ADVERTENCIA: Los personajes y temáticas aqui mostradas son de contenido fuerte, asi que por favor, si vas a leer que sea bajo tu propia responsabilidad:::::


La obra es de mi autoria y los personajes aqui presentados pertenecen unica y exclusivamente a la señora Stephenie Meyer...

Mi Beta es Mentxu Masen (Beta FFAD) www facebook groups / betasffaddiction ...


Summary : Isabella siempre fue: la chica perfecta Swan, pero el dolor acumulado por la pérdida de sus seres queridos, la aparición y más tarde muerte de Jacob Black despierta en ella la oscuridad oculta de su alma.

—Me aferro al dolor porque es lo único que me demuestra que estoy viva.

—Ya no siento placer si no obtengo mi dosis de sufrimiento.


CAPITULO 11. ELLA NO AMA EL DOLOR

Edward estaba perdido, mirando el mismo lugar. No podía creer lo que había ocurrido. El destino estaba en su contra, como diciéndole: ella no es para ti, pero él era fuerte y no se dejaría. Él la amaba y hoy más que nunca supo que si la perdía, el estaría destruido.

—Al menos parpadea Edward —la voz de Tanya es fría y ácida—. La chiquilla esa se fue con Alec hace al menos media hora, deben estar follando como animales.

—Cállate —grita enfurecido. Ella nunca lo vio así—. Tú, tú supiste que la quería y sin embargo…

—Te amo, y no me importa nada —mira al piso—. ¿Es que no ves? Nadie te amará como yo, ni siquiera esa zorra que en la primera oportunidad te cambió por él.

—No es cierto —él trata de convencerse a sí mismo—. No es cierto, cállate. Todo es tu culpa.

Ella lo mira en shock.

— ¿Tanto te importa ella? —Tanya empieza a reaccionar.

—La amo —dice él.

—Tú… nunca lo dijiste —la tristeza traspasa su voz.

—Lo sé.

—Lucha por ella —dice la rubia—. Sé lo que hice, de verdad lo siento. Estaba cegada por la rabia y los celos, pero tú la mas, puedes luchar por ella.

Él la mira atónito.

— ¿Cómo haría yo algo así? —pregunta dudoso.

—Por favor, Edward. ¿No sabes seducir acaso?

— ¿Esperas que yo…?

—No seas idiota, tú puedes hacerlo.

—Sí, pero…

La sala está en un silencio incómodo. Alec está en shock. Aro mira con odio a su hijo. Isabella mira de Alec a Aro repetidas veces tratando de despertar, pero no lo hace. Su corazón late deprisa, no tiene ni idea de lo que dirá, está confundida, y aun tiene la esperanza de despertar.

—Déjanos solos Alec —exige con furia Aro.

—No lo haré, padre —su voz es igualmente furiosa—. Ni creas que te dejaré con ella.

—Lamento decírtelo hijo, pero he estado a solas con ella —su voz es lasciva. Alec quiere vomitar.

—Alec —la voz de Isabella transmite miedo, aunque lo trata de evitar—. Déjame a solas con tu padre.

—Pero… —ella acaricia su rostro—. Si necesitas algo dímelo.

—Claro.

Se gira y enfrenta al demonio. Su rostro es petulante, tiene levantada una ceja en desafío. Aro no es joven, tiene 50, pero es apuesto, fuerte y musculoso, con ojos azules como el cielo, cabello rubio y sonrisa blanca y perfecta. Isabella y Marie están ahora juntos entremezclándose, fuego y hielo.

—Marie —dice él.

—Señor —responde ella, no como una sumisa le habla a su maestro, si no como una niña le habla a alguien mayor. Esto lo enfurece.

— ¿Señor, eh? —se acerca a ella y la toma con fiereza—. ¿Así te refieres a tu maestro? ¿Cómo un anciano?

—Nunca ha sido mi intención señor, pero no puedo referirme a ud. como mi maestro, porque no lo es.

El volcán explota.

— ¿Qué no lo soy? —grita—. Eres lo que eres por mí. Yo te formé, te inicié, y no me vengas con la mierda de que no has vuelto a ser sub, te he visto chiquilla.

—No sé de lo que habla —dice ella.

— ¡Oh pequeña! Claro que lo sabes —acaricia su mejilla—. Nunca lo niegues.

—Si lo hiciera, no es algo de lo que me enorgullezca.

—Mientes.

—No lo hago.

—Mírame y dime que no disfrutas con el dolor, dime que odias cuando tu cuerpo pide un descanso, pero al mismo tiempo exige más y más dolor… Que no amas la humillación, que te digan palabras sucias mientras te follan como demente —la mira a los ojos y sostiene fuertemente su barbilla, el dolor empieza a aparecer—. ¡Dímelo! —exige.

Ella abre los ojos sorprendida. Nadie nunca la encaró de esa forma. A su mente vienen todas las veces que fue maltratada, humillada y tratada como una puta. A su mente vino el dolor y se estremeció. Jacob viene a su memoria, él le enseñó a amar el dolor, pero nunca conoció nada más. Edward sonríe en su mente y sabe sin dudar la respuesta.

—Odio el dolor —dice firmemente.

Aro la mira asombrado.

— ¿Qué?

—Odio el dolor. Jamás debí meterme en eso, nunca pensé que las cosas terminarían así.

—Mientes.

—Ud quiere creer que miento, pero no es así —sonríe—. No conocía nada, hasta que él apareció.

— ¿Mi hijo? —dice furioso.

—No, su hijo es un gran amigo.

—Entonces…

—No es algo que importe señor. Ud y yo no somos nada, antes de que replique, tiene que ver las cosas. Le obsesiono porque seguramente en años no ha tenido alguien tan entregada al dolor, pero míreme. ¿Le parezco buena para lo que desea de mí?

—Sí.

—No lo soy.

—Te dije que lo eres Marie.

—Yo no soy Marie.

— ¿Entonces quién eres?

—Bella.

Él espera en su puerta impaciente. Lleva horas allí y no hay señales de vida. Toma su cabello desesperado y lo hala con demencia. En su cabeza miles de situaciones se crean, él cree que Alec está con ella haciendo quien sabe que cosas. La furia toma posesión de nuevo, quiere matarlo.

—Alec —pregunta ella.

— ¿Sí?

— ¿Podemos hablar? —su voz es pausada.

—Claro.

—Yo quería disculparme por lo de hace un momento —está tan avergonzada—. No debí, yo… simplemente pensé que...

— ¿Qué sientes específicamente?

—Bueno, ambas cosas.

—Mira mi niña, yo sé lo que sientes. Es obvio, tus ojos brillan cuando estás cerca de él. Le amas sin importar que no lo merezca —se le nota acongojado—. Solo me importa verte feliz.

—Él no es para mí Alec. No creo que alguien sea para mí, ya has notado quien soy.

—No princesa, la que no sabe quién es, eres tú.

—Solo una loca lunática que ama ser golpeada —la ironía surca su voz—. Edward merece alguien mejor que yo. Mira su novia, se le ve la clase, la perfección, yo no soy eso.

—Eres mucho más, solo que no te ves con claridad —él le sonríe.

Bella lo abraza y lo besa una vez más, solo un roce, la unión de sus labios, una forma de agradecerle y de decirle que lo quiere en silencio. Él se aferra a ella y no la suelta, teme que desaparezca, que Edward la aparte de su lado.

—Nunca me perderás como amiga Alec —dice interpretando su reacción—. Siempre estaré para ti.

—Quiero creerlo, pero me es difícil —por primera vez lo ve frágil y vulnerable—. Los que menos esperan que te abandonen lo hacen, mira mi padre por ejemplo.

—Te entiendo, cielo —ella trata de consolarlo, pero es tan difícil—. Yo también he sentido eso, pero lo bueno es que cuando menos lo esperas, llega alguien a tu vida que te demuestra que las cosas pueden ser diferentes —ella lo mira con dulzura.

—Te quiero —dice él, ella se congela—. No te preocupes, no espero un te quiero de regreso, sé que lo haces —su sonrisa es pícara.

—Gracias —dice ella.

—No hay problema. ¿Te llevo a casa?

—Estaría muy bien.

Las gotas de lluvia empiezan a inundar Seattle, ella está concentrada en el auto contando las lágrimas del cielo que se estampan contra la ventana, parece una niña. Alec la observa y sonríe, las cosas son estupendas con ella cerca. Él no piensa que pueda existir mejor persona que ella, en su mente una pregunta se repite constantemente: — ¿Qué la llevo a esa elección de vida? —él no lo nota, pero la pregunta ha salido de sus labios.

—El mundo es cruel Alec.

— ¿Ah? —dice confundido—. ¿Por qué lo dices?

—Solo respondo a tu pregunta. Elegí ser sumisa porque el mundo es cruel, o al menos lo ha sido conmigo.

Alec quiere saber más, pero no sabe si es lo correcto.

— ¿Cruel?

—Alec las cosas no siempre son lo que parecen. Mi vida parece perfecta desde fuera, pero no lo es.

— ¿Entonces?

—Solía ser una chica tímida y callada, creía en los cuentos de hadas, príncipes azules y finales felices, pero un día todo cambió —Alec la mira interrogante—. Conocí a un hombre hermoso con sonrisa perfecta —ella suspira—. Sus ojos parecían ser sinceros, yo creía en los cuentos como te dije Alec y para mí, él era la reencarnación del príncipe azul. Él era gentil, tierno y cariñoso, pero el destino es cruel y nada es lo que parece. Él mintió, no era quien decía ser.

Ella paró abruptamente, los recuerdos azotaban su mente. No quería recordarlo aún, era demasiado doloroso recordarlo: —Siempre será así perra, nunca te dejaré en paz.

—Y entonces ¿qué paso?

Ella vuelve de sus pensamientos. —Él me destruyó.

— ¿Cómo lo hizo?

—De todas las formas posibles. Algún día te lo diré Alec.

—Comprendo.

—No es que no confíe en ti Alec —explica—. Solo que duele como el demonio hablar de eso.

—Te entiendo —Alec murmura—, y cuando estés lista para decirme, estaré dispuesto para escucharte.

Ella lo abraza aun conduciendo y el sonríe de nuevo. Están a pocas calles de la casa de Bella y cuando llegan, algo llama la atención de ella. Edward Cullen espera en la puerta empapado, con la cabeza en sus manos. Se ve de lejos que está triste, ella le mira con pesar, quiere alejar la tristeza.

—Ve, hazlo —la anima Alec.

— ¿Pero acaso no has visto? Él tiene novia.

— ¡Oh! Por favor, aun no está casado —sonríe—, además, hoy he visto varias de tus facetas. ¿Marie? Te llamó mi padre.

—Yo...

—Él sería un tonto si la elige a ella antes que a ti.

—Te quiero Alec —él se sorprende.

Edward los observa y siente que ha perdido su tiempo y a ella, que no importa nada, un error acaba con lo que haces. Se gira dispuesto a irse, se visualiza en su casa miserable, llorando.

—Ve antes de que se vaya —anima Alec.

—Ni siquiera sé por qué está aquí.

—El te quiere, me lo ha dicho.

Ella se queda muda, sacude su cabeza varias veces tratando de procesarlo. Mira a Alec y él asiente. Se baja del auto y corre tras Edward. Él no está lejos, solo unos cuantos metros. Lo toma del brazo y lo hace girarse. Su expresión partiría el corazón de cualquiera, ella tiene que hacer algo borrar la tristeza.

—Yo…—dice él.

Ella estampa su boca con la de Edward. Él gime sorprendido, tiene los ojos abiertos como platos mirando incrédulo lo que ocurre. El agua cae sin tregua, están empapados. Él no responde, ella se aparta resignada. Edward reacciona, la atrae y la abraza, la mira un segundo antes de inclinar su cabeza y de atrapar su boca con la suya. Lo hace despacio, probando el sabor de su boca. Sabe a fresas. Ella no es cuidadosa ni tierna, y cuando siente sus bocas unidas, algo la domina. Lo toma de los cabellos con fuerza y lo atrae más a sí misma. Empieza una danza violenta de sus bocas, una disputa de poder. Sus labios se mueven ansiosos y sincronizados, la lengua de Bella acaricia el labio inferior de Edward. Él abre su boca para darle paso, ella lo prueba y siente que enloquecerá, justo como lo ha pensado, él es mejor que las drogas, y ahora será adicta a él.


N/A: Bueno que tal? Lo esperaban no,... opinen :D

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