Como apenas tengo tiempo de estar delante del ordenador, esta semana decidí comprar un bloc de notas, coger un bolígrafo y escribir a la vieja usanza, a mano. Este capítulo ha ido formándose entre esperas en una estación de metro, zarandeo de un tren de cercanías y entre descansos de las clases de alemán.
Muchas gracias de nuevo a todos los que seguís este relato
Los personajes de Blue Exorcist son obra de Kazue Kato y la finalidad de este relato es solo entretener
11. Anstrengend
Yukio decidió que cuando la aguja más larga del reloj llegase a y media, se marcharía. No tenía sentido seguir esperando a Mephisto tras más de veinte minutos.
El caballero honorario había abandonado el despacho apenas unos instantes después de que Rin se fuera con la intención de convencer a Shiemi que volviese a su casa.
Por mi preocupado que Yukio se encontrase por la inviabilidad del plan sin sentido de su hermano mayor de invocar a Satán con un portal en San Pedro, no podía dejar de inquietarse por Shiemi. Un rechazo de ayuda por parte de su exnovio significaba cerrar todas las puertas a la reconciliación.
Aunque Yukio desconocía que había pasado aquella noche de cumpleaños, siempre había visto muy probable que volviesen. No, no quería ni plantearse por ningún momento la idea de aprovecharse de la situación de debilidad de Shiemi. Además ella se lo había dejado claro: él solo había sido un amor platónico de temprana juventud, el héroe de una niña soñadora.
¿Qué hubiera pasado si hubiese aceptado su invitación al baile del festival de la Academia cuatro años atrás?
Se había torturado muchas veces con el "y si, y si…" cuando veía a Rin y a Shiemi compartiendo una tonta felicidad que él había rechazado por una causa completamente justificada; desconocimiento sobre qué señales de su ascendencia se podrían presentar en su cuerpo. Motivo más que suficiente a los quince años, insuficiente a los diecinueve.
-¡Okumura, qué sorpresa! No esperaba que aún estuvieras en mi despacho.
Justo cuando el plazo de Yukio para marcharse expiraba Mephisto se materializó a su lado.
Yukio no mostró señales de la sorpresa que internamente sintió. Aún no había perdido la práctica de controlar las emociones diarias que podían denotar debilidad al rival.
-Veo que Shima sí que te ha dejado solo. ¡Ay, ese chico es tan inquieto!
Yukio supo que le estaba lanzando el sedal para que expresase lo incomodo que le resultaba estar en compañía del espía. Naturalmente se calló.
La sonrisita de suficiencia de Mephisto hizo prender una mecha de rabia en una parte bien oculta de su ánimo.
No deben afectarme sus palabras –se dijo a sí mismo. Aunque sabía de antemano que era una batalla perdida. Un guerrero como él siempre tiene ventaja sobre otro luchador si anticipa sus movimientos pero Mephisto era un estratega neto y enfrentarse a él en su campo era tiempo perdido.
La única arma que podía serle útil era tomar el turno de palabra.
-Señor Pheles, le ha esperado porque preciso que convenza a mi hermano de parar el plan que ustedes dos han diseñado.
Mephisto esperaba esa petición por supuesto. Dejó de lado el dossier que había tomado del escritorio fingiendo hojearlo con total fingido interés y con el orgullo de domador que contempla como una fiera realiza la acrobacia que le ha enseñado repuso:
-Me temo Okumura que no puedo atender tu petición. Máxime ahora que el plan ha tenido que ser abortado.
¿Habían abandonado el plan? Pero Mephisto no parecía molesto, al contrario, parecía muy satisfecho al juzgar por como lo brillaban las verdes pupilas.
-Y por favor, tutéame. Yo pensaba que esa esta etapa de formalidades había quedado atrás hace tiempo. Al fin a cuentas somos familia.
Yukio tuvo unas ganas terribles de rechinar los dientes. No, tenía que resistirse.
Mientras mantuviera las distancias con Mephisto, su negativa a rendirse tomando el camino fácil y bochornoso de aceptar que compartía lazos con los reyes de Gehenna, seguiría siendo patente. Cierto era tras los sucesos de los Illuminati y coincidiendo con un acercamiento hacia Mephisto en agradecimiento por su apoyo, para nada desinteresado, había empezado a tutearle. Pero esa noche necesitaba volver a distanciarse para mantener el control.
-¿Qué ha sucedido?
Mephisto se recreó en la sensación de curiosidad que había conseguido despertar en Yukio y demoró su respuesta sentándose con parsimonia en el sillón tras el escritorio.
-Rin ha confesado que él es el creador del portal y está detenido en prisión.
Yukio tuvo que hacer acopio de todo su temple para no soltar ahora sí una gran exclamación de sorpresa. Su instinto le decía que Mephisto no mentía, aunque seguro que se guardaba una parte de la información.
Rin. ¡Maldita sea! Hasta el día que abandonase este mundo, Yukio siempre tendría que sacarle las castañas del fuego.
-¿Y qué va a hacer, señor Pheles? Usted es uno de los cerebros, sino el único cerebro del plan.
Mephisto soltó aire por la nariz al reírse por la cabezonería de Yukio de seguir dirigiéndose a él con formalismos.
-Yo ya he sido deleitado con un interrogatorio intensivo por parte del comité de crisis durante más de tres cuartos de hora. Naturalmente no me han podido sonsacar nada.
¿Cuarenta y cinco minutos?
¡Imposible!
Yukio miró el reloj del despacho de nuevo. Las tres y media de la madrugada, hora del Vaticano. Los cuarenta y cinco minutos que había dicho Mephisto que había durado el interrogatorio era más que el tiempo transcurrido desde que Rin había salido en busca de Shiemi.
Consultó su móvil. Las diez y media de la mañana en Japón. La hora pues del reloj de cucú del despacho era correcta.
Con un presentimiento escrutó a Mephisto. Este aguantaba su barbilla en la palma de su mano derecha mientras movía los dedos con la misma diversión que mostraba la expresión de su rostro.
Yukio dedujo lo que había pasado.
Mephisto supo que lo sabía y sin variar su rostro lleno de entretenimiento chasqueó los dedos de su mano izquierda y a través de la ventana, la noche se hizo día iluminando la cúpula del Vaticano mientras las agujas del reloj se movían a toda velocidad para mostrar la hora real. ¡Las cinco y media!
Yukio había estado atrapado en un bug temporal más de dos horas.
-Compréndelo, no podía dejar que te paseases por el Vaticano y estropeases la reconciliación de Rin y Shiemi. ¡Ah! Cuando veas a la señorita Moriyama felicítala. Ha aceptado la propuesta de matrimonio de tu hermano mayor.
Yukio estalló.
Dio cuatro pasos hasta el escritorio, puso las dos manos sobre el tablero de pulida madera trabajada y le chilló a quien se había propuesto sacarle de las casillas desde que había entrado al despacho.
-¡Vaya a hablar con Angel y dígale que libere a Rin! ¡Hágalo o sino yo mismo les diré que les ha engañado de nuevo!
Maldita sea, no perdía esa sonrisita ufana. Yukio estaba haciendo justo lo que Mephisto había previsto en el guion que había preparado. ¡Tenía que conseguir salirse del guion! Él no era un juguete en manos de demonios, él era una persona con capacidad de decidir y elegir su propio camino.
Con rabia se apretó la sien con ambas manos intentando que el dolor de cabeza que de pronto le había empezado por esa subida de tensión no fuese a más.
-Yukio, deberías relajarte… -su tono sibilino expresaba justo lo contrario. Quería estirar las cuerdas hasta ver cuando se quebraba su aguante.
-Mi padre me dio un consejo – habló siguiendo un recuerdo que ese arrebato había llevado a su mente. – De todos los miembros de la Orden de la Cruz Verdadera en quien más puedes confiar es Mephisto Pheles y en quien menos es en el rey Samael.
Yukio abrió los ojos y descubrió que la burla había desaparecido del rostro del otro, siendo reemplazado por genuino interés despertado por la curiosidad. Tenía más palabras en la garganta pero las silenció antes de nacer. El ver a aquel demonio tan poderoso tan pendiente de él, relajó su cuerpo. Una ligera sonrisa apareció en su boca. Una pequeña victoria, había conseguido salirse del guion.
-Tu padre fue un hombre lleno de sabiduría.
El tono de Mephisto era solemne y con un poso de melancolía. Sus ojos no titilaban por lágrimas, su gesto cordial no menguó pero Yukio sabía que con aquel recuerdo había rozado con las yemas de sus dedos la superficie del corazón oculto del rey del tiempo.
-Por favor, señor Pheles, haga que suelten a mi hermano.
Mephisto estudió con atención a Yukio mientras le respondía.
-Tu padre seguro que te enseñó que no es aconsejable pedir algo a un demonio.
-No lo estoy pidiendo.
Mephisto se echó atrás en el sillón mientras soltaba una suave carcajada.
-Lo que más me gusta de ti y de tu hermano mellizo es como veo pequeños reflejos de Shiro en cada cosa que hacéis.
Yukio no pudo más que darle la razón. El padre Fujimoto seguiría presente mientras ellos dos viviesen.
-Está bien –concedió Mephisto, pero Yukio tenía sus reservas. La bondad y la generosidad no eran parte de parte de sus tributos. Aun así preguntó sabiendo que la respuesta no iba a ser tan sencilla.
-¿Va a decirles que mi hermano cerrará el portal?
-¿Rin? Je, je. No puede hacerlo, tampoco yo –se anticipó a la siguiente pregunta de Yukio- Rin lo abrió con su sangre para abrir un paso entre Assiah y Gehenna, una invitación para que Satán acudiese a verle y solo podrá cerrarse una vez cumpla el cometido por el que fue creado.
La explicación de Mephisto había tenido un tono profesional y por esto Yukio supo que no le mentía. Lleno de espanto no totalmente disimulado quiso concretar.
-¿Insinúa que ese portal estará ahí hasta que Satán venga a Assiah?
-Debes hacer memoria para recordar que yo no puedo paralizar un portal para siempre y que este se acabará abriendo solo en un plazo que no puedo determinar.
-Pero entonces… ¿qué sentido apresar a Rin?
Y entonces Yukio supo su deducción anterior, cuando Rin le había explicado el plan insensato, era cierta.
El objetivo del portal no había sido nunca forzar una oportunidad para derrotar a Satán, sino…
La furia frustrante le hizo dar un puñetazo a la mesa.
-¡He sido yo todo el tiempo! ¿Verdad? Me quería justo aquí pidiendo que liberase a mi hermano. Nunca estuvo de acuerdo en que abandonase el ejercicio del exorcismo por mis estudios de medicina. Usted labró mi camino en la Academia para convertirme tan joven en exorcista y yo iba a estropear su obra.
Yukio intentó que el interés con que Mephisto le contemplaba recreándose de su enfado no cortase el hilo de sus pensamientos. Lo estaba consiguiendo, se estaba saliendo del guion. Decidido, le señaló con el dedo índice.
-Me dejó la llave maestra, las claves para acceder a la intranet, porque sabía que así continuaría ligado a la Orden. Pero no era suficiente para hacerme volver al redil, así que convenció a mi hermano para que hiciese el portal, le engañó porque sabía que yo acudiría a ayudarle cuando se metiese en líos y Rin es tan estúpido que no lo vio, nunca ve nada.
-Creo que infravaloras a Rin.
-¡Me preocupo por él, algo que usted no podrá entender! ¡Dice que ama a los humanos, pero permítame que lo dude!
Mephisto se mesó la puntiaguda barba observando como Yukio lanzaba fuera toda la frustración que llevaba dentro.
-¡No voy a volver, ni cuando acabe los estudios ni nunca! ¡Estoy harto de no poder dirigir mi vida!
Ante aquella confesión, Mephisto replicó con total calma.
-Ya me lo imaginaba, Okumura, pero como Caballero Honorario es mi deber evitar perder a uno de los mejores exorcistas.
-Pues me temo que ya lo ha perdido. Estoy harto de sus mentiras, de sus líos, de sus manejos. Y pensar que estaba dispuesto a trabajar a sus órdenes el fin de semana si paraba el plan. ¡Usted es una de las causas por la que decidí irme!
-¿Por qué me dices esto cuando sabes de sobra que sé que mientes? La razón por la que te fuiste es esta.
Envuelto en un polvo rosa apareció la pequeña cajita de plata donde Mephisto había encerrado el corazón de Yukio.
Durante toda aquella tensa charla, Yukio se había sentido como si estuviera en una clase de lucha, defendiéndose, encajando un golpe tras otro y ahora Mephisto había ganado la pelea con un gancho contundente.
-Nunca podrás huir de lo que eres, Yukio. Y Rin nunca ha sido tan estúpido, como tú crees, porque él jamás se rendiría a mí como tú lo hiciste. Si uno de los dos hermanos Okumura es un inconsciente desde luego no es él.
Yukio sentía todo su cuerpo paralizado mirando la cajita. Un fuerte deseo nació en él. Tenía que recuperarlo. Nunca había visto el peligro de confiar sus poderes a Mephisto como en aquel momento.
Con un chasquido de los dedos, que no había utilizado para hacer aparecer la cajita, Mephisto la hizo desaparecer.
-No estás preparado aún, Yukio. Yo de ti, pediría consejo a Rin.
Se burlaba, se reía de él de nuevo.
Si la prudencia siempre había guiado gran parte de su vida, decidió ignorarla. Quizá la cercanía de su verdadero corazón demoniaco despertó los peores instintos en él porque la rabia le hizo darse la vuelta sin despedirse, cerrar la puerta del despacho de un trompazo, recorrer los pasillos del Vaticano ignorando los murmullos a su paso de los exorcistas que le reconocían y cuando alguien le paró recordándole que no tenía autorización para estar allí, solo respondió:
-Quiero ver a Angel.
Apenas una hora más tarde, el Caballero Honorario era encerrado en la celda de delante de Rin, que contemplaba la escena totalmente anonadado.
Cuando la escolta formada por un triunfal Angel, un precavido Lightning y cuatro guardias suizos, abandonaron la prisión, Mephisto cambió el espartano mobiliario de la celda por el de una coqueta sala de estar y, sentándose en un sillón orejero, cruzó las piernas satisfecho, diciéndole a Rin:
-Yukio ha estado magnífico. Ha hecho su papel a la perfección, no se ha saltado ni una coma de mi guión.
Notas:
- Anstrengend, significa en alemán agotador, fatigoso. Suele calificarse así un trabajo que es muy pesado y estresante. Escribiendo este capítulo ese adjetivo me vino mil veces a la mente al desarrollar la conversación entre Mephisto y Yukio. Además creo que define también el trabajo de un exorcista.
