"¿Legolas?"

"¿Bilbo?"

Le miré de nuevo y me solté de Thorin, soltando también a Sting. "¡Legolas!" Salí corriendo a por él.

"Por Yavanna, ¡Bilbo!" Legolas se agachó y me abrazó muy fuerte. "C-Creía que... Me desperté de nuevo en Mirkwood, nadie sabía donde estaba mi Único, ¡nadie recordaba nada!"

Le seguí abrazando fuerte. "Lo sé, lo sé." Me separé un poco y me besó los rizos.

"Estás joven de nuevo."

"Tenemos que hablar." Le dije, y me giré para mirar al resto, todos confundidos. "N-No os preocupéis, él es mi amigo, Legolas."

Legolas les miraba y luego me miraba a mi. "C-Cómo es que están vi..." Me susurró y yo le hice callar.

"Después te lo contaré."

Thorin se acercó y levantó la espada hacia Legolas. "¿De qué conoces al hijo de ese... asqueroso elfo?"

Levanté las manos y le bajé el brazo a Thorin mientras le miraba fijamente. "Él me salvó, intentó salvar a Theon, lo hizo hasta que se quedó sin flechas. Thorin, él no es como su padre."

Legolas miró aún sorprendido a Thorin. "Thorin... te prometo que no hay persona que odie más a mi padre que yo, te lo aseguro."

Me giré y le miré mientras dejaba mis manos sobre el pecho de Thorin para calmarle. "Qué ha hecho ahora..."

Legolas señaló con la cabeza fuera de la estancia, y yo le seguí después de asegurarme de que Thorin estuviera bien. Llegamos a un jardín cerca de una cascada y Legolas se sentó en un banco. "¿Q-Qué ha pasado, Bilbo? En un momento estaba en Aman y estaba atravesando la puerta para verte, y al siguiente estaba en Mirkwood de nuevo."

"Empecemos por el principio." Nos sentamos en la hierba y le volví a abrazar. "Ha pasado mucho tiempo, viejo amigo."

Legolas me devolvió el abrazo durante un rato hasta que suspiró y nos separamos. "¿Solo recordamos tú y yo?"

"Los demás están teniendo sueños sobre nuestra vida anterior, pero nadie recuerda nada específico."

Legolas asintió y miró hacia el suelo. "¿Y Gimli...?"

"Gloin me dijo que estaba en Ered Luin... Ahora tendrá solo 62 años..."

Legolas me miró abriendo mucho los ojos. "Por Yavanna... ni si quiera llega a la mayoría de edad de los enanos, ¿cómo voy a decirle que es mi Único?" Legolas ocultó la cabeza entre sus manos y yo intenté reconfortarle.

"Él te ama, conseguiréis estar juntos." Le sonreí y miré hacia el cielo que ya se había oscurecido. "¿Cómo llegaste a Aman? Creía que Gimli y tú os habíais quedado en Erebor."

"Mi padre hizo todo lo posible para que no pudiéramos estar juntos. Él no quería que Gimli y yo nos casáramos así que hizo que las provisiones del Oeste no llegaran a la montaña a no ser que le dejará... No aguantamos más y nos fuimos de allí. La familia de Gimli ya había muerto, no teníamos nada allí que fuera nuestro, por lo que construí un barco con mis propias manos y partimos a Aman. Él estaba bastante enfermo cuando llegamos y Lord Elrond me dijo que..." Se mordió el labio y empezó a arrancar hierba con sus manos.

"No hace falta que sigas si no quieres, Legolas.

Legolas negó con la cabeza y tras un largo suspiro continuó. "Lord Elrond dijo que no le quedaba mucho de vida. Queríamos formar una familia pero... no pudimos. Estuve con él durante días esperando a que mejorara pero no lo hizo. Gimli me convenció para que fuera a verte porque él no podía y Frodo y Sam nos habían dicho que estabas también muy enfermo. Cuando abrí tu habitación vi dos figuras sobre tu cama y lo último que recuerdo es una luz cegadora. Me desperté en mi cama de Mirkwood tras aquello y grité a todo el mundo porque pensé que me habían apartado de Gimli... Me di cuenta de que algo no iba bien cuando Bard apareció esperando a que le vendieran unos barriles antiguos. Después de eso cogí mi caballo y decidí ir a buscarte a ti y a Gandalf para saber que había pasado." Me tumbé mirando al cielo y entonces le expliqué que había pasado en Aman y que nadie más recordaba lo que había pasado, que tenían sueños y nada más. Legolas esperó pacientemente a que terminara para hablar. "Esto es de locos..."

Asentí. "¡Pero ahora tenemos una oportunidad para hacerlo bien, Legolas! Piensa en ello, ahora todos los errores que cometimos los podemos cambiar: puedo salvar a Thorin y tú evitar que Gimli caiga enfermo."

Legolas miró hacia el cielo pensativo. Después de unos minutos cambió de tema. "¿Les vas a contar a tus enanos que esta no es la primera vez que les ves?"

"Por ahora no... Los únicos que les he contado lo que pasó son Gandalf, Lord Elrond y Lady Galadriel."

Legolas se levantó mientras yo seguía tumbado en la hierba. "Iré a hablar con Lord Elrond para que mande un mensaje a mi padre. Él no sabe porqué salí de allí corriendo y será mejor que me invente algo antes de que mande patrullas a por mi."

Le sonreí y afirme con la cabeza. Thranduil era más terco y posesivo que Thorin, y él ni siquiera tenía la enfermedad del Dragón. No podía creerme que Thrandruil les prohibiera estar juntos... un padre siempre desea lo mejor para su hijo y ver a Legolas con Gimli era ver a dos personas enamoradas. Puede que fueran de dos razas distintas, ¿pero que importaba? Si Thranduil les hubiera visto pelear codo con codo como me contaron Merry y Pippin estaba seguro de que entendería su relación. Debí de estar absorto en mis pensamientos por mucho tiempo porque cuando oí unos pasos detrás de mi yo ya estaba temblando de frío.

"Bilbo." Thorin se acercó y yo me incorporé sonriendole adormilado. "Estaba...mos preocupados por ti."

"Solo necesitaba un poco de aire fresco."

"Bilbo, ¡estás congelado! ¿Cómo se te ocurre quedarte aquí con la poca ropa que llevas?"

Me miré. Llevaba la ropa que llevaba siempre y no es que tuviera mucho frío. "Eres un poco exagerado..." Me tumbé dándole la espalda. "Estoy bien, dormiré aquí, la hierba de Rivendell es más suave que la del camino por el que hemos pasado." Años atrás había habido veces en las que había dormido a la intemperie porque seguí sin estar acostumbrado a dormir en una cama después de llegar de Erebor. "Además, tú eres el que quiere que me quede aquí y que no te acompañe a Erebor."

Noté como Thorin suspiraba. "Yo no he dicho eso..."

"¡Sí que lo hiciste!" Me giré para mirarle, aún tumbado. "Me dijiste que me quedara aquí, ¡con Bofur! ¿Cómo se te ocurrió semejante idiotez? Espero que no digas semejantes idioteces cuando seas Rey Bajo la Montaña porque sino, ¡lo llevas crudo!"

Thorin parecía estar en shock porque estaba pestañeando y mirándome fijamente. "Nadie me ha hablado de esa forma desde hace mucho tiempo." Su tono no parecía enfadado sino escandalizado.

"Bueno, pues ya era hora, ¿no crees? Y ahora, ¿vas a sacar la cabeza de tu real culo y decirme por qué piensas que querría quedarme aquí con Bofur?" Del enfado parecía que se me había pasado el frío.

Thorin seguía un poco conmocionado. "Yo..." Carraspeó. "Se os veía muy juntos durante todo el camino."

Gruñí y puse mis manos sobre mis ojos intentando calmarme. "Thorin, Bofur está enamorado de Nori." Me quité las manos de la cara y vi que Thorin tenía una ceja levantada.

"¿En serio?"

"En serio." Dije muy serio. "Bofur lleva enamorado de Nori desde el principio y yo le intento ayudar para ver si Nori quiere cortejarle, ¿está claro?"

El casi-Rey asintió levemente. "Entonces... no lo entiendo, si no estás enamorado de Bofur, ¿de quien...?"

"Soy demasiado mayor para esto, Thorin, y tú también." Me senté y me acerqué todo lo posible a él. "¿Tienes algo importante que decirme?"

Thorin tragó saliva mientras me miraba muy fijamente. "N-No." Miró mis labios y luego volvió a mirar mis ojos.

"¿Estás seguro?" En ese momento anhelaba con toda mi alma que dijera que sí, que quería estar conmigo, que era un idiota por pensar que yo y Bofur podríamos tener algo...

Apartó sus ojos de los mios y respondió. "No."

Suspiré y no pude evitar que se me notara la cara de decepción. "Por supuesto que no."

Me levanté de allí y me fui sin mirar atrás. Oí que Thorin gritaba mi nombre pero no me di la vuelta ni me paré para mirarle ni una sola vez. Estaba dolido. Durante 80 años había pensado que Thorin me quería, al menos una parte de lo hacía, el resto de mi mente se reía de tan absurdas bobadas típicas de el primer amor. No se por cuanto tiempo caminé pero llegué a un lugar que no reconocía: había un pequeño riachuelo, la luna brillaba haciendo que el césped se viera verde claro. Me senté bajo un gran árbol, no iba a llorar, se había acabado ser el pequeño y suave hobbit que todo le afecta, tenía que comportarme como un enano si quería que el viaje no me afectara más de lo que ya había hecho en mi vida anterior. Una luz cegadora me hizo volver a la realidad y noté que había agarrado el césped con tanta fuerza que había arrancado una gran parte. Una mujer alta vestida de verde y con un brillo mucho más brillante que el de Lady Galadriel estaba delante de mi.

Yavanna.