Título: La Vecina De Al Lado.

Crossover: Bleach ~ South Park

Categorías: Romance/Drama/Angst/Family/Suspense/Hurt/Comfort/Mystery/Tragedy

Advertencias:

Capítulo: 11/(¿?)

N/A: Disfruten este corto capítulo, no vamos ni a la mitad de la historia…
¿Qué otras cosas pueden pasar…?

Disclaimer: Todos los personajes del Anime/Manga Bleach son propiedad de Tite Kubo.

Todos los personajes de la Serie South Park le pertenecen a Trey Parker & Matt Stone.

Música: Bitter Sweet Symphony – The Verbe.

Facebook: www. Facebook. Com / Jazz Otaku Shinigami ©B.S.P.B.D.N.S

Chapter X

Bitter Sweet Symphony

Rukia no se movió. En el silencio oyó el eco de sus palabras. Ichigo tenía razón; era su madre quien había hablado por su boca. Rukia se había criado entre acusaciones, casi todas fundadas. Sus padres tenían aventuras a granel, cada uno para vengarse de las infidelidades del otro. Aun ahora ignoraba cuál de los dos había sido el primero en traicionar. Cuando menos no sabía la verdad, aunque hubiera escuchado discusiones en abundancia, como si cada indiscreción quedara justificada por aquella primera aventura.

Como terapeuta habría recomendado a sus padres que se divorciaran. Cuando la confianza mutua se erosiona hasta el punto de ser irrescatable, ya no hay esperanzas para el amor.

Pero no era la terapeuta de sus padres. Era su hija. Y había sentido el dolor de cada nueva batalla.

Y allí estaba ahora, acusando de infidelidad a su propio esposo sin tener motivo alguno. Ichigo era una de las personas más leales que había conocido. De hecho una de las cosas que la atrajeron fue que él hubiera tenido anteriormente una sola relación amorosa, larga y monógama. Asieran los Kurosaki; otro punto a favor de Ichigo. Sus hermanos eran de lo más formales, generosos con sus gestos de afecto, sinceros en su cariño. Ni uno solo se había divorciado, con excepción de Ichigo, y no era culpa de él. Rukia conocía las circunstancias de su matrimonio con Orihime. De pequeños eran vecinos, era una amiga de la infancia, y mientras estuvieron casados ambos fueron fieles. De haber sido por Ichigo aquello habría continuado; fue ella quien decidió divorciarse.

Aun sabiéndolo Rukia nunca había dudado de su amor por ella. Lo que le preocupaba era el deseo sexual. Conocía las necesidades de su esposo. Se concentraban en ella, aunque últimamente no había sido así. Últimamente lo que hacían en la cama era algo deliberado y prescrito. No había espontaneidad ni pasión despreocupada.

Y al otro lado de la calle estaba Nozomi Kujo, ahora sola, una devora hombres y parecida a Orihime. Ichigo y Rukia solían comentarlo en broma.

En broma. Rukia se preguntó si esas bromas no habían sido a costa suya, viendo que Nozomi estaba embarazada. Inmediatamente se reprendió por la idea. Era la manera de pensar de su madre, no cabía duda. Pero ¿cómo refrenar esos pensamientos?

Intrigada por saber dónde estaba Ichigo, fue a la cocina. No lo encontró allí; tampoco en el dormitorio del piso superior. Lo buscó hasta en las habitaciones que habrían debido ocupar los niños, pero fue en vano.

Una parte de ella quería salir a buscarlo. Probablemente estuviera en su estudio.

La otra parte necesitaba protegerse de la frialdad de su esposo. Al final entró en la salita de estar, contigua al dormitorio principal, y se tendió en el sofá. Después de cubrirse con la manta hasta la barbilla cerró los ojos y la mente. Respiró hondo, inhalando y exhalando con el ritmo constante que no había encontrado en todo el día. Al cabo de un rato se quedó dormida.

Ichigo no la despertó.

El miércoles por la mañana la esperó en la cocina, con una taza de café entre las manos. En cuanto Rukia apareció, sus graves ojos marrones clavaron la mirada en ella.

Antes de que ninguno pudiera decir una palabra sonó el teléfono. Aunque Rukia estaba más cerca, Ichigo se estiró hacia atrás y descolgó el auricular.

—Sí —dijo. Enseguida se le iluminó la cara—. ¿Cómo va?

Rukia hundió las manos en los bolsillos. Conocía esa expresión, ese tono. Últimamente no asomaban con frecuencia y los echaba de menos.

— ¿Qué pasa? —preguntó él. La luz ya se había apagado en sus ojos. Volviéndose a medias añadió bajando la voz—: Ahora no... Sí... A mediodía, ¿de acuerdo? —Escuchó, con la cabeza gacha—. No puedo. A esa hora tengo un compromiso. ¿A la una? Bien.

Después de colgar se volvió hacia Rukia. En sus ojos había una expresión desafiante.

« ¿Quién era? », quiso preguntar Rukia, puesto que él no parecía tener intención de decirlo, pero no deseaba mostrarse suspicaz. La suspicacia era una característica de su madre, no suya. En cambio dijo:

—Deberías haberme despertado. Habría ido a la cama.

—Fue mejor que no lo hicieras. Estaba irritado. Y aún lo estoy. No me gusta que me acusen de ese tipo de cosas, Rukia. No soy de los que engañan.

—Lo sé.

—Pues anoche no lo parecía.

—Lo siento.

—Empleaste el mismo tono de voz que tu madre. Nunca te había oído hablar así. Me asustaste. No me casé con tu madre, sino contigo. Tu madre no me gusta. Si vas a ser como ella, tendremos problemas.

—Ya tenemos un problema —repuso ella.

—Sí. La infertilidad.

—No, el modo de encararla. Es la primera vez que debemos afrontar una dificultad juntos. Y no lo estamos haciendo muy bien.

—Yo sí. Eres tú quien quiere abandonar.

Ella inclinó la cabeza. Después de respirar hondo para tomar fuerzas levantó la vista.

—Abandonar no. Lo que quiero es dejar de pensar constantemente en tener un bebé. Necesitamos concentrarnos otra vez en nosotros por unas pocas semanas.

Él la miró de hito en hito. Rukia trató de identificar su expresión, pero no la conocía. Bien podía ser de enojo, desencanto o desdén.

—No renuncio a tener hijos —insistió—, simplemente creo que necesitamos descansar un poco.

Ichigo puso los brazos en jarras.

—¿Y qué diré a mi familia? Tenía la esperanza de llevar una buena noticia a la fiesta de mi madre.

—Yo también, pero no es posible. Francamente, me duele más por nosotros que por ellos. Es nuestra vida, no la de tu familia.

—Si ellos quieren ese bebé es por nosotros.

—Sí, pero ellos son ellos, y nosotros, nosotros.

—No es cierto. Ellos y yo somos una misma cosa. No puedo separarme de mi familia.

—No, es evidente que no —repuso ella.

Ichigo apoyó las manos sobre la encimera.

—¿Qué significa eso?

—Significa que ni tú ni yo podemos olvidar nuestras raíces. No del todo. Si hablé como mi madre no fue a propósito. No era mi intención, Ichigo. Tú sabes lo que pienso de ella.

—Sí, pero también creía saber lo que pensabas de mí. Antes me tenías confianza.

—Y ahora también.

—Me acusaste de ser el padre del hijo de Nozomi.

Rukia suspiró.

—Perdona. Estaba enojada. Ponte en mi lugar. Hace meses que el sexo es una obligación para nosotros. Algunos hombres, al pasar por algo así, sentirían la tentación de divertirse en otra parte.

—Yo no soy así. Soy tu marido. Me ofende que me creas capaz de engañarte.

—Te he pedido perdón.

—¿Sabes lo que me hiciste sentir?

En ese instante ella solo sabía lo que él le estaba haciendo sentir: que era una canalla.

—Por favor, Ichigo, ¿no podemos dejar esto? Ese aire de inocencia ofendida no casa contigo.

—¿Y eso qué significa? —inquirió él con indignación —Significa que me he disculpado más de una vez. He dicho que confío en ti. Y tú insistes con el tema. Si eres inocente, no es preciso hablar más.

—¿Todavía lo dudas? —Ichigo alzó las manos y añadió—: No puedo más.

Antes de que ella pudiera decir algo él ya había salido de la cocina.

Continuará…