Ni los personajes ni la historia me pertenecen
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Capítulo 11
La primera carta llegó dos semanas más tarde.
Lucy estaba en su despacho, una hora después de que la guardería hubiera cerrado sus puertas. El resto del personal se había marchado y ella estaba revisando las facturas y preparando la agenda de la próxima semana. Lo mismo de siempre.
La vida había vuelto a la normalidad. Trabajo, rutina y muy poco tiempo libre. No podía decir que fuera feliz. Aún no. Tal vez volviera a serlo algún día, pero superar lo de Natsu no estaba resultando precisamente fácil. Más bien todo lo contrario.
Entonces vio el sobre blanco con su nombre y dirección escritos a mano. Tenía un sello de París.
Y la esperanza volvió a nacer en su interior.
-Natsu-susurró, tocando con la punta del dedo su propio nombre escrito.
No había sabido nada de él desde aquel día en la suite del hotel, cuando Natsu se encargó de apartarla de su lado. A Lucy le había costado toda su fuerza de voluntad permitírselo, en vez de luchar por él. Pero sabía que tenía que hacerlo.
Sólo si lo dejaba marchar, si le dejaba aceptarse a sí mismo, podría albergar la esperanza de que Natsu volviera con ella.
Abrió el sobre y sacó la hoja doblada. La desplegó y leyó las primeras palabras en voz alta. Su voz era lo único que rompía el silencio del edificio.
Querida Lucy,
Estoy mirando la torre Eiffel por la ventana de mi habitación a la luz del crepúsculo. Como siempre, el corazón se me detiene por un instante al contemplar la romántica imagen.
Hace calor, y los olores de la ciudad impregnan el aire nocturno. París huele a turistas y perfumes. A polución, a vino y también a pan recién hecho.
Y sobre todo a vida. Tendrías que verlo…
Lucy suspiró suavemente, cerró los ojos y se imaginó hasta el último detalle. Entonces, volvió a abrir los ojos y leyó el resto de la carta.
Y mientras lo hacía se sorprendió descubriendo la Ciudad de la Luz a través de las palabras de Natsu. Pero no fue lo único que descubrió. También empezó a entender lo que Natsu intentaba decirle realmente.
Estaba reconociendo la posibilidad de que hubiera un futuro para ellos. Sus palabras le decían que seguía estando allí, intentando encontrar la manera de superar su pasado e incluirla a ella en su vida.
Y lo estaba haciendo con el regalo que ella tanto anhelaba… ofreciéndole un vistazo del ancho mundo.
Las cartas se sucedieron a lo largo de las semanas siguientes. A veces pasaban varios días entre una y otra, a veces llegaban dos o tres seguidas. Los sellos variaban con frecuencia. Natsu estaba trabajando por todo el mundo, como siempre, pero sin perder el contacto.
Sus palabras le dibujaban coloridas y vibrantes imágenes de todos los países que visitaba, ya fueran las divertidas descripciones del tráfico en Malasia o la sobrecogedora impresión del Taj Mahal, el símbolo por excelencia del amor eterno.
Cierto día le llegó una carta desde Londres, donde le describía otra vista desde la ventana de su dormitorio. Y aunque no se lo decía expresamente, Lucy supo que se había tomado un descanso en sus negocios y que había regresado a uno de esos lugares fríos y solitarios a los que llamaba hogar.
Era curioso cómo la propia casa de Lucy, que tan vacía le había parecido desde que Natsu se marchara, había empezado a resultarle cálida y acogedora otra vez. Tan viva y exultante como ella misma, gracias a que las cartas de Natsu, que leía y releía una y otra vez, le recordaban que seguía pensando en ella. Cada carta le demostraba que valía la pena esperarlo, como le había prometido que haría.
Y por fin la espera concluyó. Seis semanas después de aquella horrible tarde en el hotel, Lucy abrió un sobre que no contenía ninguna carta. Tan sólo un billete de avión. Y una nota.
Por favor, ven a ver esta vista por ti misma.
Lucy ni siquiera miró el destino que figuraba en el billete.
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Había muchos mares y océanos en el mundo, y Lucy no había visto ninguno de ellos.
A Natsu le gustaría enseñarle algún día el océano Pacífico. Llevarla a San Francisco para que su madre conociera a la mujer sin la cual no podía vivir. Luego bajarían por la costa en un descapotable, con la capota bajada igual que habían hecho aquel fin de semana de junio, acompañados por el brillo de las olas.
También quería llevarla al otro lado de ese océano. Natsu nunca había estado en el Pacífico Sur, y no se le ocurría un lugar más idílico para tumbarse con Lucy en la arena de una isla paradisíaca a intentar decidir si el agua era tan azul como los ojos de Lucy lo habían imaginado.
Pero de momento, sin saber si Lucy tenía pasaporte, se había decantado por el Atlántico.
No sólo por su proximidad a Chicago, sino porque era el mismo océano que bañaba su tierra natal. Ahora que esperaba poder compartir su vida con Lucy, quería compartirlo absolutamente todo. Incluida la parte más problemática de su pasado, que aún tenía que resolver.
Presentía que, con ella a su lado, podría hacer las paces con ese pasado.
-En caso de que venga-se recordó a sí mismo mientras contemplaba el agua, que a aquellas horas relucía como una visión onírica de tonos rojos y anaranjados al recibir los últimos rayos de sol.
«Vendrá».
Natsu nunca había pasado mucho tiempo en Cabo Cod, pero había elegido aquel lugar porque le recordaba a Irlanda. La costa no era tan rocosa y el agua era mucho más cálida, pero el color gris verdoso del mar y el cielo seminublado le hacían pensar en su tierra celta.
Algún día volvería allí… ahora que por fin tenía a alguien a quien enseñarle su país.
Estaba oscureciendo rápidamente y Natsu miró su reloj. Llevaba un largo rato en la playa. El vuelo de Lucy tenía que haber aterrizado en Boston horas antes, y el coche que él había mandado a recogerla ya debería haberla llevado. Natsu había apagado su móvil, por miedo a recibir una llamada del conductor diciéndole que Lucy no había aparecido. Había preferido esperar, confiando en un presentimiento, en la certeza de que Lucy acudiría a la cita porque lo deseaba tanto como él.
En la certeza de que había entendido sus cartas.
Perdido en el sonido de las olas y en la blancura de la playa casi desierta, empezó a pensar en las palabras que emplearía para describir el preciso instante en que oscureciera por completo… por si acaso Lucy no podía verlo por sí misma. Por si acaso no estaba lista para ello y él se viera obligado a seguir esperando… y escribiendo.
Por si acaso se había equivocado en sus presentimientos.
Dios, ojalá no se hubiera equivocado.
Estaba tan concentrado pensando en lo que haría para recuperarla, que la voz que sonó a sus espaldas lo pilló completamente por sorpresa.
-Es más bonito de lo que jamás hubiera imaginado.
Natsu cerró los ojos mientras las suaves palabras de Lucy lo envolvían con una caricia más agradable y bienvenida que la brisa marina que rozaba la orilla.
-Sí, lo es-respondió, invadido por un alivio tan inmenso que ni siquiera se dio la vuelta.
Permaneció quieto y callado. Había mucho que decir y había pensado muchísimas veces cómo decirlo. Tenía que contarle adónde había ido y qué había aprendido de sí mismo, de su pasado y de su futuro. Tenía que decirle cuánto apreciaba la fe que tenía en él y lo mucho que se alegraba de que hubiera acudido a su llamada. Tenía que explicarle por qué había hecho lo que hizo.
Y sin embargo, con el cuerpo de Lucy acercándose por detrás, con sus brazos rodeándole la cintura y su mejilla posándose en su espalda, se preguntó si era necesario decir todas esas cosas.
Movió las manos para cubrir las de Lucy y en esa postura permanecieron un largo rato. Hasta que el sol se ocultó y salió la luna, y el único sonido fue el incesante murmullo de las olas.
Y en aquel silencio compartido todo fue revelado y transmitido, a pesar de que ninguna palabra fue pronunciada en voz alta.
Salvo dos palabras.
Natsu se giró lentamente y miró el hermoso rostro de Lucy, tenuemente iluminado por la luna. Sonrió e inclinó la cabeza hacia ella, pero se detuvo un momento antes de unir sus labios. Un momento para susurrar esas dos palabras.
-Te quiero.
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¿Fin?
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Bueno pues este es el final de la historia… que no, que es broma aún tengo que subir el epílogo, jajajajajaj….
Muchas gracias a:
-Mori Summer: jajajajajajaj tus reviews me animan siempre, muchas gracias por pasarte a comentar, y espero que no te decepciones con el final, un abrazo muy fuerte!
-Guest: gracias por comentar en el capítulo, si has continuado leyendo espero que no te decepcionaras con lo del partido, yo solo me limito a adaptar esta historia, un abrazo!
-Railark: no te preocupes por no haber comentado, con saber que te gusta la historia y que en algún momento, aun que no sea siempre lo hagas me anima mucho, un beso!
-Karliss: tranquila, tranquila… que ya reaciona… jajajajjaja… nos vemos en el final, un beso!
-A todas las personas que siguen esta historia, un abrazo!
