20 de Enero
Querido diario:
Ayer fue el día que durante tanto tiempo he esperado. Me encuentro confusa, no sé cómo comportarme, no sé cómo reaccionar.
Quizá es esto lo que más inquieta me tiene; tras tanto tiempo de sufrir, de rogar porque este momento llegara, lo que siento ahora está muy lejos de ser el júbilo desmesurado que yo misma me auguraba si algún día llegaba a ocurrir. La indiferencia es una araña que ha tejido su tela poco a poco, día a día, en el fondo de mi estómago, y ha ido extendiéndose lenta pero segura en cada rincón de mí. No me importa lo más mínimo lo que ahora ellos puedan pensar, si lo sienten, si lo creen, si están remotamente arrepentidos por el incansable escarnio del que me han hecho blanco durante los últimos meses. Me da igual. Ellos no son ya nada para mí. No son nada. Nada.
Anoche bajé a cenar, aunque no quería hacerlo y tenía un miedo atroz, pues sabía lo que iba a suceder. Pretendía quedarme en mi habitación, acurrucada bajo las mantas, y limitarme a esperar al día siguiente para ver las siempre sorprendidas y absurdas miradas en los rostros de mis "compañeros". Sin embargo, Draco prácticamente me obligó a bajar. Se presentó ante mi puerta un poco antes de la cena, llamando con insistencia y sacándome de mis pensamientos, cada vez más oscuros y enredados.
Al principio ignoré los golpes, hasta que su amable manera de llamar mi atención me obligó a salir de la cama.
.- Abre la maldita puerta si no quieres que la tire abajo, no seas estúpida.
.- Lárgate, no voy a bajar a cenar.
.- Claro que vas a bajar, deja de comportarte como un muggle de seis años. Abre la puerta de una vez, Hermione.
.- ¡Joder, Draco, déjame en paz! –cualquier cosa antes que abrir y permitir que él viera que había estado llorando, y que reconocer que bajar y enfrentarme a todos mientras Dumbledore proclamaba mi inocencia me daba tanto miedo que no me sentía capaz ni de vestirme sin temblar.
Oí una patada llena de rabia que impactó con fuerza al otro lado de mi puerta.
.- Si hay un estúpido conjuro Gryffindor que proteja esta mierda, la tiraré a patadas, no lo dudes ni un momento. Estoy empezando a perder la paciencia, y no es algo de lo que vaya sobrado.
Con el fin de evitar un escándalo, preferí levantarme y abrir. Él entró como un huracán, como si irrumpir a patadas en la habitación de alguien fuese algo natural, algo que él hiciera cada día.
.- ¿Qué haces en pijama?
.- Te acabo decir que no voy a bajar.
.- ¿Te estás riendo de mí? Meses y meses lloriqueando, rogando por que llegara este momento, y ahora me vienes con qué vas a perdértelo. No lo entiendo, ¿tienes miedo de esa gente? Ninguno de ellos justifica la mitad de estas dudas.
.- No tengo miedo.
.- Claro que lo tienes. No sé por qué quieres negarlo, no es motivo de vergüenza tener miedo, pero debes enfrentarte a él y vencerlo, o él te vencerá a ti, y entonces tu vida será indigna y miserable, y no podrás defenderte por que ni tú misma creerás en ti.
.- No tienes ni idea, no sabes lo que es...
.- Ya, Hermione, yo no sé lo que es nada. Tú eres una gran sufridora, y crees que quien más padece es quien más llora. Estas equivocada. Tus lágrimas no valen nada por que no tienes valor para demostrar a quienes te hicieron llorar que no volverás a hacerlo. Por favor, deja de compadecerte porque es algo que me pone enfermo. Coge tu miedo y utilízalo, conviértelo en un arma que luche en tu favor.
.- ¿Y tú me dices todo esto, alguien que nunca ha tenido miedo?
Por un momento me mira, del mismo modo que el profesor experimentado mira a un alumno ignorante que le hace una pregunta insultantemente sencilla. Me responde despacio, cansado, con suficiencia, como si estuviera explicándome por enésima vez el Wingardium leviosa y yo no supiera ni sostener la varita.
.- Miedo a tener entre manos algo que no sepa manejar, miedo a conseguir por fin lo que durante tanto tiempo he ansiado, miedo a que alguien descubra de mí lo que me esfuerzo en esconder. Miedo al fracaso, al error, a sentir... a no saber sentir. Miedo a tener miedo y no saber vencerlo.
Su mirada ha quedado como perdida en mil recuerdos, ensoñaciones que yo no comprendo. Me siento incómoda y a la vez muy cerca de él. No sé que hacer. No sé si preguntarle o callar, pero por suerte él se me adelanta.
.- Así que métete en la ducha, vístete y deja de cuestionar todo lo que yo te digo, maldita seas, no quiero perder ni un minuto más viéndote ahí quieta.
Casi no me atrevo a replicar. Dócilmente bajo la cabeza.
.- Está bien, bajaré.
.- Así me gusta. Tienes quince minutos para ducharte y vestirte, y por favor, no me hagas esperar, no me gusta esperar nada ni a nadie.
.- ¿Me estás diciendo que vas a quedarte en mi habitación mientras me ducho?
.- ¿Es que piensas ducharte aquí, sobre la alfombra? Imagino que utilizarás el baño, ¿no? Así que, Hermione, no seas cría y date prisa. No creas que voy a entrar a husmear. Te esperaré aquí, observando el cuarto... que por cierto, parece un revolcadero de doxys, podríais ordenarlo. Aunque no deja de ser interesante...
.- ¿Es la primera vez que entras en el cuarto de una Gryffindor?
Draco esbozó una sonrisa y respondió, sin mirarme:
.- Hermione, por favor, hablas con Draco Malfoy, he estado más de una vez en los cuartos de varias Gryffindors, Slytherins y Ravenclaws. Sólo de momento, y digo de momento, no he encontrado ninguna Hufflepuff de mi agrado. Y ahora deja de interrogarme y prepárate. ¿Te interesa acaso mi vida sentimental?
Creo que me ruboricé desde las zapatillas hasta la raíz del pelo, porque Draco me miró estúpidamente divertido, lo que me azoró y me enfadó aún más, así que me di media vuelta y, de un portazo, desaparecí en el baño incapaz de darle una respuesta a la altura de las circunstancias.
Debo admitir que me ponía un poco nerviosa ducharme mientras él estaba al otro lado de la puerta, así que lo hice lo más rápido que pude. Cuando salí al cuarto, él estaba sentado sobre mi cama, hojeando el libro que días antes me había regalado. Cuando abrí la puerta no llevaba más que el albornoz. Él levantó la vista y me recorrió de arriba abajo, haciéndome sentir un escreguto diseccionado en una clase de Hagrid.
.- ¿Qué estás mirando?
.- Nada, es sólo que, ahora que me fijo, tu pelo ya no se parece tanto al pelaje de un ratón.
.- La verdad es que no me voy a molestar en contestarte...
.- Era broma, era broma. Venga, vístete, en cinco minutos empieza la cena.
.- ¿De verdad crees que voy a vestirme contigo aquí?
.- Hermione... de verdad, me aburres. Mira, me voy a meter en tu cama y me voy a tapar hasta la cabeza, ¿de acuerdo, no te preocupes, no me voy a asomar de repente ni nada por el estilo, no tengo trece años. Pero por favor, date prisa, no me quiero ahogar.
Así que Draco se metió en mi cama y se tapó hasta arriba, de vez en cuando preguntaba "¿Te queda mucho?", y lo cierto es que fue un buen chico y no sacó la cabeza. Yo me estaba poniendo más nerviosa cada minuto que pasaba, hasta que por fin terminé.
.- Ya está, ya puedes salir de mi cama.
.- Por fin, ¿podemos irnos ya?
.- Habríamos tardado menos si no hubieras estado todo el rato ahí, como un vigía.
Salimos de la habitación y empezamos a bajar las escaleras. Yo iba delante de él pero, en un momento dado, se colocó delante de mí cortándome el paso.
.- ¿Ah sí? ¿Y por qué no te has vestido en el baño?
Sin esperar mi respuesta siguió su camino, y yo tras él, tratando de desterrar rápidamente sus palabras de mi cabeza y concentrándome en lo que inmediatamente iba a tener lugar en el Gran Comedor, cuyas puertas se alzaban ya ante nosotros.
-.-.-.-.-.-.-
-.-.-.-.-.-.-
Como cada noche, casi todos ocupaban ya sus sitios en el Gran Comedor. Ya casi nadie se sorprendía al vernos entrar a Draco y a mí juntos, así que fueron pocas las cabezas que se giraron a mirarnos. Ocupé mi sitio en la mesa de Gryffindor, sin que, como siempre, hubiera nadie sentado cerca de mí, aunque, por primera vez, creo que no me importó.
Draco fue rápidamente engullido por un mar de Slytherins entre los que, de vez en cuando, trataba de sacar la cabeza y mirarme, supongo que para infundirme algo de ánimo o para comprobar que seguía allí y no había salido corriendo a esconderme en algún rincón del castillo.
La cena comenzó y pronto las risas y las conversaciones inundaron la estancia. Yo no hubiera podio tragar ni un bocado aunque hubiese querido. Todo a mi alrededor parecía normal, me asombraba lo corriente que se veía todo ahora que mi mundo se sacudía.
Cuando la cena tocaba a su fin, Dumbledore se puso en pie. Todos sabían que eso significaba que se disponía a anunciar algo; seguramente Filch quería modificar alguna regla o amenazar con despellejar a alguien si volvía a escuchar intrusos en el pasillo de madrugada. De inmediato todos guardaron silencio y fijaron su mirada en la alta e imponente figura de Albus Dumbledore.
.- Hoy es un día importante. Es de suma urgencia que, sin más dilación, todos vosotros seas partícipes de una noticia, de una verdad que ha permanecido oculta demasiado tiempo ya; el curso pasado, unos hechos horribles que nunca podremos olvidar tuvieron lugar en nuestra amada escuela, y varios de nuestros compañeros y compañeras hallaron la muerte aquí...
Ahora sí siento como decenas de ojos se clavan en mí, abrasadores.
.- ... como todos sabéis, vuestra compañera, Hermione Granger, una de nuestras alumnas más destacadas y apreciadas...
(maldito hipócrita, falso...)
.- ... fue acusada de aquellos hechos. Pues bien, desde este instante, todos debéis saber que Hermione Granger es, y siempre ha sido, inocente de todo aquello de lo que entonces se le culpó. La señora Pince se hallaba desde ese momento bajo la maldición Imperius que, contra su voluntad, la obligó a acusar a la señorita Granger. Debemos estar arrepentidos por no haber creído en ella. Recientes investigaciones han arrojado una nueva luz sobre aquella fatídica noche. Hoy sabemos que... que... fue un ataque mortífago entonces no detectado la verdadera causa de tal masacre...
(es tu mejor excusa, Dumbledore, no sabes mentir, viejo asqueroso, ahora todos te creerán y con eso basta, pero qué hay de mí, quién pagará por este tiempo de dolor...)
.- ... y que, por consiguiente, todos debemos recapacitar sobre nuestro comportamiento durante los pasados meses. Estas palabras son ahora la única verdad. Hermione Granger siempre fue inocente. Esto es todo. Podéis marchar.
Durante todo el discurso de nuestro director, yo había permanecido con la cabeza agachada y los ojos clavados en mis rodillas, a punto de gritar, de llorar o de estrangularle por toda la rabia que me estaban causando sus verdades a medias. Ahora en el comedor reinaba un silencio sepulcral. Sobraba cualquier comentario. Poco a poco nos fuimos levantando y saliendo, rompiendo aquel momento que tampoco olvidaríamos. Me dirigí hacia Draco. No esperaba una disculpa por parte de ningún Slytherin, no obstante, sí hubo alguna mirada de sorpresa, incluso de lo que en ellos más se puede asemejar al reconocimiento del propio error.
Juntos salimos del Gran Comedor, mientras mi vista parecía querer memorizar el diseño de las baldosas que pisaba.
.- Levanta la cabeza, Hermione, joder, enséñales la cara.
Lo hice, sintiendo por primera vez en mucho tiempo una sensación similar al orgullo, al triunfo. Parvati Patil se puso frente a mí, interrumpiendo mis pasos. Sus ojos, bañados en lágrimas, rogaban un perdón silencioso que yo quería pero no sabía dar.
.- Hermione... yo... lo siento, lo siento tanto, de verdad, te pido que si pudieras entenderme... he perdido a Padma y tenía que volcarlo todo sobre alguien, y sólo estabas tú, sólo estabas tú... perdóname Hermione.
La miré y, escogiendo cuidadosamente las palabras, di la primera de una larga retahíla de respuestas que tendré que ofrecer a todos los que sé que se acercarán en adelante, imitando a Parvati en los próximos días. Draco me observaba fijamente. Él mediría todo lo que dijera, y yo lo sabía.
.- Lo entiendo Parvati, lo entiendo, seguramente yo hubiese hecho lo mismo. Pero no pidas perdón. No sé perdonar.
-.-.-.-.-.-
-.-.-.-.-.-
No sé si me siento mejor, pero creo que hago lo correcto negando el perdón a quienes han venido ya ha pedírmelo: Parvati, Lavender, Justin, Neville, Luna y muchos más... muchos más entre quienes no se encuentra Harry.
Muy tarde, tras oír absurdas excusas y disculpas, me dirigí por fin hacia mi dormitorio. Estaba derrotada y quería enfrascarme en "Runas antiguas y su aplicación en las Artes Oscuras" y después dormir tanto como fuera posible. Un rostro familiar frente a mí me obligó a parar frente a la puerta de mi cuarto.
.- Llevo esperándote un buen rato.
.- Ron...
.- He venido para...
.- No es necesario, lo sé; no tenías otra opción, no fue culpa tuya, debo entenderlo... estoy muy cansada Ron, no quiero hablar.
.- Por favor, Herm...
.- ¿Herm? ¿No soy ya la "sangre sucia Granger"? ¿No vas a lanzarme un Crucio? ¿Ya no me odias? ¿No deseas mi muerte? ¿Y si ahora yo deseara la tuya? ¿Y Harry, por qué no ha venido contigo? ¿Por qué es tan cobarde, Ron? Sabes, me das asco, no sé cómo te atreves a venir hasta aquí, habéis destrozado mi vida...
.- Entiéndelo, Herm, por favor, la señora Pince salió de la biblioteca gritando aquello...
.- Y tú la creíste sin más.
.- ¡Cuando entramos sólo tú estabas viva! Y cómo habías insistido tanto en que Harry y yo no entráramos en la biblioteca, creíamos que lo hiciste para que no sufriéramos daño...
.- ¿Qué yo insistí? ¿Qué es esa mierda de que yo insistí?
.- ¿Recuerdas que los tres íbamos hacia allí? Harry no paraba de hacer el tonto y al final, me lo contagió... estábamos tan inquietos que insististe en que no fuéramos a la biblioteca o armaríamos un escándalo. Cuando vimos lo que había ocurrido, creímos que lo hiciste para alejarnos del peligro...
.- Eso es absurdo, Ronald, ¿no se supone que yo estaba bajo la maldición Imperius? ¿No creísteis todos que no actuaba conscientemente?
.- Bueno... si... no pensamos en eso. Es sólo que cuando Harry vino a avisarme de que algo ocurría en la biblioteca... lo siento, no pensamos en eso.
.- No pensasteis, Ronald, simplemente. Yo también pude haber muerto. Este año ha sido un infierno y hasta hace poco he estado totalmente sola. Además, no quiero que me mientas. ¿Qué es eso de que Harry corrió a avisarte de que algo ocurría? ¿No estabais juntos haciendo el tonto mientras yo mataba gente?
.- En realidad no... cuando tú te metiste en la biblioteca, yo creí que Harry y yo iríamos por ahí a divertirnos, pero lo cierto es que empezó a encontrarse mal y dijo que quería irse a la habitación a descansar. Yo me fui a la Sala Común, y al rato él llegó corriendo, muy asustado, dijo que había oído ruidos y gritos y bajado al pasillo, y allí había encontrado a varias personas tratando de echar abajo la puerta de la biblioteca porque la señora Pince gritaba algo sobre ti... entonces vino a buscarme. Eso es todo lo que puedo decirte, Herm, debes creerme. La señora Pince gritaba, todo era caos, y nosotros creímos lo que Dumbledore dijo, ¿cómo íbamos a creer que realmente lo que... ?
.- ¡Ron, ya basta! ¡Me da igual! ¡No quiero seguir escuchándote! Ha pasado ya mucho tiempo. Ya no necesito de ti ni de ninguno de vosotros. Ya no soy la que era antes. No quiero volver a verte ni a hablar contigo. Has muerto para mí.
.- ¡No te creo, no puedes estar hablando en serio!
.- Ronald, he llorado cada noche porque no estabas conmigo, porque me odiabas y porque te echaba tanto de menos que me dolía cada lágrima. Pero eso ya terminó y ahora es sólo indiferencia lo que puedo sentir hacia ti.
.- ¡Es por él, ahora lo entiendo! ¡Es por esa serpiente, Malfoy te ha envenenado!
Me acerqué a él y le hablé despacio y en el tono de voz más relajado que encontré.
.- Él ha sido lo que tú no has sabido ser... lo que nunca serás.
Su cara se encendió de ira. Levantó un puño, y por un momento creí que iba a estrellarlo en mi cara. Sin embargo, se limitó a mirarme, y sus ojos se fijaron en mí convirtiéndose en dos líneas abrasadoras.
.- ¡Te odio, Hermione Granger! ¡Ojalá hubieras muerto esa noche!
.- Sé que no sientes lo que acabas de decir, y por eso no voy a enfadarme ni a responderte como mereces. Sólo quiero que sepas que te vas a arrepentir de tus palabras, y que vas a sufrir como yo he sufrido. Ahora, por favor, te ruego que te vayas. Olvida que alguna vez nos hemos conocido.
Ron me dirigió una última mirada y dio media vuelta, encaminándose a los dormitorios de los chicos. Sin embargo, pude ver mientras se alejaba que el dorso de su mano resultaba escaso para enjugarse las lágrimas antes de que yo las viera.
-.-.-.-.-
-.-.-.-.-
-.-.-.-.-
26 de Enero
Querido diario:
Resulta curioso el aislamiento que nos imponemos en ocasiones las personas. Hace muy poco yo no paraba de lamentarme porque todo el mundo me odiaba, y estaba desesperada porque alguien viniese a hablarme, porque alguien creyera en mí. Sin embargo, ahora que continuamente se acercan a mí con pretensiones de una absurda amistad que ya no sentimos, con un ridículo arrepentimiento, o incluso con expresiones irritantes de "yo nunca creí que fueras culpable", soy yo la que se aleja de ellos, la que les rechaza y les rehuye. Yo necesitaba que confiaran en mí cuando todo indicio indicaba que era de locos hacerlo, no ahora que el todopoderoso Dumbledore les ha autorizado.
Draco y yo seguimos enfrascados en el texto de la profecía. Empiezo a cansarme de ella, es la verdad. Él no, él la repasa incansable, no se dará por vencido, lo sé. Le conozco ya como si lleváramos años compartiendo confidencias, y no dudo que no parará hasta que no logre llegar hasta el final de todo esto.
.- No te lo he contado, pero Ron vino a hablar conmigo.
.- ¿Y?
.- Nada, le dije que me olvidara.
.- ¿Estás segura?
.- ¿Cómo que si estoy segura?
.- Que si estás segura de que sólo le dijiste eso.
.- Draco...
.- Me refiero a que...
.- Sí, me puse furiosa y le dije que se iba a arrepentir lo que había sufrido, lo siento, no pude evitarlo.
.- ¿Y a qué te referías exactamente con qué se iba arrepentir? – Draco me miraba, escéptico, dudando de estar en lo cierto a cerca de sus pensamientos, y yo sabía exactamente en qué pensaba...
.- ¿Cómo que a qué me refería? Ya sabes a qué me refería. Cuando todo acabe, tu sabrás donde se reúne la Orden del Fénix y... pasará lo que tenga que pasar.
.- Está bien, Hermione, no hablemos de ello ahora. ¿Qué mas te dijo Weasley?
.- Nada más. Alguna explicación absurda sobre por qué creyó que yo era culpable... una vaga perorata sobre, si no recuerdo mal, él en la Sala Común, Harry diciendo que se encontraba mal y volviendo a su cuarto, Harry oyendo ruidos, Harry de nuevo, esta vez yendo a buscar a Ron... en fin, nada importante. Sólo quería que todo fuese otra vez como antes, pero está claro que no...
.- Espera, has dicho que Harry estaba en su cuarto, ¿no?
.- Sí, pero Draco, olvídalo, no son más que tonterías...
.- No... no, no, no... ¡Hermione! ¿Recuerdas cuando me hablaste acerca de ese mapa que usabais en vuestras estúpidas escapadas?
.- ¿El Mapa del Merodeador? Sí, claro, pero no sé qué tiene que...
.- ¡Joder! ¡Lo sabía, lo intuía, pero no quería creerlo! ¡La profecía, Hermione! ¡El Mapa! ¡Necesitamos el Mapa como sea! Tengo un presentimiento y sé que no me equivoco, esta vez no...
.- No te entiendo...
.- ¡Piensa, piensa! ¡La profecía, el Mapa, la biblioteca!
Miré a Draco estupefacta unos instantes, hasta que un nombre su perfiló en mis labios...
.- Harry...
