-Es importante, aniki-insistió.
En aquel momento, Bankotsu se tranquilizó y salió con el ceño fruncido sin decir ni una palabra. Jakotsu lo siguió detrás, no sin antes dedicar una mirada lujuriosa a Inuyasha, el cual inmediatamente apartó la mirada nervioso e intimidado.
Caminaron un rato, alejándose a escasos metros de la casa; lo suficiente para que nadie pudiera escuchar su conversación.
Jakotsu se sentó cruzándose de piernas en el sucio suelo de madera e hizo un ademán para que el mercenario le imitara.
Se estiró perezosamente, pero no hablo. Bankotsu suspiró; aquel comportamiento indicaba que su hermano no iniciaría la conversación y que fastidiosamente debería de comenzar él.
-¿Qué es lo que te pasa?
-Verás…no te lo tomes mal, pero algo te esta pasando y eso me preocupa.
Nunca tenía problemas para hablar con él sobre cualquier asunto, pero ahora la situación era muy distinta y nueva. ¿Cómo preguntarle sobre lo que aparentemente parecía sentir por aquella mujer que sólo podría traerle problemas?
-¿Sólo me has sacado de allí para decirme eso?-dijo molesto.
-No querrás decir, ¿Que te he apartado de ella?-dijo pícaramente.
El mercenario esbozó una ligera sonrisa. No tenía ni una pizca de tonto y sabía perfectamente a donde quería ir a parar Jakotsu desde el principio.
No tenía necesidad de contestar aquella pregunta completamente retórica. Así que se limito a bromear.
-¿Te estas poniendo celoso? Ya sé que soy guapo y que a ti no te gustan las mujeres…
-Oh vamos -le interrumpió con su habitual tono jovial-, Yo sólo tengo ojos para mi Inu. Sabes muy bien a lo que me refiero. Es la primera vez que te veo comportarte así con una mujer y me preocupa que salgas mal parado.
-¿Cómo se supone que me comporto?-preguntó con indignación.
-Eres amable con ella.
-No siempre he sido amable con ella-enfatizó- y además, ¿Que tiene eso de malo? ¿No eras tu el que me decía que tuviera más tacto con ella?
-Sí, pero no de esa forma tan protectora. Tu no eres una persona amable, y a mi me parece que estas enamorado.
-¿Enamorado?¿Yo?-se río-Ahora resultará que eres un experto en el amor.
-¿Y no vas a decirme que lo estas? ¿O lo que sientes por…?-No terminó la frase y miró en una dirección. Suikotsu y Miroku venían hacia ellos, así que prefirió no indagar más en el asunto y evitar que alguno de ellos escuchara palabras comprometedoras- Aniki, recuerda lo que has pactado y él no te dejará que te la lleves. Cualquier decisión que tomes me parecerá bien.
-Eso ya lo sé. Para algo soy el líder ¿No?
Cuando se acercaron lo suficiente, ninguno de los dos mercenarios hablaba. Bankotsu dirigió la vista hacia el horizonte, sumido en sus propios pensamientos. ¿Qué haría ahora?
La voz de su camarada le sacó de su ensoñación.
-Bankotsu, ¿Cómo se ha hecho Kagome esa herida?-dijo con preocupación Suikotsu- No parece que la hayan atacado; más bien creo que se cortó ella.
-Pues te equivocas-dijo tajante.
Suikotsu le miró seriamente.
-Podrías dar más detalles…
-Naraku se lo hizo-mintió-, no me preguntes como, porque no estaba allí. ¿Contento?
Seguidamente le indicó con una furiosa mirada que guardara silencio.
-Inuyasha ha decidido que mañana partiremos -intervino Miroku-, y cuando lleguemos a sus tierras os pagará.
-¿Y él quien es para decidirlo?
-Bueno-dijo dubitativo-, con todo lo que ha pasado no quiere permanecer mucho tiempo aquí…y quiere que lo escoltéis. Por lo que pueda suceder…
-¿Gratis? ¿Ese payaso se cree que somos almas de la caridad o qué?
-No, no no-dijo nervioso e improvisó-Por supuesto que eso aumentará el número de monedas.
-Espero que aumente demasiado. Sino no tendrá que preocuparse por su futuro.
-Así será-respondió temiendo la futura bronca que podría esperarle.
La noche comenzaba a envolver todo el terreno y lo más conveniente era que durmieran para partir al día siguiente.
En la habitación donde descansaba la doctora, no había nadie, sólo ella. Todos descansaban a fuera para evitar irrumpir en su recuperación.
Kagome miraba abstraída los agujeros del techo. No tenía sueño ni podía concebirlo; a pesar de la fatiga producida por la pérdida de sangre. Sus pensamientos eran confusos y deprimentes. Había matado a un hombre y esa carga la llevaría para el resto de su vida. Entonces, ¿Cómo podía Bankotsu conciliar el sueño? ¿Y los mercenarios? Habían matado a una gran cantidad de personas y eso no parecía importarles, a excepción de Suikotsu. ¿A caso no tenían sentimientos? ¿Eso significaba que eran personas vacías? ¿Cómo muertos vivientes? Y sino sienten nada por nadie, ¿Porqué Bankotsu la había besado con anhelo?
La madera crujió y todas sus reflexiones se esfumaron de un plumazo.
-¿Quién es? ¿Inuyasha?
-No, soy yo-dijo molesto al escuchar aquel nombre.
-Bankotsu…-susurró.
Sin saber por qué, se giro para evitar que aquellos ojos azules la miraran a través de la negrura. Aquel contacto intimo aún tenia un efecto devastador sobre ella. Y estar a solas con él no ayudaba a calmar su nerviosismo.
-Tenemos que hablar.
A la doctora no le gusto aquella frase y en su rostro podía apreciarse que así era.
Bankotsu se sentó en frente suyo, rígido como la madera y con el semblante serio. Kagome acariciaba sus cabellos azabaches con nerviosismo y un ligero rubor. Le miraba de vez en cuando, aunque apenas pudiera distinguir su silueta.
-Me han preguntado sobre tu herida.
Bien, se dijo para sí mismo. Era una buena forma de comenzar la conversación. ¿Por qué le costaba tanto decirle lo que sentía? ¿O abordar aquel tema?
-¿Y que les has dicho…?
-Que fue Naraku-dijo mientras se aproximaba más hacia ella; lo cual paso inadvertido gracias a la oscuridad-, Suikotsu sospecha, pero nunca dirá que le he mentido. Seguramente te lo preguntará y si no quieres decirle la verdad invéntate algo.
-Te lo agradezco…
Absoluto silencio.
-¿Cómo te encuentras?-y tras una larga pausa, prosiguió- Sé que lo tienes que estar pasando mal, es la primera vez que matas a alguien…
Kagome no pudo contenerse y se echó a llorar desconsoladamente. El mercenario se maldijo por su falta de tacto.
-Lo siento-susurró casi en un soplido apenas perceptible-, venga mujer, tranquilízate.
Después de percatarse que sus palabras no eran de gran utilidad; optó por rodearla protectoramente entre sus brazos. Ella se acurrucó poniendo su cabeza en el pecho y él acariciaba su cabello. El calor que desprendían era tan reconfortante que las penas parecían aligerarse.
Ella necesitaba hablar de lo ocurrido y quien mejor que un mercenario acostumbrado a aquellas atrocidades.
-¿Cómo…puedes olvidar… a esas personas…?
-Sólo no pienso y con el tiempo olvidas sus caras. Es así de fácil.
-Yo no puedo…me duele…me arrepiento de lo sucedido…¿tu… no?
-No-dijo con dureza-, Para sobrevivir en esta vida te ves obligado a hacer muchas cosas. Con el tiempo te vuelves insensible y te planteas las cosas de otro modo.
Él nunca se preguntaría que hubiera pasado sino la hubiera entregado. Cada acción tiene una consecuencia y Bankotsu nunca reflexionaba sobre eso. Tal vez ella nunca hubiera matado a nadie o tal vez en el futuro se hubiera visto obligada a hacerlo. Hay cosas que por mucho que las atrases tienen que suceder sin que nadie pueda remediarlo.
-Pero es injusto…
-Lo es, incluso demasiado. Pero sólo tenemos una vida y hay que disfrutarla sin pararse a pensar en las consecuencias. Recuerda que la esperanza y el miedo son debilidades e impedimentos para poder disfrutar esta vida.
Kagome tragó saliva y las lágrimas que resbalan por su armadura parecían disminuir. Aquellas palabras sonaban tan deprimentes y dolorosas para cualquiera que las escuchará. Ahora podía formarse una idea de todo lo que debió de sufrir. Aunque por muy mal que lo haya pasado no justificaba sus malas acciones.
Cogió una gran bocanada de aire; lo necesitaba para la pregunta que iba a formular a continuación.
-¿Por qué… me besaste?
Ahora el mercenario trago saliva. Realmente le resultaba complicado e incomodo hablar de sus sentimientos. ¿Por qué la gente no dejaba de plantearse esas preguntas? Todo sería más sencillo si no se buscara el por qué se hacía aquello y no esto, o viceversa.
Pero ahora por primera vez, se veía obligado a responder el motivo. Si no le confesaba lo que sentía ahora tal vez nunca más pudiera hacerlo.
-Porque…-suspiró-, joder. Porque…
Algo parecía impedírselo. Su mente le gritaba que no se lo dijera y su lengua se veía paralizada. Confesárselo era decirle públicamente su debilidad.
Y uno de sus lemas era que sólo sobreviven los fuertes en esta vida hostil. Y por lo tanto no hay lugar para las debilidades.
-Yo…te amo-lo soltó la doctora con una facilidad arrolladora.
Bankotsu se quedó como una estatua sin poder articular ningún sonido. Impactado por aquella confesión que hacia tiempo que la intuía, pero que nunca esperó escucharla de sus labios. Una cosa es imaginarlo y otra muy distinta es escucharlo.
Ahora las cartas estaban encima de la mesa y sólo quedaba una jugador para finalizar la partida. ¿Qué haría? ¿Seguir sus sentimientos o su mente?
¡Gracias por vuestros review y espero que os guste éste capítulo! He tenido problemas para subirlo; la página de fanfiction no se me cargaba y no sabía si es por el ordenador o por el google chrome. En fin, si alguien le ha pasado lo mismo deseo que me lo diga y por lo menos mis ataques de ira se verán apaciguados.
Gracias por leerme axter y a todos los demás ;)
