban en el frío suelo de cemento, a poca distancia de donde morían las suyas. Aelita mejor que nadie conocía la gravedad de la situación: la Máquina del Tiempo no estaba terminada, no podía asegurar al cien por cien un viaje de ida, mucho menos uno de vuelta. Le faltaban pruebas, ensayos … No entendía cómo la solución salvadora y en la que todos tenían puestas sus esperanzas había podido causar tal catástrofe, tanto daño. El destino les había jugado una mala pasada.
Aún inmóvil pero con la cabeza funcionándole a una velocidad vertiginosa, Ulrich empezó a asimilar la amarga y cruda realidad. Danielle había desaparecido.. Un torrente de emociones le envolvió: primero una corriente fría. El dolor que sentía era mayor que cuando vio a Yumi desaparecer en el Mar digital sabiendo que existía la posibilidad de que desapareciese para siempre. Rápidamente esa sensación fría fue sustituida por una oleada ardiente y llena de rabia que parecía abrasarle por dentro. Toda la culpa la tenía XANA. Le había quitado una parte de él y tenía que pagarlo.
Se levantó de golpe, rompiendo bruscamente el abrazo de sus amigos. Odd iba a decirle algo, pero no tuvo tiempo. Bajo la atónita mirada del rubio y de Aelita, Ulrich se abalanzó sobre un moribundo Steven, que había empezado a despertarse. Lleno de rabia, empezó a lanzarle una lluvia de puñetazos sin detenerse en miramientos.
—¡Ulrich! —Gritó Aelita austada. No se había esperado esa reacción de su amigo—. ¡Basta ya! ¡Odd, haz algo!
No hizo falta ni que lo dijera, Odd se lanzó sobre Ulrich y empezó a tirar de él tratando de separarle del hombre, pero su fuerza no era equiparable a la de su amigo.
—¡Quieto Ulrich! ¡Está medio muerto! ¡¿Qué quieres, enviarle por correo urgente al más allá?! —Chilló.
Los gritos de Aelita se escuchaban lejos. Los tirones de Odd apenas los sentía. Sólo podía escuchar los latidos de su corazón en los oídos, junto con la voz de Danielle pidiéndole ayuda. Ese recuerdo lo único que hacía era que su rabia aumentase. Poco a poco la intensidad y la rapidez de los puñetazos fue aumentando al igual que la cantidad de lágrimas, que mojaban la cara de Steven y despejaban de sangre las zonas allá dónde caían.
—¡Para, por favor! —Volvió a gritar Aelita. La imagen que tenía frene a ella era demasiado escalofriante: Ulrich tenía la ropa manchada de sangre y los puños completamente enrojecidos, mientras que su víctima apenas tenía zonas de la cara libres de aquél líquido rojizo brillante.
—¡Ya basta!
Al fin Odd pudo separar a Ulrich, el cual no dejó de forcejear. El rubio maldijo la tremenda fuerza que tenía el alemán, así como la estupenda condición que le daba ser profesor de artes marciales. Algún día tenía que pedirle unas clases para ver si así él también aumentaba su fuerza.
—¡Maldito seas XANA, me has quitado a mi hija! —Gritó lleno de furia y luchando por volver a liberarse—. ¡Suéltame Odd, merece que lo mate!
—¡No te voy a soltar hasta que te calmes! —Lo sujetó aún más fuerte—. ¡Por mucho que le pegues, no vas a conseguir nada! ¡No va a hacer que Danielle vuelva!
Se arrepintió nada más terminar de hablar. Había sido demasiado duro, no tenía ue haberle dicho eso, pero le salió del alma y, pesase a quién le pesase, era la triste realidad. Automáticamente, Ulrich se quedó quieto. Odd se asustó e inclinó la cabeza para mirarle a la cara, temeroso de que le hubiese pasado algo. Le miró atentamente, a la expectativa de cualquier cambio.
—Es cierto —dijo finalmente con la voz sin ninguna emoción—, tienes razón.
—Ulrich, yo … —iba a disculparse por la dureza de sus palabras y, de paso, decirle que no fuese tan negativo, que alguna solución tenía que haber, pero el abrazo repentino de Ulrich lo sorprendió.
—Danielle se ha ido, Odd … y no he podido hacer nada para evitarlo.
Al igual que un niño pequeño, Ulrich hundió la cara en el hombro de su amigo y empezó a llorar desconsoladamente.
"¡Danielle!"
Abrió los ojos de par en par. Pestañeó varias veces hasta que su visión recuperó toda nitidez. El techo tenía un aspecto bastante viejo, con numerosas grietas delgadas y alguna que otra gotera. Se notaba que hacía mucho tiempo que no recibía un buen mantenimiento. ¿De que material estaría hecho? Parecía cemento, simple y llanamente cemento. Tal vez en tiempos mejores fue de un blanco inmaculado, pero el paso de los años había provocado que adquiriese un sucio color grisáceo. No era del todo feo: la oscuridad de las goteras le daba un aspecto interesante, creaba una elegante y lúgubre decoración moteada … casi parecía que había sido pintado así a propósito. Le pareció incluso bonito.
Tras un largo rato escrutando cada rincón de aquella curiosa combinación de grises y negros, se quiso levantar, pero nada más intentarlo, un espantoso latigazo de dolor recorrió su cuerpo, terminando por concentrarse en su espalda y cabeza, más concretamente, en la nuca. A pesar del dolor, lo siguió intentando hasta que logró enderezarse. En esa nueva posición, se llevó la mano a la zona afectada.
—Ay —se quejó cuando la rozó.
No entendía porqué le dolía, si ni si quiera recordaba haberse golpeado. Más bien, no recordaba nada de nada. Su mente era un pozo hueco y sin agua. Tan sólo sabía que había aparecido allí y que le dolía la cabeza, nada más. ¿Cómo diablos había llegado hasta allí? Y, ¿porqué estaba tan dolorida? Pero, sobretodo, ¿quién era? Preguntas, preguntas, y más preguntas. Todo era tan confuso …
Las cajas y los papeles esparcidos a un lado le llamaron la atención. En ese momento percibió que estaba en una sala; abandonada, dedujo por su descuidado aspecto. Parecía un almacén. Las paredes eran igual de grisáceas que el techo, pero con la única diferencia de que no tenían ni una gotera. No encontró ninguna ventana, por lo que no habría sabido decir si era de día o de noche. La única iluminación que había era la que se proyectaba por una de las puertas, la que estaba detrás de ella; era la única que estaba abierta.
En ese momento, de su muñeca derecha emergió un agudo pitido que atrajo toda su atención. Miró su propio brazo como si fuese la primera vez que lo veía. Estaba cubierto por una holgada manga de franela gris, bueno, más bien, toda la parte superior de su cuerpo lo estaba: llevaba un abrigo que parecía una capa y que le llegaba hasta los muslos. Se extrañó; no recordaba habérselo puesto.
Levantó el brazo y apartó la manga, dejando al descubierto un reluciente reloj rectangular de color plateado. Lo miró con curiosidad. Sólo tenía un botón en el lateral y la pantalla estaba encendida. En ella había algo escrito con letras digitales grises sobre un fondo azul marino en la parte superior y que se iba degradando conforme descendía, terminando en un brillante azul cielo.
—"Viaje completado" —leyó sin entender.
En cuanto terminó de leer aquél breve mensaje, la pantalla se distorsionó y sin previo aviso, se apagó. A pesar de que la pulsó, le dio golpecitos y toqueteó el botón repetidas veces, no se volvió a encender.
" Se ha roto", pensó. ¿A qué se referiría con "viaje completado? ¿Había hecho un viaje y no se acordaba? Todo era tan confuso.
Se pasó la mano derecha por el pelo, percibiendo su suave y lisa textura. Lo echó hacia delante: era bastante largo y llegaba hasta un poco más abajo del pecho. Cogió un mechón y lo miró. ¿Tanta era su confusión que ni reconocía su propio cabello? El color le pareció bonito: era castaño, mi muy oscuro, ni muy claro. Continuó estudiándose, como cuando un niño descubre un barrio completamente nuevo y desconocido en su ciudad. Se miró las piernas, que no eran ni cortas ni largas, y estaban cubiertas por una especie de mallas negras con franjas plateadas a los lados. Dichas mallas terminaban en las rodillas, donde comenzaban unas botas blancas con círculos negros. Tenía que reconocerlo, llevaba una ropa un tanto peculiar, pero bastante original a su parecer.
Una vez terminó de descubrirse, tomó la decisión de que lo mejor sería levantarse y buscar ayuda. Colocó las manos en el suelo para darse impulso y se puso en pié. Al principio le temblaron un poco las piernas, pero luego todo fue bien …. quitando el pinchazo en la nuca claro, que seguía ahí, inamovible. Volvió a mirar el cuarto, pero esta vez desde una nueva perspectiva. No se equivocaba, la única salida era la puerta por la que entraban tímidos rayos de luz. Tal vez la otra estuviese abierta, pero lo mejor sería seguir la luz.
La puerta fue a dar a un largo pasillo bastante iluminado, tanto que hasta podía ver las pequeñas motitas de polvo que volaban y daban vueltas sobre sí mismas. Toda esa luz le dijo que aún era de día. Siguió andando con precaución. Hasta ese momento no se le ocurrió la posibilidad de no estar sola. Aunque el silencio le decía que sí, que era la única en ese sitio, prefirió ir con cuidado. A la sala en la que había aparecido le siguieron otras bastante similares, exceptuando el orden: en unas apenas habían cosas, en otras todo estaba tirado por en medio. Prefirió no quedarse mucho rato, así que echó una ojeada rápida y siguió su camino.
Finalmente logró salir de aquel laberinto de habitaciones, desorden y polvo, llegando hasta un enorme pasillo principal de lo que parecía ser una fábrica. Entrecerró los ojos debido a la intensa luz que penetraba por las sucias cristaleras de la parte más alta del lugar. Poco tardó en acostumbrarse a la nueva iluminación y en cuanto pudo ver con claridad, se percató del viejo ascensor que había al otro extremo del pasillo; también vio, a unos metros de él, dos cuerdas cuidadosamente colgadas del techo. En cuanto sintió otro molesto pinchazo en la cabeza, se arrepintió de haberla levantado. ¡Vaya que si dolía! Se frotó un poco la nuca a la vez que daba unos pasos hacia delante y fue en esa nueva posición en la que pudo observar la ancha rampa que conectaba las dos plantas. Si subía por ahí, podría acceder a la puerta principal y salir. Emprendió la marcha, pero, de repente apareció una horrorosa sensación de vacío que se alojó en su estómago, seguida de un mareo acompañado por un intenso dolor que azotó su cabeza.
—¡Ah! —Gritó mientras se la volvía a sujetar.
Sólo pudo dar unos pocos pasos, y tal como le había pasado anteriormente, volvió a desmayarse.
Yumi se incorporó nada más abrir los ojos. ¡Qué rastrero! Aquél corpulento hombre apareció de la nada y les atacó por la espalda, justo cuando habían terminado de eliminar a todas esas molestas cucarachas. El grito de su hijo a su lado la alertó y le dio el tiempo suficiente para girarse y conocer a su atacante. Inútilmente se puso en posición de defensa; el hombre fácilmente se libró de los chicos y en cuanto la vio acercarse con el puño levantado le lanzó un rayo que la dejó K.O.
Suspiró y giró la cabeza, percatándose de los otros cuerpos tirados, recordándole que no estaba sola. Se levantó velozmente ignorando el dolor que sentía en todo el cuerpo y corrió junto a su hijo mayor, el que más cerca estaba.
—¡Alex! —Se arrodilló y le tocó la mejilla—. Alex, vamos, despierta —con suavidad, le sujetó del hombro izquierdo y lo empujó, colocándolo boca a arriba.
—¿Qué demonios ha pasado? —Con lentitud y la mano en la cabeza Yuuna se fue levantando hasta quedarse sentada.
Yumi alzó la cabeza al escuchar la voz de su hija. Suspiró aliviada al observar que estaba consciente y aparentemente bien.
—¡Yuuna! —La llamó sin separarse del lado de Alex—. ¿Estás bien, te duele algo?
—¡Mamá! —Yuuna la miró y se levantó—. Sí, parece que sí. Me duele un poco la cabeza, pero por lo demás estoy bien. ¿Y Alex?
—Agg, esto es lo que se debe sentir después de una resaca.
A pocos metros de Yuuna, Jake también comenzó a dar señales de vida. Al contrario que su amiga, no se movió, tan sólo se quedó tumbado frotándose los ojos.
—Jake, ¿te encuentras bien? —Preguntó la mitad japonesa volviendo a sentarse,, esta vez a su lado.
—Me pitan un poco los oídos, lo único —le sonrió y con su ayuda se incorporó—. ¿Alguien puede explicarme qué ha pasado?
—Nos atacaron —dijo Yumi con seriedad—. Era un hombre. Aprovechó que estábamos distraídos y nos disparó por la espalda.
—¡Qué desgraciado! —Exclamó Jake con indignación—. ¡Ni si quiera nos dio oportunidad para defendernos!
—¿Y quién sería? —se preguntó Yuuna en voz alta—. ¿Mamá, lograste verle?
—Sí, pero nada. No lo conozco ni me suena de nada ...
—¿Mamá?
En el regazo de la morena, Alex empezó a moverse débilmente mientras recuperaba el sentido. Yumi bajó la cabeza.
—Al fin. Dime, ¿te sientes bien, te duele algo?
Alex se desperezó un poco y tomó impulso para sentarse. Echó una ojeada y vio como su amigo y su hermana le sonreían.
—Sí, sólo estoy un poco confuso —dijo.
—¿Puedes ponerte de pie?
—Sí —El chico se levantó para hacerle ver que era verdad lo que decía.
—Bien, pues vamos —Yumi también se levantó y se dirigió hasta el ascensor—. Ese hombre puede seguir por aquí y tal vez ya se haya encontrado con los demás. Será mejor que bajemos y …
La japonesa no pudo terminar la frase. De la puerta que conducía a las salas abandonadas surgieron varias voces, lo que les hizo ponerse en guardia. Rápidamente se colocó delante de los chicos mientras se prometía mentalmente que no volvería a pillarla desprevenida. Echó la cabeza atrás y les hizo una seña para que avanzasen. Los jóvenes la entendieron en seguida y se pusieron a andar muy lentamente, siguiendo muy de cerca a la veterana. Con sigilo, Yumi fue caminando en dirección a las voces. Cuando ya estaban a poca distancia, vieron salir a Odd.
—¿Odd? —Yumi le miró perpleja sin entender qué hacía allí, si supuestamente se había ido junto con Ulrich en busca de Jérémie.
El rubio le devolvió la mirada, pero de inmediato volvió a centrarse en el hombre que se había quedado rezagado detrás de él. De nuevo se adentró en el pasillo y después de un breve forcejeo, lo sacó medio a arrastras mientras este se removía y gruñía como un perro rabioso.
—¡Ah! —Yuuna no pudo evitar soltar un chillido cuando vio a Steven con la cara llena de sangre. Seguramente también tendría manchado el traje, pero la oscura tela lo disimulaba muy bien, y lo único teñido de rojo era la camisa y el rostro.
—¡Es ese hombre! —Gritó la japonesa reconociendo a su atacante—. ¡Es el que nos atacó!
Detrás de Odd y de Steven vieron salir a Ulrich y a Aelita. El primero iba con la cabeza gacha mientras su amiga le sujetaba la enrojecida mano. Yumi se llevó la mano a la boca cuando vio la cara de su marido salpicada de sangre, al igual que sus manos y su chaqueta verde militar.
—¡Ulrich! —Sin esperar ni un segundo, fue corriendo hacia él. Su corazón empezó a acelerarse—. ¡¿Que te ha pasado?! ¡¿Estás herido?!
Ulrich levantó la cabeza topándose con los ojos de su mujer cargados de preocupación y duda. Yumi se alertó aún más cuando vio los orbes del castaño rojos y llorosos. Se quedó unos segundos mirándole, a la expectativa de que le explicase qué había pasado. Pero no dijo nada.
El pasar del tiempo y la ausencia de respuestas la estaba poniendo histérica. Al ver que el alemán no decía nada, llena de nervios pasó la mirada a su amiga con la esperanza de que esta le contase lo ocurrido. Aelita cerró momentáneamente los ojos, tratando de buscar las palabras adecuadas, pero le era imposible encontrarlas, ¿cómo le iba a decir a su amiga que su hija pequeña había sido engullida por un túnel temporal? Imposible.
—¿Alguien va a explicarme qué es lo que ha pasado? —Dijo cuando se le terminó la paciencia. Volvió a mirarlos, pero siguieron sin decir absolutamente nada—. ¡Por favor, que alguien diga algo! ¡Me voy a volver loca!
—Vamos, sed valientes —escupió Steven con sorna. Parecía imposible que con las heridas que Ulrich le había hecho aún pudiese hablar. Yumi se giró hacia él llena de curiosidad y con cierto recelo—. ¿Por qué no le decís de una vez lo que le ha pasado a esa maldita mocosa entrometida?
—¡Cállate! —Le ordenó Odd. El hombre le miró con odio.
—¿De qué está hablando? —La morena volvió a dirigirse a su marido—. Ulrich, ¿a qué se refiere ese imbécil?
—Yumi —Ulrich, de cuyos ojos aún escapaba alguna que otra lágrima furtiva, dejó a un lado su aversión de llorar frente a la gente y se abrazó fuertemente a la japonesa.
Ese repentino gesto de debilidad asustó a los jóvenes que presenciaba la escena completamente atónitos. Yuuna y su hermano terminaron de asustarse. Si su padre estaba en ese estado era porque algo realmente grave había pasado, o según ese hombre, algo muy grave le había sucedido a alguna de sus amigas. Por sus mentes pasaron Maya, Soraya, Danielle … El recuerdo de ellas, pero sobre todo de la última, hizo que un nudo se comenzase a formar en sus gargantas y sus corazones comenzasen a latir con fuerza. Lo mismo le pasó a Jake, que también temió por la vida de su hermana y sus dos amigas. Había mucho que perder. Cada vez que se enfrentaban a algún ataque de XANA lo tenían presente. Afortunadamente la suerte había corrido a su favor, pero tal vez en esa ocasión los hubiese olvidado.
—Por favor, dime lo que ha pasado —le susurró mientras le devolvía el abrazo. Yumi no era tonta, y en seguida comenzó a relacionar las cosas. El maldito de Steven había dicho que algo le había pasado a una mocosa; Ulrich estaba demasiado afectado y tanto él como ese hombre estaban manchados de sangre. Lo más seguro es que el causante de las heridas de Steven fuese su marido … Todo empezaba a tener sentido y fuese en ese momento cuando sintió que su corazón se detenía—. Danielle —dijo con un hilo de voz.
—Exacto, preciosa —las carcajadas de Steven se podrían haber escuchado en toda la fábrica—. Tenías que haber visto la cara que puso cuando la lancé contra la pared, pero sobre todo, la que puso cuando aquél aparato se encendió y empezó a engullirla —volvió a reír, pero esta vez con mucha más fuerza—. Seguramente no ha sobrevivido al viaje.
Yuuna, Alex y Jake se quedaron petrificados ante las palabras del hombre. Lo que estaban escuchando era demasiado para ellos. Yuuna se sintió desfallecer, y de no haber sido por los rápidos reflejos de su hermano, se habría estampado contra el suelo. Yumi por su parte y al igual que le pasó a Ulrich, sintió unos enormes sentimientos de rabia y terror subir por su cuerpo. Las manos le temblaban y la cabeza le daba vueltas mientras intentaba de procesar toda la nueva información. La risa de Steven fue la gota que colmó el vaso. No lo dudó ni un segundo. Soltó a Ulrich, se giró sobre sí misma, y como una leona se abalanzó sobre aquél hombre que la miraba con burla.
—¡Maldito cabrón! —En cuanto sintió el pie de Yumi hundirse en su mejilla derecha, cesó su molesta risa.
—¡Yumi! —Exclamó Odd con asombro. Tanto ella como Ulrich tenían el mismo modus operandi.
Steven cayó a un lado como un trapo viejo. No tuvo tiempo para recuperar el aliento: otra patada de Yumi, esta vez en el estómago, lo lanzó varios metros más lejos.
—¡Maldito desgraciado, mereces la muerte! —Yumi tenía los ojos llenos de lágrimas y las mejillas completamente rojas por la furia. Caminó con una lentitud terrorífica, pero repleta de decisión, hasta Steven—. ¡Vas a suplicarme piedad por tu patética vida, pero ni sueñes que te la voy a dar! —Gritó con rabia mientras le estampaba de nuevo el pie en el estómago—. ¡Tu no la tuviste con mi hija, así que no te la mereces!
—¡Sigue, por mí como si me matas! —Tuvo el descaro de decir esbozando una leve sonrisa—. ¡Sobre todo después de que sepas lo que le ha pasado a vuestro querido amiguito de gafas!
Aelita enseguida entendió que se refería a su marido y un escalofrió la recorrió de pies a cabeza a la vez que ahogaba un grito de horror.
—¡¿Qué le has hecho a Jérémie?! —Chilló histérica.
—¡El pobre infeliz ya debe de estar en el otro mundo! ¡La última vez que le vi su coche había hecho muy buenas migas con un árbol!
Ante esta revelación, Aelita casi se desmaya. Odd, al igual que los jóvenes chicos, se llevó ambas manos a la boca. Ulrich abiró los ojos de par en par.
—¡Hijo de puta! —Graznó la japonesa. Aprovechando que Steven se había incorporado, Yumi le estampó su potente puño en mitad de la cara, haciendo que la sangre de la nariz cayese a borbotones.
—Yumi, detente —Odd llegó corriendo hasta su amiga y la sujetó fuertemente—. Entiendo perfectamente tu dolor, y créeme, te dejaría que lo matases, al fin y al cabo, es lo que merece este mal nacido. Pero desgraciadamente lo necesitamos vivo para que nos diga dónde está Jérémie.
Aunque al principio forcejeó un poco, Yumi cesó a los pocos segundos. La rabia y la furia que hasta entonces la habían estado controlando desaparecieron, dejando paso a la tristeza y a la desolación. Odd la soltó, permitiendo que poco a poco resbalase hasta quedar arrodillada. Ulrich llegó a su lado y ambos se abrazaron consolándose mutuamente.
—Yumi, Ulrich —Aelita se acercó a temblaban las piernas y las manos a causa de lo que acababa saber de Jérémie, pero al menos, tenía que decirles algo que les diese esperanza. Si ella estuviese en su situación, le gustaría tener algo a lo que agarrase para no enloquecer—. He estado pensando, y existe la posibilidad de que Danielle haya resistido al viaje, no perdáis la esperanza.
Esas palabras les dieron cierta tranquilidad, la suficiente para no terminar de perder la cordura, que era lo que sentía que les estaba pasando. A un lado, Yuuna se cansó de estar quieta y se acercó a sus padres para sumirse en un fuerte abrazo. Alex siguió a su hermana, pero no sin antes asegurarse de que Jake estaba bien. Para él también había sido un duro golpe conocer la noticia de la desaparición de Danielle.
Y lo que había dicho Aelita era cierto. Se le había ocurrido después. La Máquina del Tiempo aún no estaba del todo preparada para ser usada, sí, pero puede que sí lo estuviese para realizar un único viaje de ida con éxito. Ella misma había participado en el desarrollo del proyecto, y estaba casi segura de que las posibilidades de sobrevivir a un salto temporal con la máquina a medio terminar eran altas. Tendría que asegurarse antes de meter las manos al fuego, tampoco quería darles falsas esperanzas a sus amigos.
—Ahora dinos, ¿dónde está Jérémie? —Odd levantó a Steven del suelo e hizo que lo mirase a los ojos. Este desvió la mirada—. ¡Responde! ¡¿Dónde está Jérémie?!
—Estoy aquí, Odd, relájate.
Todos alzaron la cabeza en cuanto escucharon la voz del recién llegado. En la planta superior y sujetando la cuerda listo para bajar estaba Jérémie. Aelita sintió que su corazón volvía a latir. Allí estaba su querido Jérémie, con una gran brecha en la frente, medio cojeando y la ropa hecha un desastre, pero vivo. El rubio se agarró a la cuerda y comenzó a descender lentamente.
—¿Jé-Jérémie? —De la impresión Odd soltó a Steven, que se pegó contra el suelo, volviendo a quedar fuera de combate—. Uy, lo sien... digo, te lo mereces —le dijo mirándole con seriedad.
—¡Jérémie, estás vivo! —Aelita corrió hacia él llena de felicidad y alivio. Cuando llegó a su lado, le abrazó con fuerza y le besó—. ¡Qué susto!
—Ay —se quejó cuando su mujer le rozó las heridas, pero le dio igual. Las dudas que tenía sobre su amor hacia él se esfumaron en cuanto vio aquél brillo de felicidad en sus ojos verdes por verlo sano y salvo.
—Este cabrón nos dijo que tu coche se había estampado contra un árbol —explicó Odd acercándose a él—. ¿De verdad eres tú o eres una aparición? —Le pellizcó el brazo.
—Ay, Odd, que me haces daño.
—Perdona, pero era para asegurarme —se disculpó con una pequeña sonrisa.
—Con que estaba aquí —dijo Jérémie refiriéndose a su jefe, que yacía tirado en el suelo—. Menos mal, ¿habéis logrado recuperar la Máquina del Tiempo?
Se hizo un largo silencio. Ulrich y Yumi se levantaron, se limpiaron las últimas lágrimas, y fueron hasta él.
—Me alegra verte aquí, Jérémie —dijo Yumi con voz apagada.
—Lo mismo digo. Nos alegra saber que nada te detiene —continuó Ulrich.
—Muchas gracias a los dos, pero, ¿qué es lo que ha pasado? ¿Por qué tenéis esas caras? —Jérémie pasó la mirada de Ulrich a Yumi, luego se percató de los jóvenes que habían empezado a acercarse.
—Hola tío Jérémie —dijo Yuuna. Los otros dos chicos le sonrieron ligeramente. Aunque se sintiesen felices por ver allí a su apreciado tío, la preocupación por Danielle era mayor.
El ruido del ascensor atrajo la atención de todos. Tantas cosas habían pasado, y tan rápido, que olvidaron por completo que allí faltaba gente. Tras el espantoso ruido de la puerta abriéndose, surgieron Soraya y Max. Ambos estaban pálidos, con la ropa un poco chamuscada y el pelo revuelto; perfectamente habrían pasado por fantasmas. Entre ellos y a duras penas Maya se apoyaba en ambos. Aquél desgraciado le había dado de lleno en la espalda con uno de sus terribles rayos y caminar era una completa agonía. Cada paso suponía demasiado esfuerzo y un enorme gasto de energía. Pero estaba feliz, al menos había evitado que la Máquina del Tiempo acabase en manos del jefe de su padre. Tenía la esperanza de que Danielle hubiese escapado y la hubiese puesto a salvo. En ese momento la hacía lejos de allí. Daba igual la terrible condición en la que les había dejado ese hombre. A ella le costaba caminar, Soraya no podía articular palabra y Max temblaba tanto que parecía una maraca andante. Pero no les importaba, mientras XANA no se hubiese hecho con la máquina, todo sacrificio había valido la pena. Eso iba pensando la mayor de los hermanos Belpois cuando al salir del ascensor se topó con sus padres y todos sus amigos allí reunidos.
Los recién llegados les miraron con curiosidad; estos lo hicieron del mismo modo. Había mucho que explicar.
Aprovechando el día de seguridad, riesgo y prevención de incendios y que las clases de la tarde habían sido suspendidas, los Guerreros de Lyoko decidieron realizar la primera prueba de la nueva nave que les ayudaría a buscar a XANA por la red. Ciertamente, todos estaban entusiasmados. Bueno, casi todos; Jérémie en un principio se mostró contrario a la idea por el miedo a que el Skidbladnir no aguantase el primer viaje. Por eso acordaron que únicamente probarían el sistema de arranque. Sólo así cedió.
De lo más profundo de la alcantarilla, la cual estaba al principio del puente que conectaba la ciudad con la fábrica, surgió una puntiaguda cabellera rubia. Su dueño, un bajito y delgado chico de aspecto aniñado, ayudó a salir a una chica de brillante cabello rosa. A estos dos pronto se unieron otro rubio, una alta morena con rasgos asiáticos y un castaño, que fue el que se encargó de recolocar la tapadera de la alcantarilla. Una vez ocultado el pasadizo secreto, se pusieron a andar, continuando con su trivial charla.
—¡En cuanto XANA nos vea aparecer con el Skid, va a salir por patas! —Dijo el chico más bajito—. Bueno, si es que tiene...
—Odd, te recuerdo que sólo vais a hacer una prueba de arranque —le recordó con tono aburrido el rubio de gafas—. Nada de viajes … al menos, no por ahora.
—Sí, sí, ya, ya —contestó el primero abriendo y cerrando la mano rápidamente como si esta pudiese hablar—. No te sulfures, Jérémie, te van a salir arrugas antes de tiempo, ya verás. Con lo angustias que eres, no me extrañaría que cuando cumplieses los veinte parecieses una pasa con patas …. y gafas.
Los otros tres chicos rieron divertidos a la vez que Jérémie resoplaba.
Llegaron a la entrada, y en seguida fueron hasta las dos cuerdas que colgaban del techo. Cuando la chica pelirrosa y el rubio de gafas se disponían a bajar, la primera lo detuvo y señaló a un punto en la planta baja.
—¡Jérémie espera! —Le gritó exaltada—. ¡Mira allí abajo!
—¿Eh? —Jérémie siguió la dirección que le señalaba Aelita sin entender a qué se refería.
En la planta inferior y justo en medio, yacía una chica. Jérémie abrió bien los ojos, incrédulo de lo que estaba viendo. Pestañeó dos veces para confirmar que aquella visión era real.
—¡Una chica! —Exclamó Yumi a su lado.
—¡Bajemos! —Dijo Aelita sujetándose a la cuerda.
—¡Espera Aelita, podría ser una … ! —Antes de que Jérémie terminase de hablar, Aelita ya estaba abajo. A la velocidad de la luz le siguieron Yumi, Ulrich y finalmente Odd—. Trampa. Me encanta cuando se me escucha.
Resignado, Jérémie sujetó su cuerda, se deslizó por ella, y no la soltó hasta que sus pies sintieron el suelo. Una vez abajo se dio cuenta de que sus amigos habían hecho un corrillo alrededor de la desconocida: Aelita y Yumi estaban arrodilladas cada una a un lado, Odd se inclinaba para ver mejor apoyado sobre sus rodillas y Ulrich se había puesto de cuclillas.
Jérémie suspiró y mientras emprendía la marcha hasta los otros chicos, sacó su portátil y lo encendió. No todos los días aparecía una chica desmayada en mitad de la fábrica, por lo que tenía sus sospechas. Una vez el ordenador terminó de reiniciarse, se dispuso a comprobar si había alguna torre activada. Tras unos segundos, el escáner no encontró nada. Suspiró aliviado; no había nada de lo que preocuparse, esa chica no tenía nada que ver con XANA.
—A ver, a ver, no la agobiéis. —- Cuando llegó hasta ellos, guardó de nuevo el portátil y se arrodilló junto a la chica—. ¿Habéis comprobado que tiene pulso?
—Sí —respondió Yumi—. Su corazón late con normalidad.
—¿Qué hacemos, llamamos a una ambulancia? —Propuso Ulrich.
—No creo que sea muy necesario. A simple vista no parece herida —Jérémie se sujetó la barbilla y se reajustó las gafas—. Terminará despertándose.
—¿Y no sería mejor sacarla de aquí? Es decir, puede que haya descubierto el súperordenador. Si despierta fuera de la fábrica, tal vez piense que todo ha sido un sueño.
Aelita y Jérémie valoraron lo que decía Yumi. Sí, tenía razón, pero su vena deductiva hacía que sintiesen la necesidad de averiguar más de aquella misteriosa chica y saber qué le había pasado. Tal vez descubriesen algo importante y de vital importancia. Mientras los dos genios encontraban una solución rápida, la muchacha empezó a realizar pequeños movimientos. Se alarmaron.
—Atrás, atrás —Jérémie les hizo una señal para que se separasen un poco de la joven—. Se está despertando.
Los Guerreros de Lyoko obedecieron y se movieron para dejar más espacio entre ellos y la chica, pero no quitaron ni un ápice de atención a cada movimiento que hacía. Primero empezó a mover las manos, luego sus cejas y sus párpados temblaron, como si estuviese siendo víctima de una horrible pesadilla, hasta que pasados unos minutos, abrió los ojos de golpe.
—¡Socorro! —Se incorporó con un ágil movimiento y sin ser consciente de lo que acababa de decir. Ese movimiento tan brusco le recordó el dolor que tenía alojado en la parte inferior de la cabeza. Se llevó la mano a la zona afectada y la frotó.
Hasta entonces, la chica no estaba siendo consciente de que estaba siendo observada por diez ojos curiosos que seguían con mucha atención cada movimiento que realizaba. Los cinco jóvenes prefirieron no decir nada y esperar a que ella misma se diese cuenta de sus presencias.
—Au —se quejó. Seguía sin comprender por qué le dolía tanto aquella zona de la cabeza. Aunque no lo recordase, estaba segura de que se había llevado un buen golpe. Pero, a saber cómo y dónde. Cansada de mirar al suelo y sintiéndose observada, giró la cabeza, topándose frente a frente con cinco chicos que la miraban embelesados.
—¡Hola! —Dijo Odd con alegría cuando la joven les miró. Los otros cuatro chicos le sonrieron, imitando a su amigo.
—¡Ah! —Chilló asustada. El susto de verlos allí fue tal que de inmediato retiró la mano de la nuca y se arrastró a un lado para alejarse de ellos lo más rápido posible—. ¡¿Quienes sois?! ¡¿Y por qué me estáis mirando así?! —Les preguntó a gritos.
Los Guerreros de Lyoko la observaron con asombro. Esa chica que les estaba mirando con terror les era demasiado familiar. Sus gestos, su tono de voz al gritarles, sus rasgos, todo eso ya los habían visto en otra parte. No podían negarlo, el parecido era demasiado grande como para no verlo. Se miraron entre sí; todos habían coincidido en lo mismo: aquella chica se parecía a Ulrich.
Continuará
¡Sí, sigo viva!
Esta vez no tengo perdón. Lamento mucho tantos meses de ausencia, pero cuestiones personales, falta de inspiración e inseguridad por lo que estaba escribiendo tuvieron la culpa. La patata de ordenador que tengo también es culpable. De nuevo, perdón.
Sé que lo he prometido más de un millón de veces, pero esta vez no os volveré a dejar. Ya tengo el siguiente capítulo escrito, unos cuantos retoques más y en unos días (dos, máximo tres) lo subiré.
En cuanto al fic, ¿qué os ha parecido? ¿Me he pasado un poco? Me he dado cuenta de que esto se está volviendo un poco serio, así que subiré el rating. Espero que me contéis vuestras impresiones sobre las emociones que he tratado de transmitir. No soy muy buena con eso, lo admito.
codelyokofan210399: ¡Hola! ¡Me alegra tanto leerte! He de decir que tu comentario fue uno de los mejores regalos de cumpleaños que podía haber recibido. ¡Muchísimas pero muchísimas gracias! Flaneo mucho al clon de William, y al recordarme el caso de la pista casi me haces llorar de la risa xD XD. Demasie. Y lo de la Máquina del tiempo lo comparto. ¡Yo quiero una!
Guest: ¡Muchas gracias por tu tiempo! ¡Espero que este capítulo también te haya gustado!
Wolf remus potter: Mil disculpas por la espera. Agradezco mucho tu comentario, todos me dan ánimos y los valoro muchísimo, pero el tuyo llegó justo en el momento en el que más lo necesitaba. ¡Muchísimas gracias!
¡Hasta pronto! (Sí, esta vez es cierto, lo juro)
IndiaRose31
