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Derechos: Los personajes le pertenecen a S.M., quien es la que nos hace soñar con cada uno de ellos, cualquier otro personaje que no sea identificado, es totalmente mío, como la historia.
((((¯ '·.¸( )Capitulo beteado por Shades (FFRT) ( )¸.·' ´¯))))
Capítulo 11
Para todo siempre existe una primera á era la primera vez que Mía salía a un paseo familiar, por lo general, René casi no la llevaba a la primera vez que conoció un parque fue cuando estaba en un motel de cuarta y en frente había uno, estaba sola con su amiga Caroline y aprovecharon ese momento para salir.
En unos años Mía podría decir que nunca se arrepentiría de haberse fugado; ese día conoció a su madre, ese día la sacaron del infierno de vida que tenía y lo mejor de todo… ese día encontró a su familia.
Tres días después ella estaba parada delante de las puertas automáticas del centro comercial, vistiendo unos shorts jean azul; blusa blanca, cuello redondo; y bailarinas blancas; sus cabellos recogidos en dos coletas. Y lo más importante, su mano derecha iba cogida de la izquierda de su papá, al lado de su mamá quien llevaba el cochecito de su hermanito Joseph. La sonrisa que tenía plasmada en sus labios, nadie se la quitaba, y el vacío que se sentía antes en esa familia pequeña, estaba lleno.
A decir verdad, Mía se estaba acoplando muy bien con ellos. Ellos pensaron que todo iba aser de manera complicada, claro, aun no cantaban victoria, recién estaban en el inicio del camino.
Entraron al centro comercial riendo por las ocurrencias de la niña, quien revoloteaba alrededor de sus padres. Por cada parada que hacían en los locales era un nuevo paquete que se sumaba a la carga.
A Mía nunca la habían llevado de compras. Ella vestía ropa donada por los vecinos o por alguna iglesia. Bella había botado a la basura la ropa que le entregaron las enfermeras del hospital, hasta nauseas le dieron al ver la blusa con huecos y el short con la cinta elástica gastada.
El pequeño Joe ayudaba dando espacio, para que Edward no llevara muchas bolsas pesadas.
— Mia, Bella —la niña señaló un vestido de verano color blanco con flores rosadas y turquesas bordadas en las esquinas.
El único vestido que le había llamado la atención. Entraron y Bella le pidió a la dependienta uno de la talla de Mía. Mientras le llevaban el vestido para probarlo, estuvieron dando vueltas por el local, era un lugar donde vendían solo ropa para bebés y juniors, habían sin fines de modelos preciosos, Edward y Bella se entretuvieron escogiendo ropa para ambos niños.
—Mía, quédate a nuestro lado —ordenó Edward, al ver a la niña caminando por los pasillos entretenida, Mía solo asintió y continúo ojeando la ropa. Vio que su papá estaba escogiendo unos calcetines de colores para Joseph— ¿Bella, verdes o amarillas? — alzó los calcetines para mostrárselos a su esposa para que decidiera por un color.
— Eh… am…— un grito se escuchó de uno de los pasillos.
— ¡Papá! — Edward corrió al escuchar el grito de la niña. Ella estaba paralizada, llorando en la puerta del local. Bella cogió a Mía y la acomodó en sus brazos; buscó un asiento y junto con el pequeño Joe se quedaron en silencio escuchando los sollozos y pequeños hipidos de la niña.
Las personas alrededor se asustaron y comenzaron a preguntarles si todo estaba bien; Bella solo asentía, en realidad ella no estaba bien, no sabía lo que había pasado. Solo vio a Edward salir corriendo de la tienda.
Por otro lado, Edward corrió detrás de la mujer, esquivando a las personas que se atravesaban en el camino, no sabía de dónde había sacado las fuerzas para avanzar y dos pasos a la salida del centro comercial, estiró el brazo y logró cogerla de la blusa, la mujer forcejeó con el cobrizo pero esos movimientos hicieron que el afianzara el agarre y lograra detenerla.
— ¿Señora, se encuentra bien? —preguntó un guardia que había corrido detrás de ellos. Estaba jadeando pero aun así, le mando una mirada envenenada a Edward.
— La señora tiene problemas con la policía — Dijo Edward antes que René abriera la boca para decir alguna mentira— Soy Edward Masen —le enseño el carnet de conducir.
Con la simple mención de la palabra Masen, el guardia se quedó callado y asintió; él prácticamente era su jefe, ya que era socio del centro comercial y una de las mejores empresas de hotelería y turismos, tenía allí una sede.
— Me comunicaré con la jefatura de policía —susurró el guardia, sacando su radio comunicador que estaba enganchado a su cinturón, Edward asintió pero no soltó el brazo de René.
Al cabo de unos dos minutos, tres guardias de seguridad del centro comercial, los escoltaban hacia las oficinas. Edward ya había llamado a Alec y Royce; el primero comprometiéndose a llevar al oficial que llevaba el caso de ellos.
René no había abierto la boca desde que Edward la había alcanzado. Caminó en completo silencio, siempre con la esperanza que lograra soltarse un poco para poder escapar pero, cuando llegaron los guardias, dio por finalizada sus esperanzas.
Edward le pidió a Alec que fuera en su representación a la comisaria; él tenía que ir a ver a Bella que estaba angustiada en el local, con la niña llorando en sus brazos y el pequeño Joe en su cochecito incomodo por los paquetes que habían acomodado allí.
— ¡Papi! —Gritó Mía al ver a Edward entrar al local. Se tiró a los brazos de su padre y las lágrimas seguían saliendo de manera desgarradora, pensó que él no iba a regresar con ellos y ella le tenía más confianza a Edward que a Bella— papá, no dejes… papá, no. Ella no —balbuceaba la pequeña, tenía la cabeza apoyada en el hueco del cuello de Edward, este frotaba la pequeña espalda de su hija, tratando de relajarla.
Bella estaba paralizada; su hija había llamado papá a Edward y él de lo preocupado que estaba, no había prestado atención a las palabras de la niña.
OoOoOoOoO
— ¡No, Bella! —Le dijo Edward por enésima vez—no quiero que veas a ese hombre —habló entre dientes. Bella tenía casi una hora insistiendo en que quería verlo; quería hablar con Phil, pero su esposo no le permitía.
Bella respiró hondo, tomando todo el aire posible, cerró los ojos, sacudió la cabeza, volvió a abrir los ojos, mirando fijamente a Edward. Ella había tomado una decisión y nadie iba a impedirle entrar al cuarto donde tenían a Phil para investigaciones y decirle todo lo que deseaba escupir en ese momento, lo mismo quería hacer con su madre. Quería restregarles en la cara que a pesar de todas las tormentas que ella pasó, ella tenía a su hija, tenía su familia.
—Edward, no te estoy pidiendo permiso. Voy. A. entrar. Y. punto —terminó hablando entre dientes. Edward frunció los labios, escrutando en su mente una respuesta que mantuviera alejada a su esposa de aquel tipo. Pero en vez de encontrar respuestas, encontró dudas.
¿Y si Bella todavía siente algo por Phil? Por eso era tanta la exigencia de verlo… ¡No! Él no podía pensar de esa manera, aquel tipejo había hecho sufrir mucho a su esposa, reteniendo a la niña con él, permitiendo los maltratos y ahora, los graves problemas psicológicos que presentaba.
Al cabo de unos minutos, le permitieron a Bella entrar al cuarto donde lo estaban interrogando; con la única condición de que al otro lado del espejo iba a estar Edward, junto a otros dos agentes, viendo y escuchando.
La habitación era tal como en las películas, es más, un poco más tenebrosa, más fría, más oscura. La mitad de una pared la cubría un enorme espejo, que todos saben que comunica a un cuarto contiguo y al otro lado se puede ver con claridad lo que está pasando, paredes color gris oscuro, una mesa y dos sillas.
Bella entró vacilante. Cuando asomo la cabeza no vio a nadie pero al mirar al frente en un rincón estaba Phil, la apariencia no era de un tipo treintañero, parecía que le habían caído los años encima, estaba más viejo, cabello largo color oro, pestañas espesas igual color del cabello, barba de días, ojeras, arrugas. La castaña se estremeció por completo, ese no era el Phil que ella había conocido. Los ojos no tenían ninguna clase de brillo y si no fuera porque caminó para posicionarse en su delate, diría que esos ojos pertenecían a un cuerpo sin vida.
—¿Bella? ¿Eres tú, muñeca? —Bella hizo una mueca de asco al escuchar aquel apodo, no sabía cómo podía haber soportado aquello. Phil alzó la mano izquierda para acariciar con sus nudillos las mejillas de ella, como siempre lo había hecho; pero Bella al adivinar el movimiento se hizo a un lado.
Ella realmente estaba asustada. Aunque sabía que con una palabra ella podía estar fuera de aquel cuarto nauseabundo, no mostró temer, sí ella lo hacía, Edward entraría y se la llevaría a rastras del lugar.
—¿Por qué te fuiste? —Preguntó en un susurro— ¡Yo que te amaba hasta la medula! —le gritó al ver que Bella no decía nada.
Edward se estremeció al escuchar esa declaración; fijó sus ojos en el rostro de Bella, de lo primero que se dio cuenta, fue que ella suavizo su expresión, pero luego de unos segundos, esta se hizo fría, osca, él nunca había visto esos ojos de esa manera. Una corriente eléctrica atravesó su cuerpo.
— ¿Qué me amabas? —Bella enarcó una ceja, se cruzó de brazos e hizo las manos puños. Ella procuraba mantener una sola expresión y no mostrar el desconcierto que sentía por dentro— ¡¿Amar es todo lo que le has hecho a Mía?! ¡Para mí eso no es amor! ¡Eres un maldito! ¡Me has hecho sufrir! Pero ahora…—tomó aire y se contuvo de dar unos pasos y golpearlo, porque ella no solo lo quería golpear, también quería matarlo con sus propias manos—ahora soy feliz, ahora ¡SÍ! estoy enamorada ¡E-NA-MO-RA-DA! ¡Amo a mi esposo! ¡A mi familia!—Miró hacia el espejo, sentía la presencia de Edward al otro lado y lo único que quería era salir de ese cuarto y abrazar a su marido, quería ver a sus hijos que habían quedado con Emmett en un parque cercano a la comisaria—Espero no volverte a ver, nunca más en mi vida. Desaparece de la de Mía ¿entendiste? —Phil asintió—eso espero —volvió a mirar al espejo— Quiero salir de aquí.
Un guardia abrió la puerta. Ella salió y se apoyó en esta cuando estuvo cerrada, cerró los ojos y sintió como otra carga se desaparecia de sus hombros. Solo le quedaba el juicio y la ayuda psicológica que se iba a someter con su hija. Se sintió rodeada de unos brazos; unos fuertes brazos, sintió alivio, volteo a ver los ojos verdes de Edward, sonrió y lo jaló de la mano, sacándolo de allí.No quería ver a su madre, tampoco se lo iban a permitir, ya que la estaban interrogando acerca de la otra niña. Edward se había comunicado con el papá de Caroline, informándole que René había sido capturada.
OoOoOoOoO
Edward y Emmett estaban jugando con Mía, mientras Bella le daba el biberón al pequeño Joe, quien estaba distraído viendo como su padre coge a su hermana y la suspende en el aire, pone su cuerpo de forma horizontal y esta abre los brazos simulando que es un ave. Y eso es lo que siente Mía, se siente como un ave libre, puede volar, respirar aire fresco, reír sin miedo a que la regañen o René llegue a los maltratos.
Joseph y Mía se encuentran con las miradas y ambos sonríen. Ellos desde la primera vez que se vieron, tuvieron una conexión especial; el pequeño Joe ríe más, pasa despierto más tiempo y ama jugar con su hermana, esta le canta, juga con él, lo arrulla y siempre tienen sus manitas entrelazadas.
— ¡Ota ez, pá! ¡ota es!—Edward vuelve a suspenderla en el aire y mueve los brazos de derecha a izquierda, subiendo y bajando, las risas de ellos se escucha en un buen perímetro del parque.
El estómago de Mía comienza a rugir y ella trata de calmarlo, quiere comer, tiene hambre pero no quiere decirle a Edward; quien ya lo había escuchado, sólo que estaba esperando que le dé la señal para detener el juego y dirigirse a algún restaurante— ¿Tienes hambre, princesa? —le preguntó Edward, deteniendo el jugo. La apoyo en su cadera, Mía negó pero otro rugido salido de su barriga— ¿Seguro? Creo que escuche que esta tripita está pidiendo comida —llevo su mano derecha a la panza de la niña y comenzó a hacer cosquillas.
— ¿No te nojas? —El miedo brilló en los ojos de la pequeña, haciendo que estos se llenaran de lágrimas—No, tu… te nojas—volvió a decir, cuando Edward no le había contestado.
—¡Claro que no! ¿Por qué me enojaría? —Dijo comenzando a caminar de regreso a la banca donde estaba Bella sentada— Estoy feliz de tenerte en casa, acaso ¿No te sientes feliz?
— ¡Sip! Muy, muy, muy, muy, muy —Mía iba abriendo sus brazos al medidas que aumentaba un "muy" a su repertorio—muy, muy… ¡Feliz! —terminó con una sonrisa.
— ¡Eso está bien, princesa! Digámosle a mamá que tenemos hambre —Mía asintió—Cuando yo diga tres le gritamos: "¡Mamá, tenemos hambre!" ¿Entendido?—Mía lo miró seria, las risas se habían ido. Regresamos, otra vez, pensó Edward al ver la expresión de la niña— ¿Qué pasa, Mía?
Mía se acercó a su oído— ¿Y shi no quele que le diga mamá? —Edward sonrió, al fin se estaba abriendo para ellos.
—Le va gustar, te lo aseguro —Edward empuñó la mano que tenía libre y sacó el dedo meñique— pon tu mano así —Mía lo hizo—ahora, yo envuelvo mi dedo así —envolvió el dedo meñique con el de ella haciendo que prácticamente desapareciera—esto es una promesa. Y yo te prometo que Bella no se enojará, ni nada. Al contrario, estará muy feliz —la pequeña asintió— Entonces… uno… dos…y… ¡Tres!
— ¡Mamá tenemos hamble! —gritó Mía de manera tímida
— ¡Mamá tenemos hambre! —gritó Edward guiñándole un ojo.
Bella, solo pudo escuchar el, mamá que venía de la vocecita de su hija. Se le llenaron los ojos de lágrimas, su bebe le había dicho mamá.
*.*.*.*.*
¡Hoooola! ¿Qué dicen? Por fin Mía se está abriendo a ellos. Amo a mi Edward. Él es tan sweet *suspira*.
Espero que les haya gustado este capítulo.
Opiniones, sugerencias, criticas, tomates, pimientos o huevos podridos. Se los agradecería en un review.
Besos…
MelLutz (L)
