Capítulo 11.
Ginny se despertó sintiendo cosquillas en todo el cuerpo, en sus piernas, en su cuello, en sus brazos, en su vientre. Parecía como si algo suave y terso acariciara su piel y la hiciera estremecer, algo dormida intentó abrir los ojos, pero la luminosidad del sol le hizo volver a cerrarlos para luego abrirlos más lentamente. Giró la cabeza a un lado encontrándose con la brillante sonrisa de Harry, el chico estaba acariciando en rostro femenino con un mechón de su cabello pelirrojo. Eso era lo que la había despertado.
- Buen día…- le susurró él con la voz ronca.
- Hola…- Ginny se acurrucó a su lado, hundiendo la cabeza en su pecho. No sabía la hora que era, no tenía idea, pero amanecer así era lindo, había dormido como hacía mucho tiempo que no lo hacía, y la sensación del cuerpo masculino estirado junto al suyo era inigualable.
- Si quieres te dejo seguir durmiendo- Ginny negó con la cabeza aún hundida en el pecho del chico.
- ¿Tus padres?- le preguntó con la voz amortiguada.
- Ya están levantados, mi madre está haciendo unas tostadas que huelen bastante bien, al menos ha aprendido que no se le quemen.
- No digas esas cosas…- lo regañó antes de bostezar y estirar los brazos pasándolos por el abdomen de Harry.
- ¿Te vas a levantar?- le preguntó al verla sentarse en la cama e intentar peinar su cabello con los dedos.
- Voy a ayudar a tu madre, es tu invitada, Harry.
- Siempre hace eso… ven a la cama- la tomó de la mano y tiró de ella, haciéndola caer sobre el cuerpo masculino.
- Harry…- lo retó la chica sonriendo ante la actitud de él-. Nos deben estar esperando, pensarán cualquier cosa.
- ¿Qué crees que pensarán?
- No lo sé, algo que nada que ver…- Harry hizo un extraño sonido con los labios que a Ginny se le antojó apetecible-. No sé, me daría mucha pena.
- ¿Tu crees que a ellos les importa?- Ginny se sonrojó y Harry coló sus manos por debajo de la remera de Ginny, haciéndola suspirar ante el contacto de piel con piel.
- Puede ser…- gimoteó cuando los labios de Harry se posaron en su cuello y la besaron con dulzura.
Era imposible resistirse cuando él la besaba de esa forma y la obligaba a devolverle esos besos que deberían ser prohibidos. Harry le hacía el amor con los labios, obligándola a abrir la boca y responder con la misma desenvoltura. Porque él era así, en los momentos en donde la pasión se apoderaba de él era como si un remolino pasara por su cuerpo y la dejada caótica. Podía sentir el cuerpo de Harry tenso contra su vientre, a la vez que las manos del chico apretaban lugares que no permitía a cualquiera, susurrando palabras a su oído cargadas de sentido, sintiendo que en cualquier momento perdería la cordura y se abalanzaría sobre él reclamando lo que necesitaba.
Los pequeños golpes en la puerta los hicieron separar, ambos con los labios hinchados y el cabello despeinado.
- ¿Ya están despiertos?- preguntó la voz de Lily con un tono alegre. Harry susurró algo que hizo reír a Ginny.
- Ahí vamos mamá…- respondió de mala manera. Ginny aprovechó para disfrutar de cómo él se cambiaba, sin tener pudor de la presencia de ella, ya era natural estar simplemente vestido en ropa interior frente a Ginny-. ¿Tú no te piensas cambiar?
Ginny supo que esas palabras sabían a desafío, sin esperar más se quitó la remera por encima de la cabeza mostrando su pecho cubierto por el simple brasier de colores claros que llevaba puesto. Sabía que Harry la observaba y eso la hacía sentir importante, como la mujer más bella del mundo. Buscó una camisa blanca en el armario y se la puso sin abrochar, un pantalón oscuro terminó el atuendo, siendo seguida por el chico, que no despegaba los ojos de su pecho al descubierto, aún con la ropa sin abotonar.
Harry se acercó a ella y tomándola por la cintura la levantó en el aire.
- ¿Qué haces?- indagó Ginny sorprendida.
- De esta noche no pasas…- le susurró sobre los labios para luego bajarla al suelo y salir de la habitación, dejando a Ginny algo atontada. No sabía como tomar aquellas palabras, su corazón latía apresuradamente como queriendo salirse del pecho. Harry le prometía desenfreno y ella sabía que ese día iba a ser largo, muy largo, la espera iba a ser tremenda.
Lily había hecho una enorme montaña de tostadas, junto a unas deliciosas tazas de chocolate caliente. James bromeó unos momentos sobre lo pesada que se ponía su mujer en molestar a una joven pareja que se hallaba descansando, Ginny se sonrojó, pero luego al ver a Harry con una sonrisa llena de picardía, terminó relajándose, disfrutando de ese momento tan familiar.
Finalmente, luego de intercambiar unas cuantas palabras más de afecto los padres de Harry emprendieron su viaje de regreso a Inglaterra, el traslador salía desde la embajada al mediodía, y mucho no faltaba para eso.
Cuando la grata compañía desapareció entre las llamas verdes de la chimenea, Ginny miró a Harry y le sonrió.
- Te invito a pasear- le dijo Harry tomándola por la cintura, Ginny sabía que él se sentía algo triste, lo podía comprender, no por nada ella extrañaba horrores a sus padres.
- ¿Y a dónde quieres ir?- Harry murmuró algo sobre su cabeza mientras besaba su pelirrojo cabello.
- Ponte cómoda, algo se me ocurrirá- respondió metiéndose en su habitación saliendo a los minutos con un vaquero de corte moderno y una polera oscura-. ¿Estás lista?- le preguntó a Ginny asomándose por la puerta.
- Ahí voy- respondió ella colocando un poco de perfume en su cuello, ese que siempre usaba-. ¿A dónde iremos?- con Harry caminaban por la acera del edificio donde vivía el chico, aún era un misterio el destino de la salida.
- Aún no lo sé, ya se me ocurrirá algo.
- Podemos buscar algún parque, o ir a ver una película al cine…- Harry la observó un momento antes de tomarla de la mano y guiarla hacia un callejón oscuro para que nadie se percatara de su desaparición.
- Conozco un lugar que te encantará- respondió apretando fuerte la mano de la chica encontrándose al abrir los ojos un lugar muy diferente, en donde muchos juegos de metal subían y bajaban colgados de rieles.
- ¿Qué…?
- Mi madre me solía traer a estos lados…- Ginny giró la cabeza a un lado algo sorprendida por los gritos mezclados con risas infantiles, un pequeño carrito andaba a toda velocidad por un riel en forma de arco y luego de círculos.
- ¿Es seguro?- un niñó pasó corriendo a su lado-. Estos muggles están locos…- Harry caminaba delante de ella aún tirando de su mano.
- Totalmente seguro, créeme- el chico se acercó a una pequeña ventanilla y pagó por unos boletos de colores que Ginny miró desconfiada.
Sin embargo luego de bajar del primer juego tuvo que admitir que aquello ahora le parecía una muy buena idea, demasiado buena. En especial cuando el cuerpo de Harry estaba bien apretado al suyo, cuando el viento en el rostro y la adrenalina por la velocidad hacían brillar los ojos del chico, y cuando aquella sensación en su estómago lo hacían gritar y gritar, y levantar los brazos y contagiarla de alegría.
- Fue genial…- Harry se rió y la atrajo a su cuerpo.
- Y eso no fue nada.
- ¿Hay más?
- Ni te imaginas…
Lo último que supo Ginny es que se hallaba con Harry en un lugar que los muggles solían llamar parque de diversiones, y que así como lo decía el nombre, ella se estaba divirtiendo, y cómo nunca.
Harry en algún momento le dijo que aquello era como volar en escoba, o al menos algo parecido, el viento, el sonido de la emoción de los demás en tus oídos, la altura, ver todo pequeño bajo tus pies y sentir las piernas colgando sobre el vacío. La sensación era similar, ni él se creía lo que había dicho, pero Ginny se lo agradecía, con cada gesto, con el simple movimiento de sus dedos contra los de él, con la sonrisa dibujada en sus labios, con el corazón palpitando cada vez más fuerte.
Luego de una decena de juegos más, ambos decidieron sentarse a comer, no era un lugar de lujo como a él le gustaría llevarla, ni mucho menos iban a tener comida variada. Sin embargo ella se contentó con comer unos simples perritos calientes con esas salsas picantes que a él poco le gustaban, y la gaseosa Light, tanto para ella como para él, porque bueno, ella es mujer, y él simplemente debía mantener su peso, la simple excusa de comer como cerdo con esa pelirroja cocinándole en casa era suficiente para hacerle entender eso.
- No sé si es conveniente que subas a otro juego, Ginny- la chica tiraba de su brazo hacia una enorme rueda que giraba en el aire como si fuera un machete.
- Vamos, se ve divertido…
- Acabamos de comer, y no sé tu, pero yo terminaré vomitando todo- ella le sonrió-. ¿No quieres subir a ese?- le preguntó señalando un armatoste enorme, redondo y con pequeños carritos en donde dos personas iban cómodamente sentadas.
- No parece tan divertido- respondió ella mirando de reojo aquel juego.
- Es lindo, te gustará…- quejándose Ginny siguió a Harry hacia la fila para ese juego, colgada de su cuello esperó pacientemente a que les tocara el turno, y cuando aquel aparato empezó a girar comenzándolos a subir, puedo comprender que lo que le decía Harry era cierto.
La vista desde aquel aparato era hermosa.
- Vaya…- suspiró Ginny sintiendo como el aire fresco de la montaña le llenaba los pulmones.
- ¿Te gusta?
- Es más lindo de lo que parece- susurró encantada al ver como el sol a los lejos comenzaba a ocultarse tras las montañas, la tarde estaba dando lugar, lo que indicaba que ese día tan divertido se había acabado.
- Cuando se prenden las luces de la ciudad, la vista es hermosa- Ginny asintió apretándose al brazo de Harry.
Ella no respondió nada y se quedó mirando como perdida aquel bello paisaje que el chico le había regalado. En algún momento Harry le levantó la cabeza con delicadeza desde su mentón y Ginny no pudo más que entregarse a ese beso arrasador e invasivo en donde todos sus sentidos se alteraban y las sensaciones que despertaba en su cuerpo eran únicas.
Habían bajado del juego bien abrazados y se habían desaparecido en algún lugar oscuro tapado de la vista de todos los muggles que disfrutaban de aquel parque de atracciones, haciendo su aparición el departamento del chico.
Sus labios estaban decididamente calientes, suaves y húmedos. Harry la apretaba por debajo de su camisa pasando sus manos con delicadeza por sus delicadas curvas. La mano del chico se arrastró por su espalda y la sujetó con fuerza por la nuca, obligándola a mirarlo a los ojos, a perderse en aquel ardor abrazador y dejarse llevar; él acariciaba su boca con su dulce lengua y tirándole levemente del cabello la obligó a abrir más lo labios y permitirle una mayor profundidad. Ginny gimió ante semejante intromisión y se sostuvo de los hombros del chico, las piernas le temblaban y dudaba mucho que soportasen su peso un tiempo más.
Él la había arrastrado hacia la pared y la apretaba con todo su cuerpo, Ginny podía sentir la fuerza de su masculinidad contra su vientre, aquella fuerza incesante y caliente que se acariciaba fervorosamente contra su piel.
Era hora, ambos lo sabían, no valía la pena atrasarlo más o disfrazarlo de alguna manera. Harry sin siquiera preguntarle se inclinó hacia ella y poniendo el brazo detrás de su rodilla la hizo caer contra su cuerpo. Ginny tan sólo se apretó de su cuello, sintiendo como el corazón de Harry latía contra su pecho, junto a sus propios latidos, acelerados y desbocados.
Harry dejó caer sus pies femeninos cuando llegaron a la habitación de él, ella aún seguía abrazándolo por el cuello respondiendo a los besos ardientes de igual forma, con la misma intensidad. Ella se detuvo un momento, lo miró a los ojos y con oscuras promesas en la sonrisa de sus labios se alejó de él llevando sus manos a los botones de la camisa que llevaba puesta. De esa forma simple comenzó a desabrochar uno a uno, empezando por los superiores, mostrando sus pechos perfectamente cubiertos por aquel sostén de colores pálidos. Harry correspondió a su intención quitándose por la cabeza su polera, sin importarle que los anteojos que siempre usaban quedaran olvidados en el suelo.
- Te ves extraño sin ellos…- murmuró Ginny acercándose a él, acariciándole el rostro.
- Si quieres me los puedo poner, pero será algo incómodo- ella negó con una sonrisa.
- ¿Puedes verme?
- Mi problema con la vista es de lejos- ella asintió tomándolo de la mano y obligándolo a sentarse en la cama, ella se colocó a horcajadas sobre él dejando que colocase sus manos grandes y electrizantes en su espalda.
- ¿Qué te pasó?
- Herencia de padre- ella hizo un gesto afirmativo a la vez que con su mano acariciaba el pecho de Harry.
- No recordaba que tuvieses vello en el pecho- le dijo algo divertida-. En realidad no recuerdo nada, pero pensé que serías algo lampiño.
- ¿Acaso fantaseabas conmigo?- ella lo miró de forma enigmática e inclinó su cabeza dejando que el cabello pelirrojo los cubriera a ambos como si fuera una cortina hacia el más allá.
Harry la recostó en la cama, mientras que con sus labios besaba aquel pequeño valle que se formaba entre los pechos de ella, bajando su boca por su vientre, alrededor del ombligo, hasta aquel lugar en donde los botones del pantalón no lo dejaban continuar.
- Creo que tendremos que deshacernos de esto…- Harry tomó los botones y los fue desabrochando uno a uno para luego quitarle el pantalón.
- Pero ahora no estamos en igualdad de condiciones- ella se sentó en la cama y tiró de la cintura del vaquero del chico, obligándolo a quitárselo para luego arrojarlo en el suelo.
Ginny abrió mucho los ojos al verlo tan animado, su bóxer azul oscuro mostraba muy poco, pero con sólo ver aquel abultamiento sobre la tela, era suficiente para darse de una idea de cómo era. Harry se acostó junto a ella, poniéndose de lado para acariciar sus piernas, sus muslos; sus ojos estaban encendidos por el deseo y la pasión que ella jamás creyó sentir.
Sus labios se buscaban mientras se susurraban cosas al oído que no podían comprender, la ropa les sobraba y poco a poco fue quedando olvidada junto a la demás en algún lugar del suelo de aquella importante habitación, en donde ellos ya habían estado juntos, en esas mismas sábanas, de la misma forma.
Ella se apretó con fuerza a él, moviendo sus caderas, aceptando gustosa todo lo que él tenía para ofrecerle. Y cuando la culminación la dejó exhausta y rendida a los labios masculinos no pudo más que ceder, Harry la tomó con fuerza de las piernas y se movió una, dos y tres veces más hasta que todo terminó, cayendo agotado sobre ella, con el cuerpo temblando y una tonta sonrisa en los labios.
Harry tiró un poco de las sábanas y los cubrió a ambos, pasó su mano por la cintura y la atrajo a su cuerpo disfrutando de la sensación de su cabello sobre el pecho, embriagándolo con su aroma, con la dulzura de su aliento.
En algún momento se quedaron dormidos, no supo cuánto tiempo, cuando él se despertó ella lo miraba y le sonreía a la vez que lo acariciaba de forma íntima.
- Merlín…- gimió cuando ella, con su objetivo cumplido, se sentó sobre él y lo obligó a estarse quieto, ella se encargaría del resto.
Cuando nuevamente cayeron en la realidad la luna ya estaba en lo alto del cielo, no sabían que hora podía ser, simplemente que ambos estaban uno junto al otro riendo de algún comentario tonto que alguno había hecho. Las manos de ambos estaban entrelazadas con las piernas enredadas y pequeñas marcas en todo el cuerpo.
- No se tú, pero yo estoy que muero de hambre…- ella lo miró un momento y se sonrió al sentir el rugido del estómago de él.
- Si quieres puedo cocinar algo- el negó con la cabeza inclinándose hacia un lado de la cama.
- No te vas a poner a cocinar a esta hora, Ginny…
- ¿Y quién te dijo que no?- él la apartó un momento para poder hablar por teléfono, pero ella lo obligó a permanecer acostado mientras sus besos y sus manos se encargaban de atormentarlo, impidiéndole hablar correctamente y haciéndolo gemir de forma entrecortada.
- …gracias- Harry dejó el teléfono a un lado y miró divertido a Ginny que se encontraba bajo las sábanas-. Maldita bruja…- susurró tomándola de los brazos y besándola en los labios.
- ¿Pudiste pedir?- le preguntó de forma inocente restregando su pecho sobre el cuerpo de Harry.
- ¿No escuchaste? ¿O estabas algo ocupada?- ella le sonrió mostrándole todos los dientes a la vez que se levantaba de la cama y se envolvía con la sábana que los cubría-. ¡Ey! Que yo también estoy desnudo- le dijo él cubriéndose sus partes con una almohada.
- Te ves lindo sin nada tapándote- Ginny le sacó la lengua mientras se dirigía hacia la cocina en busca de algo que beber.
Harry buscó ropa interior limpia en uno de sus cajones para luego seguir a Ginny hacia la cocina, ella parecía una diosa griega, con esa enrome tela blanca cubriendo su cuerpo y el cabello suelto cayendo como cascada sobre su espalda.
Ella sacaba una botella de agua de la nevera y servía dos vasos, uno se lo pasó a Harry mientras ella bebía del otro.
- ¿Mañana tienes entrenamiento?- le preguntó.
- Temprano por la mañana- ella asintió con un movimiento de ojos-. ¿Tú tienes algo planeado?
- Debo hablar con mi jefe sobre una nota para la próxima semana- dejó el vaso sobre la pileta de la mesada y se acercó a Harry para abrazarlo por la cintura-. Realmente fue lindo…
Él sólo le respondió con un breve ronroneo acariciando sus brazos.
La comida que habían encargado llegó más rápido de lo previsto, los dos se acomodaron cómodamente sobre el sillón de la sala mientras la televisión estaba encendida, sin embargo ninguno de los dos le prestaba atención, estaban más concentrados en sus cajas de comida china y en la charla entre ellos que cualquier noticia que correspondiera al mundo muggle.
Luego ambos entre más besos y abrazos cayeron rendidos en la cama, dejándose llevar por los brazos del dulce sueño, con la compañía del otro y la calidez del cuerpo a su lado.
El despertador mágico de Harry sonó con un sonido estridente, el chico estiró el brazo para acallarlo, pero se vio impedido por el pequeño cuerpo de Ginny junto al suyo. Ella se removió inquieta y lo miró abriendo levemente los ojos.
- Apaga el despertador que no llego…- le pidió. Ginny toda remolona se estiró hasta alcanzarlo, desperezándose luego y disfrutando de la imagen que le daba Harry completamente desnudo caminando por la habitación, buscando su ropa y preparándose para bañarse.
Ginny sonrió al sentir el agua de la ducha correr y al igual que Harry decidió que un baño caliente por la mañana no le vendría nada mal. Despacio caminó hacia el baño del chico y se inclinó sobre la mampara del baño para verlo lavarse el cabello.
- ¿Hay lugar para alguien más? ¿O ya te tienes que ir?- Harry maravillosamente desnudo estiró su brazo para hacerla entrar a la ducha junto a él.
- Sabes que para siempre hay lugar- le susurró antes de inclinarse sobre sus labios y besarla como lo había hecho tantas veces esa noche.
Solamente ella era capaz de despertar sus más escondidos instintos, solamente ella valía la salida de más de una noche, la aventura de más de una vez. Ella con su sonrisa fácil y su corazón bondadoso, esa mujer que había despertado una mañana a su lado con un anillo en su dedo.
Ahora que lo pensaba mientras secaba su cuerpo después de haber hecho el amor con Ginny en la ducha, todo era irreal. Desde el momento en donde supo que estaban casados hasta la interminable culminación de esos sentimientos que ambos compartían, donde todo había explotado entre ellos.
El agua de la ducha aún corría, Ginny se estaba bañando, mucho no había podido hacer con Harry también bajo el agua. Harry secándose el cabello y a medio vestir se sentó en el borde de la cama y sacó de un pequeño cajón aquel estuche en donde guardaba el acta de matrimonio y los anillos que ambos habían intercambiado. Sonriendo colocó el suyo en su dedo, y pensó que realmente no se veía tan mal, tal vez era algo impropio o algo impulsivo, pero el amor así lo era, siempre su padrino se lo había dicho. El sonido del agua apagarse hizo guardar todo en su lugar y continuar cambiándose.
- Tengo toda la ropa en mi cuarto- le dijo ella envuelta en una bata blanca con el cabello empapado-. ¿Qué quieres desayunar?
- Tortitas, de esas que me hiciste la primera vez- ella asintió divertida yendo a la habitación que ocupaba.
Harry continuó cambiándose escuchando con alegría los sonidos desafinados que hacía Ginny al cantar, era malísima en eso, pero si era feliz haciéndolo, no se lo negaría. Su estómago rugió al sentir el dulce aroma de la vainilla y el caramelo mezclados en aquella comida.
Ginny se despidió de él con un beso en los labios, un beso que a Harry le sabió a victoria. Con una pequeña palmada en el trasero le pidió que lo esperase, y con una sonrisa llena de promesas, se desapareció en la chimenea, yendo a su trabajo.
La pelirroja se encontró tarareando como tonta una canción de la infancia mientras arreglaba la habitación de Harry. Miró su reflejo en el espejo del enorme guardarropa de Harry y lo que descubrió la sorprendió.
El chico había pegado todas las fotografías de la boda interfiriendo en el reflejo del espejo, y un colorido cartel en el medio decía unas palabras que la dejaron sin habla.
Hola gente linda, sé que soy una muy mala persona por haberme tardado en subir este capítulo, y que lo soy aún más por no haber contestado sus tan lindos comentarios. Pero sé que entenderán que no pude, no me dio el tiempo. Pero prometo si hacerlo ahora, porque este capítulo sí que merece que me digan algo, la situación lo amerita ;)
Espero que estén muy bien, yo por suerte si lo estoy, aunque estudiando, dentro de poco me toca rendir de nuevo y me estoy preparando, igual sabrán de mi antes de ese día, ustedes me dan suerte =D
Los quiero mucho,
Jor.
