Lana Parrilla y Jennifer Morrison se pertenecen a sí misma y no a una servidora, más me gustaría.

Este fic de temática morrilla está escrito solo para disfrute de los lectores y sin ánimo de lucro.

Este fic va dedicado a mis chicas del whatsapp swanqueen, a las del grupo evil regals, a mi petita, a mi morena, a Irina, a amandis la tetis y por supuesto a mi manager adorada.

A mi Miss Swan tata favorita, a mis hijas Kath, Valen y Regina Jr, a mi tatita Vero porque es increíble, a mi princesita Gen porque nuestros hijos serán hermosos, a Alex porque va a morir con este capítulo, a Bego porque me regaña cuando incumplo las normas y a Natalia porque es la mejor.

Gracias a los que me leen y comentan, ayuda mucho saber vuestras opiniones. Sin más os dejo disfrutar del capítulo no sin antes recordaros que debéis leer a franchiulla, my dark queen, MaryMontoya17, EvilSwanQueen21, Erpmeis, el lado ciego del amor, Carne fresca, Mi pequeña Emma y a esthefybautista.

CAPÍTULO 11 VILLIAN

El silencio bailaba entre ellas, sin llegar a ser incómodo, era más bien un silencio en el que ambas intentaban poner en orden sus emociones y pensamientos tras tan profunda declaración.

El corazón de lana golpeaba su pecho con fuerza, había luchado contra sus sentimientos con uñas y dientes por miedo y cuando por fin decidió confesarlos se encontró con la agradable sorpresa de que Jennifer sentía lo mismo, era extraño y hermoso, la rubia se había enamorado de ella sin haber visto su rostro, la quería por cómo era, por su forma de ser y para la actriz era demasiado bonito para ser cierto, por fin tenía a alguien que amara más allá de la fama y el dinero.

Por otro lado Jennifer intentaba recuperarse del shok con una sonrisa boba en los labios, su María había dejado a su novia porque estaba enamorada de ella, la mujer que amaba la correspondía y estaba eufórica, feliz y a la vez terriblemente asustada, jamás había sentido algo tan profundo por alguien a quien no conocía en persona, no sabía muy bien cómo actuar y el miedo a perderla bailaba en su mente como un aguijón venenoso.

Sintió la necesidad de hablar, de verbalizar todo cuanto estaba sintiendo y como un río las palabras salieron de sus labios provocando en Lana una sonrisa.

-Si… Si estuviera aquí haría las cosas bien, de otra forma, supongo que te llevaría a cenar aunque pensándolo mejor si estuviese ahí sería más romántico, llevarte a la playa y decirte que te quiero, ya sabes esas cosas que salen en las pelis

-"Jen, así es perfecto, créeme, saber que me correspondes es lo mejor que me ha pasado"

-¿Entonces ahora eres mi chica?

-"Supongo que sí, podemos decir que sí, y tú la mía"

-¿Cómo vamos a hacerlo? Quiero decir yo nunca había estado en una situación similar, estamos tan lejos…

-"Lo sé, pero aprenderemos con el tiempo… Ahora no quiero pensar en eso estoy demasiado feliz para preocuparme"

-Tienes razón, yo también estoy demasiado feliz ahora mismo

Una vez más el silencio bailó entre ellas, con una sonrisa que no se esfumaba, disfrutando de ese momento y haciéndose a una idea de que su relación había cambiado para siempre, ya no eran simples amigas que se conocieron en un foro de internet, eran mucho más…

El resto de la noche se la pasaron al teléfono, hablando de demasiadas cosas, de todo y de nada, sin ganas de cortar la comunicación una vez verbalizados sus sentimientos. Su felicidad se teñía con un deje de dolor, estaban lejos, ocupadas en sus propios asuntos de tal manera que ninguna de las dos se podía desplazar de inmediato, tenían que esperar aunque tampoco les importaba, eran felices en su burbuja, acogiendo esa nueva relación que acababa de nacer en una simple llamada de teléfono.

Cuando por fin colgaron ya había amanecido, Lana suspiró con una sonrisa en el rostro, mas debía pensar con claridad, Jen no sabía quién era ella en realidad y no quería tardar mucho en decírselo, tenía que verla en persona, tenía que enseñarle que nada era distinto por mucho que ella fuese famosa, era la misma mujer de la que Jennifer se había enamorado, tenía que salir bien, era su oportunidad para ser feliz de una vez por todas.

Miró el calendario ideando en su cabeza cuando se dio cuenta de que quedaba un mes exacto para el cumpleaños de Jen y, con una sonrisa en el rostro, la solución llegó a ella como un rayo. Sin duda estaba segura de que Jennifer pasaría el mejor cumpleaños de su vida, pensaba encargarse personalmente de ello.

Se levantó de la cama aunque no había dormida, no estaba cansada, todo lo contrario, se vistió y se marchó al set de rodaje, llamando a Fred por el camino, una de las ventajas de ser la estrella de la película era que podía modificar las cosas a su antojo, tenía la sartén por el mango.

-Lana ¿Qué quieres a estas horas? ¿Para qué me llamas?

-"¿Cuándo se estrena Villian?"

-En un mes, más o menos, ¿Por qué?

-"¿Ya se sabe cuándo será la premiere?"

-Pues no lo sé ¿Por qué?

-"Quiero que sea el 12 de Abril"

-¿Por qué esa fecha Lana?

-"Porque sí, tiene que ser esa fecha, es muy importante… Ah y tiene que ser en Boston"

-No se hará la premiere en Boston, si un caso en Nueva York o aquí en California

-"Si no se hace en Boston el 12 de abril no iré, se lo puedes decir a los productores"

-Está bien Lana, no entiendo a qué viene esto pero se hará como pides

La actriz colgó con una sonrisa en el rostro, visualizando un mensaje en su teléfono y lo abrió, sonriendo aun más al ver que era de su Jen, un tímido hola con un emoticono de un corazón. No tardó en responderle lo más cariñoso que se le ocurrió mientras en su mente solo era capaz de pensar que en un mes iban a verse, en un mes Jennifer sabría quién era realmente la chica del otro lado del teléfono, la mujer de la que se había enamorado.

Los días pasaban lentos, las grabaciones habían terminado y lana estaba cada vez más nerviosa pues se acercaba el momento de la verdad, el momento en el que se vería cara a cara con Jen. Estaba preparando la cena cuando el sonido del móvil la sobresaltó y al reconocer el nombre de su chica en pantalla colgó, llamándola en el acto. Jennifer no tardó ni dos segundos en responder completamente eufórica.

-Hola! ¿Sabes qué? ¿Sabes qué? La premiere de Villian será en Boston, lo acabo de ver en internet

-"Lo sé, yo también lo he visto"

-Bueno, no sé porque me puse tan eufórica, es imposible que yo vaya a la premiere, quizás me acerque al teatro a ver si veo a Lana de lejos, no sé, me hace ilusión que venga a Boston y además es el día de mi cumpleaños

-"Cuidado con acosarla, a lo mejor le gusta y te secuestra"

-No creo, aquí la que tiene licencia de secuestros profesional soy yo, lo siento por mi euforia inicial ¿Cómo estás tú?

-"Bien, ya tengo tu regalo de cumpleaños, tendrás que darme tu dirección para enviártelo"

-Claro aunque no tendrías que haberme comprado nada…

-"Quería hacerlo"

-El mejor regalo sería verte, ya sabes, pasar mi cumpleaños contigo, aunque sé que trabajas, quizás otro año

-"Yo también quiero estar contigo Jen"

-Lo sé, me quejo demasiado, es parte de mi encanto

-"También lo es tu falta de humildad, te escribo en un rato que se me quemará la cena"

-Vale, te quiero

-"Y yo a ti, recuerda darme tu dirección, es importante que te llegue el regalo para tu cumpleaños"

Colgaron con una sonrisa en el rostro, Lana no tardó en recibir la dirección de Jen en un mensaje junto a un corazón, tenía la manía de cerrar todos sus mensajes con un emoticono cariñoso provocándole una ternura infinita.

Retirando la cena del fuego, se sentó en su escritorio y cerro el sobre con el regalo de Jennifer, estampando la dirección encima. Al día siguiente lo enviaría, era importante que lo recibiese a tiempo.

Unos días más tarde, Jen divisó el mismo sobre en su buzón, suponiendo que era el famoso regalo que maría le había enviado aunque no lo esperaba hasta mucho más tarde, al fin y al cabo aun quedaba una semana para su cumpleaños. Subió a su piso a gran velocidad, sentándose en su escritorio y abriéndolo con gran ceremonia. Lo primero que extrajo fue una carta y la leyó con una sonrisa en los labios.

-"Hola Jen, no, no pienso empezar por un querida Jennifer, me niego a ser tan formal. Supongo que recibirás esto a tiempo y que lo abrirás sentada, no quiero que te caigas y te rompas algo, sin más, feliz cumpleaños (Adelantado, pues te llegará antes, me he asegurado de ello) y bueno, que te quiero, te quiero más delo que imaginas, gracias por hacerme sonreír como una estúpida las veinticuatro horas del día. María"

Rió con ganas al leer la carta, sin dejar de admirar la impecable caligrafía de su amiga, sin más siguió sacando cosas del sobre… Una foto de Lana, la misma que tenía María de perfil con una pequeña nota detrás: Para una obsesa, no le mires las tetas. Provocando una nueva carcajada, para finalmente sacar lo que parecía ser su regalo y quedarse sin aliento, los ojos abiertos como platos y la boca completamente seca… Preguntándose cómo demonios había conseguido algo así su chica, la llamó de inmediato sin saber si reír o llorar de lo emocionada que estaba.

Cuando tras unos minutos escuchó la voz de María al otro lado de la línea vomitó sus palabras sin pensar.

-¿Cómo lo has hecho? ¿De dónde has sacado una entrada para la premiere? ¿Por qué me la has regalado? ¿No quieres ir tú?

-"Jen, no entiendo nada de lo que dices si hablas tan rápido, pero supongo que se debe a que recibiste mi regalo"

-¿De dónde la has sacado?

-"Tengo contactos, espero que te haya gustado…"

-Me encanta, es más, es un sueño hecho realidad, voy a ver una película de Lana antes de que se estrene, es perfecto, simplemente perfecto… Solo sería mejorable si tu regalo fuese venir a Boston a pasar mi cumpleaños conmigo

La risa de su chica al otro lado del teléfono le pareció el sonido más hermoso del mundo, estaba enamorada de ella, como nunca antes se había enamorado. Había peleado con sus amigas intentando explicar la magnitud de sus sentimientos, Diana la había tachado de loca ya que no conocía a la muchacha, el resto del grupo recibió la noticia de forma indiferente, pensando que Jen se había inventado a esa tal María, mas para ella era lo mejor que le había pasado.

-"Escucha amor debo dejarte, me has pillado trabajando, disfruta el regalo ¿Sí?"

-Lo haré, te juro que lo haré, gracias una vez más amor ¿hablamos en un rato?

-"Te escribo cuando acabe, te quiero"

-Y yo a ti, que vaya bien en el trabajo

Tras colgar Jen se quedó unos instantes analizando su suerte, toda la vida había deseado poder ir a una premiere y tenía la posibilidad de hacerlo, el día de su cumpleaños, María había hecho posible ese sueño, no sabía cómo ni por qué.

Escribió a sus amigas emocionada, enviando la foto de la entrada, provocando los celos de todas y cada una ya que iba a poder estar relativamente cerca de Lana y ellas no, provocando sus carcajadas en un instante, se sentía bien, demasiado bien en ese momento.

La semana pasó más lento de lo normal, su chica apenas había dado señales asegurándole que tenía mucho trabajo, mas fue la primera en felicitarla por mensaje el día de su cumpleaños.

Había esperado ansiosa que llegara, asistiría a la premiere y, a unas horas de presentarse en el teatro de Boston donde pasarían Villian, estaba histérica junto a Diana, sin saber bien qué ponerse ya que en esos eventos todos vestían de gala.

Su amiga, aun sin terminar de creer que una chica de internet le regalase a Jen una entrada para ver Villian antes de su estreno, la ayudaba como podía ya que el armario de Jennifer no estaba muy equipado para una noche de gala. Finalmente el atuendo elegido fue un pantalón oscuro y una blusa color crema, lo más elegante que había en su armario, junto a unos zapatos de tacón bajo que hacían juego con la blusa.

EL maquillaje le sentaba como un guante y logro domar sus rizos claros sin saber cómo, estaba deslumbrante. Dana la acompañó al teatro para que no llegase tarde, deseándole suerte y regalándole una sonrisa, diciéndole que se verían al día siguiente para celebrar todas juntas su cumpleaños. Cuando se quedó sola, los nervios bailaban en su estómago, había mucha gente mas ella, decidida, se acercó a la entrada con el tíquet en las manos, ahí un segurata con cara de malas pulgas la detuvo con brusquedad. Jen le enseñó su pase algo nerviosa, no estaba acostumbrada a tratar con guardaespaldas y gorilas.

-Disculpe, tengo una entrada

-"Dígame su nombre"

-Jennifer Morrison

El hombre abrió los ojos en una señal de sorpresa, mirando la lista que le habían proporcionado y cambiando por completo la actitud hacia ella.

-"Si, claro, disculpe… Ella ya la está esperando, sígame"

Sin entender muy bien qué había pasado, Jen siguió a ese hombre que la conducía lejos de las localidades baratas donde suponía que iba a sentarse, directamente a lo que parecía ser un palco privado. Abrió la puerta y la dejó pasar.

-"Es aquí, disfrute la película señorita Morrison"

Cerró la puerta tras de sí y Jen se asombró al ver que tenía una vista increíble de la pantalla, estaba en un sitio privilegiado. Anotó mentalmente darle las gracias eternas a su chica por eso, estaba siendo el mejor día de su vida. Se sentó en la butaca que estaba libre cuando recordó las palabras del segurata, al parecer alguien compartiría con ella el palco y la estaba esperando, tan metida en su emoción no se había dado cuenta de que no estaba sola y al girarse, su rostro palideció en el acto, sus manos empezaron a sudar y perdió la capacidad de hablar y razonar.

Unos ojos oscuros como la noche, al igual que sus cabellos, sonrisa roja y perfecta, coronada por una cicatriz… En ese momento quiso asesinar a su chica, no estaba preparada pear algo así, creía que la vería a lo lejos no a su lado en el palco, compartía habitáculo y miraría la película que llevaba meses esperando con la mismísima Lana Parrilla.

En cuanto Jen entró por la puerta, Lana no había podido apartar sus ojos de ella, en persona era mucho más hermosa que en las fotografías, ese fue el último pensamiento coherente que pasó por su mente hasta que la joven reparó en ella y se quedó sin aliento.

Le regaló una sonrisa pues estaba demasiado nerviosa para pronunciar palabra, llevaba meses hablando con ella, la conocía, la quería de forma arrolladora, era su novia al fin y al cabo.

En ese momento las luces se apagaron y empezó la película, tenía dos horas para disfrutar de su cercanía, de sus nervios, contemplarla en la oscuridad, dos horas para salir de ahí y decirle quién era ella, confesar la verdad y rogar porque Jen comprendiera y nada cambiara entre las dos.