Hola!
Bueno creo que hoy no tengo mucho que decir…solamente que faltan 3 capítulos para el final de esta historia u.u y que sigo triste por no ver The Last y por el Relleno súper largo que va tener el anime (Hasta Marzo TT_TT). Pero de ahí en fuera todo bien, ya se viene Navidad así que…Os deseo una feliz Navidad NaruHinera, que la familia Uzumaki los colme de buenos deseos y alegría en compañía de sus seres queridos!
Disclaimer: El título y la trama pertenecen a Jenny Han, Naruto y sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto.
Capítulo 10
¿Creo que me gusta?
La noche siguiente, Naruto y yo estudiamos en un Starbucks unas cuantas horas. Bueno, yo estudio y Naruto no para de levantarse para hablar con gente de clase. De camino a casa, pregunta:
— ¿Te has apuntado al viaje para esquiar?
—No. Se me da fatal.
Sólo la gente guay como Naruto y sus amigos se va a esquiar. Podría intentar convencer a Ino de que me acompañase, pero lo más probable es que se riese en mi cara. Ino no asiste a excursiones escolares.
—No tienes por qué esquiar. Puedes hacer snowboard. Es lo que yo hago.
Le ofrezco una mirada escéptica.
— ¿Me imaginas haciendo snowboard?
—Te enseñaré. Venga, será divertido. ¡Por favor, por favor, por favor, Hinata! Venga, sé una novia legal. Nos lo vamos a pasar bien, te lo prometo— dice, y me toma de la mano.
Su comportamiento me pilla por sorpresa. El viaje no será hasta las vacaciones de Navidad. Y eso significa que quiere seguir con esto, con lo nuestro, hasta entonces. No sé por qué, pero me siento aliviada.
—Si no quieres hacer snowboard, el albergue tiene una gran chimenea de piedra y butacas cómodas. Puedes sentarte a leer durante horas. Y preparan el mejor chocolate caliente. Te invitaré a uno.
Naruto me aprieta la mano y siento una corriente eléctrica en el corazón.
—De acuerdo, iré. Pero más te vale que el chocolate sea tan bueno como dices.
—Te invitaré a todos los que quieras.
—Entonces será mejor que traigas un montón de billetes de un dólar— le replico, y Naruto suelta un bufido — ¿Qué?
—Nada.
Cuando llegamos a mi casa, me bajo del coche y Naruto se marcha antes de que pueda acordarme de que he dejado el bolso en el suelo de su coche. Hana y papá no están en casa. Están en la escuela de Hana, en una reunión de padres y profesores.
Hurgo a ciegas bajo la plataforma del porche, palpando a oscuras en busca de las llaves de repuesto que están escondidas debajo de la carretilla. Entonces recuerdo que las llaves están en un cajón, en casa, porque no me acordé de ponerlas en su sitio la última vez que me las olvidé. No tengo ni llaves, ni móvil, ni ninguna manera de entrar en casa.
¡Sumaru! Sumaru tiene una llave extra. Riega las plantas de papá cuando nos vamos de vacaciones. Encuentro una piedra en el suelo, cruzo el césped y me coloco debajo de la ventana de Sumaru.
Lanzo la piedra, pero no acierto. Encuentro otra y golpea el cristal, prácticamente sin hacer ruido. Lo vuelvo a intentar con una piedra más grande. Esta vez sí.
Sumaru abre la ventana y saca la cabeza.
—Hola. ¿Ya se ha marchado Uzumaki?
Sorprendida, respondo:
—Sí. Me he olvidado el bolso en su coche. ¿Me puedes tirar la llave de repuesto? Sumaru suspira como si le estuviese pidiendo un gran favor.
—Espera un momento— dice y desaparece.
Me quedo de pie esperándole debajo de la ventana, pero en lugar de sacar la cabeza otra vez, acaba saliendo por la puerta. Lleva una sudadera y pantalones de chándal en color gris. Es la sudadera favorita de Shion. Cuando empezaron a salir, Shion no dejaba de ponérsela.
Alargo la mano para que me dé las llaves y Sumaru las deja caer encima.
—Gracias, Maru.
Me doy la vuelta para marcharme, pero Sumaru me frena tomándome del brazo:
—Espera― me dice casi en un susurro. Me pongo rígida al instante, su acción me ha tomado por sorpresa. Me giro lentamente hasta quedar de frente, estamos un poco muy cerca y eso ocasiona que me ponga nerviosa. Se me queda mirando fijamente.
―Estoy preocupado por ti― expresa con voz afligida.
— ¿Qué? ¿Por qué?
Sumaru deja escapar un suspiro fatigoso y se coloca bien las gafas. Sólo se las pone de noche para poder leer, igual que Shion.
—Es lo de Uzumaki...
—Otra vez no, Sumaru...
—Es un mujeriego. No es lo bastante bueno para ti― demanda con voz seria. Me toma de ambos brazos y me acerca un poco más a él. Dejo de respirar por un instante porque me siento presa de un no sé qué.
―Tú eres... demasiado inocente― susurra mientras despeja mi frente, haciendo a un lado mi flequillo. ―Eres diferente del resto de las chicas. Él es el típico chico. No puedes confiar en él.
—Creo que le conozco mucho mejor que tú― respondo igual en un susurro. Me aparto ligeramente de el para poder mirarlo mejor.
—Pero es que me preocupo por ti― prosigue Sumaru ―Eres como mi hermana pequeña—me libera de su agarre y se aclara la garganta.
Quiero darle un puñetazo por decir eso.
—No, no lo soy— respondo.
Un ademán de incomodidad le aparece en la cara. Sé en lo que está pensando porque los dos lo estamos pensando.
Justo en ese momento, unos faros iluminan la calle. Giramos la vista hacia la luz, es el coche de Naruto. Ha regresado. Le devuelvo las llaves a Sumaru y corro a la entrada de mi casa. Miro hacia atrás y le grito:
— ¡Gracias, Maru!
Me acerco al coche por el lado del conductor. La ventanilla de Naruto está bajada.
—Has dejado el bolso— dice, echando un vistazo a la casa de Sumaru.
—Lo sé. Gracias por regresar— le respondo, casi sin aliento.
— ¿Está ahí fuera?
― ¿Quién?― pregunto distraída. Naruto rueda los ojos,
―Pues con quien estabas― responde un tanto ¿Molesto? y me hace señas para que me aparte del coche.
—No sé. Lo estaba hace un momento― le respondo mientras me hago a un lado.
—Entonces, por si acaso…— Naruto sale del auto, me toma por la cintura y me atrae hacia su cuerpo, me mira traviesamente y sin más me besa en los labios, con la boca abierta y segura. Estoy estupefacta y cierro los ojos en acto reflejo, sin estar consiente de cuánto tiempo pasa, si son minutos o solo segundos.
Cuando Naruto se aparta de mí, está sonriendo, no de manera arrogante si no diferente, es más bien una sonrisa juguetona, antes de subirse a su auto me besa tiernamente en la frente.
—Buenas noches, Hinata― dice ya dentro del coche y arranca el motor.
Naruto se adentra en la noche y yo sigo ahí de pie con los dedos en los labios. Naruto Uzumaki acaba de besarme. Me ha besado y me ha gustado. Estoy casi segura de que me ha gustado. Estoy casi segura de que me gusta Naruto.
A la mañana siguiente estoy en mi taquilla, guardando mis libros, cuando veo que Naruto baja por el pasillo. El corazón me late tan fuerte que oigo su eco en mis oídos. Todavía no me ha visto. Meto la cabeza en la taquilla y me dedico a colocar mis libros en una pila.
—Hola— me saluda Naruto, desde el otro lado de la puerta de la taquilla.
—Hola.
—Venía a tranquilizarte, Hinata. No volveré a besarte, así que no te preocupes.
«Oh.»
De modo que eso es todo. No importa si me gusta o no porque yo no le gusto. Parece una tontería estar tan decepcionada por algo que sólo acabas de darte cuenta de que querías, ¿no?
«Que no se dé cuenta de que estás decepcionada.»
—No estaba preocupada— respondo, dándole la cara.
—Sí que lo estabas. Mírate: tienes toda la cara fruncida como una almeja.
Naruto ríe y yo intento calmar mi expresión, parecer serena.
—No volverá a pasar. El beso fue para Samidare.
—Bien.
—Bien— corrobora él, y me da la mano y cierra la puerta de mi taquilla y me acompaña a clase como si fuese un novio de verdad, como si estuviésemos enamorados de verdad.
¿Cómo voy a saber lo que es real y lo que no? Parece que soy la única que no conoce la diferencia.
Mi padre está entusiasmado cuando le pido que firme la hoja de permiso.
—Oh, Hinata, esto es maravilloso. ¿Te ha convencido Naruto? ¡Te da miedo esquiar desde que tenías diez años y te abriste de piernas y no pudiste volver a levantarte!
—Sí, ya me acuerdo.
Las botas se me congelaron en los esquís y permanecí ahí abierta de piernas durante lo que parecieron días.
Papá firma el papel y añade:
—Eh, quizá podríamos ir todos a Wintergreen en Navidad. Naruto también.
De modo que es de ahí de donde me viene. De mi padre. Vive en un mundo de fantasía. Papá me devuelve la hoja y dice alegremente:
—Puedes ponerte los pantalones de esquí de Shion. Y sus guantes.
No le digo que no voy a necesitarlos porque estaré sentada tan ricamente en el albergue, leyendo y sorbiendo chocolate caliente junto a la chimenea. También debería llevarme las cosas de hacer punto.
Cuando hablo esa misma noche con Shion por teléfono y le cuento que iré de viaje, se muestra sorprendida.
—Pero no te gusta esquiar.
—Probaré el snowboard.
—Ten cuidado— me advierte.
Pienso que se refiere a las pistas de esquí, pero cuando Ino se acerca por casa la noche siguiente para tomar un vestido prestado, descubro que no se trata de eso.
—Sabes que todo el mundo se enrolla durante el viaje de esquí, ¿no? Es como un picadero autorizado por la escuela.
— ¿Qué?
—Allí fue donde perdí la virginidad en primero― suspira soñadora. Arqueo una ceja.
—Pensaba que la habías perdido en el bosque junto a tu casa.
—Ah, sí. Da igual, la cuestión es que me acosté con alguien durante el viaje de esquí.
—Hay carabinas. ¿Cómo van a practicar el sexo si hay carabinas?— digo, preocupada.
—Las carabinas se van temprano a la cama porque son viejas. La gente se escabulle. Además, hay un jacuzzi. ¿Sabías que hay un jacuzzi?
—No... Naruto no lo ha mencionado.
Bueno, solucionado. No me llevaré el bañador. Tampoco es que puedan obligarte a entrar en el jacuzzi si no quieres.
—El año en que fui yo, la gente se bañaba desnuda.
Los ojos se me salen de las órbitas. ¡Se bañaban desnudos!
— ¿La gente iba desnuda?
—Bueno, las chicas se quitaron las camisetas. Más vale que te prepares— me advierte Ino, y se mordisquea la uña— El año pasado dicen que el profesor Orochimaru se metió en el jacuzzi con los estudiantes y fue súper raro.
—Suena como el Salvaje Oeste— mascullo.
—Más bien como las Chicas Salvajes.
No es que me preocupe que Naruto intente hacer algo conmigo. Sé que no lo hará porque no piensa en mí de esa manera. Pero ¿y la gente? ¿Lo esperará? ¿Tendré que colarme en su habitación por la noche para que la gente piense que estamos haciendo algo? No quiero meterme en un lío durante el viaje, pero Naruto siempre se las arregla para convencerme de que haga cosas que no quiero hacer.
Agarro a Ino de la mano.
— ¿Vas a venir? ¡Por favor, por favor!
—Sabes perfectamente que no voy a excursiones escolares— responde, negando con un gesto.
— ¡Antes sí que lo hacías!
—Sí, en primero. Ahora ya no.
— ¡Pero necesito que vayas! ¿Te acuerdas de cuando te encubrí el año pasado aquella vez en que fuiste a Coachella? ¡Me pasé todo el fin de semana escabulléndome por tu casa para que tu madre pensara que estabas ahí! ¡No te olvides de todas las cosas que he hecho por ti, Ino! ¡Te necesito!— imploro, desesperada.
Impasible, Ino aparta la mano y se dedica a examinarse el cutis en el espejo.
—Uzumaki no te presionará para que te acuestes con él si no quieres. Si no tienes en cuenta el hecho de que antes salía con el demonio encarnado, no es un completo idiota. De hecho, es bastante decente.
— ¿A qué te refieres con decente?
―Le gusta llamar la atención pero en ese sentido es más…mm como decirlo, reservado, él sabe que debe mostrarles a los demás y que no. Simplemente, ¿Alguna vez lo viste hacer algo indebido con Sakura en la escuela?
―Eh mmm nop.
―Ahí lo tienes, él es decente en ese sentido, aunque no por eso deja de ser un idiota, mira que durar tanto tiempo con Sakura. Sabes que todos piensan que ella es un dulce ángel, todos son unos idiotas ellos no saben lo que yo sé. Si te acuerdas que mi madre estuvo a punto de meterme en un centro de rehabilitación porque según "alguien" le dijo que yo me drogaba. La odio por todas esas calumnias que ha dicho de mí y también odio a mi madre por decir que debería de ser como ella. ¡No sabes cuánto me alegro de que le hayas robado a Uzumaki!
—No lo he robado. ¡Ya habían roto!
—Sí, claro. Tú sigue repitiéndotelo. Sakura irá al viaje de esquí. Es la delegada de curso, así que prácticamente lo ha organizado ella. Así que ten cuidado. No salgas sola a esquiar— resopla Ino.
Se me escapa un grito ahogado.
—Ino, te lo suplico. Ven, por favor— En un arrebato de inspiración, añado—: ¡Si vienes, Sakura se pondrá hecha una furia! Lo ha organizado todo. Es su viaje. ¡No querrá verte ahí!
Ino frunce los labios formando una sonrisa.
—Sabes cómo manipularme― dice y se lanza sobre mí ―¡Eres mi manipuladora favorita Hina!― Expresa restregando su mejilla contra la mía.
El día de Acción de Gracias, papá limpia el pavo y luego se marcha a recoger a nuestra abuela, que vive a una hora de distancia en una residencia de ancianos junto con un montón de abuelas. La madre de papá, Nana, pasará Acción de Gracias con la familia de su novio. Eso me va de perlas, porque sé que no tendría nada positivo que decir sobre la comida.
Preparo un plato de judías verdes con piel de naranja y eneldo, en un esfuerzo por ser creativa. Declaro a Hana mi catadora y toma un mordisco de judía verde y dice que sabe a naranja en vinagre.
— ¿Por qué no podemos comer guiso de judías con los aros de cebolla fritos que vienen en una lata?— reflexiona Hana. Está cortando plumas de diferentes colores para decorar los manteles individuales en forma de pavo.
—Porque estoy intentando ser creativa— le respondo, y vierto una lata de salsa en la cacerola.
—Bueno, pero ¿habrá guiso de brócoli? A la gente le gusta...― Hana no lo dice del todo segura.
— ¿Ves algo de brócoli en la cocina? No, las judías verdes son el plato de verdura.
— ¿Y qué hay del puré de patatas? Habrá puré de patatas, ¿no?
Puré de patatas. Doy un salto y compruebo la despensa. Me he olvidado de comprar patatas. Compré la leche entera y la mantequilla, e incluso las cebolletas para decorar que Shion pone siempre, pero se me olvidaron las patatas.
—Llama a papá y dile que compre patatas doradas del Yukon de camino a casa— urjo a Hana mientras cierro la puerta de la despensa.
—No me puedo creer que se te hayan olvidado las patatas― Hana sacude la cabeza con incredulidad.
—Concéntrate en los manteles individuales— le ordeno, taladrándola con la mirada.
—No, porque si no hubiese preguntado por el puré de patatas, la cena se habría echado a perder, así que deberías darme las gracias.
Hana se levanta para llamar a papá y yo chillo desde la cocina:
—Por cierto, ¡estos pavos se parecen más a la mascota de la NBC que a un pavo de verdad!― Hana ni se inmuta y yo pruebo las judías verdes. La verdad es que saben a naranja en vinagre.
Resulta que he cocinado el pavo del revés. Además, Hana no deja de perseguirme hablando de la salmonela, porque vio un vídeo al respecto en clase de ciencias, así que acabo cocinando el ave más de la cuenta. El puré de patatas está bien, aunque hay partes duras porque tuve que hervir las patatas a toda prisa.
Estamos sentados en torno a la mesa del comedor, y la verdad es que los manteles individuales de Hana le añaden un cierto no sé qué.
La abuela está devorando una pila de judías y le lanzo una mirada triunfante a Hana.
""¿Ves cómo les gustan a alguien?""
Después de la muerte de mamá, hubo un momento en que la abuela se mudó a casa para ayudar a cuidar de nosotras. Incluso se habló de que se quedase. No creía que papá pudiese arreglárselas solo.
—Y bien, Hiashi, ¿estás saliendo con alguien? ¿Has tenido alguna cita últimamente?— empieza la abuela, y Hana y yo intercambiamos miradas porque sabemos lo que viene a continuación.
Mi padre se sonroja.
—Hum... La verdad es que no. Estoy liado con el trabajo.
La abuela chasquea la lengua.
—No es bueno que un hombre esté solo, Hiashi.
—Mis chicas ya me hacen la suficiente compañía— responde papá, que intenta sonar jovial y relajado.
La abuela le lanza una mirada gélida.
—No me refería a eso.
Cuando estamos lavando los platos, la abuela me pregunta:
—Hinata, ¿a ti te importaría que tu padre tuviese novia?
Eso es algo sobre lo que Shion y yo hemos discutido largo y tendido durante todos estos años, a menudo a oscuras, a altas horas de la madrugada. Si papá tiene que salir con alguien, ¿con qué tipo de mujer nos gustaría verle? Alguien con sentido del humor, de buen corazón... Lo típico. Alguien que fuese firme con Hana, pero que no la controlase tanto que acabase por aplastar todo lo que tiene de especial. Pero también alguien que no intentase ser nuestra madre. Es el aspecto en el que Shion se muestra más vehemente. Según ella, Hana necesita una madre, pero nosotras ya somos lo bastante mayores como para no necesitarla.
Shion sería las más crítica de las tres. Es increíblemente leal a la memoria de mamá. No es que yo no lo sea, pero a lo largo de los años ha habido ocasiones en las que he pensado que estaría bien tener a alguien. Alguien mayor, una dama, que supiera ciertas cosas, como la forma correcta de aplicarse el colorete o cómo coquetear para librarte de una multa por velocidad. Cosas útiles de cara al futuro. Pero esa dama no ha aparecido. Papá ha tenido algunas citas, pero nunca ha tenido ninguna novia seria a la que traer a casa. En parte ha sido un alivio, pero ahora que me hago mayor, no dejo de pensar en cómo serán las cosas cuando no esté y sólo queden Hana y papá y, al cabo de poco, sólo papá. No quiero que esté solo.
—No. No me importaría en absoluto— respondo. La abuela me mira con aprobación.
—Buena chica— dice, y siento una calidez agradable en el pecho, como acostumbraba a sentirme después de una taza de té de Buenas Noches del que preparaba mamá cuando no podía dormirme. Mi padre me lo ha preparado varias veces, pero no sabe igual, y nunca he tenido el coraje de decírselo.
El festival de galletas de Navidad empieza el 1 de diciembre. Sacamos todos los antiguos libros y revistas de cocina de mamá, los extendemos por el suelo del salón y ponemos el álbum Charlie Brown Inotmas. En casa no están permitidos los villancicos hasta el 1 de diciembre. No sé quién se inventó la norma, pero la cumplimos. Hana tiene una lista de las galletas que sin duda vamos a preparar y de las galletas que quizá preparemos. Algunas son perennes. A papá le encantan las medialunas de nueces, así que son imprescindibles. Las galletas de azúcar porque su presencia está dada. Galletas de azúcar y canela para Hana, galletas de melaza para Shion, y galletas de vaquera para mí. Las de arándanos y chocolate blanco son las favoritas de Sumaru. No obstante, este año creo que deberíamos ser un poco originales y preparar galletas distintas. No todas, pero al menos unas cuantas.
Naruto está aquí; se pasó al terminar las clases para estudiar química, y varias horas después sigue aquí. Hana y él están en el salón repasando los libros de cocina. Mi padre se encuentra en la cocina escuchando la radio y preparando los almuerzos de mañana.
— ¡Otra vez sándwich de pavo no, por favor!— grito desde el salón.
Naruto me da un toque en el pie y articula la palabra ""malcriada"" señalándonos a Hana y a mí y sacudiendo la cabeza con gesto desaprobador.
—Lo que tú digas. Tu madre te prepara la comida todos los días, así que cierra el pico— susurro.
—Eh, yo también estoy harto de comer sobras, pero ¿qué quieres que haga? ¿Que lo tire a la basura?— responde mi padre.
Hana y yo intercambiamos miradas.
—Básicamente, sí— le digo.
Mi padre no soporta la idea de desperdiciar comida. Me pregunto si se dará cuenta, si me escabullo en la cocina esta noche y lo tiro a la basura. Seguro que sí.
—Si tuviésemos un perro, no quedarían sobras— añade Hana en voz bien alta, y me guiña un ojo.
— ¿Qué raza de perro quieres?— le pregunta Naruto.
—No le des esperanzas— le digo, pero no me hace caso.
—Un akita. Tienen el pelaje rojo y la cola rizada. O un pastor alemán al que pueda amaestrar para que sea un perro lazarillo— responde Hana de inmediato.
—Pero si no estás ciega...— objeta Naruto.
—Pero podría estarlo algún día.
Naruto sacude la cabeza con una sonrisa. Vuelve a darme un toque y, en tono de admiración, comenta:
—No se puede discutir con esta niña.
—Es básicamente inútil. ¿Qué te parece? ¿Galletas de chocolate blanco y naranja?— le pregunto a Hana levantando una revista.
Hana las añade a la lista de posibles.
—Eh, ¿y éstas?— Naruto me coloca un libro de cocina en el regazo. Está abierto por la página de las galletas de pastel de fruta.
Finjo una arcada.
— ¿Lo dices en serio? Es broma, ¿no? ¿Galletas de pastel de fruta? Es repugnante.
—Cuando se prepara bien, el pastel de fruta está muy rico. Mi tía abuela Mito preparaba pastel de fruta y le ponía helado encima y era increíble— se defiende Naruto.
—Si le añades helado, todo está bueno— comenta Hana.
—No se puede discutir con esta niña— digo, y Naruto y yo intercambiamos sonrisas por encima de la cabeza de Hana.
—Bien dicho, pero no es un pastel de fruta cualquiera. No es como una especie de hogaza húmeda con gominolas de neón. Tiene nueces y cerezas deshidratadas y arándanos y montones de cosas buenas. Creo que lo bautizó pastel de fruta de ""Un recuerdo navideño""
— ¡Me encanta esa historia! Es mi favorita. Es tan bonita, pero tan triste...— exclamo. Naruto pone cara de desconcierto y Hana también, así que me explico:
—""Un recuerdo navideño"" es un cuento de Truman Capote. Trata de un chico llamado Buddy y de su prima mayor, que cuidó de él cuando era pequeño. Ahorraban durante todo el año para comprar los ingredientes del pastel de fruta, y los enviaban como regalo a sus amigos, pero también a otra gente, como el presidente.
— ¿Por qué es tan triste?— inquiere Hana.
—Porque son mejores amigos y se quieren más que a nadie, pero al final se ven obligados a separarse porque la familia cree que no cuida bien de él. Y quizá tengan razón, pero quizá no importe, porque ella era su alma gemela. Al final, ella muere y Buddy ni siquiera tiene oportunidad de despedirse. Y es una historia real.
—Qué deprimente. Olvídate de las galletas de pastel de fruta— dice Naruto. Hana tacha las galletas de su cuaderno.
Estoy hojeando una vieja revista de cosas del hogar cuando suena el timbre. Hana se levanta de un salto y corre a la puerta.
—Mira quién es antes de abrir— le advierto. Siempre se olvida de mirar primero.
— ¡Sumaru!— oigo que chilla.
Naruto levanta la cabeza de repente.
—Ha venido a ver a Hana— le digo.
—Sí, claro.
Sumaru entra en el salón con Hana colgada del cuello como un mono.
—Hola— dice Sumaru, cuya mirada se desvía hacia Naruto.
— ¿Qué pasa, tío? Siéntate— lo saluda Naruto, amable como él solo.
Le miro extrañada. Hace un momento estaba refunfuñando, y ahora está como unas pascuas. No entiendo a los chicos.
Sumaru levanta una bolsa de plástico.
—Vengo a devolverte el plato del guiso.
— ¡¿Es Sumaru?!— grita mi padre desde la cocina— Sumaru, ¿quieres un tentempié? ¿Un sándwich de pavo?
Estoy convencida de que dirá que no porque seguro que en su casa también se ha hartado de comer sobras de pavo, pero al final me sorprende con un:
— ¡Claro!
Sumaru se zafa de Hana y se deja caer en el sofá.
— ¿Festival de galletas de Navidad?— me pregunta.
—Festival de galletas de Navidad— le confirmo.
—Vas a preparar mis preferidas, ¿verdad?— Sumaru me mira con ojos de cordero degollado, cosa que siempre me hace reír, porque es de lo más atípico.
—Mira que eres tonto..— le digo, sacudiendo la cabeza.
— ¿Cuáles son tus favoritas?— le pregunta Naruto— Porque me parece que la lista está prácticamente cerrada.
—Estoy casi seguro de que ya están en la lista— dice Sumaru.
Mi mirada va de Sumaru a Naruto. No tengo muy claro si están bromeando o no. Naruto alarga el brazo y le hace cosquillas en los pies a Hana.
—Léenos la lista, Hanabi.
Hana ríe por lo bajo y se da la vuelta con su cuaderno. Después se pone de pie y en tono solemne, dice:
—Las galletas de M&M's son un sí, las galletas de capuchino son un quizá, las galletas de chocolate blanco y naranja son un quizá, las galletas de pastel de fruta son un para nada...
—Espera un momento, yo también formo parte de esta junta y habéis rechazado mis galletas de pastel de fruta sin pensarlo ni un momento— objeta Naruto.
— ¡Hace como cinco segundos has dicho que nos olvidásemos de las galletas de pastel de fruta!— me defiendo.
—Bueno, pues ahora quiero que las toméis en consideración.
—Lo siento, pero no tienes los votos necesarios. Hana y yo votamos que no, así que son dos contra uno.
Papá saca la cabeza por la puerta del salón.
—Apuntadme como un sí para las galletas de pastel de fruta— espeta antes de que su cabeza vuelva a desaparecer dentro la cocina.
—Gracias, doctor Hyuga— se jacta Naruto. Tira de mí para que me acerque a él y añade—: ¿Ves? Sabía que tu padre estaba de mi lado.
— ¡Eres un pelota!— digo riendo y le doy un toque en el pecho. Naruto hace un puchero adorable y comienza a pincharme en el estómago, me rio tanto que siento pequeñas lagrimas salir de mis ojos.
—Con que pelotudo eh— dice, mientras sigue haciéndome cosquillas.
—Solo bromeaba— contesto entre risas y con la voz entrecortada. Detiene su ataque y me limpia las lágrimas con sus pulgares.
—Más te vale— susurra y me besa en la frente. Me sonrojo sin poder evitarlo y desvió la mirada hacia otro lado. Y entonces me fijo en Sumaru y nos está mirando con expresión incómoda, como si se sintiera excluido. Esa expresión hace que me sienta culpable. Me aparto de Naruto y me dedico a hojear otra vez los libros de cocina.
—La lista todavía es provisional— le explico a Sumaru —La junta de las galletas tomará en consideración tu sugerencia de galletas de chocolate blanco y arándanos— le aseguro.
—Se lo agradezco profundamente. La Navidad no es Navidad sin tus galletas de chocolate blanco y arándanos— dice Sumaru.
—Eh, Sumaru, tú también eres un pelota— exclama Hana. Sumaru la levanta y le hace cosquillas hasta que le lloran los ojos de tanto reír.
Después de que Sumaru se marche y Hana suba arriba a ver la tele, ordeno el salón y Naruto se queda despatarrado en el sofá observándome. No dejo de pensar que está a punto de irse, pero no se mueve.
Sin venir a cuento, dice:
— ¿Te acuerdas de Halloween, cuando tú ibas de Cho Chang y Samidare de Harry Potter? Apuesto a que no fue ninguna casualidad. Me apuesto un millón de dólares a que convenció a Hana para que averiguase de qué ibas a ir disfrazada y después corrió a la tienda y se compró el disfraz de Harry Potter. A este tío le gustas.
Me quedo de piedra.
—No le gusto. Quiere a mi hermana. Siempre la ha querido a ella y siempre lo hará.
Naruto no me hace ningún caso.
—Espérate y verás. En cuanto tú y yo rompamos, se sacará alguna cursilada de la manga, como declararte su amor con un radiocasete portátil. Te lo digo yo, que sé cómo piensan los chicos.
Tiro del cojín en el que apoya la espalda y lo coloco en el sillón reclinable.
—Mi hermana estará en casa para las vacaciones de Navidad. Te apuesto un millón de dólares a que vuelven a estar juntos.
Naruto alarga la mano para que se la estreche y, cuando lo hago, tira de mí para que me siente junto a él en el sofá. Nuestras piernas se tocan. Tiene una expresión traviesa en la mirada como la de aquella noche y pienso que va a besarme y estoy asustada, pero también emocionada. Poco a poco su rostro se va acercando al mío, sonríe levemente cuando estamos a pocos centímetros de distancia, pero entonces oímos los pasos de Hana que baja por la escalera y nos separamos al instante y la magia se desvanece.
— ¿Podemos montar el árbol este fin de semana?— pregunta Hana durante el desayuno. Papá levanta la vista de su bol de avena. ¡Avena! ¡Buf!
—No veo por qué no.
—Puede que Shion se enfade si lo hacemos sin ella— replico, sin entusiasmo. La verdad es que a mí también me apetece poner el árbol. Resulta reconfortante preparar las galletas del festival de galletas de Navidad con las luces centelleando y la música navideña y la casa oliendo a azúcar y a mantequilla.
—La familia de Udon montó el árbol el día después de Acción de Gracias— dice Hana.
—Pues hagámoslo. ¿Podemos, papá?
—Bueno, si la familia de Udon lo hace...— concluye papá.
Conducimos a un vivero que está a una hora de distancia porque es donde tienen los árboles de Navidad más bonitos. Hana insiste en ver todos y cada uno de los árboles para asegurarse de que compramos el mejor. Yo voto por un abeto rechoncho, pero Hana cree que no es lo bastante alto. Al final nos quedamos con un abeto de Douglas y, durante todo el trayecto de vuelta, el aire huele a mañana de Navidad.
Sumaru sale corriendo de su casa cuando nos ve intentando meter el abeto en casa. Mi padre y él lo levantan y lo meten en casa. Sumaru lo mantiene derecho mientras mi padre atornilla el soporte del árbol. Tengo el presentimiento de que querrá quedarse y ayudar a decorarlo. No puedo dejar de pensar en lo que dijo Naruto. Que podría gustarle a Sumaru.
—Un poco hacia la izquierda. No está lo bastante recto— dirige Hana.
Bajo la caja con las luces y los adornos, y empiezo a ordenarlos. Mi favorito es una estrella de plastilina de color azul pintada a mano que hice en la guardería. Es mi favorita porque le falta un pedacito: le dije a Hana que era una galleta y le dio un bocado como si fuese el mismísimo Monstruo come Galletas. Después se puso a llorar y me metí en un lío, pero valió la pena.
— ¿Qué luces colgamos este año, las de colores o las blancas?— pregunto.
—Las blancas. Tienen más clase— responde Hana.
—Pero las luces de colores son más extravagantes. Son más nostálgicas— aduce Sumaru. Pongo los ojos en blanco.
— ¿Extravagantes, Sumaru?
Y Sumaru procede a argumentar a favor de las luces de colores y ambos discutimos hasta que papá tercia y dice que deberíamos colgar mitad y mitad. Por fin parece que las cosas han vuelto a la normalidad entre los dos, ahora que reñimos como en los viejos tiempos. Naruto se equivocaba con Sumaru.
El árbol es tan alto que casi toca el techo. Nos quedamos sin luces, así que papá va a la tienda comprar más. Sumaru se sube a Hana a los hombros para que pueda colocar la estrella en la punta.
—Me alegro de que tengamos un árbol tan grande este año— sentencio con un suspiro de felicidad. Me dejo caer en el sofá y contemplo la punta. No hay nada más acogedor que un árbol de Navidad completamente iluminado.
Un rato después, papá tiene que marcharse al hospital y Hana se va a casa de los vecinos porque están preparando s'mores en la chimenea, así que sólo quedamos Sumaru y yo ordenando la casa. Estoy guardando los ganchos de los adornos en diferentes bolsas herméticas y Sumaru está llenando una caja de cartón con los adornos que no hemos utilizado. Sumaru levanta la caja y choca con una rama del árbol y un adorno de cristal cae y se rompe.
Sumaru suelta un gruñido.
— ¡Sumaruuu! Lo hice en clase de plástica.
—Lo siento.
—No pasa nada. Tampoco era mi mejor obra. Le puse demasiadas plumas― Era una bola de cristal transparente con plumas y lentejuelas en el interior. Voy a buscar la escoba y, cuando regreso, Sumaru dice:
—Actúas de manera diferente con Uzumaki, ¿lo sabías?
Levanto la vista de donde estoy barriendo.
—No, no lo sabía.
—No te comportas como tú misma. Actúas como...― titubea un instante ― actúas como todas las otras chicas. Tú no eres así, Hinata.
—Me comporto como siempre. ¿Y tú qué sabes, Sumaru? Casi no has estado con nosotros— respondo, irritada. Me agacho para recoger un trozo de cristal roto.
—Ten cuidado. Déjalo, ya lo hago yo— me apremia Sumaru, y se inclina a mi lado para recoger otro pedazo— ¡Ay!
— ¡Ten cuidado tú!— le replico, y me inclino para examinarle el dedo de cerca— ¿Estás sangrando?
Sumaru sacude la cabeza a modo de negación.
—Estoy bien— dice, y luego añade—: ¿Sabes lo que no entiendo?
— ¿Qué?
Sumaru me mira fijamente. Tiene las mejillas sonrosadas.
— ¿Por qué no dijiste nada? Si durante todo ese tiempo sentiste algo por mí, ¿por qué no dijiste nada?
Un escalofrío recorre todo mi cuerpo, me enderezo casi de inmediato. Eso no me lo esperaba. No estoy preparada. Trago saliva y digo:
—Estabas con Shion.
—No estuve siempre con Shion― responde enderezándose también. ―Lo que escribiste... Yo te gustaba antes de que me gustase Shion. ¿Por qué no me lo dijiste?
— ¿Y eso qué importa ahora?
—Importa, y mucho. Tendrías que habérmelo dicho. Al menos tendrías que haberme dado una oportunidad.
— ¡No habría cambiado nada, Sumaru!
— ¡Te estoy diciendo que sí!— exclama, y da un paso hacia mí.
¿Por qué me dice todo esto justo cuando las cosas empezaban a volver a la normalidad?
—No te inventes cosas. Nunca has pensado en mí de esa manera, ni una sola vez, así que no intentes reescribir la historia sólo porque ahora estoy con alguien.
—No intentes decirme qué es lo que pienso. No me conoces tan bien, Hinata— espeta Sumaru.
—Sí que te conozco. Te conozco mejor que nadie. ¿Sabes por qué? Porque eres predecible. Todo lo que haces es más que predecible. El único motivo por el que me estás soltando todo este rollazo es que estás celoso. Y ni siquiera lo estás de mí. No te importa con quién esté. Estás celoso porque Naruto ha ocupado tu lugar. Incluso Hana le prefiere a él.
Su rostro se ensombrece. Me mira enfurecido y yo le devuelvo la mirada.
— ¡Vale! ¡Estoy celoso! ¡¿Contenta?!— chilla Sumaru.
Y entonces me toma el rostro con ambas manos e inclina la cabeza con brusquedad y me besa. En los labios. Tiene los ojos cerrados. Los míos están completamente abiertos. Y entonces los míos también se cierran y, por un segundo, sólo un segundo, le devuelvo el beso. Me separo de él de un empujón.
— ¿Eso lo habías predicho, Hinata?— dice con voz triunfante.
Abro y cierro la boca, pero no me salen las palabras. Suelto la escoba y corro escalera arriba tan rápido como puedo. Corro hasta mi habitación y cierro la puerta con pestillo. Sumaru acaba de besarme. En mi salón. Se me escapa un quejido y luego otro seguido de más. Mi hermana mayor regresará dentro de unas semanas.
Y tengo un novio de mentira a quien acabo de engañar.
Fin del capítulo!
Kyaaaa Kissessssss…bueno para los que querían besos, Eh ahí unos besos XD
Que les ha parecido este cap. Estuvo de infarto verdad, ok no pero tuvo algo interesante ¿no? Bueno ustedes díganmelo en un review n.n
Hablando de review.
Lucy: Todo NaruHina se está aguantando demasiado por ver de The Last, pero se que la podremos ver mucho antes de lo previsto, según paginas Facebookseras XD la peli se estrena en USA el 20 de Febrero ¡FEBRERO! Eso nos da mas posibilidades de poder verla n.n, pero bueno mientras esperamos hay que disfrutar de más cosas NH…Saludos y espero y este capítulo te guste!
Bueno sin más que decir (FELIZ NO NAVIDAD XD) me despido de ustedes y nos leemos hasta el próximo capítulo…
