LO SIENTO TANTO.

SÉ QUE NO HE ACTUALIZADO HACE MUCHO, PERO LA ESCUELA Y LAS PRUEBAS ME CONSUMIERON

Hice lo posible para terminar esto cuando estaba fuera de época de exámenes, me tardé porque… Esto quedó más largo de lo que yo quise.

En serio, me quise matar porque nunca terminaba y yo quería subir esto ya.

Espero que no se les haga muy largo y lo disfruten.

Me inspiré feo escuchando "We don't talk anymore" y "Sorry – Halley"

Aun no me creo que este sea el capítulo diez… ¡Muchas gracias por leerme hasta ahora!

Este fic, al igual que "Curse of Roses", está basado en un rol con mi diosa (COFCOFMISAKICOFCOF) por ello mismo están (Cómo dije) dedicados a ella y verán varios fragmentos que ella escribió tal cual… Excepto los prólogos e introducciones. Esos son 100% míos. (?)

Por ello mismo… ¡CRÉDITO A ELLA TAMBIÉN, POR AYUDARME! ¿Esto cuenta como fic hecho en equipo? Ni idea, solo sé que sin ella no lo hubiera desarrollado tanto (Mezclamos ideas de cada quien.) y se lo debo 3 Mil gracias y pásense por sus fics ¡Ella es mil veces mejor que yo!

¿Eh? ¿Que si haré el mismo anuncio en todos los capítulos? Claro que lo haré. No pararé de recordarle que esto es gracias a ella :v

PD: SAQUÉ MI LADO MÁS CULERO Y DEPRESIVO A LA LUZ PARA ESCRIBIR ESTO.

La música del vals se detuvo de golpe y una serie de cuchicheos confundidos comenzó a retumbar por toda la sala. La ángel de luz, no entendía qué ocurría, puesto que no podía ver.

-¿Q-Qué pasa...? Ivlis... ¿Le pasó algo? –Un fuerte pesar golpeó su pecho mientras sus manos comenzaron a temblar un poco. No sabía que sucedía, pero presentía que era algo malo luego de oír el nombre de su hermano entre la multitud. -¿I-Ivlis está bien? ¿Puedo ayudar en algo? –Trataba de no entrar en pánico y no sofocar a Rieta, pero todo ese cambio de ambiente no ayudaba ¿Qué estaba pasando ahora?

La genio no estaba mejor, ella ni siquiera acabó de procesar como su joven amo abandonaba el baile y escapaba, haciendo Ivlis lo mismo mientras apagaban la música y el ambiente se tornaba muy incómodo. –N-No te preocupes, él está bien. Vamos a sentarnos, te explicaré qué pasó.

Y en lo que ella se llevaba a la linda ángel a su asiento, Satanick se alteraba ante su bien calculado plan fallido.

-¡No! ¡Nonono! ¡¿Qué pasa?! –No entendía nada ¡Todo iba perfectamente bien! ¿Por qué de golpe Licorice había huido? Esto no tenía sentido, pero su mal presentimiento se tornaba más latente que antes, y la mirada gacha del diablo de las flamas no ayudaba.

No puede ser...

Antes de permitirse seguir especulando trató de acercarse al de mechones rojos, cosa difícil con tantos idiotas metiches estorbándole paso; aunque no fue nada que un par de empujones no resolviera.

-Oye! ¿Qué pasó?... -No estaba reaccionando siquiera. Ok. Esto malo -¿C-Cucaracha...? ¡Hey! –Insistió por al menos hacer emitiera algún sonido o palabra, hasta aceptaría un llanto, pero apenas y logró escucharlo murmurar algo sobre que tenía que irse, dejándolo sin saber que decir ni con la suficiente reacción como para detenerlo.

No necesitaba oír; y aun así seguía sin creerlo ¿Licorice de verdad había...? ¡No! ¡NO! ¡Era imposible! ¡Debía ser un error! ¡No lo veía factible! ¡Se negaba a verlo así! ¡Un malentendido! ¡Un error...! Tenía que ser eso... Estaba completamente seguro de que iba a funcionar ¿Qué había pasado para que todo diera un giro de 180 grados así nomás?

-Mierda... –Siseó frustrado. Aquí había algo que no le terminaba de cuadrar y no se iba a rendir hasta tenerlo TODO claro. Dirigió su mirada hacia algunos que aún murmuraba sobre el asunto a su alrededor, casi gruñéndoles para que dejaran de joder con ello. –Si valoran la dignidad sexual de sus culos, comenzaran a circular, metiches de mierda... –Habló con una de sus "escalofriantes sonrisas" mientras intentaba apartarse antes de empezar a oír las quejas de los anfitriones.

¿Querían saber? ¡Pues que formaran fila! El tampoco entendía nada incluso siendo cercano a la cucaracha. A su vez, este grosero acto le permitió vislumbrar algo sospecho ¿Y el travesti de Siralos qué se traía siguiendo a la cucaracha? Ya se hacía una idea de lo que planeaba y no le gustaba. Por lo cual, ignorando el escándalo que se iba formando entre tanta confusión, se escabulló tras los pasos del dios.

A partir de aquí la cosa se ponía fea.

Siralos no se había percatado de nada de lo ocurrido hasta que apagaron la música, Igls se había quedado con la genio y no se molestó en interrumpirla o retomar su pelea con los otros dioses, después de que lo hayan invitado a esa estúpida reunión sin sentido merecía algo de diversión ¿Verdad?

La había pasado de lo peor soportando a tanta chusma, y quería subirse el ego molestando a alguien miserable. No tenía mejor opción que Ivlis, el ángel de Fumus quedó descartado desde que se fue con su novia.

Se notaba que él no se percató de su presencia pues seguía llorando con la espalda pegada en la pared mientras se lamentaba y murmuraba quién sabe qué. Aunque sí llegó a entender lo último.

-N-No l-lo entiendo… Y-Yo… ¿Realmente… No p-puedo ser… amado p-por nadie…?

-¿Todavía te sigues preguntando eso a estas alturas? ¡Tienes que estar bromeando! Se nota que el destino sabe cómo tratar a errores como tú, solo que… Aún no ha hecho lo suficiente para matarte, es una pena. Ni siquiera comprendo por qué te pones así, solo es tu hijo, Adauchi te hizo lo mismo y no te veo lloriqueando aun… -Ivlis ni se dignó en mirarlo a pesar de su presencia, pero eso no molestaba al dios del sol, de todos modos él podía sentir el dolor y tenía más ases bajo la manga. –Oh, espera un momento ¿Podrá ser? ¡Sí, podrá ser! ¡No dejaste nunca de ser un patético engendro que se enamora de quien no debe! ¿Es eso? ¡Te enamoraste de tu hijo! –Al principio solo iba en broma, pero al darse cuenta del respingo que le causó al diablo solo pudo comprobar que había acertado.

Así que era por eso… ¡Eso significaba que sabía qué decir!

-¿Eh? Espera… ¿Es verdad? ¡No me lo puedo creer! ¡Ahora sí no me sorprende que le hayas causado tanta repulsión como para espantarlo! Quiero decir… ¿Quién te amaría? Solo eres una basura que sigue regresando cada vez que le hacen daño. Eres una… Cucaracha. –Una cínica sonrisa se formó en sus labios apenas mencionó el apodo, podía sentir la presencia de alguien más detrás de él.

Sí, era Satanick, cual no tardó mucho en alcanzar al dios ni en escuchar parte de sus idioteces, como tampoco evitó vislumbrar la desolada figura del de mechas rojas recostada en la pared.

-Oh, mil perdones… ¿Te robé el apodo? –Volteó casi golpeándolo con sus mechones, no se contendría en molestarlo a él también. Tenía un pésimo humor este día y lo descargaría con esos dos idiotas ¿Por qué preocuparse? Satanick para él no era más que un conocido ridículo al cual se había dado el gusto de humillar en una de sus citas, no lo consideraba su amigo o algo así, ni siquiera cuando aceptó ayudarlo con Ivlis… Aquello solo había sido una oportunidad de torturar más al diablo.

-Si lo hiciste. Mal, muy mal. Te demandaré por derechos de autor~ Aunque debo decirlo, solo suena bien cuando es mi hermosa voz la que lo pronuncia. –Ni siquiera se molestó en moverse cuando esas horrendas extensiones casi le dan en el rostro.

Oh... Con que la diva quería jugar ¿No? Pues que así sea.

-Déjame adivinar ¡Tú lo ayudaste! Satanick, Satanick, Satanick, estúpido y tonto Satanick ¿De verdad esperabas que haciéndote el hada madrina podrías cambiar eso? Él no es ninguna Cenicienta ni ninguna calabaza que se volverá carroza, es una putrefacta escoria y ningún trajecito lindo va a cambiar eso. –Esto se ponía cada vez más divertido, nunca veía al diablo de Pitch Black fruncir el ceño.

Cada maldita sílaba solo lo irritaba más y más, hasta que finalmente logró que mandara la estúpida sonrisa de todo los días al carajo. –¿Y qué si lo ayudé? Ese no es asunto tuyo, pero admito que en una cosa tendrás razón pero solo contigo, porque no importó si te vi con su absurda ropa de vagabundo o un bonito traje de colegiala, sigues siendo la misma muñeca inflable y llena de aire que solo emite chillidos odiosos e inútiles al hablar. En lo que respecta a mí, la única cosa putrefacta en tu boca de labios inflados como tu ego...Deberías considerar las mentas alguna vez ¿No? –No le iba dar el gusto de querer humillarlo sin hacerle pagar. Le iba a cerrar esa bocota de una vez por todas y su propio juego.

-¿Qué? ¿Te enfadaste? Me sorprendes, Satanick. Primero me estás suplicando que torture a Ivlis para que puedas progresar con él porque supuestamente lo amas y al otro lo estás ayudando a ser feliz con alguien más ¿Qué? ¿Ya te diste cuenta de lo egoísta que eras? ¡No me digas! ¡Es tu noble acto de amor verdadero para que quien amas sea feliz! Ah… Qué asco das. –Se alejó abanicándose con su mano.

-Se nota que la edad te ha afectado, porque hasta donde yo recuerdo solo fui a informarte de ello, puedo ser muchas cosas horrendas, pero nunca tan idiota para seguir una idea tuya. –Recordaba ese día. El dios había sido uno de los tantos que insistió con eso de tortura y lavados de cerebro para obtener a la cucaracha, sin embargo al igual que en ocasiones anteriores no quiso aceptar. Era un completo idiota en el amor, pero al menos la existencia de Siralos le hacía sentir que no era mayor idiota. –¡Ay! ¡Pobre travesti! Le doy asco ahora, aunque en nuestra cita no dijiste mucho de ello... ¡Ay! Lástima que su opinión me vale mil vergas. –Saboreó el sarcasmo con la misma expresión irónica. El no creía seguir sus acciones por lo mencionado por el dios, ni siquiera sabría bien decir el por qué, pero no permitiría que se burlara de él.

Y mucho menos con lo siguiente.

-Qué vulgar… No me sorprende que Lil también te haya dejado, de haberme casado contigo yo me hubiese bebido un café envenenado.

Se observaba los guantes con desdén y una sonrisa en lo que esperaba que Satanick empezara a devolverle los insultos.

-Heh... Pues si yo estuviera casado contigo, también te habría obligado a beber ese café envenenado. Una rata como tú no vale un suicidio y el universo perdía al fin al ser más patético que jamás existido. –Ok. Eso le había picado. A la verga la calma, aplastaría a ese travesti. Ya le tenía hasta la puta madre. –¿Y sabes por qué eres tan patético? Porque necesitas hacer uso de tu inútil posición para hacer alarde y esconder el montón de mierda que en verdad eres. Solo hablas y hablas por tonterías que a nadie importa o afecta ¿A quién le importaría tu opinión y más en este tipo de asuntos? ¿Qué sabrás tú de "actos de amor"? ¿Qué sabrías tú de un matrimonio? Por favor... Ni siquiera amas a tu propio hijo, lo cual te convierte en la escoria más rastrera y asquerosa que exista. El solo verte es repugnante. –Se deleitaba ante la indignación y ofensa expresaba en cada fibra del iracundo dios, pero no le permitió decir algo aún, todavía no. –¿Crees que lo que hacemos es una vergüenza? Más vergüenza me daría tener tu edad y seguir soltero... Aunque no puedo culpar por eso. Es imposible que exista un idiota que desee algo más que una noche de sexo vulgar contigo... Aunque hay que ser iluso para desear aquello o ansiar demasiado descubrir que escondes entre las piernas para ello, porque puedo decir con total honestidad que ni en eso eres bueno. Tan decepcionante, ya ni como puta o esclavo sexual tienes futuro... Seguro es la edad.

Bien… Eso dejó anonadado al Dios.

Sería sincero, cuando de Satanick se trataba, de su parte solo se esperaba groserías y más groserías mal empleadas, pero lo dejó completamente atónito que en vez de ello expresara muy claramente todo lo que quería decirle y las graves ofensas que estaba haciendo.

Quería interrumpirlo a cada palabra que decía, pero le era imposible seguirle el ritmo. Algo con lo que no había contado al molestar al diablo era… Que estaba tratando con el ser más vulgar de los mundos, que, combinado con algo de su ingenio lo volvía un peligro verbal.

-Tú… ¡¿Cómo te atreves?! ¡Maldita peste! –Tenía las obvias intensiones de voltearle la cabeza de un cachetazo, hirviendo en ira, y no se contuvo.

Satanick rió al sentir en su rostro un golpe, aunque no le impresionaba si solo venía de ese estúpido guante el cual le arranco con facilidad para tomarlo de la muñeca y obligarlo a acercarse para que le quede claro cada palabra.

-¿Vas en serio? ¿Sabes siquiera a quien estás tratando de humillar? Escucha pedazo de mierda, ni creas que con tus "refinados guantecitos de marica" o tus manos de niñata consentida me impresionas. Estás tratando con el mismo diablo que quizás experimentó y recreó toda tortura existente. No existe nada que puedas hacer con todo tu diminuto cerebro de plasta teñida que logre asustarme. Las ilusiones de un dios arrogante, vanidoso y malcriado no valen ni mi tiempo o labia. Puede que a tus ojos de miope no seamos mucho, pero puedo asegurarte que aquella cucaracha que desprecias se ha levantado tantas veces luego de situaciones inimaginables de tu cabeza de aire, de las cuales apuesto TODO a que no aguantarías ni medio segundo. Diría que eres como una ameba o un microbio, ellos no desarrolla cerebro igual que tú, pero los estaría ofendiendo de la manera más vulgar posible. –Sentenció, al empujarlo al fin en lo que recobraba la calma y la maliciosa sonrisa que acostumbraba cuando humillaba a alguien.

El dios sudó en frío. Nunca en su vida lo habían tratado ni hablado así ¿Qué se supone que debería sentir? Hasta ahora solo estaba hirviendo de la ira, pero el persistente agarre y hablar de Satanick lo acallaron a cada instante que abría la boca para responderle, hasta que en cierto momento se quedó sin palabras por la brutalidad dedicada a cada oración.

-No vales ni como mierda para pegarte a mi zapato, solo eres un presumido envidioso que incapaz de amar y que nunca recibirá amor ni del aire que respiras ¡Un solo milímetro del cabello de esta cucaracha vale billones de veces más que todo tu cuerpo siliconado y arrugado! ¡Jajajaja! ¡Solo una simple y repugnante basura teñida y acabada que no tiene absolutamente nada que valga la pena! ¡Jajajaja! ¡Sucio! ¡Asqueroso! ¡Repugnante! ¡Inútil! ¡Indeseable! ¡Deberías morir, morir, morir! ¡Morir y solo desaparecer! ¡Nadie te extrañará, es más! ¡Seguro y habrá fiesta el día en que mueras! ¡No vales ni como puta para lamer la suela de mi zapato! ¡Jajajaja! ¿Te quedaste sin argumentos? ¿Trataras de empalarme? ¡Seguramente tu cerebro debe ser tan pequeño como tu entrepierna! ¡No me sorprende que no sepas que responder! ¡Estúpido! ¡Idiota! ¡Basura que solo debe ser aplastada! –Sí. Satanick estaba que ardía, y hasta comenzaba a sentirse mejor. Al fin un desquite real después de todo lo que había pasado. Se notaba que era un maestro en estas cosas.

Siralos siquiera pudo hacer más que quedarse mirando con el ceño fruncido y los puños apretados a rabiar. Ya ni al caso… No había mucho que hacer ahí salvo irse antes de que este día empeorara más para él en el caso de toparse a Elux o Fumus, por lo que se levantó sin agachar la cabeza y se sacudió la ropa dirigiéndoles a ambos una mirada de profundo odio. Bah, que Igls volviera sola al mundo de los soles, seguramente alguien la ayudaría.

-Ni creas que me rebajaré al nivel de un vulgar gigoló como tú, no mereces más de mi tiempo, ni tú ni esa escoria. –Finalizó dando la vuelta, dispuesto a marcharse, por lo menos antes de que una inesperada metiche se le lanzara por el costado arrastrándolo lejos de los otros diablos a los golpes. –¡¿P-PERO QUÉ…?!

-¡ME LAS VAS A PAGAR, VIEJO DE MIERDA! ¡Y TÚ IGUAL, VIEJO SÁDICO! –Aparentemente… Esos otros dos no dejaban cuentas pendientes. Ahora solo eran un trío de dioses dándose golpes e insultos, aunque extrañamente Elux llevaba la delantera y no Fumus.

-¡¿AH, SI?! ¡ENSEÑAME LO QUE TENGAS, PUTA DE MIERDA! -Gruñó el dios de ojos violetas, a la par que el trío se mantenía arrastrándose y rodando de un lugar a otro en una lluvia de golpes, patadas en insultos a diestra y siniestra, ignorando el caos que iban desatando y el momento en el que metieron a Siralos a su ecuación. Daba igual, su batalla campal continuaría hasta que alguno cayera... O los anfitriones o sus superiores los detuvieran. Lo que pasara primero.

¿Y sus angeles? Bueno. Se encontraban totalmente alejados de ellos, disfrutando del pastel y manteniéndose al margen de sus problemas; por su propia seguridad física y mental.

Ivlis se mantuvo callado en todo el transcurso de tiempo que Siralos le echaba en cara cada uno de sus pensamientos, no tenía los ánimos para contestarle o tratar de negar sus despreciables y crueles palabras ¿Para qué? ¿De qué servía? No es como si lo que el Dios pensara de él lo afectara, lo que le dolía realmente era pensar que era cierto.

En verdad ¿Cómo pudo creer que su hijo lo seguiría amando? ¿Por qué esperaría por él todos estos años? Ni siquiera tenía el valor para salirse de su posición o verlo a la cara.

En su momento la repentina aparición de Satanick le hizo apenas levantar la mirada solo para encontrarse al dios atacándolo a él también, de tener la fuerza de voluntad se hubiese dispuesto a decirle a ese travestido de mierda que Satanick no tenía nada que ver en esto y que era injusto que también se le estuviese lanzando a los insultos a él, aunque de cualquier manera no lo vio necesario cuando este se defendió solo poniendo Siralos en su lugar. Algo que había querido ver desde hace años, algo que añoró por mucho tiempo, ver que alguien humillara de una buena vez a ese creído engreído que no sabía más que parlotear estupideces.

Sin embargo… No sintió nada, no le importó, estaba tan herido y con el corazón tan despedazado que solo eso podía sentir… Dolor, no importaba cuanto intentara esbozar una risa o sonreír, la felicidad se le había terminado de escapar de las manos. Ya estaba completamente muerto por dentro.

Suspiró volviéndose a acurrucar contra él y la pared, mirando de reojo al aun agitado y sonriente diablo de Pitch Black, se le notaba muy feliz de haber mandado a la mierda al presuntuoso dios del sol. Estaba agradecido con él y hasta sentía pizca de admiración por haber hecho lo que otros y sobre todo él quería hacer, pero en este momento no se sentía con los ánimos de festejar.

-Se ve que todavía tengo el toque. Ah… -El diablo tomó un instante para recuperar el aliento, soltando alguna que otra risilla luego de ver como aquel presumido terminó arrastrado a la enredosa pelea de la indefinida y el viejo. ¡Jah! Eso se ganaba por meterse con él. Estuvo a punto de soltar alguno de sus elaborados comentarios sobre la gracia que le daba el rostro ofendido de aquella basura, pero las palabras y tono apagado del diablo de las flamas lo detuvieron.

-No debiste molestarte… De cualquier forma él está en lo cierto… -Masculló sin remedio, casi queriendo golpearse a sí mismo para descargar la frustración, o romper un espejo, lo que sea.

-¿Eh...? ¿De qué hablas? ¡Ese idiota no sabe de lo que habla! ¡Solo es un presumido cabeza de aire! ¡No le des la razón! ¡Nada de lo que dijo es verdad! –Gruñó, sin saber que bicho le había picado ¡Vamos! ¡No había defendido tanto a la cucaracha para que le viniera con eso!

-Soy una basura… Soy un idiota… Para lo único que debí nacer fue para traer vida a otros demonios que sí valen la pena, después de ello solo me queda morir… Morir… Morir… La idea de hacerlo ya no suena tan mala como antes. Después de todo… ¿Quién quiere vivir sabiendo que tu propio hijo te repugna tanto? Jah… Debiste escucharlo… Desagradable… "Madre, no entiendo tu juicio. Madre, no me lo vuelvas a mencionar. Madre ¿POR QUÉ NO SOLO TE VAS AL DIABLO? DAS ASCO, ASCO, ASCO." –Ya no lo resistía más, necesitaba llorar así, necesitaba gritar, golpear algo, dejar de respirar y quizás aliviar esa agonía con inconsciencia. Deja de sentir no estaría nada mal.

-¿Q-Qué? ¡Sirves para muchas cosas más! Te daría una lista pero... E-Es tan larga que no sé por dónde empezar... –En realidad no tenía nada, pero algo debía decir. –Y vamos... Licorice puede decir muchas cosas, pero no creo que te haya dicho que das asco... Quizás oíste mal ¡Sí! ¡Eso! ¡Puede ser eso! –Luchaba por no dejarlo caer aún. No se le hacía posible imaginar a su hijo diciendo eso, al menos no al de mechas rojas ¡No entendía que rayos había pasado! Todo parecía ir tan bien... ¡Nadie le quitaría de la cabeza que ese par lucían como enamorados al bailar! ¡Un malentendido! ¡Todo esto debía ser un malentendido! Se rehusaba a creer que todo falló aún; no se rendiría hasta tenerlo todo claro.

-¡¿Por qué tuve que hacer eso?! ¡¿Por qué te hice caso?! ¡Y-Yo lo sabía! ¡L-Lo sabía, maldición! ¡Le doy asco! Y aun así… Y-Yo… ¡¿P-por qué?! –Fue tonto creer que conseguiría lo que buscaba con todo esto, después de haber probado lo más dulce ahora todo esto más que ser un trago amargo era un veneno mortal y lento, intoxicándole la sangre.

-Mira... Solo déjalo salir y trata de calmarte... Tal vez... –Ni siquiera pudo terminar su torpe intento de tranquilizarlo para cuando el ataque verbal terminó siendo lanzado hacia sí sin motivo alguno.

-¡Y-yo n-no quería que esto acabara a-así! ¡Desde un comienzo te dije que nadie querría gastar su tiempo conmigo! ¡Y NI TE INCLUYAS EN ESTO, FUISTE BASTANTE CLARO DICIENDO QUE SOY UN PUTO LUNÁTICO! ¡T-tú… tú…! ¡¿N-NO SABES HACER OTRA COSA MÁS QUE ARRUINAR MI VIDA?! ¡¿Tenías intenciones de ayudarme?! ¡¿O solo querías una venganza de desamor?! ¡¿Por qué tuve que escucharte?! ¡Tú…! –Se detuvo a tiempo, percatándose de su exageración. No había motivo por el cual culpar a Satanick de esto, no era su culpa.

Bien. Admitía que fue cosa suya lo de confesarse, pero no lo hizo por eso. Quizás ayudaba más si realmente hacía lo que muchos anhelaban de él: cerrar su enorme bocota. Esto realmente lo había hecho con buenas intenciones a diferencia de lo que muchos (e incluso el mismo Ivlis) creía, pero nuevamente algo había salido mal... Típico de sí mismo.

Ivlis trató de arreglar la estupidez que dijo, pero no encontraba cómo. –¡No…! L-Lo siento, yo no d-debí… N-No es tu culpa… Es mía… Siempre supe que él pensaba así de mí… Patético, débil… Y aun así yo intenté… Por Vicers, soy de verdad patético… Culpando a otros que solo tenían buenas intenciones… -Silenció unos segundos volviéndose a abrazar de rodillas. Sabía que lo había echado a perder y no culparía a Satanick si luego de esto mandaba su intento de "amistad" a la mierda. –Vete si quieres, yo tampoco perdería tiempo conmigo.

Él no dijo más y solo se limitó en hacerse un espacio a su lado en el suelo ¡Jah! Cómo si le hiciera caso cuando le pedía que se alejara, el tiempo lo malgastaba en lo que él quisiera, aunque ahora solo pudiera hacerlo sentándose junto a una cucaracha deprimida y su mente divagara en mil vueltas sobre este asunto que no terminaba de cerrarle sentido.

Puede que como reciente amigo del contrario ya no tuviera mucho por decir para ayudar, pero al menos haría uso de su poca acostumbrada silenciosa compañía. No podía ofrecer más. Lo escucharía, daba igual lo que tuviera que decir, lo dejaría llorar si lo necesitaba e incluso solo estaría allí sin decir nada si era necesario; pero no lo dejaría solo. Era lo mínimo y único que tal vez si podría tratar de hacer bien.

No dijo ni media palabra en todo ese rato, limitándose a romperse la cabeza internamente para buscarle alguna explicación lógica a toda esta situación tan irreal, pero no podía. Nada de lo que pensaba tenía sentido junto al repentino y triste desenlace de todo, confundiéndolo aún más. Licorice adoraba a Ivlis ¿Cuando las cosas cambiaron hasta llegar a esto?

Tal cómo esperaba, el diablo de flamas sollozó en silencio mientras él pensaba, sin percatarse de su todavía vigente presencia. Después de las cosas horribles que se había atrevido a decirle no lo creía capaz de insistir y quedarse con él.

Últimamente estaba tan estresado y herido que no hacía más que dejarse llevar por el dolor y echarles la culpa a otras personas ¿Sólo sabía hacer daño? Hasta Licorice pareció salir lastimado, como si enterarse de que lo amaba hubiese sido tan malo, como si supiera entonces que la fraternal y dulce relación entre ambos terminaría por desintegrarse.

No lo culpaba, cualquiera podía creerlo. Era increíble que todo hubiese pasado de un momento tan feliz a esta basura… Lo odiaba tanto.

-¿Sigues aquí? –Levantó la mirara rato después, encontrándose con la presencia de Satanick a su lado. No le desagradaba, simplemente le sorprendía. Al no obtener respuesta alguna optó por remover el resto de lágrimas de sus ojos y respirar hondo, tratando de despejar un poco la mente para hablar de forma coherente, no sabía qué decir para desahogarse sin molestar a su acompañante. Simplemente aguardaría silencio más tiempo hasta que la tensión desapareciera. –De verdad… Lo siento. No te estoy causando más que malestar desde ayer y aun así sigues estando aquí tratando de ayudarme y… Tú sí eres un buen amigo, pero yo… No lo creo. –Este día solo iba empeorando más y más cada vez. Se sentía una basura por lo de Licorice, por Satanick, por no compartir con los demás esa felicidad y amargar el día para muchos, incluso el de su hermana aunque no lo supiera.

Satanick no respondió a su pregunta anterior, considerando que el seguir allí ya decía todo. Además, algo le advertía que era mejor esperar el momento adecuado para decir algo y no arriesgarse a joderlo de nuevo. Tampoco hizo más que un gesto de restar importancia lo siguiente. No era como si de verdad se creyera un "buen amigo", si lo fuera de verdad, Ivlis no estaría en tan deplorable estado de ánimo, definitivamente le urgía pulirse más en esto de amistad y demás; porque hasta ahora solo sentía que iba cometiendo error tras error, como en todo.

Ivlis apreció ese silencio, aunque prefería mil veces más que dijera alguna payasada que lo animara un poco. No tenía demasiado que decir en este momento, ya no le quedaban más lágrimas hasta ahora, ya no se le ocurrían más lamentos, se sentía seco como un limón. Solo le quedaba pensar en qué sería de él a partir de ahora.

Siralos no lo había afectado en lo más mínimo, él ya no tenía gran efecto en su pensar ¿Qué haría ahora? ¿Aferrarse a las demás personas en su vida? Poemi ya no era una niña, desde ya hace mucho que creció y dejó el hogar para hacer una nueva vida con su esposo, era mayor que Licorice después de todo. Emalf, él no había cambiado mucho, pero también se había ido con Poemi. Adauchi… Bah, ya de su parte estaba resignado. Rieta… Ella seguía siempre a su lado, pero muy pocas veces podía llegar a ser una opción para hablarle de este tema en particular. Reficul era buena compañía, pero tenía su propia vida. Satanick… Apenas estaban empezando a ser amigos y él ya había metido la pata en más de una ocasión, era egoísta de su parte pedir su consuelo.

Ya no… Ya no había nada. Sonrió melancólico con la mirada perdida, en sus años de madre activa la vida era mucho más dulce. Poemi venía hacia él queriendo atención, Emalf hablaba estupideces graciosas, Rieta los regañaba de vez en cuando y Licorice… Él siempre estaba para él, así fuera protegiéndolo o en las noches que las pesadillas lo molestaban y venía a pedir protección en sus brazos. Esos días… En los que se sentía amado. Al menos hasta que tuvo el horror de oír a su propio hijo llamándolo "Patético y débil"… Ese día en el que alguien más apareció, ese día en que dejó de significar algo.

-Debí haberte explicado desde el comienzo que Licorice ya me repudiaba… No hubiera pasado esto, yo… Tal vez no quería aceptarlo. Es penoso ver que te metí en esto también.

-¿Uh...? –Estuvo interesado al fin en eso último. Puede que esto ayudara a completar el confuso rompecabezas que todo esto formaba dentro de sí, aunque aún creía que debió ser un malentendido o algo, pero necesitaba oírlo primero. -¿Qué fue... Lo que pasó? –Preguntó al fin, volteando hacia él.

Tal pregunta le devolvió a Ivlis su atención a la realidad y le hizo dirigirle la mirada, luego al suelo mientras reía apenadamente. Nunca se lo había contado a nadie, ni siquiera quiso hablarlo con Rieta… Pero eso fue porque no deseaba oír más detalles dolorosos al respecto. En cuanto a él… Su relación seguía siendo la de "el gato y el ratón" y mencionarlo significaría el bullying eterno por ser ahora también un padre detestable. Ya no había razón para ocultarlo ahora, podía confiar en él.

-Me enamoré de él hace más tiempo que esto pero… Lo que pasó fue cuando Licorice tenía diecisiete. –Suspiró dejando que los recuerdos volvieran a él. Esto le dolería, pero quería sacar todo afuera y vivir en paz.

-Oh… Esa época... –Murmuró, tratando de enfocarse en su relato y escucharlo con atención. No dejaría pasar ni el más mínimo detalle. Quería entender que había sucedido para que todo ese drama se desarrollara tan caóticamente. Necesitaba tratar de entender cómo y por qué de la nada la relación de su hijo y la cucaracha terminó por fragmentarse tan horriblemente.

En aquel entonces fue incapaz de mostrar interés o siquiera notar cambio alguno, ahora era momento de saber que pasó en realidad.

..

.

Qué tarde tan tranquila.

Normalmente no tenía momentos así de amenos hace tiempo, pero por lo visto hoy la vida se confabuló para darle un rato dulce conviviendo con su hijo. No sabía por qué, pero no se quejaba en lo absoluto.

Charlas, anécdotas ridículas entre el té. No existía otra forma más agradable que esa para compartir el día con Licorice y ya hasta se había vuelto una bien recibida costumbre desde que la niñez pasó al olvido y con ella algunas otras cosas como juegos infantiles, dibujos y demás.

Realmente no le molestaba, como madre estaba orgullosa de ver a su retoño crecer, además de sorprenderle lo rápido que había cambiado en unos años.

Era tal cual lo había imaginado, o más bien cómo lo visualizó por adelantado. La forma adulta falsa de su hijo no mintió ni dio falsas ilusiones, ya que era ahora casi completamente real y permanente, por no decir que al joven diablo ya se le hacía innecesario usarla porque no habría cambio alguno en él más que dieciocho centímetros de alto.

Como cualquier padre o madre, es cierto que extrañaba cuando era un niño, pero solo era nostalgia, algo bastante común.

Mentalmente… No veía mucho el cambio, siendo sincero. Él seguía tal cual era, gentil, cariñoso, educado, caballeroso y hasta tenía sus momentos de ingenuidad dignos de su infantil persona.

Lo admitía para sí mismo sin miedo, el solo verlo lo hacía enamorarse cada vez más.

Era imposible no hacerlo.

Incluso se preguntaba si era demasiado obvio en este momento en el cual Licorice terminaba de contar sobre el día anterior, algo sobre una torpeza con Yosafire y un pozo, y reía entre cada palabra mientras él solo se quedaba observando con esa sonrisa de bobo enamorado.

-¡Debiste verla! ¡Tenía el pay por toda la cara, Froze no dejaba de quejarse! Creo que hasta Rawberry pensó en comérsela y… ¡H-Hahaha! ¡Su cara!

Expandió una sonrisa sin notarlo. Esta sí era una buena vista, señores y señoras. Nada más lindo que ver al que amaba reír de esa forma tan natural.

-Qué pena que no estuviste ahí, madre. Te hubiera dado risa y hasta podrías haberle dicho a Yosafire "Te lo dije". –Comentó con un toque de desilusión, sin percatarse de que eso lo despertaría de su trance mientras se daba un sorbo del té.

-A-Ah… Sí. Es una pena. –Disimuló lo mejor que pudo su falta de atención, agradeciendo internamente que el té lo salvara de ser descubierto. Realmente le gustaba escuchar todo lo que su hijo le quisiera contar, pero esos momentos de estupidez le ocurrían una que otra vez. –Sigo sin comprender cómo es que te sigues juntando con chicas como ellas. No te les pareces mucho.

Licorice era tan tranquilo al lado de esas tres… Sí, tres, Froze quedaba descontada por ser igual o peor ¿Cómo es que aún lograba soportarlas? No lo entendía, aunque por lo visto su hijo ya estaba muy apegado a ellas como para comentarle algo así.

No juzgaba las amistades de Licorice. Socializar era socializar después de todo ¿No? Estaba feliz de que conociera más gente. De sí mismo no podría decir lo mismo.

-Tienen sus cosas, pero… Siguen siendo más agradables que cualquier otra persona que podría encontrar por aquí, y no tratarán de deformarme la cara con una sierra eléctrica. –En eso les daba el crédito a ese cuarteto de locas. Las prefería mil veces más que a muchos seres extraños y perturbadores que había encontrado en el pueblo. Además… Nada mejor para un chico de su edad que una amistad llena de travesuras dignas de ser perseguidos por un profesor y tonterías para pasar el rato. –A todo esto… No sueles contarme mucho sobre lo que haces, madre.

La mayoría del tiempo era él quien hablaba. No es que se sintiera insatisfecho ni nada, pero a veces desearía que Ivlis le comentara algo sobre su día.

-No es como si tuviera alguna novedad, de todos modos. –Se alzó de hombros. Ciertamente, el único que podía hablar de su día y no aburrir era Licorice, él seguía la misma rutina de siempre quedándose en el castillo, ayudando a Rieta con algunas cosas, hablando de vez en cuando con Lil… Una vida poco emocionante para un adulto anticuado. –Creo que lo menos aburrido que podría decirte es qué deberes hizo Rieta en la mañana.

No estaba mintiendo, aunque al menos al joven diablo sí se le hizo algo gracioso.

No se le daba mucho lo de salir a caminar y los subordinados del castillo estaban normalmente ocupados. Reficul, Lil y Rieta estaban para hablar, pero tampoco eran charlas muy interesantes como para contar, o al menos eso pensaba. Emalf y Poemi salían más seguido con el afán de progresar en su relación, pero acostumbraban más a tener citas en el jardín o la sala, por lo cual no podía decir que no los veía nunca.

Y Licorice… Lo obvio, desde hace un tiempo que salía más seguido e iba a Gray Garden. Lo que fueron visitas de vez en cuando que hacía de la mano de Mors se convirtieron con el paso de los años en visitas de casi todos los días, sin necesidad de un acompañante o alguna advertencia para no volver tarde. Pasaba mucho tiempo allá, casi tanto como para que los apodos de "tíos" quedaran como algo normal en el par de gobernantes y sus ángeles, y que a veces no regresara hasta el otro día por piyamadas.

Era raro no ver a su hijo con una sonrisa debido a sus seguidas idas.

Y lo agradecía, si Licorice era feliz, él también lo sería.

Pero… A veces simplemente deseaba que pasara más tiempo en la casa como antes. No pedía que cortara su vida social ni nada por el estilo, tan solo que se quedara todo el día aunque sea una vez y compartir con él más que una tarde hablando como adultos.

Extrañaba los largos momentos silenciosos a su lado, las caminatas a solas cerca del bosque de Pitch Black, que prepararan el desayuno juntos… Había muchas cosas que se perdieron desde que esas visitas comenzaron, y ni él se explicaba la razón por la cual su hijo se apartó tan repentinamente de él sin aviso previo.

¿Qué había ocurrido? No lo sabía, aunque tal vez no había un porqué que lo explicara… Tal vez solo era algo que debí ocurrir tarde o temprano.

Antes solía ser la respuesta a todos los problemas, pero ahora lo veía recurrir a Rieta y Emalf para cualquier cosa, o quedaba como el mal tercio cuando se quedaba hablando con alguna amistad y no le quedaba de otra que irse para no incomodar.

Simplemente… Quería que las cosas volvieran a ser como lo eran antes, pero era muy tarde para desearlo y no se sentía en derecho de pedir más atención de su parte, después de todo… Era normal que esto pasara alguna vez ¿No? Él no era su amigo, su hermano o alguna otra persona con la cual pudiera tener más entendimiento. Era su madre, su tutor… Su deber estaba en criarlo correctamente, calmar inquietudes y responsabilizarse de su bienestar, luego de eso solo le quedaba verlo crecer.

Injusto… Pero correcto.

Al menos… Aun le quedaban esas tardes a su lado. Podía conformarse con ello.

-Si quieres, cuéntamelo. Me entretiene escuchar sobre cómo doblar la ropa. –Se alzó de hombros con un obvio tono burlón que su madre no dejó pasar por alto dándole un suave empujón en el brazo.

-¡Es en serio! Eres lo más interesante que me pasa durante el día. No salgo tanto como tú. –Señaló antes de volver la vista momentáneamente a su taza. –Tu madre tiene una agenda muy aburrida. Lo más interesante eres tú contándome acerca de tu día. –No estaba despreciando sus charlas con Rieta o Lil, es solo que eran un poco más de temas triviales que cualquier otra cosa y no se enteraba de mucho.

-Me siento especial y una especie de periódico semanal. –Hizo una falsa sonrisa arrogante antes de borrarla y adoptar un tono menos bromista. –Pero… N-No te ofendas, eso suena un poco… ¿Triste? P-Perdón, no sé bien qué palabra usar. –Lo que menos quería en este momento era ofender a su madre o hacerle sentir mal, aunque por lo visto eso no pasó.

-Está bien, yo también lo creo. Tal vez sí debería encontrar algo que hacer. –En momentos así extrañaba su hogar original y los muchos demonios que acudían a él a pedirle ayuda en cualquier cosa. Tenía trabajo, o al menos algo en lo que ocupar su cabeza durante el día. Lejos de Flame World… No tenía mucho qué hacer, pero ya podría pensar en algo que no se volviese parte de una rutina diaria.

-H-Hey, yo solo lo dije porque pareces un poco decaído. Pero si no te gusta la idea no me hagas caso. –Le preocupaba su madre, pero sabía que no podía hacer mucho más que darle una propuesta. Sonaba egoísta, pero no quería sentirse culpable si no resultaba.

Detestaba ver a Ivlis entristecido… Así fueran momentos cortos, no quería ni considerar que algún día le diese un severo ataque depresivo. Tal vez por eso pensó en que se ocupara de otros asuntos para no pensar tanto.

-No, tú tienes razón. Me haría bien. Tal vez pueda volver a Flame World por un rato alguna vez. –No creía que hubiesen inconvenientes con eso, solo sería una visita.

-¡Licorice! –Sin ser previsto, Crea se acercó con su usual sonrisa animada. Llevaba con sus dos manos lo que parecía ser una pequeña grabadora rosa.

Aunque no sonara del todo lógico, cabía a mencionar que la pequeña robot ya no se veía tan niña como lo fue antes. Víctor, luego de pensarlo bastante, cambió un poco su diseño y la hizo ver más grande, como una adolescente o una adulta muy baja. No había cambiado mucho, solo usaba ropa menos aniñada, tuvo cambios anatómicos en su cuerpo dignos de una chica mayor y su cabello había crecido considerablemente.

Pero lejos de su apariencia, ella seguía comportándose de la misma forma que siempre lo había hecho.

-Crea ¿Pasa algo?

-¡Quería mostrarte esto! ¡Me lo regaló Satanick! –Alzó con orgullo y emoción la grabadora, siendo ignorante de la mala intención en las palabras del joven diablo a continuación.

-Para variar ese tipo tiene buen gusto en algo y no da regalos inapropiados… -Comentó en voz baja, a lo cual Ivlis asintió creyendo profundamente lo mismo. Bueno, había que admitir que si se trataba de la linda Crea, Satanick no podía ser un pervertido. –¿Funciona? Él es capaz de regalar algo averiado sin saber que lo está.

-¿Experiencia propia, tesoro? –Rió el de mechones rojos apenas notó el gesto fastidiado en su hijo.

-¿Lo de regalos averiados? No ¿Regalos inapropiados? Sí, cosas que quemé… Y no me arrepiento de haberlo hecho. –Ah no, revistas play boy de regalo de cumpleaños no es algo lindo, claro que no. La edad no era excusa, recibir algo así de ese tonto era perturbador.

-¡Jijiji! ¡No te preocupes, Licorice! ¡Sí funciona! La probé hace un rato y quiero volverlo a hacer. Medouco se desocupará en un rato y quiero bailar con ella. –De solo mencionar a la linda Gorgona, las mejillas de la robot se tiñeron tenuemente de un rosa pálido. No disimulaba muy bien su afecto hacia la chica de cabello de serpientes, pero su manera de hablar de él solo la volvía más tierna. -¿No les molesta si lo hago?

Ivlis negó con la cabeza. –No te preocupes. No queremos que resulte no tener batería justo cuando traigas a Medouco.

-¡Muchas gracias! –Con una sonrisa agradecida, Crea se alejó de ellos apoyando la grabadora en uno de los muebles para poder encenderla. Apenas la música empezó a sonar, hizo un gesto victorioso y se lanzó a la carrera hacia los pasillos en busca de Medouco.- ¡Me-dou-co-chan~! ¡Quiero mostrarte algo!

No fue hasta que desapareció de su vista que Ivlis suspiró sonriente. –Medouco tiene suerte. –Crea no era la representación de la madurez, pero cualquiera se sentiría halagado de ser cortejado por una persona tan tierna y dulce.

Él lo sabía más que nadie.

-Algún día las veré casadas y moriré en paz. –Añadió entre risas antes de perder su atención en el grabador. No lo había esperado, Crea no tenía un gusto tan infantil para elegir canciones, hasta podría decir que las había escuchado una que otra vez.

Eran elegantes ¿Quién lo diría? La pequeña robot no era tan ingenua como creía y tenía buen criterio para una ocasión como la que planeó.

Eso le había dado una idea, y estaba seguro de que resultaría.

-Aunque me parece injusto que solo ellas se diviertan. –Ivlis no comprendió qué quiso decir hasta que lo visualizó levantándose y ofreciendo su mano con una corta inclinación. –¿Me concede esta pieza, señor Ivlis?

Por unos escasos segundos, la mano de Ivlis tembló al colocarla sobre la ajena. Era inevitable… Esta era una pequeña costumbre que aun cumplía con su hijo, pero desde hace tiempo que se sentía diferente cada vez que lo hacían. No importaba cuantas veces danzaran, aquella cercanía cálida siempre hacía latir su corazón desenfrenadamente.

-Me encantaría, señor Licorice. –Dijo a modo de seguirle el juego, mientras se levantaba y se dejaba guiar suavemente por sus pasos y su mano apoyada en la suya y su cintura.

No hacía falta saber coreografías, no era necesario hacerlo bien, aquel juego inocente siempre fue libre de tener fallos y hasta alguna que otra torpeza de la cual reírse o apenarse. Eran esos unos de los pocos momentos juntos que recordaban que a pesar de estar más apartados que antes, esa conexión indescifrable entre ambos siempre existiría, hundiéndolos en un mundo donde podían olvidar todo lo demás y ceder sin miedo a aquellos sentimientos que nunca se borraron.

Inciertos el uno para el otro, pero insistentes a pesar de eso.

-¿Es idea mía o has mejorado?

-¿Eh? No lo hice, es idea tuy- ¡A-Ay! –Una queja lo sobresaltó, alarmando también a su acompañante.

-¡P-Perdón! ¿Te duele mucho?

-N-No, tranquilo. Necesitas más que eso para dejarme fuera de combate. –Restó importancia, retomando sin más preámbulos con tranquilidad. No estaba molesto como para parar por un pisotón accidental, siempre ocurría, había aprendido a acostumbrarse a ellos y de todos modos no podría enfadarse.

Ivlis no lo olvidaba tan fácilmente, cosa usual en él. –¿Estás seguro…? Lo siento, sabes que no soy bueno en esto. Soy muy torpe. –No tenía tanta gracia al bailar. No le importaría tanto de no ser porque sus metidas de pata le causaban dolor a Licorice y no a él.

El más joven no contuvo una risa baja antes de hacerle dar una vuelta. Su madre siempre le había parecido adorable, pero no podía negar que cuando se disculpaba de esa manera lo era aún más. –No te preocupes por eso. Me parece un detalle que te hace ser tú. Eso es bueno ¿No?

El diablo de flamas no respondió, tan solo sonrió con dulzura y dejó que el sonido se redujera a la música y las infaltables risas que salían de sus labios entre movimientos rápidos y pasos cursis.

Un momento como ese… Deseaban que durara una eternidad.

Pero como siempre, tendrían que terminarse en algún momento, y esta no fue la excepción, pues tan pronto rieron escandalosamente e Ivlis casi tocó el suelo con su cabeza, el invitado inesperado tosió un par de veces acortando sus voces.

-¿Interrumpo algo? –No era nadie más que Glasses, alzando una ceja extrañado de tal escena que no acostumbraba a ver. En un dos por tres, Licorice ayudó a Ivlis a reincorporarse sin notar su gesto decepcionado y se acercó a saludar a su hermano.

-¡Glasses! Descuida, no interrumpes nada. –El menor hizo un gesto de restar importancia. –Creí que ibas a salir con Kiku hoy… ¿Pasa algo?

-No, descuida. Estaba por ir, es solo que sonó el teléfono y decidí atender… Era Revlis, quería hablar contigo. No me dio muchos detalles, solo dijo que quería hablar contigo en persona. –Había creído que la semi diosa estaba un poco nerviosa cuando habló, pero no mostró interés.

Licorice se extrañó un poco, aunque no se sorprendió demasiado. El que sí se sintió indignado fue Ivlis ¡No era justo que lo llamaran para que se fuera justo ahora! ¡Apenas y llevaban una hora hablando! –¿En serio? Uh… Bueno, tal vez quiera platicarme alguna travesura otra vez… Madre ¿No te importa si voy? –Preguntó volteando hacia su progenitor, el cual negó con la cabeza disimulando su poco fastidio con una sonrisa.

-Adelante, es algo importante ¿Verdad? –No pensaba ponerse pesado e insistir en que se quedara, no daría una buena imagen… Aunque ganas no le faltaban. –Vuelve para la cena, solo eso pido.

Licorice asintió antes de acercarse y besar su mejilla como despedida. –¡No tardaré! –Luego, sin más, se alejó junto a su hermano.

-S-Sí… Te veo después. –Para ese entonces su hijo se había marchado, pero aun así pronunció esas palabras en voz baja posando su mano en donde había dejado el beso. Una simple acción así era capaz de esfumar todo rastro de molestia de hace unos segundos y reemplazarlo con ensoñación y dulzura. Le hacía sentir especial que, a pesar de los años, ese tipo de cariños hacia él no habían cambiado en lo absoluto.

Sonrió para sí mismo y soltó un suspiro digno de enamorado mientras decidía juntar las cosas de la mesa. Medouco ya estaba acercándose con Crea y no quería interrumpirles su actividad con esta pequeña tarea.

-¡Vamos, Medouco! ¡Vamos a bailar!

-E-Está bien… Trataré de no pisarte.

Bueno… Ahora que su hijo se había ido, al menos podría hablar de esto con alguien de confianza que ya sabía al respecto.

(…)

-¿Te le vas a declarar…? ¿Ya? Y yo que creí que tardarías más tiempo en hacerlo. –No había sarcasmo o burla en sus palabras, sino sincera sorpresa y hasta felicidad.

-Bueno… Yo te lo dije ¿No? "Tal vez", no era un "no". –Explicó cortamente, ligeramente sonrojado y tratando de no mirar mucho hacia el frente.

-¿Qué te hizo cambiar de parecer? Creí que "Nadie podría amar a alguien así". –Imitó sus palabras, esta vez con ligera burla, a lo cual recibió un suave empuje de hombros a modo de queja.

Podría tomarse esto más seriamente como normalmente lo hacía, pero Reficul más que nadie había previsto que esto iba a pasar, y no podría sentirse más orgullosa de su don en esos momentos. Ivlis siempre fue predecible para ella, era de esperar que algún día tendría el coraje necesario.

-Prefiero no pensar mucho en eso. No es que haya cambiado de parecer, solo… Quería esperar a que tuviese una edad en la que fuese más… Maduro.

-¿Te sentiste pederasta, Ivlis? –Volvió a bromear sin dar importancia a su mirada molesta. –Sí, sí, ya lo sé. Tiene más madurez para pensar sobre distintos asuntos, ya lo sé… Me parece una sabia decisión pero… ¿Crees que él sigue sintiendo lo mismo por ti?

No era una pregunta de burla, era seria. Había pasado mucho tiempo desde aquel entonces, y ella, quien no convivía diariamente con esa familia, no tenía la respuesta a esa incógnita para aconsejar correctamente.

Ivlis se quedó mudo y pensó detenidamente. Había estado días y semanas reflexionando al respecto, dudando, dando vueltas al asunto… Una parte de él decía que no, que era tonto suponer que no fue una etapa y aún era correspondido, mientras que el otro lado insistía en que el dulce trato del joven diablo no se debía a simplemente amor fraternal.

Era arriesgado intentar, pero no sabría qué podría pasar si no intentaba. Tal vez… Y solo tal vez… Tendría suerte.

-Eso… Eso creo. –Dijo por fin. –Aunque aún no sé cómo podría decírselo o cuando. He pensado mucho en eso, pero no soy bueno para los detalles románticos. –Tenía entendido que a Licorice le gustaban las cosas cursis y empalagosas, pero él no tenía imaginación vasta para eso.

-No seas tonto, conociéndolo, seguro que llora hasta con un papel de chicle que diga "Estoy enamorado de ti".

-… Qué raras ideas te haces sobre mi hijo.

-Soy completamente honesta… Lo soy cuando digo que mañana es una buena ocasión para que se lo digas.

Tal vez…

-¡Licorice, ya llegas! –Con la mano alzada, Yosafire saludó a distancia, tenía una sonrisa más brillante de lo habitual y sus amigas se encontraban a su lado, con marcada ansiedad de la cual desconocía el motivo. Se acercó para saludar rápidamente, luego iría a ver a Revlis.

-Chicas, qué raro verlas… Juntas y con esas flores. –¿Se había topado con ellas apenas volvían del jardín o algo así? No debería sorprenderse por eso, solo que le era inusual que lo miraran de esa forma.

-¿Esto? No es nada. Probablemente celebraremos algo hoy, así que nos estamos adelantando. –Añadió Rawberry.

-¿Es el cumpleaños de alguien o…?

La de cabellos verdes negó con la cabeza. –Haha, no te preocupes por eso, Licorice. Lo sabrás después. –Antes de que pudiera hacer nada, le dio un par de empujoncitos al más alto en dirección al jardín. –Revlis quería verte ¿No? Mejor no la hagas esperar. Nosotras luego te contamos el chisme.

Él se extrañó por esas palabras, pero lo aludió a la hiperactividad de su amiga y alzó los hombros para después ir hacia el jardín.

En el camino creyó escuchar a las chicas reírse traviesamente como si le tuvieran una broma preparada, aunque no se preocupó, seguramente sabría cómo devolverles cualquier jugarreta que le hicieran.

Ojalá esto no tardara demasiado… Anhelaba quedarse un rato más hablando con su madre.

Buscó con la mirada, hasta que al fin interceptó a su amiga jugueteando con notorio nerviosismo con sus blancos cabellos. Ella no estaba al tanto de su presencia por estar concentrada en lo suyo, así que no dudó en acercarse más y llamarla.

-¡Oh, Revlis! Ahí estás.

-Licorice, viniste. –Ignorando el susto que le provocó ese repentino saludo, la semi diosa sonrió tímidamente y se levantó, disimulando sus ansias con algunas sacudidas a su falda para quitarse el polvo. Estaba segura de que se notaba su inquietud y leve sonrojo, pero su amigo no le decía nada al respecto para no molestar.

-Nunca podría no hacerlo. Dijiste que querías decirme algo importante ¿Verdad?

-Sí… V-Verás… -Ahí fue cuando retomó sus nervios, mirando hacia abajo y tomando entre ambas manos un solo mechón de cabello para peinarlo torpemente. Licorice no se hacía ni una sola idea de lo que le esperaba si la dejaba seguir hablando. –Somos amigos desde niños y… Siempre me pareciste genial p-pero… Creo que…

Sí podría decírselo.

-Mañana… Sí, me parece una buena idea. Gracias, Reficul.

Y por ese instante se permitió creer que todo saldría tal cual lo deseaba.

(…)

Me gustas…

Quiero ser tu novia.

-Tesoro ¿Te sientes bien?

Novia…

-¿Licorice…?

A.

-¡Licorice!

-¿E-Eh? P-Perdón… ¿Decías algo? –Levantó la mirada de su plato hasta los ojos ajenos, cuales lo miraban con preocupación. Fue una muy mala movida distraerse tanto durante la cena, pero le era inevitable, había mucho en qué pensar, solo que debería evitar hacerlo frente a su madre.

Tenía suerte de haber llegado justo después de que los demás hubiesen terminado de comer, seria incómodo que más de uno lo viera así.

-No tocaste nada desde hace rato y has estado callado ¿Te sientes mal? –Por precaución, Ivlis posó su mano sobre su frente, pero al comprobar que no había temperatura alta la apartó. Esto le resultaba extraño. Licorice se había ido muy animado y ahora lucía tan decaído como si le hubiese dado fiebre.

-No, no es eso. Solo estoy algo cansado. Perdona que te hiciera calentar la comida por nada… Simplemente no tengo hambre, solo quiero dormir.

No esperaba un regaño por esto, conocía a su madre muy bien como para saber qué haría.

-Ay, cielo… -Tal cual esperó, el adulto se levantó de su asiento y se acercó a besar su frente antes de tomar las cosas de la mesa y alejarse a la cocina. –No te preocupes, si te sientes muy cansado puedes ir. –No iba a retenerlo ahí, después de todo su hijo ya estaba bastante grande como para saber qué le pasaba ¿No? –Iré a arroparte después ¿Te parece?

-No hace falta, pero gracias. Puedes seguir en lo tuyo.

Así de simple, así de seco. No pudo encontrar otra forma de decirlo sin dejar helada a su madre en su sitio al tiempo en que se retiraba y no era consciente de ese detalle. No había sido con malas intenciones, solo estaba muy distraído como para pensar en dos cosas a la vez.

No, no es que esto fuera algo malo, solo… Había tomado a Ivlis por sorpresa.

-¿E-Eh? Pero… -Para cuando quiso decir algo, notó que su hijo ya se había marchado, dejándolo con la palabra en la boca.

No comprendía ¿Por qué de la nada le negaba la despedida antes de dormir? Conocía bien al joven diablo como para saber que ese gesto era infaltable durante la noche, algo que siempre lo animaba incluso estando así de exhausto o desanimado como lo veía.

¿Esto era parte de crecer, quizá…? Ojalá solo fuera un capricho del día de hoy.

Bueno, no importaba… Mañana sería su día, y se aseguraría de que así fuera. Esto no lo iba a detener.

Sí… Eso no lo detendría, pero había algo que sí lo haría.

Novia… Espero que funcione.

Fue lo único que pasó por la cabeza del más joven, apretando una almohada contra su cara.

Mañana sería un día agotar que recordar.

Novia…

Él no era el único sufriendo por esto.

-¡Mors! ¡Llegaste! –La lamia sin perder un segundo se acercó a la puerta a recibir a su amado hijo, cual respondió el saludo vagamente y con un abrazo corto antes de pasar a la casa. Se lo notaba más callado de lo normal, pero Sin lo aludió a que estaba cansado. –Te calentaré la cena ¿Sí? Reficul está en la sala. –Avisó para después retirarse.

Con un asentimiento, el joven de ojos rojos avanzó sin muchas ganas hasta donde su madre indicó y se dejó caer en el sofá como saco de plomo, totalmente exhausto y con solo ganas de dormir.

Con ganas de olvidar.

-Hijo… -La albina le llamó la atención, y dejando a un lado la revista que estaba leyendo, se movió más cerca del demonio con una notoria sonrisa suave que irradiaba curiosidad. –¿Qué tal te ha ido?

-Regular. –Balbuceó con un tono desganado, queriendo tapar la luz y sus ojos cuando posó su brazo sobre ellos, dejando desconcertada a la diablesa.

-Oh… ¿Hablaste con Revlis…? ¿Le dijiste que tú…? –El resto de sus palabras se esfumaron por completo, al ver que sin siquiera haber terminado su frase, finas gotas transparentes emergieron por debajo del brazo de su hijo, desde sus mejillas hasta el fin de su rostro.

Reficul contuvo el aire, temiendo lo peor, luchando por no entrar en pánico al darse cuenta de algo… Que estaba sucediendo algo que casi nunca veía; a su hijo llorar.

¿Pero por qué…? ¿Qué tan mal resultó?

-¿M-Mors…? ¿Qué pasó…?

Él no respondió, soltó una risa amarga y temblorosa mientras se levantaba rumbo a su cuarto. No deseaba ver a nadie ahora, ni siquiera hablarlo con sus confiables madres, no ahora que se sentía herido, y precisamente por uno de sus amigos.

-Mors… -Volvió a llamarle con una voz angustiada que él no dejó pasar por alto.

-C-Creo que Licorice me ganó…

Solo eso tuvo que decir para que Reficul cayera en cuenta de lo que hablaba, y con eso se paralizara sin poder creerlo.

-¿Él…? ¿Y Revlis…?

"Reficul… Creo que… V-Voy a declarármele a Licorice."

"¿Maou-Sama…? Creo que… Mañana le diré a Revlis lo que siento por ella."

Fue tal cual una punzada dolorosa de culpa que le recordaba que fue precisamente ella la que animó a ambos chicos a cumplir con eso.

¿Pero por qué…? ¿Por qué ahora?

No pudo pensar en ello demasiado, su hijo se había desaparecido por el pasillo y no pasaron pocos segundos antes de que Reficul se levantara y tratara de alcanzarlo, llegando a solo tocar la puerta cerrada de su habitación.

-Mors…

Su pobre hijo… ¿Qué podría hacer para consolarlo? ¿Qué podía decirle para elevar su humor? ¿Cómo calmaría su pesar a través de una puerta? El no saber cómo la llenó de impotencia suficiente para golpear la pared en un arranque de furia y frustración.

Sin embargo, otro pensamiento agravó la culpa.

...Ivlis.

-¿Uh? ¿Ustedes aquí...?

-¡Sí! Nuestros hijos quieren decirnos algo importante y ambos me insistieron en que fuera una reunión. Reficul iba a venir pero… Me dijo que su hijo estaba indispuesto.

-Qué raro… Espero que no sea algo malo.

Al otro lado del teléfono, la voz de Etihw se escuchaba muy animada y feliz, pero Ivlis aún no estaba del todo convencido. No importaba qué tan bien sonaran las palabras de la diosa pronunciadas con ese buen humor, el actuar de su hijo no le daba una buena primera impresión al respecto.

No quería hacerse ideas raras, solo confirmar que todo estaba bien. Licorice se veía tan mal… No podía esperar algo bueno de eso, pero ahora que Etihw insistía estaba en dudas.

-Descuida, Revlis me dijo que era una buena noticia. A Satanick no le importa si vamos ¿Verdad?

-¿Ese idiota? Despreocúpate. Él saldrá a visitar a su esposa mañana, le pediré ayuda a Rieta y a Medouco para preparar la cena. –Esto le haría mover su idea de confesión al otro día, pero no le molestaba en lo absoluto. Al final, si era algo importante para Licorice, prefería excluir a Satanick de ello.

-Entonces nos vemos mañana, Ivlis.

-Nos vemos, Etihw.

Una noticia… Meh, no debe ser nada importante ¿O sí…? Puedo pasar mis planes a pasado mañana o hacerlo luego de la cena… Sí, seguro que puedo.

(…)

-¡¿Dónde está Licorish?! ¡Paaaapi! ¡Poemi muere de hambre! ¡¿Por qué ese bobo no aparece?!

Era de noche en Pitch Black World, y tal cual se acordó el día anterior, en la mesa de la sala se encontraban Etihw, Kcalb, Revlis, y por supuesto el resto de la familia de Ivlis, excepto por Rieta y Licorice quienes habían estado desaparecidos desde hace un largo rato.

Por educación, Medouco no serviría la cena hasta que estuvieran todos en la mesa, y como era de esperarse, la tierna y monstruosa castaña se había impacientado tanto como para golpear a puño cerrado la mesa y exigir a quien sea la aparición de ese par.

-P-Poemi, linda, hay invitados, no te alteres. –Trató de calmarla su novio, fallando al instante por recibir de ella un buen mordisco en el brazo que le arrancó un chillido.- ¡P-POEMI, CÁLMATE! ¡YO NO SOY COMIDA!

-… Qué familia tan hermosa. –Comentó sin doble sentido y con inocencia, la diosa blanca, a lo cual su esposo prefirió callar y tapar los oídos de su hija para evitar cualquier insulto vulgar que pudiera salírsele a Emalf.

-¡J-JEFE! ¡VAYA A BUSCARLOS O ME QUEDARÉ SIN BRAZO! ¡POR FAVOR!

-¡Poemi tiene hambre! ¡Poemi va a comerse a Emalf ya! –Seguía rugiendo la aterradora loli, haciendo que su padre no lo pensara ni dos veces antes de levantarse.

-Poemi, querida. Trata de no matarlo, iré a buscar a tu hermano. –Y casi al instante en que pronunció su orden, ella suspiró resignada y dejó el brazo de Emalf, dedicándose mejor a morder el mantel.

-Qué linda pareja que hacen. –Dijo la albina con una sonrisa tierna.

-N-No tienes ni idea. –Murmuró el pobre demonio, sobándose el brazo mientras lloriqueaba.

-Me recuerdan a mí y a Kcalb. –Agregó Etihw con una mirada pícara que hizo al diablo mirar a otro lado con un sonrojo evidente.

-E-Eti tonta…

Uhn… ¿Ahora dónde se habrán metido?

Suspiró, buscando con la mirada en cada rincón.

Era extraño que Rieta no hubiera ayudado y hubiese estado tan ocupada últimamente en asuntos desconocidos que le impidieran hacer la cena, uno de sus muchos hobbies de los cuales presumía.

No le molestaba, simplemente le impacientaba que no atendieran a sus llamados para ir a la mesa a pesar de que les había avisado como diez veces.

Tenía más de un motivo para las ansias, y el primero era que esto era una cena "casi" familiar y con la inesperada visita de Etihw y Kcalb, el segundo… No quería quedarse sin subordinado o tener uno manco, y el tercero, estaba muerto de curiosidad ante el asunto importante que iban a discutir.

Puto castillo inmenso…

Tantos años viviendo allí y aún se la pasaba perdiéndose en cada pasillo.

Bueno, daba igual. No deberían estar tan lejos, tal vez a Licorice se le había armado un nudo tratando de hacerse la corbata y Rieta lo estaba ayudando.

A distancia del cuarto del más joven creyó escuchar los gritos de ambos, y aunque no entendió mucho de lo que decían creyó que se trataba de la batalla campal en contra de la prenda de los mil dolores de cabeza, por lo cual no evitó reír y pensar en una travesura descarada.

Ya que se tardaron tanto, tenía el derecho a tomar una pequeña venganza asustándolos ¿Verdad?

Lo que no esperaba, era que aquellos gritos no se debían a una burda corbata enredada.

-¿Vas en serio con todo esto? –Indagó ella con un tono preocupado, mientras ayudaba al hijo de su amo a terminar de hacerse la corbata.

A pesar del tiempo, el menor aún no sabía cómo hacerlo y había comenzado a recurrir a ella o Emalf desde hace un tiempo para ello, cosa extraña considerando que en un pasado solo se lo pedía al diablo de las flamas.

-No has dejado de preguntar esto todo el día ¿Cuál es el problema? ¿No es acaso con lo que siempre fantasearon que pasara? Te esperaba más feliz. –Gruñó, tratando de no arruinar demasiado su humor.

Hoy daría un anuncio muy importante para todos que guardaba relación hacia las inesperadas visitas y significaría un cambio brutal en su vida. Ya lo había pensado lo suficiente y se había convencido que era lo correcto, tal y como el mundo se lo insistía.

-Ella es perfecta ¿No?

-Para muchos, pero dudo que tú pienses lo mismo. –Insistió sin desear apoyar esto del todo. Se había enterado de los planes del joven diablo por pura casualidad y ahora deseaba detenerlo. Esto no le parecía correcto ni sincero.

Siempre quiso ver al niño en un noviazgo, pero no esta forma tan abrupta y... Poco natural. Lo sentía tan forzado y repentino.

-No lo hagas... Eres joven. Date tiempo. Piénsalo mejor...

-¡No hay nada que pensar, Rieta! –Exclamó alejándose para no oírla más. –Seré el novio de Revlis a partir de hoy y no hay vuelta atrás. Estoy decidido ¿Que podría impedírmelo? –No planeaba dar su brazo a torcer pero... La genio aún tenía algo que decir.

-¿Y que hay... Del señor Ivlis? –Notó los labios temblorosos del menor, dejándolo acorralado ante una verdad innegable ¿Qué? Rieta no era ninguna ciega, ninguna tonta y ninguna ignorante. Podían fingir todo lo que quisieran ante ella, pero ciertas cosas no las dejaba pasar.

El más joven se quedó mudo unos segundos y solo volteó a verla cuando tuvo valor. -… ¿P-Por qué tú…?

-Te conozco desde que eras un bebé, no creas que no me di cuenta de eso. –Desvió la mirada hacia un costado.

-¿Desde cuándo…?

-Unos años… No tengo los días contados. –Se alzó de hombros con un suspiro. –Pero eso aquí no importa. De verdad... ¿Ya no sientes nada por él?

-Tsk... –Él no tardó en volver a mirar a otro lado evitando sus ojos, apretando sus labios con impotencia. –¿No deberías ser feliz? Sé que no soy el único presente que siente algo por él… Te imaginaba feliz por tener el camino libre.

-No, no soy feliz. No cuando sé que tú no lo eres… No cundo sé que podrías ser la persona que él ha estado buscando para estar. –Le dolía, pero era la verdad, o al menos de lo que ella se convenció con el paso de los años en los que vio a madre e hijo crecer juntos. –Yo… Yo solo seré feliz si el señor Ivlis es feliz… Y no le he visto más feliz que cuando está contigo. Por eso… Es lo que yo quería y esperaba, verte con él… Pero esto… No lo entiendo y no tiene sentido para mí ¡Es obvio que tú aun lo amas! ¡Vamos, dímelo y no mientas! ¡¿Lo has olvidado... O intentas forzarte a olvidarlo?! –A este punto, le era imposible mantenerse tranquila ante la indiferencia ajena, que era casi como un detonante.

-¿Y eso qué importa?

-¿Qué importa? ¿Estás hablando en serio? –No podía creer lo que estaba escuchando de la boca del adolescente. Ni siquiera podía creerse que era el mismo que hasta hacía tan poco seguía a todas partes a su amo, destilando aquel inocente amor, que a su parecer, era muy correspondido; solo que ninguno parecía notarlo.

¿Qué rayos había sucedido a medio camino? ¿Por qué Licorice de la nada aparecía con su idea de "ser novio de Revlis" cuando jamás mostró un interés real en ella antes?

-¿Qué hay de lo que sentías por él? ¡No te creo que de la nada renunciaras a ello! ¡No trates de excusarte! ¿Por qué ahora saldrás con esto de Revlis? –No le entendía... ¿Por qué todo indicaba que se había solo rendido sin más? No quería seguir con esto... No cuando era evidente que esta decisión solo traería más dolor. -Licorice... No me mientas. Puedes confiar en mí. Te conozco desde que naciste. Tú aún...

-¡Ya te dije que eso no importa! –La calló, finalmente dirigiéndole una mirada que cargaba con el consciente desamor que aún sufría por Ivlis, pero que se mostraba decidido a enterrar para siempre, sin importar cómo.

Calmado por fin, y con la genio muda, suspiró en un intento de no largarse a llorar y ser firme con lo que diría.

-Lo de madre… No fue más que un sueño infantil que no tiene futuro para mí. –Soltó una risa dolida, aún con la memoria fresca del tiempo atrás, cuando aquellas palabras reventaron su burbuja de sueños y amor irreparablemente.

Palabras filosas y crueles que aún podría recordar… Palabras que había tratado de ignorar durante años, pero que a la hora de la verdad seguían atormentándolo.

Qué raro ¿Tantos gritos por una simple corbata?

Dudó Ivlis, curioso e impaciente mientras se acomodaba de brazos cruzados a un costado de la puerta entreabierta. Iba a asustarlos, claro está, pero no quería interrumpir lo que sea que discutieran.

Tal vez… No debió haberlo hecho.

-Lo que sentía por madre... Solo fue un error. Ya crecí y lo superé... No me iba a llevar a ningún lado ¿Sabes? Después de todo... ¿Es posible que de verdad amen a alguien tan patético, inservible y débil? ¡Por favor! De niño fui iluso para creerlo pero... Ya no más... La realidad ya la he aceptado. Es imposible que uno ame algo que ya fue ensuciado y que no sirve para nada... –Sentenció con la mirada baja.

La tensión que causaron sus palabras era tan alta que ni siquiera se percataron de que Ivlis terminó de escucharlos.

¿Q-Qué fue lo que…?

No podía creer nada de lo que estaba oyendo, ni siquiera tenía el valor para acercarse a preguntar si era cierto o no. Ya había sido comprobado, y solo le quedaba alejarse rápidamente antes de que terminaran por verlo ahí.

Pudo haberse quedado, pero no quiso hacerlo, no deseaba oír más. Una completa pena, ya que de haberlo hecho quizás su destino no hubiese terminado tan desastrosamente.

-Ya me rendí con esa fantasía... Madre... Madre no puede verme... Y no la culpo. Hasta yo opino lo mismo de mí. Solo tardé en aceptarlo... –Cada sílaba destilaba toda la resignación posible de sus labios.

Nada lo hubiera hecho más feliz que seguir con aquel sueño pero... Ya no era momento de vivir de fantasías. Ivlis nunca lo amaría como deseaba, no era digno de su amor y lo mejor, era ir acostumbrándose en lo que aceptaba aquello que el mundo tanto exigía: el afecto de la semidiosa. Al parecer ella si era capaz de amarlo, tal vez porque no supiera la verdad y así sería por siempre según sus conceptos. Sería que él mismo aprendiese a apreciarla, pues… Esto haría a todos felices ¿No?

-Licorice...Tú... No eres nada de eso... El señor Ivlis tampoco cree eso. –Murmuró, dolida de solo escucharlo. Aún el solo hacer alusión a aquella trágica época resultaba algo pesado de que hablar y le angustiaba ver que a pesar de todo, el diablo aún se menospreciara por algo que ni siquiera fue culpa suya. En momentos como este, la genio no podía evitar notarlo pero... Licorice se parecía mucho en este aspecto a Ivlis, como un detalle muy doloroso. –Por favor... El dolor te está cegando ¡No deberías perder fe u obligarte a amar, solo por…!

-¡¿Qué no entiendes?! ¡Ya no quiero oír esas cosas! –La calló con un gesto, ya harto de seguir con lo mismo. –Eso no lo decidirás tú ni nadie. Es mi vida y... Así de patética como es, ya es hora que deje de luchar contra la corriente y... Acepte lo que hay. –Suspiró, dejándola atrás al abandonar el cuarto.

Ya no le importaba lo tuviera que decir. Conociendo a la peli naranja, terminaría resignándose a su decisión. Era una fortuna que no fuese como Emalf o quizás esto no saldría como deseaba.

-Como sea, creo que ya es hora de cenar... Vámonos. –No había vuelta atrás y seguro ya todos debían estar esperándolos, y por los chillidos maricas de Emalf y los gritos de Poemi se le hacía que era peor de lo que imaginaba.

-S-Sí… Está bien. –Resignada, Rieta no dijo otra palabra y se dignó a seguirlo, aun sabiendo en el fondo que nada resultaría bien.

Un mal presentimiento la molestaba, pero no se debía a Licorice, sino a algo externo relacionado a esto… ¿Pero qué…?

Ella no podía saberlo, pero ese mal presentimiento era su amo, escondido de ellos en uno de los pasillos.

Patético… Débil…

-N-No… No…

Ensuciado… Ya no sirve para nada.

-¿P-Por qué…?

No podía estarle pasando esto, no ahora. Claro ¡Claro! Todo empezaba a tener sentido… El constante alejamiento de Licorice, sus gestos cariñosos cada día más reducidos y secos, el largo tiempo que pasaban juntos acortado… Todo tenía sentido ahora.

Finalmente todas sus pesadillas se habían vuelto realidad, todo lo que había estado diciendo a Reficul era cierto… En ese entonces quería verlo como un futuro lejano, muy lejano, pero había llegado más pronto de lo que esperaba cuando no estaba listo, cuando su hijo aún era joven.

Previsto o no… Seguía doliendo, dolía horriblemente, ninguna de sus lágrimas era capaz de expresar completamente el dolor que ahogaba su pecho mientras su corazón se fragmentaba en miles de pedazos.

-A-así que… Y-ya lo sabe… -Rio para no llorar, aunque lo le fue de mucha ayuda y solo sirvió para acrecentar su llanto

¿Por qué tenía que pasar esto? ¿Cómo fue que este momento llegó tan rápido? ¿Qué había hecho mal? De un día al otro todo se había caído ante él, ya no era más la adorada madre que alguna vez su hijo amó incondicionalmente, no era más el héroe que logró ponerle fin a las maldades de ese cruel subordinado, ya no era ese diablo poderoso que todo lo podía ante los orbes dorados del menor… Ya no, ahora ante él era todo lo que siempre fue pero su infantilismo y radiante amor no le dejó ver… Patético, inútil, un juguete desechable de turno, ensuciado, sin esperanza, sin remedio… Siempre lo supo, pero escucharlo de los labios de su amado niño era mil veces más doloroso y terrible de lo que esperaba ¿Pero podía culparlo? No…

Quizás el karma estaba castigándolo por todo lo malo que había hecho, por haber tenido la osadía de rechazar a Licorice apenas nació, por el daño ocasionado a otros inocentes, por haber lastimado a su hijo en esos tiempos que no correspondía sus sentimientos y prefería hacer la vista gorda aunque después de un tiempo fue capaz de sentir lo mismo, de todo el sufrimiento con el que su pequeño tuvo que cargar cuando había estado en las garras de Envi y él no pudo hacer nada por impedirlo o darse cuenta.

O… Tal vez no era el karma, tal vez era porque así debía ser, porque tal como había dicho… ¿Quién amaría a alguien así? Fue bonito haber soñado con que no era así, fue anestesiante refugiarse en las dulces palabras del diablo menor, en sus besos inocentes y cariñosos, en cada uno de sus gestos por demostrarle su afecto, en cada una de sus promesas donde juraba que algún día se irían lejos para vivir juntos y escapar de la monótona tortura que era vivir en aquel lugar… Había llegado al punto de desearlo con la misma fuerza que él, había llegado a imaginar que ocurriría tal como él se lo prometía y mucho más. Pero solo fue iluso y tonto ¡Era un niño, por dios! ¡Inocente, sin saber de lo que hablaba! ¡Era verdad! Nada bueno dura demasiado.

-C-Creciste… demasiado rápido… -Sollozó abrazándose de las rodillas, buscando consuelo donde no lo había ¿Esto era un sueño? ¿Era una pesadilla? ¿Podría despertar solo para darse cuenta de que Licorice estaba a su lado y lo abrazaría para calmarlo? Igual que aquella vez… Aquellos días en los que no sabía valorar lo que tenía en frente, cuando no sabía que trataba con la persona que merecía ser correspondido, pero era tarde para eso.

Jah… En parte, se sentía afortunado… De no haberse enterado de esto hubiera quedado completamente humillado apenas tratara de declararle sus sentimientos. No quería ni imaginarlo, sería más de lo que podría soportar.

Se levantó unos minutos después, tembloroso pero logrando secar sus lágrimas y hablar normalmente a pesar de su nudo en la garganta.

Escuchaba los gritos de su hija y le tocaba ir donde los demás para hacer que la cena empezara de una buena vez. No quería ver a nadie, solo quería encerrarse en su cuarto a llorar, pero debía ser fuerte y comportarse como el adulto que era aunque por dentro se derrumbara.

Afortunadamente llegó poco después de ellos y se ahorró el malestar de cruzar miradas con Licorice, sentándose en su sitio con la mirada baja mientras los demás terminaban de saludar al joven diablo y Rieta.

-¡Papi, te tardaste! ¿Qué pasó? –Interrogó la demonio para luego seguir devorando en lo que esperaba una respuesta.

-S-Solo me perdí buscando… Nada más. –Respondió en voz baja, para hacer menos notorio que estuvo llorando.

De todos modos, no fue del todo necesario, ya que unos segundos después Etihw llamó la atención golpeando levemente su vaso con una cuchara y levantándose por unos segundos.

-¡Chicos! ¡No sé si ustedes lo sepan! ¡Pero hay algo que Revlis y Licorice quieren decirnos! ¿Verdad, amores? –Parecía feliz, radiante, sonriente, mientras apretaba la mano de su esposo y le hacía un gesto a su adorada niña albina para que hablase. Los demás silenciaron atentos, Ivlis por otro lado enarcó una ceja mirando a su hijo con mala espina. Prometió no hacerse ideas tontas pero… No podía ser lo que estaba imaginando… ¿Cierto? ¿Por qué otro motivo la semi diosa miraba así a Licorice?

Y no solo ella se lo hacía creer, Licorice le ayudaba a sospechar enfocándose solo en ella. No retrocedería... No podría aunque quisiera. Supo que sería imposible apenas Etihw los apresuró para hacer el anuncio.

Rieta se mantuvo callada, concentrada en solo terminar de servir cada platillo. No quería ver ni oír lo que se avecinaba. Seguía totalmente convencida en que todo era un error pero... Era imposible detener a Licorice.

-¿U-uh? ¿Eti? –El esposo de la diosa la miró confundido. No estaba seguro de que sucedía y miraba desconcertados al par mencionado, sin saber que esperar. Para colmo la mirada picarona de su esposa y su ignorancia no ayudaban a que se hiciera una idea.

-¡Shhhhh! ¡Silencio, cariño! ¡Verás que es importante! –No contuvo su emoción y ansiedad a medida que los dos menores hablaban nerviosamente y buscaban la forma de soltar la sopa. Ella al contrario de los demás excepto Rieta, sí estaba enterada de todo porque Revlis quiso asegurarse de que ella controlara a Kcalb en el caso de que mostrara una nueva y desconocida faceta de padre sobre protector… Si es que la tenía.

-S-Sí... Tenemos un anuncio. –Balbuceó la albina con un suave e inocente sonrojo, a la par que tomaba la mano del más alto, quién sonreía enigmáticamente. –Y-Yo... Bueno... Nosotros... –De verdad lucía muy nerviosa, pero no tuvo que preocuparse mucho, pues el diablo más joven colocó su mano libre sobre su hombro y le dedicó una mirada amable antes de decidir hablar por ella. –Gracias...

-Lo que Sil trata de decir es que... –Se forzó solo en observarla a ella, con tal de no demostrar titubeos o dudas. –Que estamos saliendo. –Terminó al fin de confesar, manteniéndose ajeno a las diferentes reacciones que provocó con aquella declaración. –Somos oficialmente novios desde ayer. –Sentenció, dejándose llevar por las felicitaciones, rostros alegres y el sonoro grito de emoción que soltó su pronunciada suegra apenas lo mencionó, y escondiendo su ansiedad por buscar con la mirada a su madre. No lo haría. No debía.

Ya era hora de aceptar lo que tanto el destino y los demás presionaban porque viese. Revlis era su novia, su escape, su fantasía, su única opción. Ya no se aferraría a nadie más y enterraría ese cálido y latente sentimiento incestuoso para siempre.

-¡AAAAAAAAHH! –Etihw seguía chillando presa de la alegría, siendo la primera en levantarse de su asiento a abrazarlos como si fuese la primera vez que lo escuchaba. –¡Estoy tan feliz por ustedes! ¡Siempre supe que terminarían juntos! ¡ERA TAN OBVIO! ¡¿No es verdad Kcalb?! ¡Tú los veías jugar juntos! –Junto a ella, los demás miembros de la familia iban felicitando al par de tórtolos, exceptuando al diablo de llamas que no había formulado palabra o mostrado otro semblante que no fuera el de shock.

¿Novios…? Ella… Ella y él…

No podía comprender, casi al igual que Kcalb.

-¿Q-qué...? –El pobre del diablo negro ni siquiera tuvo tiempo de digerir por completo la noticia cuando todos a su alrededor ya estallaban en felicitaciones y gritos de alegría ¿Qué rayos? ¿Cómo era que...? No sabía que decir o cómo reaccionar en lo que su esposa lo picaba y zarandeaba un poco entre sus chillidos de emoción. –Q-Que... Inesperada noticia. –Por algún motivo extraño, él realmente no había visto venir esta relación en lo absoluto pero... Estaba feliz por su hija, aunque la creía algo joven para esto aún. Bah... Cosas de viejos, quizás.

-¡Una semi diosa y semi diablesa y un diablo puro! ¡Me pregunto qué saldrá de todo esto! ¡Necesito verlo! –Seguía diciendo la diosa.

-¡Wow! ¡Licorish al fin tiene novia! –Exclamó emocionada, Poemi, mientras felicitaba de igual modo a su hermano, aunque estaba sorprendida. Siempre creyó que Licorice era homosexual pero... ¿Qué más daba? ¡Su hermano estaba con alguien! Y ella que pensó que nunca encontraría a nadie.

Rieta no reaccionó igual, pero aun así no le dijeron nada por eso. Ella tendía a ser tranquila ¿No? –Uh... Sí, felicidades –Sonrió débilmente, mientras que en su interior seguía preguntándose qué tanto duraría esta farsa. Solo le quedaba suspirar y suplicar al destino que el anhelado y merecido final feliz llegase a sus amos algún día. No podía hacer más.

-Woah, felicidades, viejo ¡Arrasaste! –Dijo Emalf, palmeándole la espalda entre felicitaciones, creyendo por un segundo que todo el asunto de Licorice e Ivlis estaba enterrado en el pasado y no lo había notado hasta ahora. Sí, se había extrañado bastante por esto, pero debido a que Licorice no le había vuelto a hablar del tema hace años… No había por qué sospechar de nada.

-¡Eres suertuda, Revlish! ¡Mi hermano es el chico más cursi que vas a encontrar, cuídalo bien!

-¡Gracias, Poemi! –Sonreía con genuina alegría marcado en su rostro, totalmente contagiada por la euforia de su madre y el resto como para notar algo más.

-¡Y tú! ¡Tu novia es muy linda, así que cuídala también, tonto! –Reclamó luego, con un poco serio tono severo de hermana mayor.

-Seh, seh. Gracias, enana. Lo tomaré en cuenta. –Él por otra parte sonreía falsamente, intentando dejarse hipnotizar por las felicitaciones y luchando contra su deseo de voltear hacia la dirección por la cual su madre, cual notaba que estaba muy callada desde el anuncio.

Qué raro. El amor o la palabra novia, lentamente iban tornándose conceptos vacíos y sin sabor.

-Mi viejo ya es todo un hombre, creo que voy a llorar. –Volvió a decir el demonio de gafas, volteando a su jefe, quien sorprendentemente en vez de decir nada se levantó bruscamente y se alejó por los pasillos sin añadir palabra. Ni siquiera un mísero "felicidades". –¡Señor Ivlis! ¿No dirá nada? ¡¿Eh?! ¡¿A dónde se va?!

-Uh… Solo me voy a dormir, estoy cansado, es todo. –Se excusó pobremente forzando una sonrisa y sin atreverse a cruzar miradas con su hijo y los demás, solo limitándose a chasquear la lengua con un nudo en la garganta mientras se alejaba. –Estoy feliz por ustedes… En fin. Gocen de la cena. Me voy…

-¿E-Eh? Me lo imaginaba más feliz. –Murmuró Etihw, ignorante de cómo Rieta miró molesta a Licorice, como si deseara comunicarle que dejara de estar ahí parado y fuese a hablar con él.

-¿P-Por qué yo…? –No es que no quisiera verificar el estado de su madre ni nada, simplemente no podía verle a los ojos ahora.

-¡Ve! ¡Te lo estoy ordenando! –Exigió de nuevo, logrando por fin que el más joven bufara de fastidio pero que al menos fuera tras su madre.

-¡Madre, espera!

¿Qué quiere ahora…? N-no se habrá dado cuenta ¿Verdad?

-¿Sí…? ¿Qué pasa?

Se sorprendió ligeramente de solo escuchar esa voz resignada y triste ¿Ahora de qué se perdió? No creía haber dicho nada malo ¿O sí?

-¿T-Te sientes bien…? Es que no has dicho nada y…

-¿Qué esperas? ¿Que me ponga a gritar como todos? Esto pasaría algún día, no creas que es algo extremadamente raro.

¿Qué acababa de oír…? ¿Por qué…? ¿Por qué de pronto Ivlis le hablaba de esa manera, como si no importara lo que le pasara?

… No, más bien como si no le importara él ¿Para qué se sorprendía? ¿No le sirvió de algo escuchar lo que pensaba hace años?

Sin embargo, eso no evitó que le molestara. –¿Cuál es tu problema? Es algo importante para mí, yo pensé que tú… ¿Sabes qué? Olvídalo. Si me quieres felicitar o no, allá tú, no me interesa.

Ivlis pudo simplemente dejar las cosas así, en vista de que había hablado de más, pero…

-H-Hey, espera. –Bien, su hijo se detuvo, eso ya decía algo. –Lo siento. Es solo que… M-Me tomaste por sorpresa y… Por Vicers, creces muy rápido, yo simplemente… Quiero digerir esto. Pero… No creas que no estoy feliz por ti, lo estoy. De verdad…

-¿En serio…? Pensé que no te importaba.

-Me importa, estoy tratando de que no me choque demasiado. –Suspiró, tratando de darle su sonrisa más real. –Felicidades… Espero que ustedes sean muy felices juntos. –Sin que llegara a esperarlo, en un dos por tres quedó aprisionado entre el abrazo cariñoso del más joven.

-Gracias… M-Me preocupaba que no te lo tomaras bien.

-P-Ppfff… ¿Por qué lo haría…? –Correspondió con todas las ganas que pudo dándole un par de palmadas en la espalda antes de soltarse. No, no quería abrazos ahora, solo estar solo. –Vuelve allá… Ella seguro que quiere celebrarlo contigo ¿No?

-Pero… Vine a ver cómo estabas ¿Seguro que estás bien?

-Solo me siento algo sofocado y cansado. No detengan la fiesta por mí. –Hizo un gesto de restar importancia y se alejó hasta la puerta de su habitación. No quería más peleas, dejar las cosas así era lo mejor. –No se duerman tarde ¿Sí?

-Uh… De acuerdo. –No quedó tan convencido con sus palabras, aunque la advertencia sobre ir a dormir temprano sí puso sus sospechas en duda, por lo cual terminó haciendo caso y regresando a donde el resto de su familia esperaba.

No había más que cuestionarse. Estaba haciendo lo correcto ¿No? Ya casi era un adulto, ya era hora de que dejase de aferrarse a un amor que no podría ser y que aceptara el camino que la vida le insistía por tomar.

¿Quién sabe? Tal vez podría enamorarse totalmente de Revlis ahora que la conocía más y su cariño iba apenas floreciendo. Era lo mejor para todos, para él y... Para su madre. Ivlis merecía a alguien mejor, y puede que ahora que iba quitándose de su camino, lo encontrara... Nunca creyó que se equivocaría tan dolorosamente.

-¡Ahora, vamos a comer, que estoy segura de que Rieta preparó algo bueno! –Alcanzó a escuchar de Etihw antes de cerrar la puerta.

¿Por qué no puedo estar feliz por él…?

Se supone que el amor era así… No siempre sería correspondido, y si de verdad amaba a su hijo, entonces una mitad de él debería sentirse bien por su alegría.

Pero… Es solo que no evitaba sentir que no había tal cosa.

Tsk… Son ideas mías.

No había forma de que fuese falso, después de todo… Revlis era perfecta, lo sabía más que nadie. No sería extraño que Licorice también quedara prendado de su belleza y personalidad.

De esa voz risueña, de esos ojos llenos de brillo, de esa eufórica juventud, de ese cabello blanco… De esa chica hermosa, agradable y libre de mal… Mil veces preferible en vez de una basura como él.

Amando a tu propio hijo y aun creyendo que un ser como tú tiene derecho a sentirte mal por un rechazo tan obvio… Qué patético… Que sucio… Sucio… Sucio, sucio, sucio, sucio… ASQUEROSO, ASQUEROSO, DAS ASCO.

-¡¿POR QUÉ TIENES QUE DAR TANTO ASCO?! ¡¿POR QUÉ FUISTE CREADO ASÍ?!

Fue el espejo del mueble a metros de su cama que pagó el precio bajo sus garras, quedando reducido a un cristal rayado incapaz de reflejar.

-… ¿Por qué… No puedes tan solo estar feliz por él?

"No sirve para nada…"

-Te odio… ¡TE ODIO!

No había un reflejo visible al cual hablarle, pero… Aun así supo bien que no era Licorice a quien le diría algo así.

Me odio.

Había que aceptarlo, su hijo no solo lo despreciaba y lo creía menos…

Él encontró a alguien mejor… ¿Verdad?

Ahora solo quedaba aceptarlo y vivir su vida como siempre lo hizo… ¿No?

(…)

"Revlis esto, Revlis aquello… Saldré con Revlis."

Revlis, Revlis, Revlis…

Era como si no escuchara otra palabra cuando su hijo le hablaba.

Las cosas habían sido así desde que el joven diablo y la semidiosa comenzaron a noviar ¿Le extrañaba? En lo absoluto, siempre supo que las cosas se volverían así cuando el tiempo pasara.

Cuatro años desde aquel entonces…

Sería un alivio decir que todo siguió normalmente luego de eso, pero no fue tan así. Al menos no desde que pasaron los meses hasta volverse años.

Los primeros días… No, los dos primeros años… Nada parecía haber cambiado. Todo lo que caracterizaba su día a día seguía intocable, desde las persecuciones de Satanick hasta los rescates de su heroico hijo… Hasta esas charlas amenas, momentos que compartía con él cada tarde que se les presentaba la oportunidad y bailes cortos para pasar el rato.

Pero entonces, cuando menos lo esperó… Solo veía a Licorice a la hora de comer, y a veces ni eso, porque se quedaba con su novia en Gray Garden o salía con ella a algún lado.

Esta vez no era del todo diferente, aunque… Más que estar ausente, Licorice solo estaba centrado en hablar con Emalf, Poemi y su novia en la sala. Podía participar, es verdad, pero se sentiría mal tercio, además aun no terminaba de ayudar a Rieta con los platos.

Harían limpieza de primavera y decidió ayudar un poco con eso, no tenía nada mejor que hacer y no quería dejarle todo el trabajo a los subordinados.

-Ya terminamos por aquí… Yo voy a seguir con el baño ¿Qué tal si revisa su cuarto, señor Ivlis? Tal vez encuentre algo que no le sirva y podamos tirar. Esas cosas juntan polvo. Y yo…

-Sí, lo odias. –Completó terminando de secarse las manos con una servilleta. –Uh… No creo que vaya a encontrar mucho.

-Aun así, también puede aprovechar para ordenar un poco.

-De acuerdo. –Se alzó de hombros sin mucho más que decir tomando una de las cajas que Rieta le ofreció para ir a su cuarto. Realmente no tenía mucho de qué deshacerse, quizá nada, él no era de acumular cosas viejas y lo máximo que podría tirar sería alguna cinta vieja o rota que haya terminado por ahí.

Empezó por los estantes, pero solo había hojas empolvadas y amarillentas, lápices rotos y gastados y gran cantidad de polvo. En su closet no encontró casi nada, alguna que otra calceta rota o sin par y papeles de dulces en los bolsillos de los abrigos.

Al menos esta falta de basura probaba que a pesar de todo no pasaba mucho tiempo en su cuarto.

Bajo la cama no había nada, así que solo le quedaba por revisar en los cajones, no halló más que lo mismo que en su closet y tal como esperaba dos o tres cintas rotas.

El último cajón era innecesario de revisar, ahí no guardaba cualquier basura, tenía cosas que le pertenecían a sus hijos. Montones de dibujos de su infancia, primeras fotos, tarjetas que recibió para el día de la madre o el padre, flores que habían perdido la frescura… Ese tipo de cosas que de vez en cuando disfrutaba mirar para recordar esos días en los que sus hijos eran pequeños.

Una miradita no haría daño ¿Verdad? Le quedaba mucho tiempo para seguir ayudando con la limpieza y técnicamente había terminado antes de lo que cualquiera haría. Sin pensarlo mucho más, abrió el cajón extrayendo las primeras hojas que pudo ver.

Eran los "tiernos" dibujos de su hija, excedidos en rojo y… Sangre… En fin, cosas normales de su pequeño monstruo. Incluso para dibujar tanto contenido sangriento sabía cómo expresar afecto en alguna que otra hoja donde aparecía su familia, o tarjetas del día del padre… Muy rosas y detalladas para su gusto, pero lindas.

Sonrió para sí mismo dejando esas cosas en su lugar, extrañado al notar que solo estaban las cosas de Poemi, pero faltaban las de Licorice.

Qué raro, creería haberlas guardado aquí.

Pensó, revisando una segunda vez consecutiva, hasta que pensó que podría haberlos dejado en el cajón que estaba en su mesita de noche, pero no… Ahí tampoco había nada.

-¿Pero dónde…? –Bien, a este punto ya no tenía más alternativas para buscar ¡Estaba más que seguro de que ahí mismo tenía los dibujos y regalos de su hijo! ¡¿Pero por qué no estaban?! Hubiera estado un largo rato buscando con desespero y paranoia en cada rincón, sin embargo recordó entonces que él no era el único con el afán de guardar con recelo cada recuerdo del joven diablo.

ESA BASURA DE MIERDA SE LOS ROBÓ.

Y hablando del pobre diablo de Pitch Black World, él no podía estar más ajeno al problema de Ivlis, perdiendo tiempo en su oficina con cualquier cosa que encontraba. También estaba ayudando con esto de la limpieza de primavera, pero su oficina era amplia como para dejarle el trabajo a otro.

-Diccionario… Archivos, más archivos… ¡El Kama Sutra! ¡Aquí estás!... Meh, no sirve, ya me lo sé de memoria. –Murmuraba en voz baja, tirando cada cosa que creía inútil en una pila de más objetos incapaz de seguir sosteniéndose en una sola caja de cartón.

Bah, mientras nadie la moviera, esa montaña sería capaz de durar un rato más.

-¡TÚ!

Y no duró mucho, porque sin que lo previera, Ivlis entró mandando al carajo cualquier cosa que se le interpusiera para llegar hasta Satanick y sujetarlo del cuello de la ropa.

-¡¿Q-Qué…?! ¡Hey, la gente normal toca antes de entrar! –Se le hacía que Ivlis no estaba de buenas, precisamente con él… Pero ¡¿Por qué?! ¡¿Qué hizo él esta vez?!

-Hijo de… ¡Entraste a mi cuarto! –Eso era lo de menos, en realidad, pero si lo notaba nervioso es porque estaba en lo cierto.

-Dime algo que no sepa… ¡E-ESPERA, CUCARACHA, EN LA CARA NO, DE ESO VIVO! –Era mejor que empezara a maquinar su cerebro y encontrar el problema que causó ahora, porque no le apetecía que el diablo de flamas le abollara la cara a golpes por algo que no sabía. –¡¿Q-Qué fue lo que hice?!

-¡TE ROBASTE LAS COSAS QUE GUARDABA DE LICORICE, PROSTITUTO BARATO!

Ok… Ok… Luego de haber escuchado esa acusación evidentemente falsa y sin fundamento, el diablo de Pitch Black hizo un gesto de no entender e inclinó la cabeza a un costado. Hey, es cierto que era un aficionado a los hijos al igual que Ivlis, pero cada recuerdo de la infancia de Licorice él se los ganó limpiamente luego de una brutal batalla campal.

… Aun recordaba sus huesos rotos cuando pelearon por su primer diente. Era irónico que Ivlis fuera fácil de vencer cuando peleaba por honor y un ser indestructible cuando se trataba de su aura materna.

¡Y bien! ¡Eso era una prueba suficiente! ¡Sabía que si se atrevía a llevarse un solo dibujo Ivlis se daría cuenta y él sería historia! Era tonto, pero no suicida, sabía bien con qué cosas podía molestar a la cucaracha y con cuales no le convenía si quería vivir.

-H-Hey, yo no me robé nada… Para lo único que he entrado a tu cuarto es para robarme alguna que otra camisa tuya, pero no tocaría las cosas de nuestro hijo. No soy tan idiota como para arriesgar el pellejo de esa manera.

-¡No pudo haber sido otro más que…! ¡¿CÓMO QUE TE ROBAS MIS CAMISAS, HIJO DE LA CHINGADA?!

-¡E-Eso no importa! ¡Ya te dije que yo no toqué nada que tengas guardado de él! –Cerró los ojos en caso de esperar un golpe, pero en vez de eso Ivlis gruñó y lo soltó.

-Bien… Te daré el beneficio de la duda, pero si me llego a enterar de que fuiste tú te espera una lanza por donde no da el sol. –Declaró severamente antes de azotar la puerta y dejar el lugar, muerto de rabia.

Satanick por otro lado trataba de acomodarse la ropa luego del pequeño ataque, volviendo a su tarea con los libros viejos.

A veces me pregunto en qué estaba pensando cuando elegía a este lunático para tener un hijo…

Y hablando de ese lunático, ahora mismo estaba buscando a la única persona que podía responderle, si es que Satanick estaba diciendo la verdad.

Dudaba mucho que él haya sido el "autor del crimen", pero mejor prevenir que lamentar. Si tenía suerte, le daría motivos para ir a amenazar al otro diablo y sacarle la verdad a golpes.

-¡Licorice! ¿Puedes venir un segundo? –Afortunadamente, lo alcanzó antes de que se marchara con sus otros tres acompañantes. El joven no tardó en acercarse luego de dar un aviso corto a la albina.

-¿Qué pasa, madre?

-Mira, estaba haciendo limpieza en mi cuarto, revisé en uno de mis cajones y… ¡T-Tus cosas! ¡No están tus cosas! –Quería estar calmado para explicar a detalle, pero no podía, esto lo superaba.

-Mis… ¿Cosas? –Licorice alzó una ceja, sabiendo a qué se refería su madre, pero impresionado de que justo ahora notara la ausencia de dichos objetos. -¿Te refieres a mis dibujos?

-¡Y las tarjetas, y algunas fotos y unas flores…! ¡Estoy seguro de que tu padre se los robó y los escondió en algún sitio! ¡¿Puedes creerlo?! –Pudo quejarse por más tiempo, pudo seguir creyendo en que el indudable culpable era Satanick, de hecho a Licorice le tentaba la idea de dejarlo seguir pensando eso para que lo apaleara, pero le sabía mal mentir con este asunto.

-Madre… El que sacó las cosas de ahí fui yo.

-T-Tú… ¡¿Q-Qué?! –De acuerdo… Esto no lo había esperado, pero al menos obtendría las respuestas que estaba buscando. –Qué alivio… Eso significa que sabes dónde están.

Pero no obtuvo respuesta rápida, antes de eso su hijo perdió la mirada en un punto fijo y empezó a jugar nerviosamente con sus dedos buscando la manera de hacerle saber la verdad.

O más bien, una mentirita piadosa que lo sacara de eso.

-Yo… Yo tiré todo.

Fue suficiente para impactar a Ivlis y dejarlo mudo unos instantes en los que trataba de procesar lo que acababa de escuchar.

-P-Pero… Pero…

¡¿A qué se refería con que se deshizo de todo?! ¡¿Por qué?! ¡Se supone que eran cosas que hasta él veía como importantes!

Debería estar sumamente alterado, pero la tristeza que le provocaba haber perdido para siempre esos recuerdos invaluables era suficiente como para apagar su furia.

-¿Por qué…? E-Eran cosas importantes.

-Madre, solo eran dibujos viejos. Ni siquiera eran buenos, las flores ya estaban marchitas, solo iban a traer más polvo, las fotos siguen en los álbumes… No eran cosas importantes.

-Para mí sí eran importantes… ¡Eran cosas de tu niñez, maldición! ¡¿En qué pensabas al tirarlas sin decirme?!

A pesar de todo, Licorice no se mostró alterado o molesto, no se sentía en ese derecho. –Perdón… Es que… De todos modos lo hice hace años, no creí que te darías cuenta tan tarde.

Es cierto que quemadas o tiradas, de cualquier manera no podía recuperarlas, pero… Esa mentira dolería menos que la verdad, tanto a Ivlis como a él, que aun no le gustaba recordar la noche en la que se deshizo de esas cosas.

-Lo siento… Solo pensé que querrías más espacio en tus muebles y… N-No les vi utilidad.

-No, descuida… Tienes razón. –Suspiró. Su hijo no lo hizo con las intenciones de causarle dolor, solo quería ayudarlo ¿Y para qué reclamarle? Estaban hablando de algo que ocurrió hace mucho tiempo, algo de lo que él debería haberse percatado antes. No ganaría nada con esto. –No quise gritarte. Solo… Me parecían cosas valiosas. Pero si ya no existen no puedo hacer nada.

El diablo más joven sintió una punzada de culpa, capaz de notar lo mucho que había afectado a su madre por algo tan egoísta, pero sin desear tocar más la llaga. Mejor si lo olvidaban ahora.

-De verdad… Perdóname. No creí que…

-No, no… Por favor no digas eso. Ya te lo dije, está bien… -Ivlis lo calló rápidamente alcanzando su mejilla para darle una caricia y mostrar una sonrisa suave que demostrara que no estaba tan mal. –Gracias por el espacio, tesoro, sé que no lo hiciste de mala intención. Ahora… Voy a dejar de robarte tiempo, es mejor que te vayas.

Licorice se quedó ligeramente dudoso de qué tan sincero estaba siendo, pero en vista de que lo esperaban, se dignó en darle un abrazo corto a su madre como despedida, y por qué no, un intento muy vago de consuelo.

-Gracias por no enfadarte, madre. Eres el mejor.

Ivlis correspondió cariñosamente y finalmente lo dejó irse, haciendo una señal de despedida agitando su mano.

No fue hasta que lo perdió de vista por la puerta cerrada que la sonrisa de borró de su rostro.

¿Por qué…?

No valía la pena seguir pensándolo… ¿O sí? Su hijo fue más que honesto, haciéndole pensar que estaba quedando en ridículo al darle tanta importancia a cosas viejas y gastadas como esas.

Cosas… Cosas poco importantes…

Al menos esas cosas me recuerdan que para ti yo era algo.

(…)

Risas, anécdotas y bromas… Todo eso lograba romper el silencio en la sala, cual había dejado después de terminar de cenar. Él y el resto de los adultos habían terminado antes, y ahora la mesa de la sala estaba ocupada por Glasses, Kiku, Mors, Licorice, sus seis amigas, Emalf, Poemi y claro, no podría faltar Revlis.

Fue por la tarde que el menor le había preguntado si sus amigos podían quedarse unas horas. No supo si fue por la curiosidad que le provocó que no pidiera permiso para quedarse en Gray Garden o el deseo de que se quedara, pero fuese lo que fuese terminó aceptando.

No se quedarían a dormir, eso estaba asegurado, aunque igual temía que Yosafire o Rawberry rompieran algo.

A medida que el tiempo pasaba, cada quien iba regresando a sus asuntos y hogares respectivos. Glasses iba a quedarse en casa de su madre junto a Kiku, por lo cual se fue primero. Froze insistió en que era tarde, así que se llevó con ella a las demás. Más tarde se fue Mors, alegando que a sus madres se les hacía costumbre despertarlo temprano, Emalf se fue a exigencias de Poemi, quien quería "jugar con él", y Revlis… Ella seguía ahí, hablando entusiasmadamente con su novio.

No era raro que fuese la última en irse, pero la hora le decía otra cosa.

Ella no va a quedarse a dormir ¿Verdad?

Un momento ¡¿Y a él qué le importaba si eso pasaba?! Por Vicers, no debería estar tan metido en temas ajenos, ni siquiera si se trataban de su hijo. Él dijo que la llevaría a su casa cuando el momento llegara y eso era todo.

Además ¿Por qué le preocupaba? Es decir, no era un hombre conservador como para suponer cualquier cosa… Era anticuado, pero no tanto, si fuera conservador no permitiría que Emalf fuese el "esclavo de amor" de su hija.

Agh… Tal vez solo estaba estresado por el tema de los dibujos y necesitaba distraerse.

Ahora que recordaba, le había prometido a Rieta que él se encargaría de volver las sillas de la sala a la cocina, buscar la ropa sucia de sus hijos y mover las cajas con cosas viejas a la sala para decidir al día siguiente qué harían con ellas.

Pobre de su amiga, ella había hecho casi todo el trabajo en la limpieza de primavera por su odio al polvo y estaba exhausta, no pudo permitirle seguir con las tareas. Él tenía energía, podía hacer esto rápido y de paso dejaría de pensar como tanto deseaba.

Entre esas tareas, ni siquiera se había percatado de que Licorice y Revlis ya no estaban en la sala.

Uhn… Seguro que la llevó a su casa.

Pfff, y él que estaba tan preocupado por nada.

Al menos ya no tenía que encargarse de nada más que no fuera terminar de traer la última caja repleta de cosas inútiles del cuarto de Emalf y buscar la ropa sucia de sus hijos.

Ya había pasado la media noche, lo cual llegó a sorprenderlo un poco ¿Qué tanto se tardó en pasar esa basura?... Al ver la cantidad de cajas supo que el tiempo que ocupó estaba bien justificado y le sorprendió no tener dolor en la espalda aun.

Solo la ropa y ya puedo ir a dormir.

Suspiró de alivio tomando la cesta vacía y empezando su recorrido de cuarto en cuarto. No fue necesario evitar el de su hija, puesto que ella dijo que se llevaría a Emalf a una habitación de invitados porque "quería cambiar de ambiente esta noche"… En fin, detalles que al menos le hacían saber que no debería temer a entrar al cuarto de la chica.

Le sorprendió la excesiva cantidad que encontró en el cuarto de Emalf, pero al final no pensó en quejarse por ello, ya conocía a su subordinado, era el desorden en persona.

Para su desgracia tuvo que llevarse la de Satanick también, pero al menos el tarado seguía despierto leyendo en su oficina toda babosada que le interesó y encontró en su limpieza, lo cual le ahorró un momento desagradable de entrar a su habitación con él presente.

Solo quedaba el cuarto de Licorice, tan solo esperaba no hacer mucho ruido al entrar, no quería despertarlo si es que ya estaba dormido. Eso sí, pensaba dejarle algún beso en la frente de la buenas noches como solía hacer.

… Pero no fue así.

Apenas se fue acercando a paso lento y tranquilo a la puerta, una sensación de incertidumbre lo hizo detenerse y guardar silencio.

¿Estaba enloqueciendo…? ¿O eso que escuchaba eran voces? Sí, lo eran… Eran dos voces distintas y un ligero sonido de algo golpeándose.

Con aquel mal presentimiento pudo haberse dado la media vuelta y alejarse, pero no lo hizo, en vez de eso se acercó más de forma cautelosa. Y lo que creyó como una simple alucinación por el sueño se hizo más real a medida que se acercaba a la puerta.

Nunca se había arrepentido tanto en su vida de hacer caso a su estúpida curiosidad… Fue un golpe bajo de la realidad cuando apenas tocó el picaporte con intenciones de preguntar qué era todo ese ruido.

-M-Mnh… L-Licorice… ¡A-ah!

¡¿Q-Qué?!

Fue un milagro que no dejara caer la cesta en ese mismo instante o se le escapara algún sonido ante la sorpresa que lo delatara y causara un momento incómodo.

Esa… Esa era la voz de Revlis, no podría ser otra ¿Pero por qué? ¡Se supone que ella se había ido a su hogar! ¡¿Qué hacía aquí?! No, esa no era la pregunta, sino más bien ¿Qué diablos estaban haciendo los dos?

¿La respuesta? Muy obvia pero incapaz de aceptar para Ivlis, quien aún envuelto de pánico no podía mover las piernas para alejarse, a pesar de que deseaba fuertemente no escuchar más de lo que ya de por sí hizo.

¿Por qué seguía ahí parado como un tarado? ¡¿Por qué sus piernas no hacían más que temblarle y los ojos aguársele de esa manera?!

¡¿POR QUÉ NO SIMPLEMENTE REACCIONABA Y SE IBA?!

-¿Estás bien…? N-No te estoy haciendo daño ¿Verdad…?

-N-no… Está bien… Y-Yo… Siempre estaré bien si es contigo… Te amo… Te amo mucho.

Y-Yo no quiero…

-También te amo…

YO NO QUIERO SEGUIR ESCUCHANDO.

¿Suerte? ¿Adrenalina? No estuvo muy seguro de qué fue, pero al fin pudo moverse y correr lo más lejos que pudo del cuarto ajeno, agradecido de no haber sido escuchado por nadie más que Satanick que lo vio pasar a puerta abierta de su oficina y si bien no dijo nada, se consternó levemente de verlo así.

No se fijó dónde dejó el cesto de la ropa, solo lo puso en algún sitio de la sala y cerró detrás de sí la puerta de su cuarto para apoyarse sobre ella.

¿Por qué tuvo que toparse con esto…? ¡¿Por qué?! ¡Solo quiso buscar la maldita ropa!

¿Y por qué su hijo no le fue sincero…? ¿No le había dicho acaso que iba a dejarla en su casa? ¿Le había mentido o algo así?

Qué horrible… Creyó haberse acostumbrado a esta relación desde que inició, pero la punzada asfixiante en su pecho seguía doliendo de la misma manera infernal que la primera vez.

Él más que nadie sabía que esto tendría que ocurrir, que era algo natural y no debería alterarse… ¿Pero qué más esperaban de él? ¡Estaba enamorado de Licorice, por Vicers! ¡De ninguna manera esto llegaría a parecerle algo bueno! De ninguna manera se sentiría bien escuchando esas palabras.

Sería honesto, podía vivir sabiendo que su hijo no lo amaba como él deseaba, pero no era capaz de tolerar desprecio y verlo amando a otra persona. Sí, sonaba inmaduro, sonaba tonto, pero era así… Es por eso que no toleraba tanto tiempo cerca de él cuando Revlis estaba presente.

Esas palabras no dejaban de resonar en su mente, recordándole el pesar que había ocultado lo mejor que pudo estos años.

"También te amo…"

Que esas eran palabras que jamás escucharía dirigidas hacia él.

No creyó que algo así se sentiría como un golpe bajo en el estómago.

Patético…

No quería ahogarse en un vaso de agua, no quería ser tan estúpidamente dramático y seguir llorando de esa manera. Era un adulto ¿No debería ser maduro y afrontarlo?... Sí, debería, pero él era patético y débil ¿Verdad? Tal vez por eso se le partió tan fácilmente el corazón por unos dibujos perdidos y un "te amo" a alguien más.

Tal vez por eso…

Le destrozó que el ahora opacara el ayer, en el cual se refugió durante tanto tiempo.

(…)

-¡Muchas gracias por ayudarme con las tareas, señor Ivlis! Espero no haberle quitado mucho tiempo de sueño.

-Meh… Descuida, me quedé despierto por otros motivos.

Era la mañana, Rieta había sido la primera en levantarse y en consecuencia su amo, al cual no se le notaba mucho que hubiera dormido tanto. Estaba un poco preocupada por eso, pero él insistió en que se quedó leyendo hasta muy tarde y le creyó. Ivlis siempre le decía la verdad, así que no tenía por qué desconfiar de él.

Y ahora que recordaba, debía disculparse de él sobre algo. –E-Este… -Con la mirada desviada y un gesto de pena, Rieta trató de decir lo siguiente sin causar mucho espanto en el diablo de flamas. –Espero que no haya visto nada raro cuando buscó la ropa. –Ivlis alzó una ceja sin entender qué trataba de decir. No por el obvio hecho que ya conocía, sino porque Rieta estaba al tanto. –S-Sé que son asuntos privados del joven amo, pero cuando pasé por su cuarto esta mañana y-yo…

Solo había querido pasar a despertarlo para desayunar, evitando ir donde Poemi y Emalf por obvias razones, pero cuando abrió la puerta tuvo que cerrarla rápidamente otra vez, no creyendo lo que vio. No, no había causado escándalo porque afortunadamente ellos estaban profundamente dormidos, pero haberlos despertado hubiera sido penosamente catastrófico.

No deseaba que Ivlis viera eso, con lo impulsivo que era seguro gritaba del susto y sí los despertaba.

-No necesito que lo digas, ya lo sé. –La detuvo suavemente, no queriendo escuchar una sola explicación. –Descuida, no lo sabías… Y ¿Qué más da…? Pasaría algún día.

La genio se sintió aliviada por su tranquila reacción, pero algo nerviosa por haber notado amargura en sus palabras.

-Señor Ivlis… -Era su mejor amiga, si él tenía inquietudes al respecto, como por ejemplo, que su hijo creciera tan rápido, podía calmarlo. Sin embargo, él no dijo mucho más antes de volver a paso pesado a su cuarto.

-Creo que voy a dormir un rato más ¿Sabes? Tengo que reponer las horas de anoche.

Era una mala excusa, aunque era mejor que la verdad. No planeaba quedarse en cama todo el día, solo no se sentía capaz de ver a su hijo a los ojos luego de lo ocurrido en la noche anterior. No lo soportaría… Se conocía bien y diría algo de lo cual se arrepentiría, era mejor si se calmaba antes.

No se sentía mejor que ayer, solo estaba disimulando adecuadamente frente a su buena amiga, a la cual antes pensó comentarle acerca de sus sentimientos, cuando aún tenía esperanza en ellos. No como ahora, que prefería guardarlo para sí mismo y no meter a la pobre genio en sus melodramas ridículos.

Es mejor si nadie sabe lo enfermo que estoy.

Siempre pudo confiar en Rieta para cualquier cosa, pero, en serio… ¿Por qué usarla a ella para desahogarse sabiendo que la terminaría hartando? Su situación no tenía solución alguna, así que no tenía por qué meterla en esto y causarle incomodidad.

¿Y Reficul? Ella no había vuelto a hablar del tema desde que se enteró de la relación de la semi diosa con su hijo, quizá porque no quería tocarle donde le dolía o porque consideraba que ya no valía la pena discutir al respecto ¿Y saben? En eso tenía razón.

Él mismo no era el mejor dando consejos, de hecho bien sabido tenía que su propio juicio lo metió en problemas, pero… Esos problemas siempre fueron por su impulsividad e incapacidad de suprimir emociones. Bueno, perfecto. Esta vez no sería tan idiota como para abrir la boca de más o dejarse expuesto, haría lo que era lo mejor para todos, callar.

No disminuiría su dolor, pero lo mantendría lejos de problemas.

Es mejor así…

-¿Desanimado…? ¿Por eso…? Y-Yo no lo sabía.

Bien, apenas se despertó hace un rato y ya estaba confundido mientras dejaba que Rieta le hablara del "asunto importante" que le mencionó. Según ella, era algo delicado y por ende tuvo que esperar a que Revlis se fuera, mencionando que debía volver rápido a su casa o sus padres se preocuparían. Emalf se ofreció a llevarla junto a Poemi, así que ahora solo eran la genio y él en la cocina.

-Sé que no lo sabes, no has estado muy presente últimamente como para hacerlo. –No lo dijo para reprocharle o hacerle sentir culpable, pero de todos modos lo causó. Ciertamente, hasta a ella le parecía que Licorice casi no estaba en la casa, y eso que a veces estaba ocupada con los quehaceres.

-S-Si lo dices de esa forma me siento un patán. –Titubeó bajando la mirada con obvia pena y remordimiento.

-No lo eres. Si pensara que lo fueses estaría diciéndote esto para regañarte, pero no es así. Solo quiero que las cosas se arreglen por aquí. –Es cierto que como niñera su deber era corregir o regañar a los hijos de su amo, pero esta vez no quería ser dura. –Licorice… Escucha, yo entiendo… Eres joven, eres sociable, tienes amigos y una linda novia… Está bien que los veas seguido, pero… ¿No crees que estás desplazando mucho al señor Ivlis? Sé que no lo haces con esa intención, pero sé que él no está bien y se debe a eso.

Licorice no respondió, primero que nada, no sabía qué pensar, segundo… Las palabras de su niñera le habían tocado en lo profundo, puesto que aún no olvidaba con qué motivos empezó a evitar pasar más tiempo con Ivlis. Oh por… ¿Por qué fue tan egoísta? Su madre no merecía sentirse ignorada solo porque él no quería recordar lo que sentía.

Si es que aún lo sentía, claro. Para ser honesto, le parecía que ya se había "curado" de eso hace tiempo, pero no quería correr riesgo.

-Ustedes siempre fueron tan unidos… Hasta para mí es un poco triste que ya no se hablen. –Madre e hijo siempre compartían todo, incluso luego de que Licorice se hiciera mayor, pero cuando pasó lo de Revlis todo había cambiado tan drásticamente que fue muy obvio para ella qué pasaba aquí. –Licorice… Por favor dime que no estás apartado de él porque aun estás enamorado de él. –Fue consciente de cómo lo sobresaltó con esa pregunta, pero no por eso se arrepentiría de hacerla.

-¡¿Q-Qué?! ¡No! No… Y-Yo… Yo ya dejé eso atrás, te lo dije ¿No? Estoy enamorado de Revlis ahora.

-¿Entonces por qué sigues lejos de él? Pensé que cuando lo superaras podrías estar cerca sin sentirte tan mal.

-Es solo que… -No sabía cómo sacar ese tema sin que le doliera. –No quiero serle una molestia. Se supone que ya soy mayor, debería ser normal que no seamos tan cercanos como antes.

-Licorice, no eres una molestia, y te lo repito, él no piensa esas cosas feas sobre ti. Si lo hiciera no se sentiría tan mal por no poder hablarte. –La genio tenía un punto, pero eso no quitaba que las palabras del diablo de flamas aun siguieran frescas en su memoria.

Esto era muy confuso para él ¿Qué quería Ivlis…? ¿Qué estuviera lejos o cerca? Su cerebro no terminaba de despertarse aún y hasta le dolía la cabeza de pensarlo tanto.

-Aunque hayas crecido, no te lea cuentos, no jueguen juntos o hagan lo de antes… Sigues siendo su hijo, y todavía quiere pasar tiempo contigo. Le aterra un poco que te vuelvas como… No sé…

-Por Vicers, no. Yo nunca sería como ese tarado. –Le ofendía siquiera pensar en que podrían compararlo con Adauchi, pero esta vez no podía negar que estaba cerca de eso. –N-No quiero eso… Aprecio mucho a madre, no quiero que piense que no me agrada pasar tiempo con él.

-¿Por qué no haces lo que Poemi? Ella suele pasar tiempo de calidad con él de vez en cuando y no deja sus actividades. –En eso Poemi sí ponía empeño, y recordaba verla cada tanto ayudando a su padre con algunas tareas, o simplemente hablando. Se notaba que la consentida adoraba estar con él. –Podrían hacer algo juntos mañana. Poemi y Emalf tendrán una cita y yo voy a salir con Medouco y Crea en la noche, así que tendrían el castillo para ustedes.

-Suena… Bastante bien. –Recordaba haber quedado en ir en la tarde a visitar a los padres de Revlis, pero podía cancelar la cena con ellos, regresar temprano y cenar con Ivlis. –Se lo diré a madre apenas salga de su cuarto.

-¿Decirme qué?

El diablo de flamas mantuvo una expresión escéptica sobre el par de alarmados que casi sufren un infarto al verlo ahí parado como si nada ¿Qué tanto escándalo hacían? Solo había decidido salir al fin porque tenía hambre, y aunque tuvo la mala suerte de ver a su hijo justo cuando no quería, no mostró signos de afectarse mucho por eso.

-¡S-Señor Ivlis! ¿Cuánto tiempo lleva ahí?

-Un par de segundos, solo vine a buscar algo. –Se alzó de hombros sin dirigirles la mirada y se volvió hacia el refrigerador, a espaldas de ellos, ideal para que Rieta le hiciera gestos al aterrado Licorice para que actuara ya.

Dejando los nervios de lado, se levantó de su asiento y se acercó a su madre, aunque esta seguía tratando de no mirarlo mucho en lo que seguía buscando.

-Hey, madre. Te quería contar algo que-

-Si me sales con la cigüeña te mato. –Se adelantó a decir, sin la necesidad de verlo para saber cuál era su rostro. –Las noticias vuelan, querido. Pero eso no es lo importante, solo dime que no seré abuelo.

El joven diablo tardó en recuperarse del impacto, aunque no mucho. –E-Eh… No… No era eso.

-Bien, entonces ¿Qué es? –A este punto ya había conseguido una manzana que se encontró en el fondo, sin embargo seguía sin ver otra cosa que no fuera la nada. Era consciente de que estaba dando una imagen de malhumorado desinteresado, y no podía cambiarlo aunque quisiera porque la falta de sueño no lo ayudaba.

Además, seguro que no era nada importante, sino otro pedido de su parte para volver tarde.

-Rieta me dijo que mañana en la noche no habría nadie en la casa así que… ¿Te parece si tenemos una cena solo los dos?

¿Escucharon eso? Es Ivlis ahogándose con la manzana y tosiendo como si tuviera pulmonía mientras que la genio se reía desde su lugar y a Licorice casi le da un ataque del susto.

-¡T-Tú quieres…! ¡A-Ay! ¡C-Cof cof…! –Esto tenía que ser broma, una broma pero de las malas.

-E-Eh… Realmente no es raro para ti ¿Verdad? –El pobre no sabía si reírse también ante esa reacción exagerada o sentirse mal porque esto significaba que en serio había estado muy alejado de Ivlis como para que se le hiciera tan sorpresivo su pedido. –Es solo que casi no pasamos tiempo juntos y pensé que mañana sería una buena oportunidad para hacerlo más seguido.

¡¿Pero qué…?! En serio, su suerte era una ruleta rusa ¿Justo cuando había decidido acostumbrarse a estar apartado de él tenía que salirle con esto? ¿Qué querían, volverlo loco? No estaba seguro, solo sabía que su voluntad reacia de hace un rato ya se había ido al carajo y tendría que responder rápido una vez recobrara el aire.

¡Necesitaba más tiempo para pensarlo, demonios! ¡A uno ya no le dejan tener un momento crítico de tristeza!

Quería decirle que no, tal vez para no ilusionarse de nuevo o porque su orgullo se lo impedía, pero… ¡No podía contra es mirada! ¡No sabía cómo resistirla!

-No es raro, pero… Es inusual. –Vamos, que no es normal que ni te hables con tu hijo y luego repentinamente quiera cenar contigo.

-Entonces… ¿No quieres? –Sería decepcionante escucharlo rechazar esto luego de que Rieta se esforzara en elevarle un poco la moral, aunque un "no" no estaba ni en las opciones de Ivlis ahora.

-¡N-No dije eso! M-Me… Me gustaría… Hace mucho que no hablamos.

Bien, pueden llamarlo "hombre sin dignidad" por decir que sí tan fácilmente pero… ¿Qué esperaban? No llevó mucho tiempo en la resignación como para acostumbrarse, y su lado más ingenuo y herido se sentía aliviado e ilusionado.

-Pero… Creí que ibas a visitar a Etihw y Kcalb mañana.

-Solo iré en la tarde, prometo volver para la hora de la cena. –Le aseguró, haciendo que Ivlis ya no lo dudara tanto.

Si su hijo se lo prometía entonces confiaría en que así sería.

Rieta no contuvo una sonrisa, enternecida de que, al menos por unos momentos, ambos diablos se hablaran como antes.

Tal vez… Las cosas sí podrían mejorar después de todo.

(…)

"Extrañaba poder hablar contigo…"

Más tiempo juntos, uh…

En su momento le parecía algo extraño, pero ahora no podía pensar en eso con otra cosa más que alegría. Estaba muy emocionado, quizá más de lo que debería pues solo era una cena y ya, pero no podía evitarlo.

Esto no cambiaría mucho las cosas, seguía sin ser correspondido y estaba algo afectado por lo de los últimos días, sin embargo deseaba superarlo a como diera lugar.

Deseaba mejorar su relación más que nada, esta era su oportunidad perfecta y no la iba a desperdiciar por nada del mundo, así que se encargaría de dar lo mejor de sí y no arruinarlo con alguna tontería suya. Fuera reclamos, fuera reproches, fuera todo.

Lo único de lo cual quería preocuparse ahora era sobre cómo cocinar algo que no fueran panqueques sin quemarlo ¿Hacer sushi era opción? De alguna forma iba a tener que arreglárselas sin ayuda de nadie. Si no lo lograba hasta diez minutos antes de la hora entonces improvisaría una cena que incluyera panqueques.

Peor es nada o cenizas de comida ¿Verdad?

Su hijo no era muy exigente en cuando a esas cosas, lo cual lo aliviaba un poco, pero no por eso dejaría a un lado sus ganas de hacer lo mejor que pudiera.

Sonrió para sí mismo metido en su propia ensoñación sin notar que a su lado la olla de arroz que dejó a hervir ya estaba quemándose ¿Cómo? Es mejor no dar detalles.

-Q-Qué… ¡MIERDA! ¡NONONO! ¡Apágate, apágate!

Esto tomaría tiempo… Qué bien que decidió comenzar temprano por prever algún error como este.

Las horas pasaron entre algunos fallos más, hasta que en la hora justa logró terminar de arreglar la mesa y tener todo tal cual lo quería. No exageró en detalles, puesto que solo sería una cena madre e hijo, pero aun así puso empeño en todo, quedando todavía un poco dudoso por lo que logró hacer.

No, al final desistió de mandar todo a la mierda y hacer panqueques, aunque ahora estaba un poco arrepentido, porque para presentación ese no era el mejor sushi que pudo haber hecho.

Bueno… Lo importante es que supiera bien ¿No?

Suspiró aliviado de haber terminado a tiempo, decidiendo sentarse en su lugar y esperar pacientemente a que su hijo llegara. Eran las nueve en punto, así que no dudaba en que llegaría pronto.

Pero los segundos se hicieron minutos… Y los minutos se hicieron una hora.

Y él no apareció.

El reloj seguía haciendo girar sus manecillas, y cada tic tac lejos de aumentar su emoción, solo lo hacía decaer en impaciencia y frustración. Al principio trató de mantenerse tranquilo, pensando que algo lo había retrasado sin quererlo, pero llegó cierto momento en que al fijar la vista en la silla vacía frente a él pensó otra cosa.

N-No lo habría olvidado ¿Verdad?

Se negaba a creer algo como eso luego de que fuese él quien le propusiera esto y le dijera tan sinceramente lo mucho que había extrañado hablarle. Licorice no era así, era más organizado que eso, no era como el olvidadizo de Emalf.

Tal vez por eso… Es que se preguntaba si el problema no es que lo haya olvidado, sino que se haya arrepentido a último momento y decidiera no venir.

Negó con la cabeza y una bofetada mental a sí mismo para regañarse. Sería más paciente y confiaría en su hijo. Así tuviera que quedarse a esperar hasta la medianoche.

E-Está bien… Yo sé que vendrá… Estoy seguro de que tuvo un imprevisto.

Aunque no terminaría creyendo eso en un futuro, había acertado sin saber.

-¡Señorita Etihw! ¡Grora causó un accidente en la cocina, así que la cena se retrasará!

-Se retrasará la cena, en la cocina Grora causó un accidente, señorita Etihw.

Fue lo que dijeron el par de traviesas gatitas, con un gesto preocupado y una sonrisa tranquila.

En ese momento, Licorice no supo si golpearse la cabeza contra la mesa o mandar todo al carajo y saltar por la ventana de la sala. Llevaba más de una hora estancado en el castillo de sus suegros sin poder largarse, y no, no se debía a que estuvieran encerrados o algo parecido.

Era algo mucho peor… Estaba ahí por mera educación.

La había pasado bastante bien hasta que quiso marcharse y todos insistieron en que se quedara un rato más. Al principio accedió creyendo que serían unos pocos minutos, pero apenas decidió fijarse en el reloj ya había pasado una hora ¡¿En qué momento el tiempo pasó tan deprisa?! Su madre iba a matarlo por esto, si es que lograba irse a tiempo.

-Tía Etihw… En serio, realmente me gustaría quedarme más, pero tengo un compromiso que debo atender. –Esperaba que con esto ya lo dejaran ir, pero por lo visto no tenían esas intenciones aun.

-¿Ya te vas? –Fue su novia la primera que habló, en un tono algo desilusionado.

Etihw la apoyó, pero más entusiasmadamente. –¡Solo quédate un rato más! Al menos hasta que Wodahs traiga la cena.

-Quedé en comer con mamá… D-De por sí ya es tarde de la hora en la que quedé en ir.

-Aún es temprano para cenar, estoy segura de que él va a entender. –Volvió a decir la diosa despreocupadamente.

-Etihw… -Su esposo la miró como queriendo demostrar que no estaba a favor de que siguieran reteniendo al pobre chico cuando tenía otro lugar a donde ir, pero ella no le dio tanta importancia y le dio un codazo burlón.

-No temas, Kcalb. Ivlis no se enojará por esto. –Conocía al diablo, probablemente se quejaría un poco con ellos, pero no haría tanto drama por una tardanza. Él entendería que Licorice pasara tiempo con ellos.

Etihw nunca supo lo gravemente equivocada que estaba al respecto. Porque lejos de su castillo, en un mundo que no era suyo, el aludido diablo de flamas ya empezaba a perder la paciencia con cada minuto que pasaba.

Primero preocupación, luego angustia, resignación… Con todo el tiempo que pasó ya había cenado su parte y no le quedaba más que hacer en la mesa que juntarla y guardar lo demás para no desperdiciarlo, aunque las ganas de lanzarlos a la mierda por la frustración no le faltaban.

Se preguntaba lo mismo ¿Por qué él no llegaba? ¿Qué lo retrasaba? ¿Acaso él no vendría?

La espera llegó al límite cuando notó que en unos cuantos minutos más ya serían las once en punto, y su paciencia se agotó.

¿Por qué…? ¡T-Tú dijiste…!

Golpeó a puño cerrado la mesa, seguidamente llevando sus manos a su rostro ahogando un grito de furia y humedeciendo sus dedos con las lágrimas traicioneras que abandonaron sus ojos.

Claro, qué tonto fue ¿Cómo es que llegó a pensar que él se lo tomaría en serio? ¿Cómo pudo creer que extrañaba tanto hablar con un adulto insípido y aburrido como él? ¿En qué momento se creyó tan importante como Revlis? ¿Qué le hizo creer que las cosas podrían volver a cómo eran antes?

Se había ilusionado tanto desde el día de ayer, había planificado bien cada detalle como si de una cita se tratase, aunque sabía que no lo era. Había pensado en variedades de temas para hablar y aportar algo a la charla, así no lo aburriría con su silencio, gastó horas y horas haciendo ese estúpido sushi aun cuando él mismo sabía lo malo que era cocinando y le dio un tiempo de espera.

Al principio creyó que era un retraso, pero esto ya era demasiado.

¡¿Por qué tuvo que aceptar?! ¡Podría haberle dicho que no y el resultado hubiese sido igual! Pero… ¿Cómo hacerlo? En el momento en que él lo miró de esa manera tan cálida y pronunció haberlo extrañado se sintió como si toda su fuerza de voluntad volteara y su corazón se derritiera ¿Por qué él tenía que causar ese efecto? ¿Por qué no fue más fuerte para negarse?

Si tan solo las cosas hubieran seguido su curso él seguiría amargado pero tranquilo y no estaría sintiendo el dolor de aquella traición.

Soy un imbécil, debí suponerlo… Deja de llorar, ten dignidad.

Esto ya no era nuevo, no había por qué sorprenderse. Solo… Sería un adulto, juntaría la mesa y luego se iría a dormir.

No tenía otros planes más allá de esos, y ahora mismo agradecía la ausencia de todos en el castillo para que no lo vieran así, aunque no por mucho, ya que al disponerse a secar los platos y guardarlos en su sitio, el ruido de la puerta de entrada abrirse le hizo saber que su tranquilo momento de desahogo se había terminado.

Rodó los ojos con fastidio sin importarle mucho de quién se tratara. Mientras no lo fastidiaran no habría problema.

-¿Cucaracha? ¿Qué haces aquí a esta hora?

ME CAGO EN LOS MUERTOS DE TODOS.

Reconocería esa insoportable voz en donde sea, al igual que ese apodo.

-¿Te importa? ¿Qué quieres? O más bien ¿Por qué estás aquí y no estás en casa de Lil? –El muy fastidioso de Satanick supuestamente iba a quedarse con la linda subcubo esa noche, por lo cual creyó que sería una noche bastante calma ¿Por qué estaba ahí?

-Ah, eso… -El diablo de Pitch Black se alzó de hombros con un gesto entre apenado y afligido. –A Lil le surgió algo con Maekami y tuvo que irse. Creo que lo está ayudando con el bar ¡Me dejó solito!

A Ivlis no le provocaba mucha empatía su llanto falso, aunque sí se sintió algo tocado por sus palabras. Suspiró con cansancio en lo que continuaba con su labor e ignoraba esos pensamientos. No tenía tan poca dignidad como para quebrarse frente a ese loco.

-Qué lástima por ti, si quieres cometer suicidio hazlo en otro lado.

-Eso suena como algo que solo tú harías ¡Eres muy cruel conmigo últimamente! –Chilló apoyándose sobre la mesa un corto instante, brevemente sollozo hasta que el bufido fastidiado ajeno le cortó el rollo dramático. –Y ya veo por qué, la cucarachita hoy no está de buenas ¿Qué pasó ahora? ¿Estuviste viendo fotos del travesti o qué?

El diablo de flamas contuvo las ganas de hacer pedazos entre sus manos el plato que secaba ante esa ridícula acusación, pero no se atrevió a desmentirla. Satanick nunca se llegó a enterar de que había perdido ese tonto enamoramiento por el dios del sol, y sinceramente le gustaba que así fuera, porque si supiera que ya no era así… Se pondría insistente, lo cual se quería ahorrar.

-No es tu asunto, maceta con patas. Vuelve a lo que sea que planees hacer y no molestes.

-Cucaracha ¿Es idea mía o lloraste?

En el momento en que escuchó esa pregunta todo insulto o frase esquiva se atoró en su garganta. Había estado tan concentrado en ignorarlo y mirar solo los platos que secaba que no se había percatado de que él se encontraba a su lado, ligeramente apoyado sobre la mesada de modo que alcanzaba a ver su rostro.

Maldijo en todos los idiomas que se sabía secándose la cara disimuladamente. Con todo esto de creer estar solo había olvidado que seguía con el rostro húmedo de lágrimas. Lo que le faltaba solo era esto: Que el pendejo se diera cuenta. No necesitaba sus burlas cuando ni siquiera sabía a fondo su situación y que le recordara a ese insufrible dios.

-Ooww, sí estuviste pensando en Siralos.

-Ya cállate y vete. Me irrita tu presencia. –Masculló con desprecio, dándole la espalda para guardar el último vaso que secó.

Pero justo antes de alcanzar a ponerlo en el estante correcto se le resbaló de las manos y se hizo pedazos contra el suelo.

No fue torpeza, no fue el agua, fue esa desagradable sensación sobresaltándolo, fue ese agarre indiscreto por la espalda y los dedos ajenos presionando cerca de su cintura.

Fue ese miedo e incomodidad inconfundible que había sentido por años y había olvidado hasta ahora.

-Vamos, no te pongas así. Mira, ambos tuvimos un mal día y nos sentimos bastante solos. Lil se tuvo que ir antes de que podamos divertirnos y tú y yo ya no lo hacemos tanto como antes así que… ¡Cucarachín, vamos a jugar para subirte los ánimos!

-Q-Qué… Estás loco si crees que te dejaré ponerme un solo dedo encima, imbécil. O me sueltas ahora mismo o te rostizo la mano. –Gruñó por lo bajo, asqueado de solo tratar de imaginar qué cosas planeaba ¿Qué se creía? Hasta hace poco lo ignoraba por su mal humor y prefería pasarla con Lil, y ahora que estaba en el peor humor posible sí se le acercaba. Consideró pisarlo y alejarse muy fácil, incluso llegó a pensar que con solo pronunciar esas palabras iba a asustarle como normalmente conseguía, pero…

Esa risa divertida no le dijo lo mismo.

-Cucarachín, sé que tratas de asustarme como siempre, pero ambos sabemos que no me harías nada. –Incluso con ese tono animado y feliz, al diablo de flamas se le estaba subiendo la sangre a la cabeza de la ira, pero no duraría mucho antes de entender algo. –¡Estamos solos ahora! ¡Solos, solos, solos! Tú nunca te defiendes por tu cuenta, nuestro hermoso retoño se hacer cargo ¡Pero él se fue a ver su linda novia! ¡Así que no tienes excusa! ¡Fufufufu!~

Ivlis guardó silencio, sintiéndose como si lo hubieran golpeado con un bate.

Él… Él nunca hizo nada por cuidarse a sí mismo, es verdad. La única razón por la cual seguía ileso era porque padre e hijo salían de casa casi a la vez y la presencia de Lil lograba robar la atención cuando no se daban esas coincidencias. La única razón por la cual estuvo a salvo estos años fue por Licorice…

Pero ahora mismo él no estaba, y quien sabe cuándo volvería.

Sudó en frío, despertando del trance debido a que el apego ajeno lo exaltó de repente, así como la forma en la que le dieron la vuelta para apoyar su espalda contra el borde de la mesa de la cocina.

Y ahora… ¡¿Y ahora qué se supone que iba a hacer?!

Miró de reojo hacia la puerta de la cocina, como esperando desesperadamente que su hijo llegara de una vez, pero no ocurrió.

-¿Será que hoy sí puedas aceptar mi amor? Fufufufu~ ¡Quiero averiguarlo ahora! –Pasó de largo la expresión ida de su acompañante, queriendo acercar su mano hasta el primer botón de su traje, pero siendo sorpresivamente detenido por el contrario cuando este le sujetó la muñeca.

-Tú… Ya no pienso dejar que me vuelvas a hacer lo que se te dé la gana. No me toques o lo vas a lamentar.

Oh por Vicers ¿En serio él mismo dijo eso? Ni siquiera lo planeó, solo fue un reflejo honesto al peligro, y extrañamente para él, el primero que no era cubrirse o gritar. No, nada de eso, puso firmeza en cada palabra y seguridad en su mirada.

Si tú ya no te preocupas por mí… Entonces… E-Entonces…

Satanick alzó una ceja con interés, pero sin tomarlo en serio. –¿Uh? Resistencia, eso me gusta~ Pero vas a necesitar más que eso para dejar de gustarme tanto, cucaracha~ -Como si no hubiera escuchado nada de lo que él dijo, prosiguió a acercar su otra mano.

Si tú ya no me proteges entonces… YO MISMO LO HARÉ.

-¡TE DIJE QUE NO ME TOQUES! –Fue lo que nunca pensó hacer en su vida, pero lo hizo de todos modos y sintió algo de satisfacción ante eso. Justo antes de que él cumpliera su objetivo, Ivlis soltó un golpe a su cara, lo suficientemente fuerte como para alejarlo unos cinco o cuatro pasos de él. –Y-Yo… Yo ya no voy a depender de la protección de nadie, basura de mierda.

Ya no puedo seguir esperando por ti… ¿Sabes…?

-Ugh… Qué grosero. –A pesar del golpe, Satanick no lucía muy adolorido, sino más bien algo sorprendido en lo que se sobaba la mejilla donde recibió el impacto. –Bien, no esperaba esto. –Lejos de haberse mostrado molesto, sonrió ampliamente, desconcertando con ello a Ivlis, el cual ya empezaba a tener un mal presentimiento. –Pero no importa. Yo también sé jugar rudo sin necesidad de recurrir a los golpes~

No necesitó oír más o dejarlo hacer nada, Ivlis escapó de la cocina tan rápido como pudo en dirección a su cuarto. Vamos, es cierto que dijo que no le dejaría hacerle nada, pero nunca especificó de qué forma ¿Lo creían tonto? Sabía que no tenía suficiente fuerza o poder como para ganarle en una pelea y no huir era entregarse.

Lo importante no era cómo lo lograra, solo quería salir ileso por su propio mérito por una sola vez. Él podía solo ¿Verdad…? ¡Sí! ¡Él no necesitaba que su hijo siguiese protegiéndolo! ¡Sabría cómo librarse sin ayuda!

O al menos eso esperaba, el otro diablo era rápido y él no había corrido tanto desde hace mucho, estaba fuera de costumbre a las persecuciones y no tardó en ser atrapado un poco antes de llegar a las escaleras. Gritó todos los insultos que se le vinieron a la mente en cuanto sintió sus dos muñecas apresadas y no dudó en tratar de darle una patada al desgraciado, pero no atinó ni una sola vez y su forma tan tranquila de tomarse esto no le ayudaba.

-¡Eres un hijo de perra, si no me sueltas te voy a…!

-Hablas mucho y haces poco, cucarachín~ ¡Ya no hables tanto y deja que yo te suba un poco el ánimo!

El diablo de flamas volvió a gruñir forzando para soltarse y haciendo un último intento de patearlo.

Mala decisión, porque en cuanto sus intenciones fueron previstas Satanick lo soltó y le dio un buen empujón. No cayó sobre el suelo, así que se había salvado de quedar atontado, pero sinceramente… Hubiera preferido eso antes que haber caído al sofá y quedar entre este y el contrario.

Apenas tuvo tiempo de recuperarse del impacto como para darse cuenta de que no había una salida y sentir el miedo empujándolo contra el mueble.

-¿Dónde estaba? Ah, sí… ¡Hoy voy a darte tu ración de amor!~

(…)

Por el amor a Vicers, me va a matar, me va a matar ¡Soy un imbécil!

No había dejado de recordarse su estupidez incluso haciéndose camino desde el cielo hasta su hogar. Podría haber elegido ir caminando, pero estaba apresurado y no quería chocarse con nadie y retrasarse más.

Así es, por fin se había librado de sus suegros y su novia. Sí, sonaba feo, pero en esta situación no encontraba otra manera de describirlo.

En todo momento que trató de retirarse solo eran los mismos pedidos de que se quedara un rato más, o en el caso de Etihw, que ella podía llamarle a Ivlis y decirle que se quedaría, a lo cual no estuvo dispuesto a ceder.

¿Cómo se libró? Tuvo que usar el plan B, textearle a Emalf y pedirle que lo sacara de esta con una falsa llamada de emergencia. Ni siquiera levantó sospechas, los gritos maricas de su amigo fueron muy reales y todos se creyeron sin problema que Poemi lo estaba persiguiendo con una sierra eléctrica y necesitaba ayuda.

Que su novia lo perdone, pero por más que la quisiera no era de romper promesas, y mucho menos a su querida madre.

Madre… Espero que no me asesines por esto.

Haber sido su consentido no era excusa para librarse de un buen regaño y de su ira, después de todo ya era mayor no un niño llorón. Pero aun así se prepararía mentalmente para eso.

Finalmente dio con el castillo y plegó sus alas a baja altura, cayendo sobre la entrada. Bien… Aquí venía el regaño de su vida.

-¡Madre, ya llegué! ¡Lamento haberme tardado, yo…! ¿Q-Qué diablos…?

Bien… Bien… De todas las cosas que esperó encontrar esto no lo tenía en mente. Hasta tuvo que tallarse los ojos para comprobar que no estaba soñando.

-¡L-Licorice…! Q-Qué bueno verte, hijo… A-Ay, el dolor…

Era su padre, pero su presencia no era lo raro, no, lo raro era que estaba clavado a la pared. Sus brazos, manos, pies, incluso parte de su torso… Con los trinches de su madre, aunque tenían un tamaño pequeño ideal para hacerle de sujetadores o grapas tamaño grande.

Parecía que el diablo de Pitch Black estaba engrapado en la pared, lo cual le resultaba gracioso, así como su expresión de dolor.

-De acuerdo… Te odio, pero esta es la primera vez que me pongo feliz de verte. –Se burló sin filtro, ignorando el chillido que le provocó. –Como sea, no vine a reírme de ti, yo solo… -Justo ahí fue cuando se fijó en algo curioso de la situación. –Madre… ¿Madre te hizo esto? –No le recriminaba, hasta a él le gustaba empalar a ese inútil pero… ¿Desde cuándo su madre lo hacía?

-L-La cucaracha jugó sucio… -Murmuró entre quejas adoloridas y más intentos de zafarse. Esto lo iba a cortar en tiras si no se desclavaba pronto. –Y-Yo solo traté de darle mi amor porque se veía algo deprimido y…

-¿Tú qué…? –Casi lo empalaba ahí mismo de no ser porque él no era su mayor preocupación ahora, sino el estado de Ivlis… Y el hecho de que seguramente esto daba por cancelada o perdida la cena de esa noche. –No te haré alfiletero porque él ya se hizo cargo… De una forma bastante original… Pero me dirás dónde estás o tendrás otro agujero.

-E-Está en su cuarto, no te recomiendo que vayas, está muy temperamental y… ¡O-Oye, espera! ¡No me dejes así!

-Púdrete.

Le pasó de largo sin atender sus gritos, dirigiéndose hasta el cuarto de su madre con marcado nerviosismo y preocupación. Esperaba no encontrarlo herido molesto… Aunque preferiblemente lo quería molesto y sano.

Ojalá esté bien…

Suspiró, visualizando desde el pasillo la puerta de su cuarto, a su vez que, dentro de este, Ivlis se encontraba ocupado poniéndose el piyama.

Estaba más tranquilo que antes, la puerta estaba trancada desde adentro y había dejado a Satanick fuera de combate, por lo cual estaba seguro de cualquier ataque hasta nuevo aviso.

Fue afortunado, no obtuvo daño alguno más allá de una mordida en el cuello y un moretón que se hizo al resbalarse en las escaleras cuando estaba corriendo. A simple vista no fue algo grave, no fue abusado en lo absoluto, solo fue manoseado y logró algo que nunca hizo, defenderse por su cuenta.

…Pero aun así dolía.

No el golpe accidental o la marca, dolía pensar que estuvo cerca de no haberse librado y podría haber terminado muy mal… Podría haber recordado lo horripilante que eso era de no haberle dado un rodillazo para apartarlo y hacer uso de sus trinches para dejarlo inmóvil en la pared.

Incluso llegó a creer que rendirse era la única opción que le quedaba hasta que le soltó el golpe y decidió huir aun teniendo la ropa suelta.

De verdad… "Eso" pudo haber ocurrido sin que nadie pudiera evitarlo.

T-Tú realmente… Me abandonaste.

Era eso lo que lo tenía sollozo aun estando a salvo.

El haber permitido que lo tomaran de idiota otra vez, el haberse ilusionado en vano cuando se dijo a sí mismo que ya no lo haría, haber sido asaltado en el peor momento posible y que él no apareciera para ayudarlo.

Todo eso junto lograba que su primera victoria contra ese tonto perdiera valor.

Al rozar la zona roja y adolorida en su cuello no sentía asco de sí mismo, sentía que había sido botado como basura, casi igual que en su destierro… Pero aun peor.

Ya ni le extrañaba, era común que lo desecharan cuando el amor lo tenía completamente ciego.

Supongo que… Esto es normal…

Después de todo… ¿Quién podría amar a alguien como él?

El ruido de la puerta lo despertó de su letargo unos segundos después, si se trataba de Satanick no pensaba abrirle… Aunque él estaba imposibilitado ahora que lo pensaba. Igualmente, antes de abrir se aseguró de tomar mínimo un jarrón de su mesa de noche para estrellárselo en la cabeza en caso de que se tratara de él, pero no fue así.

Licorice se extrañó por el gesto rápido de Ivlis de lanzar el objeto, no trató de cubrirse solo porque al final no lanzó nada al ver que se trataba de él. Le picaba la curiosidad, pero ya deducía que era un reflejo defensivo hacia su padre.

-Ah, eres tú. –Bajó el jarrón antes de ingresar de nuevo a su cuarto dejando la puerta abierta para permitirle pasar. El joven diablo no dijo nada, seguía sin saber bien cómo explicarse sin ser repentino. –¿Estas son horas para que llegues?

Oh, ahí estaba. Aquí mismo empezaría el regaño de su vida, podía percatarse de ello con solo escuchar el tono molesto de su madre y ver su expresión de pocos amigos. Ten valor, Licorice, no te van a engrapar a la pared por esto… Ojalá.

-¡D-De verdad lo siento! ¡Yo iba a venir, lo juro! ¡P-Pero no quise ser descortés con ellos, me pidieron que me quedara otro rato y…!

-¿Sabes qué? No importa, da igual. Tienes suerte, guardé tu cena en el refrigerador. –Se dio la media vuelta dirigiéndose a su cama. No quería escuchar nada de lo que tuviera que decir, e igualmente ya se hacía una idea de lo que trataba de explicarle. Esto no cambiaría nada. –Es tarde, así que te recomiendo que vayas a comer ahora y a dormir después.

Licorice permaneció en silencio, había esperado algo como gritos o quejas, no este tipo de frialdad y forma cortante de hablar. Bien… Ya podía sentirse basura, en serio la regó esta vez y no tenía más que decir que una sola cosa.

-Y-Yo… En serio lo siento. –Ivlis no podría querer escuchar sus excusas, pero al menos tendría que oírlo pidiendo disculpas. Tal vez no las obtendría de su parte, pero valía la pena intentarlo, y necesitaba hacerlo… El remordimiento seguiría ahí si no lo hiciera. –Sé que yo fui el de la idea y… D-Debí llegar a tiempo, perdóname.

-¿Llegar a tiempo…? ¡Oh, por favor! ¡¿Te digo una cosa?! ¡Mínimamente pudiste haberme llamado! ¡Pudiste haberme enviado un mensaje! ¡Pudiste cancelar! ¡Eso debiste haber hecho! ¡NO HACERME ESPERAR COMO UN IDIOTA! ¡¿Tienes idea de lo que pensé?! ¡Creí que te pasó algo en el camino o peor! –No mentía del todo, bastante se había preocupado los primeros minutos de tardanza.

Sonaba extraño, pero parte de las palabras de Ivlis habían aliviado un poco a Licorice. No porque le estaba gritando, claro que no, pero que se preocupara por él al menos significaba que no lo estaba detestando ahora… ¿Cierto?

No, a quién quería engañar. –Estás… Muy molesto conmigo, supongo. –"Molesto" era muy poco y estaba seguro, pero no esperó que fuese algo tan malo como lo que escucharía.

-No estoy molesto, solo estoy decepcionado. –No midió sus palabras, incluso sabiendo que le serían como un golpe bajo.

¿Decepcionado…? Era la primera vez que escuchaba esa palabra dirigida hacia él. Era… Justo aquella que había tratado de evitar constantemente desde niño y ahora lo abofeteaba inesperadamente.

En ese momento, pudo ver cómo todo por lo cual se había esforzado se fue directamente a la basura por un tonto error. Dolía… Dolía más de lo que podría ser si Ivlis solo estuviese furioso, porque algo así podría olvidarlo después, pero esto… Significaba que su madre había esperado más de él, esperó algo que no pudo darle.

Y no lo culpaba, después de todo fue algo que le prometió, algo muy simple.

Todo por no querer fallarle también a la familia de su novia ¿A esto se refería Rieta…? Quién sabe. No lo pensaría mucho ahora, no sabiendo que estaba al borde del colapso y solo empeoraba bajo la fría mirada de su progenitor.

Ni siquiera piensas en llorar frente a él, Licorice. El que la pasó mal fue él, no tú. Ya no eres un niño, enfréntate a tus consecuencias. –L-Lo entiendo, yo…

-Solo… Vete ya, es tarde. Tienes que dormir. –Hizo un gesto de despedida antes de acomodarse en la cama. Él mismo sabía el impacto de sus palabras, pero no podía mentir y el enojo lo ayudaba a no sentir mucho remordimiento por ello.

Ninguno de los dos podía afirmar que pasaría después de esto. Si ya todo se había arruinado, si habría más oportunidades… Licorice lo pensaba con pánico e Ivlis solo quería descansar y olvidar todo lo que pasó ese día. Pero no, su momento de paz no llegaría aún.

-L-Lo que tú digas. Buenas noches ento… Un momento… -El de mechones rojos alzó una ceja sin entender por qué de pronto su hijo se acercaba con los ojos entrecerrados, como si quisiera forzar la vista. –¿Qué es eso?

El diablo de flamas se sobresaltó al sentir parte del cuello de su camisa siendo apartado ligeramente y no dudó en cubrirse lo más rápido que pudo desviando la mirada a otro lado, entendiendo perfectamente a qué se refería. No hacía falta verlo para saber cuál sería su reacción, por lo cual no se molestó en verlo a la cara.

¿Qué era esto? ¿Vergüenza? ¿Decepción de sí mismo? No estaba seguro, solo no quería despertar preocupaciones o que se supiera que no fue muy eficaz defendiéndose.

-T-Tú…

-No, no me hizo más que esto, tranquilo. Logré pararlo antes de que llegara más lejos. –Se apresuró a explicar apenas notó el tono quebradizo ajeno. –No necesitas preocuparte, ya no… H-Hey, no llores, te dije que estoy bien… ¡Estoy muy bien! –Por un demonio ¿Y ahora qué dijo? Es cierto que estaba rencoroso, pero no sería capaz de llegar al extremo y hacer a su hijo llorar intencionalmente, su lado materno no lo soportaría. –L-Licorice… Mírame, estoy bien…

Sin embargo eso no detuvo sus lágrimas. No bastó con sentirse culpable por haberle dejado plantado, ahora resultaba que haber alejado a su agresor no había sido tan sencillo como imaginó al verlo herido. Su madre… Casi era herida y él no estuvo ahí.

¡Pues claro! ¡Con razón estaba tan decepcionado! ¡¿Cómo no iba a estarlo?! ¿No se supone que prometió protegerlo en cada momento? ¿No se supone que lo hizo aun sin sentir nada romántico hacia él? ¿En qué momento lo descuidó así? ¿Por qué se lo permitió? ¡¿Por qué fue tan estúpidamente egoísta?!

Era imposible no sentirse la peor escoria de los mundos en esta situación. -¡S-Soy un imbécil! ¡Él podría haberte hecho daño y…! ¡Ni siquiera me sorprende que me odies ahora! ¡S-Soy el peor hijo!

-Cielo… -Oh por Vicers ¿Qué acababa de provocar? No se supone que buscara hacerlo sentir tan mal. Hasta él había aceptado hace poco que ya era tiempo de cuidarse por sí mismo y no usarlo a él. –N-No digas eso… T-Tampoco es para tanto. Me molesté porque llegaste tarde p-pero…

Y nada sirvió… Si no podía calmarlo con palabras, recurriría al plan infalible que no resistiría; los abrazos. No esperó a más lágrimas y atrajo de los brazos al más alto para rodearlo con los suyos y permitirle hacer lo mismo mientras sollozaba en su hombro. Él no pareció oponer resistencia, por el contrario, correspondió con fuerza haciendo un esfuerzo abismal por calmar su llanto. –Está bien… No te culpo por eso… No llores.

-Yo… T-Te prometí que te cuidaría y… U-Ugh… Te fallé.

-Ya te lo dije, no estoy molesto por eso. Ya lo viste ¿No? Tu madre no es tan débil y pudo hacer algo por sí misma. –No le subía tanto la autoestima como deseara, pero ya se sentía más seguro, no tenía por qué hacer que Licorice se sintiera responsable de su bienestar ahora.

Es más, nunca debió hacerlo. Ni de niño, ni de ahora… Él siempre fue un adulto que podía hacerse cargo de sus problemas. Nunca debió arrastrarlo a su tormento.

Él era la madre, él era quien se tenía que asegurar de la seguridad de su hijo… Y… No podía reclamarle esta situación al pobre cuando él dejó pasar algo mucho peor hace tantos años.

-Tesoro, no llores más… T-Tú… Ya no tienes que angustiarte por mí. Haz hecho un buen trabajo siendo mi héroe, es solo que… Ya no tienes que serlo.

No hubo palabra alguna que saliera de sus labios en lo que el sonido de llanto disminuía cada vez más hasta volverse un completo silencio. Aun no dejaba de palmear suavemente la espalda del más joven, esperando que eso lo calmara más rápidamente.

No supo si pasaron minutos o segundos, solo que había extrañado esa calidez por la cual había tratado de evitar caer.

-¿D-De verdad no crees…? –Era hiriente comprobar que le había decepcionado tan horriblemente, aunque ahora ya no lo demostrara tanto.

-Ya te lo dije… Hiciste un buen trabajo, pero ya debes descansar. –Así es como tendría que haber sido siempre, aunque no lo cumpliera. Si quieres que te perdone lo haré, pero no creo que sea necesario.

-A veces no entiendo… Por qué eres tan amable como para perdonarme estas cosas. –No podía asegurar si él lo haría o no, pero estaba más que claro que su madre tenía que darle un tipo de paciencia especial como para no haberlo echado a gritos. Bueno… No tenía por qué sorprenderse. Su madre siempre fue así, dulce y comprensiva a pesar de todo, y ahora que podía darse cuenta… No era tan débil como había creído.

-Es lo que las madres hacen. –Se limitó a decir con una sonrisa calmada.

Eso no era mentira, pero…

No podría estar enojado contigo por siempre.

Licorice asintió, reincorporándose con una mirada notablemente apenada. Aun no podía verlo a los ojos sin sentir vergüenza por su metida de pata, pero si Ivlis decía que ya todo estaba bien… Le creería. –D-De todas formas… En serio me siento muy apenado por haberte plantado… ¡Prometo compensarlo de alguna manera! Y-Ya pensaré en algo bueno… Aunque si quieres podemos volverlo a intentar otro día.

-Suena bien para mí, cariño. Pero por ahora ya no más disculpas o charlas, tienes que dormir. No mentía cuando dije que era tarde.

-A-Ah, cierto… -A veces se olvidaba que el sentido del deber materno de Ivlis era fuerte ante todo. –En ese caso, buenas noches, madre. Espero que descanses bien y… N-No sueñes que me estás asesinando. –Hey, estaba tomando precauciones.

-Eres un poco exagerado ¿Eh? –Bromeó con media sonrisa, acercándolo para poder besar su frente dulcemente, tal cual siempre había hecho. –Descansa y ten dulces sueños, mi cielo.

Fue una despedida algo corta, pero no por ello se sintió seca. Al menos, para Licorice, algunas preocupaciones se habían desvanecido, siendo intercambiadas por la inocente emoción de planear algo a futuro, quizá más pronto de lo que su madre esperaba.

Ivlis no podía decir lo mismo.

No podía decir que con solo haberlo perdonado, podría olvidar todo ese pesar. Lo hizo, porque, conociéndose bien, terminaría perdonándolo en otro momento, así que estaba adelantando lo obvio ¿Para qué se engañaba? No importaba cuantos errores cometiera, ese chico siempre sería su perdición, y una sola mirada bastaría para hacerle perder la guerra entre la razón y el corazón.

Era estúpido seguir así, pero no podía salir de eso. Era quizá una de las cosas que más le reprocharía a Licorice.

Lo odiaba.

Odiaba ser débil por su culpa, odiaba estar sufriendo y guardar silencio mientras que él estaba despreocupado creyendo que todo estaba bien para él, odiaba amarlo tanto… Cómo para tragarse todo lo anterior y fingir que nada pasaba.

Ya ni sabía de quién era la culpa, pero una cosa era segura, mientras siguiese teniendo ese control sobre sí, no avanzaría como lo deseaba.

Por una sola vez… Deseaba sacarlo todo. Llorar, gritar, golpear algo, no tener remordimientos y olvidarse de todo.

Pero… Esas cosas no se pueden hacer.

Un segundo.

O tal vez ¿Sí?

(…)

-¿Eh…? ¿Usted aquí de nuevo? Creí que no vendría luego de "ese incidente" de hace unos años.

-No vengo acompañado de ese tonto… Y no fue un incidente. Agh, cómo sea, no vine a recordar eso. Solo sírveme algo, necesito alcohol o voy a lanzarme por un risco.

-De acuerdo… Veré qué encuentro para este caso.

Una noche de semana, no pudo escoger otro día más apropiado para visitar el bar de Maekami. No pisaba ese sitio desde hace años, cuando vino arrastrado por Satanick, pero ahí estaba nuevamente y sin nadie que lo molestara. Era lunes, y no había muchos que salieran a beber ese día, por lo cual apenas había dos o tres personas además de él en el bar.

Tal vez más de uno se sorprendería al no verlo en casa, pero ¿Qué más daba? Necesitaba esto más que nunca, y si Rieta no lo detuvo cuando dijo que saldría, entonces nadie vendría a llevárselo de regreso a casa.

¿Era una mala decisión? No podía asegurarlo bien, no solía hacer estas cosas. No era un alcohólico, la depresión no lo había hundido hasta este punto, aunque sí se declaraba culpable de disfrutar el olvidarse de todo momentáneamente cuando el alcohol estaba alto en sangre y no podía ni ponerse de pie. Lo crean o no, tolerar el sabor amargo de las bebidas y la resaca al día siguiente sí valía la pena.

¿Qué si estaba cayendo muy bajo? A la mierda con eso, él era Ivlis, esto no sería nada comparado a otras cosas.

-Aquí tiene, es la más fuerte que tengo. –Avisó el demonio, dejando un vaso sobre la tabla.

-Gracias… No preguntaré qué es, no quiero saberlo. –Mejor ahorrarse eso y solo beber y beber hasta sentirse mejor ¿No? Ni siquiera lo pensó antes de empinarse el vaso y seguidamente toser, ligeramente mareado por el sabor.

-¿Bebidas vulgares? Fufufufu, qué malos gustos tienes, Ivlis.

Ivlis no tardó en reconocer aquella voz, y no se sorprendió de escucharla. Volteó hacia su dueña, quien apenas estaba llegando y se sentaba elegantemente sobre el asiento a su lado.

-Lil, qué gusto verte… Creo… ¿No deberías estar con el idiota? –Era tan usual que lo visitara que esto le resultaba extraño.

-Hoy no, quedé en venir aquí. Tal vez lo vaya a ver mañana.

Maekami se acercó enseguida vio a su ex jefa, sonriente de verla. –Señorita Lil, qué bueno que vino… Uh… ¿Te sirvo más, Ivlis? –Indagó al notar el vaso vacío.

-C-Creo que prefiero una cerveza normal… Esta cosa casi me mata. –Tal vez empezar así con el primer trago no fue su mejor opción, sinceramente. Se lo anotaría para la próxima, si es que resultaba haber una próxima vez, claro.

La subcubo lo miró curiosa y extrañada. –Mon ami, no es que te tache de ermitaño pero… Qué raro es verte en un sitio como este. –Vamos, no socializaba tanto como quisiera con Ivlis, pero sabía lo suficiente como para afirmar que nunca salía del castillo ni para divertirse.

-Solo vine a despejarme. Es bueno hacerlo después de años acumulados. –Se alzó de hombros sin sentirse muy afectado por esa observación ¿Para qué hacerlo? Lil no estaba equivocada si le llamaba de esa forma, al fin y al cabo, estos años se había vuelto una realidad irrefutable. Es cierto que pudo haberse quedado a beber en casa, pero no quería asustar a nadie si se portaba muy extraño y no quería que lo mataran por acabarse el alcohol.

Yagi se podría quejar durante meses enteros al respecto.

-¡Pero claro, fufufufu! Aunque no vivirás para seguir haciéndolo si te envenenas con bebidas de baja calidad como esa. –Dijo burlonamente en lo que el diablo hacía desaparecer casi en unos segundos toda la bebida del siguiente vaso. –Y… No veo que te estés divirtiendo mucho. –A simple vista, Ivlis solo estaba sentado con ese rostro amargo tragando cada vaso o botella que estaba cerca, lo cual pudo haber hecho tranquilamente en casa.

-Dije que vine a despejarme, no a divertirme. –Aclaró jugueteando con la botella vacía.

Lil fue rápida para percatarse de qué estaba pasando, no con exactitud, pero se hacía una idea más acertada de lo que creía cuando observaba la forma afligida en la que el diablo de fuego miraba hacia la nada y se perdía en divagaciones internas hasta que de nuevo tenía algo que beber para distraerse.

-Esa mirada… La reconocería donde sea. Es una mirada de corazón roto.

Ok, a la mierda, eso lo hizo escupir todo y ponerlo a toser erráticamente hasta dejarlo sin aire ¡¿Qué diablos?! ¡¿Cómo es que adivinó?! No, eso no era lo peor ¡¿Qué tanto sabía?!

-¡T-Tú…!

-No te olvides de con quién hablas, Ivlis. –Fanfarroneó con una sonrisa traviesa. –Incluso siendo mujer sé cuándo hay un hombre de por medio.

Él no respondió, solo apoyó su cabeza sobre sus brazos en la barra. No hacía falta negar nada luego de su reacción tan obvia, aunque no estaba dispuesto a ser explícito con sus problemas. Lil era agradable en muchos sentidos, pero no sabía si era tan confiable como para llegar a eso.

Pero… Ella tenía conocimientos al respecto ¿Verdad? No harían daño unas pocas preguntas antes de ahogarse de alcohol.

-Lil… Puedo saber… ¿Qué haces para olvidar a un hombre? –Esperó pacientemente en lo que Lil meditaba unos segundos.

-Bueno… He conocido a muchos amantes maravillosos en mi vida, pero nunca sentí apego por ellos porque solo eran de una noche. Solo amo a mi esposo, si es lo que quieres escuchar.

-¿Y no has tenido ganas de golpearlo o algo así? ¿No duele que…? P-Perdona si sueno ególatra o algo, eh… S-Si no te duele que esté "pretendiéndome" o si no me odias.

Como si de un chiste se tratara, la subcubo se .echó a reír estrepitosamente. -¡Hahaha! ¡¿Qué?! ¡No! ¡Claro que no! Mon ami, te haces unas ideas muy violentas sobre mí. No podría odiarte ni aunque lo aceptaras, estarías en todo tu derecho. En cuanto a él… Tampoco podría culparlo. –Suspiró con deje un deje de melancolía que llamó la atención de su compañero. –Hay veces en las que uno no ve lo que tiene hasta que ya es tarde ¿Sabes…? Y cuando lo notas, no sientes que sea justo hacer algo para obtenerlo. –Él bajó la mirada, totalmente empatizado a esa situación. –No mentiré, me duele un poco que las cosas no sean como antes, pero… Es lo que hay.

-Supongo…

-¡Pero basta de eso! Me preguntaste cómo olvidar a un hombre ¿No? Escúchame, mon chéri. De una subcubo a un diablo homosexual… Te diré algo sobre los hombres. Son como postres ¿Sí? Son deliciosos, me encantan, puedo comerlos seguido si quiero, pero no son vitales para mi existencia.

Él alzó una ceja dudoso. –Eh… En realidad sí lo son, eres una subcubo.

-Sentimentalmente, tontito. Duele cuando no puedes comer tu platillo favorito, pero no morirás por ello aunque sientas al principio que es así.

-¿Cuánto tiempo es "el principio"?

-Depende de las ganas que le pongas para superarlo, mon ami. Todo está en uno. –Aclaró, posando su mano sobre su pecho con una postura más que orgullosa. –No se puede vivir de ilusiones y sueños, mon ami. Tienes que vivir y decir "¡Sí, estoy soltero y aun así vivo la vida loca!"

-Eso es un buen consejo pero… -Vamos, él estaba viejo y ya hasta era un adulto amargado y anticuado, no es como si de la nada pudiera volverse un adolescente con las hormonas alborotadas. –¿Qué pasa si…? S-Si yo no quisiera olvidarlo…

-¿Quién dijo que lo olvidaras? No, no, no. No debes hacerlo. El amor es hermoso, no debe ser enterrado. Solo debes encontrar otras cosas que te alegren. Y cuando el momento sea el apropiado y sientas que ya no puedes más solo lo sueltas.

-¿Soltarlo…?

-¡Exacto! ¡Míralo a la cara, dile todo lo que piensas de él! ¡Descarga tu frustración, nene! Luego puedes besarlo si quieres darle un toque picante. Fufufufu, nada mal.

Ivlis no evitó esbozar una media sonrisa. Lil era bastante simple y animada para estas cosas, pero debía decir que no le molestaba del todo, le daba la razón en muchas cosas… Excepto en ese consejo que incluía besar a Licorice.

Quién lo diría, la esposa de Satanick era más genial de lo que aparentaba.

-No creo que llegue a hacer eso, pero… Gracias, Lil.

-Entre amantes de los hombres tenemos que ayudarnos. –Respondió en un tono amistoso, señalándolo formando pistolas con los dedos. –Fue un placer verte, mon chéri. Pero debo regresar a casa, espero que te diviertas. Si ves a mi esposo mándale mis saludos.

-Seguro, cuídate. –Le hizo un gesto de despedida y ella sin más tomó sus cosas y se perdió de vista por la puerta del bar.

-La señorita Lil siempre es buena subiendo los ánimos ¿No cree? –Comentó Maekami con una sonrisa bajo el papel, a lo cual Ivlis tardó un poco en contestar, decidiendo primero terminarse le vaso a su lado. –Ella siempre sabe qué decir.

-Sí… Me sorprende que el imbécil de su esposo siga detrás de mí en vez de ir a por ella. –Rodó los ojos con notable frustración. Esto confirmaba que jamás entendería a Satanick por preferir a un tipo amargo como él en vez de a una mujer tan fabulosa como ella.

… No, no es que él quisiera salir con ella. Era gay, esas curvas femeninas no le llamaban ni un poco. Mejor se la dejaba al diablo de Pitch Black.

-Supongo… Oh, ya se terminó todo ¿Quiere la cuenta?

El diablo de flamas se quedó dudoso. Las palabras de Lil aún lo picaban y lo hacían pensar al respecto ¿Qué tan malo sería sincerarse con su hijo en algunas cosas? Tal vez… Hablar podría resolver todo ¿No? Ya no estaba seguro, el alcohol ya estaba en su sangre y le hacía imaginar de más.

Al carajo con eso, no se partiría la cabeza pensando ¡Le haría caso a Lil y descargaría toda su frustración bebiendo! No era hacerlo con el joven diablo, pero algo es algo.

-¿Sabes qué…? Si quieres anótalo, pero no dejes de servirme hasta que me veas muerto.

-H-Hahaha… E-Es un chiste ¿No?

-Pues claro, hombre. No me puedo morir.

El demonio no parecía muy convencido, pero de todos modos respondió con una risa en voz baja antes de marcharse a sacar algunas botellas. No veía nada diferente en esta noche, solo atendería a uno de sus pocos clientes poco frecuentes y nada más… ¿O no?

Realmente fue muy ingenuo como para hacer caso a Ivlis cada vez que le pedía más y más bebida hasta el punto en que no podía ni calibrar su habla para decirlo. Esto lo ponía nervioso, podía hasta asegurar que no era muy seguro dejarlo seguir con esta locura de "intoxicarse hasta olvidar su nombre", pero sus principios de cantinero y el dicho de "el cliente siempre tiene la razón" le impedían detenerse en atender.

No era del todo malo, no estaba rompiendo nada o armando escándalo, pero sí le provocaba un aura bastante deprimente. El pobre hombre apenas podía mantenerse sentado sin tener que apoyarse sobre la barra y no dejaba de murmurar quién sabe qué cosa sobre quién mientras lloriqueaba.

Ok… Esto no era lo que se esperaba cuando dijeron "descargar frustraciones".

-Aish… ¡Hombre con papel en la cara! ¡Dame mash!

-I-Ivlis, creo que ya te excediste con eso… -Las botellas vacías alrededor no mentían, no señor. –¿No sería mejor si llamo a su subordinada para que lo lleve a casa?

-¡Noh! ¡No, no, no, no! ¡Dije que moriría borrasho y moriré borrasho! *Hic* Tal vesh… Pueda arrashtrarme sholito…

-No puedes ni sentarte bien… -Observó.

-¡Mentirash! ¡Mentirash del demonio cantinero! ¡Shi que puedo ir sholo! ¡Mírame y trágate tush palabrash!

Maekami no lo detuvo, pero no por eso se sintió muy tranquilo al ver a Ivlis tambalearse hasta la salida del bar, entre tropiezos con muebles y su propia torpeza. Al verlo salir finalmente consideró llamar a su jefa para que lo ayudara, pero confiaba en que nada malo le pasaría. El bar no quedaba tan lejos del castillo como para que se perdiera.

En todo caso, él solo era un cantinero, no tenía que meterse en asuntos ajenos.

(…)

Aun no llega ¿Qué es lo que fue a hacer?

Bufó frustradamente pasándose la mano por el rostro antes de volver la mirada hacia el reloj. Eran las doce de la noche y no había rastros de Ivlis todavía.

Había tratado de verlo hoy apenas llegó, pero Rieta le dijo que había salido "a pasear" y que iría solo porque necesitaba pensar un rato. Cabe a decir, hasta a ella se le hizo muy raro, pero no le reprendió nada y lo dejó irse con la advertencia de que tuviera cuidado.

Salió a las ocho ¿No? ¿Por qué no había aparecido? ¿Le habría pasado algo? ¿Estaba perdido? ¿Algún demonio igual de enfermo que su padre le hizo algo? Tenía mil teorías que despertaban su pánico y ninguna que lo calmara.

Así que así se sintió su madre ayer cuando no llegó a la cena… Esto sí era karma.

Igual, pronto se despreocuparía y no habría necesidad de matar a nadie, porque Ivlis de milagro ya estaba llegando al castillo.

Sí, tenía la ropa desarreglada, el cabello desordenado y arrastraba consigo una botella de Vodka, pero al menos no había muerto en el camino y estaba a unos pasos de la puerta ¿Y luego le dicen torpe? Ni el más habilidoso recorre tantos metros para llegar a su casa ebrio.

En el camino no dejaba de balbucear sobre lo mismo de siempre, el problema que lo abordaba desde hace mucho y planeaba resolver ya mismo.

Casi en el momento en que Licorice escuchó la puerta abrirse, se levantó bruscamente del sofá. Era Ivlis… Vicers, qué alivio, la paz ya podía volver a su alma. –¿Uh…? ¡Madre! ¡Llegaste! ¡Me preocupé tanto y creí…! ¿Madre…? –No se había dado cuenta en el momento por la emoción, pero ahora que se fijaba bien… Ivlis no se veía muy bien.

-¿Uh…? Ah, eresh tú… -Ignoraba completamente la mirada incrédula y preocupada sobre sí, al igual que su propia imagen. En el camino se le había soltado la cinta de cabello, así que estaba enmarañado en sus hombros o su espalda, su saco gris estaba cerca de caerse de su espalda, el rojo cubría sus mejillas y cargaba con una expresión poco tranquila. Parecía… Molesto. Y el tono en su voz era extraño, como si le hubiesen inyectado sedante.

-¿Q-Qué te pasó…? –Parpadeó un par de veces procesando lo que estaba mirando ¡¿Por qué su madre estaba así?! ¡¿Acaso acertó y alguien le hizo algo?!

-¿Uh…? ¿Qué te importa? Shu, vete por donde vinishte. –Trató de echarlo vagamente queriendo marcharse, pero sin tener mucho éxito con ello.

-¡¿E-Eh?! ¡Oye, espera! –¿Qué demonios? ¿Por qué él le estaba hablando así? ¿Ivlis llegaba molesto y estaba descargándose con él o qué? –T-Te fuiste algo temprano pero has vuelto muy tarde. Y te ves… ¿T-Te pasó algo? ¿Qué fuiste a hacer? ¿Estabas con alguien al menos? ¡D-Dime si no te duele algo! ¡DIME CUANTOS DEDOS VES!

Sí, tal vez estaba un poco panicado, pero no era por nada.

-Qué… Aish, no gritesh. Qué irritante… ¿Shiquiera te importa a dónde fui? ¡Hahaha, no importa! ¡No importa, no importa, no importo! ¡Lo que shea que me pashe no esh importante!

-¿Q-Qué? ¿Por qué dices eso y…? ¡UGH! –No necesitó más que acercarse un poco para que ese aroma fuerte lo hiciera retroceder del asco. No era idiota, reconocería ese olor tan nauseabundo donde fuera. –H-Hueles a…

-¿Quién eresh? ¿La mafia? ¡Huelo a diablo frushtrado, idiota!

-Por Vicers, estás ebrio. –No era una pregunta, era una confirmación. La interrogante era… ¿Por qué? –C-Carajo, no puedo creer que Rieta te dejara salir para ir a emborracharte. –Tenía que atender las dudas de por qué se fue a eso, precisamente, pero la verdad es que eso también se lo preguntaba. –C-Cómo sea, al menos estás entero… ¿Quieres explicarme por qué fuiste a beber? ¡Y para volver así! ¡Ni te puedes poner de pie! ¡Por un segundo creí que estabas en problemas!

Es cierto que se estaba alterando, pero estaba en todo su derecho ¿Su madre no era un adulto responsable? ¿En qué estaba pensando al irse a beber hasta llegar a ese punto y arrastrarse al castillo sin ayuda? No, más bien ¡¿En qué estaba pensando al irse sin decir dónde estaba, cuándo volvería o qué iría a hacer?! Si no podía confiarle su propio bienestar, no se lo podía confiar a nadie, por lo visto.

-Y-Yo… Vicers, en serio no me puedo creer esto de ti.

Ivlis frunció el ceño sin soltar la botella entre su mano y le dirigió una mirada de fastidio, apenas pudiendo soportar tanto sermón sobre "los peligros de salir sin compañía" y más en un estado así.

Estaba hirviendo de rabia, y el alcohol no lo ayudaba a razonar ¿Y este qué se creía para regañarlo cuando le hizo pasar ese mismo tipo de preocupación o peor? ¡Luego de lo que hizo ni siquiera tenía derecho a reclamarle que llegaba tarde a casa! Oh, claro, él podía irse cuando quisiera y a donde quisiera sin que nadie dijera nada y él salía por primera vez en años y ya estaba recibiendo palazos ¿Qué clase de trato era ese?

Lo único que había buscado hacer esa noche era olvidar, beber y beber hasta olvidar, pero por lo visto no lo logró. No, Licorice tuvo que aparecerse de nuevo y frustrarlo como siempre. Así es, como siempre que quería superar algo, siempre tenía que llegar y hacerle recordar el por qué estaba tan frustrado la mayoría del tiempo.

No podía creer que le recriminaran así luego de que por fin decidiera hacer algo que le haría sentir mejor. Pero esta vez no callaría, no estaba dispuesto a eso, ni siquiera si él trataba de sonreírle para hacerle sentir más tranquilo o de tratarlo tan dulcemente como siempre hacía, aunque estuviese algo constipado por esto.

-Solo… Deja la botella por ahí, voy a llevarte a tu cuarto y-

-¿Quieresh que deje eshta estúpida botella? ¡Ahí tienesh tu eshtúpida botella! –No tenía mucha fuerza en este estado, pero de todos modos logró hacerla pedazos al lanzarla contra una pared cercana y con ello asustar al menor, quien se le quedó viendo anonadado.

-¿Q-Qué…? ¡¿Por qué hiciste eso?!

-¿No queríash que la dejara? Esho hishe, ahora déjame tranquilo. Vete con tu beffa… Poemi seguro que te preshtará atenshión.

Licorice tardó en despegar su mirada de la pared, tenuemente manchada de la bebida y arrastrándose sobre ella los cristales de la botella que estaban ligeramente adheridos por el líquido, para volverla hacia su madre, quien aún trataba de caminar sin éxito hasta su cuarto, chocándose con algunos muebles y sujetándose de la pared.

Bien… No te alteres, Licorice. Él solo está ebrio, no es raro que los borrachos actúen de esta forma ¿Cierto? Nadie sería tan tonto para confundir a su mejor amigo con su hermana. Sí… No importaba eso, no podía dejar a su madre ir sola a su cuarto en ese estado solo para que se cayera de las escaleras por su torpeza. Tal como se prometió, sería buen hijo y lo llevaría él. Las preguntas podían esperar hasta mañana.

-H-Hey, espera. No puedes ir así, yo te llevaré. –Lo detuvo tomándolo de la mano suavemente, pero siendo apartado de forma brusca en el instante en que lo hizo.

-¡¿Qué parte no entiendesh de "déjame tranquilo"?! ¡¿Por qué quieresh ayudarme?! ¡Métete en tush ashuntosh!

-¿E-Eh…? S-Solo quiero evitar que te hagas daño en el camino. No te ves estable así. –Era tonto hacer que un alcoholizado hasta la sangre le comprendiera, pero siempre trataba de ser paciente y suave con Ivlis sin importar qué. Al fin y al cabo, le echaba la culpa a las bebidas por su accionar, sabía que de estar consciente él no se comportaría así.

-Oh… ¡AHORA RESHULTA QUE SHÍ TE IMPORTO! ¡JÓDETE!

Eso lo dejó congelado, no por el insulto al final, sino por lo dicho anteriormente.

Sintió una punzada de culpa, sabiendo a qué se refería, pero se mantuvo calmado y suspiró. Debía mantener la cabeza fría para lidiar con Ivlis.

-No sé de dónde sacas esas cosas. Por supuesto que me importas, si no lo hicieras no querría llevarte. –Explicó calmadamente, aunque Ivlis no parecía creerle.

Es que… Realmente no podía.

Estaba demasiado ebrio, y no pensaba claramente como debería, solo podía recordar y repetir en su mente aquellos momentos en los que se sintió abandonado. Era como alimentar el fuego con leña, y era casi literal.

"¿Es posible que de verdad amen a alguien tan patético, inservible y débil? ¡Por favor! De niño fui iluso para creerlo pero... Ya no más... La realidad ya la he aceptado. Es imposible que uno ame algo que ya fue ensuciado y que no sirve para nada."

"Madre, solo eran dibujos viejos. No eran cosas importantes."

"Yo también te amo… Revlis."

"Prometo volver para la hora de la cena."

"Extrañaba hablar contigo."

No podía controlar las lágrimas que emergían de sus ojos o la ira en su interior esperando para explotar en cualquier momento. No podía si esas mentiras y ofensas seguían apuñalándolo en lo más profundo.

No había razonamiento, no había forma de que guardara su frustración, no si todo ese dolor lo provocó aquel que le había engañado descaradamente y aún tenía las agallas de seguir burlándose a sus espaldas y tomarlo de tonto.

Esta vez… Esta vez no caería en esa mirada dulce o esas palabras sinceras.

-Vete a la mierda.

No importaba si lo amaba. Ahora mismo el dolor era más fuerte que cualquier otra cosa.

-Jódete… ¡JÓDETE, JÓDETE, JÓDETE! ¡QUE TE JODAN! ¡No eresh másh que un maldito mentirosho de mierda! ¡ESTÚPIDO MENTIROSHO! ¡IMBÉSHIL!

Licorice siquiera tuvo tiempo para retroceder antes de recibir el primer golpe de Ivlis. Sin haberlo esperado, el diablo de flamas ya estaba lanzándose sobre él con intenciones de asestarle unos cuantos golpes. No le hizo daño, de hecho… La altura de Ivlis solo le permitía golpearlo en el pecho y ni siquiera tenía tanta fuerza en ese estado como para que doliera, pero de todos modos se sintió herido.

Por sus palabras, por ese violento accionar… ¿Por qué…?

Al principio no hizo intentos de defenderse, solo lo dejó continuar en lo que se quebraba lentamente en llanto silencioso e Ivlis seguía gritándole.

-¡Eresh jushto igual que losh demásh! ¡Shiempre me abandonan, shiempre me toman de idiota…! ¡Lesh encanta ilushionarme y mandarme a la mierda después! ¡¿O no?!

Cada palabra lo quemaba desde lo profundo, aun si las gritaba para alivianarse, solo se sentía como estarse auto flagelando, y ni él sabía por qué.

-¡Yo confiaba en ti! ¡¿Shabíash?! ¡Te creí, te eshperé…! ¡TÚ YA NO ESHTÁSH PARA CUANDO TE NESHESHITO! ¡ERESH UN IMBÉCIL!

Ya estaba harto de guardarlo todo, ahora mismo… Sin autocontrol o consciencia, haría todo aquello que siempre deseó; Gritar, llorar, golpear algo, liberar todo el pesar que se acumuló durante años y años en su interior, esperando a que la gota que rebalsara el vaso cayera por fin.

Así es, ese lado que quiso esconder de su hijo estaba brotando sin que nadie lo detuviera.

-¡Imbéshil, imbéshil! ¡MALDITO IMBÉSHIL! ¡…! –Iba a golpearlo otra vez, pero sintió su muñeca siendo sujetada, al igual que la otra. Era un agarre firme, pero no lo lastimaba, solo se sentía tenso.

-Y-Ya deja eso, tengo que llevarte a tu cuarto.

-¡Shuéltame! ¡¿Qué te creesh para…?! ¡AGH! ¡Te dije que me shueltesh! ¡Idiota, tonto, eshtúpido, imbéshil, mentirosho!

El forcejeó fue débil al inicio, casi no tuvo validez alguna y Licorice fue capaz de llevar a Ivlis escaleras arriba hacia su habitación. Hacía el intento de ignorar sus gritos e insultos por más que lo hirieran, pues quería convencerse de que él no podría hablarle de esa manera.

…Aunque… Era doloroso pensar que él sí creía esas cosas y solo se las soltaba ahora porque estaba ebrio… Dolía que hasta él mismo creyera que se las merecía.

¿Acaso Ivlis no lo había perdonado en realidad por su error del día anterior? ¿Seguiría decepcionado? ¿Lo estaba culpando por el daño mínimo que obtuvo? Pensarlo lo destrozaba de tal manera que hasta había empezado a hacer más lenta su forma de caminar, tratando de no llorar más.

Ivlis por su parte, gruñía y hasta tiraba del brazo ajeno para librarse, pero no lograba mucho, hasta que en cierto momento del recorrido una idea vino a su mente cuando estuvieron cerca de la puerta.

-¡Ya shuéltame, shuéltame! ¡Jódete, jódete! ¡Maldito! ¡Mal hijo! ¡Mentirosho!

-Puedes… ¿No gritar mucho? L-Los demás duermen y- ¡A-AY! –Fue entonces que una de las muñecas del diablo mayor se le soltó, ante la reacción al dolor de ese pisotón violento hacia sí.

No quería alterarse, pero… Esto ya lo estaba superando, y el momento en que su paciencia ya se agotara llegaría apenas se descuidara.

-¡N-No hagas eso, te dije que…!

No logró alcanzar su mano, el reflejo de su madre fue mucho más rápido y lo dejó fuera de combate por unos segundos en los que trataba de procesar cómo sentirse acerca de ese ardor doloroso cruzando su mejilla en cuatro líneas.

Él de verdad… Lo había tratado de alejar con tanta brusquedad que terminó dándole un zarpazo en el rostro.

-Ya te había disho que me sholtarash… -Fue lo único que pudo mascullarle el de mechones rojizos, con el mismo semblante molesto y ese tono sin remordimientos. Licorice tembló al tocar su mejilla, no era mucha sangre, pero de todos modos fue una herida fea.

Esto… Esto ya era demasiado.

-… ¡MUY BIEN, YA ESTOY HARTO! -¿Modales? ¿Delicadeza? ¡A LA MIERDA! No quiso dar una sola oportunidad a resistencia ajena y cargó a su madre hasta el cuarto lo más rápidamente posible. No quería que volviese a escapar o golpearlo, por lo cual tuvo que llevarlo como un costal y soportar que aun siguiera chillando e insultando. Se aseguró de cerrar con seguro por dentro por si acaso y dejó caer a Ivlis a su cama cuando estuvo cerca.

Apenas lo logró, bufó agotado y se masajeó las sienes. Se sentía culpable por haber actuado de esa manera, pero no tuvo opción.

Tampoco la tendría aun. Ivlis quería seguir dando pelea, más aún que estaba indignadísimo de ese trato, o tal vez ofuscado por su repentina derrota. Licorice tuvo que ser rápido para evitar que él se levantara. No tenía que hacer mucho esfuerzo en mantenerlo recostado, y solo esperaba a que su madre dejara de forcejear y gritar una vez que se agotara y cayera dormida, pero eso no pasó pronto, él parecía tener más energía de la que se esperaría de un ebrio.

Gritaba, pataleaba, soltaba toda sarta de insultos venenosos y repetía las mismas cosas que había dicho. Aun si dolían, Licorice seguía firme en tratar de que se calmara a su debido tiempo y se durmiera, no tenía otra cosa más que hacer que sujetarle las muñecas a un costado para eso, aunque prefería no verlo a los ojos, evitando que su agresividad lo afectara tanto.

En cierto momento, lo que planeaba dio resultado e Ivlis ya no se resistía, solo dejó de forcejear de forma abrupta con una mirada chispeante de furia pero perdida, recobrando el aire que perdió en cada reclamo.

Ya había aceptado que perdió, pero no rebajaría su orgullo. Esto era frustrante ¿Por qué? ¿Por qué siempre tenía que perder contra él? ¿Por qué ganaba tan fácilmente?

-Agh… Tú… ¡Realmente no te canshash de moleshtarme! ¡¿Verdad?! ¡¿Qué quieresh?! ¡¿Por qué me ayudash?! ¡¿Tratash de que vuelva a creerte?! ¡Shiempre hashesh lo mishmo! ¡Cada vesh que creo que puedo estar bien shin ti apareshesh y…! ¡AGH! ¡Lo odio! ¡TE ODIO, TE ODIO, TE ODIO!

Nada lo calló tan efectivamente como lo que vio frente a sus ojos y lo que cayó sobre su rostro.

Lágrimas. No dejaban de caer sin descanso sobre sus mejillas y de surgir de los ojos contrarios.

La presión inofensiva en sus muñecas desapareció al instante, pero no se levantó, se quedó mudo con la mirada fija sobre su hijo. Lo veía caer en un llanto que trataba de ser silencioso, pero fallaba en ello soltando uno que otro lamento ahogado entre sus manos o el aire que le faltaba tomar.

Verlo apagó la furia ardiendo en su interior y lo reemplazó con algo que reconocería hasta en su ebrio estado; culpa y arrepentimiento.

Licorice ni siquiera se estaba esforzando en ocultar lo duro que fue escuchar aquello "Te odio." ¿Alguna vez imaginó esas palabras de su madre? No, y era horrible sentir que en parte se lo había ganado, hundido en el pesar que le provocaba darse cuenta de lo mucho que había descuidado a Ivlis estos años sin darse cuenta. Así de mal había hecho las cosas, y lo de la noche anterior solo había sido el límite.

¿Estaba llorando frente a él? No importaba, estaba ebrio después de todo, quién sabe si recordaría esto.

-L-Licorish… -Llamó sin mucho éxito en un tono ronco y haciendo lo posible por no contagiarse de su llanto.

Él no hizo caso hasta unos segundos después en los que trató de ubicarlo aún sollozo pero con la vista menos nublada, ya no lo miraba con frialdad u odio, cargaba arrepentimiento y aflicción, sin abandonar la posición en la que había quedado, con las manos a los costados de la cabeza.

Ni se había movido desde que él lo soltó.

-L-Lo shiento… Yo no…

Esto era… Un déjà vu muy extraño… Casi como la noche anterior.

No lo pidió, pero no se opuso al abrazo fuerte en que se vio apresado. Reaccionó después, escuchando todavía el llanto y los hipeos del diablo menor y sus intentos de formular disculpas sin contexto, pero que de todos modos Ivlis entendía.

No fue eso lo que lo destrozó, sino escuchar que cuando él ya estaba logrando calmarse logró decir "¿Por qué?"

Sí… ¿Por qué tratas así a tu hijo, Ivlis?

¿Por qué decidiste egoístamente explotar toda tu frustración en su cara? ¿Por qué lo hiciste sentir tan miserable? ¿Por qué te atreviste descaradamente a golpearlo cuando él nunca te puso un solo dedo encima, incluso ahora que fuiste violento?

¿Por qué… Tuviste que arruinarlo?

En ese momento fue que tomó él el lugar del sollozo, soltándose en un llanto casi inentendible y desesperado, aferrándose a Licorice como si su vida dependiera de ello.

Quería decir tantas cosas, pero solo podía limitarse a llorar lo que no lloró este largo tiempo. Segundos, minutos… No contó el tiempo en el que estuvo sumido en ello hasta que se calmó.

En el silencio se sentía la tensión, en ambos agarres la suavidad empezó a hacerse presente y ya no era un aferro, sino un abrazo, triste, pero ligeramente alivianador. Era cálido, tal como recordaba, a diferencia suya Licorice había estado en casa y no merodeando por afuera. Se sentía reconfortado ante su calidez y su forma de abrazarlo, y el mareo que le provocaba el alcohol empezó a causarle adormecimiento poco a poco.

-L-Licorish… E-Esho no era shierto, yo…

-Está bien… E-Es mejor que te duermas. –Murmuró zafándose del abrazo al notar que ya estaba por caer dormido.

-De verdad no lo dije en sherio… Te amo… Te amo, te amo… Y-Yo de verdad…

-Lo sé, madre. Ya no te preocupes, hablaremos mañana.

Todavía quería decir más, quería dejarlo claro, pero los parpados le pesaban y sus cuerdas vocales apenas respondían.

-Lo… Shiento…

-Yo también lo siento.

(…)

Hace rato ya que estaba consciente, despierto pero con los ojos aun cerrados. La cabeza le dolía demasiado como para permitirse abrir los ojos todavía, y se sentía desorientado. No sabía dónde estaba, el mareo lo distraía lo suficiente del tacto con las sábanas.

¿Dónde… Estoy…?

Es lo primero que vino a su mente a medida que su visión se volvía menos borrosa y el dolor disminuía un poco. Ahora podía reconocerlo, era su cuarto, incluso a oscuras lo sabría. Al mirar hacia arriba daba la impresión de que estaba solo, pero la tensión en la superficie del colchón hundido a su lado le indicaba que no era así.

Se levantó como pudo sobándose la cabeza, hasta que la voz a su costado lo alarmó.

-Oh, ya estás despierto.

Reconoció esa voz instantáneamente y miró hacia allí, era su hijo. No se veía muy feliz, pero se notaba que se esforzaba por mantener una postura calmada. Podía disimularlo mejor, Ivlis notaba ese deje de angustia en su mirada.

Oh, es cierto ¿Anoche no fue a beber? Recordaba haber hablado con Lil y seguir abusando del alcohol, pero luego de eso no recordaba nada. Todo estaba borroso. No es que creyera que hizo algo malo, pero… Si Licorice estuvo esperando a que despertara solo para hablar sobre eso, significaba que la cosa era seria.

-Bueno… Tienes mucho que contarme. Solo espero que ahora hables con coherencia y no me digas "imbécil". –Sonó dolido al pronunciar esa palabra, pero no cambió su gesto serio, logrando que Ivlis entrara en pánico.

Vamos, Ivlis ¡¿Qué hiciste anoche?! ¡Trata de recordarlo aunque puede que no te guste!

Mierda, está usando esa mirada… ¡Piensa rápido, Ivlis! ¡Oh, Vicers, sálvame!

Todavía no sacaba conclusiones y ni una palabra de su boca, y Licorice seguía hablando.

-Y te advierto… Si me llamas "cariño" sabré que vas a excusarte. Así que… Nada de mentiras, por favor. Sé honesto. –No podía pedir más que eso en vista de que últimamente Ivlis había guardado mucho dentro de sí que salió a flote anoche.

-Y-Yo… E-Espera… ¿Qué es eso en tu mejilla? –Horror fue poco para describir su gesto al fijarse en la herida en su rostro. A diferencia suya, Licorice no se alarmó, solo suspiró desviando la mirada a un costado, tratando de no entristecer al recordar ese momento.

-No es nada… De todos modos eso no es lo importante ahora.

Tal vez… ¿Yo le hice eso? Se ven como rasguños de mis…

-¿Bien? Sigo esperando.

-No sé qué es lo que debería decir, eso es todo.

-Solo espero que me digas en qué estabas pensando al ir a emborracharte sin compañía confiable o avisarnos donde estabas.

-No lo sé, solo creí que sería penoso que supieran lo que iba a hacer. –No mentía en lo absoluto.

-¿Y qué con eso? Tu seguridad importa más… Bueno, no importa. No quiero discutir sobre eso.

-Lo que quieres saber es sobre por qué fui ¿O no?... Mira, te lo diré, lo necesitaba ¿Entiendes? No estaba bien. Solo quería perder un rato la consciencia. –Pasó de largo de su mirada horrorizada. –¿Por qué estás tan sorprendido? Tú me conoces mejor que nadie.

-N-No es eso. Madre… No tiene que ver con lo de la cena y eso ¿Verdad?... ¿Fue mi culpa?

El diablo de flamas no respondió, no tenía corazón para decir que en parte se debía a eso. –No… No es por ti. Tengo muchas cosas acumuladas últimamente, pero no tienen que ver contigo.

Ahí estaba… Otra vez mintiendo ¿Alguna vez aprendería?

-No debiste hacer eso… Pudiste decirme a mí, a Rieta, a quien sea… Tú… Sabes que el alcohol no es la solución ¿No? –Temía que Ivlis se convirtiera en un alcohólico por depresión algo así, lo cual veía factible luego de esto.

-Claro que lo sé. Si no lo supiera arrastraría una licorera a todos lados como Yagi. –Se sintió medianamente ofendido, pero no quiso demostrarlo.

-¿Entonces por qué…?

-¡Porque no se me ocurrió algo mejor! ¡¿Bien?! ¡Claro que pude hablarle a Rieta, a Emalf, a Poemi, inclusive a ti…! Pero… No lo vi como una opción. No me siento bien metiendo a Rieta en estos problemas y… Tú siempre estás ocupado, no quise molestar.

-Pero a mí no…

-¡Ya sé que no te molesta! ¡¿Pero acaso no es hartante soportarme así?! ¡Hasta yo estoy cansado de esto! Solo… Es decisión mía no ahogarlos con esas tonterías y tratar de arreglármelas por mi cuenta.

-Madre, no son tonterías. Es preocupante que sigas de esta manera y no quieras abrirte con nosotros porque crees que es "una molestia". Nos preocupa cómo te encuentres.

-Lo sé, y lamento preocuparlos. Pero como ya te dije, no me siento cercano a nadie últimamente. Ni siquiera con Rieta, y eso ya es decir mucho. –Rieta siempre sería su adorada mejor amiga y alma gemela, pero había cosas que ni a ella podría decirle. –Y tú… Bueno, no tengo por qué explicarme.

Licorice bajó la mirada con marcada pena, entendiendo a lo que se refería. Lo de anoche aún lo atormentaba, pero quería dar oportunidad a la coherencia de Ivlis ahora que estaba sobrio.

Así que era este el problema… Sí se estaba volviendo lejano después de todo.

Ivlis continuó luego de un suspiro resignado. –Mira… Yo… No necesito que sigas tratando de reparar algo que está roto. Tú y yo no somos amigos para que sientas que me desplazaste por una chica y amigos, yo… Y-Yo lo entiendo ¿Sí? –Soltó finalmente, sintiendo culpa de haber causado esa impresión. –Yo solo soy tu madre… No soy tu hermano, tu amigo, tu primo o cualquier otra cosa… Sé que es normal que ahora que seas mayor, prestes más atención a otras cosas, en especial a gente de tu edad.

-¿Q-Qué…? ¿Roto…? Y-Yo… No entiendo. –Eso le tomó por sorpresa. Por el amor a Vicers, iba a entrar en pánico en cualquier momento si no recibía una respuesta y lo dejaban seguir imaginando cualquier cosa ¿Qué le trataba de decir Ivlis con todo esto?

-Nosotros… Seamos sinceros, no hablábamos desde hace años y de repente quisimos volver a eso ¿En qué estábamos pensando? Las cosas están bien como lo están ahora. Tú ya creciste, yo cumplí con mi deber de madre… Y ya no necesito que me defiendas de nadie o trates de ayudarme, así que siéntete libre.

-¡Pero a mí realmente me gusta hablar contigo! ¡Me gusta que seamos cercanos, no quiero que simplemente…!

-Licorice… Nosotros ya no necesitamos uno del otro ahora.

-¡No se trata de eso! S-Sé que el primero en arruinarlo fui yo pero… Era joven, fui tonto, todavía lo soy, pero sé que no quiero que nos distanciemos. No quiero dejarte solo cuando te estás hundiendo ¡No puedo! ¡Todavía sigues siendo mi madre! ¡Sigues siendo la persona a la que le juré protección! ¡Eres a quien juré hacer feliz! H-He estado olvidando todo eso desde hace tiempo, pero ya no lo haré. No pienso dejar que me apartes y no lo haré por mi cuenta.

-Pero… No entiendo… ¿Para qué le tomas importancia a eso? Me lo juraste de niño. No te culpo más por olvidarlo.

Licorice no creyó ni media palabra, aun recordaba lo que Ivlis había gritado estando ebrio. Puede que su reservada actitud le impidiera decírselo, pero él ya no necesitaba escucharlo por segunda vez. –¡¿Y qué?! ¡Sigo amándote! ¡Eres mi madre después de todo! ¡Lo creas o no todavía te necesito! Puede que tú a mí no… P-Pero yo lo hago… No te quiero obligar a que pases tiempo conmigo si no quieres, luego de lo mucho que me alejé no te culpo por no quererme cerca… Pero si me permites, solo quiero una oportunidad más ¿Sí? ¡Y esta vez no habrá más compromisos de improvisto, ni retrasos, ni interrupciones ni nada! ¡Te dedicaré parte de mi tiempo a ti también! E-Eres mi familia… Aun lo eres.

Ivlis no dijo nada, sintiendo que el estómago le hormigueaba ante esa repentina acción de Licorice al tomarlo de las manos y acercarse repentinamente.

Se lo había jurado a sí mismo antes, no cumplió y así acabó todo… No quería caer de nuevo.

Pero ahí estaba otra vez, era esa mirada dorada y suplicante, era ese sentimiento que lo derretía sin más.

"Todavía te necesito."

¡No! ¡Ya no más! ¡Esta vez no sería tan idiota como para aceptarlo! No quería otra decepción, no quería más de eso, no quería…

-¿Te digo algo? Normalmente me conmueves y cedo a todo si me miras así.

Yo no debo…

-Esta no es la excepción.

Pero soy débil.

-¡W-Wahh! ¡Madre! ¡Muchas gracias! ¡Gracias, gracias, gracias, gracias! –No daba tregua a la emoción que le provocó oír su respuesta positiva y simplemente se lanzó a abrazarlo. –¡Prometo que esta vez no lo arruinaré! ¡Lo juro! ¡D-De verdad, gracias!

-E-Está bien, tesoro… No es nada… -Correspondió lentamente, carente de euforia o emoción. Ahora solo podía reprocharse cómo es que volvió a caer tan fácilmente ¿Es que acaso no habría aprendido nada? Ya no sabía qué esperar de esto, pero trataría de no ilusionarse… Aunque seguramente lo haría otra vez.

Pero Licorice se veía tan feliz… E inevitablemente eso terminaba contagiándolo un poco de alguna manera.

Bien… Si es que de ahora en adelante su fragmentada relación mejoraba, algo le quedaba claro; Ya no sería sencillo escapar de sus sentimientos.

-M-Madre, solo quiero pedirte... No vuelvas a hacer eso. Prométeme que no volverás a alcoholizarte cuando estés triste, no quiero que caigas en eso.

-Descuida... No lo haré.

Lo siento... No sé si pueda cumplirlo.

..

-Debiste haber estado ahí para celebrarlo con Etihw, recuerdo que tuviste la misma reacción… -Rio para no llorar, fijando la mirada en el suelo a medida que esas palabras resonaban en su pensar. –Debí habértelo dicho antes de que se te ocurriera ayudarme, así esto no hubiese acabado así… Aunque no es culpa tuya, descuida…

-Ugh... W-Wahh... No sé qué decir... –Tragó grueso al recordar ese día. Verdaderamente había estallado de felicidad en aquel entonces, pero recordarlo precisamente ahora resultaba incómodo. En su momento, la felicidad descubrir a su hijo menor con novia y no tan mojigato como Glasses de verdad lo había emocionado hasta que olvidó momentáneamente lo de este con el de mechas rojas.

La verdad era que en el pasado nunca tomó aquello tan en serio, creyéndolo solo de esas cosas de niños y no lo pensó demasiado hasta hace un tiempo, pero Ivlis no necesitaba saber eso. De igual modo, eso no era lo importante ahora, sino lo increíble que sonaba el imaginar a Licorice hablar tan cruelmente del diablo de las flamas ¡No tenía sentido alguno! ¡Lo adoraba! ¡Podía poner las manos al fuego por ello al igual que cualquiera que los conociera! En serio todo hasta ahora parecía indicar que ambos se correspondían pero... Todo en aquel relato indicaba lo contrario y luego no, pero después sí, y luego no… Ya no entendía y hasta sentía culpa por haber atacado a Ivlis esa noche de la cena.

¡No! ¡Nada de culparse ahora! Aquí había algo que no cuadraba en lo absoluto y necesitaba resolverlo.

No podía hacer mucho más y a la vez, ya no sabía que creer con todo lo que había oído.

-Y... ¡B-Bueno! Eso ya pasó... ¡Y aun así volvieron a hablar! ¡Ya sabes! ¡No es mucho pero... Puede que se lleven bien de nuevo! ¡Vamos! ¡Es Licorice! ¡Lo conoces mejor que nadie! Él te adora...Tal vez, no como deseabas pero... Sin duda te adora. Solo... Dale tiempo. Nunca duran mucho peleados... –Balbuceaba buscando las palabras adecuadas para no desanimarlo más. No sabía hacer esto.

-No es tan simple, Satanick… Después de esto no sé si seguirá pensando lo mismo de mí… -Sería sincero, prefería que Licorice le siguiera hablando aunque a sus espaldas creyera lo peor sobre él, no importaba si era una felicidad muy falsa… Lo prefería antes que su desprecio y actitud esquiva. Satanick en parte tenía razón con todo esto, Licorice a pesar de esas crueles cosas que pensó sobre él siguió demostrando tenerle cariño. Esta vez podría ser igual ¿Cierto? Quería creer que así sería por ahora. –No sé si no me mandará a la mierda como ese travesti.

-¡Oye! ¡No compares esto con la del viejo travesti, es de nuestro bebé del que hablas! ¡Él si fue bien educado!... Y no creo que te odie, puede que solo este... Sorprendido. Las bodas son estresantes y eso...-Ya no buscaba ilusionarlo con lo de ser correspondido, pero valía la pena rescatar al menos la buena relación madre e hijo que ese par tenía. Era mejor que nada.

-Supongo, pero…

-Bueno... ¡Ya! ¡Basta de depresión! ¡No puedes solo dejar que esto te hunda! ¡Vive! ¡Respira! Ponte como zanahoria si quieres pero no sigas así... ¡Aunque la vida sea mierda, la vida sigue! Ya dije todo lo genial que eras a esa diva... ¡Y no fue en vano! ¡No me hagas repetirlo y ponte de pie! ¡Con dignidad digna de una cucaracha! ¡Aunque te aplasten, le levantas! ¡Como ahora! –No se contuvo en ponerlo de pie, listo para obligarlo a volver a salón. Tal vez algo de pastel ayudaría a levantarle el ánimo, el charlar con la genio o lo que fuera, pero ni loco lo dejaría allí, lamentándose en la oscuridad.

-Jah, sería tentador hacerte repetir todo lo que dijiste sobre mí. –Sonrió de lado con una mirada algo burlona. Tal vez había estado sumido en su miseria, pero había escuchado todo lo que salió de su boca y ahora sí podía disfrutar el recordar la expresión en la cara de ese viejo y como terminó metido involuntariamente en una pelea con los demás dioses. Lo que daría por haber visto a Elux apaleándolo a él y a Fumus…

Quién lo diría. Estaba recuperando poco a poco su actitud habitual, así que debía suponer que el diablo de Pitch Black estaba haciendo un buen trabajo animándolo, cosa que agradecía internamente.

Él sin dudas era bueno en esto de la amistad. Solo esperaba que no siguiese molesto por lo anterior.

Agh… Esto de recordar el pasado y arruinar todo cada dos por tres solo hacía que repitiera lo mismo una y otra vez… Y ya ni le sorprendía.

Yo… Lo siento.

AL FIN SE ACABÓ, JODER

No, el fic no, pero el capítulo sí :v

Tengo un sueño de puta madre y no tengo nada que decir por ahora, so… Si alguno tiene dudas me las dice y las respondo.

Me wa dormir, espero que les guste mucho. Creo que no tardaré tanto para la próxima actualización.

¡Dulce se despide!