IV (Saga Dorada) ¿Amar o seducir?

By: YuukoMidna

Recordar siempre: Que el Anime de Saint Seiya no me pertenece. Es obra del Señor Masami Kurumada (車田正美) y colegas.

Estas historias están basadas en lo sucedido a lo largo del anime, en el volumen de Lost Canvas y el reciente SS Omega Ω. Algunas cosas cambiarán, yo solo me baso en los personajes y en algunos hechos. Pero mi historia será muy diferente a lo que realmente ocurrió, me concentro más en la vida diaria de los Caballeros que en las batallas.

¡Disfruten su lectura!


CAPÍTULO 10

=Una Boda y sus conclusiones=

La mañana de ese día se inició con una llovizna neblinosa, que se convirtió en una tormenta con truenos hacia la mitad de la tarde. Desde la ventana de su cuarto Shaina miraba miserablemente hacia las afueras del Recinto, todo empapado y charcos donde quiera. Ríos de agua corrían por las escaleras de todo el Santuario. El Coliseo de entrenamiento estaba inundado. Shaina miró a Marín por encima del hombro y preguntó sin ánimo.

-¿No es mal augurio que llueva en el día de la Boda?- La pelirroja buscaba sobre la cómoda las horquillas incrustadas en perlas para el tocado. Se volvió articulando un sonido de desaprobación.

-¡Son tonterías supersticiosas! Y me parece además que la tormenta está pasando. Todavía saldrá el sol antes de las cuatro de la tarde- Shaina volvió a mirar el siniestro paisaje del exterior.

-¡No pasará!- Suspiró y se apartó de la ventana -Probablemente el peinado se me estropeará al salir de la casa. Por no hablar del vestido- Todo su cabello estaba recogido en bucles como una corona y Marín le ensartaba horquillas con perlas, como si fueran pequeñas gotas. Toda la parte superior del vestido era completamente de encaje y el escote de su espalda le llegaba justo donde terminaba la misma. Las mangas eran pegadas y su terminación en pico quedaba ajustada a la parte superior de sus manos. June le había pintado las uñas de un perla translúcido para darles brillo. La parte inferior del vestido comenzaba en la cadera, era de raso blanco y la cola media dos metros de largo. Sus zapatillas forradas con la misma tela de su vestido, se ataban con delgados cintillos, muy parecidas a las zapatillas que siempre usaba con su armadura. El velo igual de largo que la cola del vestido, se ajustaba en la parte superior de la coronilla de bucles. Jugueteó con la pulsera que Albiore le había traído de su viaje. Era una hermosa pieza labrada a mano, con flores de cristal y pequeñas perlitas blancas. Como había estado recluída en el Templo de Escorpión, los primeros días después del regreso del Caballero de Cefeo, éste no había tenido la oportunidad de dársela; hasta el día anterior, cuando fue a felicitarla por el compromiso y aprovechó para darle su regalo. Había que admitir que Albiore tenía muy buen gusto. ¡Excepto en parejas! Todos decían que Misty sería su perdición.

-Quizás podríamos ir al Templo de Paestum y vestirte allí- Sugirió la Amazona del Águila. La ceremonia nupcial se llevaría a cabo en el Templo de Hera. Situado en el extremo suroeste de la meseta de Agrigento, a petición de la Princesa Athena, Shion y Mü se encargarían del transporte. La recepción se iba a celebrar en el bosque, justo debajo de unas carpas árabes que Saori había hecho traer especialmente para la celebración. Habría sido su gran ilusión utilizar el Jardín de los Saharauis situado en la Casa de Virgo. Pero Shaka se había negado rotundamente a prestar su Jardín Sagrado para ser usurpado por un montón de brutos cavernícolas; dejando así a una Saori desilusionada. Pero poco le había durado la desilusión, ya que el bosque fronterizo, que se ubicaba cerca de las casas de los Plateados y del Recinto de las Amazonas y ofrecía un excelente escenario.

-¡Sí, tal vez!- Contestó Shaina automáticamente, sus pensamientos vagando ya hacia otras cosas. Desde el momento en que había despertado aquella mañana se había sentido asaltada por las dudas. De pronto volvió hacia su amiga con unos ojos desmesurados, aterrados –Marín ¡¿Qué estoy haciendo?!-

-No me mires como si yo tuviera la respuesta- Contestó austeramente la pelirroja –Ya esta por demás decirte que te advertí que lo pensaras mejor-

-¡No conozco al hombre con quien voy a casarme!- Prosiguió la Cobra -¡Por Zeus, todavía ignoro de dónde viene, si tiene familia, sus gustos!... ¡Bueno! Sé que le gustan los escorpiones… ¡Pero no se puede formar una relación con base a eso!-

-¿Acaso importa?-

-Y tampoco sé como voy a poder vivir en su Templo. Simplemente no puedo imaginarme viviendo al lado de un hombre-

-Estoy segura de que te acostumbraras pronto. Lo más seguro es que él ya tenga planes de como vivirán- Dijo Marín procurando animarla.

-Sería mejor que no los hubiera hecho. No sin mi aprobación- Exclamó infantilmente -Y si cree que voy dormir en la misma habitación, está muy equivocado. Es un cerdo, no puede mantener ordenado su propio espacio personal...-

-No sé por qué no has hablado de estas cosas con él ¿Por qué te preocupan ahora esas tonterías?-

-No se me había ocurrido, hasta hoy- Reconoció Shaina y después exclamó, en un estallido de pánico -¡No Marín, no me casaré con él! ¡No puedo!- La pelirroja frunció el ceño bastante molesta.

-¡Ya basta Shaina! Personalmente creo que deberías esperar a madurar un poco antes de pensar en casarte, pero ya esta hecho. No puedes decidir esto a última hora. Se fuerte y afronta tus decisiones con la cara en alto ¿O acaso eres una cobarde?-

-¡No, pero…!-

-¡No hay pero que valga!- Interrumpió Marín con dureza, aunque amablemente -Estás nerviosa, Shaina. Les sucede a todas las novias. Este casamiento es lo que tú querías ¿No? Es inútil que niegues que en tu infantil y cursi interior siempre deseaste que un hombre te tomara en sus brazos y te bajara la luna y las estrellas. Y tendrás un refinado y hermoso diablo como marido. No al idiota de Seiya que te rechazo no una, ni dos, sino muchas veces y no puedo decir lo contrario aunque sea mi alumno favorito- Lo de diablo es exacto, pensó Shaina.

-No me recuerdes ese episodio de mi vida…aún ahora es bastante humillante- Marín le colocó las últimas horquillas y le palmeó un hombro para animarla.

-¡Vamos! Yo sé que Milo es un mujeriego de primera. Pero es encantador, hay que reconocerlo. Tal vez puedas hacerlo que se acostumbre a la vida con una sola mujer- La Cobra sonrió con ironía.

-¿Encantador? Pues parece que yo sólo ocasiono que su ira salga flote cada vez que comenzamos una discusión…aunque bueno, conozco otro lado de su carácter. Es como dos hombres enteramente distintos-

-¡¿A qué te refieres?!- Shaina se giró de nuevo a la ventana sin darle importancia.

-¡A nada!- contestó con rapidez -Deben de ser los nervios. Tal vez estoy preocupada por esta noche y lo que pasará después de la Recepción-

-¡Ay, Shaina! Seamos sinceras ya no eres virgen. Así que no veo el porque te preocupa tanto lo que pueda pasar esta noche. Además ¿No le habías dejado en claro que no volvería a pasar?- El rostro de Shaina se encendió de vergüenza al recordar la noche en la playa y desvió la mirada para que Marín no lo notara, pero la Amazona del Águila ya conocía de sobra los sentimientos de su amiga.

-¡Por supuesto!- Contesto al descuido la peliverde.

-Sólo es un matrimonio de conveniencia, no veo el porqué de tus absurdas preocupaciones-

-¡Ya lo sé!- Dijo Shaina y miró el reloj sobre el tocador - Es mejor que partamos sí no queremos que la Princesa Athena se vuelva más loca de lo que ya esta-

-¡Lo sé, lo sé!- Asintió Marín riendo –Iré a ver si June esta lista- Como si la hubieran invocado, la Amazona de Camaleón entró a la habitación con su vestido tinto y su largo cabello recogido en un rodete de bucles sobre su cabeza.

-¿Por qué tardan tanto?-

-¡Ya estamos listas!- Se apresuró a decir Marín. Shaina recogió la cola de su vestido y se la puso sobre el brazo.

-¡Bien! Terminemos de una vez con esta Boda- Cuando salieron de la cabaña, la tormenta había cesado y las nubes comenzaban a despejarse cediendo ante los cálidos rayos del sol. Mü ya las esperaba a las afueras del recinto. Vestido con su traje color mostaza, las medias por encima de los pantaloncillos y los zapatos de cuero con la enorme hebilla dorada en el empeine. Era una imagen bastante cómica y las tres mujeres no pudieron reprimir la risa cuando vieron la cabeza del Dorado. Sus cabellos lilas estaban rizados y atados en una cola baja por un listón del mismo color del traje, simulando unas patillas tenía dos rulos a cada lado de su cara y un sombrero de cuero triangular bastante fuera de época. El Lemuriano se sonrojó hasta las orejas al ser blanco de burlas.

-¿Y ese peinado Mü? ¡Jajaja! ¿De qué libro de Historia saliste?- June se sostuvo el estomago sintiendo que las lágrimas se le salían de tanto reír. Shaina sonrió tanto que no parecía ella misma.

-¡Te lo advertí Mü! Debiste hacerme caso cuando te dije que debías preocuparte más por eso- Mü cerró los ojos y quitándose el sombrero se tapó el rostro de la nariz para abajo, bastante abochornado.

-¡Vamos, vamos o llegaremos tarde!- Las apuró Marín calmando sus propias risas, para ayudar un poco al pobre Ariano.

Templo de Hera, extremo suroeste de la Meseta de Agrigento….

Detenido en el extremo de la calle, a unas pocas cuadras del Templo, había un coche negro con vidrios polarizados. No se podía ver el interior del vehículo, pero el chofer pesadamente encapotado estaba recargado en parte delantera y se volvía para mirar hacia el Templo cada vez que llegaba un grupo de hombres con trajes muy extraños. Esperaba impacientemente a un grupo determinado y las personas que vendrían dentro de el. Un rifle nuevo estaba apretado entre sus manos, oculto por la capa.

-¡No me pagan lo suficiente!- Murmuró en protesta por el trabajo asignado y reprimió las ganas de encender un cigarrillo.

...

Milo estaba de mal humor. Fue de los primero en llegar al Templo junto a su mejor amigo, tenían cerca de cinco horas esperando a que todo eso diera inicio. Camus sería su Padrino junto a Saga, Kanon y Afrodita. El Dorado de Acuario se acomodaba el sombrero para no estropear su peinado. Hubiera sido lo mismo llevar pelucas en vez de usar sus propios cabellos para hacer esos ridículos peinados con rulos. Por su parte Milo ocultaba a Camus su agitación ¡¿Por qué mierda iba a casarse con Shaina?! Cada vez que pensaba en ella, recordaba la noche en la playa y su cuerpo reaccionaba al instante. Pero no sería por mucho tiempo, se dijo. Unos cuantos días disfrutando de su cuerpo y pronto se cansaría de ella…pero ¿Cuánto tiempo demoraría eso? ¿Y realmente valía la pena casarse con ella?

Desearía que todo hubiese pasado y regresar a su vida normal. Shura anuncio que el grupo donde venía Shaina había llegado y Milo se puso más nervioso. Mientras Saori les indicaba a todos que tomaran sus puestos. "Ésto es un circo" pensó sombríamente el Caballero de Escorpión. De pronto un sonido estruendoso estalló, semejante a un tiro. Pasaron unos segundos antes de que Milo se diera cuenta de que en verdad se trataba de un tiro. Y no supo en que momento sus pies lo llevaron a las afueras del Templo para ver como un carro negro partía apresurado calle abajo. Cuando lo perdió de vista, lo primero que sus ojos buscaron fue a Shaina, sin saber porque, sintió un gran alivio cuando vio a la mujer intacta, siento protegida por los brazos de Máscara. Una punzada de celos le invadió y fingiendo indiferencia regresó al interior del Templo para ocupar de nuevo su puesto.

-¡¿Está todo bien?!- Preguntó Camus, mientras seguía a su amigo al interior del Templo.

-¡Sí! Terminemos de una vez- Dijo Milo y no comentó más.

Máscara vio como el coche negro doblaba la esquina rechinando las llantas en el pavimento. Su instinto era seguir al coche que huía. Pero Shaina era su mayor preocupación. Estaba atónito, no solo porque Shaina podría haber salido herida, sino también porque no imaginaba que alguien quisiera disparar contra un Caballero del Santuario. Ya fuese hombre o mujer. Sus enemigos no se rebajaban a tales instrumentos puesto que no tenía nada de honor disparar por la espalda. Aquello no tenía sentido. Por este motivo decidió que el balazo no le estaba destinado a los allí presentes. Probablemente se trataba de algún loco suelto.

-¡¿Estás bien Piccola?!- La Amazona parpadeó debajo de la gasa del velo y Máscara lo removió para poderle ver bien el rostro.

-¡Viniste…!- Fue lo único que pudo pronunciar la Amazona. Máscara sonrió con su habitual mueca sardónica.

-¡¿No pensabas que me perdería toda esta basura o sí?!- Como respuesta Shaina le dio un puñetazo en la quijada. Máscara frunció el ceño molesto, sobándose la parte herida -¡¿Y ESO PORQUÉ DEMONIOS FUE?! ¡¿Te has vuelto loca?! ¡Eres la mujer más insufrible que…!- Interrumpió abruptamente sus reproches cuando la Amazona lo rodeó con los brazos y apoyó su cabeza sobre su pecho.

-¡Gracias!- Máscara fingió indiferencia mirando hacia otro lado.

-¡Sí, bueno…! Esto no cambia nada, aún no estoy de acuerdo y en cuanto tenga la oportunidad te dejaré viuda- Antes de que ella protestara, Máscara le tomó la mano y la pasó por debajo de su brazo –Te ves preciosa- Sonrió con sinceridad y Shaina se acomodó el velo para ocultar su rostro.

-Y tú te ves ridículo- Por primera vez en todo el día, sonreía de verdad.

-¡¿Ya están listos?! Se hace tarde- Urgió Saori desde la entrada del Templo –El clima ya a hecho bastante atrasando la ceremonia. Así que no pierdan más el tiempo- Athena entregó a la novia un ramo de orquídeas tintas y blancas intercaladas, y a las Damas de honor un pequeño ramo de rosas blancas.

Unos minutos después Máscara y Shaina, entraron lentamente seguidos por Marín, June, Saori y Helena, las doncellas de honor; avanzaron por el centro de la iglesia. Milo esperó ante el altar, con una expresión de impaciencia que puso más nerviosa a Shaina. Estaba soberbiamente vestido con el mismo traje que el de los chicos, pero los pantaloncillos eran negros y la casaca junto con la chupa eran blancas, muy formal, con solapas de terciopelo negro, la única diferencia, es que en vez de medias, calzaba unas botas de cuero que llegaban hasta las rodillas. Se veía extremadamente apuesto. Shaina no pudo menos que sentir cierto orgullo por eso. June estaba feliz y también envidiosa, por entre la multitud no dejaba de buscar al Caballero de Aries, apenas vio la mata de cabellos lilas y deseo no tener puesta la máscara para poder guiñarle un ojo. Se habían dispuesto sillas acolchonadas a los lados del camino que recorría la novia y su grupo. En las primeras filas se situaban los Dorados y los Cinco Principales de Bronce. Posteriormente los Plateados, seguidos de los aprendices y el resto de los Caballeros de Bronce.

Shaina era un manojo de nervios y Máscara le apretó el brazo para tranquilizarla, pero su presencia no logró evitar el pánico. Le sudaban las manos. El corazón le latía tan furiosamente que podía oírlo por encima de la música que tocaban en un arpa.

-¡Piccola…!- Susurró el Caballero de Cáncer cerca de su oído –¡Aún estamos a tiempo!- Shaina frunció el ceño, adivinando las palabras que venían seguidas de esas –¡Podemos salir por un lado del altar y dejar atrás a ese hijo de…!-

-¡Ya basta Angelo! Me estas poniendo más nerviosa- El Dorado volvió a enderezarse con expresión sombría.

–¡Bueno! Tenía que intentarlo- Máscara le dirigió una mirada fulminante al Escorpión antes de entregarle a su hermana.

Cuando Milo le tomó la mano, Shaina comprendió que él iba a sentir la humedad helada que la embargaba. Él se daría cuenta hasta que punto estaba asustada. Cuando le sonrió, ella se ruborizó intensamente bajo el velo. No podía saber porqué, pero pese a sí mismo, él la estaba admirando. Con el vestido de seda blanco cubierto de encaje ceñido de manera exquisita a su hermoso cuerpo y el velo que le llegaba hasta los pies, estaba más bonita que cualquier otra mujer que él hubiera visto jamás. Su cuerpo comenzaba a reaccionar al estar cerca de ella. Qué treta de la naturaleza, pensó Milo; que alguien tan descorazonado como Shaina fuera tan semejante a un hermoso ángel. Sintió su orgullo Dorado inflamarse, viendo como sus compañeros de armas parecían comérsela con la mirada. Su cabello verde oscuro estaba peinado en alto, sujeto con perlas, adornado con orquídeas tintas y blancas haciendo resaltar su preciosa cabellera, por último estaba cubierto por el velo... Milo recobró la conciencia dejando a un lado el ensueño, que le produjo ver llegar a Shaina, cuando el Gran Patriarca inició la ceremonia.

La mayoría de los presentes se mordieron los labios para no romper en carcajadas, cuando Shion entró vestido de negro de los pies a la cabeza, con olanes blancos saliendo por las mangas y el cuello, la peluca blanca con leves tonos grisáceos, unas gafas redondas y un lunar pintado en la parte inferior de la mejilla. Lanzó una mirada amenazadora para cualquiera que osara decir algo sobre ese ridículo disfraz y dio inició a la tradicional ceremonia de la Boda. Pero Milo casi no prestó atención y Shaina tampoco oyó lo que él decía. Apenas reaccionó cuando escuchó que Shion pronunciaba su nombre.

-Shaina Catalena Di Lorenzo Carbone ¿Aceptas a este hombre en la salud y en la enfermedad, en lo próspero y lo adverso hasta que la muerte los separe?- Acababa de darse cuenta de que estaba totalmente sola, y que probablemente iba a seguir estándolo. A partir de hoy Milo tomaría un papel muy importante en su vida…pero prometerse tantas mentiras frente al altar, la hacían sentirse demasiado hipócrita.

-Acepto- Contesto con un tono apenas audible.

-Y tu Milo Nikopolidis Gavrielatos ¿Aceptas a esta mujer en la salud y en la enfermedad, en lo prospero y lo adverso hasta que la muerte los separe?- Para sorpresa de Shaina, el Caballero aceptó sin siquiera pensarlo.

-¡Acepto!- Dijo en tono decidido.

-Si hay alguien que se oponga a esta unión, que hable ahora o calle para siempre- Todas las miradas se posaron en Máscara. El Santo de Cáncer levantó una ceja incómodo y escupió hacia un lado en señal de que por esa ocasión, no estaba dispuesto a armar un escándalo. Los novios firmaron el papel que los comprometía formalmente ante la sociedad -Los declaro marido y mujer- Sentenció Shion aliviado de terminar con la perorata y poder quitarse ese horrible atuendo. Shaina contuvo el aliento. Ya no podía huir. Había terminado. Había dado el «sí» sin darse cuenta. Quedó petrificada cuando Milo le levantó el velo y tocó sus labios helados con los de él.

-¡Sonría, señora Nikopolidis!- Murmuró cuando la tomaba del brazo para escoltarla por el centro del Templo -Se supone que es un acontecimiento feliz- Ella forzó una sonrisa para beneficio de los invitados y pronto se perdió en un torbellino de felicitaciones.

Pasó de uno a otro hombre para el tradicional beso de la novia. Milo logró extraerla de la multitud y sacarla del Templo. Una lluvia de arroz les cayó encima y sin perder tiempo, los invitados fueron desalojando el Templo con ayuda de Shion y Mü.

Santuario de Athenas…

Shaina se sentó para las fotos con una aparente calma exterior. Milo ya no parecía impaciente. Las fotografías fueron tomadas rápidamente y los llevaron hasta una mesa debajo de unas largas carpas árabes. Apenas habían intercambiado una docena de palabras entre ellos.

La recepción estaba en su apogeo cuando llegaron. Nuevamente fueron bombardeados con felicitaciones por una multitud jubilosa. La fiesta era alegre. Saori se había encargado de pedir los mejores bocadillos extranjeros y el Champagne más caro. Algo bastante irónico, ya que tenía muy limitados económicamente a sus Caballeros, al punto de obligarlos a tener que desempeñar trabajos de tiempo extra para sustentar sus gastos personales. ¡Pero eso sí! Se daba el lujo de malgastar el dinero en escandalosas y lujosas Fiestas Navideñas y Bodas Temáticas.

Las carpas estaban iluminadas con velas colgantes y telas de maya rodeadas de orquídeas blancas que se movían con el viento. Había más de cien mesas dispuestas a lo largo de las carpas, con hermosos árboles de cristal en los centros de mesa. Los manteles eran color blanco y tinto, al igual que los forros de las sillas. La mesa de los novios estaba en el extremo lateral, justo en la línea central de todas las mesas. En un extremo se encontraba el enorme pastel de Bodas, hecho de seis capas y cubierto de flores y perlas hechas de dulce.

-¡Cuánta frivolidad!- Shaka estaba abrumado con los excesivos e innecesarios gastos, que seguramente servirían para alimentar a un pueblo entero. Mientras Misty hacía una lista mental de las cosas que se llevaría al terminar la fiesta. Se hicieron frecuentes brindis y Shaina rara vez estuvo sin una copa en la mano. De pronto se vio arrastrada al centro de la pista para bailar el vals. Su cuerpo tembló cuando Milo le sujetó la cintura.

-¿Cómo te sientes?- Shaina hizo un gran esfuerzo para que los pies no se le enredaran en el vestido.

-¡Cansada!- Milo le dio una vuelta y cuando volvió a sujetarle la cintura la apretó más contra su cuerpo.

-¿No era esto lo que querías?- La Amazona estuvo a punto de tropezar, pero el Dorado la sujeto con fuerza para seguir el baile. ¡Jamás la dejaría caer!

-¡¿Disculpa?!- Intentó separarse de él, pero no podían detener el baile sin armar un escándalo. Su frente se arrugo para hacerle saber lo molesta que estaba –¡Fuiste tú quien me obligó a esto!-

-¡Pues, no recuerdo que te opusieras demasiado a mis deseos!- El cuerpo de Shaina se detuvo en el acto, petrificada ante el duro significado de aquellas palabras. Se sentía usada y estúpida. De nuevo el peso de sus acciones le caía como un baldazo de agua helada. Algunos de los Caballeros comenzaron a murmurar y Marín estuvo a punto de interrumpir el vals, pero Aioria se lo impidió –¡Vamos Shaina, no pelemos! Lo último que quiero este día es armar un escándalo frente a todos- El vals continuó mientras pasaba por los brazos de todos los Caballeros presentes. Seiya le dedicó una sonrisa de felicitaciones y Shaina rodó los ojos con exasperación. Cuando tocó el turno de Shion, el Patriarca le pidió disculpas por ocasionarle tantos problemas, pero la Amazona apenas y tomó conciencia de lo que pasaba a su alrededor, los muchachos hacían comentarios sobre su hermoso rostro que siempre había estado oculto, sus deslumbrantes ojos, el hermoso y sexy vestido. Algunos también se burlaban de Milo y otros lo felicitaban como si hubiera ganado un trofeo. Su ánimo decayó aún más, cuando tocó el turno del hermano para bailar con la novia. Máscara bailó con ella sin dignarse a mirarla.

-Angelo ¿Qué pasa?-

-No me preguntes, algo que ya sabes- Shaina le apretó la mano para llamar su atención.

-¡Al menos podrías decirme algo agradable!- La mirada de reproche que le dedicó su hermano fue más dura que si la hubieran abofeteado con el mazo de Hefesto.

-¡Por favor Shaina! No me pidas que diga algo. Cuando lo que tu quieres, es que apruebe esta estúpida decisión que tomaste independientemente de lo que yo opinara al respecto- Cuando terminó la pieza, Máscara se alejó lanzando maldiciones. Sus últimas palabras aún resonaban en la cabeza de la Amazona "Ya hice mi trabajo. No puedes esperar que me quede y sea parte de esta farsa. Esto es demasiado incluso para mí" es lo que le había dicho su hermano antes de abandonarla en medio de la pista. A lo largo de la celebración, permaneció sentada en la mesa de los novios. Con la mirada perdida en el mantel y obligándose mentalmente a no derramar una sola lágrima.

-¡Shaina…!- Levantó la vista para toparse con los ojos de Marín. Ambas eran las únicas que no llevaban la máscara de plata. La pelirroja tomó asiento al lado de su amiga y le cubrió las manos con las suyas –¡Anímate un poco! Seguirás viviendo en el Santuario y nos veremos todos los días. No tienes por qué deprimirte, la Boda no estuvo tan mal, hay que darle crédito a la Princesa Athena ¡¿No te parece?!- Shaina la miró largo rato y soltó un suspiro lento.

-Sí- Respondió para levantarse y esbozar una sonrisa leve –Jamás voy a olvidar lo ridículo que se veían todos con esos trajes- Marín también sonrió y acompañó a su amiga a las afueras de la carpa. El cielo ya estaba obscuro y salpicado de estrellas. Intentó disfrutar el resto de la velada con las Damas de Honor, haciendo bromas sobre los atuendos de los chicos y el pintoresco lunar que había exhibido Shion durante la Ceremonia Nupcial.

-¡Tome fotos y video de todo! Cuando me entreguen el material nos reuniremos en el Templo Principal para una Noche de Chicas- Exclamó Saori con unas cuantas copas de vino encima y arrastrando las palabras. Las mujeres evitaron la risa, pero sin duda no se perderían de ver cada detalle grabado en la Boda. Milo sugirió que se fueran, mucho antes de lo que ella esperaba. Shaina se rehusó una y otra vez, pero finalmente el Dorado la acorraló junto a un poste alejado del barullo.

-¡Ya es hora de irnos Shaina!- Había una nota decidida en su voz, pero ella todavía no estaba lo bastante ebria como para seguirlo.

-¿No puedo quedarme esta noche con las chicas?-

-¡¿Ésta noche?! ¡No lo creo! Ahora eres mi esposa y tienes que dormir bajo mi techo- Replicó burlón. Shaina le dirigió una mirada de reproche.

-¡Todavía no! ¡Aún es temprano!- Él la agarró del codo y el apretón que le dio fue extrañamente duro.

- Me doy cuenta de lo que quieres hacer, Shaina. ¡Pero no lo lograrás! Ésta noche es mía y quiero que ambos la disfrutemos-

-¿Es tuya pero quieres que la disfrutemos ambos? ¿Tienes idea de lo absurdo que suena eso? ¡Ya sé lo que estás pensando! Así que vete sacando esa idea de la cabeza ¡Porqué no va a pasar!- Susurró ella furiosa al ver que él había descubierto su plan.

-¡Yo no estaría tan seguro!- Dijo él con una sonrisa seductora que la hizo estremecerse.

-¡Lo prometiste Escorpión!- Exclamó ella entre dientes –No vas a tocarme un solo cabello-

-¡Shaina, si es necesario! ¡Te llevaré yo mismo!- La previno él –Así que vete despidiendo con una sonrisa o de lo contrario…-

-¡Está bien!- Le lanzó una mirada furiosa antes de abandonar el lugar, directo al Octavo Templo. Milo la observó partir hasta que sus ojos la perdieron de vista. Ese día distaba mucho de ser lo que esperaba. Los celos lo estaban volviendo loco, al ver como la Amazona pasaba de unos brazos a otros con el rostro pasivo, pero cuando llegaba a sus brazos, le dedicaba miradas furiosas y le hacia desaires. Como si el solo tocarlo le causara repulsión y odio.

-¡Maldita mujer!- Golpeó un árbol haciendo un enorme agujero en el tronco. Estaba haciendo lo que correspondía a un hombre hacer con la mujer que desea. La había extraño desde el primer día que había abandonado el Templo de Escorpión para regresar al Recinto, intentaba hacerle ver que aunque no la amara, quería tenerla a su lado como correspondía. Pero esa Amazona lo trataba como si él fuera juez y verdugo y la estuviera llevando a la horca.

-¡Oye Milo! ¿No vas a venir a ver como Shaka hace la caída de confianza?- Kanon se acercó seguido de Camus. El Dorado de Escorpión apenas y les dirigió la mirada.

-¡No! ¡Estoy cansado!...me voy- Camus lo detuvo con una mano en el hombro.

-¿Pasa algo?- Milo negó con la cabeza y Camus lo dejó ir. Kanon se rascó la cabeza confundido. Su peinado ya estaba hecho nudos.

-¡¿Y la luna de miel?! ¡¿No iban a ir a Roma?!- Camus se encogió de hombros y se dispuso a regresar a la fiesta.

Templo de Escorpión…

Para su gran alivio, Máscara no estaba en su Templo. Mejor así, no tendría que soportar más reproches por ese día. Toparse nuevamente con su hermano pidiendo explicaciones y sermoneándola por lo estúpido de todo ese asunto. Sentía la cabeza algo liviana por el Champagne que había bebido; aunque la embriaguez se estaba desvaneciéndose lentamente debido a su enojo y tenía que reconocerlo, a su miedo. Había esperado no tener que ser consciente ni un solo minuto de la prueba a la que la forzaba Milo. Tan pronto se adentro al Templo, no se detuvo un solo segundo hasta que llegó a la habitación que le correspondía a ella. Por órdenes de Shion, a puerta había sido reparada. Al menos no tenían que compartir la misma habitación. Cerró la puerta a sus espaldas y vio sus maletas a los pies de la cama. Marín y June le habían ayudado a empacar todas sus cosas… ¿En que momento las habían llevado al Octavo Templo? Sin darle mayor importancia se quitó la ropa y dejó el vestido sobre el diván. Se paso un camisón negro por los brazos. Al verse en el espejo hizo una mueca. Esa Marín siempre le compraba pijamas demasiado cortas y destapadas. Sin mayor ceremonia deshizo el peinado quitando todas las horquillas de perlas y arrojándolas sobre el tocador. Se dejó caer sobre la colcha y revolvió las almohadas para mayor comodidad. Estaba tan cansada, pero no podía conciliar el sueño.

El corazón se le aceleró cuando escuchó pasos, que se aproximaban por el pasillo. Sabía que Milo había llegado y casi podía escucharlo irrumpir en su habitación para exigir sus derechos como esposo. Pero la sombra se detuvo del otro lado de la puerta y Shaina contuvo la respiración. Para su total sorpresa, los pasos del caballero siguieron de largo a su propia habitación, sólo pudo soltar el aire contenido, cuando sonó el portazo y el Templo volvió a cernirse en el silencio total. Su cuerpo se relajó hasta hundirse entre las sábanas y los almohadones. El peso del cansancio por fin la venció y se quedó profundamente dormida.

Era un sueño agradable. Se celebraba una fiesta en el Santuario y ellos dos bailaban. Shaina no se había preguntado porque bailaba con Milo tan tranquilamente; lo encontraba natural. Incluso todos estaban presentes ¿Acaso todavía estaban en la fiesta de la Boda? ¿Qué no se había marchado? ¿No había terminado ya? Y de pronto él la besaba en la pista de baile, entre una docena de parejas, pero nadie parecía darse cuenta. Ella experimentaba la misma sensación que aquella "otra vez", sólo que en el sueño el beso se interrumpía.

Los sentimientos que le había provocado antes volvían a producirse, pero con mucha mayor intensidad en su presente estado de relajación. El beso no sólo era más largo sino también más profundo. Milo recorría con la lengua todos los rincones de su boca, explorándolos con detenimiento. Succionaba su labio inferior como si desease apropiárselo. Shaina notaba las caricias de sus manos, pero no en la espalda donde debían estar. ¡Era extraño! No estaba segura del por qué, pero finalmente se dio cuenta de que como mínimo el beso no era un sueño. Quizá se debió al sobresalto de notar la mano del Dorado amasándole suavemente el pecho. Encontraba en eso un placer tan intenso que le era imposible permanecer relajada o dormida. Todo su cuerpo se estremeció de pronto al tomar plena conciencia que Milo se hallaba en efecto recostado a su lado en la cama con sus manos y labios sobre ella. Shaina buscó una explicación a aquello, pero no conseguía pensar con claridad. Solo se le ocurrió decir.

-¡¿Pero qué estas haciendo?!- Tuvo que repetir tres veces la pregunta antes de que él se echase hacia atrás para mirarla. Bajo la tenue luz de la única lámpara de pared que quedaba encendida. Advirtió que el Dorado parecía confuso. Sin embargo mucho mayor fue la confusión de ella cuando él replicó.

-¿Qué haces en mi cama?-

-¡¿Tú cama?! ¡Estás en mi habitación idiota!- Dijo la Amazona enérgicamente -¡¿Cómo diablos entraste?!- Milo echó un vistazo alrededor y comprobó que ella tenía razón. Siguió fingiendo que se había movido por inercia de un sueño.

-¡Vaya! No estaba nada mal, el sueño- Shaina parpadeó estupefacta. Ella había tenido un sueño con él francamente "agradable". Así que debía aceptar la posibilidad de que a él le hubiese ocurrido algo semejante. No necesariamente con ella. En realidad, era mucho más probable que soñase con alguna de sus putas. Aún así lo miró recelosa con los ojos entornados.

-¡¿Siempre intervienes físicamente en tus sueños?!- El Dorado fingió amnesia.

-¡No! Qué yo sepa... hasta ahora ¡¿He hecho...?! Es decir. ¡¿Te debo una disculpa?!- Shaina lo miró largo rato, todavía le costaba enfocar la vista debido a su repentino despertar y a juzgar por la oscuridad en el exterior, todavía era de noche.

-¡Escorpión! Me tiene sin cuidado que camines o hagas cualquier otra cosa dormido, siempre y cuando limítes toda participación activa en TÚ habitación-

-¡Por supuesto!- Contestó Milo sin moverse de su sitio. Tras un largo silencio, comentó -¡Pero ésta noche no creo que podamos volver a dormir!- Probablemente Shaina también lo presintió. Aunque esperaba volver a verla por la mañana y todas las siguientes a esa. Sin duda comprendía que sería inevitable evadir esa situación, viviendo bajo el mismo techo. De un salto salió de la cama y abrió la puerta de la habitación.

-Vete- El Dorado dejó escapar un largo suspiro de decepción y se apresuró a marcharse. Pero antes de poner un pie fuera de habitación se giró hacia ella. Le dolió ver como ella por instinto, daba un paso hacia atrás.

-¡Shaina! No quiero que sea así entre nosotros. De verdad estoy dispuesto a hacer que las cosas funcionen- El silencio de ella sólo confirmó el miedo que tenía la joven de dejarse llevar por sus emociones. El silencio se interrumpió cuando ella por fin habló.

-¡Ya lograste seducirme una vez Milo, obtuviste de mi lo que deseabas! ¡¿Por qué no me dejas tranquila?! ¡¿Qué más quieres?!- Como respuesta Milo entrecerró los ojos y la envolvió en sus brazos tan rápido que ella no tuvo tiempo de protestar.

-¡Te quiero a ti!- Esa respuesta dejó desarmada a la Amazona. Y el Dorado aprovechó para besarla y hacerle sentir cuanto la deseaba. Aun así, Shaina intentaba oponerse y por eso mismo, la trató con mucha más delicadeza, con mucha más ternura. La levantó en brazos y la llevó a la cama. La desnudó muy despacio, entreteniéndose en besar cada parte que descubría. Sus hombros, su cuello e incluso sus dedos recibieron una especial atención. En sus besos, así como en las caricias que seguían, no había prisa, sino únicamente una conmovedora ternura. Tampoco Shaina se mostró vacilante en sus propias caricias. Los graciosos gemidos que arrancaba de él la animaban en su empeño y había tanto que explorar en aquel cuerpo. Sus fuertes músculos se estremecían y rendían bajos los sutiles y delicados toques los dedos de la chica. Poco a poco descubrió sus puntos más sensibles. Se maravilló ante lo que parecía tan duro. Incluso aquel poderoso atributo masculino experimentó la osadía de sus curiosos dedos, así como la fuerza de un firme apretón. Contrastes, tan evidentes y sin embargo tan increíbles, las distintas texturas que los diferenciaban. No obstante, lo que complacía a él, la complacía también a ella. En eso no había distinción, sólo el asombro de que fuese así. El fuerte y escultural cuerpo de Milo era fascinante. Incluso su olor embriagaba los sentidos de la Amazona. Y también su sabor, pues no escatimaba en recorrerlo con besos. Al marcar un ritmo de exploración lenta y sensual, Milo le había dado ocasión de hacer todo lo que hasta ese momento eran sólo fantasías.

Pero un placer como aquél tenía un límite. Gradualmente se les calentó la sangre. La piel que se había deleitado en las suaves caricias no tardó en sensibilizarse demasiado para recibir más. Lo que era un pausado movimiento, se convirtió en una vertiginosa y continua agitación. Y cuando ella se creía ya incapaz de resistirlo más, Milo la atrajo y la envolvió en su desnudez, llenándola con aquella aterciopelada dureza. La miró a los ojos y para ella esa mirada fue casi tan erótica como sentir dentro sí, su grueso miembro. Fue entonces cuando comenzaron sus embestidas, una lenta retirada, una rápida acometida y en medio un beso apasionado, sólo para repetir otra vez el ciclo. Su manera de hacer el amor era tan exquisita, tan arrolladora... Pronto sobrevino aquella oleada de sensación pura, que la elevó al reino del éxtasis, estallando en sus sentidos con una palpitante culminación, consumiendo sus energías por completo. El hecho de que él experimentase su propio clímax simultáneamente llenó de júbilo el corazón de Shaina.

Lo estrechó entre sus brazos. Consiguió de algún modo contener las lágrimas. Durante aquel breve instante Milo era suyo. No quería pensar que por la mañana las cosas seguirían igual y los resentimientos volverían a ser parte de sus constantes disputas... se sentía realmente perdida. Porque justo en ese momento comprendió que un sentimiento más fuerte la ataba al Caballero, que con un beso o una caricia la desarmaba ¡¿Acaso era tan grande su pasión que no podía resistirse a ese hombre?¡... Intentaría por todos los medios superar el dolor y quizá, sólo quizá algún día, esperaba, poder revivir aquellos momentos sin lamentarse. Pensando que tan solo era un episodio más de su vida. Cansados y sudorosos decidieron que por fin podrían conciliar el sueño. Shaina se quedó profundamente dormida en los brazos de Milo, el cansancio era demasiado para ella y los últimos días habían caído pesadamente sobre sus párpados.

El Dorado tardo unos momentos en conciliar el sueño, mientras envolvía sus cuerpos con una sábana y atraía más cerca de sí, aquel delicado y exquisito cuerpo femenino. Movió algunos mechones de cabello para ver su apacible rostro mientras dormía. Era tan hermosa y a la vez tan odiosa, con ese carácter del demonio que se cargaba. Siempre tenía que recurrir a sus instintos más bajos para poder ganar una batalla contra ella. Es algo que había descubierto de la peor manera, pero era la única arma que tenía contra esa hermosa fierecilla. Ese día había estado consciente de los celos que le producían verla cerca de cualquier hombre. Pero sobre todo, sintió una rabia contenida cuando Seiya la felicitaba al bailar con ella, ese pequeño gusano había sido su primer amor. Simplemente no podía entender como había rechazado a una mujer como Shaina, para tirarse a los pies de una niña caprichosa como Saori. Era su Diosa, le debía respeto y obediencia, pero eso no borraba el hecho de que era una niña acostumbrada a tenerlo todo. En cambio Shaina, era una mujer recia y educada como un caballero, dispuesta a pelear por sus principios. Aún forjada con la actitud y fuerza de un hombre, seguía siendo una mujer y el había descubierto su lado más femenino, escondido detrás de un trozo de metal y la orgullosa arrogancia de una fuerte guerrera. Por un momento sintió orgullo de la Amazona, que desde ese día era SU mujer en todos los sentidos... o al menos en su mayoría. De pronto frunció el ceño al recordar que habían hablado sobre un posible divorcio y eso lo hizo estremecerse. Aquella mañana se había cuestionado si realmente valía la pena casarse con ella, al verla ahí entre sus brazos supo la respuesta. Beso sus labios con posesividad y acunó la cabeza de la Amazona bajo su mentón.

-¡Eres mía Shaina…nunca dejare que me abandones! ¡No estoy dispuesto a perderte! ¡Eso jamás!- La aferró a su cuerpo como si en cualquier momento fuera a esfumarse y se quedó completamente dormido.

Continuará...


Un capítulo más n,n ¡Uff! este capítulo sí que me dio mucho trabajo. Adoro escribir escenas románticas.

Pero no siempre todo es felicidad, así que de aquí en adelante les recomiendo usar uñas postizas ¡Jajaja! no se crean n_n

Haré un especial omake para "mostrar" el video de la Boda y sepan lo que paso durante toooodo el día hasta que se terminó la fiesta. No quise incluir todo porque no quería que el Capítulo quedara demasiado largo. Pero pueden tener la seguridad de que lo leerán. (En algún momento de la vida xD)

Las faltas de ortografía y gramática no son intencionales, pero si ven alguna avísenme, se aceptan consejos, sugerencias y críticas mientras no sean destructivas.

¡Mil gracias por leer el CAPÍTULO 10! Y no olviden dejar su review ^^.

YuukoM. (\./)