ESTRELLAS
XI: RESPUESTAS
Templo del Patriarca, Santuario de Athena
Poco después
Athena se encontraba esa mañana sentada en el comedor del templo del Patriarca, tomando una taza de té, un poco extrañada de que Sara aún no hubiera llegado aún. Al principio, había esperado ansiosamente a que llegara, para mostrarle sus planes para la fiesta que estaba organizando por su cumpleaños, pero pronto comenzó a preocuparse. Sabía que Sara era una chica muy puntual, y salvo la vez que Shion le había dicho que lo había acompañado a Starhill, la chica nunca había llegado tarde a ninguno de sus deberes. Eso no era nada parecido a lo que había visto de Sara hasta ese momento. ¿Y si algo había pasado?
Al pasar el tiempo y ver que Sara no llegaba, la joven diosa salió del comedor, y se apresuró al la habitación de Sara, que estaba notablemente vacía, y luego de ahí al despacho de Shion, donde el Patriarca ya había comenzado con sus deberes del día, y levantó la vista, extrañado de ver a Athena ahí.
-¿Señorita Athena?- dio Shion, un poco alarmado al verla tan preocupada- ¿pasó algo malo?-
Saori iba a explicarle que estaba un poco preocupada porque Sara aún no llegaba al Santuario de la ciudad, cuando llegaron al despacho Death Mask y Milo, ambos portando una expresión sombría. La joven diosa supo de inmediato que algo andaba mal.
-¿Qué sucede?- dijo la joven diosa- ¿que están haciendo aquí?-
-Señorita Athena, Maestro, lamento tener que informarles que tuvimos que encerrar a la señorita Sara en la prisión del Santuario- dijo Death Mask.
-¿Qué?¿Porqué?- dijo Saori, alarmada.
Al mismo tiempo que la joven preguntaba eso, Shion entrecerró los ojos. ¿Qué rayos? Sabía que Milo y Death Mask, con todos sus errores, eran profesionales en su trabajo, y seguramente habrían tenido buena razón para hacerlo. Pero, ¿cual sería la buena razón? La prisión era para los enemigos del Santuario, y Sara no sería capaz de hacer algo que amenazara a la señorita Athena, ¿o sí?
-¿Qué fue lo que pasó, Milo?- dijo el Patriarca en un tono sereno.
-La encontramos hace unas horas, entrando al Santuario llevando este objeto dentro de su bolso, maestro- dijo Milo, mostrándoles un pequeño bulto envuelto en un pañuelo blanco. Cuando Shion y Athena se inclinaron hacia él para mirarlo, Milo dio un paso atrás, sabiendo que sería peligroso para la diosa- señorita Athena, creo que querrá tomar su distancia-
Athena alzó las cejas, pero dio un paso atrás, y Milo descubrió la roca que habían confiscado a Sara. Tanto la diosa como Shion se alarmaron. Era una roca igual a la que habían usado contra Poseidón y Anfitrite en Marsella, y también en una ocasión las habían usado contra Hypnos en el Inframundo. Seguramente la presencia de esa roca tenía que ver con Phobos y Deimos. Pero algo no le cuadraba.
-No puede ser…- dijo Shion, sintiendo el discreto cosmo peligroso de la roca.
-Es el mismo tipo de roca con el que inmovilizaron a Poseidón y Anfitrite en Marsella- continuó Milo en un tono seguro- yo estuve ahí, lo vi todo. Hicieron un triángulo con tres de estas rocas, y si cualquier dios entraba a esa área, quedaba sin su fuerza y su cosmo. Aioros las partió con su flecha-
-No puede ser, Milo- dijo Saori, sacudiendo la cabeza. Su amiga no podía haber hecho algo así- es imposible que haya sido Sara-
-Yo tampoco quería creerlo, pero lo vi con mis propios ojos, señorita- dijo Milo, volviendo a cubrir la roca con su pañuelo, y dejándola sobre el escritorio del Patriarca- Mister Darcy lo olió, y esta cosa salió de su bolso. Y eso no es todo: también encontré rastros del cosmo de la piedra en su mano derecha-
-Shion, sabes que Sara no es capaz de hacer algo así- dijo Saori, ignorando por un momento a Milo y volviéndose al Patriarca- si hubiera querido hacerme daño, ha tenido más de cien oportunidades de hacerlo mientras hemos estado a solas. Todo esto debe ser un malentendido. Sabes que no…-
Shion estaba pensativo. Lo que decía Athena tenía sentido. Sara había estado a solas con la diosa todos los días durante las últimas dos semanas, y nunca siquiera había hecho nada que remotamente lo hiciera sospechar que algo andaba mal. Al contrario. ¿Sería tan lista como para engañarlo, y hacerlo creer que era tan buena? No. Si eso era una de las cosas que el Patriarca gustaba de ella: sus emociones eran de lo más transparente.
Y existía otra probabilidad, y era que alguien se hubiera aprovechado de que ella iba a entrar al Santuario, y hubieran intentado meter esa roca escondida sin el conocimiento de la chica. Había muchas posibles explicaciones.
-Lo sé- la interrumpió Shion finalmente- tiene razón, señorita, debe ser un malentendido-
-Maestro, le dije que estoy seguro que…- comenzó Milo.
-No dudo que haya salido de su bolso, como dijiste- dijo el Patriarca, levantando la mano para hacerlo callar- pero estoy seguro de que debe haber una explicación para lo que pasó. Milo, quédate aquí con la señorita Athena. Death Mask, por favor acompáñame a la prisión-
Milo se encogió de hombros y cruzó los brazos, un poco ofendido, pero obedeció finalmente. Death Mask asintió, y acompañó al Patriarca.
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Apartamento a las afueras de Atenas
Esa mañana
Nikos daba vueltas en círculos nerviosamente, mordiéndose compasivamente las uñas. Nunca antes había hecho algo parecido, y la culpabilidad de lo que hizo la noche anterior le corroía el corazón. Aunque de nuevo, nunca había peleado con Sara antes de esos días. Sí, algunas veces se había molestado con ella porque la chica parecía tener su teléfono celular de adorno, sobre todo cuando estaba trabajando en el observatorio, pero nunca se había puesto así de celoso.
Al principio, Nikos pensó que engañar a Sara de esa manera estaba bastante justificado por la conducta de la chica en los últimos días, cuando su novia lo ignoraba y le restaba importancia a sus preocupaciones, pero ahora parecía que los remordimientos estaban devorando su corazón.
No tuvo mucho tiempo que pensar en ello, pues no estaba solo.
-¿Y bien, Nikos?- dijo una voz femenina, interrumpiendo sus pensamientos, y haciendo que el chico diera un respingo- ¿lo hiciste?-
-Hice todo lo que me pediste, Constanza- dijo Nikos en voz baja, volviéndose hacia ella con una expresión sumamente culpable- ¿estás segura de que Sara va a estar bien?-
-Por supuesto que va a estar bien, no seas tonto- dijo la chica, haciendo un gesto exasperado, mientras reía para sus adentros. Jamás había sospechado que el bueno para nada de Nikos pudiera ser tan fácil de manipular- todo pasará como lo predije. Los santos de Athena solamente echarán a Sara del Santuario, y ya no tendrá que regresar ahí-
-Y tú, ¿vas a cumplir tu promesa de confesar que le robaste su proyecto, y le vas a regresar su beca?- dijo Nikos, aún preocupado- recuerda que solo lo hice por eso-
-Tienes mi palabra- dijo Constanza sin dejar de sonreír- solo espera a que Sara regrese, para que le des la buena noticia de que salvaste su beca y sus sueños de su propia estupidez-
Nikos se frotó los brazos nerviosamente, y asintió levemente. Constanza le había prometido confesar su engaño si él ponía una piedra roja en el bolso de Sara sin que ella se diera cuenta, para que la encontraran en el Santuario de Athena. El chico suspiró sonoramente, intentando sacudirse ese sentimiento de culpabilidad. ¡Sara iba a estar a salvo! Claro, la iban a expulsar del Santuario, pero iba a recuperar su beca. Todo iba a estar bien.
Entonces, ¿porqué se sentía tan culpable por lo que acababa de hacer?
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Prisión del Santuario
Sara se había sentado en una esquina de la celda en la prisión, encogiendo los pies y abrazando sus rodillas. Poco a poco sintió que el pánico se estaba apoderando de ella. ¡Todo se había arruinado! En el mejor de los casos, la echarían del Santuario, y la universidad jamás le daría otra oportunidad. ¡Todos sus sueños se habían ido a la basura! ¿Y porqué?
Lo que no podía entender era cómo había llegado esa roca a su bolso. Si ella se la había regresado a Constanza, y había tenido bastante cuidado de que no hiciera precisamente eso, pues ni siquiera le dio la espalda cuando se fue hasta que la mujer estuvo bastante lejos. No había manera de que ese objeto hubiera llegado a su bolso. Entonces, ¿porqué había sucedido?
"No importa como llegó a mi bolso", pensó ella, encogiendo aún más las piernas y escondiendo su rostro entre sus brazos, "no hay manera de que los santos de Athena me crean que no lo hice a propósito. Saori… Saori me va a odiar, pensando que intenté dañarla de alguna manera. Y Shion…" La idea de ver la decepción en los ojos de Shion le era intolerable.
No sabía cual era el problema de la roca, ni porqué los santos habían reaccionado de esa manera, pero realmente no importaba. Seguramente era un objeto muy peligroso, para que los santos palidecieran de esa manera al verla.
¿Porqué?¿Porqué todas esas cosas terribles le pasaban a ella? Ella solo había hecho lo que tenía que hacer para cumplir sus sueños, sin molestar a nadie. Había dado todo su esfuerzo, y había hecho lo correcto. Entonces, ¿porqué tenía que pasar eso?
De pronto, la chica sintió una malta cálida sobre sus hombros. Levantó la mirada, y vio que se trataba de Shion, sentado en el suelo junto a ella y sonriéndole amablemente. No solo estaba el Patriarca. Fuera de la celda estaba Death Mask, el santo dorado que la había encerrado ahí, cruzado de brazos y apoyado en la pared junto a los barrotes.
Sara se volvió a Shion con una expresión mortificada.
-¡Shion!- dijo ella, sin saber por donde empezar a explicarle lo que había pasado- yo no… yo nunca pensé… te juro que no sé como…-
-Shhhh- dijo Shion, poniéndole un dedo sobre los labios para hacerla callar, y le acomodó la manta nuevamente sobre sus hombros. La celda estaba helada- lo sé. Confío en ti, Sara. Sé que no traerías algo que dañara a la señorita Athena a propósito-
-No, jamás- dijo Sara, sacudiendo la cabeza- no… no me explico como es que esa cosa llegó a mi bolso. Alguien… me pidió que trajera esa cosa aquí dentro. No sabía que era, y no sabía si podía llegar a lastimar a alguien o no, y me negué. Sinceramente no sé como llegó eso a mi bolso-
Death Mask, esperando fuera de la celda, dejó escapar una exclamación de incredulidad. Shion lo fulminó con la mirada para hacerlo callar, y se volvió de nuevo a Sara.
-Dime que fue lo que pasó, desde el principio- dijo Shion.
Sara asintió, y le contó lo que había pasado en la universidad, desde que salió del despacho del rector, su conversación con Constanza, como había puesto la piedra en su mano por un momento y luego se la había regresado. Le contó que el fin de semana solo vio a Nikos, pero que no creía que él fuera quien le hizo eso, pues sabía que no era amigo de Constanza.
Una vez que terminó de escucharla, Shion asintió, y se volvió al santo de Cancer.
-Death Mask, déjala salir- dijo el Patriarca, poniéndose de pie.
-¿Está seguro, maestro?- dijo Death Mask. A él le parecía una larga y rebuscada explicación, y no entendía como el Patriarca le había creído.
-Estoy seguro, Death Mask- dijo Shion, sonriendo y ofreciendo su mano a Sara, para ayudarla a levantarse. La chica lo miró, dudosa.
-¿En serio?- dijo Sara, parpadeando sorprendida- ¿me crees?¿Me vas a dejar salir?-
-¿No debería?-
-Es la verdad, pero tengo que admitir que… yo no creería lo que dije si fuera tú- dijo Sara.
-Es lo que yo pienso también- dijo Death Mask en voz alta. Shion lo fulminó con la mirada de nuevo. En serio, ¿no se podía mantener callado? Suspiró, y se volvió de nuevo a ella.
-Confío en ti, y la señorita Athena también lo hace- dijo Shion, sonriendo levemente.
Sara sonrió aliviada, y finalmente aceptó la mano de Shion. Death Mask suspiró, no muy convencido, pero hizo lo que el Patriarca le ordenó, y abrió la puerta de la celda. Sara no se pudo resistir, y lo abrazó con un gesto de alivio y agradecimiento. Shion se sorprendió por un momento, pero sonrió también, y también la abrazó, acariciando con suavidad sus cabellos. Sí, no tenía ninguna duda de ella.
-Gracias- dijo la chica.
-No es nada. Vamos, la señorita Athena se muere de preocupación- sonrió el Patriarca.
Sara asintió, aliviada. Temía que todo se hubiera arruinado, pero al parecer Shion era mucho más razonable que la mayoría de las personas que había conocido.
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Recinto de las Amazonas, Terrenos del Santuario
Esa tarde
June estaba tomando un descanso de haber entrenado a su aprendiz cuando vio a Marín regresando de los Doce Templos al recinto de las amazonas. Tan pronto como cruzó la puerta del recinto, la pelirroja se quitó la máscara, revelando una enorme sonrisa.
-Supongo que tuviste un buen día- dijo June de pronto.
-Puede ser, pero no veo como eso es tu asunto- dijo Marín, aunque no dejó de sonreír- no es diferente a cuando los santos de bronce vienen de visita-
June se ruborizó, haciendo que Marín se echara a reír.
-Tranquila, pronto regresaran- dijo la amazona de Aguila- se acerca el cumpleaños de la señorita Athena, y parece que hará una enorme celebración, no solo para ella, sino para celebrar que Saga por fin se… escapó con esa chica, Cecilia-
June sonrió.
-Me agrada la idea de la fiesta de la señorita Athena- dijo la chica rubia- Shun podrá pasar aquí su cumpleaños también-
Marín asintió. Usualmente June era la única de las amazonas que se alegraba que regresaran los santos de bronce. La presencia de Seiya era demasiado disruptiva en el Santuario, pero con todas sus desventajas, a June le encantaban las visitas de Shun. La amazona rubia sonrió levemente también, recordando la vez que Shun había dejado a Arthur colgado de cabeza por ser impertinente con ella.
-A decir verdad, a mí me preocupa un poco esa fiesta- dijo Marín de pronto.
-¿Porqué?-
-Ya ves los ataques que hubieron hace unos días, contra Argol y luego contra Shaina- dijo la pelirroja- no creo que sea prudente que la señorita Athena esté tan cerca de la entrada del Santuario-
-Claro, pero estará lleno de santos de oro, plata y bronce- dijo June, encogiéndose de hombros- seguramente estaremos bien-
Marin se cruzó de brazos y suspiró. Realmente esperaba que así fuera.
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Templo del Patriarca
Shion acompañó a Sara al estudio, donde Saori había estado caminando en círculos nerviosamente, esperando tener noticias precisamente de ellos dos. Al ver llegar a su amiga junto a Shion, Saori dejó el libro que tenía en su mano sobre la mesa y corrió hacia Sara, y antes de que pudiera decir algo, la abrazó.
-¡Sara!- dijo Saori, abrazándola y casi tirándola al suelo por el impulso- ¡que bueno que estás bien! Pensé que algo malo te había pasado-
Sara luchó para mantener el equilibrio, y miró apenada a Shion, un poco mortificada, pero él solo le sonrió benevolamete, y después se volvió a Saori.
-Lo lamento mucho, Saori- dijo Sara, apenada- no sabía que traía esa cosa conmigo, de haber sabido, la hubiera tirado, y no habría entrado aquí, y…-
-Ya, no te disculpes, Sara- dijo Saori, soltándola y aún sonriendo- te engañaron de alguna manera. No te preocupes. Lo que debería preocuparte es que llevo todo el fin de semana sin estudiar, eso interfiere con tus planes de hacerme obtener la máxima calificación-
Sara sonrió y se volvió a Shion, quien asintió.
-Bueno, señoritas, las dejaré para que comiencen a estudiar- dijo el Patriarca, sonriendo y tomando la mano de Sara para besarla- con su permiso…-
Pero antes de que Shion se retirara, Sara lo alcanzó y lo abrazó de nuevo. Shion sonrió amablemente, y la abrazó también. La verdad era que el Patriarca no había tenido ninguna duda de la lealtad de la chica, pero la verdad había tenido miedo de que hicieran algo malo con ella, como habían hecho con Evelyn o Satu, controlándolas para que hicieran daño al Santuario.
-Gracias por escucharme, Shion- dijo Sara.
-No es nada, Sara- dijo Shion, sonriendo benévolamente. No lo iba a admitir, pero le encantaba el abrazo- como te dije antes, confío en ti-
Saori dejó escapar una risita, haciendo que ambos se dieran cuenta de que la diosa los estaba mirando, y se separaban. Tras aclararse la garganta, Shion se disculpó y se fue a continuar con su trabajo, mientras que Sara y Saori se miraron y se sentaron en el estudio.
Saori miró a Sara con una gran sonrisa.
-Se nota que le caes muy bien a Shion- comentó Saori, mientras miraba a Sara tomar uno de los libros que tenía sobre la mesa del estudio.
-Él es muy amable- dijo Sara en un tono que intentaba sonar indiferente, pero sonrió levemente. Los ojos de la diosa brillaron. Había esperanza.
-¿Y… no te gusta, aunque sea un poquito?- dijo la joven diosa, como que no quiere la cosa.
Sara se frotó la frente, en un gesto que intentaba ocultar el rubor de sus mejillas.
-¿Te importa si no charlamos de eso, Saori?- dijo Sara- después de lo que pasó hoy, no tengo muchas ganas de charlar de eso…-
-O de estudiar, supongo- dijo Saori, y Sara asintió- no te preocupes. Estoy segura de que Agnes pronto vendrá a traernos una taza de té. Seguro eso te hará sentir mejor-
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Templo de Virgo
Christoffer estaba sentado en el suelo, en posición de flor de loto, con todo y Sai en su regazo. Cuando el chico encendía su cosmo con el bebé cerca de él, el pequeño se quedaba profundamente dormido. Chris abrió un ojo y miró a Shaka, quien estaba meditando junto a ellos. El chico sonrió y se volvió al bebé.
Sai era castaño, de piel muy blanca, y ahora sabía que tenía enormes ojos azules. Y a pesar de que sus padres eran muy obsesivos y perfeccionistas, hasta ahora el pequeño era muy cariñoso, y disfrutaba abrazar a todo el mundo.
-Un rasgo de los Tauro, de seguro- dijo Chris para sí mismo.
Ahora que lo pensaba, Sai era el único ahí que no era Virgo. ¡Pobre pequeño! Con un par de padres tan perfeccionistas y obstinados como lo eran Lena y Shaka. Bueno, la verdad era que podían ser muy obstinados, pero también tenían buen corazón.
Sai comenzó a despertar y lloriquear porque tenía hambre. Casi tan pronto como escuchó al pequeño comenzar a quejarse, Christoffer vio que Shaka detuvo su meditación y se levantó para calentar un biberón para él. El chico lo siguió con Sai en brazos.
-¿Maestro?- dijo Christoffer, al ver a Shaka estaba en la cocina calentando la leche del bebé. No solo la estaba calentando con sumo cuidado, midiendo las onzas de leche que se les había indicado, sino también tomando la temperatura exacta de la leche con un termómetro.
-Listo- dijo Shaka, probando que la leche estuviera a la temperatura correcta, y extendiendo sus brazos hacia el bebé. Sai rió y casi se lanzó hacia los brazos de su papá. Shaka lo tomó y comenzó a darle de comer.
Chris lo miró, extrañado pero contento. Shaka era un buen padre, cariñoso, y muy obsesivo. Y Lena era igual. Suspiró con una sonrisa. Sai iba a estar muy bien.
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Playa, Santuario de Athena
Como había prometido a su pequeña, esa tarde Kanon llevó a Elsita a la playa. No solo iban ellos, Kostas también se unió a su tío, igual que Aioros, Sofi y los mellizos. Cuando llegaron a la playa, el gemelo menor se concentró en ponerle a su hija el bloqueador solar.
-No quiero, papá- se quejó Elsita mientras que Kanon le ponía el bloqueador solar en los brazos- está pegajoso…-
-Lo sé, pero tenemos que hacerlo, cariño- dijo Kanon- no queremos que te quemes la piel. Lista-
-Vamos, Elsie, hagamos un castillo- dijo Kostas, tomando la mano de su prima y corriendo hacia la orilla del mar junto con ella. Kanon sonrió levemente al ver a esos dos llevarse tan bien, y deseaba con todo su corazón que, cuando llegara el nuevo bebé, Elsita pudiera llevarse bien con él, o ella, también. A él, Kanon, le había tomado más de veintisiete años llevarse bien con su hermano, no quería lo mismo para su hija.
-Elsita estará bien, Kanon- dijo Aioros, sonriendo, mientras que él y Sofi ponían a los mellizos sobre una toalla tendida sobre la arena.
-Lo sé- dijo Kanon, aunque no muy convencido.
Pronto se vieron interrumpidos por Camus y Liliwen, quienes llegaron a la playa también a pasar el día. Ambos sonrieron levemente, como si supieran algo que ellos no.
-¿Qué traen ustedes?- dijo Sofi, alzando las cejas.
-Nada, solo vinimos a pasar la tarde- dijo Liliwen sin dejar de sonreír- ¿dónde está Satu?-
-En casa- dijo el gemelo- traje a Elsie para darle oportunidad de que descansara un poco-
Camus se sentó junto a Liliwen, a quien le apetecía meter los pies en el agua.
-¿Qué sucede?- dijo Aioros- ustedes saben algo que nosotros no-
-Tal vez- dijo Camus, sonriendo.
-Creo que Aioria y Marín pronto nos van a dar una sorpresa- les dijo Liliwen.
Todos los presentes alzaron las cejas.
-¿Cómo sabes?- dijo Aioros.
-Porque tuve una visión- dijo Liliwen- vi a todos estos pequeños como adolescentes, entrenando para ser santos, o ya siéndolos-
Sofi se volvió a Aioros, y éste sonrió.
-¿Y viste…?-
-A un niño pelirrojo idéntico a Markus- dijo Liliwen- entre dos o tres años menor que los mellizos-
Todos escucharon atentos lo que Liliwen les comenzó a contar, sobre los santos dorados, como Elsita era el santo de Escorpión y se había vuelto muy buena amiga de Carina y de Lucy, la hija de Radamanthys. Camus y ella habían acordado no decirles nada sobre lo que habían visto de su propio hijo.
-¿Y entonces?- dijo por fin Sofi, interesada en la conversación- supongo que vieron a su hijo también, ¿no?-
Camus y Liliwen se miraron entre sí y sonrieron sin decir nada. Iban a insistir, pero Elsita los interrumpió, llevando consigo un hermoso caracol blanco, y dándoselo a su papá.
-Mira, papá- dijo la pequeña- para mami-
Kanon sonrió y tras tomar el caracol, le sacudió la arena de los rizos, para después abrazarla.
-Vamos a nadar, ¿te parece?- dijo Kanon, y Elsita sonrió, emocionada.
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Comedor, templo del Patriarca
Esa tarde, Saori había invitado a Sara a cenar con ella, y la chica había aceptado. Finalmente, ese día a ninguna de las dos les había apetecido estudiar, y después de pasar la tarde charlando con la joven diosa, Sara casi había olvidado el incidente de esa mañana.
-Muchas gracias por invitarme, Saori- dijo Sara, mientras que una de las chicas le servía la cena.
-No es nada- dijo la joven diosa, sonriendo tranquilamente- la verdad me aburro mucho aquí arriba, sin nadie con quien charlar-
-¿Y nosotras estamos pintadas, niña?- dijo de pronto Agnes, haciendo que ambas chicas dieran un respingo de sorpresa.
-No quería que te ofendieras, Agnes- dijo Saori, apenada del reclamo de la mujer- me refería a que no charlo con nadie nuevo, fuera de aquí-
La mujer llamada Agnes sonrió y le dio un par de palmadas en la cabeza a la diosa, para después hacer lo mismo con Sara, quien rió en voz baja, recordando por un momento a su mamá. Ahora que lo pensaba, no había charlado con sus padres o con su gemela en mucho tiempo.
-Casi lo olvido- dijo Saori de pronto, sonriendo y moviendo las manos emocionada- esta semana va a haber una fiesta. El viernes es mi cumpleaños-
-Oh…- solo dijo Sara.
-Sí, y habrá una fiesta en la explanada frente a Aries- dijo Saori- no solo por mi cumpleaños, sino por la boda de Saga de Géminis y Cecy. Tienes que ir-
Sara se ruborizó levemente.
-¿Tengo que ir?- dijo la chica.
-Vamos, será divertido- dijo Saori, con una expresión que no parecía darle mucha opci´n- me gustaría mucho que vayas. Además, quisiera emparejarte con alguno de los santos que aún están solteros, para que no tengas que irte nunca-
Sara rió levemente.
-Saori, sabes que quiero irme a la NASA, y…-
-Lo sé- la interrumpió la diosa- es solo que me encantaría que te quedaras aquí con nosotros. Tranquila, solo será una tarde en la que nos divertiremos todos-
Sara asintió finalmente. Sería interesante ver a los santos de esa manera. Y Shion, ¿también sería igual?
-De acuerdo- dijo la chica.
Saori sonrió emocionada, y Sara aún no podía creer que ese día que había iniciado tan mal hubiera podido terminar tan bien.
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Habitación de Sara
Mas tarde
Cuando terminaron de cenar, Sara regresó a su habitación y tomó su teléfono celular. Tenía ganas de hablar con su gemela. Le mando un mensaje, y pronto recibió la llamada de Sonia, quien le contestó con un tono molesto.
-Hola, Sardina. ¿Qué horas son estas de llamar? ¡Son las nueve de la noche!-
Sara sonrió levemente, y vio que en Atenas apenas eran las ocho. Y sí, las nueve de la noche no era muy tarde, pero sabía que para esa hora Sonia siempre ya estaba dormida, sobre todo porque se levantaba a las cuatro de la mañana para iniciar sus actividades a las cinco en punto.
-Lo lamento, Soni, pero quería hablar contigo sobre algo que me pasó- dijo Sara, y procedió a contarle lo que había pasado.
-¡Fue se maldito escurridizo de Nikos de seguro!- dijo Sonia, una vez que escuchó toda la historia hasta ese momento- Sara, tienes que mandarlo a la…-
-¡Sonia!- la interrumpió Sara, apenada por el florido lenguaje que acostumbraba su gemela- ese lenguaje. Y no creo que haya sido él, no tengo ninguna prueba-
-No, pero, ¿quién más pudo haber sido?- dijo su gemela a través del auricular- ¡argg! Ya te había dicho que era un bueno para nada. ¡Debiste haberlo mandado a freír espárragos desde hace mucho!- Sara reprimió una risita al escuchar a su hermana tan molesta- ah, si estuviera ahí, ¡ya te habría dado un zape!-
Sara sonrió levemente. Lo sabía, su hermana tenía razón: tenía que terminar con Nikos, y quería hacerlo lo más pronto posible. Pero era más fácil decirlo que hacerlo, era muy difícil, porque sobre todo la hacía sentirse culpable.
-Lo dices como si fuera tan fácil- dijo ella.
-Lo sé, Sardina, pero tienes que hacerlo- dijo Sonia- y pronto. Entre más tardes, más difícil va a ser-
Sara sonrió levemente, pero no dijo nada.
-Manos a la obra- continuó Sonia a través del auricular- me despido, hermanita, mañana tengo que levantarme temprano, vamos a una nueva reserva cerca de Pretoria-
-De acuerdo, Soni- dijo Sara, despidiéndose de su hermana- gracias por escucharme-
Tras despedirse y colgar el teléfono, Sara suspiró largamente. Le apetecía salir a tomar aire fresco, pero desde la tarde el cielo se había cubierto de nubes negras, y para esa hora de la noche estaba lloviendo furiosamente. La chica se cubrió con su manta de nuevo, y fue a sentarse en la entrada del templo del Patriarca, en la parte alta de las escaleras que llevaban al jardín de Piscis. Se ajustó la manta y suspiró largamente.
Se había asustado mucho esa mañana. Había pensado no solo que perdería su vida, sino que Shion la odiaría por siempre, pensando que los traicionaría después de todo lo que los santos habían hecho por ella. Encogió las piernas.
¿Qué habría pasado si Shion no le hubiera creído? Seguramente estaría aún en el frío calabozo del Santuario, temblando de frío. Y todo por culpa de esa maldita Constanza Dimitriou. No solo había robado su trabajo, ahora casi había destruido su vida. ¿Qué le sucedía a esa mujer?¿Porqué era que la odiaba tanto?¿Qué había hecho para merecerlo?
Y luego estaba lo que dijo Sonia. No creía que Nikos hubiera hecho algo tan vil. Si bien no estaban en buenos términos, sabía que era un buen chico, y que jamás contemplaría engañarla de esa manera, por más molesto que estuviera. No, seguramente Constanza habría encontrado alguna manera de engañarla y poner esa piedra en su bolso, así como había encontrado una manera de robar su trabajo.
-¿Qué tanto piensas?- escuchó la voz de Shion detrás de ella, mientras que veía al Patriarca sentarse junto a ella, él mismo cubierto con una manta igual que Sara.
-Pienso en lo que pasó hoy- dijo la chica- aún no me puedo explicar como llegó esa cosa a…-
Shion sacudió la cabeza.
-No te preocupes mucho por ello- dijo el Patriarca- gracias a tu información, mandé a un par de santos a la universidad a ver las cintas de seguridad. No porque no confiemos en ti- añadió al ver la expresión de Sara- queremos saber quien es la chica que te dio la roca, y si trabaja para nuestros enemigos-
Sara iba a sonreír aliviada, pero se mordió el labio, preocupada. Pensar que ella estuvo a punto de ser el instrumento para que los enemigas atacaran al Santuario y a Athena. Reprimió un escalofrío al pensar en ello.
-Tranquila- dijo Shion, adivinando sus pensamientos, mientras que extendía su brazo para rodearla con él, frotando con suavidad su brazo. Sara se ajustó de nuevo la manta que tenía en sus brazos, y apoyó su cabeza en el hombro del chico.
Ambos permanecieron así, en silencio y mirando la lluvia por un rato, hasta que Sara, sintiendo que el sueño la estaba venciendo, se separó de él.
-Creo… que será mejor que me vaya a dormir, Shion- dijo la chica mientras que se levantaba del suelo- hasta mañana-
Shion sonrió benévolamente, y volvió a tomar la mano de Sara para besarla. La chica se volvió a ruborizar. Nunca se acostumbraría a eso. Shion, a su vez, sonrió al ver las mejillas enrojecidas de la chica. No sabía porque le gustaban tanto.
-Buenas noches, Sara- dijo Shion.
La chica asintió un poco nerviosamente y, tras ajustarse de nuevo la manta que tenía sobre sus hombros, se apresuró hacia su habitación. Shion la miró alejarse en silencio, y tras uno o dos minutos, también caminó hacia su propia habitación.
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CONTINUARÁ…
¡Hola a todos! Sí, hice sufrir un poco a Sara, pero ya ven que las cosas regresaron a la normalidad. Más o menos. Muchas gracias por sus reviews. Nos leemos pronto.
Abby L.
