Capítulo X

Te necesito a mi lado

El álgido céfiro náutico ajaba con mesura la fastuosa talante de la pelirosa. Sus crines rosetas bullían a la premiosa cesura del vendaval, como una pantomima encantadora. Acarició con la yema de sus finos dedos adormecidos la madera agrietada del trancanil al mismo tiempo que colmaba sus fosas nasales del aroma a maresía.

Llevaban cerca de una semana navegando por las aguas del mar Arashi. La única forma de arribar al Reino del Remolino era cruzando el estrecho Tatsumaki, mismo que conectaba a Kumogakure con Uzushiogakure. Como era de esperarse, la travesía distó de ser deleitable tornándose en una especie de tortura para todos los tripulantes de la nave. Diversos factores como los paroxismos climatológicos, las olas de gran violencia y las corrientes que circulaban a más de ocho nudos contribuyeron a convertir el viaje en una verdadera tortura.

La triada fue capaz de conciliar el sueño a la cuarta noche, cuando dejaron atrás, oficialmente, el estrecho Tatsumaki.

Durante los días restantes, tanto Sasuke como Naruto pasaban tardes enteras concibiendo inextricables estrategias de lid, controvirtiendo entre ellos, bregando quien era superior. Por supuesto, la pelirosa se cansó de eso, y en lugar de intervenir se condenó a sí misma a advenir los ocasos y las retretas en la intimidad de su compartimiento. Nunca pensó en la soledad como algo protervo, su abuelo solía decirle que el retraimiento era bueno para el alma, curaba las heridas, sosegaba los pensamientos, ayudaba a descubrirse a uno mismo y despojarse de lo que no se era.

Luego de lo acontecido en Uzushiogakure, Sakura no podía negar lo que sentía por Sasuke. La estival pasión juvenil del verano había quedado atrás para abrirle paso a un truculento solaz de pasiones oprimidas y deseos carnales. Ella bien sabía que tenía una promesa con Neji, pero ¿Cómo iba a serle fiel a su convite cuando las necesidades de su corazón eran inconmensurables?

Sé que ese chico es importante para ti, Sakura.

Lo es— admitió deliberadamente.

Tu padre no me amaba cuando nos casamos, difícilmente me conocía o yo a él. El amor no surgió de repente entre nosotros, lo construimos lentamente durante el paso de los años, por ti, por tu hermano, por el bien de todos. No parece tan excitante como una pasión adolescente secreta, pero es fuerte y perdura— le dijo su madre en un sincero consejo, tratando de persuadirla y otorgarle consuelo.

¿Y eso es lo que me espera a mí con Hyuga Neji? ¿Lo que tú y papá tienen?— preguntó, procurando esconder el dolor que comenzó a surgir en su tono de voz.

¿Por qué no?, ¿Por qué no es tan interesante?, ¿Por qué no es tan emigrante como Uchiha Sasuke?

Lo defiendes porque tú lo arreglaste, el matrimonio— rodó los ojos al mismo tiempo que cruzaba los brazos, adquiriendo una postura defensiva.

Y tú accediste a hacerlo. Le diste tu palabra. Rompe tus juramentos y tu gente hará lo mismo— le recordó su madre.

El discurso redundaba en su mente una y otra vez. Era egoísta, caprichosa, pero eso no la inquietaba en lo absoluto, sino la certeza que tenía sobre infringir mil promesas con tal de estar con Sasuke.

— ¿Vas a venir o piensas regresar al barco?— cuestionó Sasuke.

La pelirosa parpadeó, ofuscada, aun medio atrapada en la nimiedad de las retentivas. El azabache se encontraba frente a ella, con la capa atada el cuello y la mano enguantada, extendida en su dirección, ofreciéndole ayuda para descender de la almadía.

Estuvo tan absorta en sus pensamientos que no se percató del momento del arribo a las costas de Uzushiogakure. Sin pensarlo demasiado, afianzó sus dedos a la palma enfundada en cuero, él la tomó con fuerza, auxiliándola a ponerse de pie. Rodeó su cintura con facilidad, un escalofrío recorrió su cuerpo al sentir como un brazo fuerte la sostenía con delicadeza, mordió sus labios en un desesperado intento de acallar un gemido, tenerlo cerca embriagaba sus sentidos y enturbiaba su juicio. El contacto fue rápido, pero certero, tan fatal para desorientarla. Temió que sus piernas fallaran puesto que temblaban y no precisamente por el clima, sino por la violenta reacción de su cuerpo al roce de Sasuke Uchiha. Se contemplaron durante algunos segundos, confesándose en silencio el secreto que resguardaban desde aquella noche, el mismo que buscaban avivar cada momento.

El azabache la depositó en el suelo, cerciorándose que ambos pies de la pelirosa permanecieran firmes en la arena. Ella, agradeció el gesto con una sonrisa, apartó las manos de sus firmes hombros y las pasó tres veces por la tela del vestido, disipando las arrugas imaginarias como señal de nerviosismo. Sus fanales esmeraldas viajaron del rostro del azabache el paisaje nevado. Había escuchado historias sobre las peculiaridades del Reino del Remolino, relatos fascinantes sobre dragones de hielo y guerreros invencibles, forjados de nieve en el corazón de las montañas, por supuesto no eran más que viejos cuentos para dormir, sin embargo, parecía tan irreal, como un sueño.

Remisamente, encauzó su transitar hacia un punto inespecífico. Dubitativa, se hincó sobre la húmeda y gélida arena, acarició con temor los pequeños granos tratando de procesar toda la belleza que sus ojos admiraban.

—Magnifico, ¿no lo crees?— preguntó Sasuke, atisbando el panorama con una mueca seria. Sí estaba impresionado no daba atisbo de ello.

Sakura asintió con un leve gesto de cabeza, irguiéndose sobre su cuerpo. Los copos de nieve comenzaban a descender de los nubarrones grises, dándoles la bienvenida a la morada del hielo.

— ¿Habías estado aquí antes?– indagó la pelirosa, curiosa. Reanudó la marcha a la par de su compañero, como en las antiguas caminatas que solían dar cuando eran más jóvenes, bajo los rayos del sol por los senderos del bosque.

—Solo en una ocasión— admitió, posando sus ojos carbón sobre la faz de Sakura. El frío le otorgaba un toque encantador a su parecer, sus mejillas, sonrosadas y sus labios carmín la hacían lucir como la misma representación de la inocencia—.Cuestiones diplomática— agregó, asegurándose de disipar cualquier duda.

— ¿Y?, ¿fue de tu agrado?— terció, intrigada.

El azabache echó un vistazo por encima de su hombro.

—Detesto el frío— confesó.

Sakura detuvo el paso. La declaración la tomó por sorpresa. Suponía que Sasuke era más complejo de lo que había vislumbrado y que todo aquello que conocía no eran más que ínfimos atisbos de lo más profundo de su ser.

—Ah– dijo en reconocimiento, hilvanando una genuina sonrisa que curvaba la comisura de sus labios en un mohín encantador—.Fue por eso que no te opusiste a mi sugerencia de vivir cerca de la costa— recordó Sakura, evocando la íntima conversación que dejaba implícita una tentativa de fugarse.

Las mejillas del guerrero se ornamentaban con un sonrojo. La sangre se le precipitó al rostro y era incapaz de ocultarlo.

—Supongo que prefiero la calidez del verano— espetó, encogiéndose de hombros.

Los dos frenaron sus pasos y la charla al estar frente al rubio. La guardia real estaba presente para custodiar al príncipe durante su ascenso al palacio. Ante los ojos de la pelirosa, Naruto era un chico escandaloso, demasiado infantil para tomarse algo en serio y sumamente imprudente a la hora de tomar decisiones, no obstante, al igual que con Sasuke, lo había juzgado mal. Era inverosímil atisbar su faceta como futuro regente, cualquiera que no lo conociera pensaría lo contrario de su persona.

—Uchiha Sasuke, y la señora, Haruno Sakura nos acompañaran durante las festividades, son invitados especiales— aclaró el rubio a sus soldados. Los hombres asintieron en reconocimiento—.Será mejor que nos apresuremos, si continuamos con este paso llegaremos al anochecer— masculló Naruto, preocupado, contemplando el cielo gris.

El rubio estaba inquieto. Después de estrechar algunas manos y responder a las reverencias con una sonrisa avanzó, en compañía de su guardia real hacia el alazán ensillado para iniciar el camino de ascenso al palacio. Tanto Sakura como Sasuke intercambiaron miradas, más no mencionaron nada. Al igual que su amigo, los soldados tenían listos dos caballos para ellos. Con una mezcla de gracia y la habilidad exorbitante de una escaramuza, la pelirosa montó al caballo de plata, dimitiendo la ayuda del caballero.

Los dos guerreros flanquearon la retaguardia de la caravana hasta situarse en un punto medio, entre los guardias reales y su compañero. El trote de los jamelgos era acompasado. Sakura aferraba sus manos a las riendas, ejerciendo la presión suficiente con los muslos para no resbalar de la silla.

— ¿No te parece que algo le aflige?— terció ella, aproximándose lo suficiente al pelinegro. Las demás personas parecían encontrarse demasiado inmersas en sus propias conversaciones para prestarles atención, ¿Qué podía generarles tanto interés cuando su príncipe estaba de regreso?

El azabache asintió, pero no dijo nada más. Sakura frunció el ceño ante la escueta réplica, muy en el fondo pensaba que Sasuke conocería las raíces de las inquietudes del rubio, ambos eran mejores amigos desde que eran unos niños, por lo tanto debían ser los confidentes de sus secretos.

Con un suspiro, el Uchiha posó sus ojos color ónix sobre la pelirosa, sin dar muestra de emoción alguna. Con voz calmada, casi cansada recitó:

—Solo se siente presionado— inicio, sin inflexión—.Como próximo heredero tiene expectativas que cumplir, no quiere decepcionar a su pueblo y mucho menos a su madre. Supongo que tú puedes comprenderlo, ¿no?— preguntó con una ceja alzada y la cabeza un poco inclinada.

La sonrisa en sus labios se desvaneció al escuchar la indagatoria del pelinegro, fue en ese instante que el peso de las responsabilidades cayó sobre sus hombros. Al igual que Naruto, tenía obligaciones, quizás no como futura heredera, pero sí como la esposa de un príncipe.

— ¿Puedes hablarme más sobre Kushina?— se apresuró a cuestionar en respuesta, evadiendo el tema del honor y el deber.

—Es una mujer severa, toma en serio su papel como soberana. Tras la muerte de Minato, se encargó de suprimir las conspiraciones, había demasiados pretendientes al trono, Naruto era solo un niño y ella una antigua concubina que ascendió al poder gracias a su ventajoso matrimonio con Namikaze. La vida de ambos estaba en riesgo.

– ¿Cómo fue que lo consiguió?—

—Sencillo, Sakura— dijo, esbozando una discreta sonrisa de autosatisfacción—.La mejor manera de lidiar con el enemigo es eliminandolo, son reglas básicas del juego, sobre todo si tu oponente es poderoso.

Sakura detestaba las reglas básicas del juego. Sabía que la política era un entretenimiento levantisco, todos buscaban tener más poder y autoridad que otros, la ambición eliminaba los precedentes de la ética y cualquier principio. Por supuesto que lo entendía, era parte de esa rueda, la misma que seguía girando y girando sin rumbo.

—No pongas esa cara, Sakura— espetó Sasuke al notar la abrupta transmutación en su semblante—.Uzushiogakure ha progresado desde que Kushina ascendió al trono, es uno de los reinos más ricos y uno de los más poderosos.

La pelirosa no iba a contradecirlo puesto que no era la primera vez que escuchaba que de las tragedias surgían grandes acontecimientos.

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Uzushiogakure era una ciudad de grandes dimensiones. Contaba con numerosos edificios monumentales, castillos, torres e iglesias magníficas ubicadas dentro de las murallas. Se situaba en una zona rica en minas de oro, con varios siglos a sus espaldas de esplendor cultural y económico, radicada en el centro del inmenso poder, representando una de las grandes organizaciones político-territoriales del mundo.

El pueblo del castillo estaba protegido por un recinto amurallado. Tan rápido como la caravana del futuro rey apareció, los guardias comandaron entre firmes gritos abrir la puerta imperial, la cual daba acceso a diferentes recintos en los que se dividía el edificio.

El tráfico era denso. Las calles estaban atestadas de carros, carretones y transeúntes. Había almacenes, panaderías y mercadillos. Los comerciantes se congregaban en puestos improvisados ofreciendo hermosos y exóticos artefactos traídos desde tierras lejanas, atrayendo la atención de los pobladores con increíbles historias respecto a estos. En las inmediaciones de la plaza de Justicia oyeron unos gritos procedentes del callejón, y una docena de pequeños, con sus ornamentas de flores, salió de la nada para recibir al príncipe y sus invitados.

La caravana se abría paso entre la gente, todos aplaudían y festejaban el regreso de Naruto, vitoreando su nombre, agradeciendo a los dioses y lanzándole flores como señal de buena fortuna. El rubio se las arreglaba para ofrecer la mejor de las sonrisas, en cambio, tanto Sakura como Sasuke se mostraban estoicos.

Cruzaron la segunda entrada que daba al patio siguiente que constituía el inicio del palacio. Las puertas se cerraron detrás de ellos, tornando los gritos y los cantos en un barullo a duras penas perceptibles. La ciudad terminaba en el cabo donde se alzaban las primeras torres del castillo: una construcción colosal, con cúpulas que se erguían inmensas sobre galerías cubiertas y torres que acariciaban las nubes.

Naruto fue el primero en descender del caballo, seguido por Sasuke y al último por Sakura. La pelirosa sentía como sus piernas magulladas temblaban, el clima en la cima de la cordillera era más cruel que en la costa. Acaricio ambos brazos por encima de la capa en un intento de generar calor. Uno a uno, observó en silencio como la guardia real ingresaba a la denominada Sala de las peticiones, un homólogo a la sala del trono.

Indispuesta a proseguir contemplando la magnificencia de la fortaleza bajo las destemplanzas climatológicas, dirigió su trémulo andar al interior del recinto, encontrándolo extrañamente cálido y reconfortante. Naruto había comandado a sus hombres que se marcharan, otorgándoles privacidad para charlar.

—Los dioses han respondido a nuestras plegarias— se escuchó a un hombre decir al otro lado de la habitación. Los pequeños pasos resonaron entre las paredes de la estancia. El tintineo del ajuar generaba una sonata curiosa, tan llamativa que la triada permaneció en silencio hasta tener atisbo del individuo.

Del otro lado de la sala, allá donde las antorchas no iluminaban, apareció un hombre de mediana edad. Su piel cobriza resplandecía como el oro bajo la tenue luz de las antorchas, sus ojos pardos eran enigmáticos y sus rasgos marcados revelaban el largo viaje que había realizado desde el otro lado del mundo, allá donde los rayos del sol no traspasaban los picos de las montañas. Portaba una túnica tinta con brocados de oro y un turbante a juego. Caminaba con la misma elegancia de los grandes felinos, lento, calculador.

—Konno— vociferó el rubio sin ánimo alguno. El aludido sonrió en respuesta, inclinando su cuerpo hacia adelante una vez que estuvo frente a su futuro rey.

—Mi señor, su regreso solo nos colma de alegría— añadió—.Espero que el viaje haya sido placentero, aguas tranquilas y vientos favorables.

Naruto carraspeo para aclararse la garganta, acariciando a la par su nuca. No iba a explicar el tormento por el cual habían atravesado hace algunas noches, precisaba descanso, un lecho donde reposar y comida decente.

— ¿Dónde se encuentra la Reina madre?— cuestionó, echando un vistazo por la habitación en búsqueda de la gobernante en turno.

—Su majestad se encuentra en sus aposentos alistándose para el torneo.

Uzumaki lanzó un suspiro atenuado.

—Deja de agobiar al príncipe y regresa a tus labores, Konno— dijo una voz femenina con deja hostil. – Encárgate de preparar una habitación a sus invitados, las termas y el almuerzo— comandó, emulando la autoridad de la reina.

Sakura observó a la chica de pies a cabeza. Su figura era delgada, estilizada. Por el vestido que portaba podía decirse que era una de las damas de la reina, era de color argénteo, sencillo. De su cuello colgaba un hermoso collar de cuentas preciosas, la mayoría diamantes, llevaba los aretes a juego y una pequeña tiara. Su linda melena rojiza caía por detrás de sus hombros en discretas ondas. Gracias a la practicidad del peinado podía atisbar su rostro; rasgos aristocráticos, nariz recta y labios delgados, tan finos que formaban una línea recta.

—Karin— saludó el rubio con una sonrisa decorándole los labios. La aludida suspiro, y con un gesto de fingido fastidio acudió al reencuentro del príncipe, recibiendolo con un firme abrazo sin importarle las reglas del protocolo.

—Tu madre desea verte en sus aposentos— anunció—.No la hagas esperar demasiado.

—Ha aguardado tres años por mi regreso, ¿acaso no puede esperar algunos minutos?— dijo a manera de broma, ganándose un juguetón golpe en el brazo.

—Ya sabes cómo actúa, será mejor que vayas antes de que envié a uno de sus guardias a buscarte.

Naruto asintió con un gesto ladino y dijo:

—Recordarás a Uchiha Sasuke, mi viejo amigo— introdujo, recordando que estaba acompañado y que gran parte del trayecto los había ignorado.

Karin mordió sus labios al mismo tiempo que un sonrojo avivaba en sus mejillas. Sakura no era extraña a las distintas respuestas que la fisionomía del azabache podía generar entre las féminas. Era un chico atractivo, gallardo, enigmático, ella misma era presa de sus encantos y lo detestaba, repudiaba la conciencia que tenía Sasuke sobre su poder y cómo podía ejercerlo. La joven realizó una encantadora reverencia, que para gusto de la pelirosa era tosca y exagerada.

—Es un honor verlo de nuevo— admitió, batiendo las pestañas con descaro.

El estoico azabache no respondió, como era de esperarse. Tan rápido como el incómodo silencio se cimbró en aquellos dos, el escrutinio mirado de la pelirroja fue a parar en Sakura. Arrugó la nariz en un mohín de desagrado y fue hasta ese momento que la heredera de los Haruno se percató de su apariencia.

Su cabello lucía enmarañado gracias a la trenza casi inexistente de cinco cabos; las marcas cerúleas bajo sus ojos solo denostaban la falta de cansancio y la palidez en su tez le conferían un aspecto verdaderamente enfermizo. No obstante, a pesar de las desventajas, mantuvo la frente en alto y no se permitió intimidar por la magnificencia de Karin Uzumaki.

—Ella es mi gran amiga, Haruno Sakura— presentó Naruto con orgullo, arrebatándole una tímida sonrisa a la antedicha—.Sakura, ella es Karin, miembro de la casa Uzumaki, fiel compañera y dama de mi madre.

La pelirosa acató la introducción con una grácil genuflexión.

—Karin, confió que nuestros invitados serán bien atendidos. Supongo que alguna de las habitaciones principales les vendría bien para su estadía.

—Las habitaciones principales han sido ocupadas por otros invitados— rebatió de inmediato, con la mirada fija en la pelirosa.

—No te preocupes, Naruto— difirió la de fanales esmeraldas, posando una mano sobre su hombro, notando la tensión en sus músculos—.Cualquier habitación será de mi agrado, me conformó con un lecho cómodo y una alcoba cálida.

La expresión de desasosiego en el talente de Naruto comenzó a diluirse en una de tranquilidad. Colocó una mano sobre la de su compañera, otorgándole un leve estrujón de camarería. La pelirroja rodó los ojos.

—Preparen una de las habitaciones del antiguo harem— ordenó Karin a sus damas.

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La austeridad podía apreciarse en cada rincón de aquellas cuatro paredes. Los aposentos del viejo harem eran pequeños, sencillos, similares a los de un claustro, carecían de los lujos y las comodidades que se proveían en las habitaciones principales del palacio.

Había una silla, una mesa, y sobre está una vela que dejó de arder hace mucho tiempo, ahogada en un charco de cera adherido a la madera vieja. La luz del mediodía brillaba entre los postigos. Bajo la ventana una cama individual, colchón de plumas con un manto de piel de lobo y otro de lana. Sakura sintió el gélido aire de las montañas filtrarse por las aberturas del rosetón, solicitaría a las damas un brasero para no morir congelada durante el proceso de sueño.

Las jóvenes revoloteaban de un lado a otro, intentando, con poco éxito, tornar aquel sitio impersonal en un acogedor establecimiento para la pelirosa. Habían cortado algunas flores; hibiscos y torviscos disipaban el olor a humedad y resguardado, postradas sobre la mesa con cera, sumergidas de la mitad del tallo en un bonito jarrón azul claro con figuras doradas. Sobre la silla dispusieron dos mantas más, y a los pies de la cama un pequeño brasero. Antes de marcharse, notificaron a la pelirosa del presente que la reina tenía para ella, colgándolo en un perchero detrás de la puerta.

Cuando estuvo sola, tomó asiento al borde de la cama, clavando la mirada en la pared. Karin le había declarado la guerra, si pensaba que con ese acto hostil lograría doblegarla estaba equivocada. Con un largo suspiro, la pelirosa disipó las tentativas de reposar toda la tarde y descansar, Uzushiogakure estaba de fiesta, las justas iniciarían pronto y al anochecer acontecería el banquete al honor al príncipe, por más cansada y molida que estuviera, Sakura sabía que aquella era la oportunidad perfecta para ganar aliados.

Sin más preámbulos, se irguió sobre sus piernas, desanudó el moño que sostenía la capa y después el cintillo de la espada, recargándola contra una pared. Abandonó la habitación y avanzó por el pasillo marmolado hasta la estancia de las termas. El caos alrededor le recordaba un hormiguero, donde cada uno sabía exactamente qué hacer. La servidumbre iba de un lado a otro, atareada, asegurándose que las exigencias de la reina fuesen atendidas.

Dentro de la estancia de baño hacía calor. El vapor merodeaba por el recinto, impidiéndole contemplar con claridad lo que había algunos metros adelante. Las modalidades del baño en Uzushiogakure eran distintas a las acostumbradas en Konohagakure. Tan rápido como puso un pie dentro del cuarto, las doncellas la despojaron de su ropa, sustituyendo su vestido por una futa. Se sentía expuesta, la tela y apenas cubría la parte superior de su cuerpo, era delgada y un poco traslúcida. El rubor coloreó sus mejillas al percatarse que las damas designadas a su mando admiraban los distintos patrones oscuros trazados en sus manos, dedos y muñecas. En el Reino de la arena era considerada una guerrera, aquellos tatuajes no eran más que la muestra de su valentía.

Al cabo de una hora, se le permitió ingresar a una de las piscinas. Colocó la futa sobre una superficie de mármol y sumergió sus pies en el agua caliente. Ingresó poco a poco, dándole la oportunidad a su cuerpo de habituarse a las altas y relajantes temperaturas del líquido termal. Tomó asiento en uno de los peldaños dentro de la pila. El paso por el cuarto tibio ayudó a sus músculos apaleados a sanar, el vapor y las hierbas aromáticas le confirieron algunos minutos de paz.

Recostó su cabeza en uno de los escalones, clavando la mirada en el mosaico del mármol en el techo al mismo tiempo que pasaba entre sus dedos el dije del collar que Neji le había obsequiado antes de separarse. Meditaba sobre el peso y las consecuencias de sus decisiones, era como si desde hace tiempo su vida no le perteneciera y ella fuese un cruel verdugo, jugueteando con la agonía de los demás con tal de cumplir sus caprichos.

Se dijo a sí misma, durante mucho tiempo que Uchiha Sasuke era una petulante pretensión, su madre se refería a eso como "un impulso juvenil". Era bien sabido, entre los enseres de la corte, que algunas damas de alta alcurnia mantenían romances secretos, antes o después del matrimonio. Ella no era la excepción, pero lo que la diferenciaba de las demás era la barrera que el azabache erguía cada vez que estaban cerca. No iba a negarlo, los besos del pelinegro generaban en ella sensaciones que nunca experimentó; las mariposas se disipaban, abriéndole paso a un fuego interno abrasador, tortuoso, su abdomen agonizaba y el calor entre sus piernas incrementaba a medida que él acariciaba un ínfimo mendrugo de su lienzo níveo. Sabía que causaba sensaciones similares, se había percatado de la autocracia que tenía cuando aquella noche en Amegakure, en medio de vehementes besos y nefandas caricias notó la inclemencia de su entrepierna rozar en su zona más íntima; Fue en ese instante que ambos se alejaron, ella, asustada, y él, avergonzado.

Desde ese entonces ambos procuraban no pasar tiempo a solas en cualquier habitación. Sasuke impuso ultimátum: No volvería a tocarla hasta que ella tuviera una respuesta concreta.

Frustrada, emitió un fuerte suspiro y mordió su labio inferior. Dio un respingo asustado al escuchar la estática barrera del agua romperse. Se reincorporó en su asiento y atisbo a su acompañante. Atrapada en la red de la añoranza, parpadeó. Justo frente de ella estaba Karin Uzumaki; su acentuada guedeja carmín, suelta, perfectamente atrapada tras sus orejas.

La pelirosa echó un vistazo alrededor, parecía que eran las únicas dos almas en el recinto. Gran parte de los ocupantes se había marchado a sus habitaciones para reanudar sus labores. Dubitativa, meditó si lo más apropiado era permanecer cinco minutos más ahí o seguir el mismo destino que los antes ahí presentes, sin embargo, cualquier tentativa fue interrumpida cuando la pelirroja dijo:

—Dicen que asesinaste a un emperador. —Podía notar la ignominia en su precepto; manso, falaz—.Que lo sedujiste y después clavaste un puñal en su corazón, ¿eso es cierto?— realzó una fina ceja, desplegando una expresión pletórica.

En ocasiones la mejor respuesta era el silencio. Sakura no caería en provocaciones. Solo ella y Sasuke tenían certeza de lo sucedido en Sunagakure.

—Hmp— bufó, arrogante—.No eres más que una maldita matarreyes— siseó.

— ¿Cuánto tiempo llevas enamorada de Sasuke?— cuestionó la guerrera, notando que, tal como lo había previsto, su pregunta tomó a la chica por sorpresa—. Debe ser demasiado, ¿cierto?

Karin se autoconodeno a la afonía, lo cual complacía a Sakura. Le tomó menos de lo esperado averiguar la causa de su furia, hasta entonces, injustificada. Al principio pensó que la molestia recaía en su apariencia o quizás su actual estado de fugitiva, no obstante, realizando un meticuloso análisis de la coyuntura presentada en la sala del palacio, llegó a la conclusión de que estaba celosa.

—Cuando tuviste la noticia de que el príncipe llegaría acompañado por Uchiha Sasuke pensaste que tendrías una oportunidad para seducirlo, pero arribe yo y me interpuse en tu camino, desde ese momento te percataste de que tus posibilidades ahora son inexistentes.

Hastiada de la insignificante disputa, se levantó, exponiendo su cuerpo desnudo sin un ápice de decoro. Alcanzó la futa, cubrió su figura y salió de la piscina. Lejos de detenerse a contemplar o emitir algo más, se desplazó por el pasillo en dirección a su habitación.

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El mundo estaba sumido en una penumbra gris con olor a vino, rosas invernales y leña ardiendo. La sala era cuadrada, espaciosa. En el centro se ubicaba una mesa con un plano tallado del mapa de los casi veinte reinos en el mundo; medía veinte metros de largo y la mitad de ancho, todas las bahías y penínsulas trazadas a la perfección, ríos, montañas, castillos, ciudades y lagos pintados tal como eran en los tiempos de los imperios y las eternas guerras.

Maravillada con el esplendor del trabajo que databa de hace trescientos años, Sakura analizaba las posiciones y estrategias que Naruto vislumbraba para la próxima batalla. Con solo pensarlo, los nudos prietos en su estómago se tensaban, la guerra estaba más cerca de lo que imaginaba, pronto derrocarían al tirano.

El crepitar de la madera bajo la incandescencia de las llamas naranjas llenaba el silencio plantado entre el príncipe y la heredera de la casa Haruno. Ambos habían hablado de las posibles consecuencias que una táctica mal planeada y ejecutada traería, derivando en un argumento que optaron por no tocar más.

—No veo cual sea el problema de la estrategia— recriminó Naruto: la voz cansada. Yacía cerca de la chimenea, ataviado con un jubón oscuro y una capa de terciopelo azul con brocados dorados y plateados, formando diversos patrones por todo lo largo y ancho de la tela—.Sasuke insiste en concentrarnos en el ataque y no la defensa.

Poco versada en las artes de la guerra, Sakura observaba con argucia el plan hilvanado por su mejor amigo. Su conocimiento en estrategias de batalla era limitado, y lo poco que había aprendido era de libros. Los mejores guerreros, tal como lo eran Naruto y Sasuke, ganaban sapiencia de la práctica, aun así sus dotes como estratagemas dejaba mucho que desear, y si ninguno hacía sus diferencias a un lado el enemigo obtendría una victoria fácil.

—Creo que ambos podrían combinar ideas— sugirió Sakura, virando su cuerpo para encararlo—. Son demasiados orgullosos para admitir sus fallas y recibir un consejo—.Señaló. Su andar era grácil, acompasado; sostenía una copa de vino con la mano derecha al mismo tiempo que cruzaba la habitación para postrar su cuerpo en el asiento disponible frente al rubio–.No quiero que se comporten como héroes, ellos hacen cosas estúpidas y mueren.

—Te recuerdo que tú también actuaste de esa manera— masculló Naruto, sorbiendo, elegante, un pequeño trago de licor.

—Los tres tratamos de superarnos haciendo la cosa más estúpida y valiente que se nos ocurra— añadió—.Tú, Sasuke, Neji, cualquier guerrero.

El rubio dio un visaje afirmativo, leve. Su mirada cerúlea clavada en los danzantes llamas que convertían la madera en pequeños pedazos de carbón, y eventualmente ceniza.

—Sakura…— pregonó el heredero de Uzushiogakure, atrayendo a su faz funestamente solemne una cariz incauta— ¿Qué es lo que está pasando con Sasuke?— inquirió.

La aludida no dijo nada al inicio. Se hincaba al diente el tiempo suficiente para otorgar una denominación clara a lo que acontecía con el azabache. No iba a revelar ni un atisbo de lo derivado en sus últimos encuentros, tenía la certeza de que Sasuke tampoco mencionaría nada y por lo tanto era mejor que permaneciera en secreto, aun para Naruto, por el bien del Uchiha, por el bien de ella, y por el bien de todos los que se verían afectados si la verdad salía a la luz.

—No sé a lo que te refieres— contestó al mismo tiempo que se paraba, abandonando su cómodo asiento. Cruzó los brazos a la altura de su pecho y boicoteo la mirada inquisitiva de su mejor amigo dándole la espalda, de esa manera Naruto no podría interpretar la serie de emociones que proyectaba su rostro.

—Sasuke está enamorado de ti— sentenció tal cual decreto real. No había inflexión en su tono de voz y eso la hizo pensar lo peor. Naruto lo sabía o tal vez podía percibirlo.

—Sasuke no está enamorado de mi— rebatió, eso intentaba hacerse creer.

—Oh, pensé que la forma en la que te mira y la manera en la que actúa cuando está cerca de ti solo es para conseguir una especie de ventaja en esta tetra— expresó sarcástico, ingiriendo un pródigo trago de pío.

—No digas tonterías, Naruto.

—No actúes de forma imprudente, Sakura— sugirió—.Si juegas con fuego puedes quemarte.

La advertencia era clara. Al igual que sus padres, Naruto tenía la creencia de que su relación con el azabache no sería ventajosa, quizás porque fue el único que contemplo y compartió su dolor durante la ausencia del Uchiha. Él fue el hombro en el cual lloró durante horas, tratando de apaciguar el tormento en su interior.

Todavía recordaba con claridad aquel día de primavera, ambos paseaban por los jardines. Naruto la había incitado a cantar, así como hacer muchísimas cosas de las cuales desistió con la marcha de Sasuke. Se estremeció al atisbar el brillo de ilusión en sus ojos azules y por un instante, la felicidad retornó. Sus mejillas se encendieron con un sonrojo cuando la colmó de halagos, y prometió que era la última vez que entonaba una sinfonía. El silencio y la melancolía los envolvieron con su manto, tomó su mano, y en un gesto de compasión le pidió que se casara con él. Ella bien sabía que los sentimientos de su amigo eran sinceros, y por tal motivo, rechazó la propuesta, no era justo para el rubio y tampoco para ella vivir engañados con el fin de sobrellevar la pena.

Desde ese entonces, Naruto intentaba protegerla, evitar a toda costa que el azabache jugará con sus sentimientos.

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El acontecimiento social por excelencia que la reina había organizado en honor a su hijo se llevaba a cabo en el patio de los tulipanes. Los nobles se congregaban poco a poco en las gradas, bajo los descomedimientos del clima, envueltos en ostentosos abrigos de piel.

A la pelirosa le tomó más tiempo de lo esperado arribar al lugar. En el sitio resonaban risas, canciones. Los músicos tocaban melodías extrañas y los cantantes entonaban letras que sonaban similar a las plagarías. Corría el vino, pero no cualquier baratija de taberna sino excelentes caldos de Sunagakure, dulces y añejos, aderezados con especias exóticas de Amegakure.

Sakura se desplazaba en el mar de gente, diciéndole lo mucho que odiaba todo el barullo y preguntándose como había ocurrido todo eso. Se hizo a la idea que durante las justas estaría sola; Naruto charlaba con algunos hombres, llevaba varias copas de vino por lo que no le sorprendería que a ese punto de la velada estuviese ebrio. En cuanto Sasuke, Karin se propuso continuar con su plan y tan pronto como tuvo atisbo del pelinegro se adherido a él como una sanguijuela hambrienta, dejando en claro que nada ni nadie podría apartarla de su lado.

Por un momento pensó en emitir una excusa para permanecer en su habitación. El cansancio provocado por el viaje no iba a ser suficiente para zanjarse del evento, así que preconcibió algo más, sin éxito. Y ahí estaba, atrapada entre dos damas que no dejaban de parlotear sobre quien sería la elegida como la reina de la belleza.

—Mi señora— saludó una doncella con una reverencia; voz suave, sonrisa trémula—.Su majestad solicita su presencia. Está esperando por usted y prometí que la llevaría.

El patio era un caos de lodo y nieve, caballos y jinetes que gritaban. La pelirosa agradeció la salvación divina. Se levantó y siguió a la doncella, no sin cierta vacilación. La dama la guió entre los estrechos espacios de las gradas, recorrieron unos cuantos metros y subieron siete peldaños hasta llegar a un palco vigilado por la guardia real.

La joven sirvienta se abrió paso entre ellos con otras cortés reverencia, al cabo de unos segundos retornó, indicándoles a los hombres que ella era la invitada especial de la reina. Sakura no sabía cómo sentirse al respecto.

Tan rápido como llegó al palco de la reina, la joven guerrera no fue capaz de ocultar la impresión. Kushina era hermosa. Poseía una juventud antinatural, sus ojos violáceos resaltaban con beldad al contraste de su piel nívea. Llevaba un precioso vestido azul de manga larga, era sencillo a la vista, perfectamente combinado con un chaleco hirsuto pardo. Tenía la melena roja atada en un moño bajo y sobre su cabeza reposaba una tiara dorada de zafiros y diamantes, sosteniendo un velo negro que caía por su espalda, denostando el poderío de la casa Uzumaki.

La pelirosa se inclinó hacia adelante, recordando las atenuantes clases de protocolo, impartidas por una de las monjas contratadas por su madre para instruirla en el arte de la costura y etiqueta. Kushina la contempló con aprobación y esbozó una cálida sonrisa. Aquel día portaba una túnica negra, pesada, un grueso cinturón de cuero enmarcaba su estrecha cintura; ajustado, difícil de remover. Poco habituada a los aires gélidos, las damas le habían proporcionado un par de gruesos guantes oscuros y una gruesa capa de piel, con felpa en los hombros.

—Su excelencia— masculló, trémula. Sus mejillas, sonrojadas por el frío la hacían lucir más pequeña de lo que ya era. Bajo toda la indumentaria de persona indestructible yacían los vestigios de su lucha, oculta ante los ojos de cualquiera, resguardaba para su intimidad.

— ¿Toda una belleza, no es así?— dijo la reina, carialegre, dirigiéndose a sus damas, las cuales ratificaron con un insustancial gesto—. Ven, Sakura, siéntate conmigo.

Deliberadamente, la pelirosa se situó al costado derecho de la reina. Poseía una vista privilegiada, desde ese punto era capaz de vislumbrar el campo sin ningún problema y también al azabache, quien continuaba con Karin. Parecía interesado en el parloteo de la pelirroja, la contemplaba, atento, parpadeaba de vez en cuando y emitía su opinión en respuestas lacónicas dignas de su persona, si estaba irritado no lo demostraba y la chica lucía más que encantada. De vez en cuando implementaba tácticas escandalosas para capturar su atención, rozaba el dorso de su mano, jugueteaba con su cabello, sonreía y desviaba la mirada, creyendo que tales trucos lo harían caer en un hechizo.

A Sakura le pareció absurdo, pero no menos molesto. Se dijo a sí misma que debía desterrar tales sentimientos. Sasuke no le pertenecía, era un hombre libre, sin compromisos, el hombre al que ella estaba atada era Neji Hyuga y nadie más.

— ¿Vino?— cuestionó una de las doncellas, acercando la bandeja de plata colmada con algunas copas con licor humeante. La pelirosa medio sonrió y asió un contenedor, llevándolo hasta sus labios para dar el primer sorbo con la esperanza de que diluyera el nudo en su garganta.

—Mi hijo ha hablado con gran estima sobre usted— habló Kushina, inclinándose en dirección a ella.

Las justas acababan de iniciar. Los primeros combatientes se situaron en sus respectivos lugares, uno de armadura color verdosa, sin ornamentas de ningún tipo, con una capa parda, rota y sucia colgándose de los hombros, ondeando al ritmo del gélido vendaval de las cordilleras. Pese a su descuidado aspecto desempeñó un papel excepcional, desmontó a su oponente en cuestión de segundos.

—Me temo que ha mentido un poco— replicó Sakura, encogiéndose de hombros—.Nos conocemos desde que éramos unos niños, he encontrado en él un fiel confidente, consejero, me atrevo a decir que lo considero un hermano.

—Es una lástima— suspiró la dama—.Habrías sido la reina perfecta para gobernar a su lado.

Sakura sintió como la sangre se le precipitaba al rostro.

—Estoy segura que los sentimientos de su hijo reposan en buenas manos, la princesa Hinata es una mujer misericordiosa, amable y delicada.

—Pero no lo suficientemente fuerte para postrarse en un trono— replicó Kushina.

Su reputación la precedía, quizás no de la manera en que ella esperaba. Tenía en cuenta que sus hazañas en Sunagakure pasarían a la historia, era la primera mujer que lograba derrocar al imperio de Sasori y la segunda en portar la espada Minus, que hasta ese entonces creían se trataba de un relato fantástico.

Sakura otorgó como respuesta el silencio, Kushina era una mujer directa, rara vez se contenía en expresar su opinión, de ingenio ladino y lengua afilada. No era la más paciente de las mujeres, pero sí la más fuerte e inteligente. Su astucia la llevó a erguir un imperio desde las cenizas, coronándose a sí misma como la suprema dirigente de la nación del Remolino.

––El mundo necesita más mujeres como tu, Sakura, fuertes, determinadas, independientes. Los hombres son muy débiles, de egos frágiles, hambrientos de adulaciones.

––No soy la mejor para catalogarme como una mujer valiente, todo lo que hice fue en orden para sobrevivir–– respondió con sinceridad. Como se lo había planteado en reiteradas ocasiones, ella no era una guerrera, fue educada para hacerse cargo de un hogar, forjar una familia y atender a un marido, nunca se le instruyó en el arte de la guerra, el manejo de la espada o la cabalgata, fueron habilidades que aprendió con el tiempo, a hurtadillas, en un ultimatum secreto de su rebeldía ––.Fue espantoso, Sasori agarrándose al pecho, aferrándose a mi cuerpo, suplicando que todo parara.

Con otro gesto, la reina comandó a su servicial séquito abastecer las copas medio vacías con otra generosa cantidad de licor. A medida que las justas transcurrían y el sol se ocultaba, el clima invernal decaía ante los encantos de la noche, tornando aquello en un martirio entre álgidos vientos y una sinuosa nevada.

––El mundo está plagado de cosas horribles, Sakura, sin embargo, todas son buenas en comparación a la muerte. De las tragedias surgen grandes triunfos–– concluyó––.Tus circunstancias han mejorado notablemente desde que abandonaste Konoha buscando salvarte, se que no habrás gozado verlo morir, pero lo habrías disfrutado más que haberte convertido en su esposa y fallar la encomienda. Ahora lideras un ejército, niña, debes darte crédito, de no ser por ti tanto mi hijo como el lindo heredero de los Uchiha estarian perdidos.

A Sakura no le gustaba admitirlo, pero Kushina tenía razón. La única posibilidad que tenían para vencer al tirano que se postraba en el trono del Reino del Fuego era luchando, ¿pero como lo harían?, las fuerzas de Uzushiogakure eran pequeñas en comparación a las de Konoha, ninguno tenía las monedas de oro suficientes para adquirir al menos un centenar de hombres, y las relaciones entre los otros reinos eran tan delicadas que parecía más favorable que todos se unieran para resquebrajar las sobras de lo que antes fue un proposero Imperio. Ella era la líder, se había ganado el respeto de sus soldados, fieles, dispuestos a morir con tal de seguir un ideal.

Las justas y la conversación duraron toda la tarde, los cascos de los enormes alazanes de guerra dejaron el campo convertido en un erial de tierra y nieve desgarrada, como un cuerpo desmembrado. Los sirvientes llenaron las copas una y otra vez a lo largo de la noche. Sakura estaba embelesada por la inteligencia de la reina y la serie de anécdotas que relataba con tanta naturalidad que lo único que ocasionaba era que la admiración creciera.

––Así que, eventualmente, Naruto y tu terminaran convirtiéndose en familia– dijo Kushina, contemplandola con enorme e indescriptible interés––.Si no pude concretar un matrimonio entre ustedes dos, lo más apropiado sería concretar uno con sus hijos.

Sakura notó como su garganta se tornó, de repente, seca. Era muy pronto para hablar de herederos, sobre todo en aquellas circunstancias.

––Si, su majestad––replicó, clavando los ojos esmeralda en la espalda del azabache.

Kushina no dejó pasar el gesto desapercibido. Un destello de dolor cruzó el rostro de la pelirosa, turbandola por un segundo o más. Durante el transcurso de su vida contempló demasiadas historias de amor, en su mayoría trágicas. Unas inmensas ganas de abrazarla y consolarla la embargaron, pero no hizo tal cosa, en su lugar comprendió que la chica ya no era una niña desprotegida, y como tal, debía ver que no estaba atada, era libre de elegir y cargar con el peso de sus consecuencias. Recomponiendose del todo, carraspeó y murmuró:

––Así que es el muchacho Uchiha.

Sakura palideció a la par que sus ojos se agrandaban por la sorpresa. Era como si le hubiesen propinado un fuerte golpe, directamente en la barbilla tomándola desprevenida. La reina compuso una sonrisa compasiva.

––Sakura–– llamó, posando una mano sobre la de ella por mero instinto maternal––.Lo que hagas con tu vida es asunto tuyo–– estrujó, delicadamente––.Solo recuerda que poseemos un corazón y un cuerpo para toda la vida. No lo destruyas.

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La luna estaba en lo alto del cielo, su luz pálida iluminaba la pelicula de nieve que cubría las calles y los techos de las casas. La multitud comenzaba a cansarse, de modo que Kushina decretó que las justas restantes tendrían lugar la mañana siguiente. El pueblo regresó a sus hogares y la corte y los nobles hacia el salón principal para dar inicio al banquete.

Sasuke contempló la oportunidad perfecta para escapar y refugiarse en cualquier lugar lejos del barullo. Precisaba descansar, dormir un poco para reponer las fuerzas y proseguir con el viaje. El torneo había sido atenuante, sobre todo en compañía de Karin.

Sentía la imperiosa necesidad de hablar con Sakura. Hacia algunos dias que no mediaba palabra con ella apropiadamente, todo por el bien de su relación, para no levantar sospechas, era peligroso continuar, pero eso no le importaba.

No podía negarlo más, quizás en ese momento no quería sentir nada, tal vez desearía no haber sentido nada nunca. Sus padres rezarían para que recuperara el sentido común. Fingir que sus sentimientos hacia la pelirosa no existían solo para dejar de sufrir era una tortura, un error.

Tan pronto como salió del castillo, tomó una antorcha para iluminar el camino, el terreno era rocoso y desigual, tenía la impresión de que el suelo se movía a medida que avanzaba entre las tiendas, no obstante el vino empezaba a ejercer efecto sobre su cuerpo. Conforme iba alejándose, el sonido de la música y las risas se transformaba en un quedo murmullo ahogado por la espesura de las paredes.

Se decía que era una osadía, ir a buscarla a su habitación en medio de la noche, inmersos en la soledad, a merced de los impulsos carnales y los anhelos de sus almas rotas. Pondría en riesgo su honor, sin embargo, estaba dispuesto a batirse en un duelo o cumplir una condena de muerte con tal de degustar por última ocasión el dulce néctar de sus labios.

Así pues, dirigió sus pasos hacia la fortaleza de las doncellas. Atravesó en silencio la puerta de la guardiana Mito y siguió el camino de antorchas hasta vislumbrar los primeros peldaños de la torre. Subió las escaleras con ritmo vertiginoso, cerciorándose que los guardias no custodiarán la puerta o que hubiese otra alma merodeando por los pasillos.

Echó un vistazo en ambas direcciones de la galería, y si bien, no era un hombre que creyera en los vestigios divinos, tampoco podía darse el lujo de rechazarlos cuando los dioses los ponían en sus manos. Caminó hasta ubicar la habitación de la pelirosa. La luz de las velas se filtraba por debajo de la puerta de madera, indicando que, tal como lo suponía se encontraba despierta.

Las tablas de madera resonaban bajo sus pies. Su corazón latía con fuerza, como si quisiera salir de su pecho, retumbando con la misma violencia del sonido del tambor. Por cada paso que daba su órgano vital golpeaba tres veces, martillando tan fuerte que era doloroso.

Nunca sintio algo similar. Esa anticipación ansiosa al peligro o a lo prohibido, el miedo a enfrentarse a lo desconocido.

Podía ir por ella, llamar a la puerta e ingresar a sus aposentos, como lo había hecho en otras ocasiones, la diferencia recae en sus intenciones. Desde que tuvo un encuentro cercano con la muerte en Kumogakure, se rindió ante las caricias de la pelirosa, su cuerpo reaccionaba al dulce y delicado tacto de la yema de sus finos dedos recorriendò cada extensión de su lienzo rasgado y magullado. Fantasear un millón de veces, recostado en el colchón de plumas, envuelto hasta los dientes con mantas, en cómo hacerla suya.

Titubeó. Tomó una larga bocanada de aire y la expulsó en un pausado suspiro. No lo pensó demasiado. Cerró los ojos y con la punta de sus nudillos golpeó la puerta tres veces, firme, fuerte. Escuchó el grácil andar, los pasos de la pelirosa eran delicados que a duras penas y podía oírse. Por un segundo pensó que ella no respondería, ¿y cómo hacerlo?, cualquiera podía acudir y llamar a su puerta a altas horas de la noche. Después de todo se encontraba en un lugar desconocido, alejada de los nobles con tal de cumplir un capricho.

La puerta se abrió y sus miradas se encontraron. Los hermosos fanales esmeralda de la pelirosa se agrandaron. Su corazón dio un vuelco. La tensión se instaló entre ellos. No fue impedimento para que los ojos del azabache vagaron por su cuerpo a manera de reconocimiento. Ya no llevaba el mismo atuendo que portaba con elegancia en el torneo, sino un ligero vestido blanco, tan traslúcido ante la luz que podía apreciar sus largas piernas torneadas, la cintura estrecha, la curva de sus caderas y el grácil peso de sus nubiles senos.

Fue hasta que sus ojos se situaron bajo la larga y espesa cortina de pestañas que se aprendhiò del brillo lemanita en su mirada, intensa,llena de fuego, algo que nunca había visto en otros tiempos.

El silencio se prolongó largo rato, tanto que empezó a dudar una vez más. Vislumbró que por su bien y por el de ella, lo mejor era lanzar una patética excusa, dar media vuelta y regresar por el mismo camino por el que había llegado.

––No te quedes ahí de pie como una estatua, pasa–– espetó en tono estridente, casi en un alarido. Hundió sus dedos en la carne de su antebrazo, atrayéndolo al interior de su habitación.

El sonido de la puerta cerrarse trajo consigo la revelación del buen juicio. El aposento era pequeño, contaba con el espacio suficiente para albergar a ella, confiriéndole el aspecto de un claustro. Mientras trataba de conseguir un tema de conversación para justificar la visita, su aroma lo envolvió, distrayendo de nuevo. Olía a lavanda, hierba fresca y la brisa estival del verano.

Sakura le estrechó una copa con agua con cortesía gélida. Sin necesidad de ofrecerlo, tomó asiento en la única silla disponible, otorgándole a ella la oportunidad de postrarse en el lecho de plumas y pieles.

––¿Disfrutaste el torneo?–– le preguntó a Sakura, queriendose propinar un golpe en cuanto las palabras abandonaron sus labios.

––La violencia no es mi fuente preferida de entretenimiento–– replicó con sinceridad.

Charlaron durante algunos minutos sobre la lógica y la estrategia de las justas. Según el azabache la base angular del éxito era el forjamiento de un plan, un mal cálculo y terminabas perdiendo la vida. No obstante, la pelirosa creía que aquello no era nada màs que un circo mediático no muy diferente a las perversas diversiones del Rey A. Tras un intenso debate, ambos llegaron a una tregua.

––Hay algo que quiero hablar contigo...–– masculló el azabache, boicoteando la mirada inquisitiva de la pelirosa. Sus ojos vagaron por la estancia, meditando el peso de su revelación––.Debí decírtelo antes de marcharme.

––Sasuke…

La noche anterior había soñado con las efigies de la guerra, específicamente con dos pequeños integrantes de la casa Uchiha. Itachi había depositado los cadáveres al pie del trono del consejo, envueltos en capas que antes eran inmaculadas, manchadas de escarlata, el digno tono de la inocencia derramada. El niño más pequeño iba descalzo, todavía sostenía la espada de madera, y el otro pequeño…

Los recuerdos en forma de pesadilla eran como un puñal clavado en el alma. No podía permanecer en silencio, ya no mas. Sakura lo comprendería, le debía una explicación, lo último que podía hacer para remendar las heridas era contándole la verdad.

––Durante años mi familia y yo hemos sido considerados unos traidores, rompe juramentos–– hilvanó una sonrisa de amargura––.Mi padre soportó por mucho tiempo las vejaciones de las grandes casas y los miembros del consejo, aun cuando luchó en cada una de sus guerras, lo que hicieron los reyes y los ancianos fue otorgarle nada más que desprecio. Así fue como comenzó a maquinar un plan. Eran tiempos difíciles y contábamos con un enorme ejército, Tsunade se dio cuenta de ello y envió a un antiguo heraldo; Danzo. Acudió ante mi, y me ordenó entregar a mi padre, quien sería juzgado y condenado a muerte por traición–– siguió, voz ronca, débil––¿Que hubieras hecho si tu peor enemigo te solicitara la cabeza de tu padre?, ¿mantenerte impasible mientras contemplas el exterminio de tu familia?–– La carcajada fue más suave, pero igual de amarga––.Primero mate a los guardias que lo acompañaban, y después a èl. Regrese con mi padre. Luego de que la noticia se esparciera, Tsunade decidió demostrar un poco de compasión y desterrarnos, condenandolos al olvido en el exilio.

De golpe bebió el agua, deseando que aquello fuera un buen trago de aguardiente para disipar el ardor en su garganta y el dolor del alma.

Sakura lo contemplaba con todo el amor y la compasión que le era posible. No había dicho ni una palabra en todo ese rato. Dubitativa, abandonó su lugar y se colocó en cuclillas frente a él, temerosa acunó su rostro, obligándolo a atisbarla, a perderse en esa mirada tan clara que lo incitaba a hundirse en lo más oscuro de sus sentimientos.

––Nunca hubieses sido feliz a mi lado–– susurró.

––¿Por que nunca me hablaste de esto? –– indagó con docilidad.

––No quería que tu perspectiva hacia mi cambiara, además, ¿que pensaría la gente si huyeras con un traidor?

––No me hubiera importado en lo más mínimo–– dijo, alejándose y colocando las manos sobre su regazo––. Ambos hemos jurado lealtad ciega a nuestras familias que hemos olvidado lo que queríamos.

Rompiendo cualquier mecanismo de autocontrol se levantó. Determinado, rodeó la estrecha cintura de Sakura con un brazo, atrayéndola hacia su cuerpo. Podía jurar que acariciaba las mismas llamas bajo la yema de sus dedos, era tortuoso, un acto de mezquina posesión.

––No quiero que te cases con Hyuga–– dijo él con voz ronca cerca de su oído.

Sasuke aguardó en silencio, esperando el veredicto. Fue entonces que en un acto de absoluta devoción, Sakura acunó su mejilla y con toda la determinación recitó:

––Yo tampoco quiero hacerlo.

Los labios de Sasuke descendieron hacia los de ella, enviando escalofríos por todo su cuerpo. La pelirosa se quedó sin aliento, con la respiración entrecortada y el alma en vilo, fluyendo sobre ella, como un trozo de seda resbalando por su piel.

Había algo en su voz que hacía temblar sus rodillas. Él la besó de nuevo, está vez más profundo, demandante. Los labios de la pelirosa se amoldaban a los de Sasuke en reconocimiento al mismo tiempo que aferraba sus manos al suave material de su abrigo. Sabía a dulce, la extensión de piel de su boca era más suave.

Sasuke la estrujó con fuerza reservada y la gracia letal que enroscaba sus miembros. Deslizó la lengua entre sus labios, explorando, cauteloso, la intimidad, sobrepasando la frontera del último beso, ella emitió un suave sonido de alarma ante la intrusión, pero al cabo de unos segundos de vacile accedió al húmedo y cálido contacto, curiosa. Los besos entre ellos eran castos, reservados, pero està ves algo en ellos había despertado.

Una oleada de fuego bajó por toda la longitud de su columna vertebral cuando sus músculos se encontraron, extendiéndose al vertic de sus muslos, en un latigazo doloroso, anhelante, palpitante. El corazón de Sakura retumbaba en su pecho y el sonido de sus latidos era tan ensordecedor que por instante pensò que aquello era un juego de su imaginación. No obstante, jadeó, sorprendida por las reacciones que él arrancaba de su cuerpo.

El azabache se apartó de sus labios, recorrió su mejilla y descendió por la pálida y elegante curva de su cuello. Enroscó los dedos en los listones que sostenían su camisón, apartando la tela de su cuerpo. Deslizó las manos por sus caderas, sosteniendo al ras de su gallarda figura. Notó la evidencia de su deseo; caliente y dura, detrás de la tela de sus pantalones. La ansiedad incrementó, intentaba resistir el impulso de presionar las partes adoloridas de su cuerpo contra el suyo.

––Te quiero, Sakura–– susurró; su aliento caliente contra su cuello––¿Eso te asusta?

––Un poco–– admitió, antes de detenerse y concretar una respuesta serena.

––¿Quieres que me detenga?–– cuestionó. Su voz sonaba tensa, aspera, a la par que sus labios se desplazaban a lo largo de la piel de su clavícula, siguiendo por su hombro.

––No, no quiero–– notó el calor en sus mejillas, mientras él la levantaba sin esfuerzo.

Recostó su espalda en el lecho individual de plumas, deteniéndose un momento para contemplarla y grabar en lo mas intimo de su memoria, la forma en la que su cabello se derramaba sobre las sábanas blancas de la misma manera que la sangre se acumulaba en ella. Mejillas enrojecidas en un escarlata brillante en la nivea perfección de su piel. Era belleza hecha carne. La había deseado desde la primera vez que comenzò a contemplarla como mujer. Fue en el verano, durante una de las tantas reuniones secretas que mantenía la triada en el bosque. Llevaba un ligero vestido, el cabello suelto, y una tiara de flores improvisada, a medida que se desplazaba atisbaba como sus pies descalzos se hundían en la tierra, la forma en que la falda se levantaba, permitiéndole echar un vistazo a sus pantorillas.

Sasuke se apoyó en sus antebrazos, besándola una y otra vez, bebiendo la suavidad de sus suspiros antes de que sus manos buscaran desatar el nudo que sostenía la bata cerrada. Ella lo guio a donde estaba el amarre, la miró, sorprendido de toparse con el cauteloso parpadeo del deseo en sus ojos esmeralda.

Respiró hondo antes de apartar la tela, descubriendo su cuerpo. Emitió maldición en voz baja al ver su perfecta piel de porcelana; los patrones oscuros resaltaban entre el valle de sus senos, por sus caderas, sus pechos perfectos, los botones color rosa coral y el suave cabello rosa que coronaba el delta de su feminidad.

––Eres hermosa, Sakura–– masculló, casi sin aliento––.Como una diosa encarnada.

––Qué adulador–– rebatió ella, con voz entrecortada, luchando con los impulso de decoro que le pedían a gritos cubrirse.

Oteó la manera en la que su pecho subía y bajaba. Su piel era tan suave, como la de un melocotòn, y sabía igual de tentadora. Trazó un lento sendero por el montículo de su seno izquierdo antes de cerrar sus labios alrededor del botón rígido. Sakura gimió abiertamente, asaltada por las nuevas sensaciones y el efecto vertiginoso de sus manos sobre su cuerpo.

No estaba exactamente segura de lo que había esperado de ese encuentro, sin embargo, hasta ahora, la experiencia era totalmente opuesta a lo que su madre o sus tías le relataron sobre el acto del amor. Nunca mencionaron que esto era algo que ella realmente podría disfrutar, en su lugar, la alentaron a que lo mejor que podía hacer era recostarse, relajarse y contar las grietas en el techo, alguna mantra o cualquier pensamiento hasta que el hombre finalizara.

A duras penas forjaba oraciones simples, y mas difícil aún, repetir mantras como una distracción. Sasuke lamía y succionaba la carne sensible con empeño. La pelirosa podía sentir la cálida humedad, pegajosa, acumulada entre sus piernas. Poco le consternó, las sensaciones eran adictivas, y ella quería más.

Sasuke repitió el proceso en su otro seno y levantó su rostro para encontrarse con un beso de inesperado entusiasmo. Gruñó contra su boca, percatandose como el roce de la tela contra su miembro se hacía cada vez màs difícil con cada segundo que transcurría. Apartó, con toda la rapidez que le era posible, las prendas de la parte superior de su cuerpo, delegarlas al suelo.

Sakura se colocó sobre sus rodillas e irguió su torso hasta quedar a la altura del azabache. Juguetona, acarició sus labios con la punta de la lengua, sonriendo, satisfecha, al ver como su amante hilvana un gesto de complacencia. Con el dedo índice, trazó los músculos finamente esculpidos en su pecho, acarició la protuberancia de las cicatrices, muchas de estas apenas perceptibles y otras invisibles a simple vista. El Uchiha tembló ligeramente bajo su tacto. Impaciente, bajó los pantalones, revelando ante los ojos de la pelirosa su desnudez.

La Heredera de los Haruno nunca antes había vislumbrado a un hombre excitado. El miembro de Sasuke estaba bien formado, enmarcado en la punta, bien proporcionado en longitud y grosor. Mordió su labio inferior. Sus manos se deslizaron por la piel de su abdomen, deteniéndose para sentir las numerosas cicatrices que marcaban aquel lienzo de viajes heridas, antes de que la curiosidad sacará lo mejor de ella y curvó sus dedos alrededor de la longitud crasta. Enfundó su mano en el falo, subiendo y bajando.

Sasuke emitió un hondo suspiro, y entre jadeos echó la cabeza hacia atrás.

––Lo lamento –– dijo alarmada–– ¿Hice algo malo? –– mordió su labio en señal de preocupación.

––En lo absoluto–– rebatió el Uchiha, tomando su rostro por las mejillas y depositando un beso sobre su frente––. Mas bien demasiado bueno–– declaró, encogiéndose de hombros. Suavemente apartó su mano.

Sakura sonrió, nerviosa. En un lento movimiento, presiona los hombros de la chica contra el colchón, ajustando su cuerpo contra el suyo. La piel de la pelirosa era cálida y suave en contraste a la de èl. Su boca ardía, recorriendo cada rincón de su figura, bajando por el espacio entre sus senos, depositando besos sobre su abdomen, mas allá de su ombligo. Acarició la extensión de sus piernas, coaccionando a abrirle espacio, albergando en una dulce presión.

Se removió inquieta bajo su mirada, tensandose cuando los ojos carmesí brillaron, devorando la vista de ella extendida ante èl. Los delicados pliegues de su hendidura femenina rosada, derramando jugos de deseo, expuesta a la vista y el tacto. Elevó la vista hacia su faz, antes de rozar con sus labios el interior de sus muslos, notando cómo se tornaba trémula al deslizar sus dedos tiernamente sobre la carne hinchada, trazando cada contorno con sumo cuidado. Rodeó suavemente la yema de los dedos sobre el haz de nervios de su abertura, Sakura mordió sus labios, tratando de reprimir el gemido en su garganta.

La pelirosa fue instantáneamente consciente de la proximidad del Uchiha a los lugares más íntimos de su cuerpo. Sabía lo que implicaba hacer el amor, mas no a qué punto. Todo lo que había escuchado estaba mal, y se tomó la libertad de aventurarse en lo desconocido con este hombre que la hacía arder en necesidad y al cual amaba.

Solo sus dedos bastaban para enviar placer a través de sus nervios como relámpagos, y con cada roce el dolor entre sus piernas se hacia mas intenso. Precisaba de algo, pero no tenía la certeza de que, hasta que las caricias apaciguaron, y los dedos alternaron con la lengua, fijándose suavemente alrededor de esa pequeña almohadilla de nervios. Ella se tensó como la cuerda de un arco. No tenía tiempo para avergonzarse o preocuparse, no cuando estaba infringiendo tales conmociones celestiales. Sintió como presionaba con uno de sus dedos la apertura, hundiéndose, profundamente. Su mundo se fragmentó en un millón de diminutas piezas, esparcidas en oleadas de placer.

Sasuke se deleitaba con el dulce sabor a almizcle del néctar que derramaba la chica, entre jadeos, gemidos y súplicas inteligibles. Las estrechas paredes de su intimidad apretaban con fuerza su dedo, gritos pecaminosos era lo mas satisfactorio que había escuchado en su vida. Su miembro palpitaba, doloroso, mientras ella se rendía ante èl.

Se alejó de su templo y subió hasta sus labios. Aunque al principio se alarmó de poder degustar su sabor, respondió, hambrienta, curiosa a lo que tenía para ofrecerle. Sakura presionó las caderas contra las del pelinegro, el calor de su excitación resbalando entre sus labios inferiores, volviéndose más pegajosos, aliviando la necesidad en una pequeña fracción. El pelinegro rodeó su propio miembro con la mano izquierda, guiándose contra su apertura, se apartó de su boca y la contempló, directamente a los ojos.

––Intentaré no lastimarte, Sakura–– dijo con voz tensa––.Pero si deseas que me detenga, lo haré–– prometió.

––Todo está bien, Sasuke. Creo que puedo soportar cualquier dolor que pueda surgir –– susurró, inclinando sus caderas contra él.

Él gimió, presionando sus labios contra los de ella con feroz abandono, mientras colocaba la punta de su miembro contra la apertura de su cuerpo. Ingresó, tan lenta y gentilmente como fue capaz. La humedad facilitó el camino, pero todavía estaba increíblemente estrecha. Sakura gritó cuando la longitud desgarrò su inocencia, un dolor se esparció como latigazos por sus músculos, envolviendolo. Sasuke la observó, conteniendose con toda la fuerza de voluntad que pudo reunir, hasta que ella asintió levemente, y prosiguió hasta que cada centímetro estuvo completamente enfundado.

Sasuke se quedó inmóvil durante algunos segundos. Era mejor de lo que había imaginado, y fue hasta ese preciso y divino instante, cuando los músculos de la pelirosa lo envasaban con fuerza que comprendió a los hombres que en un pasado juzgó. Rezó para poder sobrellevar la oleada de emociones sin traumatizar a la pelirosa. Las partes más bajas de su naturaleza anhelaban adorarla sin sentido, moverse dentro una y otra vez hasta disipar el tormento que desde hacía un rato se concentraba en su entrepierna. Pero le importaba demasiado, sabía que aquello era un rito de vital importancia tanto para èl y más para Sakura, le estaba entregando su cuerpo en un acto donde las almas se fundían, y el amor se entremezclaban con el deseo.

La estudió cuidadosamente, presionando besos sobre su mejilla, frente, bajando por la nariz hasta alcanzar la punta, tratando de apaciguarla. No era capaz de vislumbrar el suplicio que aquello le traía. Los ojos de Sakura se estrujaron, el brillo de las lágrimas reuniéndose en las esquinas, provocando que la culpa se asentara en su pecho. Respiró hondo, era el momento de retirarse. Había ido lo suficientemente lejos para satisfacer sus propias necesidades, quizás, algún día, cuando todo el embrollo de la guerra llegara a su fin podría recompensar, no solo en cuerpo sino también en alma.

Cuando él comenzó a retroceder, ella hundió las uñas en sus hombros, impidiendo apartarse.

––No te atrevas, Uchiha Sasuke–– reprimió, molesta. Tenía el entrecejo levemente fruncido y rictus de tensión en los labios––.Te dije que puedo manejarlo.

Sin otra palabra, Sasuke avanzó la fracción de pulgada que había retrocedido, ingresando, por completo, tomando una bocanada de aire antes de repetir el movimiento balanceando sus caderas suave, lento, tortuoso, de modo que su hueso púbico presionaba con el clítoris con cada vaivén.

Los suspiros de Sakura transmutan en quedos gemidos al mismo tiempo que el placer crece lentamente, diluyendo el dolor. Sasuke lucia perdido, absorto en una meditación, el sudor en su frente resbalaba por los costados de su rostro, los mechones negros caían como cortinas a los costados de su faz, enmarcando las perfectas facciones y resaltando su hermosura a la mitad de la noche.

––Sasuke–– llamó ella con dulzura, acariciando una de sus mejillas con la punta de sus dedos, contemplandolo como si fuera un ser irreal, un príncipe sacado de los cuentos que relataba su nana antes de dormir––.Puedes moverte–– aseguró.

Le encantaba cuando ella se reclinaba hacia atrás, incitandolo a continuar, disfrutando los dos al máximo el roce de sus paredes. Él soltó un suspiro entrecortado, al mismo tiempo que presionaba un nuevo punto en su interior con movimientos largos y suaves. Los canales de su templo se encontraban resbaladizos, abriéndose paso entre las estrecheces.

Sakura envolvió sus piernas alrededor de sus delgadas caderas, hundiendo los tobillos en la carne de los glúteos mientras èl exploraba con abandonó los rincones de su cuerpo. El placer comenzaba a acumularse en los extremos de su núcleo, no temía que la escucharan, dudaba que Karin hubiese delegado a otras personas a los demás habitaciones de la torre, y sin comedimientos lanzò un grito ahogado.

Sasuke la atisbar, comprometiendo a su memoria fotográfica a gravar en lo mas profundo de su imagen la efigie del momento exacto en el que los ojos de la chica se pusieron en blanco y su cuerpo presionaba a su alrededor en espasmos rítmicos de felicidad. Recito su nombre en una dulce melodía cuando se sintió abrumada por las mareas del orgasmo, y solo eso necesitaba para dirigirse a su límite. Se unió rápidamente a ella en una exquisita liberación, permitiendo que la rafaga de placera brotara, colmandola con su semilla, recitando su nombre en respuesta y alabanza.

Reposarán juntos a la par que sus placeres se desvanecen, podía sentir el miembro de Sasuke retomar la blandura, era capaz de percibir el trazó caliente de su semilla muy dentro de ella. Acariciaron sus rostros y apartaron los mechones desordenados que caían sobre sus fases, sin apartar la mirada, indispuestos a alejarse.

Sasuke se apartó, reposando todo el peso de su fisonomía en un reducido espacio de la cama, con la mirada clavada en el techo, tratando de procesar todo lo sucedido desde su arribo. Podría asegurar que explotaba de alegría, era como una abeja rechoncha de algarabía, danzando alrededor de una flor. Sakura se había entregado a él, y eso solo lo hacia reafirmar lo mucho que lo amaba y lo mucho que la necesitaba a su lado.

Antes de que ella pudiese levantarse y vestirse, la atrajo hacia él, tomó una de las cobijas y protegió sus cuerpos desnudos del gélido aire que ingresaba por las rendijas del ventanal. Colocó una mano sobre su espalda, siguiendo la línea de sus curvas en cada caricia; ella recostó su cabeza sobre su pecho, escuchando como el rápido palpitar retoma un ritmo vertiginoso.

––Sakura...––habló Sasuke, su voz sonaba como un trémulo susurro. La pelirosa atendió, posando sus hermosos fanales esmeralda sobre los suyos. Estaba absorta en sus pensamientos, la conocía a la perfección para concluir que tras la cortina de placer yacía el tiempo de los arrepentimientos––.Se que habrías preferido que realizaramos esto como marido y mujer.

––Tal vez…–– masculló, mirando sobre su propio cuerpo, alejándose. Tomó asiento y recostó su espalda contra la gélida pared de piedra, llevandose una cobija a altura de su pecho. No tenía el valor para enfrentarse a Sasuke.

––Puedo asegurarte que los ritos no son importantes para mi, pero se que lo son para ti. Sin embargo…–– el azabache hizo lo propio. Tomó una de las manos de la pelirosa y llevó un mechón de cabello detrás de su oreja––.Te juro que mi sentimientos solo pertenecen a ti.

El corazón de Sakura dio un vuelco.

––Cuando regresemos a Konohagakure tendremos una ceremonia apropiada–– prometió Sasuke, disipando el rastro de lágrimas con sus dedos––.Pero por el momento haremos nuestro juramento, bajo la vista de los dioses.

Sus manos se entrelazaron, mirándose directamente a los ojos ambos recibieron la promesa que se emitía a la hora del rito matrimonial.

––Soy tuyo, y tu eres mia, desde este momento hasta al final de mis días–– dijó Sasuke, depositando un beso en el dorso de su mano.

––Soy tuya, Sasuke, y tu eres mio, desde este momento hasta el final de mis días–– sus frentes se unieron, antes de elevarse hasta sus labios––.Te amo, Uchiha Sasuke.

Él levantó la cabeza, tomó su mandíbula y la guió hasta mirarlo profundamente a los ojos.

––Te amo, Sakura–– murmuró. Y sintió su corazón explotar una última vez mientras la besaba, muy gentilmente.

Y juntos, cayeron en un sueño profundo, sin pesadillas, sin batallas, sin muertos. Ningun miedo a lo que enfrentarían podía tocarlos en la intimidad de aquel cuarto, iluminado por las velas, donde su amor ardía con tanta intensidad en la oscuridad.

El porvenir era incierto.

Pero podrían luchar contra él.

Juntos.

Continuará

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N/A: Se que he demorado bastante en actualizar y pidió una enorme disculpa por ello. Los últimos meses han sido un caos.

Pero hablando del fic solo puedo decir: Started from the bottom now we're here!

Así es, hemos llegado a la resolución de esta relación, y no saben cuanto me alegra. Desde el inicio, quise plantear la interacción de estos dos como algo lenta, rota. Cada uno tiene su postura, sus demonios y una forma de actuar, por tal motivo, me encargue de hacer un énfasis en el entorno de ambos, su situaciones y lo que debían y querían hacer.

Ha sido todo un reto desenvolver la historia de ambos, quería plasmar que sus decisiones tienen consecuencias y los debates a los que nos sometemos todos al plantearnos qué es lo que DEBEMOS hacer y qué es lo que realmente QUEREMOS.

Y así como digo que todo tiene sus consecuencias, Neji forma parte de està ecuación, así como diversos factores que contemplaremos como influenciaran a los protagonistas el resto de la historia.

Espero que el fic sea de su agrado, no me canso de agradecer el apoyo que me han brindado a lo largo de este año, en verdad, mil gracias por leer, añadirlo a sus favoritos y seguirlo, son la primera fuente de mi inspiración, la gasolina para que funcione este motor.

Antes de marcharme, debo añadir que someterse las historias a un hiatus involuntario. He tenido algunas dificultades con mi computadora, me percate que es un fósil y ya agote toda su vida, así que, no se cuando vuelva a subir una actualización, no solo de estè fic, sino de los demás que tengo en puerta. Estas historias requieren tiempo, paciencia, y sin un ordenador decente es imposible que ambas cosas coincidan.

Sin nada más que añadir, espero que el capitulo haya sido de su agrado. Esto es todo por el momento, espero leerlos pronto con una actualización. Donde quieran que estén les mando un fuerte abrazo, ¡Saludos! y vayan por la vida a ser felices.

¡Nos leemos hasta la próxima!

¡Chao!